El Castillo de Drácula y una pelea de terror
Drácula es una creación literaria del irlandés Bram Stoker, que publicó su novela Drácula en 1897. Ahí contaba con minucia cómo un conde rumano practicaba el vampirismo con toda naturalidad en su castillo de Transilvania.
El autor se habría inspirado en Vlad Tepes III, un príncipe aguerrido y sanguinario de los tiempos de las Cruzadas, quien al parecer habría pasado algunas noches prisionero en la torre de este castillo medieval de Bran, en Transilvania, a 170 kilómetros de Bucarest y al pie de los montes Cárpatos.
El autor del libro murió en el olvido, pero el actor húngaro Bela Lugosi -el año pasado se cumplieron 50 años de su muerte- y la industria del cine de Hollywood en ascenso allá por los años 30, rescataron la historia y al personaje para siempre.
¿ Y qué pasó con el Castillo de Drácula? Cuando Rumania estuvo bajo el dominio del bloque soviético, el castillo fue nacionalizado y los dueños, parientes de la reina María de Sajonia, emigraron a Estados Unidos. Pero no se olvidaron de lo que era suyo. Y un descendiente, Dominic Habsburg lo reclamó durante años. Hasta que hace un año se lo devolvieron.
Pero la historia no termina ahí. Después de la devolución y quizás recordando que el castillo recibe casi medio millón de turistas por año -es la mayor atracción de Rumania-, algunos legisladores cuestionaron la legalidad del proceso de devolución. Y sacaron los dientes para recuperar el castillo de Drácula.

Los turistas lo visitan, hacen un Dracula Tour, que seguramente pasará por Shigisoara, el pueblo donde nació Vlad Tepes, y también por Brasov, donde peleó contra los turcos. Se sacan una foto para el miedo, comen carne poco cocida en un restaurante, compran una remera que dice “Yo maté a Drácula”, y duermen a pasos del castillo. En cada lugar van dejando una estela de euros que Rumania no quiere perder.
Entonces Dominiq se puso comprensivo y dijo ok, se los vendo en 78 millones de dólares, suma que al gobierno rumano le parece terrorífica, mucho más que Drácula y Frankenstein juntos. Qué sí, que no, así están tironeando hace un año.
Mientras tanto, el castillo permanece más oscuro que nunca y cubierto de niebla por la madrugada y alimentando el mito más romántico del mundo del terror.

Hace años que el fotógrafo británico 

En Bahamas,
Este post está dedicado a los que disfrutan viajando solos. Básicamente para que sepan que surgieron alternativas para estar solos, pero sin todo el peso de la soledad.
Giovanni da información, hace bromas y comenta tips sobre la ruta que uno atraviesa ese día. Si es un terreno ondulado (“Ayer subiste 80 metros, hoy te toca el doble, pero nada que no puedas hacer”), si tocan kilómentros planos, si hay asfalto o tierra.
¿Cuba termina en Miami? Muchos cubanos así lo creen, no sólo porque hay más de un millón de compatriotas allá, también porque sostienen que Miami es lo que es hoy gracias a los cubanos que la hicieron y la hacen. “Porque de aquí se van con educación”, me dijo una tarde un guía de turismo. Miami está de una forma u otra siempre presente en el discurso de los cubanos. La relación amor-odio las ha vuelto inseparables. 
Los cubanos viven en pesos nacionales, una moneda que no tiene paralelo con otra. Ellos ganan sueldos en pesos nacionales. Un sueldo oscila entre 250 y 500 pesos nacionales, entre 15 y 30 dólares por mes. Quizás en algún momento les alcanzó para vivir, pero ya no. Por eso la propina es su medio lícito para conseguir una mejora en su salario. Una mucama de un hotel gana 150 pesos nacionales, unos 10 dólares al mes. Pero en propinas saca 50 dólares o más al mes. Por eso, muchos cubanos quieren trabajar en el mundo del turismo. Porque concretamente les cambia la vida. Como también les cambia la vida a los que tienen parientes afuera y les envían remesas del exterior (alrededor del 50% de la población).











