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	<title>Viajes Libres &#187; Zimbawe</title>
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	<description>Turismo en primera persona</description>
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		<title>Cartas de amor zulú</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Jul 2010 03:32:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Reymúndez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Africa]]></category>
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		<description><![CDATA[Porque Africa está en primer plano, porque Argentina sigue en carrera mundialista y seguramente porque me quedan muchas cartas de amor por escribir y ojalá por recibir, me acordé de las Zulu Love Letters. Y revolví el armario hasta que encontré la que traje de Sudáfrica hace algunos años. En zulú se llaman ncwadi y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2010/07/z1.jpg" alt="" width="402" height="305" /></p>
<p>Porque Africa está en primer plano, porque Argentina sigue en carrera mundialista y seguramente porque me quedan muchas cartas de amor por escribir y ojalá por recibir, me acordé de las Zulu Love Letters.</p>
<p>Y revolví el armario hasta que encontré la que traje de Sudáfrica hace algunos años. En zulú se llaman <em>ncwadi </em>y son trabajos en mostacillas. Ahora, forman parte del kit de souvenirs, junto con la talla negra y el Amarula, pero en algún momento se usaron como ofrendas de afecto y amor.</p>
<p>Las bordaban las mujeres. Servían para acercarse a la persona amada, para transmitirle los sentimientos.</p>
<p>Parecen escudos de pertenencia. Escudos de amor con el lenguaje de las mostacillas, las formas geométricas y los colores. El blanco, como siempre, habla de la pureza y el amor verdadero. El rojo, de la pasión, de<img class="alignright" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2010/07/zulu1.jpg" alt="" width="91" height="100" />l amor intenso que hace sangrar el corazón.</p>
<p>El azul simboliza la soledad que se siente por estar lejos del ser querido; el amarillo, los celos; el negro, el dolor y la rabia. Si a uno le toca una carta de color azul con una franja blanca, ojo, es una señal de atención. En ese caso, la carta trae un mensaje: &#8220;Mejor elegí, parecés una langosta, saltando de arbusto en arbusto&#8221;.</p>
<p>En zulú, en ruso o en español. Con mostacillas o tinta china. El soporte puede cambiar, y hasta el continente. Pero las vueltas del amor son más o menos las mismas.</p>
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		<title>¡Cien trillones de dólares!</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Apr 2010 13:33:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Reymúndez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En la última Patagonia, en la Patagonia lejana, solitaria y de rutas de tierra, las estaciones de servicio son más que un lugar para cargar combustible. Son un psicólogo en viaje. Porque después de varias horas en el auto, uno necesita hablar, escuchar, mirar a alguien. Por eso las paradas no duran lo que tarda [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2010/04/p1060184.jpg" alt="" width="331" height="261" />En la última Patagonia, en la Patagonia lejana, solitaria y de rutas de tierra, las estaciones de servicio son más que un lugar para cargar combustible.</p>
<p>Son un psicólogo en viaje. Porque después de varias horas en el auto, uno necesita hablar, escuchar, mirar a alguien. Por eso las paradas no duran lo que tarda en llenarse el tanque. Duran, por lo menos, cuarenta minutos, una sesión.</p>
<p>Claudia y el Ruso atienden desde hace algunos meses la gasolinera de Tres Lagos. Aunque nadie aguanta mucho en un sitio tan remoto, la pareja está  entusiasmada. Paran viajeros de muchos lugares del mundo que recorren la ruta 40, y aunque la mayoría no habla español y ellos no saben otro idioma, se comunican bien.</p>
<p>Quizás para fomentar el intercambio, Claudia y el Ruso empezaron a coleccionar billetes extranjeros. Los guardan en una caja de zapatos y ya tienen una buena muestra de los cinco continentes.</p>
<p>Una noche oscura, paramos tarde a cargar combustible en Tres Lagos. Todavía faltaban 100 kilómetros de tierra y piedras, y nadie tenía muchas ganas de hablar. Por eso, los primeros minutos transcurrieron en silencio. Hasta que alguien preguntó por los billetes que se veían debajo del vidrio del mostrador. Entonces, Claudia se encendió, hizo un recorrido por China, Sudáfrica, Australia, Myanmar y señaló su pequeño tesoro: &#8220;¿Ven ese del medio, el azul? ¡Vale cien trillones de dólares!&#8221;, y agregó que era el billete con la denominación más alta que existe.</p>
<p><img class="alignright" src="http://viajeslibres.files.wordpress.com/2010/04/zimdollars.jpg" alt="" width="389" height="221" />Un dólar de Zimbawe, el país con más inflación del mundo, gobernado hace casi 40 años por Robert Mugabe, un hombre que convirtió a los habitantes en millonarios con hambre. Mientras él es millonario en Suiza. Me recordó a cuando viajé por allá, con mucho calor y cortes de energía todos los días. Recuerdo la vez que cambié 100 dólares, me dieron tantos billetes que no sabía dónde guardarlos. No entraban en la billera ni en la riñonera. Uno se sentía que había robado un banco.</p>
<p>El billete de 100 trillones apareció hace un año y en ese momento era equivalente a 31 dólares. Hace un rato traté de usar un conversor de divisas pero no aceptaba los 14 ceros. Pero probablemente, hoy cien trillones de dólares apenas alcancen para comprar el pan del día.</p>
<p>Volviendo a la Patagonia, a Tres Lagos, a la estepa,  mientras el viajero descansa de la ruta, toma un café (de máquina de oficina) y compra alguna galletita (de paquete) puede cambiar billetes con los encargados de la gasolinera. Como se cambiaban  las figuritas en época escolar. Muchos se exponen en el mostrador, los que no entran van a la caja de zapatos.</p>
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		<title>El lujo de soñar la lluvia</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Nov 2009 15:46:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Reymúndez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Africa]]></category>
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		<description><![CDATA[Hay órdenes que no me molesta escuchar. “Te vas a un safari de lujo en Africa”, por ejemplo. Enseguida me imaginé durmiendo en lodges de pocas habitaciones y muchas estrellas, rodeada de millonarios excéntricos, que pagan mil euros por día (y veinte mil más si quieren matar un elefante) y empleados que se inclinan apenas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><img class="alignleft" src="http://viajeslibres.wordpress.com/files/2009/11/africa-3.jpg?w=300" alt="" width="300" height="198" /><strong>Hay órdenes que no me molesta escuchar</strong>. “Te vas a un safari de lujo en Africa”, por ejemplo. Enseguida me imaginé durmiendo en lodges de pocas habitaciones y muchas estrellas, rodeada de millonarios excéntricos, que pagan mil euros por día (y veinte mil más si quieren matar un elefante) y empleados que se inclinan apenas uno pestañea.</p>
<p style="text-align: left;">Fantaseé con una selva cercana, con leones y leopardos y esos animales de zoológico o película de Disney. Decidí poner en la mochila una muda elegante para alguna cena de gala. Hasta llevé sandalias. Fui bien preparada&#8230; para otro viaje.</p>
<p><img class="alignright" src="http://viajeslibres.wordpress.com/files/2009/11/africa-18.jpg?w=300" alt="" width="300" height="198" />El primer hotel, en Windhoek, capital de Namibia, alcanzaba raspando las dos estrellas. <strong>El lujo empezará mañana, pensé</strong>. Al día siguiente, en vez del lujo vino un camión con mochileros europeos, bastante tierra y ventanas amplias. Tampoco llegaron los leopardos ni los leones, pero los escuché rugir, una noche de luna llena. Tan cerca que tuve que darme vuelta para ver si no estaban en el colchón de al lado.</p>
<p>Durante diez días, pasaron Namibia, Botswana y una esquina de Zimbawe por las ventanas amplias del camión. Chozas redondas y con techos de paja; jirafas, elefantes y avestruces; negros grandes y negros chicos, siempre flacos y con dientes blancos caminando a los lados de las rutas. En el interior de Africa casi no hay autos y la gente vive caminando.</p>
<p>Pasaron planicies inmensas y secas. No era un desierto de arena, pero aquellas tierras no conocen la lluvia. Pasó, también la angustia de Louis Motlaleselo, un chico de 24 años parecido a Samuel Jackson. Louis es de la tribu bayei del delta del Okavango. Un día me contó que debía comprar seis vacas para pagarle la dote a la familia de la mujer que amaba. “Seis vacas es mucho dinero. Quizás no las pueda comprar en toda la vida”, dijo y bajó la cabeza.</p>
<p><img class="alignleft" src="http://viajeslibres.wordpress.com/files/2009/11/africa2.jpg?w=300" alt="" width="300" height="225" />Pasaron baobabs, tours de jubilados que sí iban a lodges de muchas estrellas y pocas habitaciones, atardeceres sin brisa y un par de motoqueros solitarios. Pasaron tres mujeres con tres bidones vacíos sobre sus cabezas. Después de un rato volvieron a pasar con una mano en la cintura para equilibrar los cinco litros de agua que llevaban sobre sus cabezas. En Africa el agua es un deseo que a veces se cumple y otras no.</p>
<p>Y pasó la mirada humillada de Lovemore Sibindi, cuando me contó sobre la vez que no lo dejaron entrar a un restaurante de Sudáfrica porque era negro. Hace un año.<br />
Durante diez noches –todas en carpa- hubo horas de insomnio, de risas y de comida de campamento. Hubo cuentos de fútbol, linternas sin pilas, historias de vidas europeas y africanas, dos mundos separados por un oceáno profundo. Nunca la geografía fue tan literal.<br />
El calor no pasó nunca. Se instaló, como un pasajero aplicado. Ocupó un asiento en este safari sin cena de gala, pero con el lujo de soñar la lluvia.</p>
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		<title>A propósito del Día Mundial del Sida</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Dec 2008 01:32:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Reymúndez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hace tres años hice un viaje en camión por el sur de Africa. Uno de esos safaris donde se cruzan varios países durmiendo en carpa y visitando reservas de animales salvajes. El viaje terminaba en Vic Falls, Zimbawe. Los alemanes, ingleses y noruegos que venían en el camión siguieron sus recorridos hacia Zambia o Tanzania. A [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" src="http://viajeslibres.wordpress.com/files/2008/12/femalecondombw.jpg" alt="" width="249" height="384" />Hace tres años hice un viaje en camión por el sur de Africa. Uno de esos safaris donde se cruzan varios países durmiendo en carpa y visitando reservas de animales salvajes. El viaje terminaba en Vic Falls, Zimbawe. Los alemanes, ingleses y noruegos que venían en el camión siguieron sus recorridos hacia Zambia o Tanzania. A mí me tocó regresar con otros tres periodistas argentinos. El mismo camión con el que habíamos hecho el tour volvía a Sudáfrica vacío y el chofer tenía indicaciones de llevarnos de vuelta.</p>
<p>En la frontera entre Zimbawe y Botswana no había gente y hacía mucho calor. Nos hicieron bajar del camión y cruzar caminando. Antes de ingresar a Botswana había que pasar las suelas de los zapatos por una especie de desinfectante baboso. Del otro lado, nos informaron que la visa que teníamos no era <em>multiple entry</em> y que ya estaba &#8220;usada&#8221; cuando pasamos hacia Vic Falls el día anterior. Conclusión: tocaba pagar algo así como 120 dólares. Recuerdo que dimos varias vueltas, que protestamos, que hablamos con varios sujetos y les explicamos que sólo atravesaríamos el país en unas horas. Pero no hubo caso.</p>
<p>Un rato después, mientras completaba los formularios de la aduana, me llamó la atención una cajita naranja que estaba llena de algo que daba la impresión de ser gratis. Lo que fuera, estaba en el mostrador de Inmigraciones, frente a todos los funcionarios de la aduana. No se veía bien desde mi ubicación. Me parecía extraño que fueran lapiceras o caramelos. Entonces me acerqué. Y encontré pilas de sobres plásticos como el de la foto. Eran <a href="http://www.femalehealth.com/" target="_blank"><strong>condones femeninos</strong></a>, probablemente obsequiados por alguna ONG. Aunque todo parte de una actitud noble y al parecer es uno de los métodos más eficaces de protección contra el HIV para las mujeres africanas, después de viajar un rato por el continente negro me costó imaginarme a una mujer tomando un condón de esa caja y guardándolo en el bolsillo, atravesada por las miradas de funcionarios y turistas. Quizás por eso la caja naranja estaba llena. Y faltaba poco para el final del día.</p>
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		<title>Día Mundial del Turismo</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Sep 2008 21:39:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Reymúndez</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://viajeslibres.wordpress.com/files/2008/09/turismozim1.jpg?w=500" alt="" width="459" height="335" /></p>
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