Noches de coyote, miedo y desierto

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Días atrás leí una muy buena crónica en el diario Reforma sobre un grupo de inmigrantes ilegales que salió de El Salvador con destino a la costa de Oaxaca, en México. Si el tiempo acompaña son unas 10 horas de navegación en la noche y ya están en México, el trampolín para cruzar a Estados Unidos. Pero el tiempo no suele acompañar y el Pacífico es un guerrero bravo, de olas gigantes y despiadadas. De los 27 que salieron, sobrevivieron tres. El resto se ahogó en una noche sin luna.

Las historias de inmigrantes ilegales, como las de narcos, son comunes en este país. Salen a diario en los periódicos y se escuchan en la ruta. Hace unos días, Ramiro, un hombre duro del interior de Oaxaca me contó su historia de coyotes y desierto.

coyote1.jpgHay guías y guías. En un sentido, el coyote también es un guía. Así se llama al que cruza -aunque a veces mata- a los indocumentados que quieren entrar a Estados Unidos. Ramiro caminó tres días y tres noches por el desierto de Arizona hasta que llegó. Agua, poca comida y arrojo. Cuando él pasó, hace tres años, iban unos 60 ilegales. Cruzaban en grupos de a veinte, cada uno con dos coyotes. Había mujeres y niños. Tuvo miedo y se escondió entre los cactus altos cuando a la noche pasaban los helicópteros con luces potentes y hombres armados. Tuvo miedo pero siguió adelante. Tenía una meta.

Me dice Ramiro que no le gustan los coyotes, que a veces esconden a la gente en camiones y la matan por asfixia. Esto me recordó a Paraíso Travel, la novela de Jorge Franco en la que una colombiana ambiciosa y su novio sumiso se entregan a un coyote que los embarca en un camión lleno de maderas en el que están a punto de morir. Este año se filmó la película, que se podrá ver en 2008.

cactus.jpgPorque no le gustan los coyotes, Ramiro no le pagó al suyo los 3000 dólares que le pedían por la guiada. Le tocaba pagarlo al final pero se escabulló en el desierto. Desde Los Angeles viajó con unos compañeros a Miami, donde chambeó (trabajó) por tres años. En un bar y haciendo roofing (colocación de techos) para casas millonarias.

Aprendió poco inglés y todo el dinero que ganaba se lo enviaba a su familia. Porque vivía en lugares de poco fiar y porque si lo agarraba la migra y lo deportaba, no tenía nada allá. Con lo que ganó en Estados Unidos se compró una camioneta y hace viajes cortos para turistas y pobladores. Pero dice que quiere volver. Tiene unos amigos que conocen el camino así que esta vez lo hará sin coyote. El plan es cruzar por Nogales y trabajar en Atlanta. “Hace un año que ahí hay buena chamba“, me dice mientras arregla la banderita mexicana que cuelga del espejo de su camioneta. Ahora sí, el águila de la bandera lo mira a los ojos. Y él mira hacia el futuro, en Estados Unidos.

Publicado por Carolina Reymúndez | 3 de diciembre de 2007

Archivado en Check in, Compañeros de viaje, Destinos, Especial México, Estados Unidos, México, Sala de espera, Turismo salvaje, Viajeros | 3 comentarios



3 comentarios

  1. Sergio López dijo:

    Que increible esas historias.. yo leí paraiso travel y me daba escalosfrío. Muy buen blog.

  2. julio césar díaz sánchez dijo:

    Excelente narraciòn. Hay miles de historias que hablan de esto pero son historias que aunque parezcan todas iguales siempre tienen una pequeña diferencia. Felicidades por el blog.

  3. Viajes Libres » Blog Archive » Migrantes, sueños y ausencia dijo:

    […] que llegué a México me cruzo con gente que cruzó. No es la primera vez, me pasó lo mismo hace dos años.En ciertos círculos, cruzar no es cruzar la calle, sino aventurarse al otro lado de la frontera. […]

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