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	<title>Viajes Libres &#187; Caribe</title>
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	<description>Turismo en primera persona</description>
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		<title>Desde Haití: escombros y partidas</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Jan 2010 15:10:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Reymúndez</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2010/01/partidas.jpg" alt="" width="421" height="316" /></p>
<p><strong>Martín González</strong> es un camarógrafo argentino que cubre <em>Actualidad </em>para distintos medios de América Latina y España. Hace dos semanas que está trabajando en Haití. Además de registrar lo que quedó de Puerto Príncipe, el otro día le tocó viajar a Leogane, un pueblito cerca de la ciudad que se destruyó en un 80 por ciento. Después de ese viaje, escribió la crónica que sigue (la foto es del autor).</p>
<p style="text-align: left;"><em>&#8220;En mi vida he intentado hacerme el escritor miles de veces y he fracasado sistemáticamente, ahora me encantaría tener un poco más de pluma para contar las cosas que me ha tocado ver y vivir en Haití. Esto que estoy escribiendo es otro intento, pero a veces me pasa que para escribir tengo que pensar demasiado en lo que me tocó ver y acá no tengo la oportunidad de esconderme atrás de la cámara de video, de hacer de cuenta que estoy viendo todo en la pantallita como si estuviera viendo la tele, lejos de lo que está pasando.</em></p>
<p style="text-align: left;"><em>No sé qué me hizo pensar que cubrir como camarógrafo la tarea de reparto de agua por parte de la Cruz Roja Española me iba a hacer ver Puerto Príncipe sólo de refilón, para bien y para mal. Pero acá las historias brotan de todos lados, te van pechando, te cachetean, se te cuelgan del pantalón. Te miran con una sonrisa sentadas en un montón de escombros las historias.</em></p>
<p><em>Leogane es un pueblito a 35 km de puerto Príncipe, ahí hay un equipo de la Cruz Roja potabilizando agua. Hacia allá fuimos, con Leonel, nuestro chofer que no habla más que creole pero nos entendemos a la perfección. Todos dimos por sentado que el otro sabía dónde se encontraba el campamento de la Croix Rouge Espagnole, media hora más tarde, después de recorrer un pueblo compuesto por ayuda humanitaria, gente en las calles y escombros, llegamos al mentado campamento en el patio de la Ecole Saite-Rose de Lima… y a ahí viene la cachetada!</em></p>
<p><em>La escuela primaria dirigida por monjas es un montón de escombros del tamaño de un puño y un poco más. Parados sobre lo que imaginamos habrá sido el aula de 5to grado, José Luis, mi amigo y compañero de trabajo y yo, tratamos de pensar que no estaban en clases cuando ocurrió en sismo, calculamos la hora, hablamos de doble escolaridad. Tratamos de negar el hedor que brota de entre las piedras, no hay mucha más información, ni nosotros ni los del campamento nos atrevemos a preguntar mucho a los lugareños, muy posiblemente, padres.</em></p>
<p><em>Ya en una de las carpas del campamento, a escasos 30 metros del montón de escombros que era una escuela, donde un montón de niños tomaban nota hace una semana atrás, nos encontramos con mapas, cajas, radios y una foto: 43 niñas y un monja nos miran, todos sentados en sus pupitres, la mayoría serios, con sus trajecitos impecables. Confirmé lo que ya sabía, el impacto de las imágenes y el valor que tiene el hecho de que quede un registro, un recuerdo. Ahora las historias truncas que se quedaron ahí abajo tienen un rostro y eso pega fuerte.</em></p>
<p><em>A la noche en mi tienda de campaña, trato de imaginar cómo fueron los minutos anteriores al terremoto, las risas, los vestidos impecables, la maestra de catequesis o de matemáticas escribiendo en el pizarrón, el calor hasta que en un determinado momento todo se empezó a mover y ahí mejor pará de pensar </em>Na mio rengue kyo<em>, a poner la mente en blanco.</em></p>
<p><em>A la mañana siguiente un poquito antes de que emprendiéramos el regreso nos acercamos nuevamente al montón de escombros, la idea era investigar los papeles que quedaron desparramados en un sector. Entre esos papeles estaban las copias de las actas de nacimiento de Dergelie, Brenda, Shanaïca, Djoseline, Mihalel. Ya no son un montón de escombros lo que veo&#8221;.</em></p>
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		<title>Hai(de)tí</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jan 2010 18:56:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Reymúndez</dc:creator>
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		<title>Excursión de snorkel en Cuba</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Feb 2009 15:44:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Reymúndez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Caribe]]></category>
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		<category><![CDATA[Recomendados]]></category>

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		<description><![CDATA[El mundo submarino de los cayos del norte de Cuba está salpicado de cerebros, el más famoso de los corales duros, y de corales blandos en forma de plantas y cactus. Bajo el fondo del mar hay más de 900 especies diferentes de peces. También se ven algas, esponjas, sedimentos, moluscos. Y cada tanto pasa como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone" src="http://viajeslibres.wordpress.com/files/2009/02/excursionsnorkel.jpg" alt="" width="448" height="248" /></p>
<p>El mundo submarino de los cayos del norte de Cuba está salpicado de cerebros, el más famoso de los corales duros, y de corales blandos en forma de plantas y cactus. <strong>Bajo el fondo del mar hay más de 900 especies diferentes de peces</strong>. También se ven algas, esponjas, sedimentos, moluscos. Y cada tanto pasa como rayo un pez con trompa de cuchillo: el increíble pez espada, que cuando lo enfocamos, ya disparó.</p>
<p>También hay langostas, pero ninguno de los que estamos mirando el paisaje submarino las vemos. Las langostas vienen luego, grilladas y con mantequilla, en la palapa donde funciona el restaurante. Aunque está prohibido pescarlas, siempre hay langostas en Cuba.</p>
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		<title>David Foster Wallace (1962-2008)</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Sep 2008 20:01:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Reymúndez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#8220;Hay algo ineludiblemente bovino en un turista americano avanzando como parte de un grupo. Hay cierta placidez codiciosa en ellos. En nosotros, mejor dicho. En puerto nos convertimos automáticamente en Peregrinator americanus, Die Lumpenamerikaner. La Gente Fea. Para mí, la boviscopofobia (=el miedo mórbido a ser visto como un ser bovino) es una motivación todavía más [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://Ninguna"></a><img class="size-full wp-image-1231 alignleft" title="fosterwallace" src="http://www.viajeslibres.com/wp-content/suber/fosterwallace.jpg" alt="" width="244" height="348" />&#8220;Hay algo ineludiblemente bovino en un turista americano avanzando como parte de un grupo. Hay cierta placidez codiciosa en ellos. En nosotros, mejor dicho. En puerto nos convertimos automáticamente en <em>Peregrinator americanus, Die Lumpenamerikaner</em>. La Gente Fea. Para mí, la boviscopofobia (=el miedo mórbido a ser visto como un ser bovino) es una motivación todavía más fuerte que la semiagorafobia para quedarme en el barco cuando estamos en puerto. Es en puerto donde me siento más implicado y visiblemente cómplice. Casi nunca he salido de Estados Unidos, y nunca como parte de un rebaño con ingresos altos, y en puerto -incluso aquí arriba de todo, en la cubierta 12 y limitándome a mirar- soy nueva y desagradablemente consciente de ser americano, del mismo modo que siempre soy consciente de ser blanco cuando estoy rodeado de gente no blanca. No puedo evitar pensar cómo deben vernos ellos, esos jamaicanos y mexicanos impávidos, o especialmente cómo nos ve la tripulación inferior no aria del crucero Nadir. Llevo toda la semana haciendo todo lo que puedo para separarme a los ojos de la tripulación del rebaño bovino del que formo parte, para distanciarme de alguna forma: evito las cámaras, las gafas de sol y la ropa caribeña en tonos pastel; insisto mucho en llevarme mi bandeja en la cafetería y doy gracias de forma efusiva incluso por el más pequeño servicio. Como hay tantos de mis compañeros de crucero qeu gritan, yo me enorgullezco especialmente de hablar en tono ultrasilencioso con los tripulantes que hablan mal el inglés.&#8221;</p>
<p>La cita es del libro &#8220;Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer&#8221;, del escritor y periodista estadounidense <a href="http://www.davidfosterwallace.com/news.shtml" target="_blank"><strong>David Foster Wallace</strong></a>. Para escribirlo, Foster Wallace siguió el encargo de una revista de viajes y se pasó siete días en un crucero por el Caribe.</p>
<p>El autor, uno de los más reconocidos de la nueva generación de su país, <a href="http://ap.google.com/article/ALeqM5gcMD6YE5F4f-YQgiszTunCUrWw6gD9368TQO0" target="_blank"><strong>se mató hace unos días</strong></a> en su casa de California.</p>
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		<title>Tormenta tropical en vacaciones</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Sep 2008 03:07:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Reymúndez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Anécdotas]]></category>
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		<category><![CDATA[Turismo bizarro]]></category>

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		<description><![CDATA[Alerta de tormenta tropical en vacaciones. Me pasó hace un par de años. Viajé a Sint Maarten/Saint Martin, la isla mitad holandesa y mitad francesa, que se hace publicidad con eso de &#8220;dos países, dos vacaciones&#8221;.  El primer día amaneció nublado, oscuro como uno imagina una cárcel. Menos mal, pensé, porque ya estaba afónica y con dolor [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" src="http://viajeslibres.wordpress.com/files/2008/09/dscn66231.jpg" alt="" width="400" height="285" />Alerta de tormenta tropical en vacaciones. Me pasó hace un par de años. <strong>Viajé a Sint Maarten/Saint Martin, la isla mitad holandesa y mitad francesa</strong>, que se hace publicidad con eso de &#8220;dos países, dos vacaciones&#8221;. </p>
<p>El primer día amaneció nublado, oscuro como uno imagina una cárcel. Menos mal, pensé, porque ya estaba afónica y con dolor de garganta por el aire acondicionado diseñado para personas con sobrepeso o menopausia. El responsable de la oficina de turismo anunció que la excursión planeada se suspendía por amenaza de tormenta tropical, el escalón previo al huracán.</p>
<p>Había que quedarse en el hotel. Era un buen hotel, <strong>un Sonesta de 500 habitaciones,</strong> que le daba a la tragedia un ambiente de crucero, donde siempre había turistas de paso, música animada, repetida e indescifrable, turistas en el bar, turistas conversando en el lobby, daiquiris libres, turistas en los pasillos, coca cola y hamburaguesas, turistas que viajaron a la playa sacándose fotos en una esquina oscura, pizza libre, turistas que se reconocían por una pulsera amarilla, turistas haciéndose amigos de otros turistas, turistas mirando el huracán por televisión. Ese fue el primer día.</p>
<p>El segundo día fue igual.<img class="alignright" src="http://viajeslibres.wordpress.com/files/2008/09/sintmaarten.gif" alt="" width="423" height="281" /></p>
<p>El tercero nos sacaron a Philipsburg, la capital. No se podía ir mucho más lejos. Se supone que teníamos que estar contentos porque Sint Maarten es una isla libre de impuestos y según dicen un buen lugar para comprar electrónica. Me compré una cámara en un negocio indio -la electrónica en St. Maarten está dominada por los inmigrantes indios-, pero después la vi más barata en el freeshop.</p>
<p>El cuarto día llovía. Igual, se decidió que iríamos a conocer una playa. <strong>Caminé un rato por la arena, entre ramas caídas, hojas mojadas y pedazos de palmera</strong> que no habían aguantado el viento huracanado del día anterior.</p>
<p>El quinto día regresamos. Diez horas de viaje en avión, entre escalas y esperas.</p>
<p>Ni bien llegué me llamó una amiga para preguntarme qué tal el Caribe. Oscuro, le dije. Ella se quedó descolocada. Como si hubiera marcado un número equivocado.</p>
<p>Eso pasa con el Caribe en época de huracanes: no es el lugar soleado -ni soñado- que nos vendieron.</p>
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