La tarde de Caspar David Friedrich

Fue hace quince días, una tarde de luz irresistible. Más temprano había llovido bastante y seguía la humedad. Salí a caminar, caminé y caminé. No quería dar la vuelta. Volver era darle la espalda a esa luz.

No había nadie en la playa. Hasta que apareció uno. Uno rubio, a simple vista, forastero. Nos pusimos a conversar, y juntos fue menos triste darse vuelta. Volvimos.

Caminamos descalzos por la arena dura. Casi a oscuras, el rubio -que resultó ser húngaro- abrió una ventana a otras luces.

Me preguntó: ¿Conoces a Caspar David Friedrich ? Contó que era un pintor alemán del movimiento romántico, y que muchos de sus cuadros tenían la misma luz que estábamos viendo. ¿Sería un atardecer repetido?

La luz de Friedich es una luz excitada, por momentos parece enferma. En este cuadro se contempla la salida de la luna. Una luna que podría llegar del infierno.

Tenía razón Peter, el húngaro. El atardecer que compartimos se parecía demasiado a los de Friedrich. Con los días llegué a pensar que él estuvo entre nosotros. En luz y espíritu.


Vagabundas

Estudio básico preliminar del comportamiento nómade, sin atender al género

1. Por qué. La pobreza, el hambre, la codicia, los problemas judiciales, las desavenencias conyugales, la curiosidad insasiable o el incorformismo atroz encienden los motivos de la huida.
Sin embargo, lo circunstancial es una mera excusa.
Habría que considerar el factor genético. El nomadismo sería hereditario. O contagioso.

2. Quiénes. Los primeros exploradores, conquistadores o cruzados fueron principalmente traficantes, aristócratas, hidalgos, criminales, rufianes y bribones. De ese material humano excrable descendemos. La suma de carroñas foráneas dio como resultado esta humanidad, aparentemente seria y responsable. Sin embargo, varios siglos después se ha invertido el asunto. El sujeto que parte pertenece a otra especie: un desacomodado económica, espiritual o políticamente. Un buscador de cielos, un fanático de lo imposible. Los rufianes operan sin moverse de su condominio.

3. Cómo. En la Antigüedad se viajaba tan lentamente que la gente con tendencia al descanso y el confort desistía y desconocía el mundo. El conocimiento es agotador. Los que sí atravesaban el océano en precarios cascarones confiaban en obtener fortuna. A cambio, padecían infecciones, olían a pis, tenían liendres, tifus, peste y sufrían accidentes de todo tipo: por herida cortante, naufragio, traición, caída, hurto del compañero o asalto del pirata de turno. Con el advenimiento del progreso, los traslados se hicieron más tibios, en aparatos desodorizados. En la actualidad, hay un ejército de serviciales mucamos que hacen cómodo el periplo, a un costo razonable. El viajero ha perdido independencia en el trayecto. Es un condenado al tour, a la visita guiada, a la memoria acotada de estudiante de turismo. El viajero es castigado al recorte histórico y a la generalidad vana.

4. Progresión. Tras los vándalos transpirados y sin escrúpulos, llegaban los colonos y sus mujeres. Los primeros saqueaban y los segundos comerciaban lo saqueado. Ellos pasaban el trapo. Así crecieron las naciones. Las industrias más desarrolladas durante el siglo XX han sido la armamentística y la desinfectante. Un muerto requiere mucha higiene. La sangre deja huellas.

5. Salvedad. Las viajeras de mi interés son las que parten sin razón. Su disfrute es el viaje en sí. Tienen un individualismo muy superior al de sus pares varones. No van en grupo. No esperan elevar su status, sino perderlo. Viajar para ellas es sinónimo de liberación, siginifica desprenderse del destino de pastoreo para el que han sido criadas. Las viajeras son ovejas descarriadas, incluso antes de hacer la valija.

Vagabundas, Fernanda García Lao, Editorial El Ateneo.


El pez que sonreía

¡Jimmy Liao animado!


Peleas en viaje

Las vacaciones en pareja podrían ser una modalidad más del turismo aventura, o incluso, de riesgo. En esta época en que se comparte más tiempo –con la pareja o los amigos– surgen momentos inolvidables, por bellos o por infernales . Lo avalan especialistas y los medios dan consejos sobre cómo sobrevivir en nuevos contextos y rutinas. A continuación, algunas anécdotas. De otros, claro.
Recuerdo el cuento del Cif. Almorzaba con una pareja de amigos que había viajado por varios lugares de la Patagonia, entre ellos Villa Pehuenia. Como estaba preparando una nota sobre ese lugar les pregunté cómo lo recordaban, qué les había llamado la atención del pueblito neuquino a orillas del lago Aluminé. Me imaginé que me contarían de los bosques de pehuenes, de los mapuches, del volcán Batea Mahuida. Pero no. Se miraron y después de soltar una carcajada, respondieron a coro: “el Cif”.

–¿El Cif?

Sí, se referían a un producto de limpieza para baños. Lo que más recordaban de Villa Pehuenia era una pelea, que con el tiempo tuvo nombre propio: el Cif.
Entonces el lugar, sea Villa Pehuenia, París o las Islas Caimán, corre el riesgo de opacarse por el velo de un mal recuerdo que no está producido por un robo, un accidente o un clima hostil sino por una pelea.
Una pelea en viaje logra que la mirada se malhumore y vacíe de sentido de lo que tiene ante sus ojos. No importa si es un lago increíble que por las mañanas se cubre de una bruma mística. No interesa si es playa o selva o una ciudad o un pueblo o un desierto o un volcán. El lugar puede ocupar el primer puesto en la lista de las Siete Maravillas, pero una pelea es capaz de destrozarlo en segundos. Con la fuerza de un huracán. Después, el recuerdo es un mal recuerdo.
Podría desaconsejar las peleas en viaje, pero sería una actitud descarada. Tal vez, recomendar una revancha. No de la pelea, claro, de la visita. Aunque quizás lo mejor sea abandonar la autoayuda y contar qué pasó con el Cif.
Resulta que después de pasar unos días en casa de unos amigos en San Martín de Los Andes, antes de partir, ella le pidió a él que por favor limpiara la bañadera con Cif porque después de ellos llegaban otros invitados a la casa. Mientras tanto, ella cambiaría a los chicos, haría los bolsos, prepararía el picnic. Pero él se quedó charlando y se olvidó completamente de la bañadera y del Cif. Ya estaban en la ruta hacia Villa Pehuenia cuando ella le preguntó si había pasado el Cif a la bañadera.

–¡Cómo que no la limpiaste!
–¿Y por qué no la limpiaste vos?

Entraron a Villa Pehuenia peleados. La discusión, como muchas, fue tonta pero una vez armada rodó descontrolada por las calles de tierra del pueblo andino. Y no hubo trucha a la manteca ni trekking ni balcón con vista al lago que pudiera detenerla.
Hoy, cuando mis amigos quieren ver en su cabeza la diapositiva de Villa Pehuenia no pueden enfocar. Intentan recordar pero enseguida aparece el Cif, parado entre los pehuenes y el Lago Aluminé como un gnomo maldito.
Los viajes pueden servir para descansar y tomar sol, pero también para separarse definitivamente. Mi prima suele recordar que ella decidió terminar con su novio en el Musée d’ Orsay, frente a un cuadro de Toulouse Lautrec que se llama Le lit (La cama) que muestra a una pareja que duerme amorosamente. “Puede sonar glamoroso, pero no lo fue: en esos momentos la mejor ciudad o el paraíso natural más bello pueden convertirse en el peor lugar del mundo”, dijo.

A veces, las peleas se superan, como en el caso del Cif. Otras, son irreconciliables. Unos años atrás mi amigo Enrico, su novia de ese momento, Leticia, y otro amigo decidieron recorrer Grecia. Antes de partir, el otro amigo anunció que se sumaría una amiga alemana. Y se fueron los cuatro en un auto alquilado. Enseguida, comenzaron los roces con la amiga alemana. Pero cuáles eran los problemas, le pregunté. Entonces contó que era ese tipo de persona que se queja de todo, que nada le viene bien. Lo peor, comentó, era cuando había que dividir las cuentas. Ella quería pagar solo lo que había comido, no colaboraba con la propina, medía todo. “Me acuerdo que los vendedores griegos eran insistentes y ella, en lugar de tomarlos con humor o paciencia, se enojaba y transformaba todo en una discusión”.
Habían pasado menos de diez días de viaje cuando los tres viajeros originales le comunicaron que no querían seguir viajando con ella. Ella lo aceptó sin problemas básicamente porque tampoco quería seguir viajando con ellos. Bajó sus valijas del auto y siguió sola su recorrido por Grecia. Ellos también.

Días más tarde, los tres amigos avanzaban por una ruta de montaña del norte del país que une los monasterios de Meteora cuando advirtieron que alguien hacía dedo.
Como tenían un lugar bajaron la velocidad. Estaban a punto de detenerse cuando advirtieron que la persona que estaba a la vera de la ruta era nada menos que ¡la alemana! “Entonces, en lugar de frenar, pisamos el acelerador sin mirar atrás y sin culpa”. Ella los insultó a la distancia.

A todo esto, el paisaje mitológico de bosques, monasterios y peñascos altísimos, se desplegaba con fuerza sagrada. Pero seguramente ellos no lo vieron.

Esta columna fue publicada en el diario La Tercera, de Chile.


El sueño de Dsuang Dszi

Hace dos mil años Dsuang Dszi,
el maestro, me mostró una mariposa.
-En mi sueño- dijo- era esta mariposa
y ahora estoy algo confuso.

-Una mariposa- siguió-, sí, era una mariposa,
la mariposa bailaba alegre al sol,
sin sospechar que era Dsuang Dszi…
Me desperté … y ahora ya no sé,

ahora no sé -continuó pensativo-
cuál es la verdad, cuál puede ser:
si Dsuang Dszi soñó a la mariposa
o la mariposa me soñó a mí-

Yo bién que me reí: -¡No bromees, Dsuan Dszi!
¿Quién puedes ser? Eres tú: Dsuang Dszi. ¡Claro que eres tú!-
Sonrió: -¡La mariposa de mi sueño
veía igual de clara su verdad!-

Sonrió, me encogí de hombros. Luego
algo me hizo estremecer,
llevo dos mil años pensando desde entonces,
pero estoy cada vez más indeciso

ahora ya creo que la verdad no existe,
que todo es imagen y poesía
que Dsuand Dszi sueña a la mariposa,
la mariposa a él y yo a los tres.

Lörinc Szabó (1900-1957)

Conocí a este poeta húngaro por Peter Nemeth, otro húngaro. Me habló de él en el puerto, unos segundos antes de que una mariposa amarilla pasara volando entre nosotros.


El Amazonas verde – brócoli

Un amigo compartió en Facebook una nota sobre Herzog con datos para ver online varias de sus películas. Es un director que me gusta mucho, así que leí los nombres de las películas y me detuve en un documental que vi hace un tiempo: Alas de Esperanza (1998).

Hice clic en el enlace y unos segundos más tarde estaba en el Amazonas, con Werner Herzog y Juliane Koepcke, la única sobreviviente de un accidente aéreo en el que murieron 92 personas ocurrido el 24 de diciembre de 1971.

Víspera de Navidad y el aeropuerto de Lima era un loquero. Muchísimas personas querían viajar en el vuelo 508 de Lansa Líneas Aéreas. En esa época, Herzog filmaba Aguirre, la ira de dios y estuvo por abordar ese avión. Finalmente, él no viajó, pero Juliane sí. El destino era Pucallpa donde la joven de diecisiete años pasaría las fiestas con el padre, que trabajaba como biólogo en medio de la selva. Juliane viajaba con su madre, que murió al lado de ella.

En el documental, Herzog revive ese día fatal con Juliane que no había vuelto a esa selva. Se sientan en la misma fila, la número 19, y ahí ella relata los últimos minutos hasta que el avión cayó a pique y ella perdió el conocimiento. Lo cuenta con claridad y contenida por su marido que está a su lado y le toma la mano. En un momento dice que la última imagen que vio fue la selva que estaba abajo de ella, “verde profundo, como una créma de brócoli”. Me pareció buenísima la imagen y cómo tuvo tiempo mental para la poesía cuando estaba pasando por el mismo cielo que le había robado a su madre.

Esta vez, el avión de Aeroperú aterrizó sin contratiempos. Juliane, que es zoóloga especializada en murciélagos, Herzog y su equipo ingresaron en el Amazonas con machetes para buscar el avión que nunca se había encontrado. Entre mosquitos, vívoras y calor encontraron partes del avión, ropa, bandejas, el taco de un zapato, monedas que ya no circulan. Y una historia de supervivencia alucinante, de una adolescente perdida en la selva durante nueve días.

Dan ganas de verla, ¿no? En el link está en inglés, pero seguro que se consigue subtitulada.




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