Morrinho, un proyecto artístico, social y cultural

Morrinho es un proyecto artístico, social y cultural que comenzó en 1997 en la favela Pereirão, cuando unos adolescentes de la favela hicieron una réplica de su villa en miniatura. Como otros niños construyen castillos con Rastis, ellos levantaron una maqueta de su favela con ladrillos ahuecados (tijolos) y pintados.

En una ladera, debajo de dos enormes árboles de jaca hay casitas, bares, iglesias, prostíbulos, negocios de venta de joyas, policías, traficantes, galpones llenos de ametralladoras AK 47 del tamaño de un dedo meñique y hasta un mini Cristo Redentor sobre un morrinho (morro pequeño). Todo apiñado, como en una favela de verdad.

Desde sus comienzos, las favelas concentraron mucha gente. Nacieron después de la Guerra de los Canudos en el sertão bahiano, a fines de 1800, una zona donde crece una planta llamada favela que tiene una vaina que trae muchas semillas, una al lado de la otra, bien pegaditas. Cuando los soldados regresaron de la guerra no tenían donde vivir y se asentaron en el Morro da Favela. En la primera época, seguramente, fue un escenario colorido y naïf, tal como lo pintó Tarsila do Amaral en 1924.

Los chicos de Morrinho comenzaron jugando, pero cuando la policía vio la maqueta quiso destruirla inmediatamente. Pensó que se trataba de un mapa estratégico para los narcotraficantes. Pero no tenía nada que ver con eso, eran solamente chicos jugando a la guerra. La favela en miniatura siguió creciendo y ya no está representada sólo Pereirão, sino muchas de las villas que existen en Río. Cada una tiene sus líderes y si la descuidan, la toman otros. El día que la visité, Luzio Esteives, de 17, limpiaba los techos de su pequeña casa después de una tormenta, y Mateo, un nene de 10 lo miraba de lejos, esperando cumplir doce para poder jugar.

Actualmente, la maqueta tiene cerca de 400 metros. Los que empezaron el juego ya cumplieron veintipico y junto al Projeto Morrinho recorrieron varios países, se presentaron en bienales de arte, ganaron premios, obtuvieron créditos y salieron en reportajes en Estados Unidos y Europa. Hasta producen videos animados de los juegos en la minifavela, documentales y una película que se estrenó hace unos meses en Holanda.

La visita al Morrinho no tiene nada que ver con un favela tour. “Esto no es un safari para ver animales. Aquí se ve el potencial del morador de la favela, que puede mostrar sus valores”, me dijo Rodrigo, el guía que me acompaña, que no nació en el morro pero vivía muy cerca y, según contó, lo mejor que le podía pasar era ir a las fiestas funk de la favela. Aunque su madre no lo supiera.
La salida del morro no fue peligrosa, pero sí cansadora. Tocó trepar cientos de escalones con calor. Una larga subida hasta llegar arriba, a la superficie, adonde la ciudad sigue latiendo como si las favelas no existieran.


El camino no elegido, por Robert Frost

 

 

 

 

 

 

 

 

Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo
Y apenado por no poder tomar los dos
Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie
Mirando uno de ellos tan lejos como pude,
Hasta donde se perdía en la espesura;

Entonces tomé el otro, imparcialmente,
Y habiendo tenido quizás la elección acertada,
Pues era tupido y requería uso;
Aunque en cuanto a lo que vi allí
Hubiera elegido cualquiera de los dos.

Y ambos esa mañana yacían igualmente,
¡Oh, había guardado aquel primero para otro día!
Aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante,
Dudé si debía haber regresado sobre mis pasos.

Debo estar diciendo esto con un suspiro
De aquí a la eternidad:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo toda la diferencia.
Alto en el bosque en una noche de invierno

Me imagino de quién son estos bosques.
Pero en el pueblo su casa se encuentra;
no me verá parada en este sitio,
ante sus bosques cubiertos de nieve.

Mi pequeño caballo encuentra insólito
parar aquí, sin ninguna alquería
entre el halado lago y estos bosques,
en la noche más lóbrega del año.

Las campanillas del arnés sacude
como si presintiera que ocurre algo…
Sólo se oye otro son: el sigiloso
paso del viento entre los copos blandos.

¡Qué bellos son los bosques, y sombríos!
Pero tengo promesas que cumplir,
y andar mucho camino sin dormir,
y andar mucho camino sin dormir.

 Robert Frost

(Foto: Flickr:El Señor De La Baraja)


Una ranchera para la chaparrita consentida

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Angel Olivera rola sus rancheras en el mercado La Cruz de Querétaro, el mismo donde doña Juanita vende flor de calabaza fresca y Julio prepara aguas locas y las mañanas de domingo sirve “polla”, huevos de codorniz y jerez para la cruda (resaca). El mismo donde me tomé un jugo antigripal inolvidable. No porque tuviera gripe, sino porque me gusta la mezcla de naranja, limón, papaya, guayaba, piña y miel.  

Olivera viene de Huimilpan un pueblito en las sierras y es fanático de las rancheras del norte. Le pregunté cuál es la ranchera que más le gusta -quizás para vengarme de cuando me preguntan cuál es el país que más me gusta- y me respondió: “Híjole, pues, muchas”. Luego pensó unos segundos y dijo: Amores fingidos, de Carlos y José. Y ahí nomás en un pasillo del mercado se puso a tocar:

Si supieras chaparrita cuánto te amo, es porque que tu eres el bien de mi vida.
Chaparrita tu serás la consentida, y ándale, ándale correspóndele mi amor.
¿Para qué quieres amores fingidos?, ¿Para qué quieres amores amores que tengan dueño
?”


Mediodía de códigos argentos en el DF

En el asteroide de los argentos que viven en el DF, un alfajor Cachafaz vale más de lo que cuesta. Cuando alguien llega de afuera con una caja, es visto como un mesías. Al menos por unos segundos. Eso sentí el otro día, cuando me aparecí en la casa de mi amiga con los Cachafaz de chocolate.

No hay cifras oficiales de los argentinos que viven el DF, pero dicen que son más de 100.000. Y existen algunos grupos, como Argentos o Argen Mex, que fomentan el intercambio entre compatriotas. Martín encontró una cama y vendió su camioneta por esta red de argentinos; Patricia buscó clientes para sus masajes; Laura, compradores para sus empanadas y Paul para sus alfajores santafesinos. También sirvió para que hace algunos años los estafaran a todos, con pasajes a Argentina de una agencia que desapareció.

A propósito del 9 de julio, los Argentos se reunieron ayer, para comer empanadas, choripanes y matambrito a la pizza en una casa de Coyoacán. La invitación circuló por Internet, había que confirmarle la asistencia a Laura, de Ahijuna! que desde hace algunos años años prepara comida artesanal argentina.

Llegué con unos amigos. Nos recibió Paul, con un beso en la mejilla a las mujeres. Cuando le tocó saludar a Diego, primero le dio la mano y después un abrazo sonoro con apretón de manos en los omóplatos y beso. “Aprovechemos que acá nadie nos ve, no nos van a acusar de trolos“, le dijo. Después se rieron y arrancó el show de códigos, mientras desfilaban bandejas de empanadas de carne  y choripanes enchilados.

Había globos blancos y celestes, una bandera y alrededor de 50 personas con historias de desarraigos, adaptaciones forzadas, contradicciones y un extraño sentimiento de pertenencia.

Virginia y Manuel se conocieron por chat, hace unos cinco años. Ella es de Entre Ríos y el de Satélite, en los alrededores del DF. A ella le gustó su nic: “consejero”. Empezaron a hablar, primero unos minutos, después una hora y al final toda la noche. “Mi papá se levantaba a trabajar a las 6, entonces un rato antes yo apagaba la máquina”, me dice Virginia, que puede ni ver las tortillas de maíz, pero habla como mexicana. Manuel, su marido toma mate como argentino y Samuel, el hijo de 9 meses todavía no habla pero se comenta que con esos ojazos que tiene será el próximo galán de Televisa.

Pablo vino hace algunos años, después de la crisis del 2001 a buscar trabajo.

Se quedó un tiempo en la casa de un amigo en Cuernavaca y luego aterrizó en el DF y montó una empresa de desarrollos informáticos con Pamela, su novia peruana que vino a estudiar y estudió… hasta que se conocieron. Ahora trabajan y viven juntos. Pablo todavía juega al fútbol con un equipo argentino pero ya habla de tú.

“Cuántos más años pasan, la brecha es más grande”, “Yo me siento sin bandera”, “La tierra es la tierra”, “Durante cinco meses no estuve ni acá ni allá”, “Volver, ¿a qué?”, “Trabajo no hay, la última vez que fui había carteles de se cierra, se alquila, se vende”, “En Argentina te quedás sin trabajo y te condenan a robar”, “¿A quién pusieron de minsitro de Economía? Es un desconocido total, ¿no?”, “Hace siete años que vivo acá y leo todos los días el Clarín. Lo leo y me amargo. Entonces digo, mañana no lo leo. Pero al día siguiente, otra vez lo estoy leyendo“.  Mientras Laura servía el matambrito a la pizza, en las mesas circulaban estos comentarios.

Algunos se conocían, otros no. Hubo intercambio de correos y celulares. Se pasaron la receta de la pizza casera (“…te ponés a chamuyar y la vas amasando”) y jugaron al truco. Organizaron partidos de fútbol y reuniones, que quizás se concreten y quizás no. Pero me dio la impresión de que en el fondo eso no importaba.

Lo importante fue estar ahí, en ese momento, y sentirse cerca de algo, a pesar de que sea inasible y de que tal vez ya no exista.


Lo nuevo de Sam Mendes, una road movie

awayposterHace unos días se estrenó en Estados Unidos Away we go, la última película de Sam Mendes, el director de Belleza Americana y Revolutionary Road entre otras, y también, claro, el marido de Kate Winslet.

A diferencia de la anterior, devastadora por naturaleza y más aún si a uno se le ocurre verla un día domingo, Away we go parece más liviana, con sentido del humor y un viaje que la atraviesa de principio a fin.

Es la historia de Burt (John Krasinski) y Verona (Maya Rudolph), una pareja joven que espera a su primer hijo y decide salir a recorrer Estados Unidos en busca del mejor lugar para asentarse y convertirse en padres, un sitio al que puedan llamar “hogar”. En el camino se encuentran con parientes y antiguos amigos de los que da la impresión que es mejor mantenerse lejos. La música andariega y suave del escocés Alexi Murdoch acompaña el viaje.

En estos días Mendes presenta su película en la 63° edición del Festival de Cine de Edimburgo. Mientras tanto, por aquí la esperamos a ver qué tal está.


Instantáneas de Nueva York

 

 


Caldo de Aluminé

Algunas mañanas, a eso de las 7.30, el gran lago Aluminé se cubre de bruma baja y espesa como la que se ve en la foto. Una mañana fría, me desperté temprano y corrí las cortinas de mi habitación en La Balconada

Al encontrarme frente a ese paisaje misterioso no pensé en El Señor de los Anillos. Me imaginé que alguien estaba preparando un caldo enorme y muy caliente. El caldo de Aluminé hervía como loco, pero el cocinero estaría atendiendo otra faena porque no llegó a revolver su sopa. Después de una hora, el caldo dejó de hervir y quedó liso como una gelatina. Con sólo mirarlo, un chef hubiera dicho que estaba listo.

Esa noche, cuando fui a cenar leí todo el menú pero no encontré ningún caldo de Aluminé. “No hay caldo, pero la trucha del lago es muy buena”, me dijo el cocinero. Y tenía razón.


Otoño en Neuquén


Mundo graffiti, en París

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Desde ayer hasta el 26 de abril, 150 graffiteros de varios países muestran su trabajo por primera vez en el marco de una institución cultural, el Grand Palais, el museo de Champs Elysées, en París. Son más de 300 obras reunidas por el arquitecto y coleccionista de graffitis, Alain Dominique Gallizia. Todos los días, de 11 a 19 y los jueves, hasta las 23. Entrada: 5 euros.

 


Una hora a oscuras

Algunos buenos viajes se pueden hacer en una hora y con la luz apagada.

Esta noche, a las 20.30 (hora local), apaguemos las luces por la Tierra. Se espera que mil millones de personas en más de mil ciudades hagan lo mismo. El objetivo es lanzar un mensaje a los líderes mundiales de cara a la Conferencia sobre Cambio Climático de Copenhague de 2009, recordándoles que el mundo necesita un compromiso de acción decidida para reducir la emisión de gases invernadero.




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