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	<title>Comentarios en: Espí­as con invitación</title>
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	<description>Turismo en primera persona</description>
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		<title>Por: Viajes Libres &#187; Blog Archive &#187; Our casa is your casa</title>
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		<dc:creator>Viajes Libres &#187; Blog Archive &#187; Our casa is your casa</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Jul 2009 18:50:01 +0000</pubDate>
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		<description>[...] de arte con precios en dólares y por lo menos un restaurante con el tradicional proverbio mexicano del que ya se habló en Viajes Libres, &#8220;tu casa es mi casa&#8221; pero en inglés: Our casa is your [...]</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>[...] de arte con precios en dólares y por lo menos un restaurante con el tradicional proverbio mexicano del que ya se habló en Viajes Libres, &#8220;tu casa es mi casa&#8221; pero en inglés: Our casa is your [...]</p>
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		<title>Por: Jessica Garbarino</title>
		<link>http://www.viajeslibres.com/espias-con-invitacion/comment-page-1/#comment-65</link>
		<dc:creator>Jessica Garbarino</dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Jul 2007 17:41:09 +0000</pubDate>
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		<description>No soy mexicana, pero llevo cinco aÃ±os viviendo en el superpoblado DF. Y aunque ya pedÃ­ la naturalizaciÃ³n y espero que pronto me den las correspondientes credenciales, sigo sorprendiÃ©ndome con algunas costumbres locales. Un dÃ­a saliÃ³ el tema de las excentricidades mexicanas en una conversaciÃ³n con mi jefe (trabajo en la revista Escala, que se regala en los aviones de AeromÃ©xico), le causaron mucha gracia mis observaciones y me pidiÃ³ que escribiera un artÃ­culo al respecto, que fue publicado hace unos meses y que aquÃ­ les comparto.


MÃ©xico insÃ³lito
Con ojos extraÃ±os


Jessica Garbarino

Hay cosas en las que los mexicanos prÃ¡cticamente no reparan y, sin embargo, llenan de sorpresa y extraÃ±amiento a quienes los visitan desde otros rincones del planeta. Los malentendidos surgen fÃ¡cil, asÃ­, cuando culturas disÃ­miles -Â¡y hasta hermanas!- se encuentran. Pues, probablemente a un nativo de estas tierras mexicanas se le haga absolutamente natural que la gente coma insectos, que vaya por un banquete al panteÃ³n cada 2 de noviembre, que haga explotar cohetes a altas horas de la madrugada, que pague por unos toques elÃ©ctricos en la feria o la cantina, que observe complicados juegos de palabras y rituales de cortesÃ­a, que hasta los niÃ±os sean aficionados al picanteâ€¦


Toques elÃ©ctricos
Una caja de madera con seis pilas chicas, un par de cables y dos cilindros de cobre que conducen un mÃ¡ximo de 120 voltios a las manos de los valientes, consiguen de inmediato llamar la atenciÃ³n de los ojos forÃ¡neos. El juego, tÃ­pico de cantinas y ferias, consiste en ver cuÃ¡l de los participantes aguanta mÃ¡s voltaje. Â¿Por quÃ© lo hacen? Â¿Masoquismo? Â¿Excentricidad? Hay quienes aseguran que los â€œtoquesâ€ relajan los nervios, otros los usan para bajar el efecto de las copas de mÃ¡s, algunos para probar su hombrÃ­a y estÃ¡n los que se animan por pura curiosidad. En el Ãºltimo grupo se inscriben muchos extranjeros que, en cuanto se sobreponen de la sorpresa, sienten la tentaciÃ³n de experimentar en carne propia tan extraÃ±a aficiÃ³n. 


Insectos en la cazuela
No es un error, no llegaron al plato por casualidad tampoco. La sofisticada y exquisita gastronomÃ­a mexicana es partidaria de incorporar chapulines, gusanos y huevas de insectos en algunos de sus platillos. La entomofagia, como se llama esta costumbre de ingerir bichos, tiene raÃ­ces prehistÃ³ricas en tierras aztecas y ha adquirido extravagantes presentaciones entre los chefs de la nueva cocina mexicana. Los expertos aseguran que los tacos de chapulines, los jumiles, los escamoles o el gusano del mezcal aportan una rica variedad de vitaminas y brindan la exclusiva categorÃ­a de gourmet al paladar que se anima a la aventura de la entomofagia mexicana.


CortesÃ­as y otras reverencias
Los finos modales de los mexicanos, la etiqueta que observan en sus relaciones cotidianas, llaman de inmediato la atenciÃ³n de los visitantes o deliberadamente generan choques culturales con aquellos que provienen de lugares donde se estila un trato mÃ¡s directo, sin aditamentos. Buena parte de los intelectuales extranjeros que visitaron el paÃ­s a lo largo de los aÃ±os tomaron nota y dejaron testimonio de su asombro ante el enorme abanico de cortesÃ­as que acostumbra desplegar la gente de esta tierra. 
El escritor britÃ¡nico Malcolm Lowry, por ejemplo, hizo una ilustrativa descripciÃ³n del fino trato de los mexicanos en su famosa novela Bajo el volcÃ¡n, que transcurre cerca de Cuernavaca: â€œEn medio de la tolvanera se acercaban dos indios harapientos; discutÃ­an con la profunda concentraciÃ³n de profesores universitarios deambulando en la Sorbona a la luz de un crepÃºsculo estival. Sus voces y los movimientos de sus manos refinadas, aunque sucias, eran increÃ­blemente corteses y delicados. Su porte evocaba la majestad de prÃ­ncipes aztecasâ€.


Estruendo por la madrugada
â€œAlgo grave debe pasarâ€, piensa el visitante cuando descartÃ³ que todo se tratara de un raro sueÃ±oâ€¦ pues no es normal esto de escuchar explosiones a las tres de la maÃ±ana un dÃ­a de semana cualquiera. No obstante, lo mejor es contener la taquicardia nocturna, porque en MÃ©xico sÃ­ es normal que una celebraciÃ³n empiece, por ejemplo, a las tres de la maÃ±ana. La devociÃ³n es asÃ­, los horarios son estrictos y las procesiones, por ejemplo del dÃ­a de un santo patrono, incluyen petardos. 


Banquete en el panteÃ³n
La celebraciÃ³n de DÃ­a de Muertos, el 2 de noviembre de cada aÃ±o, es muy peculiar y tiene tantos detalles curiosos, que deja atÃ³nito a mÃ¡s de uno. A lo largo y ancho del paÃ­s, se pueden verificar algunas variantes en el ritual, mÃ¡s o menos macabras, aunque siempre muy festivas. Sin embargo, en todas partes es asombroso ver a niÃ±os y adultos comer calacas de azÃºcar o chocolate con su nombre en la frente. Mientras, en las oficinas se organizan competencias que premian a quien redacte el mejor epitafio-poema (llamado â€œcalaveritaâ€) dedicado a algÃºn colega vivo. TambiÃ©n estÃ¡n los vistosos altares que se montan por doquier, donde se ofrecen tanto cempazuchitl (flores de muertos) como los platillos favoritos del difunto homenajeado. Hasta la impostergable visita al panteÃ³n, para compartir con los seres queridos fallecidos los mÃ¡s cuidados manjares. 


Confusos juegos de palabras
La escocesa Madame CalderÃ³n de la Barca, autora del libro â€œLa vida en MÃ©xicoâ€, un compilado de sus cartas, repletas de observaciones sobre las costumbres locales, relata en un pasaje cÃ³mo intentÃ³ sacar del error a un inglÃ©s que se quejaba de la â€œfalta de sinceridad de los mexicanosâ€. Pues segÃºn ella, el problema consiste en â€œatribuir una trascendencia que no tiene a la frase: EstÃ¡ a la disposiciÃ³n de ustedâ€â€¦ ExpresiÃ³n que en la actualidad devino en el frecuente â€œmuy a la ordenâ€.
â€œSi tuviÃ©ramos que creer al pie de la letra los ofrecimientos a que obliga la etiqueta mexicanaâ€¦ es natural que nos sentirÃ­amos decepcionados al darnos cuenta que no obstante estas ofertas tan reiteradas, debemos alquilar casa y aun tomar criados para que nos sirvan; pero tomad estas expresiones por lo que valen, y creo que hemos de llegar a la conclusiÃ³n de que las gentes de aquÃ­ son tan sinceras como pueden serlo sus vecinosâ€, argumenta.
AsÃ­, una cortesÃ­a que suele descolocar a los extranjeros es el juego de palabras en el que la propia casa se ofrece al interlocutor con un â€œla casa de ustedâ€. Los malentendidos, cuando se ignora el mero cometido retÃ³rico de la frase, son tan espontÃ¡neos como hilarantes. Y no falta quien se incomode por la impertinencia al entender, literalmente, que su nueva amistad organizÃ³ una comida â€œen la casa de ustedâ€, sin consultarloâ€¦  O quien, algo resignado, espere por horas en su propia casa a los supuestos â€œautoinvitadosâ€ que nunca llegarÃ¡n.


Potentes golosinas
Que un mexicano que se precie debe hacerle frente a los picantes mÃ¡s rudos, es algo que figura entre las expectativas de cualquier extranjero que ponga un pie en MÃ©xico. Sin embargo, incluso en esa zona ardiente hay lugar para la sorpresa: los niÃ±os pequeÃ±os saborean sin sobresaltos todo tipo de golosinas enchiladas. Paletas con forma de elote totalmente cubiertas con chile en polvo, tabletas masticables de tamarindo picante y unos muÃ±ecos con forma de jeringa que al apretarlos le salen cabellos de una pasta tan dulce como picante, forman parte de un entrenamiento temprano al que los niÃ±os se someten gustosos.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>No soy mexicana, pero llevo cinco aÃ±os viviendo en el superpoblado DF. Y aunque ya pedÃ­ la naturalizaciÃ³n y espero que pronto me den las correspondientes credenciales, sigo sorprendiÃ©ndome con algunas costumbres locales. Un dÃ­a saliÃ³ el tema de las excentricidades mexicanas en una conversaciÃ³n con mi jefe (trabajo en la revista Escala, que se regala en los aviones de AeromÃ©xico), le causaron mucha gracia mis observaciones y me pidiÃ³ que escribiera un artÃ­culo al respecto, que fue publicado hace unos meses y que aquÃ­ les comparto.</p>
<p>MÃ©xico insÃ³lito<br />
Con ojos extraÃ±os</p>
<p>Jessica Garbarino</p>
<p>Hay cosas en las que los mexicanos prÃ¡cticamente no reparan y, sin embargo, llenan de sorpresa y extraÃ±amiento a quienes los visitan desde otros rincones del planeta. Los malentendidos surgen fÃ¡cil, asÃ­, cuando culturas disÃ­miles -Â¡y hasta hermanas!- se encuentran. Pues, probablemente a un nativo de estas tierras mexicanas se le haga absolutamente natural que la gente coma insectos, que vaya por un banquete al panteÃ³n cada 2 de noviembre, que haga explotar cohetes a altas horas de la madrugada, que pague por unos toques elÃ©ctricos en la feria o la cantina, que observe complicados juegos de palabras y rituales de cortesÃ­a, que hasta los niÃ±os sean aficionados al picanteâ€¦</p>
<p>Toques elÃ©ctricos<br />
Una caja de madera con seis pilas chicas, un par de cables y dos cilindros de cobre que conducen un mÃ¡ximo de 120 voltios a las manos de los valientes, consiguen de inmediato llamar la atenciÃ³n de los ojos forÃ¡neos. El juego, tÃ­pico de cantinas y ferias, consiste en ver cuÃ¡l de los participantes aguanta mÃ¡s voltaje. Â¿Por quÃ© lo hacen? Â¿Masoquismo? Â¿Excentricidad? Hay quienes aseguran que los â€œtoquesâ€ relajan los nervios, otros los usan para bajar el efecto de las copas de mÃ¡s, algunos para probar su hombrÃ­a y estÃ¡n los que se animan por pura curiosidad. En el Ãºltimo grupo se inscriben muchos extranjeros que, en cuanto se sobreponen de la sorpresa, sienten la tentaciÃ³n de experimentar en carne propia tan extraÃ±a aficiÃ³n. </p>
<p>Insectos en la cazuela<br />
No es un error, no llegaron al plato por casualidad tampoco. La sofisticada y exquisita gastronomÃ­a mexicana es partidaria de incorporar chapulines, gusanos y huevas de insectos en algunos de sus platillos. La entomofagia, como se llama esta costumbre de ingerir bichos, tiene raÃ­ces prehistÃ³ricas en tierras aztecas y ha adquirido extravagantes presentaciones entre los chefs de la nueva cocina mexicana. Los expertos aseguran que los tacos de chapulines, los jumiles, los escamoles o el gusano del mezcal aportan una rica variedad de vitaminas y brindan la exclusiva categorÃ­a de gourmet al paladar que se anima a la aventura de la entomofagia mexicana.</p>
<p>CortesÃ­as y otras reverencias<br />
Los finos modales de los mexicanos, la etiqueta que observan en sus relaciones cotidianas, llaman de inmediato la atenciÃ³n de los visitantes o deliberadamente generan choques culturales con aquellos que provienen de lugares donde se estila un trato mÃ¡s directo, sin aditamentos. Buena parte de los intelectuales extranjeros que visitaron el paÃ­s a lo largo de los aÃ±os tomaron nota y dejaron testimonio de su asombro ante el enorme abanico de cortesÃ­as que acostumbra desplegar la gente de esta tierra.<br />
El escritor britÃ¡nico Malcolm Lowry, por ejemplo, hizo una ilustrativa descripciÃ³n del fino trato de los mexicanos en su famosa novela Bajo el volcÃ¡n, que transcurre cerca de Cuernavaca: â€œEn medio de la tolvanera se acercaban dos indios harapientos; discutÃ­an con la profunda concentraciÃ³n de profesores universitarios deambulando en la Sorbona a la luz de un crepÃºsculo estival. Sus voces y los movimientos de sus manos refinadas, aunque sucias, eran increÃ­blemente corteses y delicados. Su porte evocaba la majestad de prÃ­ncipes aztecasâ€.</p>
<p>Estruendo por la madrugada<br />
â€œAlgo grave debe pasarâ€, piensa el visitante cuando descartÃ³ que todo se tratara de un raro sueÃ±oâ€¦ pues no es normal esto de escuchar explosiones a las tres de la maÃ±ana un dÃ­a de semana cualquiera. No obstante, lo mejor es contener la taquicardia nocturna, porque en MÃ©xico sÃ­ es normal que una celebraciÃ³n empiece, por ejemplo, a las tres de la maÃ±ana. La devociÃ³n es asÃ­, los horarios son estrictos y las procesiones, por ejemplo del dÃ­a de un santo patrono, incluyen petardos. </p>
<p>Banquete en el panteÃ³n<br />
La celebraciÃ³n de DÃ­a de Muertos, el 2 de noviembre de cada aÃ±o, es muy peculiar y tiene tantos detalles curiosos, que deja atÃ³nito a mÃ¡s de uno. A lo largo y ancho del paÃ­s, se pueden verificar algunas variantes en el ritual, mÃ¡s o menos macabras, aunque siempre muy festivas. Sin embargo, en todas partes es asombroso ver a niÃ±os y adultos comer calacas de azÃºcar o chocolate con su nombre en la frente. Mientras, en las oficinas se organizan competencias que premian a quien redacte el mejor epitafio-poema (llamado â€œcalaveritaâ€) dedicado a algÃºn colega vivo. TambiÃ©n estÃ¡n los vistosos altares que se montan por doquier, donde se ofrecen tanto cempazuchitl (flores de muertos) como los platillos favoritos del difunto homenajeado. Hasta la impostergable visita al panteÃ³n, para compartir con los seres queridos fallecidos los mÃ¡s cuidados manjares. </p>
<p>Confusos juegos de palabras<br />
La escocesa Madame CalderÃ³n de la Barca, autora del libro â€œLa vida en MÃ©xicoâ€, un compilado de sus cartas, repletas de observaciones sobre las costumbres locales, relata en un pasaje cÃ³mo intentÃ³ sacar del error a un inglÃ©s que se quejaba de la â€œfalta de sinceridad de los mexicanosâ€. Pues segÃºn ella, el problema consiste en â€œatribuir una trascendencia que no tiene a la frase: EstÃ¡ a la disposiciÃ³n de ustedâ€â€¦ ExpresiÃ³n que en la actualidad devino en el frecuente â€œmuy a la ordenâ€.<br />
â€œSi tuviÃ©ramos que creer al pie de la letra los ofrecimientos a que obliga la etiqueta mexicanaâ€¦ es natural que nos sentirÃ­amos decepcionados al darnos cuenta que no obstante estas ofertas tan reiteradas, debemos alquilar casa y aun tomar criados para que nos sirvan; pero tomad estas expresiones por lo que valen, y creo que hemos de llegar a la conclusiÃ³n de que las gentes de aquÃ­ son tan sinceras como pueden serlo sus vecinosâ€, argumenta.<br />
AsÃ­, una cortesÃ­a que suele descolocar a los extranjeros es el juego de palabras en el que la propia casa se ofrece al interlocutor con un â€œla casa de ustedâ€. Los malentendidos, cuando se ignora el mero cometido retÃ³rico de la frase, son tan espontÃ¡neos como hilarantes. Y no falta quien se incomode por la impertinencia al entender, literalmente, que su nueva amistad organizÃ³ una comida â€œen la casa de ustedâ€, sin consultarloâ€¦  O quien, algo resignado, espere por horas en su propia casa a los supuestos â€œautoinvitadosâ€ que nunca llegarÃ¡n.</p>
<p>Potentes golosinas<br />
Que un mexicano que se precie debe hacerle frente a los picantes mÃ¡s rudos, es algo que figura entre las expectativas de cualquier extranjero que ponga un pie en MÃ©xico. Sin embargo, incluso en esa zona ardiente hay lugar para la sorpresa: los niÃ±os pequeÃ±os saborean sin sobresaltos todo tipo de golosinas enchiladas. Paletas con forma de elote totalmente cubiertas con chile en polvo, tabletas masticables de tamarindo picante y unos muÃ±ecos con forma de jeringa que al apretarlos le salen cabellos de una pasta tan dulce como picante, forman parte de un entrenamiento temprano al que los niÃ±os se someten gustosos.</p>
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	<item>
		<title>Por: Alina Montero</title>
		<link>http://www.viajeslibres.com/espias-con-invitacion/comment-page-1/#comment-64</link>
		<dc:creator>Alina Montero</dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Jul 2007 02:44:11 +0000</pubDate>
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		<description>&lt;p&gt;Igual que a Eli, a mí­, que soy defeña siempre me ha llamado mucho la atención esa frasecita. Pues no sólo se usa para cuando uno da su dirección, sino que ya que el invitado ha llegado se le dice &quot;estás en tu casa&quot; para que se sienta con la confianza suficiente de hacer &quot;lo que se le antoje&quot;... Y resulta que un día, al ir a casa de un amigo por primera vez, escuché que nos decía &quot;están en mi casa, pero siéntanse como en la suya... y todos sorprendidos, luego de algunas risas, comenzamos una discusión al respecto, que no llegó muy lejos, pues todos estuvimos de acuerdo en que Esteban tenía razón al expresarlo de ese modo tan literal, que hizo que olvidáramos el formalismo y nos tomáramos más en serio lo que nos decía...&lt;br /&gt;
La verdad es que yo creo que es una frase tan común, que a veces se nos olvida lo que realmente significa, sin embargo, pienso que ya que efectuamos la invitació muchos defeños tratamos de poner al invitado lo más cómodo posible, lo consentimos, nos esmeramos para que esté a gusto “como en su casa- Pero lo que yo me pregunto es a quién se le ocurrió que todos los invitados del mundo la pasan tan bien en su casa, que les gustarÃ­a estar asÃ­ en todas partes...&lt;br /&gt;
Yo creo que máss bien la cosa se trata de que el invitado haga la casa de uno la suya para deschongarse a gusto... nada más.&lt;br /&gt;
En cuanto a las invitaciones pendientes, a mi no me reclamen, que la verdad yo no ando regalando mi casa cada vez que doy mi dirección... Pero les aseguro que a mí y a muchos mexicanos más nos encanta recibir invitados ya sean extranjeros o no, porque nos gusta compartirles de lo nuestro (en especial la comida- que siempre se usa como pretexto para hacer reuniones) y nos gusta que los invitados nos compartan de lo suyo... y bla bla bla y am am am... Así­ que si logran conseguir una invitación de un defeño prepárense para pasarla rico y escuchar algo así como &quot;siéntete en tu casa&quot; tal vez lo logren.&lt;/p&gt;
</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Igual que a Eli, a mí­, que soy defeña siempre me ha llamado mucho la atención esa frasecita. Pues no sólo se usa para cuando uno da su dirección, sino que ya que el invitado ha llegado se le dice &#8220;estás en tu casa&#8221; para que se sienta con la confianza suficiente de hacer &#8220;lo que se le antoje&#8221;&#8230; Y resulta que un día, al ir a casa de un amigo por primera vez, escuché que nos decía &#8220;están en mi casa, pero siéntanse como en la suya&#8230; y todos sorprendidos, luego de algunas risas, comenzamos una discusión al respecto, que no llegó muy lejos, pues todos estuvimos de acuerdo en que Esteban tenía razón al expresarlo de ese modo tan literal, que hizo que olvidáramos el formalismo y nos tomáramos más en serio lo que nos decía&#8230;<br />
La verdad es que yo creo que es una frase tan común, que a veces se nos olvida lo que realmente significa, sin embargo, pienso que ya que efectuamos la invitació muchos defeños tratamos de poner al invitado lo más cómodo posible, lo consentimos, nos esmeramos para que esté a gusto “como en su casa- Pero lo que yo me pregunto es a quién se le ocurrió que todos los invitados del mundo la pasan tan bien en su casa, que les gustarÃ­a estar asÃ­ en todas partes&#8230;<br />
Yo creo que máss bien la cosa se trata de que el invitado haga la casa de uno la suya para deschongarse a gusto&#8230; nada más.<br />
En cuanto a las invitaciones pendientes, a mi no me reclamen, que la verdad yo no ando regalando mi casa cada vez que doy mi dirección&#8230; Pero les aseguro que a mí y a muchos mexicanos más nos encanta recibir invitados ya sean extranjeros o no, porque nos gusta compartirles de lo nuestro (en especial la comida- que siempre se usa como pretexto para hacer reuniones) y nos gusta que los invitados nos compartan de lo suyo&#8230; y bla bla bla y am am am&#8230; Así­ que si logran conseguir una invitación de un defeño prepárense para pasarla rico y escuchar algo así como &#8220;siéntete en tu casa&#8221; tal vez lo logren.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: Pritama</title>
		<link>http://www.viajeslibres.com/espias-con-invitacion/comment-page-1/#comment-62</link>
		<dc:creator>Pritama</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 15 Jul 2007 23:35:09 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.viajeslibres.com/espias-con-invitacion/#comment-62</guid>
		<description>Ni soy mexicana ni vivo en Mexico, pero sÃ­ que he viajado por ese gran paÃ­s, y puedo asegurar que recibÃ­ muchas, muchÃ­simas invitaciones de gente reciÃ©n conocida que y con inmensa hospitalidad me ofrecieron su casa y me abrieron las puertas para espÃ­ar a gusto, para compartir a pleno el dÃ­a a dÃ­a... 
Igual, si &quot;mi casa es tu casa&quot;, no invitan por eso... Â¿quiÃ©n necesita invitaciÃ³n para visitar su propio hogar???</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Ni soy mexicana ni vivo en Mexico, pero sÃ­ que he viajado por ese gran paÃ­s, y puedo asegurar que recibÃ­ muchas, muchÃ­simas invitaciones de gente reciÃ©n conocida que y con inmensa hospitalidad me ofrecieron su casa y me abrieron las puertas para espÃ­ar a gusto, para compartir a pleno el dÃ­a a dÃ­a&#8230;<br />
Igual, si &#8220;mi casa es tu casa&#8221;, no invitan por eso&#8230; Â¿quiÃ©n necesita invitaciÃ³n para visitar su propio hogar???</p>
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