El éxito de “Viajar sola”

Desde el primer post, hace casi dos años, hubo varios hits en Viajes Libres. Pero si tuviera que elegir uno, no lo dudaría: Viajar sola es uno de los textos más vistos, con más interacción de los lectores y casi 70 comentarios.

Viajar sola cuenta sobre la incomodidad que puede sentir una viajera en tierras lejanas. Concretamente, escribo sobre cómo me sentí en un restaurante del interior Tucumán, donde había muy pocas mesas ocupadas, la mayoría por parejas que cuchicheaban y miraban con mirada de juez. El camarero parecía avergonzado por mi soledad, tanto que cuando me servía evitaba mirarme y se concentraba en la pared de enfrente. Es una sensación extraña con la que a veces, según el ánimo del día, una puede estar más o menos cómoda.

Cuando escribí el relato imaginé que era una experiencia por la que pasaban exclusivamente las mujeres pero varios comentaristas, como Ezequiel, cuentan que a ellos también les pasa: ” Si pasa con los hombres. También viajo solo y estuve en un hotel del norte. La sensación que provoca una persona sola hacia las vidas de las personas que no pueden estar en soledad, me da más energía”. Leander, por su lado escribe: “Como hombre te digo que me miran raro algunas veces, y he sentido en alguna ocasion alguna culpa, no se por qué. Pero descubrí que es una experiencia única, viajar solo te da una libertad especial, tiempo para estar con uno mismo, y realmente aprendí a disfrutar los momentos. Está bueno para mí, je. Hay personas que dicen que no lo podrían hacer, pero yo no soy uno de esos…y muchos de los que pasan x aca tampoco…”

Muchos comentaristas cuentan que sintieron algo así y otros  tomaron el espacio para buscar “compañeros de ruta”. Los que siguen son los últimos comentarios que llegaron, con ideas y direcciones:

“Hola, agradeceré si pueden darme ideas o datos par armar mi viaje desde Madrid, París y Roma, en Mayo de 2009, con un par de amigas, tenemos entre 53 y 63 años, nada de complicadas y con experiencia en viajes por sudamérica, mi msn, karmen_molina@hotmail.com
Gracias. Pd. Cuenten con una amiga en la cuarta región de Chile.”

“Hola viajeras: Estoy sola, me encanta viajar pero no me atrevo a hacerlo sola y no siempre encuentro gente con quien ir. Me gustaría encontrar un grupo de gente animada para planificar y realizar ese viaje maravilloso o caminar por el campo un finde. Si te parece oportuno contacta conmigo, mangargar@yahoo.es, vivo en Madrid y paso en mucho los cincuenta pero soy una buena compañera de viaje, sin problemas ni grandes exigencia. Saludos. María García”

“Disfruté mucho el relato. Sé como se siente. Pero cuando sos mas jóven parece mas fácil. Cumplo 60 años en octubre y quiero regalarme un viaje a Italia. Quien me acompañaría optó por irse antes con otra persona. Así que ahora tendré que buscar compañera/os de viaje o irme sola. No me preocupa eso. Sí que creo que todo es más caro. Si alguien quiere…? Soy muy dinámica y me manejo con el idioma. Saludos. Mi correo: acisneros@gigared .com

Publicado por Carolina Reymúndez | 10 de abril de 2009

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Latinoamérica con la nave

Ayer, un amigo me preguntó qué onda para venir en auto desde México hasta Argentina. El es mexicano, así que dijo algo asi: “¿Cómo le hago, güey? ¿Cuánto me costará? ¿Sirve un Clío para ese viaje?”.

Le respondí vagamente, pero creo que lo mejor que podría hacer es hablar con Ezequiel Luis Fernández, que llegó hace unos meses de hacer el viaje de Argentina a México en su “nave”, una renoleta del 79.

Incluso podría leer su libro, “Con la Nave”, recién salido de imprenta y lleno de anécdotas, reflexiones y curiosidades que le ocurrieron a este ingeniero agrónomo que decidió cambiar de vida mientras viajaba por Latinoamérica.

Ezequiel ya contó su historia en Viajes Libres durante el viaje y también a la vuelta. Esta vez, adelanta algo de su libro que se consigue en la librería y juguetería Casa Jorge, en Juncal 2303, Buenos Aires.

Prologo
Llego a un pueblo. Estaciono en la plaza y me tomo unos mates. Siempre se acerca algún curioso a preguntarme por mi nave, por las calcomanías, por las frases, países o banderas.
Hablo un rato con el padre, la madre, el hijo o el hermano… hablo un rato con mis hermanos latinoamericanos. Me invitan a sus casas y me convidan exquisitos platos de comida, preparados con amor y cariño.
Nos sentamos a la mesa; les cuento de mi viaje y me cuentan de su vida. Veo rostros blancos, rosados, morenos y negros. Veo miradas alegres, tristes, pacíficas o indiferentes. Observo familias felices, simpáticas, revoltosas, trabajadoras, descomplicadas o muy complicadas. Con ellas comparto un momento de mi vida, de mi viaje. Son ellas las que me transmiten la historia de su pueblo, de su país, de su vida. De esa forma aprendo y elijo cómo quiero vivir mi vida.
Pasan los días y me subo de nuevo a mi nave. Salgo a la ruta, a manejar una o dos horas hasta llegar al próximo pueblito ¿Quién me espera? ¿Qué familia conoceré? Sólo es cuestión de ir hacia adelante… y repetir una y otra vez el mismo método en todo Latinoamérica.

Abro la puerta
¡Buena suerte! me dice… estás por hacer lo que quise y no pude… me dice… me afirma… no pude… por dinero, por agallas, por tiempo, por mi matrimonio, por mis responsabilidades… me dice una y otra persona antes de abrir la puerta de mi nave.
Me detengo y los miro… me siento en mi butaca. Todos se justifican… pienso.
Me miro en el espejo y no me reconozco ¿Qué estoy haciendo? Mi corazón dice que vaya para adelante. Quiero cortar con estructuras incómodas. Y… los miro… y… me miran… y… me acomodo en mi butaca.
Dejé mi trabajo ¿Qué hice?
Me observo en el espejito retrovisor… necesito un cambio.
Cierro la puerta de mi nave. No es fácil cambiar de vida… acá estoy y sigo adelante… con mi decisión. Era (era) un excelente trabajo, bien remunerado, con grandes perspectivas de seguridades futuras… ¿Qué hice? Me observo en el espejito retrovisor… necesito un cambio.
No me gusta tener armado el futuro. Me siento transitando un camino prestado… yo quiero armar mi propia huella.
Coloco el seguro, controlo que la puerta esté bien cerrada… (en el fondo) la decisión fue muy sencilla… estaba en un camino que no había elegido.
Giro mi espalda y en la mochila busco el cuaderno y la lapicera… ¡me gusta escribir! No sé cómo hacerlo… nunca lo hice, solo escribí algunas cartas a mi abuela y algunas líneas en informes económicos… pero… Sí, sí… ¡está el cuaderno! ¡está la lapicera!… en mi mochila están bien guardados… están bien a mano. Y… aprenderé a escribir escribiendo, en el viaje… ¡yo salgo y veo qué pasa!

Publicado por Carolina Reymúndez | 6 de enero de 2009

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La vuelta de un viajero

Hablamos de él hace algunos meses. Ezequiel Luis Fernández, -argentino, 29 años- viajó desde Coronel Suárez hasta México en Renoleta. Pero el tiempo pasa y ya está de vuelta. Con su “nave”, como le gusta llamar a su R6.

Poco más de un año de viaje, cerca de 30.000 kilómetros recorridos y muchos amigos nuevos.

A veces se fantasea con una ida fantástica y llena de cambios, de novedades, de apertura. La vuelta se piensa, en algunos casos, como la contracara. ¿Volver a lo mismo pero habiendo cambiado? ¿Volver a hacer qué ? ¿Volver con menos plata? ¿Volver cómo nuevo? Volver. A veces, la vuelta da la sensación de que uno tiene demasiadas preguntas por responder.

El blog de Ezequiel, que durante el viaje usó para contar la travesía, para registrar búsquedas, sensaciones y momentos de viaje, hoy ha cambiado un poco. “Entré en una etapa reflexiva, de análisis”, me escribió hace unos días Ezequiel, que también respondió la entrevista que sigue.

¿Cómo viviste tu vuelta?
Duró dos meses. Recién ahora estoy entendiendo dónde estoy y qué hice.
Antes de llegar muchos viajeros me decían que era difícil conectarte con la gente a la vuelta. Para mi no fue así. Me encontré con cosas muy positivas en la familia, en los amigos. Redescubrí a mi gente.

Ezequiel llegó en avión desde México y sus padres lo recibieron con un abrazo. Comunicó su llegada con 20 días de anticipación. Se fue directo al campo con su familia. Después fueron 15 amigos y le hicieron la despedida de soltero a un amigo.

¿Con qué comida te esperaron?
Con un costillar espectacular al asador

¿Qué hacías antes y qué hacés ahora?

Soy ingeniero agrónomo y trabajaba como asesor de un grupo CREA (de productores agropecuarios). Todavía no tengo claro a qué me voy a dedicar ahora. Quiero un trabajo tranquilo que me permita ganar plata para vivir y el resto dedicarme a armar un nuevo camino como escritor (o periodista). Si se dan las dos cosas aunque me ocupe todo mi tiempo, mejor. Definitivamente, me gusta escribir.

Muchos viajeros que, como Ezequiel, parten en viaje largo mutan a viajeros eternos o se quedan en alguna parada que les ofrece el camino. El estuvo tentado, una vez, en Colombia. Pero al final siguió el viaje.

¿Qué te hizo repensar el tema?
Quería seguir con mi proyecto de viaje, de aprendizaje. No quiero estar lejos de mi familia. Es feo ver a tus papás más viejos por la computadora. También viendo a Argentina desde lejos la empecé a valorar. Me gusta mi país.

Se dice por ahí que un viaje así te cambia la vida, ¿cómo te la cambió? Sigue acá »

Publicado por Carolina Reymúndez | 27 de abril de 2008

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De Alemania a Camboya, en Trabis

trabimen.jpgHoy el Trabant o Trabi, para los amigos, es un icono pop, pero durante años trabimen.jpgtrabimen.jpgfue el transporte más usado en Alemania del Este y también se exportó a otros países comunistas de Europa.

El año pasado, el Trabant cumplió su 50 aniversario y todavía hay más de 50.000 en marcha. Son bastante parecidos porque el Trabi no cambió su apariencia en treinta años. “Una vez que te gustó el Trabi, siempre querrás tener uno”, declaró hace poco el director del Registro Internacional de Trabant.

Muchos Trabis se ven en caminos perdidos de la ex Alemania Oriental, medio destartalados como los que los conducen. Algunos sirven para hacer tours en Berlín Oriental o Dresden. Algunos se usan para hacer tours personalizados en Berlín y Dresden. Otros, como el de la foto, se ven recién pintados, vintage y paseando por las calles de ¡Camboya!

Este grupo de jóvenes viajó en una flota de tres Trabis -Dante’s Inferno, Ziggy Stardust, Fez-, desde Alemania Oriental hasta Camboya. Tardaron seis meses -la velocidad máxima del Trabis ronda los 90 km/h-, recorrieron 26.000 kilómetros, atravesaron 21 países y se les rompió el auto 320 veces.

La cruzada, llamada Trabant Trek, fue idea de John Lovejoy, un norteamericano de 27 años que se compró en Hungría un Trabis por 41 euros. Se sumaron otros 7 jóvenes, que partieron después de encontrar una causa solidaria: recaudar fondos para los niños de la calle en Camboya. La idea original era llegar a los 200.000 euros, pero la suma final apenas superó los 10.000. Pero los jóvenes la pasaron muy bien.

trabant.jpg

Trabant en alemán quiere decir satélite. El nombre fue elegido como homenaje al Sputnik que recientemente había sido lanzado al espacio. Entre 1957 y 1991 se fabricaron cerca de 4 millones de Trabis en la VEB Sachsenring que hace un tiempo fue comprada por otra compañía que considera que en el futuro podría fabricarse un nuevo Trabi, así como se hicieron el New Beettle o el Mini. Conservando el concepto pero adaptándolo a esta época, equipado con un motor BMW.

Al parecer, viajar en autos que son un símbolo, como el viaje en Renoleta de Ezequiel Fernández o el recorrido de María Victoria Repetto en una Land Cruiser por Africa, se está convirtiendo en una tendencia. Seguramente, en este mismo instante, debe haber alguien camino hacia alguna parte en Escarabajo.

 

Publicado por Carolina Reymúndez | 13 de enero de 2008

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De Argentina a México, en renoleta

Antes de este gran viaje, Ezequiel Luis Fernández apenas había salido de Argentina. Tiene 28 años y es ingeniero agrónomo. Antes de este gran viaje, tenía un buen trabajo, un buen sueldo y una vida previsible. Desde que salió de Coronel Suárez, su pueblo, todo cambia cada día.

Hoy, hace 9 meses que está recorriendo América del Sur y pretende llegar a México. Su propósito es unir Latinoamérica con un presupuesto modesto y en renoleta. También, el viaje es el empujón que le faltaba para escribir. “Siempre me gustaron las historias reales”, me contó desde Cartagena, donde está hace un mes esperando cruzar de alguna manera el famoso tapón del Darien, que lo ubicará en América Central.

No viaja con computadora, pero desde los cibers que encuentra en el camino va contando sus pasos y las historias que encuentra por ahí en su blog. A los que se cruza por el camino tal vez les vende un diario sobre su viaje, hecho por él.

¿Por qué eligió una renoleta de 1979 para tremenda travesía? El hombre tiene sus argumentos: “Porque es grande, porque es humilde, porque es distinto pero por sobre todas las cosas porque es una nave. La mecánica es sencilla, en cualquier país lo pueden arreglar. Los repuestos son baratos. Es de bajo perfil. No es atractivo para robar. Me permite reclinar los asientos y dormir adentro.”, cuenta Fernández. Desde que la arregló para viajar, la renoleta blanca lleva hechos 25.000.

Conseguir la renoleta no fue fácil. Tuvo que hacer 70 llamadas por teléfono, ver 35 autos y chequear cientas de páginas en Internet. Finalmente, lo encontró a cinco cuadras de su casa, en Coronel Suárez.

A orillas del Caribe y a punto de partir, Ezequiel trotamundos respondió algunas preguntas para armar su road story en Viajes Libres.

¿Cuál es la meta de tu viaje? Por ahí leí que conocer al chavo,
unir Latinoamérica, abrir la cabeza. ¿Hay otros motivos?
Si. El principal es desarrollar la escritura. Siempre me gustaron las historias reales. No se si vuelva a hacer algo con mi profesión. El viajar es un gran aprendizaje, como “desarrollar la escritura”. “Uniendo Latinoamérica” es un mensaje nomás, quizás sirva para aportar algo a este mundo egoísta. En México me gustaría armar una buena crónica de lo que fue el programa del Chavo. Veremos a cuántos protagonistas puedo entrevistar.

¿Ahorraste antes de viajar o trabajás durante el viaje?
Ahorré. Digamos que me patrocina “el antiguo Ezequiel”. Tenía un trabajo muy bueno en términos económicos. Creo que los ahorros me alcanzan para volver (creo y espero).

¿Cuál es tu presupuesto diario?
El mínimo. No tomo helados. No duermo en hoteles, a no ser que sean como los que me encontraba en Bolivia por 1,5 dolares diarios con estacionamiento. Si no, duermo en el R6, en un estacionamiento. O en la casa de alguien. En todo el año hasta ahora gasté 15 dolares diarios promedio. Incluye todo: comida, nafta, estacionamientos, entradas a parques nacionales, internet, etc.

¿La mejor anécdota del viaje?
Y, no hay otra: antes de cruzar a Bolivia un enjambre de abejas se metió en el auto. Luego de una brusca frenada salí corriendo por el costado de la ruta. Entre 30 y 40 aguijones pude contar en mi cuerpo. Me dijeron que me podrían haber matado. La única secuela es positiva: me dijeron que no voy a sufrir del reuma cuando sea viejito.

¿Podrías mencionar cinco lugares que consideres imperdibles de tu viaje? Sigue acá »

Publicado por Carolina Reymúndez | 23 de octubre de 2007

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