La arquitectura de la soledad

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Hablar de pintores favoritos me recuerda a cuando me preguntan ¿y cuál fue el lugar del mundo que más te gustó? y no puedo contestar porque la pregunta me parece absurda.

Eso me pasa con los lugares, pero no con los pintores, bueno, al menos no con Hopper. Puedo decir en voz alta que Edward Hopper es uno de mis pintores favoritos. En mis viajes, trato de seguirlo. Si algún museo tiene algo de él, le hago una visita. Por eso fui una mañana nublada al Whitney Museum.

La mujer que vendía el ticket de entrada al museo me advirtió que no estaban todos los cuadros de Hopper, al parecer andaban de gira europea, como una banda de rock. Igual entré y fui directo al 5° piso, donde está la obra de este americano particular.

Entonces, me senté frente a este cuadro, A woman in the sun (1961), y pasé un buen rato mirando la cama deshecha, el cigarrillo entre los dedos, la cortina que se vuela con la brisa, el reflejo que entra por la ventana, rectangular como el Central Park, el cielo y la luz que se meten en la habitación acaso para acompañar la soledad de la mujer.

Este cuadro pertenece a la etapa más conocida del artista, pero en el Whitney conocí la primera época de Hopper, cuando viajó a París, y pintaba casas y puentes y personajes en bares y complejos dibujos de los años 30 inspirados en conceptos arquitectónicos, dotados de un minucioso detalle comparado con la síntesis posterior. Era otro Hopper, seguramente estaba construyendo su camino hacia lo que vino después: pinturas sintéticas, donde el surrealismo se imprime en la experiencia cotidiana, en la realidad de de un bar solitario o un cuarto con las ventanas abiertas se puede ver el drama americano.

Lo mejor del Whitney es que muestra el camino recorrido por Edward Hopper, el tránsito desde la primera arquitectura, la construcción concreta con vigas y estructura y niveles, hacia la arquitectura de la soledad y los mundos construidos con angustia, luz, incomunicación. Como dice el padre de un amigo, Estados Unidos es el país mejor comunicado del mundo, pero nadie tiene a quien llamar.

Publicado por Carolina Reymúndez | 11 de junio de 2009

Archivado en Arte, Check in, Destinos, Estados Unidos, Galería, Imperdibles, Nueva York, Recomendados | 3 comentarios



3 comentarios

  1. juan dijo:

    mi papá estará feliz de leer tu post. Viva Hopper, si vamos para San Antonio, te podrás echar uno que otro cuadrito en tu memoria. Hay un museo increíble. Bizarro y texano.

  2. eugenia dijo:

    José Martí se sintió “…espantado de tanta alma sola y pequeñez vestida de grandeza” en su primera estadía en New York.

  3. Ed dijo:

    Hermosa evocacion de Hopper, Carol! Recomiendo a todos ver este fragmento del documental “Hopper, pintor del silencio”

Comentarios



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