El Pink Corner de Barcelona
Desde hace algún tiempo, las direcciones de turismo de muchos países se dieron cuenta del negocio que representa el turismo homosexual, que gasta un 40% más que un turista común. Esto no es nuevo.
Una a una, las ciudades del mundo se van declarando gay friendly. A Buenos Aires le tocó el año pasado, al tiempo que se inauguró el Hotel Axel de San Telmo, que se sumó al que ya existía en Barcelona. La guía Gay Ba tiene cada vez más visitantes, y hasta existe una friendly card. Hoy se calcula que el turismo gay en la ciudad moviliza más de 300.000 visitantes que se traducen en unos 600 millones de dólares al año. Esto tampoco es nuevo.
El Pink Corner sí es nuevo. Aunque el nombre sea algo obvio, así se bautizó al sector gay del Salón Internacional de Turismo de Cataluña, que se está realizando por estos días en Barcelona. Es la primera vez el colectivo LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) está presente en una feria de turismo en la región, y además, representado por nada menos que 50 empresas.
El gran crecimiento del turismo LGBT en Barcelona ha logrado que la capital catalana ocupe el segundo lugar más visitado después de Amsterdam, aunque se espera que en unos meses durante los juegos Eurogames, que este año se celebran en Barcelona entre el 24 y 27 de julio, llegue a superarla.
El Pink Corner o Rincón Rosa tiene 1200 metros cuadrados, es más grande que el espacio que tuvo el turismo gay en la última feria de Berlín, y calculan que pasarán más de seis mil personas que pueden encontrar información práctica , como revistas y portalespara el mundo gay, y ideas para las próximas vacaciones.
La visivilidad facilita la integración, eso creen los coordinadores del Pink Corner. Mientras tanto, Barcelona pasa sus días de feria en feria, siempre con algún evento, siempre en la agenda del turismo mundial (del colectivo LGBT o del que sea).
Los gays son un buen partido turístico. Pertenecen a la buscada clase DINKS (dual income no kids o doble ingreso, sin hijos), que gasta alrededor de un 40 por ciento más que los turistas heterosexuales. De las ciudades europeas, 



