Mi Valparaíso personal

Me gusta Valparaíso. He venido varias veces y siempre me voy pensando en volver. Ayer, mientras me tomaba un pisco sour en la terraza del Gran Hotel Gervasoni, una antigua casona convertida elegante hotel boutique, hice un pequeño inventario de lo que me gusta de Valpo, como le dicen por aquí.

Los cerros que se vuelcan sobre la bahía, donde hay enormes barcos atracados que me hacen pensar en viajes largos y mares lejanos.

Los ascensores que en realidad -salvo el de Polanco- no son ascensores sino funiculares que suben y bajan desde principios de 1900. En algún momento hubo 35. Hoy quedan alrededor de quince. Son viejos y medio destartalados, pero tienen revisiones periódicas que los mantienen en funcionamiento.

En cada viaje van seis o siete personas. Seguro que hay dos gringos, un anciano que fue a comprar y algún joven que vuelve de la universidad. Por la ventana del ascensor se ven las casas de chapa y colores de los cerros. El de esta foto es el Espíritu Santo, uno de los ascensores del Cerro Bellavista. Otro con buena vista, en le final de la bahía: Artillería.

– Me gusta la elegancia descascarada de Valpo. Me recuerda a La Habana.

Que la ciudad tenga dos caras: El Plan y los cerros. El Plan es la franja de cinco o seis cuadras de terreno plano, antes de las pendientes. En El Plan la vida es frenética, ruidosa, con vendedores ambulantes, trolebuses, micros y mucha gente. En El Plan está el puerto, uno de los más importantes de Chile -que desde hace unos años es privado y pertenece a una compañía alemana- y el Congreso Nacional. En los cerros hay silencio, casas de colores y ventanas al mar.

– Me gusta que detrás de la ciudad gastada se esté gestando una ciudad cool, con media docena de hoteles boutique, hostels, europeos que se vienen a vivir, cafés con vista y restaurantes de nueva cocina chilena, como Calzones Rotos, uno que recién abrió en el cerro Bellavista, frente al conocido El Gato Tuerto.

Que Neruda haya estado por aquí, en una casa como La Sebastiana.

Los personajes bohemios, que también se sienten Patrimonio de la Humanidad (la ciudad lo es desde 2003). Como el señor Manuel Saavedra Duran, con el que conversé hace unos días. Es poeta, artista de collages y novelista. A los 22 años se embarco como marinero y navegó por el mundo en un barco griego. Cuando terminaba sus labores, se encerraba en el camarote, tomaba su cuaderno y se ponía a escribir. Hace poco publicó su libro de aforismos «Reflexiones para meditar». Uno dice así: «Nunca esperes que algo ocurra, trata de ser tú el suceso principal».

También conocí a Antonio Parra Labarca, otro poeta y hombre de radioteatro que me habló de los cerros en la noche, Dijo que parecen una bóbeda celeste con las luces como estrellas. Tenía el pelo blanco y una uña más larga para tocar la guitarra.

Me gusta recordar los tres años nuevos que pasé aquí: 1981, 2004 y 2006. Siempre en los miradores de la calle, el mejor lugar para ver los famosos fuegos artificiales. Aunque, claro, la terraza del Brighton está muy bien y según me contó el camarero, todavía tienen disponibilidad para este año. La cena cuesta 150 dólares, con champagne y baile hasta el amanecer.

– Escuchar tango en El Cinzano y comerme unas chorrillanas en el J. Cruz, los bares más tradicionales del puerto. Jugos naturales, en El Bogarín (Condell 1670).

– Me divierte que mis amigos viñamarinos le peguen a Valpo. Que se quejen porque en los diarios del mundo salen notas de Valparaíso y no de Viña del Mar. Que digan que la ciudad está sucia, que me hablen de los perros vagabundos y que hagan lo posible porque yo me olvide de Valpo. Ja.

Las escaleras largas, los pasajes, las calles sin salida y los paseos como el Yugoslavo o el Atkinson, con casas viejas y llenas de plantas, que en esta época están en flor. Como la buganvilia, la rosa de la China, el jazmín paraguayo y otras parecidas a las campanitas que no recuerdo el nombre.

– Me gusta saber que en los restaurantes del puerto conseguiré machas, choritos, reineta y, según la época, erizos frescos.

– Me gusta que a los que nacieron en Valparaíso se los llame porteños. Y también me gusta lo que me dijo mi amigo Rafael Meneses cuando supo mi atracción por esta ciudad: «Eres doblemente porteña».

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3 respuestas a Mi Valparaíso personal

  1. Ed dijo:

    Sentida, entrañable, nostálgica evocación de la porteña y marinera Valpo. Gracias Carol!

  2. Miguel dijo:

    QUE VALPARAISO VIVES TU ,ESE VALPARAISO FALSO?
    CONFORMISTA,TURISTICO,DESCARNADO

  3. Susana dijo:

    Cada vez que leo esto, trato de alguna forma de conectarme con ese Valpo, que siento gris, pobre y frio.

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