Cuatro carnes y un pensamiento

Abierto por un argentino en 1961, el Café Versalles es un mítico punto de encuentro en la peatonal Junín, en el centro de Medellín. Primero fue pastelería y cafetería, ahora también sirven muy ricos almuerzos y siempre ha sido un lugar para ver fútbol. Una reflexión acompaña en la pizarra la oferta del día.


Por amor al vallenato

Cuenta la leyenda que Francisco El hombre derrotó con su acordeón al diablo.

Fue una noche al volver de una parranda, y si no hubiera sido por las notas de vallenato que salían de su acordeón casi se acaba el mundo. El diablo llegó a apagar la luna y las estrellas, pero Francisco El Hombre siguió tocando. Y tocó y tocó hasta que volvió la luz y el demonio, vencido y humillado, huyó hacia las montañas.

El vallenato forma parte de la guajiridad, de la identidad de La Guajira, una región al noroeste de Colombia, donde viven los wayúus, la etnia más numerosa de Colombia. La Guajira tiene una posición estratégica para el comercio con América Central y las Antillas. No la conozco, pero tengo ganas de ir en el próximo viaje a Colombia. Los viajeros que me crucé en el camino me hablaron tanto del Cabo de La Vela, el arroz de camarón, los compositores Leandro Díaz y Rafael Escalona.

En Riohacha, cabecera del departamento de La Guajira, concluyó el domingo el Festival Francisco El Hombre, un encuentro nacional de vallenato con duelos musicales como ese que tuvo Francisco el Hombre con el diablo, y concursos de Mejor Cantante, Mejor Acordeonero, Mejor Grupo, Mejor Canción Inédita y Mejor Video del Año. El gran ganador de este año es Carlos Mario Zabaleta y su acordeonero Julián Mojica, que representaban a Bogotá. Uno de los temas que más gustó fue La Candelosa.

El espíritu de Francisco El hombre, el juglar andariego que pasó por Macondo, acompaña el festival, y probablemente muchos de sus nietos y bisnietos y tataranietos también. Al parecer, Francisco el hombre no fue sólo un personaje de García Márquez, sino un hombre de carne y hueso que nació en Machobayo, Guajira.

Según se cree, quien peleó esa noche contra el diablo se llamó Francisco Antonio Moscote y le contó a sus hijos la experiencia, ocurrida en algún camino entre Riohacha y el pueblo de Barbacoas, a principios del siglo pasado.

Mito y realidad en el festival de un solo hombre: Don Pacho, así le llaman en Colombia a los Franciscos.


La muerte de Pablo Escobar, según Botero

El nombre de esta obra, realizada en 2006, es Pablo Escobar Muerto. Es la segunda interpretación de la muerte del poderoso narco hecha por Fernando Botero, y que desde hace unos pocos meses fue donada por el mismo artista al Museo de Antioquia.

Hay más de cien cuadros de Botero en el museo, un recorrido por su carrera y las distintas etapas del maestro que a los 8 años fue apuntado para torero y resultó artista. Hace poco estuvo en el museo. Cuentan los chicos que cuidan las salas que es amable y que se lo ve muy bien, pese a sus 78 años.

Con el título La Muerte de Pablo Escobar, el otro cuadro también está en el museo, en una sala con una iluminación especial, y representa al ex capo atravesado por un a nube de balas.  A diferencia de la última obra, que es de gran formato, éste es un óleo pequeño (35×55), realizado en 1999. 

La mayoría de los extranjeros que visita el museo, pasa de largo el resto del interesantísimo acervo de pintura colombiana y va directo a Botero, directo a Pablo Escobar. La fuerza del icono.


Sancocho trifásico

El nombre me suena a un antibiótico sanador. Como si en el menú dijera Trifacilina sancochix. Y según muchos paisas, como se les dice a los antioqueños, algo de eso hay.

Este plato poderoso se suele comer después de una noche de rumba, para curar la resaca. O en idioma colombiano, para tumbar el guayabo.

El trifásico es un cocido con tres tipos de carne (vaca, cerdo y pollo), por eso lo de trifásico. Además lleva choclo, yuca, zanahoria, un plátano pequeño y un toque de cilantro.

Me llama la atención el tamaño de los platos en esta región, cómo comen los paisas, por favor. Además del plato de la foto, si uno pide el sancocho le traen otro plato con arroz, aguacate, repollo morado y banana. Imposible terminar el combo. O uno se curaría para volver a enfermarse.

Hay más de diez sancochos diferentes en Colombia, cada uno con los ingredientes y particularidades de la región. El trifásico se prepara así.


Plegaria a San Antonio

- San Antonio, dame un novio.

- San Benito, bien bonito.

- San Andrés, dámelo pues.

- San Hilario, que tenga un buen salario.

- Santa Marta, que mida más de una cuarta (el salario).

- Santa Teresita, que me compre una casita.

- San Rafael, que me sea fiel.

- San Pacho, que no salga un borracho.

- San Angulo, que tenga un buen… corazón.

 

Sabiduría popular paisa, que aporta desde Medellín y con sonrisa pícara, Juri Marcela S.


La voz de Colombia

Mientras los colombianos votan hoy a su próximo presidente, va una canción de Marta Gómez, bella voz colombiana que canta ritmos latinoamericanos.

Para leer sobre estos días de efervescencia, la excelente cobertura de las elecciones de Leandro Uría, Enviado Especial del diario La Nación.


Malverde, el santo de los narcos

malverdePara muchos mexicanos ayer fue San Jesús Malverde. Este personaje, desconocido por la iglesia católica, cuenta con la fe de miles de aztecas, especialmente de sinaloenses, que cada 3 de mayo festejan en aniversario de su muerte. La de ayer fue una fecha importante: el patrono de los narcos cumplió un siglo de muerto.

Se trata del único santo con capillas en distintos estados, hay varias en Sinaloa, la capital del narcotráfico, y otras lugares de la república. Su influencia también ha llegado hasta Cali, en Colombia y Los Ángeles, también en Cali… pero California.

Según la leyenda más extendida, Malverde nació en los años 70, cuando el capo Julio Escalante ordenó matar a su hijo por realizar negocios sin su conocimiento. Según esto, herido de una bala de plata y arrojado al mar, el joven suplicó a Malverde su ayuda y fue entonces salvado por un pescador.

Se corrió la voz del milagro y en ese momento, famosos narcotraficantes como Rafael Caro Quintero, Ernesto Fonseca y Amado Carrillo Fuentes comenzaron a acudir a la capilla de Malverde. Increíble, pero todos estos hombres hoy en día están presos o muertos. A los que siguen sus pasos no les importa, para ellos “más vale vivir un año como rey, que diez como güey”.

Hoy, las capillas de Malverde son visitadas por peregrinos y también por grupos musicales que interpretan los conocidos “narco corridos” sin ningún motivo aparente, pero la verdad es que están agradeciendo a Malverde porque se ha pasado, exitosamente, algo de droga al otro lado de la frontera. En la entrada venden estampitas, velas, colgantes y hasta olorosos jabones de San Malverde.


Latinoamérica con la nave

Ayer, un amigo me preguntó qué onda para venir en auto desde México hasta Argentina. El es mexicano, así que dijo algo asi: “¿Cómo le hago, güey? ¿Cuánto me costará? ¿Sirve un Clío para ese viaje?”.

Le respondí vagamente, pero creo que lo mejor que podría hacer es hablar con Ezequiel Luis Fernández, que llegó hace unos meses de hacer el viaje de Argentina a México en su “nave”, una renoleta del 79.

Incluso podría leer su libro, “Con la Nave”, recién salido de imprenta y lleno de anécdotas, reflexiones y curiosidades que le ocurrieron a este ingeniero agrónomo que decidió cambiar de vida mientras viajaba por Latinoamérica.

Ezequiel ya contó su historia en Viajes Libres durante el viaje y también a la vuelta. Esta vez, adelanta algo de su libro que se consigue en la librería y juguetería Casa Jorge, en Juncal 2303, Buenos Aires.

Prologo
Llego a un pueblo. Estaciono en la plaza y me tomo unos mates. Siempre se acerca algún curioso a preguntarme por mi nave, por las calcomanías, por las frases, países o banderas.
Hablo un rato con el padre, la madre, el hijo o el hermano… hablo un rato con mis hermanos latinoamericanos. Me invitan a sus casas y me convidan exquisitos platos de comida, preparados con amor y cariño.
Nos sentamos a la mesa; les cuento de mi viaje y me cuentan de su vida. Veo rostros blancos, rosados, morenos y negros. Veo miradas alegres, tristes, pacíficas o indiferentes. Observo familias felices, simpáticas, revoltosas, trabajadoras, descomplicadas o muy complicadas. Con ellas comparto un momento de mi vida, de mi viaje. Son ellas las que me transmiten la historia de su pueblo, de su país, de su vida. De esa forma aprendo y elijo cómo quiero vivir mi vida.
Pasan los días y me subo de nuevo a mi nave. Salgo a la ruta, a manejar una o dos horas hasta llegar al próximo pueblito ¿Quién me espera? ¿Qué familia conoceré? Sólo es cuestión de ir hacia adelante… y repetir una y otra vez el mismo método en todo Latinoamérica.

Abro la puerta
¡Buena suerte! me dice… estás por hacer lo que quise y no pude… me dice… me afirma… no pude… por dinero, por agallas, por tiempo, por mi matrimonio, por mis responsabilidades… me dice una y otra persona antes de abrir la puerta de mi nave.
Me detengo y los miro… me siento en mi butaca. Todos se justifican… pienso.
Me miro en el espejo y no me reconozco ¿Qué estoy haciendo? Mi corazón dice que vaya para adelante. Quiero cortar con estructuras incómodas. Y… los miro… y… me miran… y… me acomodo en mi butaca.
Dejé mi trabajo ¿Qué hice?
Me observo en el espejito retrovisor… necesito un cambio.
Cierro la puerta de mi nave. No es fácil cambiar de vida… acá estoy y sigo adelante… con mi decisión. Era (era) un excelente trabajo, bien remunerado, con grandes perspectivas de seguridades futuras… ¿Qué hice? Me observo en el espejito retrovisor… necesito un cambio.
No me gusta tener armado el futuro. Me siento transitando un camino prestado… yo quiero armar mi propia huella.
Coloco el seguro, controlo que la puerta esté bien cerrada… (en el fondo) la decisión fue muy sencilla… estaba en un camino que no había elegido.
Giro mi espalda y en la mochila busco el cuaderno y la lapicera… ¡me gusta escribir! No sé cómo hacerlo… nunca lo hice, solo escribí algunas cartas a mi abuela y algunas líneas en informes económicos… pero… Sí, sí… ¡está el cuaderno! ¡está la lapicera!… en mi mochila están bien guardados… están bien a mano. Y… aprenderé a escribir escribiendo, en el viaje… ¡yo salgo y veo qué pasa!


Al rescate de Latinoamérica bizarra

Con el libro Buenos Aires bizarro, que acaba de lanzar Aguilar y que escribió el periodista y escritor Daniel Riera, ya son cuatro las ciudades revisadas bajo una mirada distinta, rara, fuera de lo común, bizarra.

En el prólogo de su libro, Riera escribe: “Lo que más me preocupaba al comienzo de esta investigación -luego, cuando me dejé llevar por los lugares, las historias y los personajes, dejó de preocuparme- era establecer de qué hablaba cuando hablaba de “bizarro”. Las connotaciones actuales de la palabra tienen bastante poco que ver con la definición de la Real Academia Española, según la cual “bizarro” quiere decir “valiente” en la primera acepción y “generoso, lúcido, espléndido” en la segunda. Solemos castellanizar el término bizarro, cuyo uso en inglés remite a “rarísimo/a, extraño/a, estrambótico/a”. En este libro, lo bizarro es lo que está fuera de la norma. Lo que carga las tintas en relación con una medianía estándar.”

La guía tiene 270 páginas y está divida en varias secciones, que básicamente rescatan lugares, desde museos (el de Quique, dedicado a un barrabrava) y estatuas (la de Caperucita Roja, en Los Bosques de Palermo; la del Dedo Gordo, en el Paseo de la Recova, o la de Mostaza Merlo ¡con foto!) hasta apuntes criminales que siguen la ruta del Petiso Orejudo. En el capítulo Nocturno y sexy hay una historia de una gorda stripper que actúa con un enano stripper, otra sobre El Club de los Osos de Buenos Aires, que reúne a gays barbudos y peludos y morrudos y más. En Comer y Beber, hay un restaurante donde se come todo crudo, están los panqueques de Carlitos, cada uno con nombre y apellido, un restaurante para comer a ciegas y Angelín, el inventor de la pizza canchera. Lugares, experiencias y muchísimos datos porque todo, hasta lo más bizarro trae dirección, teléfono y página Web. Riera pone foco en lo bizarro y lo redescubre, para el habitante de la ciudad y para el turista. Las buenas fotos de Diego Sandstede ayudan a la imaginación.

La primera guía de turismo bizarro en América Latina apareció allá por 2003, también por Aguilar, y fue Santiago Bizarro, del periodista chileno Sergio Paz, que escribe con frecuencia en la Revista del Domingo, del diario El Mercurio. Cuentan los que lo conocen que se andaba por los pasillos del diario con una guía de teléfonos, siempre a la pesca de actividades o paseos bizarros. Dice Alberto Fuguet, quien escribió el prólogo: Uno veía a Paz y la pregunta lógica era: ¿Cómo va “Bizarro”?, a lo que él respondía “Puta, muy bizarro”.

Sergio Paz se inspiró en L. A. Bizarro, una guía de Anthony Lovett y Matt Maranian, que reunía sitios bizarros de Los Angeles. En la suya, Paz propone un recorrido diferente por la capital chilena, que incluye comer charqui de cóndor y dar una vuelta por bares, como El Quitapenas o Los Canallas, que nunca saldrían en una guía.

Cuenta, además, sobre mitos urbanos. Bizarros, claro. Como ese que reza que en el cerro Manquehue vive un viejo que es el único que sabría el secreto para llegar a una mina de plata. Pero en realidad, lo que verdaderamente conocería el viejo es un túnel que atraviesa la ciudad de punta a punta en apenas unos segundos.

Lima también tiene su antiguía de datos freaks del centro de la capital recopilados por el escritor y periodista Rafo León. En su recorrido entran huariques, calles viejas, edificios olvidados y decadentes -como la quinta Heeren o el Hotel Crillón- y noches de discotecas strip tease en la barra. El tipo busca otra orden de las cosas en la misma Lima de siempre.

Dijo Rafo León en una entrevista en el diario La República: “La cosa más interesante de este proyecto que lejos de caer en el cliché muerto del pasado virreinal lo que pretende es rescatar la mirada de lo que está incesantemente moviéndose en esta ciudad. Hay que aprender a zambullirse en ella.”

Y claro, además de lugares, en Lima y en todas las ciudades latinoamericanas hay personajes bizarros, freaks que las pueblan y les dan vida. El cronista Juan Manuel Robles retrata en Lima Freak, editado el año pasado por Planeta, ocho historias reales de freaks. Los personajes son por ejemplo, Genaro Delgado Parker, el magnate de la televisión peruana; Frieda Holler, una ex reina de belleza que enseña buenos modales; Rafael Osterling, un chef peruano con pinta de estrella de rock, y Laura Bozzo, animadora de los reality shows en América Latina que pasó su arresto domiciliario en un estudio de televisión. A través de sus perfiles y de otros excéntricos a tiempo completo, como él los llama, Robles cuenta otra Lima.

Bogotá, una ciudad de siete millones de habitantes, un museo del oro y un cerro visitado por miles de turistas, también tiene su lado B, una guía bizarra para perderse entre enanos mariachis -pequeño pero infalible, el enano le regala contenido a toda guía freak- falsas bandas de rock, como Los Rimembers, que sólo saben cantar bajo la ducha, piercings extremos, purgas colectivas y lugares donde rumbear con Elvis y Superman.
Andrés Sanín, Sebastián Chalela y Juan David Sánchez la repasaron de la A a la Z por los caminos no tomados, a ver con qué se encontraban.

Estas guías están hechas por héroes urbanos que caminan y preguntan y se meten mundos subterráneos o en la superficie pero desconocidos, y anotan datos insólitos durante años para escribir nuevos recorridos que seguramente alguna vez sean turísticos y creen un nuevo orden de las cosas.

“Me muero de ganas de leer algún día Montevideo bizarra, Caracas bizarra, Quito bizarra, La Paz bizarra o Asunción bizarra”, afirmó Daniel Riera al periodista de Ansa que lo entrevistó para el lanzamiento. Por mi parte, me muero de ganas de leer DF bizarro.


Paraíso Travel, el viaje ilegal

Dentro de poco llegará a los cines la esperada película Paraíso Travel, del director colombiano Simón Brand, basada en el libro del escritor también colombiano, Jorge Franco, que justamente este sábado estará firmando ejemplares en la 21° Feria del Libro de Bogotá.

La película se acaba de presentar con éxito en el Festival de Cine de Tribeca que se realiza por estos días en el East Village de Manhattan y ha sido seleccionada para ir a Cannes 2008, que comienza el 14 de este mes.

Hace unos años devoré el libro Paraíso Travel. Cuenta la historia del viaje de Reina y Marlon, una joven pareja de novios de Manizales, Colombia, visto por ellos como el inframundo, hacia Estados Unidos, pensado como el paraíso. Es un viaje ilegal que tiene distintos formatos -desde atravesar el desierto caminando hasta ir metido adentro de un falso tronco de leña en un camión y al punto de la asfixia. Un viaje que mueve y mata a muchos latinos que no suelen aparecer en los diarios. Un viaje de aventura y peligro que sucede todos los días en América Latina.

Acá se puede ver el trailer, la película. Welcome.




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