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	<title>Viajes Libres &#187; Patagonia</title>
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		<title>Los perfumes de la tierra</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Oct 2010 14:00:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Reymúndez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#8220;¿Ya hablé del perfume del jazmín? Ya hablé del olor a mar. La tierra es perfumada. Y yo me perfumo para intensificar lo que soy. Por eso, no puedo usar perfumes que me contraríen. Perfumarse es una sabiduría instintiva. Y como todo arte exige algún conocimiento de sí misma. Uso un perfume cuyo nombre no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2010/10/pro.jpg" alt="" width="530" height="300" /></p>
<p>&#8220;¿Ya hablé del perfume del jazmín? Ya hablé del olor a mar. La tierra es perfumada. Y yo me perfumo para intensificar lo que soy. Por eso, no puedo usar perfumes que me contraríen. Perfumarse es una sabiduría instintiva. Y como todo arte exige algún conocimiento de sí misma. Uso un perfume cuyo nombre no digo: es mío, soy yo. Dos amigas ya me preguntaron el nombre, se los dije, lo compraron. Y me lo trajeron: simplemente no eran ellas. No digo el nombre también por secreto: es bueno perfumarse en secreto&#8221;.</p>
<p>Clarice Lispector. <em>Revelación de un mundo</em>.</p>
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		<title>La conciencia y el paisaje</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Oct 2010 03:44:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Reymúndez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#8220;A veces, cuando avanzas en silencio por paisajes tan desolados, pierdes la cohesión como ser humano y te sobreviene la alucinación de que te vas disgregando progresivamente. El espacio que te rodea es tan vasto que es difícil mantener el sentido de la proporción con respecto a la propia existencia. ¿Me comprende usted? Mi conciencia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><img class="aligncenter" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2010/10/pata.jpg" alt="" width="492" height="292" /></p>
<p style="text-align: left;">&#8220;A veces, cuando avanzas en silencio por paisajes tan desolados, pierdes la cohesión como ser humano y te sobreviene la alucinación de que te vas disgregando progresivamente. El espacio que te rodea es tan vasto que es difícil mantener el sentido de la proporción con respecto a la propia existencia. ¿Me comprende usted? Mi conciencia se iba dilatando junto con el paisaje y acababa por ser tan difusa que no podía mantenerme aferrado a mi cuerpo. Ésta fue la sensación que experimenté en medio de las estepas de Mongolia. &#8220;¡Qué inmensidad!&#8221;, pensaba. Más que la estepa parecía el mar. El sol ascendía por la línea del horizonte del oeste. Ante mis ojos, esto era lo único que cambiaba. Y hacia este desplazamiento del sol yo sentía algo que cabía definir como un enorme amor cósmico.&#8221;</p>
<p><em>Crónica del pájaro que da cuerda al mundo</em>, Haruki Murakami.</p>
<p>(En la estepa patagónica, esta apreciación del teniente Mamiya al Sr. Okada se siente cercana a pesar de que Mongolia quede tan lejos.)</p>
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		<title>La Patagonia intensa</title>
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		<pubDate>Sun, 03 Oct 2010 03:23:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Reymúndez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En este número de la Revista Lugares escribí sobre el oeste de Santa Cruz, sobre la Patagonia áspera, zona de estepas profundas, vacías, solitarias y ventosas cerca de la cordillera. Un viaje por la Ruta 40, con paradas en estancias y una vuelta por el Parque Nacional Perito Moreno, uno de los menos visitados del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2010/10/tapalugares.jpg" alt="" width="235" height="283" />En este número de la Revista Lugares escribí sobre el oeste de Santa Cruz, sobre la Patagonia áspera, zona de estepas profundas, vacías, solitarias y ventosas cerca de la cordillera.</p>
<p>Un viaje por la Ruta 40, con paradas en estancias y una vuelta por el Parque Nacional Perito Moreno, uno de los menos visitados del país. Un viaje por lugares que parece los más indicado del mundo para decir que están en el medio de la nada.</p>
<p>Las fotos de Xavier Martin muestran la intensidad de esta Patagonia y dan ganas de poner un par de cosas en el auto y salir de viaje ya.</p>
<p>En el mismo número, notas sobre Pampa Linda, un valle dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi y a 77 kilómetros de Bariloche, ideal para unos días de trekking. También, la Comarca Andina: El Bolsón, Lago Puelo, Epuyén y Cholila, entre frutas finas, hongos silvestres y lagos azules.</p>
<p>Finalmente, Chubut junto al mar: desde Comodoro Rivadavia hasta Puerto Pirámides, con historias, paisajes, dos museos nuevos y las ballenas ahí nomás. Un número para planificar en un verano al Sur.</p>
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		<title>Los gendarmes perdidos</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Sep 2010 04:15:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Reymúndez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Otra cortita de Ángel, el chofer patagónico. La escuché también de noche, en viaje por una ruta de ripio, mientras las liebres encandiladas por la luz de la camioneta cruzaban desesperadas a uno y otro lado del camino. La mayoría se salvó la vida, algunas, las más pequeñas, no. Quizás porque me ve angustiada por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2010/09/p1060172.jpg" alt="" width="450" height="307" /></p>
<p>Otra cortita de Ángel, el chofer patagónico. La escuché también de noche, en viaje por una ruta de ripio, mientras las liebres encandiladas por la luz de la camioneta cruzaban desesperadas a uno y otro lado del camino. La mayoría se salvó la vida, algunas, las más pequeñas, no. </p>
<p>Quizás porque me ve angustiada por las liebres, Ángel me pregunta si conozco la historia de los gendarmes. Le respondo que no y empieza el cuento. Dice que en una ruta del sur de Santa Cruz hay unos gendarmes que una vez, hace muchos años, ponéle treinta, salieron a recorrer y se perdieron en la estepa. Nunca regresaron al sitio donde estaban destinados.</p>
<p>Desde esa época están perdidos y hacen dedo en las rutas de la provincia. Lo escuchaba atenta, mientras pensaba ya llega el remate. Pero no. Ya era de noche, una noche sin luna. </p>
<p>Así como hoy estaba la noche, oscura, muy oscura, yo manejaba y veo que adelante hay dos gendarmes haciendo dedo, dice Ángel. Paró. Se subieron atrás, y hablaban entre ellos. Eran jóvenes, tenían la edad de cuando se perdieron. Ángel iba concentrado en la ruta y no conversaba con ellos. En un momento, se dio vuelta para pedirles que le indicaran dónde se bajaban. Y qué creen. Los gendarmes no estaban. Habían desaparecido. O se habían vuelto a perder.</p>
<p>- Ángel, ¿no lo soñaste?<br />
- Te lo juro que los llevé en la camioneta, dice. Y lo jura con el índice, dibujando una cruz sobre sus labios.</p>
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		<title>La mamá de Ángel</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Sep 2010 05:04:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Reymúndez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Anécdotas]]></category>
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		<description><![CDATA[Ángel C. fue mi chofer patagónico. Parco, atento, alrededor de 60 años; gorra de beisbolista, fanático de las piedras de Santa Cruz, al punto de cargarse un baúl de ellas para hacer futuras decoraciones. Hubo una jornada muy larga. Era medianoche y todavía andábamos por caminos de ripio. El fotógrafo iba dormido en el asiento [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2010/09/p1060186.jpg" alt="" width="254" height="382" />Ángel C. fue mi chofer patagónico. Parco, atento, alrededor de 60 años; gorra de beisbolista, fanático de las piedras de Santa Cruz, al punto de cargarse un baúl de ellas para hacer futuras decoraciones.</p>
<p>Hubo una jornada muy larga. Era medianoche y todavía andábamos por caminos de ripio. El fotógrafo iba dormido en el asiento de atrás. Después de varios días, quizás abrigado por el clima de intimidad y la noche oscura, por primera, vez Ángel me contó una historia. Esta historia.</p>
<p>Su madre, chilena de origen, llegó de pequeña a la patagonia argentina, tendría unos quince años. Hizo toda su vida allí, le tocó una vida dura, se quedó viuda de joven y nunca volvió a estar con otro hombre. Después de 50 años sin regresar a su país, la madre de Ángel un día volvío a Chile.</p>
<p>En el barco que la llevaba a Chiloé se puso a conversar con una mujer toda elegante, vestida con pieles, sombrero y botas altas. Las señoras se contaron sus vidas. La mujer elegante era una chilena que vivía hacía 50 años en Suiza. Palabra va, coincidencia viene, que cómo es su apellido, no me diga, el mío también. Resultó que las mujeres ¡eran hermanas! Sí, de película. Después de abrazarse y llorar y todo eso, la suiza la invitó a visitarla alguna vez en el país del chocolate y los bancos.<br />
A la madre de Ángel no le gustaba dejar su casa más de dos o tres horas, pero le prometió que iría. Pasaron los años y un día, a los ochenta y pocos, se levantó entusiasmada y decidió que viajaría a Suiza.</p>
<p>Entonces, Ángel la llevó a sacarse el pasaporte por primera vez. Hicieron la fila larguísima y completaron el formulario; la señora se sacó la foto y llegó, finalmente, a la instancia de las huellas digitales (a esto Ángel le llamó <em>tocar el pianito</em>). Le pintaron los diez dedos de negro y cuando los estampó en el papel, la funcionaria levantó la vista y la miró a la señora y después a Ángel. No dijo nada, lo volvieron a pasar, una vez más y otra.</p>
<p>- Cinco veces le hicieron<em> tocar el pianito</em> y no se lo dieron, me dijo su hijo angustiado, sin soltar el volante, con la mirada fija <img class="alignright" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2010/09/carilin.jpg" alt="" width="144" height="107" />en el ripio.<br />
- ¿Por qué, Ángel, qué pasó?, le pregunté.<br />
- Se le habían borrado las huellas digitales.</p>
<p>(Lo sé, este post debería venir con pañuelos descartables. Como los que hay en consultorios de psicólogos que la mamá de Angel nunca visitó. Aquí tienen, pues.)</p>
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