Qué bueno es estar enamorado

El lugar es rabiosamente urbano. Podría haber estado en Nueva York, Londres o San Pablo. Pero está en Buenos Aires.

Se entra por una puerta sobre la avenida Córdoba. Una puerta de chapa pintada con aerosol. De afuera no dice mucho. Es una puerta secreta, a veces incluso hay que dar una contraseña. Una mujer abre y te hace pasar. Después de la puerta hay una escalera oscura. Ella te ilumina con el celular hasta llegar arriba. Arriba es una casa antigua ocupada y decorada por artistas punks, tal vez con más color, ¿tropical punks?

En la habitación principal suena lo que mi amigo y guía, que es músico, me explica que es un “colectivo de improvisación”. Dos chicos hacen música con una computadora, uno toca el saxo, otro sopla la ocarina y dos chicas gritan miau y guau en un micrófono, delante de una pared azul con peces que me recuerda a un afiche de Nemo.

Hay poca luz y gomas de camión para sentarse. Hay un chico despeinado que frota las tetas de un maniquí rojo con un puntero láser verde.

La música llega a cada cuarto con la misma intensidad del olor, cuando en casa cocino bife a la plancha. Mi amigo se encuentra con otros dos músicos: uno tiene cara de nerd, anteojos rectangulares, flequillo moderno, mirada lejana. No le gusta el “colectivo de improvisación”. Lo dice con tanto énfasis que tengo la impresión de que en cualquier momento saca una navaja y los degüella.

Hay cerveza de la que toma Homero en el bar de Moe, hay una pareja que juega a no caerse en el hueco de las gomas de camión, moviéndose sólo por el canto. Hay un cartel en la pared con un stencil precolombino que dice Momento Chicha y hay una chica con el pelo como Cristóbal Colón, con una falda de tablas, medias negras y un cartel pegado en la espalda, escrito con letra de nena de 5to grado que dice: Qué bueno es estar enamorado.

Esparce distraídamente su mensaje en el aire ahumado. Como una instalación viva. Como una evangelizadora cool. Es lo que más me gusta de mi visita a esta casa clandestina de Buenos Aires.

Publicado por Carolina Reymúndez | 4 de Septiembre de 2010

Archivado en Anécdotas, Argentina, Buenos Aires, Check in, Compañeros de viaje, Costumbres, Destinos, Paisajes, Tendencias, Turismo espontáneo | 2 comentarios



2 comentarios

  1. EdsonTeles dijo:

    Oi Carolina tudo bem. Ondes estas. trabalhando muito?

    Vc é umas das pessoas que conheci na minha viagem pra bolivia que não esqueci.

    Ate mais.
    e venha para o Brasil

  2. Ernesto Castrillón dijo:

    me encantó este viaje a otro BA.
    Me acuerdo de algunos happenings de fines de los 60, aunque el que que describís hoy me parece más sombrío.
    Brillante, brillante nota

Comentarios



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