El poder del chile habanero

Eloir S. está sentado bajo una palmera de espaldas al mar, en Playa Lancheros, Isla Mujeres.

Eligió ese lugar en la mesa: la punta, la sombra, el frasco de chile habanero al alcance de la mano. Es tan fanático este cuate, mexicano 100%, que prefiere estar cerca del chile que mirar el mar.

El chile habanero es cosa seria. Pica con dolor. Pica hasta las lágrimas. Pica tanto que hiere, como esta canción de José Alfredo Jiménez.

El habanero pertenece a la raza más picosa de los chiles: Caspicum chinense. Es pequeño, verde y medio anaranjado cuando madura. Es un arma letal, me extraña que Daniel Craig no la haya incorporado a su arsenal.

Se cultiva en varias regiones, como Baja California del Sur, San Luis Potosí, Chiapas, Veracruz y sobre todo en Yucatán, donde desde 2009 tiene denominación de origen: Chile habanero de la provincia de Yucatán. Después de un tiempo en México es superlógico que un chile tenga DOC. Los mexicanos son capaces de pasarse horas hablando de este chile y de aquél, pueden llegar a sentirse de verdad molestos si, por ejemplo, los tacos de cabeza de res no vienen con salsa de chile pasilla.

La conversación fluía y cuando miré el vasito donde estaba la salsa de habanero, no quedaba nada. Y todavía no había llegado el plato principal. Eloir S. se había bajado toda la salsa de habanero con el ceviche y los totopos de entrada. Lo miré y sudaba a pesar de estar a la sombra. Gruesas gotas le atravesaban la frente, los cachetes, los labios. No hablaba, no podía hablar, creo. Desde mi silla del otro lado de la mesa parecía que había entrado a otra dimensión.

Me pregunto qué salsa sería. Quizás Xin pec, que quiere decir “nariz mojada de perro” por el flujo nasal que produce. Nos traen el plato fuerte, la comida típica de Isla Mujeres: pescado Tikin Xic, un huachinango asado bien especiado. Veo que Eloir S. se reactiva, enfoca la mirada en el camarero, le habla: “Oiga, joven, nos trae más habanero”.

Por año se cosechan más de 1500 toneladas de las cuales se exporta poco, si pudieran no exportarían nada. Eloir S. no es el único que goza con este chile del demonio. Muchos compatriotas colgarían los guantes en esta vida sin una salsa de habanero en la heladera.

Desde que es DOC, los europeos están muy interesados, y ahora mismo se estan creando variedades menos picosas para adaptarlas a paladares

En su reciente visita al país azteca, el papa “huyó” de la comida mexicana y del picante, los médicos se lo aconsejaron. Ahora mismo, se están creando variedades de habanero menos picosas para los europeos. A Eloir S. no le importa nada de esto. Se acaba de bajar otro vaso de salsa de habanero y una vez más, está ahí de espaldas al mar aunque no está. Alguien le pregunta si le gustó el pescado y no responde. Parece que sufre, y quizás un poco sufre, pero le gusta.

Me dicen que se enchiló, que ya se le va a pasar. Enchilarse transitar un éxtasis de chile. Leo por ahí que si te enchilás mucho el cerebro manda tantas endorfinas para aliviar el dolor que no solo se te va el dolor de la boca, también el del alma. Hola Eloir, ¿te sentís bien? ¿dónde estás? ¿Eloir, me escuchás? Dale, vení que en un rato vuelve el barco a Cancún.

Publicado por Carolina Reymúndez | 31 de marzo de 2012

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