En nombre del turismo

misstourismqueen.jpgEl turismo es infinito. Dentro de algunas horas, se proclamará Miss Tourism Queen International 2007, la nueva reina del turismo del mundo.

Si existe una reina del mate y del salamí­n campero, era de esperar que una masa de 842 millones de personas desplazándose por el mundo tuviera su propia embajadora.
Este concurso nació en 1949 pero cambió de management hace apenas cuatro años y ya se ha convertido en uno de los principales certámenes de belleza, después de Miss Universo, Miss Mundo y Miss Tierra.

Se celebra en China, en la ciudad de Zengh Zhou. Lo fundó un tal Charlie See, un malayo de 98 años que vive en Hollywood y tiene el copyright de varios concursos de belleza. Según el experto en negocios, estos eventos “hacen del mundo un lugar más bonito”.
Este año compiten 108 mujeres, que en las últimas tres semanas duermen una media de cuatro horas y rebotan de un lado a otro de China mostrando sus atributos. Esto las ha puesto muy nerviosas.Cuentan los medios que cubren el evento que hay llantos en los ocho buses que ocupan las misses y la prensa, cien periodistas que las siguen a todas partes.

concurso.jpgParece que las latinoamericanas van en grupo. Dicen que bailan Macarena y que ni bien ven una cámara se matan por ponerse adelante. Parece que a Miss Chile la picó una araña en un parque y que Miss Grecia es la más alta del concurso, con 1,90 m.
Aparte de los chismes, una curiosidad: entre los 108 paí­ses participantes se encuentra Tokelau, un territorio de apenas tres islas y 125 islotes en el Pací­fico donde viven 1200 personas. Desde 2004 este paí­s está asociado libremente con Nueva Zelanda. Miss Tokelau contó que no hay aeropuerto ni shopping ni teatro. La única forma de llegar es por barco.
En un rato, se verá la gran final que según las estimaciones de los organizadores verá un billón y medio de personas en 35 países. En la gala de hoy, Miss Filipinas, la última Miss Tourism Queen International, entregará su corona a la nueva reina. Seguramente, también aquí­ habrá llantos. Para los que todaví­a creen que el turismo es pura risa.


El gusto de los Finisterre

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Hace unos díaas, mientras hací­a una torsión imposible en mi clase de yoga pensé en la atracción que provocan los extremos geográficos: el punto más meridional, el extremo oriente, el más occidental, el último norte.

Saber que uno está en el último lugar de algún lado genera una sensación de bienestar. De haber alcanzado una meta. Como una metáfora del fin. O del comienzo. Por eso, son tan pedidas las fotos tocando el cartel indicador. Para mostar que estuvimos ahí­. Para reafirmar que llegamos. Este bienestar es distinto al de escalar un ochomil. No tiene que ver con un esfuerzo fí­sico. No importa si uno llega en auto, como al final de la Ruta Nacional 3, en medio del Parque Nacional Tierra del Fuego. Lo importante es saber que después de ese pedazo de tierra, no hay nada. Con otras certezas, claro, pero algo en sintonía con esas antiguas creencias, cuando faltaba para los descubrimientos y nadie sabí­a qué habí­a más allá de Finisterre.

Muchos de estos extremos tienen un faro, que serví­a en tiempos sin GPS para orientar a los navegantes. Hoy todaví­a funcionan pero antes que nada son una atracción turística.

Brasil tiene el punto más oriental de América. Se llama Ponta do Seixas y queda en Joao Pessoa, estado de Paraiba. En Sudáfrica, el Cabo de Buena Esperanza, es el punto más sudoeste del contintente africano; En Estados Unidos, Key West; Point Udall; Point Barrow y más.

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En Galicia, el Cabo Fisterra (el fin de la tierra, en gallego), es uno de los fines del mundo más famosos, aunque Cabo da Roca, en Portugal, sea el extremo más occidental de Europa. Tal vez tuvieron algo que ver las historias de piratas, los naufragios en esa costa terrible, llamada la Costa de la Muerte. O que muchos consideran a Finisterre el fin del Camino de Santiago.

En Argentina, el Fin del Mundo, en Ushuaia, es el mejor ejemplo, que además se vende muy bien. Hasta es posible sellar el pasaporte -gratis- en la Oficina de Turismo de Ushuaia. Gran parte de los extranjeros que visita Argentina incluye en su itinerario un viaje a Ushuaia.

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El último punto del subcontinente indio es el cabo Kanyakumari, en el Estado de Tamil Nadu. Hace varios años, en un viaje por la India desvié especialmente el recorrido para llegar hasta allá­. No me importó el ferry moribundo ni las olas bravas. Quería ver ese final. Cuando llegué, claro, encontré más “obligaciones turísticas”. Habí­a un templo dedicado a la diosa Parvati, otro para Vivekananda, un religioso y reformador social indio, el Memorial de Gandhi, donde se guardan parte de sus cenizas, un mirador y, como casi siempre en la India, mucha gente. Igual, antes o después de las fotos y las visitas, la mayoríaencontraba un lugar y se olvidaba por un buen rato su mirada en el horizonte, más allá del fin de la tierra.

¿Por qué nos atraen los extremos geográficos?


Baby moon, el último viaje solos

babymoon.jpgEntre las amigas y conocidas y conocidas de conocidas me rodea casi una docena de embarazadas. Una de ellas está viviendo en México DF y recién llega de su baby moon, una nueva tendencia en viajes importada directo desde Estados Unidos, pero que ya anidó en cierto sector aspiracional mexicano.

Inspirado en la dulce honey moon, el baby moon es el último viaje de la pareja antes de tener a su esperado bebé. En Europa hace un año que se habla de este tipo de viajes, pero a América Latina apenas está llegando la moda. Se suele hacer en el segundo trimestre, a los cinco o seis meses de embarazo. A diferencia de los europeos, los latinoamericanos incluyen un tour de shopping violento y después sí, masajes y relax en un buen hotel.

Según el tiempo disponible se elige el lugar. Desde México, el hot spot es San Antonio, en Texas. Una ciudad ordenada, limpia, llena de autopistas y buena señalización. Igual a lo que se ve en la página de Internet. No hay imprevistos. Todo suele funcionar tal cual ha sido planificado.

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La pareja llega, se alquila un auto en el aeropuerto y viaja a dos outlets gigantes que están a 45 minutos. Ahí­ encuentra marcas tipo Carters, Old navy, GAP, Gymboree, Nautica, Osh Kosh, Disney Store, Toys R Us y Target. Y se compra compra compra hasta tarde. Después, un buen hotel, una rica comida. A veces, hasta masajes prenatales.

Si la pareja tiene más tiempo y no necesita el tour de compras, hay viajes a hoteles cinco estrellas de Europa y resorts de lujo en Jamaica y hasta islas privadas del Caribe. O escapadas inspiradas en yoga. Hasta sitios en Internet donde organizar el viaje. En este, por ejemplo, Para los indecisos, quizás lo mejor sea consultar a los baby gurus, expertos que preparan románticos viajes a medida.

Unas vacaciones previas a los llantos nocturnos y los meses de ojeras sin arreglo. No suena mal, ¿no?


¿Geriátrico España?

germans1.jpgCuando hace algunos años viajé por el sur de España, más precisamente Marbella, Benidorm, Puerto Banús lo vi con mis propios ojos: la costa del sol y el buen vivir español estaban atravesados por ancianos altos y rubios; alemanes, ingleses y otros europeos del Norte, con dinero pero sin sol.

Muchos se habían comprado una casa en España, para jubilarse mirando al mar y tomar todo el sol que no tomaron en sus vidas de clima lluvioso y gris. Tanto se da este tipo de turismo de la tercera edad que hasta se consiguen enfermeras inglesas y alemanas sin problemas.

Eso fue hace algunos años, hoy se ha incrementado y hasta radicalizado la tendencia. La costa mediterránea de España concentra el 44% de la población y el 42% del PIB. Sólo en las provincias costeras del Mediterráneo viven 17 millones de personas y según previsiones estadísticas vivirán 21 millones en 2020. La costa meditetrránea española crece -en infraestructura y población- a la velocidad de Shangai, Rí­o de Janeiro o Tokio.

Ellos, los cientos de viejos que siguen la ruta del sol están cambiando la fisonomía y población del sur de Europa. Hace un par de días terminó el último Simposio sobre Turismo XXL, organizado por la asociación Intelligent Coast, un centro de investigación sobre la costa y el turismo que tiene como meta proyectar “costas cualitativas”, en oposición a las costas masivas de hoy. En el simposio, celebrado en Barcelona, se reunieron economistas, empresarios, sociólogos, ecólogos y arquitectos para debatir el modelo de turismo que existe y el deseado.

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En el marco del simposio conversaron el novelista Michel Houellebecq (La posibilidad de una Isla, Lanzarote, Plataforma) y el reconocido arquitecto holandés Rem Koolhaas. El diario El Paí­s reprodujo ayer el interesante encuentro de ideas entre ambos, que versó sobre las formas y tendencias del ocio en España y en el mundo.

Como buen pesimista ácido, Houellebecq se despachó con algunos párrafos amargos sobre el futuro turístico de España, el segundo país más visitado del mundo. Y dijo:

“Ibiza quedará, porque Ibiza es la fiesta y el sexo, y eso siempre atraerá a las masas; pero el turismo de alta gama encuentra y encontrará más estímulos en escenarios diferentes, como, por ejemplo, Italia y Croacia. Creo que la única oportunidad que tiene España para mantener ese gran negocio del turismo son los jubilados, que son sensibles a las condiciones de seguridad. En España hay un excelente servicio de salud. Eso es fundamental para este objetivo. Hospitales estupendos, buenos doctores. Hablo de un turismo de extranjeros de avanzada edad que compran apartamentos para venirse a morir aquí­. En los cincuenta, España fue pionera en la industria del turismo. En aquellos años los vuelos de avión no eran accesibles a todos, de manera que las primeras masas turí­sticas vení­an a España en coche. Pero como ahora los vuelos en avión son baratos, las nuevas masas se desplazarán a territorios nuevos, más lejanos, con la misma facilidad. Pienso, por ejemplo, en Liberia, donde el clima es mas cálido, es mejor…”

Al cálido y soleado turismo español, ¿se le viene la vejez?


Austin bizarra

austin.jpgAustin es la capital del estado de Texas, el mismo que parió a George Bush y que lleva más de 300 penas de muerte ejecutadas en los últimos 30 años. Curiosamente, la modalidad turística con que se promociona esta ciudad universitaria es el turismo bizarro y hasta liberal.

Esto me lo contaron dos residentes en Austin, el escritor y periodista peruano Paul Alonso, que estuvo de paso por Buenos Aires con su flamante novela, El primer invierno de Diana Frenzy, bajo el brazo, y su novia, Solange Muñoz, que estudia la inmigración peruana en Argentina.
Hace varios años que viven y hacen sus doctorados en la Universidad de Texas, Austin, una ciudad aparentemente amable, verde, donde se va al trabajo en bicicleta entre hippies arrugados de los 60 y un caminante estilo Forrest Gump, pero más viejo y tal vez más loco.austinbat.gif
Hasta ahora, excentricidades tí­picas de varias ciudades del mundo. Pero la que sigue, destacada por esta pareja peruano-estadounidense sí­ que es una rareza. Parece que la actividad turí­stica más vendedora de Austin es el tour de los murciélagos del atardecer.

Cada abril llegan más de un millón y medio de murciélagos mexicanos al Puente de la Avenida Congress, a diez cuadras del Capitolio, y se quedan hasta noviembre. Otro tipo de inmigrantes, claro, que no necesita visa y está apoyado como es debido por la Asociación Internacional de Conservación de Murciélagos.

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Todas las tardes, estos mamí­feros que pueden vivir ¡30 años! salen desde su guarida de abajo del puente a buscar comida -de hecho se comen la mayorí­a de los insectos de la ciudad- en bandadas gigantes, negras y espiraladas. Hay dos maneras de verlos: gratis y desde el Congress Bridge (como en la foto), o en un tour de 8 dólares por el río Colorado. Este mes y el próximo son los mejores para sumarse a este raro atractivo (en octubre migran a México).

Cuando todaví­a no habí­a murciélagos, Borges y su madre, Leonor Acevedo, caminaron por Austin y en un artículo de hace algunos años, Tomás Eloy Martí­nez compará la ciudad texana con Argentina.
Cuando Borges visitó Austin tampoco se celebraba el cumpleaños del burro triste de Winnie The Pooh, pero faltaba poco. Otra rareza de Austin: desde hace 44 años se festeja el aniversario de Eeyeore.

La tradición musical, en cambio, ya existí­a cuando el escritor estuvo en Austin, en 1961. Hoy, la ciudad tiene el tí­tulo de Capital Internacional de la Música en Vivo, con más de 150 escenarios. Uno de ellos es Zilker Park, donde entre el 14 y el 16 de septiembre próximo se festejar  una nueva edición del Festival Musical Austin City Limits, con la participación de Aterciopelados, Bjork, The White Stripes, Ziggy Marley, Bob Dylan & His Band, entre otras 130 bandas (entradas desde 80 dólares).

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Pero atención, antes del musical está el Batfest o Festival de los Murciélagos, los próximos 1 y 2 de septiembre. Ahí­ también habrá bandas en vivo, hippies vendiendo artesaní­as y cientos de batman. Además de todas estas rarezas, Austin tiene algo que cada dí­a es más común: ¡7 Maravillas!


Siguen las maravillas…

ig10.JPGIgual que los productores de El Hombre Araña o Shreck quisieron una segunda parte y una tercera, después del éxito -y los millones- de la primera, Bernard Weber y los ejecutivos de New 7 Wonders, también van por más. Posiblemente recuerden su nombre porque salió en todos los medios, primero como curiosidad, después como polémica, al final con los resultados. Este afortunado suizo fue el responsable de la última elección de las Siete Nuevas Maravillas del Mundo.

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Viajes Libres apenas comenzaba y siguiendo su idea lanzó una votación de las 7 Maravillas Naturales de Argentina, que se elegirán el próximo 31 de diciembre. ¿Y qué pasa ahora? A menos de un mes de la elección, Weber ya lanzó la próxima, también vía Internet o por teléfono. El 08-08-08 se elegirán las 7 Maravillas Naturales del Mundo. Por ahora se puede votar para elegir los candidatos, uno de los ejemplos válidos es mitad argentino, las Cataratas del Iguazú. El Perito Moreno no fue puesto como ejemplo, pero según el criterio de selección, también pueden ser una maravilla mundial. ¡A votar!


El consuelo de los zoológicos

desubicados1.jpgEn Buenos Aires, el dí­a está nublado y plomizo. Es uno de esos sábados grises y fríos que muchos usan para leer o ir al cine. Otros, como la escritora Marí­a Sonia Cristoff quizás se sentarán en un banco del zoológico. A buscar consuelo en el encierro ajeno. “No por el efecto de la contemplación, por cierto, más bien por el de la identificación”, escribe Cristoff, en su libro Desubicados, que apareció hace algunos meses en la colección In Situ de la Editorial Sudamericana.

Para Cristoff, los zoológicos son el lugar adonde escapar de la tristeza infinita. Son “el antí­doto contra la resaca existencial”. Desubicados retrata puntos de encuentro entre la vida de las personas extranjeras en las ciudades y la de los animales de zoológico. El libro tiene historias, sentido del humor, recuerdos y viajes, apuntes sobre incomunicación y desamparo. Cuenta sobre distintos zoológicos argentinos y también sobre animales famosos en el mundo, como el león de Daktari y el mono Cholmondeley, un chimpancé que se escapó del zoo de Londres en 1951 y se tomó un colectivo. Un chimpancé que además, tomaba té y fumaba.

“Me despierto en uno de los bancos del zoológico. El que tengo más cerca es el de Buenos Aires: siempre vengo acá cuando veo que todo se desencaja y que no hay quien lo entienda. Los seres humanos me parecen remotos incomprensibles.” (…) “Me acurruco en un lugar entre las jaulas, como un bicho más, y mi ánimo se apacigua. Lo descubrí­ hace unos años, varios, a la salida de un teatro”.

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“Me desperezo y camino hasta el sector de los hipopótamos. (…) Durante el dos mil cinco, parece, murió el noventa y cinco por ciento de los hipopótamos que habitaban el Congo. La sola idea de que los hipopótamos desaparezcan del planeta me produce una oleada de vértigo; me pregunto cómo haría ahora para soportar mi propia vulnerabilidad y también la de ellos.” (…) “Uno de los hipopótamos me mira con una media sonrisa de esas que se les generan en las comisuras, como si se estuvieran riendo de un chiste privado. Lo que daría por estar ahí­, flotando entre aguas barrosas, con la mandí­bula apoyada en esos lomos tibios, riéndome de algún chiste privado. (…) Un hipopótamo que hay en otra pileta contigua, que vaya a saber por qué cosa no participa del trío, abre las fauces y queda así­, boca al sol durante un buen rato. Aunque dicen “Darwin dice- que el gesto puede entenderse como una amenaza, a mí­ me contagia el bostezo.”

En Buenos Aires el dí­a se está apagando, y sospecho que en el zoológico debe haber más de uno acurrucado en los bancos buscando consuelo, mientras los niños de vacaciones gritan felices porque descubrieron la altura de la jirafa.

¿Visitás zoológicos cuando viajás?


Noticias de Guinea Ecuatorial

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Cuesta tener noticias de algunos países. Más si son africanos, pobres y pequeños. Las noticias suelen ser tragedias. O una nueva top model que triunfó en París. O un dictador más que se eterniza en el poder.

Este apunte es sobre Guinea Ecuatorial, un paí­s pequeño y pobre del este de Africa, que se llama así porque está ubicado casi sobre la lí­nea del Ecuador. Tiene una parte continental que limita con Camerún y Gabón, y algunas islitas justo enfrente. 

La isla tiene clima tropical y agua tibia. También tiene once especies de monos y cinco de ellas están en peligro de extinción. Las playas son de esas soñadas pero con acceso difí­cil, por eso la gente prefiere las céntricas. La capital de Bioko es Malabo, y para llegar muchas veces toca cruzar el Sahara en avión. Son unas tres horas seguidas de sonoridad y silencio amarillo.

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Guinea Ecuatorial fue colonia española hasta 1968. Aunque la isla de Bioko ya no se llama Fernando Poo, y Santa Isabel cambió su nombre por Malabo, el español todaví­a es el idioma oficial y la mayorí­a de los habitantes es católica. Aquí­ se pueden ver fotos antiguas de la gente y de la isla. La moneda es el franco CFA y si bien no es caro, ser blanco significa pagar más para todo.
El paí­s tiene 800.000 habitantes y muchos pueblos y culturas, entre ellos los pigmeos. Los dialectos más hablados con fang y bubi y los peores males, las enfermedades tropicales, como malaria y las infecciosas, como HIV. sufren la desgracia de vivir una complicada y corrupta situación institucional. Pero de eso no se habla. Tampoco se habla demasiado de que el país tiene gran cantidad de petróleo, que se descubrió hace poco, y posiblemente es para unos pocos.

El turismo es raro, pero existe y algunos viajeros  llegan hasta allí­. Hay pocos hotelesrestaurantes. Para viajar, claro, se necesita un visado especial que se puede conseguir en alguna de las embajadas que el país tiene en España, Sudáfrica o Brasil. Los vuelos a Guinea parten de España, Italia, Suiza y otros países europeos.

Uno de los sitios más lindos para conocer, es el Monte Camerún (el de la foto), un volcán activo de 4000 metros que rara vez se ve por la niebla del polvo amatlán, que llega del Sahara e incomoda terriblemente la vista.

Al Pico Basile se accede en camioneta 4×4. Está a unos 10 kilómetros de la capital y las vistas de allí llegan hasta Nigeria y Camerún, con varios volcanes incluidos.
A 76 kilómetros de Malabo está el Valle de Moka en medio de un bosque nublado, fresco y sin mosquitos. Un bosque con dos lagos y lleno de secretos ecológicos que ya están explotados turí­sticamente desde Estados Unidos, en los clasicos programas de study abroad.
Y también está Malabo, la capital de la isla, con sus letreros en español y sus iglesias y construcciones hispanas plantadas en plena tropicalia y con la misma decadencia suave de la Indochina francesa.

La gente es cálida, fanática del fútbol, y bailan y sienten la música como si no existiera nada ni nadie alrededor.

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Monstruos devoradores de energí­a

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Ese título lleva la muestra de 54 “neveras” cubanas de los años 50 intervenidas cada una por un artista, que se pueden ver en el Grand Palais de Parí­s hasta el 3 de agosto.
Para guardar la comida y enfriar la cerveza, la heladera ha cumplido un papel importante en el dí­a a dí­a de esta isla tropical. Las “neveras” tipo Siam que se exponen tienen la nostalgia de los años 50 y la fuerza del arte que llevan puesto.

Hay un refigerador confesionario, uno automóvil y otro casa (con tv adentro y todo). Hay uno acuchillado de pies a cabeza por remos de madera, uno que es una mujer fuente y otro convertido en ataúd por el actor Jorge Perugorrí­a.
La muestra Monstruos devoradores de energí­a se estrenó el año pasado en la Bienal de La Habana, pasó por Madrid y ahora está en Parí­s. Después, viajará a Nueva York y a Seúl.


Tragedias anunciadas

6925071.jpgNo hay sobrevivientes del accidente aéreo de Brasil. La caja negra está siendo analizada en Estados Unidos y Lula ordenó investigar la pista de aterrizaje, que ahora es la pista de la polémica. Como hace dos meses los radares en Argentina. En la radio, en las calles, con la misma frescura que se habla del clima o de las noticias del día, la gente comentaba sobre los radares. No, no tenemos radar. Al final, ¿hay radar hoy? ¿Pero cómo que vas de viaje si no hay radar en Ezeiza? El mal tiempo sumado a la falta de radar significan cinco, seis, ocho horas de sala de espera. Eso si no hay asamblea de pilotos o huelga de auxiliares de pista. Recién hoy se anunció que el radar que habí­a roto un rayo en marzo último fue reparado.

Cada vez que tengo que salir de viaje, una amiga que vive afuera me pregunta por qué no cambio de profesión. Ella como muchas personas sufre de pánico a volar. Su caso es grave porque vive en una isla, y la forma más frecuente de salir es vía aérea. Pero eso será otro post.

Lo cierto es que las tragedias frecuentes y seguramente evitables no ayudan a esa gente. Por más que haga cursos, compre libros o se tome una pastilla antes de abordar, el pánico está ahí­. Y con cada accidente ese pánico tiene más asidero. Me imagino que después de cada desastre aéreo como el de hoy se apuntarían más a los cursos que imparten asociaciones del estilo Poder Volar.

Un dí­a antes del accidente de Brasil, había derrapado un avión en la misma pista. Hoy, un dí­a después de la tragedia, no hay sobrevivientes. Ya conquistó el tí­tulo del peor accidente aéreo de América Latina. Hasta el próximo, que puede ser peor. Mientras tanto, cada vez que ingresamos a un avión casi nos desvisten en la máquina de rayos. El celular, el cinturón, las botas, se pasan tantos controles en nombre del terrorismo, y sin embargo el avión se despista y pierde el control y se estrella contra un depósito de combustible. Me pregunto si la falta de control de la pista, del radar, de lo que haga falta no es también una forma de terrorismo.




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