La Ruta de la Yerba Mate ya es oficial

yerbaMe hubiera gustado probar los alfajores de yerba mate ayer en el Senado. Pero cuando se terminaron las preguntas de la conferencia de prensa, no quedaban alfajores. O pusieron de menos o la gente se los llevaba de souvenir.

En el elegante Salón Azul del Senado, donde ayer por la tarde se lanzó la Ruta de la Yerba Mate, hacía mucho calor. Quizás hasta eso estuvo planificado para dar una muestra de cómo es el clima en las tierras calientes de Corrientes y Misiones.

Algunos protagonistas de esta noticia hablaron de las características de la ruta, de la diversidad que plantea, de que un viaje por allí no será cuestión de estar todo el día visitando industrias yerbateras. Hay muchas actividades asociadas, desde cabalgatas y ecoturismo hasta rappel y, próximamente, también visitas a comunidades guaraníes.

Se habló también de que la ruta tendrá un Menú de la Yerba Mate, de que existen pizza y helado con sabor a mate, y de los más de 100 prestadores que ya integran la Asociación Ruta de la Yerba Mate (Arym), la entidad creada el año pasado para regular la ruta. La mayoría de los temas que se comentaron ayer en el lanzamiento fueron adelantados por Viajes Libres, en el último Especial El Mate. Lo que en Viajes Libres no se dijo y ayer, en el Senado y a viva voz sí, es que al parecer existe un mago de la virilidad en Misiones y dicen que vive a mate.

Un lanzamiento es de alguna manera una fiesta, la concreción de un proyecto. Al final todos se sacaron fotos juntos, sonriendo y transpirando por la cantidad de luces de la inmensa araña del Salón Azul. No se habló de problemas. No se hizo mención a los cosechadores o tareferos de la yerba, que tienen once, doce y catorce años. No era el lugar, claro. Pero si se nombra a la Ruta de la Yerba como un “proyecto de identidad nacional” y se lanza en el Honorable Senado de la Nación, ese tema debería figurar como una prioridad en la agenda.


Últimas noticias de la Ruta de la Yerba Mate

Unos días atrás escribí algo sobre mi recorrido por los caminos rojos, como el de la foto, que forman la Ruta de la Yerba Mate. Ahora me entero de que casualmente la próxima semana se lanzará en forma oficial la Ruta de la Yerba Mate en Argentina.  Para saber algo más, le escribí al ingeniero agrónomo Ernesto Barrera, uno de sus principales mentores quien, en esta entrevista especial para Viajes Libres, cuenta algunos puntos fundamentales de esta nueva ruta.

¿Qué es una ruta alimentaria?
Una ruta alimentaria es un itinerario que permite reconocer la cultura productiva de una región a partir del alimento que da el nombre a la misma. Se trata de un reconocimiento de carácter turístico, por lo tanto tiene elementos lúdicos, entretenimientos y actividades. También se ofrece para la simple observación y análisis. El alimento debe ser la estrella y estar presente no sólo en la mesa, sino en las historias, en los recorridos y en las actividades. Todo el escenario en la ruta está copado por su estrella, el alimento emblemático de esa región.
Una ruta recorre un territorio definido por una cultura de producción agrupando a productores primarios, industriales, empresarios gastronómicos, prestadores de servicios y otros agentes económicos.

¿Qué cambiará a partir de que exista una Ruta del Mate?
Desde nuestra perspectiva, que por cierto tiene diferencias con la situación prevalente que se observa y que consiste en bautizar con el nombre de un alimento típico a una oferta turística inorgánica y espontánea, una ruta alimentaria debe contribuir a generar un nuevo negocio para quienes no están en el turismo (productores), crear fidelidad de marca (industrias), incrementar el consumo del producto primario e industrial. Pero también a sumarle productos a quienes ya están en el negocio (agencias de viaje). Pero lo más importante de una ruta, en el mediano plazo, es su contribución al desarrollo de mercados y también de nuevos productos, para el alimentos que le da origen, los que a partir de vincular el alimentos con el turismo, pueden nacer, como souvenires de la ruta.
No es de desdeñar, por otra parte, el impacto que una ruta puede tener sobre la autoestima de los pobladores locales.

¿Cómo es el trazado?
La Ruta de la Yerba Mate tiene como puntos extremos sur, a Yapeyú. Desde allí y siempre en cercanías del río Uruguay, donde está la tierra colorada, la ruta recorre Corrientes al norte, abarcando también toda la provincia de Misiones.

¿Cuántos museos hay en la ruta?
Aquí te paso 11 museos, pero seguro que están faltando varios. En Apóstoles,  Museo Juan Szychowski, Museo Diego de Alfaro y Museo Ucraniano; en Colonia Liebig, Museo de la Cooperativa Liebig; en Montecarlo, Museo “Huellas del Pasado”, Museo del Agricultor; en
Eldorado, Museo Municipal en el Parque Schwelm; en Posadas, Palacio del Mate, Museo Regional Anibal Cambas, Museo Juan Yaparí, San Ignacio, Casa de Horacio Quiroga y en San Pedro, el Museo Yerba Mate Silvestre, que está en construcción.

¿Tiene alguna actividad distintiva?
Las actividades son numerosas. Hay actividades contemplativas y otras de aventura. Todas en general están vinculadas a la producción de yerba mate, sea por el paisaje en que se realizan, sea por que están íntimamente vinculadas a la producción de yerba.

¿Ya tiene señalización que la identifique?
Existe una propuesta de señalización para la que debe obtenerse el financiamiento, lo que confiamos que se hará una vez implementado el plan estratégico diseñado.

Hace unos años, recorrí la ruta y más allá de un helado con sabor a yerba mate, era muy difícil encontrar algún restaurante que ofreciera recetas que incluyeran yerba. ¿Ha cambiado algo en el aspecto gastronómico?
Cómo parte de las actividades de diseño y construcción de la ruta desarrollamos, por medio de un concurso nacional, un menú con base en la yerba. Una de las normas que impone el protocolo de calidad de la ruta de la yerba mate es que los establecimientos adheridos que dan de comer, deben ofrecer –obligatoriamente- el Menú de la Ruta de la Yerba Mate. Éste está compuesto por un plato de entrado, uno principal, un postre y bebidas con y sin alcohol que tienen yerba como componente importante en su receta.

¿En qué modelo de ruta alimentaria y turística se inspiraron?
Humildemente, debemos decir que el concepto en el que nos inspiramos es propio. Venimos trabajando en su diseño desde el año 1999, cuando comenzamos a hacerlo en la Secretaría de Agricultura. A tal punto es nuestro el diseño que hemos inventado la palabra Alimentarias, que no existe en el castellano, para diferenciar la ruta del concepto gastronómico, que aunque teóricamente estaría bien, en nuestros consumidores refiere básicamente al restaurante y olvida que el alimento nace del trabajo de un productor agropecuario. Nuestro concepto de ruta parte siempre de la producción y el restaurante es la vitrina donde el producto se muestra.

¿Se han hecho contacto con Uruguay, Brasil y Paraguay para continuar la ruta en esos países?
Aún no los hemos hecho aunque la ruta, apenas se difundió el proyecto, fue Declarada de Interés del Parlamento del Mercosur.

Leí que piensan construir mates “grandes” al costado del camino. ¿Ya se construyó alguno?
Forma parte de uno de los proyectos para darle más identidad al entorno de la ruta. Pero no se trata sólo de construir mates grandes, sino de que los propios residentes de cada localidad, sobre la base de un mismo modelo de mate, desarrollen su propuesta artística, algo así como el “Cow Parade” esas vacas que cada uno pinta según su visión. Así creemos que cada pueblo expresará su identidad. El mate los une, pero cada uno de ellos tiene su propia identidad.

Teniendo en cuenta el clima tropical del litoral argentino, ¿cuál te parece la mejor época para transitar esta ruta?
Existe la idea de que la mejor época para recorrer esta zona es en el invierno, pero es cada vez más notorio que el turismo en las Cataratas de Iguazú es cada vez menos estacional, de manera que podría recorrerse a lo largo del año.

Si se presenta en marzo, ¿cuándo se comercializará desde las agencias?
Ya estaría lista. Creemos que Semana Santa será un buen momento para conocerla para muchos argentinos


La Ruta de la Yerba Mate

En política o economía, seguro que no. Pero en yerba mate, la Argentina es campeón mundial: tiene el pergamino de principal productor, consumidor y exportador de yerba mate del mundo. Es un motivo contundente para que exista un camino del mate. Sin embargo, es algo reciente y en construcción.

Todavía no existe una ruta perfectamente diseñada, con carteles y mates gigantes al costado del camino. Pero esa desprolijidad es lo mejor, y mucho no va a durar. Así que éste es un buen año para recorrer los caminos rojos del Litoral.

Desde la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires se ha impulsado un proyecto para crear una ruta con nombre, mapas explicativos, hoteles y restaurantes. Hasta se declaró al mate Producto Autóctono del Mercosur (se consume en los cuatro países) y hay perspectivas de que el corredor turístico alguna vez sea más amplio, y que llegue hasta el sur de Brasil.

Un viaje por esta zona húmeda está lleno de manos, muchas más que en una ronda de mate. Guaraníes, conquistadoras, jesuitas, polacas, ucranias, criollas. Y en todas las épocas, manos lastimadas de tareferos, los cosechadores de la yerba.
A los lados del camino se ven los arbustos de yerba en cultivos de alta densidad (2000 a 6000 plantas por hectárea), muy diferente a los orígenes, cuando los guaraníes descubrieron el árbol, que crecía salvaje en la selva paranaense y llegaba a medir 20 metros. Para cosecharlo había que meterse en el monte en expediciones que duraban hasta 6 meses y de las cuales no todos volvían.

La ruta del mate es caliente, tan caliente como uno se imagina el infierno. Pero también es verde, como la selva espesa y como la planta del mate. Por estas zonas de Corrientes y Misiones hay extensas plantaciones de yerba mate y antiguas estancias atendidas por sus dueños que conectan los principales destinos. Allí, uno puede alojarse y también comer deliciosos platos caseros.

dscn0954Quizás en algún momento habrá hoteles, restaurantes gourmet y menos espacio para el azar. Pero para eso falta. Hoy, todavía se pueden ver los carros polacos al costado de la ruta, charlar con un inmigrante ucraniano y asomarse por una cooperativa como Liebig para conocer el camino que sigue la hoja, desde la recolección, secado y canchado hasta el paquete que se vende en todos los supermercados de Argentina y Uruguay.

IMPERDIBLES DE LA RUTA:

GOBERNADOR VIRASORO
La yerba es un pilar de la economía de Misiones, la provincia de las Cataratatas, en el litoral del país. El otro es la explotación forestal. Por eso se ven lomas y cuchillas con los tronquitos flacos y alineados de pinos Elliotti y eucaliptos. Muchas empresas que plantan yerba también tienen una división forestal. Como Establecimiento Las Marías, en Virasoro, algo así como la Microsoft de las yerbateras y una de las más tradicionales, con 85 años. Yerbales, teales y pinos, más de cinco mil hectáreas cultivadas y una planta modelo para el procesamiento de la hoja verde. El que llegue hasta aquí puede dejar su auto y recorrer en una van los pasos que sigue la hoja verde, desde el vivero y la plantación hasta el paquete de yerba Taragüí (Corrientes, en guaraní), entre otras marcas, que uno elige en la góndola del supermercado.

COLONIA LIEBIG
Colonia Liebig es un pueblito con nombre alemán y pasado inglés. Desde fines de 1800 y hasta 1970, la Compañía Argentina Liebig exportaba corned beef y extracto de carne a Inglaterra, y en Colonia Liebig se abastecía del ganado que viajaba en tren hasta Pueblo Liebig, en Entre Ríos, donde estaba el frigorífico y se faenaban más de mil cabezas por día. De aquellos años, cuando la zona era parte de la estancia La Merced, de más de 10.000 hectáreas, queda poco y nada. Hoy, el pueblo vive por la Cooperativa Liebig, una yerbatera en crecimiento y secadero artesanal, con más de cien pequeños productores asociados que se puede visitar siempre y cuando uno no llegue entre las 13 y las 16, sagrado horario de la siesta.

dscn1025APOSTOLES
Ni bien llegaron, los españoles desconfiaron del mate y lo prohibieron por vicio, pero luego les gustó tanto que se consumió desde Buenos Aires hasta Quito, pasando por Lima.
El primer contingente de polacos llegó a Apóstoles en 1897. Eran 17 familias y venían tapados hasta el cuello. Pero llegaron a Misiones, donde la ropa es lo de menos. Venían sin nada, además del abrigo. Acá les dieron algunas hectáreas para cultivar y pagar en plazos cómodos. Ellos hicieron el resto: trabajar la tierra y luchar con la hormiga minera, que se comía todo.
Uno de esos polacos don Juan Szychowski, que con el tiempo se convirtió en un genio de la ingeniería local. El Museo Juan Szychowski (entrada gratuita) está, dentro del establecimiento yerbatero Amanda que también se visita para conocer el proceso de la yerba. También en Apóstoles se puede pasar por el Museo Ucraniano (Suipacha 57, T. 54 3758 422501; horario: lunes a sábados, de 8 a 12 y de 16 a 19, entrada gratuita) para entender mejor la historia y ver sus testimonios.

POSADAS
Lo mejor para hacer en la capital de Misiones es esperar a que baje el sol y disfrutar de las brisas de la tarde-noche en la remozada avenida Costanera. El lugar es perfecto para un paseo nocturno, inluída la cena en algún sitio recomendado con vista al Paraná. La especialidad de la capital: el pollo al galeto. Un museo: Aníbal Canbas (Alberdi 600, horario: martes a sábados, de 8 a 12 y de 15 a 20 y domingos y feriados, de 17 a 20).
Si le gustan las artesanías, puede pasar por el mercado municipal, también conocido como paraguayo, donde encontrará artículos de cuero, sombreros y cestería.

SAN IGNACIO
Cuenta Pau Navajas, del Establecimiento Las Marías, en su libro Caá Porã´í, El espíritu de la Yerba Mate, que los hombres de la Compañía de Jesús situaron sus misiones “deliberadamente lejos de los colonizadores criollos; se adentraron en la espesura selvática y así pronto comprendieron el espíritu de la yerba [...] que se transformó en una fuente de ingresos que permitió construir talleres, iglesias, pagar impuestos y organizar la vida de las reducciones”Los jesuitas les enseñaron a los guaraníes a plantar yerba y secarla o más bien ahumarla en el barbacuá, un horno casero. San Ignacio Miní (su par más grande o Guazú está en Paraguay) fue fundada en 1610, destruida en 1817 y restaurada en 1940. Está a 60 km de Posadas, y en el camino hay más ruinas: las de Santa Ana y Loreto (todas con la misma entrada, de US$ 2). Mejor ir bien temprano o por la tarde, todo es más fresco. En San Ignacio también se puede visitar la Casa de Horacio Quiroga, un truculento y genial escritor que nació en Uruguay pero vivió en Misiones, muy influenciado por este paisaje selvático y agobiante.


Los imperdibles del Condorito

Con el furor que despertó la elección de las nuevas maravillas naturales del mundo, la provincia de Córdoba eligió las propias y el Condorito, como le dicen al Parque Nacional Quebrada del Condorito, está entre las siete ganadoras.

Queda a 90 kilómetros de la capital provincial y a 2000 metros de altura, en medio de la Pampa de Achala. Parece que allí se puede ver flora y fauna de varias regiones del país, pero el habitante más famoso y el que le da su nombre es nada más y nada menos que el ave más grande del mundo: el cóndor andino.

Nada mejor que una cordobesa andariega para recomendar sobre ese parque nacional. María Eugenia Aliaga, además de cordobesa, es estudiante de Letras y fue una muy buena alumna de mi último curso de Periodismo Turístico. Le gusta escribir. Y también, caminar por naturaleza y especialmente por este parque del oeste cordobés. Ya fue varias veces y piensa seguir yendo. Unos días atrás volvió de su última excursión. Llegó con la memoria de fotos llena -las de este post son de ella y de sus compañeros de travesía- y con cinco imperdibles Premium que escribió para Viajes Libres y que se pueden leer a continuación.

El camino. Desde La Pampilla hasta el Balcón Norte, donde se ven los cóndores, el camino está perfectamente señalizado. Se divide en diez paradas y dos sendas: una para ciclismo y otra para trekking. Así, este santuario de paja, piedra y aparente uniformidad  muestra sus matices.

En la parada 8 es mejor tomar la senda para bici, y a poco de andar voltear la cabeza para ver cómo el camino trepa, el viento mece las matas ocres y el sol las llena de brillo. Está permitido recordar escenas de El Principito. Con neblina (frecuente en primavera y verano), el lugar se vuelve misterioso. En ese momento, imaginarse un Rohirrim que cabalga por la Región de Rohan del Señor de los Anillos no es descabellado. Son unas tres horas de caminata (ida) hasta el Balcón Norte.

Balcón Norte. Ese tajo en la tierra de 800 metros de profundidad y 1500 metros de ancho arranca algunos “guauuu” en bocas abiertas de sorpresa. Atrás, queda la inabarcable pampa pajosa y amarilla hasta el horizonte. Adelante, un gran balcón. No se puede asegurar el avistaje de cóndores ni un horario exacto para observarlos, ya que sus hábitos no siempre son los mismos y dependen de las condiciones climáticas. Las veces que fui, los vi a las 17 hs. A esa hora parece que luego de un día -en el que pueden haber recorrido 50 km- de búsqueda de alimento, vuelven a sus apostaderos. Ojo: leer los carteles ayuda a no confundir águilas o jotes con cóndores, o cóndores machos, de hembras o de condoritos.
Una vez asomados, hay silencio, binoculares y mate. Nada más hace falta para entender por qué el cóndor era considerado un ave sagrada por los primeros habitantes del lugar.
Hacia la izquierda y hacia abajo hay otro balconcito. Se llega por un sendero que se abre entre un bosque de tabaquillos. Ese balcón es menos concurrido, y tiene una mejor perspectiva tanto de la pared de la quebrada como del río Condorito que corre abajo. Resta disfrutar de este encuentro, que se parece a uno de aficionados al aeromodelismo y soñar con que uno de estos enormes pájaros negros con glamorosa capa blanca anudada a su cuello planee tan cerca que tape el sol con su majestuosidad y vuelva todo oscuro.

El río Condorito. Después de bajar unos 500 metros por un sendero escarpado pero escalonado se llega al río Condorito. Requiere cierto esfuerzo físico, pero ir por esa ladera cubierta de tabaquillos de tronco rojizo, maitenes y helechos muy verdes lo vale. Seguramente, habrá o loicas de pecho rojo. El paisaje al llegar al río recuerda a los caprichos de Gaudí. Las piedras fueron pulidas por la erosión, y tienen formas extrañas. El agua ,purísima y helada, se escabulle en mil cascaditas que junto al ambiente húmedo, sombrío y encajonado suenan como un mantra liberador.

Balcón Sur. Después de cruzar el río Condorito por la pasarela, el sendero sigue y sube unos 800 metros por una ladera igual de escarpada y escalonada que llega hasta el Balcón Sur. La empresa es importante y sólo deberían aventurarse los que consideren que tienen aptitud física para hacerlo y que tengan planeado quedarse por lo menos una noche en el parque. Íbamos a ir pero las condiciones climáticas nos lo impidieron. Dicen que aquí los cóndores sobrevuelan demasiado cerca. Me imagino despeinada por un cóndor. Esta vez no pudo ser, pero voy a volver hasta cumplir ese sueño. Como suele pasar, lo que más cuesta es lo mejor.

La noche. El cielo en el área de acampe Pampa Pajosa parece un paño negro de joyería que a medida que se va abriendo muestra millones y millones de chispitas, como diamantes recién pulidos. La luna parece más grande de lo normal. Las constelaciones comunes se esconden para que descubramos otras. Y salen los búhos, y los zorros colorados se acercan al campamento. La noche en el Condorito es negra. Y muy pero muy larga. Read the rest of this entry »


Octubre, mes mundial de las aves

En el mundo existen 48 millones de observadores de aves que invierten unos 85 billones de dólares en la actividad, según los datos de Birdlife International. No sé cómo se elaboran esas estadísticas, pero supongo que no formaré parte de esos millones de fanáticos. Sin embargo, me gusta observar aves. Disfruto particularmente del instante del descubrimiento. Sobre un alambrado, en un poste de luz, detrás de una rama, en la copa de un árbol.

Me acuerdo que una vez, en un viaje de trabajo a Iguazú visité el lodge Yacutinga. Un día, me levantaron a las cinco de la mañana para ir a observar aves. Como apenas podía abrir los ojos a esa hora y se me hacía difícil observar hasta el árbol que tenía adelante no puse demasiada expectativa en el paseo. Así, después de una caminata medio dormida por la selva llegué a un bote, donde había una pareja de alemanes frescos y silenciosos, y un guía que según comprobé luego, tenía buena vista. 

Poco a poco, mientras el bote avanzaba por un riacho marrón cerca del río Iguazú los sonidos de la selva y la luz que entraba por las copas de los árboles me fueron despertando y de repente vi una garza. Y después un tucán de pico naranja. Ya llevábamos una hora navegando cuando el guía dejó de remar, señaló unos arbustos cerca de la orilla y me pasó unos binoculares. No vi nada. Al parecer, los alemanes tampoco. Entonces, él volvió a apuntar su índice y la segunda vez pude verlo. No recuerdo el nombre del pájaro, pero sí el color turquesa intenso. Como si estuviera hecho con agua del Caribe. Era muy pequeño y apenas pestañeamos se voló.

Nunca supe más de él, pero guardo esa observación como un logro. Igual que la del quetzal en Guatemala, la del martín pescador en los Esteros del Iberá, la del pelícano blanco en la laguna de Chacahua y la del colibrí en el patio de la casa de una amiga. Me gusta pensar así la observación de aves. Como los que coleccionan carreras o cruceros o cornamentas de ciervo o países, cada ave que uno descubre es una figurita nueva. Y parece que ese pajarito turquesa era una figurita difícil. Esa madrugada los alemanes -que seguramente sí pertenecían a los 48 millones de observadores de aves- no podían creerlo cuando lo vieron. Enseguida lo buscaron en su guía especializada y comprobaron que ellos lo estaban viendo en libertad. Cuando ella anotaba el nombre del ave, el lugar y la hora en su libreta de campo, la mano le tembló de emoción.

Los países con más observadores de aves son Inglaterra, con más de un millón, Estados Unidos (600.000), Holanda (125.000) e Italia (20.000). Muchos de ellos aprovechan el cambio y la diversidad de aves y viajan exclusivamente en busca de aves. Este mes, en Argentina hay visitas y cursos y salidas de observación y una nutrida agenda -desde cursos y salidas en Esquel, en la Patagonia, hasta avistajes en la Laguna Blanca y el Parque Nacional Río Pilcomayo- organizada por Aves Argentinas especialmente para el Festival Mundial de las Aves del que participan 88 países y que este año está dedicado a las aves migratorias y sus rutas.


Orientatlón, una carrera de estrategia

Me encontré con un amigo en un bar. No lo veía hace un tiempo y me contó que está corriendo carreras de aventura. “Se llaman orientatlones y son carreras donde los competidores necesitan, además de estado físico, una mínima noción de navegación terrestre y uso de GPS”, me contó entusiasmado.

Parece que después de la sirena de largada, los participantes no salen corriendo hacia la meta como en una típica carrera. En un orientatlón, después de la largada, los equipos se sientan a leer el mapa, que hasta ese momento no conocían. Lo estudian y deciden cuál será el rumbo a seguir. Sólo después parten, a la aventura y a la carrera.

La idea me recordó al Desafío de los Volcanes, que hace unos años cubrí para el diario La Nación. Sólo que esa es una versión más extrema y con competidores que se pasan buena parte de su vida entrenando. Los orientatlones de los que participa mi amigo son de menor exigencia y uno puede inscribirse en distintos niveles. El último se corrió hace unos días en La Cumbrecita, Córdoba, y duró dos días de naturaleza agreste y cielos limpios.

“El primer día tratamos de juntar la mayor cantidad de puntos, que se obtienen al llegar a distintos puestos de control -cada uno tiene distintos valores- y finalmente al campamento. El puntaje está relacionado con el grado de complejidad y distancia, por eso la estategia es fundamental. Y también la brújula: trazar un rumbo lo más aproximado posible a la meta. Me gustó mucho la caminata, pero lo que más disfruté fue la noche silenciosa y fría desde mi vivac, bajo el cielo protector”, me contó mi amigo, que después de ese trekking por las sierras ya se anotó en el próximo orientatlón, el último del año, que se correrá en San Luis.


La rebelión de los vándalos

Vantoux es un pueblito del norte de Francia donde viven 931 habitantes, que hasta hace unos días se llamaban vándalos.

Ya no. Días atrás, se rebelaron contra su gentilicio que en este tiempo está cargado de una connotación negativa y según ellos, puede generar confusión. “Yo soy un vándalo pero no soy un vándalo, ¿me entiende?”, comentó un habitante a un periodista.

El nuevo alcalde de Vantoux, Claude Bellei (foto), propuso seis gentilicios y los ex vándalos, según dicen una gente muy tolerante y amable, votaron en una consulta popular.

El gentilicio ganador fue vantusiano, pero curiosamente el segundo más votado fue vándalo. En otros lugares, darían todo por vivir en un pueblo con un gancho turístico así. Seguramente organizarían el Festival de los Vándalos, elegirían a la Reina Vandálica, harían la Semana del Vandalismo y venderían camisetas con la inscripción YoYa los vándalos”. Pero en Vantoux, los vándalos franceses acaban de renunciar a su nombre y a todo el resto.


Lazos familiares: el viaje a las raíces

A veces no sé bien para qué sirve Facebook y tengo ganas de borrarme. Otras, cuando busco algún nombre y aparece una persona que no veo hace tiempo, decido quedarme.

Varios años atrás, en un viaje largo, recorrí el Tíbet y conocí a dos montañistas chilenas. Estuvimos juntas unos diez días en Lhasa, la capital del Tíbet. Visitamos el Potala, el Jokhang y monasterios alejados a los que para llegar había que levantarse a las 5 de la mañana, en medio de la helada de una capital a 3600 metros de altura. Un día alquilamos unas bicicletas con Rómul y Gerd, un catalán y un alemán. Nos fuimos a pasear por los alrededores de la ciudad, donde ya en esa época había cada vez más chinos. También comimos hamburguesas de carne de yak, nos dolió la cabeza por la altura y dijimos más de cien veces tashi delek, el saludo tibetano.

Una de esas montañistas chilenas se llama Natalie Tabensky. Después del viaje nos escribimos algunas veces. Así me enteré que había trabajado como guía en el Explora Lodge de Torres del Paine, pero me imaginé que tal vez después había retomado su profesión de ingeniera civil industrial. Varias veces me la imaginé trabajando en alguna empresa.

Hace un mes puse su nombre en Facebook y la volví a ver. Decidí escribirle un mensaje para ver en qué andaba, si se había convertido en una mujer muy formal que va con traje a la oficina, si seguía viajando, si escalaba. Recuerdo que cuando nos conocimos me contó que había participado en una expedición al Aconcagua. 

Me contestó hace unos días. Trabajó en muchas oficinas, pero nunca dejó de viajar. Conoce más de treinta países en seis continentes. Justo hace poco llegó de un viaje de más de nueve meses, una especie de vuelta al mundo en busca de sus raíces. Aproveché el encuentro para hacerle una pequeña entrevista sobre su última experiencia.

¿Cuándo decidiste el viaje y por qué?
Fueron varios factores que se unieron para tomar la decisión de hacer un viaje alrededor del mundo. El primero era que sentía que era hora de hacer un cambio en el trabajo. Generalmente cuando me pasa esto, en vez de buscar trabajo de inmediato, aprovecho para hacer un viaje largo. Como además contaba con ahorros para estar un tiempo sin trabajar y tenía ganas de reencontrarme con mis raíces que están repartidas por el mundo, decidí que era un buen momento para partir.

El recorrido lo fui diseñando de acuerdo al momento en que quería estar en cada lugar. Por eso decidí empezar el viaje en Europa para luego ir a Sudáfrica, India y Australia. Tuve la suerte que durante todo el recorrido seguí el verano y/o primavera en los respectivos lugares así que resultó mucho mejor aún, no sólo por el buen tiempo si no que también porque es época de festivales.

El viaje empezó en Hungría con mi madre que es húngara y que emigró a Chile cuando tenía 13 años. Conocí los lugares donde mi madre había vivido, estudiado y frecuentado cuando era chica. En Europa aproveché para ir a España, Hungria, Slovenia, Austria, Alemania, Inglaterra y Gales (foto). En Sudáfrica conocí a mi único sobrino que nació 3 semanas antes de que llegara, así que compartí con él sus primeras semanas de vida. De Sudáfrica me fui a la aventura a India y luego de allí a Australia, donde entre otras cosas participé en la celebración de los 90 años de mi abuela paterna junto al resto de la familia.

Además de ver a familiares, aproveché de visitar amigos que vivían en lugares cercanos y de realizar otras actividades: una caminata por los Julian Alps en Slovenia, un trekking en Los Alpes, otro en la costa Sudafricana llamada Otter Trail y otros dos trekking en Tasmania (The Overland Track y The Walls of Jerusalem).

¿Qué tipo de pasaje sacaste?
Hay muchas ofertas de viajes alrededor del mundo (RTW). Considerando los paises donde quería ir, me convenía tomar el viaje con la alianza One World, que es una alianza de varias líneas áereas que pasan por los lugares que quería visitar. Además resultó conveniente pues pude acumular las kilómetros “lanpass” que me sirven para viajar grátis a algún lugar del mundo.

¿Cuánto te quedabas en cada país?
Fue variado. El país donde más me quedé fue Australia: más de 4 meses pues allí está la mayor parte de mi familia. El país donde menos me quedé fue Slovenia: tres dias solamente. En éste último, me hubiera gustado pasar más tiempo pues superó todas mis expectativas. Tiene unos paisajes muy bellos y para aquellos que les gusta la vida al aire libre, está lleno de actividades: trekking, montañismo, escalada, rafting o simplemente contemplar la naturaleza.

¿Cómo te movías? ¿Parabas en hoteles o en casa de amigos?
En Europa me movilizaba en tren y en línea aérea barata si había. Estas son muy convenientes pues puedes volar de un país a otro en forma muy económica. Por ejemplo, una vez volé en Ryanairque por 100 dólares me llevó desde Londrés a Frankfurt ida y vuelta. Lo único malo que el aeropuerto de Frankfurt Hahn no estaba en Frankfurt si no a más de 110 kms de la ciudad. Lamentablemente cuando tomé el avión no tenía idea de esto. Uno pensaría que si un aeropuerto lleva el nombre de Frankfurt es por que está en esa ciudad, pero en este caso particular no es así.

¿Cuál era tu presupuesto diario?
No tengo idea cuanto gasté pero no fue mucho pues como me quedaba en casa de conocidos no tenía que pagar por alojamiento. Para ser sincera gasto más viviendo en mi ciudad (Santiago) que lo que gasté viajando. También depende mucho de qué países visitas, pues por ejemplo, la India es muy barata, pero Inglaterra es de los paises más caros que he visitado.

¿Usabas guía?
Generalmente cuando viajo uso los libros guías del Lonely Planet. Esta vez andaba con el de Europe in a shoestring, la de Sudáfrica, la de NSW de Australia y la Walking in Australia, que es al final la que más usé.

¿Dónde contabas las historias del viaje?
Empecé escribiendo un diario, pero dejé de hacerlo cuando llegué a Sudáfrica pues preferí ocupar el tiempo disfrutando del momento presente. Lo que sí tengo son muuuchas fotos. Saqué más de 6000. Es una excelente forma de recordar los lugares, los acontecimientos y las personas con las que compartiste. En este viaje cambié mi cámara clásica por una digital y la verdad es que es una maravilla pues no cuesta nada bajar las fotos a un CD y pasarlas a un album digital para que tus conocidos lo puedan ver en cualquier parte del mundo. Recomiendo mi cámara porque saca muy buenas fotos, es chica, liviana y fácil de usar. Es una Canon PowerShot A710IS. También recomiendo usar un Memory Card Reader para bajar las fotos a un computador y pilas recargables para no contaminar tanto el medio ambiente.

¿Qué trekkings hiciste?
Hice una caminata por los Julian Alps (foto) en Slovenia donde subí tres cerros, el más famoso llamado Vogel (1922 m) en el Parque Nacional de Triglav en la región de Bohinj. Este lugar está lleno de caminatas de todos los gustos, niveles y duración, y existe muy buena información al respecto. Aunque yo andaba sola, nunca me sentí sola pues es un lugar muy frecuentado por europeos.

También hice un trekking de cinco días con dos amigas austríacas en los Alpes, en la frontera entre Austria e Italia. Se llama Karnischer Hohenweg (El camino alto de los Alpes Cárnicos). Aunque nos tocaron varios dias de lluvia y frio, de vez en cuando se abrían las nubes y podíamos disfrutar de paisajes espectaculares. Además, los albergues en la ruta son muy cómodos y agradables. Todos cuentan con servicio de desayuno, almuerzo y comida (típica austríaca), son calentitos, limpios y cuentan con un cuarto especial para dejar la ropa mojada, de modo que al dia siguiente cuando te toca partir está toda seca. La gracia de los albergues es que uno puede caminar en forma muy liviana pues no es necesario llevar ni carpa, ni comida, ni cocinilla, ni saco de dormir. Basta con un saco de seda o una sabana, pues los refugios proporcionan camas y frazadas. En esta caminata habían muchos austríacos y alemanes, más que ciudadanos de cualquier otra nacionalidad.

También, hice una de las caminatas más famosas de Sudáfrica llamada The Otter Trail que dura 5 días. Va bordeando la costa entre acantilados, bosques y playas. Lo más complicado de es atravesar los ríos: hay que cruzarlos con la marea baja pues de lo contrario, no queda más que cruzar nadando con mochila y todo. Aunque partí sola, en el camino hice varios amigos. ¡Menos mal! Porque de ninguna forma me hubiera atrevido a cruzar los ríos sola. Al que le interese esta caminata es importante que reserve con anticipación aquí.

Me tocó además hacer dos trekkings con amigos y una prima en Tasmania: el Overland Track, que nos tomó 10 días incluyendo rutas alternativas, y el otro en Walls of Jerusalem National Park. El Overland Track es el trekking más famoso de Tasmania y es el más organizado que he visto. Me llamó mucho la atención todas las gestiones que realiza el Parque para que las personas dejen el mínimo impacto posible. Una buena parte de la ruta cuenta con tablones para que el suelo no se degrade y hasta los desechos humanos se sacan en helicóptero. Read the rest of this entry »


El Boom Festival de Portugal

Estando en la India lo que menos pensás es en Portugal, se sorprendió Pritama cuando recorría Goa y escuchaba que unos europeos por acá y otros por allá le nombraban el Boom Festival, que se hace cada dos años -durante la luna llena de agosto- en un campo alejado de Portugal. “Tenés que ir a Portugal”, le decían y repetían. 

Desde ahí hasta que finalmente fue al Boom Festival, no dejó de encontrarse con fanáticos del Boom en India, España y Argentina.

Simplificando, es una fiesta trance que dura seis días y reúne más de 20.000 personas. Este año, termina el próximo 18 y la entrada costó 115 euros. Después de llegar a Idanha-a-Nova, en el centro este de Protugal, hay que hacer una cola de 9, 10 o 14 kilómetros durante un rato, hasta que abren las puertas. Cada uno va con su carpa. Adentro hay estacionamiento, puestos para comer, baños, talleres, performances y un gran lago para bañarse. Adentro no hay sombra, así que los que planifiquen un Boom para 2010 consideren llevar sombrillas.

Más allá de las cuestiones prácticas, Pritama Molinari cuenta sus impresiones íntimas sobre el último festival.

Desde que entré en el Boom hasta que me fui -seis días más tarde-, tuve la sensación de encontrarme en un universo paralelo. El bellísimo campo de Idanha-a-Nova, rodeado por una laguna enorme de agua fresca y transparente, estaba copado por instalaciones y estructuras de más de 70 metros de altura, puentes, oasis verdes en medio del desierto, cyber esculturas, objetos reciclados transformados en arte, y la hipnótica música trance ambientándolo todo.

Pero lo sorprendente no fue sólo la puesta en escena, sino la gente. Personas de todo el mundo, viajeros que cada dos años peregrinan desde donde sea para celebrar este encuentro cosmopolita y auténtico. Mujeres, hombres y niños vestidos con looks increíbles… destilando un estilo de vida fuera de la moda, de la sociedad, de cualquier sistema establecido. Durante el primer día prácticamente no hice más que mirar. Parecía una congregación de guerreros de luz, recién salidos de la Matrix.

Este festival nació como idea en Goa, y trae de las costas indias, el misterio y misticismo. Desde 1997, se realiza cada dos años en Portugal, y tiene una organización impecable por personas de diversos países, convencidas de que otro mundo es posible.

Durante mis días en el Boom, las horas no me alcanzaban para ver y estar en tantos espacios a la vez. Había performances simultáneamente y a cualquier hora.

Una madrugada caminaba por la montaña en dirección al Sacred Fire -lugar dedicado a los recitales de música étnica o sagrada- y vi que toda la gente señalaba a la luna, una bola amarilla colgando del horizonte. Cuando miro mejor, me doy cuenta que no era la luna, sino un globo aerostático fosforescente, y que lo que caía de esa luna no eran estrellas, sino personas, también fosforescentes, y sin paracaídas… ¡que volaban en caída libre hasta aterrizar en la laguna!

No terminaba de reponerme de una visión tan impactante, cuando un chico al lado mío hacía malabares con fuegos artificiales, y en otro rincón se proyectaba un video tridimensional sobre las gotitas de una cortina de agua, o cualquier otra cosa por el estilo, jamás vista.

Además de las performances, los recitales y los dj’s y vj’s haciendo bailar a la gente sin parar, había talleres de técnicas de meditación, agricultura biológica, mandalas, horóscopo maya, ecología sostenible, medicina alternativa, yoga, terapias. Todo el mundo alternativo tenía lugar y horario en distintas carpas.

Y todo el tiempo, la música como un motor que guiaba la celebración de más de 20.000 personas dispuestas a cambiar el mundo desde dentro, desde el interior de uno mismo.

Los seis días pasaron a toda prisa entre los baños en la laguna, las deliciosas comidas de los puestos biológicos, los atardeceres, los nuevos amigos que me hablaban de otras culturas, de otras formas de vivir la vida.

En este momento, otra edición del Boom Festival está sucediendo, y aunque este año no pude ir, siento que una parte mía baila y agradece que haya tanta gente celebrando en el lado luminoso. Como dice el lema del Boom 2008: Todos somos todo. Y otra realidad está siendo en un campo de Portugal.”


El Delta como remedio para el amor

El sábado al mediodía me llamó una amiga. Estaba triste y medio desesperada. Hace días que se había trabado en una discusión con su novio. No podían avanzar: se movían un milímetro y aparecía la alarma que anunciaba guerra inminente.

Después de prestarle un rato la oreja, cuando me tocó el turno de decir algo, como es una buena amiga, decidí darle mi secreto. “¿Por qué no sen van a pasar el fin de semana al Delta?”, le dije.

Primero lanzó una carcajada. Después, me comentó que mis soluciones siempre tienen que ver con viajes. Al final, antes de cortar, me preguntó todo seguido y casi sin respirar: ¿Cómo voy? ¿A qué hotel? ¿Cuánto cuesta? ¿Qué puedo hacer? ¿Te incluye la comida? ¿A qué hora sale la última lancha?

Me perdí con tantas preguntas, así que empecé por responderle la última que escuché. Ahora, en invierno la última lancha sale a las seis. Si te apurás, llegás a tiempo. Después le di la página del ente de turismo y también la de Todo Delta, que están muy bien. Tienen datos actualizados de hosterías, restaurantes y paseos.

El Delta no es un secreto, está ahí, frente a Tigre. Pero a veces uno se olvida qué cerca está de Buenos Aires -apenas 30 kilómetros- qué fácil es llegar y los mundos lejanos que encierran las islas, desde habitantes de pocas palabras hasta enormes azaleas lilas y silencio.

El Delta es una D gigante, verde y llena de islas y ríos que drenan la cuenca del Paraná, después de la del Amazonas, la segunda más importante de América del Sur. Además de ser gigante, la D está viva y avanza hacia Buenos Aires a una velocidad de entre 50 y 70 centímetros por año. Opinan los expertos que en 2100 llegaría a Puerto Madero. Para eso falta. Mientras tanto, el Delta puede ser un buen remedio para el amor.

A todo esto, hace un rato me llamó mi amiga. Tenía otra voz. Después de un día -y una noche- en el Delta sonaba como recién llegada de vacaciones. Creo que hasta ella se dio cuenta del cambio porque me habló de alquilar una casa en las islas para esta primavera.




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