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	<title>Viajes Libres &#187; Destinos</title>
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	<description>Turismo en primera persona</description>
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		<title>Música en Chiquitos</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Feb 2012 04:42:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Reymúndez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cada tanto aparece una noticia sobre algún tesoro perdido y recuperado: monedas de oro en un galeón hundido, restos de un dinosaurio, un riquísimo ajuar funerario. Todo muy valioso, todo inerte. En cambio, las partituras que se encontraron en un viejo baúl de una iglesia chiquitana están vivas. Desgastadas, olorosas, raídas por el tiempo, la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2012/02/96-restauracic3b3n-escritos.jpg" alt="" width="360" height="476" /></p>
<p>Cada tanto aparece una noticia sobre algún tesoro perdido y recuperado: monedas de oro en un galeón hundido, restos de un dinosaurio, un riquísimo ajuar funerario. Todo muy valioso, todo inerte.</p>
<p>En cambio, las partituras que se encontraron en un viejo baúl de una iglesia chiquitana están vivas.</p>
<p>Desgastadas, olorosas, raídas por el tiempo, la humedad, las termitas, el encierro. Y vivas. Y llenas de música.</p>
<p>Música compuesta hace más de 300 años por jesuitas e indígenas. Música que nació en la selva, entre heliconias y tajibos (lapachos). Música barroca. Música anónima. Música con textos en lenguas originarias. Música manuscrita. Música espiritual. Música que estuvo perdida y hoy salta de violín en violín, de corno en trompeta, de flauta en contrabajo.</p>
<p>Pronto llega otro <a href="http://www.festivalesapac.com/musica.htm" target="_blank">Festival de Música Barroca</a> en las antiguas misiones jesuíticas del lejano oriente boliviano. Participarán jóvenes talentos locales y coros y orquestas consagrados. Más de 800 músicos dando vueltas por la selva, más de cien conciertos y, todavía, pocos turistas.</p>
<p>El artículo completo y las fotos que saqué, en la revista Lugares de feberero. ¡Pedísela a tu kioskero amigo!</p>
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		<title>La maravillosa levedad de las apsaras</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Jan 2012 22:44:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Reymúndez</dc:creator>
				<category><![CDATA[A propósito de]]></category>
		<category><![CDATA[Arte]]></category>
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		<description><![CDATA[Las apsaras ablandan la piedra. Por eso me gustan. Las elegancia de sus gestos, cómo quiebran la cadera, la sonrisa serena y una actitud leve, propia del cuerpo en el agua. Se mueven todo el tiempo, aunque están quietas desde el siglo XII. Las conocí una mañana en Angkor Wat, Camboya. Recorría templos devorados por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2012/01/apsara01.jpg" alt="" width="471" height="335" /></p>
<p>Las apsaras ablandan la piedra. Por eso me gustan. Las elegancia de sus gestos, cómo quiebran la cadera, la sonrisa serena y una actitud leve, propia del cuerpo en el agua. Se mueven todo el tiempo, aunque están quietas desde el siglo XII.</p>
<p>Las conocí una mañana en Angkor Wat, Camboya. Recorría templos devorados por la selva y colonizados por monos de cola larga cuando me llamó la atención un friso con cinco mujeres llenas de gracia.</p>
<p>Bailaban con cada centímetro de su cuerpo inmóvil. Tenían collares gruesos, brazaletes, aros, corona y nada de ropa.</p>
<p><img class="aligncenter" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2012/01/apsara02.jpg" alt="" width="485" height="299" /></p>
<p>Son ninfas celestiales, me dijo un chico que practicaba para guía. Eso quiere decir apsara en sánscrito. Representan el espíritu de las nubes y de las aguas en las mitologías budista e hindú. Eran las hermosas esposas de los músicos de la corte de Indra, el rey de los dioses en la mitología hindú. Y danzaban para seducir y entretener a hombres y a dioses. Se las asocia con ritos de fertilidad y con la inspiración.</p>
<p>También están en los templos eróticos de Kajuraho, India, y en Borobudur, en Indonesia. Pero las de Angkor son espectaculares. Le dan vida a palacios muertos. No sólo las cinco que vi bailar esa mañana, hay más de 1700 asparas en Angkor. Cuántas compañías de danza metidas en la misma selva húmeda.</p>
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		<title>Parada chancha en Karnataka</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Jan 2012 18:05:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Reymúndez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Anécdotas]]></category>
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		<description><![CDATA[Encontré esta foto y la sujeté con un imán a la heladera. Hace días que la veo y hoy la voy a contar. El primer recuerdo de ese mediodía largo en una ruta de Karnataka es el calor. Con ráfagas de aire húmedo, como salido del sauna. Y las nubes espesas de una tormenta que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2012/01/p1180077.jpg" alt="" width="534" height="351" /></p>
<p>Encontré esta foto y la sujeté con un imán a la heladera. Hace días que la veo y hoy la voy a contar.</p>
<p>El primer recuerdo de ese mediodía largo en una ruta de Karnataka es el calor. Con ráfagas de aire húmedo, como salido del sauna. Y las nubes espesas de una tormenta que nunca llegó.</p>
<p>Karnataka es un estado del sur de la India. Limita al oeste con Goa, el estado más pequeño del país, donde está la famosa playa de las fiestas electrónicas. Cuando estuve por ahí vi más europeos que indios. La capital de Karnataka es Bangalore, el lugar donde se fabrica el software, el Silicon Valley indio.</p>
<p>Las mujeres de Karnataka son preciosas. Usan saris de colores fuertes y telas brillantes, aros largos en la orejas, en la nariz y tantas pulseras que sus brazos parecen sonajeros. En la playa se paraban frente a mi estera para mostrarme artesanías. Cuando abría los ojos por el sonido de sus joyas no veía a una mujer, sino un caleidoscopio.</p>
<p>Habíamos tomado el micro temprano, cruzaríamos el estado de Karanataka para conocer las ruinas de Hampi, que son Patrimonio de la Humanidad. El micro estaba lleno y avanzaba confiado por una ruta de media mano y a medio asfaltar.</p>
<p>Después de un par de horas de viaje,de repente, se detuvo. No fue porque había una parada ni porque alguien pidiera bajar. Se detuvo en el desierto, a la hora de la siesta. Optimistas, pensamos que sería una pinchadura, que pronto estaríamos nuevamente en camino.</p>
<p>Pasó una hora. Y otra. Los indios salieron del coche y se acluclillaron. Ellos esperan desde el llano, en cuclillas. Es común verlos agachados en las veredas, a los lados de las rutas, conversando en el piso de una estación. No se quejan, no arman escándalos, no preguntan qué va a pasar, si viene otro micro, cuánto falta.</p>
<p>Aceptan. Y esperan sin esperar.</p>
<p>El segundo recuerdo de ese mediodía largo en una ruta de Karnataka es el olor. Olor a mierda.</p>
<p>Pasaron tres horas. Me acuclillé hasta acalambrarme, me levanté, pregunté todo lo que pude, me quejé, como en una clase práctica de Occidental para dummies. En un momento tuve ganas de ir al baño. Un pasajero señaló una casa abandonada a unos cincuenta metros de la ruta. Me acerqué pisando pasto seco mientras pensaba que en ese clima habría escorpiones y arañas.</p>
<p>(A partir de acá el relato es escatológico. Lectores impresionables, mejor cambiar de post.)</p>
<p>La construcción era un baño abandonado y, sepan disculpar, cagado. La expresión más exacta sería un baño hecho mierda. Las letrinas rebalsaban de excrementos, igual que el piso. Todavía no entiendo por qué no salí corriendo y busqué una plantita en ese momento. Pero no lo hice. Muy al contrario, entré en uno de los dos cubículos y entorné la puerta. Ahí estaba, haciendo equilibrio y a punto del desmayo por sobredosis de mal olor cuando escuché el ruido de la puerta de afuera.</p>
<p>Dije lo primero que me salió: &#8220;¿Hay alguien ahí?&#8221;  Nadie respondió. Después: &#8220;Está ocupado&#8221;. Y también: &#8220;¿Quién es?&#8221; Cada vez, sin respuesta. Volví a escuchar otro ruido, más cerca, casi en la puerta de mi cubículo. Entonces, con los pantalones a medio subir y cara de pocos amigos abrí la puerta.</p>
<p>Y sí, había alguien ahí.</p>
<p>Un chancho adulto, negro y peludo que también me miraba con cara de pocos amigos y mierda en el hocico. Le grité pero no me hizo caso. Fue él quien me echó del baño. Un cerdo pesado que no buscaba trufas.</p>
<p>El tercer recuerdo de ese mediodía largo en una ruta de Karnataka es la plantita que encontré después y desde donde saqué esta foto en la que están todos. Todos, menos el chancho. Un chancho de mierda.</p>
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		<pubDate>Sun, 01 Jan 2012 03:11:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Reymúndez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Me crucé con esta carabinera bizarra cerca del Mercado Central de Santiago de Chile, en unas cuadras de barrio chino que hay por ahí. Imágenes como esta me animan a seguir viajando. Metro: Puente Cal y Canto.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2011/12/61-mercado.jpg" alt="" width="368" height="501" /></p>
<p>Me crucé con esta carabinera bizarra cerca del Mercado Central de Santiago de Chile, en unas cuadras de barrio chino que hay por ahí. Imágenes como esta me animan a seguir viajando. Metro: Puente Cal y Canto.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>El abrazo del bibosi y el motacú</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Dec 2011 00:10:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Reymúndez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuenta una leyenda del oriente boliviano que había una vez dos jóvenes que se amaban. Para variar había un problema grave: eran de dos etinias distintas y sus padres no los dejaban verse y mucho menos estar juntos. La boda de la bella joven ya estaba arreglada con otro, que seguramente era un tonto. Entonces, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2011/12/motacu.jpg" alt="" width="363" height="538" />Cuenta una leyenda del oriente boliviano que había una vez dos jóvenes que se amaban.</p>
<p>Para variar había un problema grave: eran de dos etinias distintas y sus padres no los dejaban verse y mucho menos estar juntos. La boda de la bella joven ya estaba arreglada con otro, que seguramente era un tonto.</p>
<p>Entonces, como suele pasar en estos casos, los amantes se escaparon. Corrieron durante horas y horas por la selva hasta que se sintieron a salvo. Y ahí, amparados por tajibos (lapachos) y toborochis (palos borrachos) se dieron un abrazo tan pero tan tan fuerte que murieron asfixiados.</p>
<p>Escuché esta historia en la plaza de San Ignacio de Velasco, por quedarme un par de minutos mirando cómo una pareja de jóvenes que se besaba apasionadamente en el banco de la plaza.</p>
<p>- Parecen el bibosi y el motacú, me dijo un hombre que andaba por ahí y señaló la planta que se ve en la foto.</p>
<p>El bibosi es un tipo de ficus que se enrieda apasionadamente sobre el motacú, una palmera débil y con frutos ricos.</p>
<p>La leyenda termina contando que en el pedazo de tierra donde cayeron los amantes asfixiados creció el primer bibosi en motacú.</p>
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