El barman ferpecto

Desde ayer existe Mr. Asahi, el primer barman-robot del mundo, que debutó en un bar de Selfridges, en Londres.

Fue diseñado por un equipo de 200 personas que trabajan para la marca de cerveza japonesa Asahi, costó cien mil libras y es capaz de atender a un cliente en menos de dos minutos gracias a un mecanismo que controla todo.

Una vez que el robot estuvo listo, se demoraron seis meses en tunearlo para convertirlo en Mr. Asahi, el barman que mide como un humano y sirve pintas y medias pintas sin decir una palabra.

Y ahora ¿a quién le contaremos las penas de amor?


De California a Nueva York en un inodoro

Así están las cosas en el universo del turismo económico. Esperas abajo del avión y esperas arriba del avión; cambios imprevistos, comida mala y ahora lo último: ¡viajar en el inodoro!

Una aerolínea estadounidense de bajo costo no sólo sobrevendió el vuelo, sino que subió a un pasajero demás.

Gokhan Mutlu tenía un pasaje con descuento, de esos que les dan a los empleados de las compañías aéreas y ellos venden o regalan a sus amigos. Son pasajes de lista de espera. A veces toca ir varias veces al aeropuerto hasta poder viajar. En Jet Blue, esos pasajes se llaman Buddy Pass (pasaje de amigo). Aunque en este caso, se parece más a un pasaje de enemigo.

El tema es que a último momento, Mutlu subió al avión. Primero, lo acomodaron en el asiento de una azafata (jump seat). Probablemente él creyó que viajaría ahí hasta Nueva York. Sin embargo, luego de una hora y media de viaje, el piloto le anunció una decisión irreversible. Debía dejar el asiento a al azafata porque sólo la tripulación ocupa esos lugares. En ese momento, Mutlu habrá imaginado que sacaron un asiento de la galera, que contaron mal y quedaba uno libre. Nada que ver. Inmediatamente, el piloto le comunicó a Mutlu que tendría que viajar adentro del baño, sentado en el inodoro, el único asiento disponible del vuelo.

Cuando aterrizaron en Nueva York, el piloto fue a despedirlo en la escalerilla. Le hizo un guiño y le dijo: “Lo traje a casa, eh”.

Mutlu salió horrorizado y demandó a Jet Blue por dos millones de dólares. Declaró que sufrió un trauma psicológico y emocional. “Fui humillado y deshonrado públicamente”, dijo muy enojado.

Gokhan Mutlu la pasó mal, seguramente. Tal vez lloró sentado en la tapa del inodoro y vio sus lágrimas en el espejo que tenía enfrente y se lavó las manos histéricamente varias veces seguidas.

Eso sí, si acaso Mutlu gana el juicio podrá pagar una terapia de alto impacto, volar en cuanta primera clase se le ocurra y terminar riéndose del suceso bizarro. Quizás hasta escriba un libro y sea invitado a shows televisivos, donde siga ganando dinero. Quizás el toilet de Jet Blue haya sido el verdadero y único despegue Gokhan Mutlu.



¿Te embarcarías un martes 13?

Todavía recuerdo la cara del ese hotelero de Miami cuando me tomó los datos, un martes 13 de hace algunos años.

Era un español viejo y malhumorado. Si bien estaba ya afincado en Estados Unidos, su superstición -entre otros detalles- no se había modificado: los viernes 13 no significaban nada para él. En cambio los martes…

Lo recuerdo bajo, con nariz grande y pelos que florecían en las comisuras de sus orejas alargadas. Los ojos parecían dos agujeros negros con salida a una cloaca oscura.

No se podía mirarlo mucho porque uno tenía la sensación de resbalarse en un tobogán infinito. Cuando le preguntaba algo, lo hacía mirando hacia el enorme ramo de estrilicias que había sobre el mármol de la recepción, sólo para no cruzarme con sus botones negros. Gracias a Dios ese día que le pedí más toallas, lo hice por teléfono.

El caso es que ese martes 13, cuando tomó mis datos, me miró a los ojos con su cara de muerte y dijo:

- ¿No podía viajar mañana?

Le respondí que no. Viajar es parte de mi trabajo y lo hago en la fecha que indica el pasaje. El tipo me escupió un débil “Usted sabe” y extendió la planilla para firmar, con manos huesudas y blancas.

Me fui al cuarto con miedo y ese día preferí no volver a salir. Sentí que había estado en peligro pero pude burlar a la mala suerte. El viejo de pelos en las orejas había sido una señal. No pisé la calle en lo que quedaba del día. South Beach podía esperar.

¿Te embarcarías un martes 13?


Evacuados, el viaje de emergencia

En este momento, más de cuatro mil chilenos viajan en busca de un refugio. Los evacuados por la erupción del volcán Chaitén son expulsados de los pueblos cercanos urgente, con la rapidez que el cráter despide las cenizas.

“No me quiero ir, no quiero dejar mi tierra”, gritaron los pobladores. Pero el éxodo es obligatorio y debieron partir en un viaje sin destino.

Algunos se fueron en buques por mar y otros cruzaron la frontera en auto, hacia Argentina. De ésta última manera habían pasado los jóvenes que encontré el domingo en una estación de gasolina, a unos cincuenta kilómetros de Bariloche.

Ya era de noche y estaba oscuro, pero alcancé a distinguir a ocho personas: cuatro abajo y cuatro arriba de un camión destartalado. Al principio me dieron miedo. No sé por qué. Quizás porque ellos irradiaban su propio miedo. Iban con gorros y bufandas que les tapaban la boca y media nariz. Uno, el de ojos grandes y negros, se acercó a la camioneta que me transportaba y le habló al conductor, que bajó la ventanilla sólo hasta la mitad posiblemente también por miedo, aunque otra clase de miedo.

Dijo que su camión estaba averiado y le preguntó si conocía una grúa en la zona. La situación era extraña. La zona estaba vacía, silenciosa y fría. Para encontrar un taller mecánico había que llegar hasta Bariloche. La conversación tenía poco sentido hasta que, tímidamente, el hombre de unos veintipico lo soltó: “Venimos de Chaitén”. Señaló hacia la cordillera y se dieron vuelta los que estaban con él. Todos miramos a su pueblo, que hoy es un pueblo fantasma.

En el camión averiado había una mujer, dos niños y más gente. Cuando entendió la situación, el conductor se ofreció a llevar a uno -sólo había un lugar disponible- hasta Bariloche para buscar un remolque.

Pero ellos no querían separarse y prefirieron no subir. Habían abandonado su casa, sus bienes, sus mascotas. Entonces, el hombre joven de ojos grandes y negros dio las gracias, y la camioneta que me transportaba arrancó de una vez. Afuera se quedaron ellos atravesados por su incertimbre. Adentro, cuatro turistas en silencio, confundidos por no haber hecho nada.

El Tsunami en Tailandia, el huracán en Nueva Orleans, el ciclón en Myamnar, los viaje de emergencia parecen cada vez más frecuentes en esta época. Han pasado unos días desde el domingo y la actividad del volcán Chaitén es más intensa. Dicen que las cenizas podrían llegar hasta Buenos Aires. Leo en las noticias historias mínimas de evacuados y me pregunto si habrán encontrado refugio, dónde estarán, cómo habrá sido el viaje de los chicos que vi ese domingo en la ruta.


Paraíso Travel, el viaje ilegal

Dentro de poco llegará a los cines la esperada película Paraíso Travel, del director colombiano Simón Brand, basada en el libro del escritor también colombiano, Jorge Franco, que justamente este sábado estará firmando ejemplares en la 21° Feria del Libro de Bogotá.

La película se acaba de presentar con éxito en el Festival de Cine de Tribeca que se realiza por estos días en el East Village de Manhattan y ha sido seleccionada para ir a Cannes 2008, que comienza el 14 de este mes.

Hace unos años devoré el libro Paraíso Travel. Cuenta la historia del viaje de Reina y Marlon, una joven pareja de novios de Manizales, Colombia, visto por ellos como el inframundo, hacia Estados Unidos, pensado como el paraíso. Es un viaje ilegal que tiene distintos formatos -desde atravesar el desierto caminando hasta ir metido adentro de un falso tronco de leña en un camión y al punto de la asfixia. Un viaje que mueve y mata a muchos latinos que no suelen aparecer en los diarios. Un viaje de aventura y peligro que sucede todos los días en América Latina.

Acá se puede ver el trailer, la película. Welcome.


El complejo de inferioridad

ebano2.jpgEl comercio de esclavos también ha tenido consecuencias desastrosas en el terreno psicológico. Envenenó las relaciones personales entre los habitantes de Africa, les inyectó odio y multiplicó las guerras. Los más fuertes intentaban inmovilizar a los más débiles para venderlos en el mercado, los reyes comerciaban con sus súbditos; los vencedores, con los vencidos; y los tribunales, con los condenados.

Semejante comercio marcó la psique del africano con el estigma tal vez más profundo, doloroso y duradero: el complejo de inferioridad. Yo, el negro no soy sino aquél que el comerciante blanco, invasor y verdugo puede raptarme en mi casa o terruno, encadenarme, meterme en la bodega de un barco, exponerme como mercancía y mas tarde obligarme a latigazos a hacer los trabajos más duros dia y noche.


La Casa de los Esclavos de Gorée

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Frente a Dakar hay tres islas: la isla de la Serpiente, donde no vive nadie y dicen los pescadores que hay fantasmas; Ngor, donde algunos tienen casa de fin de semana y la isla de Gorée, el centro de tránsito de esclavos más importante del oeste de Africa. Desde aquí partían en barcos hacia América. Si no se morían en el camino, los hombres que llegaban debian empezar otra vida. Una vida sin nombre propio, con trabajo forzado y golpes de látigo.

“El uso del látigo estaba permitido y reglamentado por el Código Negro, que fijo el número de 29 golpes. El látigo se usó para mujeres embarazadas y nunca fue abolido”.

El viaje a Gorée dura unos veinte minutos. Se cruza en un barco, que los fines de semana como hoy se llena de gente que va por el dia. A comer en la bella Hostellerie du Chevalier de Boufflers, que lleva el nombre del último gobernante francés en la isla,  a bañarse en la playa y a visitar la Maison des Esclaves.

maisonesclaves.JPG“La trata de esclavos ha sido la más grande operación de deportacion que la humanidad haya conocido: 12 a 15 millones de individuos vendidos en la otra costa del Atlántico. Por su duración de cuatro siglos ha sido también el más largo suplicio  que una raza tuvo que soportar”.

Por esa pequeña puerta que se ve en la foto tiraban a los esclavos que se enfermaban y no estaban aptos para el viaje en barco. Hoy esa puerta por donde se asoma el océano enojado es lo primero que uno ve cuando llega a esta casa del terror que hoy es una casa de la memoria. El resto son cuartos con techos bajos y privados de luz. Allí vivían entre 100 y 300 esclavos que estaban próximos a partir. La Maison era un lugar de tránsito. Y de separación.

Se los separaba por edad y sexo. Los hombres tenían que pesar 60 kilos. Su valor dependia del peso y la musculatura. Los de la tribu yoruba de Nigeria eran los mas fuertes y por lo tanto los mas buscados y los mas caros. El valor de una mujer dependia de su pecho y su virginidad.

Tambien se separaban las familias: el hombre podía ir a Estados Unidos, su mujer a Brasil y los niños quedarse en Senegal.

En general, los esclavos se cambiaban por fusiles, por alcohol. Un niño, por ejemplo, podía valer un collar o un espejo, que en esa época era algo mágico, extraordinario. Mucho más que una vida.


Un aniversario más

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El desfile del cumpleaños 110 de San Martín de los Andes empezó una hora tarde. Pero eso no fue lo más grave.

La calle San Martín estaba cortada y llena de gente, de un lado y del otro. El sol todavía pegaba fuerte. Me cuentan los locales que esto del calor tan pesado es de los últimos tiempos, que antes los veranos eran más frescos. Empieza el desfile y todos los que están asoman la cabeza.

La primera que camina en la calle principal que hoy es pasarela es la Reina de los Jubilados, con manto rojo, cetro y anteojos culo de botella. Después pasan representantes del centro de bochas y de una escuela y de otra y gente de la comunidad mapuche y veteranos de Malvinas y jóvenes de un club de polo y chicos de otra escuela y tres generaciones de salteños afincados en San Martín de los Andes. Los que desfilan cuchichean entre ellos y los espectadores miran y cada tanto, aplauden. De afuera parece que unos y otros están aburridos.

Después de que el animador dijera algo sobre Patria y Tradición vi el primer tanque. Estaba cubierto de maleza para camuflarse, como se usaba en las guerras de antes. La imagen es la de la foto. Así de chocante. Después hubo más: carapintadas, tanques, militares a caballo con banderas argentinas. Un camión militar y un par de tanques más.

¿Hay jóvenes en las secretarías de turismo? ¿No tienen ideas nuevas? ¿No piensan que turísticamente no es atractivo ver tanques y carapintadas después de bañarse un lago y mirar montañas y pasarla bien?

Febrero es el mes de vacaciones de los chilenos y como el límite queda cerca y Argentina les resulta un país barato, muchos vienen a pasar unos días a San Martín. Y claro, estaban en el centro y se sumaron a ver el desfile. Cuando llegaron los tanques, tenía a una familia cerca, y después de encontrarnos en una mirada horrorizada con el padre, me dijo: “Esas balas son para nosotros”. Se dio media vuelta y se fue a la feria de artesanos, donde posiblemente encuentre un símbolo de paz.

¿Cuándo cambiarán los desfiles?


Los NYC, VYQ y TAF de la Patagonia

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Hace unos días hablé con un conocido que vive en Ushuaia. Como la mayoría de habitantes de Ushuaia, no nació ahí. Muchos llegaron durante los años 70 y 80, atraídos por la ley de promoción industrial (19.640), que hizo que muchas industrias se radicaran aquí. Había trabajo. Hoy, hace tiempo que la mayoría de esas empresas rumbeó para China y el sudeste asiático; sin embargo, todavía llega gente en busca de trabajo. Y lo encuentra, especialmente en la industria del turismo (llegan 400 cruceros en temporada alta).

No me quiero dispersar. El caso es que mi conocido llegó a Ushuaia desde Buenos Aires hace un par de años, en busca de mejores oportunidades. Además de trabajo, encontró una mujer, así que está lo más bien.

Sin embargo, su destino está sellado dentro de la población patagónica: es y será un VYQ (venido y quedado), para muchos un estrato inferior que el de los NYC (nacidos y criados), que supuestamente tendrían más derechos, serían de otra estirpe. ¡Por lo menos no soy un TAF (traído a la fuerza), me dijo con una sonrisa antes de despedirse. Los TAF suelen ser los hijos adolescentes de los VYQ. O las esposas, o los maridos, que quizás vivían en Corrientes y odiaban el frío y ahora caminan por la Av Maipú con gorro, guantes y bufanda.
Esta clasificación informal se usa en toda la Patagonia, y con otros nombres seguramente en tantos otros lugares. Si bien en este caso tiene un dejo de simpatía, también ampara algunas gotas de desprecio al distinto.

Me pregunto en qué clasificación entarían las aves migratorias…


El gusto de los Finisterre

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Hace unos díaas, mientras hací­a una torsión imposible en mi clase de yoga pensé en la atracción que provocan los extremos geográficos: el punto más meridional, el extremo oriente, el más occidental, el último norte.

Saber que uno está en el último lugar de algún lado genera una sensación de bienestar. De haber alcanzado una meta. Como una metáfora del fin. O del comienzo. Por eso, son tan pedidas las fotos tocando el cartel indicador. Para mostar que estuvimos ahí­. Para reafirmar que llegamos. Este bienestar es distinto al de escalar un ochomil. No tiene que ver con un esfuerzo fí­sico. No importa si uno llega en auto, como al final de la Ruta Nacional 3, en medio del Parque Nacional Tierra del Fuego. Lo importante es saber que después de ese pedazo de tierra, no hay nada. Con otras certezas, claro, pero algo en sintonía con esas antiguas creencias, cuando faltaba para los descubrimientos y nadie sabí­a qué habí­a más allá de Finisterre.

Muchos de estos extremos tienen un faro, que serví­a en tiempos sin GPS para orientar a los navegantes. Hoy todaví­a funcionan pero antes que nada son una atracción turística.

Brasil tiene el punto más oriental de América. Se llama Ponta do Seixas y queda en Joao Pessoa, estado de Paraiba. En Sudáfrica, el Cabo de Buena Esperanza, es el punto más sudoeste del contintente africano; En Estados Unidos, Key West; Point Udall; Point Barrow y más.

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En Galicia, el Cabo Fisterra (el fin de la tierra, en gallego), es uno de los fines del mundo más famosos, aunque Cabo da Roca, en Portugal, sea el extremo más occidental de Europa. Tal vez tuvieron algo que ver las historias de piratas, los naufragios en esa costa terrible, llamada la Costa de la Muerte. O que muchos consideran a Finisterre el fin del Camino de Santiago.

En Argentina, el Fin del Mundo, en Ushuaia, es el mejor ejemplo, que además se vende muy bien. Hasta es posible sellar el pasaporte -gratis- en la Oficina de Turismo de Ushuaia. Gran parte de los extranjeros que visita Argentina incluye en su itinerario un viaje a Ushuaia.

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El último punto del subcontinente indio es el cabo Kanyakumari, en el Estado de Tamil Nadu. Hace varios años, en un viaje por la India desvié especialmente el recorrido para llegar hasta allá­. No me importó el ferry moribundo ni las olas bravas. Quería ver ese final. Cuando llegué, claro, encontré más “obligaciones turísticas”. Habí­a un templo dedicado a la diosa Parvati, otro para Vivekananda, un religioso y reformador social indio, el Memorial de Gandhi, donde se guardan parte de sus cenizas, un mirador y, como casi siempre en la India, mucha gente. Igual, antes o después de las fotos y las visitas, la mayoríaencontraba un lugar y se olvidaba por un buen rato su mirada en el horizonte, más allá del fin de la tierra.

¿Por qué nos atraen los extremos geográficos?