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	<title>Viajes Libres &#187; Compañeros de viaje</title>
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	<description>Turismo en primera persona</description>
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		<title>Bowles en Marrakech</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Jan 2012 14:53:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Reymúndez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El escritor y compositor Paul Bowles prepara un té a la menta en un cuarto del zoco de Marrakech, en 1961. Viajó con Allen Gingsberg, que sacó la foto. Autor de la novela El cielo protector, Bowles es un faro para los viajeros independientes. Vivió en París, México, Guatemala. No era un hombre de planificar, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2012/01/paulbowles.jpg" alt="" width="459" height="311" /></p>
<p>El escritor y compositor <a href="http://www.paulbowles.org/" target="_blank">Paul Bowles</a> prepara un té a la menta en un cuarto del zoco de Marrakech, en 1961. Viajó con <a href="http://www.allenginsberg.org/" target="_blank">Allen Gingsberg</a>, que sacó la foto.</p>
<p>Autor de la novela <em>El cielo protector</em>, Bowles es un faro para los viajeros independientes. Vivió en París, México, Guatemala. No era un hombre de planificar, más bien se movía con el viento. Cuando conoció Tánger se emocionó y al poco tiempo volvió y se quedó hasta su muerte, 52 años más tarde.</p>
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		<title>El pareo, útil como la Victorinox</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jan 2012 18:30:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Reymúndez</dc:creator>
				<category><![CDATA[A propósito de]]></category>
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		<category><![CDATA[Recomendados]]></category>

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		<description><![CDATA[A simple vista, un pareo es un pedazo de tela suave y rectangular, de aproximadamente 1,80 m x 1 metro. Muchos le dan únicamente el uso para el que fue creado: envolver la cintura y usarlo como falda o vestido. Pero a veces, en viaje, es necesario resolver situaciones inesperadas y el pareo -en su [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2012/01/pareo.jpg" alt="" width="446" height="333" /></p>
<p>A simple vista, un pareo es un pedazo de tela suave y rectangular, de aproximadamente 1,80 m x 1 metro. Muchos le dan únicamente el uso para el que fue creado: envolver la cintura y usarlo como falda o vestido.</p>
<p><img class="alignleft" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2012/01/pareo1.jpg" alt="" width="125" height="134" /></p>
<p>Pero a veces, en viaje, es necesario resolver situaciones inesperadas y el pareo -en su rubro- es versátil y tan útil como la Victorinox. ¡Y se puede llevar en el bolso de mano si viajás en avión!</p>
<p>El otro día con unos amigos nos imaginamos algunos usos posibles. Como la mayoría son usos de emergencia, el pareo produce además una sensación de bienestar por haber aguzado el ingenio. La lista, creo, es interminable. Apenas un comienzo:</p>
<p>* turbante<br />
* chal<br />
* lona<br />
* biombo portátil<br />
* mantel<br />
* servilleta<br />
* sábana<br />
* capa<br />
* soga<br />
* trapo (seco y húmedo)<br />
* para jugar al gallito ciego<br />
* para jugar al fantasma<br />
* para jugar al torero<br />
* mosquitero<br />
* kepina para el bebé<br />
* pañuelo para el dolor de garganta<br />
* pañuelo de nariz<br />
* pañuelo para lágrimas<br />
* corpiño de bikini<br />
* bufanda<br />
* para atar el cabello<br />
* cobertor para almohadas/asientos sucios<br />
* telón</p>
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		<title>Parada chancha en Karnataka</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Jan 2012 18:05:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Reymúndez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Anécdotas]]></category>
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		<description><![CDATA[Encontré esta foto y la sujeté con un imán a la heladera. Hace días que la veo y hoy la voy a contar. El primer recuerdo de ese mediodía largo en una ruta de Karnataka es el calor. Con ráfagas de aire húmedo, como salido del sauna. Y las nubes espesas de una tormenta que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2012/01/p1180077.jpg" alt="" width="534" height="351" /></p>
<p>Encontré esta foto y la sujeté con un imán a la heladera. Hace días que la veo y hoy la voy a contar.</p>
<p>El primer recuerdo de ese mediodía largo en una ruta de Karnataka es el calor. Con ráfagas de aire húmedo, como salido del sauna. Y las nubes espesas de una tormenta que nunca llegó.</p>
<p>Karnataka es un estado del sur de la India. Limita al oeste con Goa, el estado más pequeño del país, donde está la famosa playa de las fiestas electrónicas. Cuando estuve por ahí vi más europeos que indios. La capital de Karnataka es Bangalore, el lugar donde se fabrica el software, el Silicon Valley indio.</p>
<p>Las mujeres de Karnataka son preciosas. Usan saris de colores fuertes y telas brillantes, aros largos en la orejas, en la nariz y tantas pulseras que sus brazos parecen sonajeros. En la playa se paraban frente a mi estera para mostrarme artesanías. Cuando abría los ojos por el sonido de sus joyas no veía a una mujer, sino un caleidoscopio.</p>
<p>Habíamos tomado el micro temprano, cruzaríamos el estado de Karanataka para conocer las ruinas de Hampi, que son Patrimonio de la Humanidad. El micro estaba lleno y avanzaba confiado por una ruta de media mano y a medio asfaltar.</p>
<p>Después de un par de horas de viaje,de repente, se detuvo. No fue porque había una parada ni porque alguien pidiera bajar. Se detuvo en el desierto, a la hora de la siesta. Optimistas, pensamos que sería una pinchadura, que pronto estaríamos nuevamente en camino.</p>
<p>Pasó una hora. Y otra. Los indios salieron del coche y se acluclillaron. Ellos esperan desde el llano, en cuclillas. Es común verlos agachados en las veredas, a los lados de las rutas, conversando en el piso de una estación. No se quejan, no arman escándalos, no preguntan qué va a pasar, si viene otro micro, cuánto falta.</p>
<p>Aceptan. Y esperan sin esperar.</p>
<p>El segundo recuerdo de ese mediodía largo en una ruta de Karnataka es el olor. Olor a mierda.</p>
<p>Pasaron tres horas. Me acuclillé hasta acalambrarme, me levanté, pregunté todo lo que pude, me quejé, como en una clase práctica de Occidental para dummies. En un momento tuve ganas de ir al baño. Un pasajero señaló una casa abandonada a unos cincuenta metros de la ruta. Me acerqué pisando pasto seco mientras pensaba que en ese clima habría escorpiones y arañas.</p>
<p>(A partir de acá el relato es escatológico. Lectores impresionables, mejor cambiar de post.)</p>
<p>La construcción era un baño abandonado y, sepan disculpar, cagado. La expresión más exacta sería un baño hecho mierda. Las letrinas rebalsaban de excrementos, igual que el piso. Todavía no entiendo por qué no salí corriendo y busqué una plantita en ese momento. Pero no lo hice. Muy al contrario, entré en uno de los dos cubículos y entorné la puerta. Ahí estaba, haciendo equilibrio y a punto del desmayo por sobredosis de mal olor cuando escuché el ruido de la puerta de afuera.</p>
<p>Dije lo primero que me salió: &#8220;¿Hay alguien ahí?&#8221;  Nadie respondió. Después: &#8220;Está ocupado&#8221;. Y también: &#8220;¿Quién es?&#8221; Cada vez, sin respuesta. Volví a escuchar otro ruido, más cerca, casi en la puerta de mi cubículo. Entonces, con los pantalones a medio subir y cara de pocos amigos abrí la puerta.</p>
<p>Y sí, había alguien ahí.</p>
<p>Un chancho adulto, negro y peludo que también me miraba con cara de pocos amigos y mierda en el hocico. Le grité pero no me hizo caso. Fue él quien me echó del baño. Un cerdo pesado que no buscaba trufas.</p>
<p>El tercer recuerdo de ese mediodía largo en una ruta de Karnataka es la plantita que encontré después y desde donde saqué esta foto en la que están todos. Todos, menos el chancho. Un chancho de mierda.</p>
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		<title>De curvas y mal de altura</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Dec 2011 22:38:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Reymúndez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Verónica Montero, periodista, viajera, bloggera y amante del cine entre otras vocaciones, volvió hace poco de un viaje a Perú y cuenta esta anécdota sobre las curvas, la altura y los males. El bus zigzagueaba por un camino angosto, entre los cerros inmensos y el abismo. Atrás quedaba  Arequipa, a 2400 metros sobre el nivel [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p><img class="alignnone" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2011/12/colca2.jpg" alt="" width="517" height="380" /></p>
<p><a href="http://www.viajeslibres.com/estuve-alli-pero-me-entere-al-dia-siguiente/" target="_blank"><strong>Verónica Montero</strong></a>, periodista, viajera, <a href="http://amobaires.blogspot.com/" target="_blank">bloggera</a> y amante del cine entre otras vocaciones, volvió hace poco de un viaje a Perú y cuenta esta anécdota sobre las curvas, la altura y los males.</p>
<p>El bus zigzagueaba por un camino angosto, entre los cerros inmensos y el abismo. Atrás quedaba  Arequipa, a 2400 metros sobre el nivel del mar; adelante nos esperaba el Valle del Colca, al doble de altura.</p>
<p>Como parte del show turístico, la guía sacó una bolsita con hojas de coca y explicó cómo mascarla para evitar el mal de altura (soroche).</p>
<p>El paisaje se pobló de llamas, alpacas, vicuñas. Después, una curva cerrada, un volantazo sorpresivo y  el mareo. El bus siguió subiendo hasta que por fin llegó a los 4800 metros. El sol pegaba fuerte, pero no hacía calor. A metros de la carretera, mujeres coloridas vendían artesanías. Sobre ellas, una nube gigante. Tan grande que asfixiaba, que aplastaba.</p>
<p>¿Estás bien?, me preguntó Julieta, con quien organizamos el viaje desde Buenos Aires. “Un poco revuelta. Pero todo bien&#8221;, le respondí y me senté en una de las piedras. Cuando saqué la lapicera para apuntar lo que veía, sentí los dedos pegoteados. La birome había reventado por la presión.</p>
<p>Sin embargo, la altura no afectaba a todos por igual. Juan y Julio, dos cincuentones españoles acababan de encender su tercer “cigarrito” y disfrutaban, como si estuviesen frente al mar.</p>
<p><img class="alignnone" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2011/12/colca3.jpg" alt="" width="466" height="357" /></p>
<p>La parada duró unos veinte minutos. Como si la carretera fuera un tobogán de agua descendimos rapidísimo hasta Chivay, a 3600 metros. Mi dolor de cabeza era cada vez más fuerte y no veía la hora de estar en una cama. Llegué al hostal y comenzaron los vómitos. En el lugar no había posta médica.</p>
<p>El hostal estaba vacío. Todos se habían ido a La Calera a darse un baño termal. El lugar olía a hojas de coca y a quínoa. La niñ encargada estaba pegada al televisor, siguiendo un concurso de talentos. Julieta había subido a la habitación para buscar el teléfono de la agencia.</p>
<p>De repente, vi dos caras conocidas: una pareja madrileña con quien habíamos compartido el tour. Al preguntarme por mi aspecto “paliducho”, les resumí lo ocurrido. Y entonces dijeron palabras que sonaron como un milagro: &#8220;Somos médicos&#8221;.</p>
<p>A simple vista, lo mío era un combo de mal de altura, insolación, cansancio y deshidratación. Pero… ¿Y Julieta? La fueron a buscar, pero no respondía. Después de golpear varias veces la puerta, entraron y la encontraron en la cama.</p>
<p>Había estado estupenda durante todo el recorrido, pero seis horas después de haber estado en el pico más alto, todos los síntomas se habían apoderado de ella. La presión en la nuca, un dolor infernal de cabeza como si hubiese sido taladrada por el mismísimo psicópata de <em>Saw</em>, más nauseas y vómitos.</p>
<p>&#8220;Tomen estas pastillas, pero no abusen&#8221;, nos recomendaron.</p>
<p>Durante siete días estuvimos bajo los poderosos efectos de la Dexametasona (corticoide), que desinflama y permite una mayor oxigenación. Sin ellos y sin ellas, no hubiésemos podido continuar el viaje. Nos esperaban muchas más subidas y bajadas. Porque así es el territorio inca: se siente en el cuerpo. Y si uno está dispuesto a atravesarlo, deberá estar preparado para la aventura. Y para la altura.</p>
</div>
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		<title>Evita en los muros de Barracas</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Dec 2011 13:58:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Reymúndez</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2011/12/p1170820.jpg" alt="" width="543" height="384" /></p>
<p><img class="alignnone" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2011/12/p1170819.jpg" alt="" width="541" height="363" /></p>
<p><img class="alignnone" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2011/12/p1170813.jpg" alt="" width="542" height="434" /></p>
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