Llegar de casualidad

Cada tanto me escribe gente diciendo que llegó de casualidad a Viajes Libres.  Creo que una de las maravillas de Internet es justamente llegar de casualidad a un sitio. Buscar información sobre una playa en Tailandia y terminar del otro lado del mundo, leyendo impresiones sobre cómo es viajar sola en el norte de Argentina. Como si Internet nos recordara la cantidad de intereses que nos atraviesan y motivan.

Me gusta llegar de casualidad a un lugar. Tiene que ver con el turismo espontáneo. Llegar sin que nadie me lo haya recomendado, sin haber leído, descubrirlo. Con la vida apurada y la planificación creciente de los viajes, es menos frecuente y quizás por eso más emocionante.

Pensaba escribir sobre San Valentín, los viajes de a dos y las fechas comerciales. Pero no lo haré. Prefiero recordar esa vez que llegué de casualidad a un domingo de bodas, en el Ghion Hotel, de Adis Abeba.

El Ghion fue un antiguo palacio y hoy es un hotel venido a menos, con un gran parque verde brillante, con fuentes, restaurante y palmeras. Es el hotel donde suelen parar los corresponsales extranjeros de medios que no los mandarán al lujoso Sheraton Adis. Los domingos por la tarde, el Ghion se llena de novias. Y de comitivas de novias. Puede haber siete o diez por domingo. Van con toda su familia y amigos a sacarse fotos, a filmar el momento. Las novias, de blanco, y las madrinas, cuantas sean, seis o siete o más, se visten todas exactamente igual. Como las hermanas de la foto.

“El domingo en el Ghion no es el día de la boda”, me contó el padre de una novia que vive en Canadá pero vino a casarse según la costumbre etíope. El domingo es el día de gala, de las fotos, del video, del auto con moño rosa. Es un día campestre en el parque Ghion. La fiesta vendrá luego y será más sencilla, familiar, en casa.

Me hospedé en el Ghion de casualidad, porque no encontré habitación en otro hotel y de casualidad encontré ese sitio en la Web. Llegué al parque de casualidad porque un museo estaba cerrado y hacía calor y ese parque tenía buena sombra. Llegar de casualidad es un lujo íntimo de los viajes.

Publicado por Carolina Reymúndez | 14 de Febrero de 2009

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