El Delta, Butler y un cumpleaños

Me invitaron a un cumpleaños en el Delta. Lejos, en una isla a más de una hora en lancha de Tigre. A pesar de los mosquitos de patas largas, me gusta mucho el Delta. Lo veo lleno de nostalgia de Conti, de letanía de sauce llorón y muelles despintados. Casas altas, quietud de siesta, ceibos y río piel de león. Destellos de otra época, azaleas dobles y Butler. Desde que conocí la pintura de Horacio Butler, el Delta también me recuerda a él.

El Delta es una D gigante, verde y llena de islas, arroyos, canales y ríos que drenan la cuenca del Paraná, después de la del Amazonas, la segunda más importante de América del Sur. Al caminar por las islas uno tiene la sensación de hacer pie sobre tierra en movimiento. Y también de estar en un lugar medio secreto.

Escribió Borges: “Ninguna otra ciudad, que yo sepa, linda con un secreto archipiélago de verdes islas que se alejan y pierden en las dudosas aguas de un río tan lento que la literatura ha podido llamarlo inmóvil“.

Hace tiempo que está de moda alquilarse una casa en el Delta para los fines de semana. Algunos, los más extremos se mudan y usan lancha y compran en el almacén flotante y cambian de vida. Pero son los menos.

Horacio Butler, el pintor de los cuadros de este post, era un entusiasta del Delta. Después de una gira por Europa se alquiló una casa-taller sobre el río Carapachay. Corría 1934.

Una vez, una periodista le preguntó por qué el Delta, por qué ese tema, y él le respondió: “Explicar el porqué de los temas resulta tan difícil como aclarar por qué nos enamoramos de una persona y no de otra”.

Como en esta pintura expresionista, el Delta también puede ser salvaje. Una tarde de tormenta, una noche de viento y marea alta. Hace algunos años hice un recorrido largo para escribir una nota. Era un día destemplado y frío. Recuerdo que estuve en la casa de un poblador en la Segunda Sección de Islas, un hombre ermitaño que apenas había pisado la ciudad. Se llamaba Segundo y cada tanto me aparece su imagen extendiendo la mando para despedirse mientras mi lancha se alejaba. De lejos se veía como un náufrago que había decidido quedarse en la isla desierta. Será porque esa geografía tiene algo de madre protectora.

Sí, que Ng me perdone, creo que partiré un rato antes del cumpleaños. Me dieron ganas de pasar por el MAT a saludar a Butler.

Publicado por Carolina Reymúndez | 15 de noviembre de 2012

Archivado en A propósito de, Argentina, Arte, Buenos Aires, Check in, Costumbres, Destinos, Galería, Imperdibles, Paisajes, Turismo ecológico | 2 comentarios



2 comentarios

  1. Gustavo Ng dijo:

    Hay algunas cosas que escribió Conti sobre el Delta que son tremendamente íntimas.
    Las islas del Delta, los pinos, los muelles, el silencio, todo hace que lo que uno lleve allá se haga íntimo.
    Es evidente en estas pinturas.
    Y lo que me produce este pensamiento es el texto. Hay que ver este blog; es de viajes, supuestamente, y sí, pero ¿no es sobre literatura? No vi otro blog de viajes tan bien escrito.

  2. Carolina dijo:

    Me gustan las personas exageradas y más si son medio chinas. Gracias NG! (Era todo para que supieras que me voy antes)Besos.

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