La Payunia desconocida

3.JPGSi estuviera en Miami, La Payunia tendrí­a destino de parque temático: se pagarí­a una entrada cara y se almorzarí­a una crater burger en Mc Volcán, un fast food que casi seguro mirará al Payún Matru (3715 m), el volcán más alto de los 800 que hay alrededor. Cuentan por aquí­ que sólo en Kamchatka, al este de Siberia, existe una esquina con tantos volcanes. Pero Miami está lejos y tiene pantanos. Nada que ver con la aridez roja, a las pampas negras. En esta reserva del sur de Mendoza, todaví­a no se paga entrada, y no hay restaurantes ni estación de servicio ni kioscos de agua mineral. Tan desconocida es que apenas ha conseguido 5 votos en la elección de las Siete Maravillas Naturales de Argentina, lo que significa hasta hoy el segundo lugar menos votado.

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Desde Viajes Libres, queremos reivindicarla con algunos apuntes sobre su naturaleza. La Payunia es una planicie árida y deshabitada a unos dos mil metros de altura. Están a 100 kilómetros de Malargüe, una ciudad que a su vez está a 420 kilómetros de Mendoza. Tiene unas 40 mil hectáreas, 10,6 volcanes cada 100 kilómetros cuadrados. Se calcula que en algún momento fue un lecho marino. La prueba más concreta se llama amonite y es resto fósil, un caracol petrificado. En Manquimalal, camino a La Payunia está lleno de amonites. Algunos se ven perfectos, otros están disueltos en la roca, y hay millones que ya son arena.

Cada tanto llueve, pero no agua. Hace millones de años llovió lava y se formó un río de 185 kilómetros, el rí­o de lava más largo del mundo según los malargünos. También llovió ceniza, la ceniza del volcán chileno el Descabezado, que en 1932 enterró las ovejas y pintó todo de gris. La columna de humo del volcán llegó a los treinta kilómetros de altura y las cenizas se esparcieron por varias provincias argentinas. “Malargüe está por desaparecer”, titularon los diarios del momento. La ciudad no se acabó pero tuvo años negros y muchos dicen que resurgió de las cenizas.

copia-de-a.JPGHasta hace algún tiempo los científicos creían que los volcanes estaban extinguidos, pero ya se descubrió que se trata de un descanso activo. No hay indicios de un retorno del Holoceno, cuando todo esto eran rocas encendidas, agua chispeante y lava. Al menos, no todavía. Por ahora la actividad consiste en pequeñas salidas de gases y vapor. Por ahora reina la calma.

Los que quieran transitar esa calma deben saber que un dí­a apenas alcanza para conocer este lugar. Las rutas son malas, con pozos y ripio suelto. Hay que andar lento, con tiempo y ánimo todoterreno porque el viaje es demoledor. Pero la llegada paga los pozos y de repente, La Payunia lo toma a uno del brazo y lo mete en La Guerra de las Galaxias, pegadito a Obi Wan Kenobi. O en la última de Peter Jackson.