Guerra a la altura, en La Paz

Pensé en arrancarme los ojos, pero enseguida lo descarté. No sería suficiente. Tendría que cortarme la cabeza entera para acabar con este dolor infernal.

La Paz está a 3600 metros de altura y Santa Cruz de la Sierra, desde donde vengo, al nivel de mar. En avión se demora apenas una hora. Perfecto para ahorrar tiempo y malísimo para el cuerpo, que a veces no alcanza a procesar el cambio. Entonces, se instala el famoso mal de altura o soroche.

Cuando me bajé en el aeropuerto de El Alto festejé el día despejado y el aire puro me recordó a la Patagonia. Mientras el taxi descendía a la ciudad, las ventanillas mostraban una olla enorme, construida hasta los bordes.

No hacía frío y las cholitas caminaban apuradas con sus faldas espesas y un sombrero tan pequeño que todavía no entiendo cómo no se les cae. Imposible entenderlo en ese estado de confusión posterior al aterrizaje. Había tomado bastante agua en el avión porque me dijeron que era lo mejor.

Sabía de la existencia de las Sorojchi Pills, unas pastillitas que supuestamente alejan el dolor de cabeza, pero no las tomé. Un poco por rebelde y otro poco porque las últimas veces que estuve en la altura no fueron necesarias. Pero hubo una diferncia entre esas veces y ésta: antes el acercamiento fue gradual, en auto, a paso de tortuga, con tiempo para acostumbrarse. Ahora fue veloz.

No voy a contar los detalles del caso porque son muy poco elegantes. Sólo agregar que la noche de anoche fue peor que una mañana de resaca. Cuando logré ponerme de pie, tomé un té de coca y le comenté mi malestar a la chica de la cafetería. Ella se rió con esos dientes blancos que tienen los collas y me dijo: “Por lo menos usted está de pie. Otros no se pueden mover de la cama, si hasta oxígeno les dan, pues. Tendría que tomar un poco de oxígeno, en la recepción tienen un tubo, vaya”.

Cada uno de los que hablo tiene su propio remedio para la altura. “No tienes que taparte con colchas pesadas proque no podrás respirar”; “come liviano”; “toma té de coca”; “duerme 6 horas seguidas”; “toma 2 litros de agua”.

Después de una siesta fuera de hora desperté hace un rato, con más ánimo. A ver cómo sigue el día. Si no pasa solo, tocará una tarde de Sorocjhi Pills y más reposo. La buena noticia: este hostal es acogedor, lleno de luz, helechos colgantes y gente amable que a cada ratito me pregunta cómo estoy.

Publicado por Carolina Reymúndez | 30 de Abril de 2010

Archivado en Anécdotas, Bolivia, Check in, Costumbres, Destinos, Fin del mundo, Mal viaje, Pasajeras | 5 comentarios



5 comentarios

  1. eugenia dijo:

    Tomá las Sorocjhi, son geniales.¡Qué te mejores pronto Carol!

  2. Thomas dijo:

    Deseo que te mejores pronto, Carol… Un beso amiga

  3. Ana* dijo:

    Arriba Caroli!
    Que pase pronto así podés salir a pasear y a comer cosas ricas!

    Ya volví de Chile y recién leo tu post de las vasijitas, pucha

    abrazo!

  4. Carolina Reymúndez dijo:

    Gracias amigos, ya estoy como nueva, lista para una ciudad a 4800 😉
    Saludos!

  5. ale dijo:

    Carol!!! a mi me pasó lo mismo cuando llegué a Potosí! para mí el remedio instantáneo fue masticar hojas de coca. es más, las mastiqué durante todo mi viaje por Bolivia y Perú, cerca de 45 días!! no te olvides de traerme una bolsita!!

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