Tributo al mono

Así lo vi cuando sobrevolé las Líneas de Nazca, algunos meses atrás. Nítido, gracioso, con nueve dedos y la cola espiralada, la misma que inspiró a los creativos de Futurebrand para el reciente diseño de la marca país de Perú. Así lo vi, en medio del desierto, lejos de los árboles y cerca de un colibrí gigante.


Fado, libertad y claveles

Anoche, en el Teatro Regio de Buenos Aires se celebró el 37° aniversario de la Revolución de los Claveles (Revolução dos Cravos), que terminó con más de 40 años de dictadura de António de Oliveira Salazar.

Aquel 25 de abril de 1974, por la mañana, la radio Renascensa transmitió la canción Grândola, Vila Morena, de Zeca Alfonso, que estaba prohibida por el régimen. Esa fue la señal para que un grupo de oficiales de las fuerzas armadas llevara adelante la Revoulución. Una movilización popular y pacífica esperó frente al Cuartel do Carmo hasta que el el régimen se retiró.

No había Twitter como en las revoluciones populares del mundo árabe, pero había claveles, la flor de la estación. Claveles rojos. Había claveles en los cañones, en los fusiles de los soldados y en las manos de la gente. Por eso, esa flor es un símblo de libertad para los portugueses.

El teatro estaba lleno. De la celebración participaron miembros de la colectividad portuguesa, diplomáticos y gente con ánimo de  escuchar  fado, ese lamento popular portugués que en espíritu y nostalgia tanto recuerda al tango. La maestra de ceremonias fue Karina Beorlegui junto a Los Primos Gabino, creadores del Fado Tango Club.

Anoche, en el Regio hubo claveles, muchos aplausos y varios músicos invitados. De todos, el que más me gustó e iré a ver cuando toque es el grupo Fadeiros, liderado por Ana Kusmuk, que el año pasado lanzó su segundo disco. Un lujo.


Gonzalo Rojas (1917-2011)

Los Cómplices

Te decía en la carta
que juntar cuatro versos
no era tener el pasaporte a la felicidad
timbrado en el bolsillo,
y otras cosas más o menos serias
como dándote a entender
que desde antiguamente soy tu cómplice
cuando bajas a los arsenales de la noche
y pones toda tu alma
y la respiración
perfectamente controlada,
por mantener en pie tus rebeliones
tus milicias secretas
a costa de ese tiempo perdido
en comerte las uñas, en mantener a raya
tus palpitaciones,
en golpearte el pecho por los malos sueños,
y no sé cuántas cosas más
que, francamente, te gastan la salud
cuando en el fondo
sabes que estoy contigo
aunque no te vea
ni tome desayuno en tu mesa
ni mi cabeza amanezca en tu pecho
como un niño con frío,
y eso no necesita escribirse.


El Metrocable de Medellín

El Metrocable es un moderno medio de transporte de Medellín, pero sobre todo es un símbolo de la nueva época de la segunda ciudad más importante de Colombia.

Un tiempo en el que es conocida por la Semana de la Moda, el Festival de Tango, las flores, las novedades arquitectónicas, el café, Botero o el Metrocable. Un tiempo en el que los violentos ochenta y noventa, cuando  era peligroso tan sólo asomarse a la calle, son un mal recuerdo.

El Metrocable es parte de la red de metro y sobrevuela los cerros. Como los medios de elevación que se usan en los centros de esquí. Sólo que sobre estos cerros no hay nieve, sino casas precarias de ladrillo y gente. Además, el Metrocable funciona todos los días, iba a decir no sólo en invierno, pero Medellín no tiene invierno y verano. Como dicen por aquí, siempre es primavera en esta ciudad.

Por ahora tiene tres líneas –J, K y L– que recorren entre tres y cinco kilómetros cada una e integran sectores alejados y pobres de la ciudad. Cerca de algunas estaciones hay bibliotecas, como la del Parque España.

Si bien el Metrocable no nació con un fin turístico, siempre hay viajeros en las góndolas. Cuando viaje conocí a los argentinos que cantaban tango y también a una lituana que ya había visitado las tres líneas y el parque. La línea L llega al Corregimiento de Santa Elena y termina en el Parque Regional Ecoturístico Arví, un área verde de 16.000 hectáreas con varios senderos para recorrer de distinta duración y dificultad. La visita se hace con guía y se pueden ver desde colibríes y escarabajos hasta orquídeas lechuzas, mariposas, gavilanes y más.

Para regresar a la ciudad, el Metrocable es la mejor opción… a menos que en la góndola viaje una señora como doña Gloria, una mujer se subió a pesar de tenerle pánico a las alturas y se pasó media hora gritando palabrotas cada vez que sentía un mínimo movimiento o miraba hacia abajo.

Si se toma con humor puede ser divertido tenerla como compañera, aunque más de uno habrá sentido deseos de bajarse. Todo un escándalo la señora, pero después de las miles de visitas de su video en Youtube, doña Gloria, la llorona del Metrocable, ya encontró trabajo en la radio.


Tango en Medellín

Esas casualidades. En la góndola del espectacular Metrocable de Medellín caben unas ocho personas. Como son treinta minutos de viaje hasta la última estación, hay tiempo de conversar.

Esta vez no miro por la ventanilla cuando escucho el acento argentino. Me doy vuelta y les sonrío a los chicos que tengo enfrente. Hablamos poco pero me entero de que están en Medellín para cantar tango. Los contrató un fanático, que más tarde supe que se llama Luis Guillermo.

Sí, con nombre doble, como en las telenovelas. Y no sólo por esta costumbre uno siente que se mete en novelas al recorrer Colombia.

Luis Guillermo Roldán es empresario, pero eso lo cuenta como un detalle. Lo suyo es la poesía del tango. Durante 20 años fue presidente de la Asociación Gardeliana de Colombia. Por eso, cuando murió el Gordo Aníbal y supo que el Patio del Tango cerraba, fue y lo alquiló. Y contrató músicos argentinos para animarlo. Suele venir al festival de tango en Buenos Aires y dice que cuando extraña el acento argentino llama a cualquier número equivocado para escucharlo.

Ese día en la góndola del Metrocable, los chicos me contaron dónde cantaban y antes de irme de Medellín pasé por ahí. El Patio queda en el barrio Antioquia (calle 23 N°58-38), un lugar bravo, nada de salir a vitrinear por ahí. Hay que llegar y salir en taxi. Se come muy bien, hay buena carne, vino y ron, y un buen show.

Uno de los argentinos, Hernán Genovese, ha tocado en festivales de tango en Europa y ganó el certamen Hugo del Carril hace un par de años. Antes del tango era abogado y estaba casado. Otra vida en esta misma.

La muerte de Gardel en el viejo aeropuerto del Medellín fundó un mito que había empezado cuando detrás de cada long play grabado en Argentina se ponía la letra de un tango: “Nos criaron a mazamorra, fríjoles y tango” , me dijo un taxista viejo, que hace viajes cantados.

Hoy existen varios lugares donde tomar clases, escuchar y bailar tango. Además del Festival Internacional del Tango y la Casa Gardeliana, que guarda objetos del Zorzal Criollo y muchas fotos del accidente que no se suelen ver en Argentina.


Saudade

“Saudade es un poco como hambre. Sólo ocurre cuando se come la presencia. Pero a veces la saudade es tan profunda que la presencia es poco: se quiere absorber a la otra persona toda. Estas ganas de uno ser el otro para una unificación completa es uno de los sentimientos más urgentes que existen en esta vida.”

Revelación de un mundo, Clarice Lispector, Adriana Hidalgo editora.


El extraordinario viaje de Miguel B.

Ignacia Uribe es una periodista y directora audiovisual chilena. Viajera incansable, intenta cumplir la meta de conocer 50 países a los 25 años, y ya va en el número 45. Me escribió hace unos días para contarme que tenía un texto para Viajes Libres: la tremenda historia de Miguel, que pueden leer debajo de la foto.

A Miguel lo conoció el 16 de julio de 2009, día de la Virgen del Carmen, cuando tomó su servicio “puerta a puerta” desde Barranquilla a Santa Marta. Se volvieron a ver el año pasado, cuando Ignacia lo grabó para hacer un cortometraje documental. Actualmente, él sigue manejando por la costa colombiana mientras ella prepara un viaje al sudeste asiático.

Miguel se contagió la poliomielitis cuando tenía pocos años de vida. Su padre siempre le tuvo rencor, lo encontraba inútil. Hasta que un día, cuando Miguel tenía 5 años, lo metió dentro de un saco y lo tiró lejos, dejándolo a la suerte de los lobos, en un pueblo del sur de Colombia. Contra todo pronóstico, el niño logró escapar y se puso a caminar. Anduvo largamente, hasta que encontró una casa donde lo recibieron y lo cuidaron. Pero al poco tiempo lo echaron, debido a su enfermedad. Así pasó un par de años, vagando por Colombia de hogar en hogar: al principio todos sentían pena por él y lo acogían, pero luego lo dejaban en la calle otra vez. La poliomielitis avanzaba implacable.

A los 7 años llegó a Barranquilla. Unos marineros se compadecieron de él y lo subieron al barco, pero cuando estaban en Panamá el niño ya era un estorbo y lo dejaron ahí. Miguel vagó un tiempo por el puerto, hasta que conoció a los tripulantes de un crucero inglés. El capitán se encariñó con él, le prometió ayudarlo, y lo llevó a una isla europea donde se recuperaban ex combatientes de la Segunda Guerra Mundial. Dijo que volvería a buscarlo dentro de ocho meses.

En la isla lo operaron y le pusieron unos aparatos en las piernas y brazos, los que debió usar y ajustar durante años. Cuando pasaron los meses y el capitán no volvió, los doctores decidieron dar a Miguel en adopción. El problema era que nadie quería a un niño con rasgos indígenas. Entonces, la solución fue la cirugía plástica: le cambiaron la nariz, los pómulos, las orejas. Justo cuando una pareja húngara se interesó en él, el capitán volvió. Habían pasado dos años, Miguel estaba curado y se fue con él.
Ahí empezó a trabajar en la empresa de cruceros inglesa, que más adelante se convertiría en la Royal Caribbean. El capitán fue su segundo padre. Miguel creció en los barcos, donde aprendió todos los oficios imaginables –a cocinar, a utilizar los instrumentos de navegación, etc.-, y también a hablar otros idiomas. Pero nadie le enseñó a leer. En ese mundo vivió cerca de 30 años. Cuando era un veinteañero, tuvo un hijo con una chilena. “Me bajo en el próximo puerto”, le dijo ella al entregarle el bebé. Y Miguel lo cuidó como nadie lo hizo con él.

Después de que sus viajes en barco lo hicieran dar la vuelta al mundo innumerables veces, volvió a Colombia. Enfrentó a su padre y descubrió que su madre se había separado de él por lo que le había hecho. Hoy tiene poco más de cincuenta años, camina lo más bien y vive en Barranquilla junto a su hijo. Ambos manejan un servicio “puerta a puerta” que van desde esa ciudad hasta Santa Marta. Miguel hace el viaje diariamente ida y vuelta, por un camino que bordea el océano. A veces extraña la vida en el mar, pero cree que Colombia es el mejor país del mundo para vivir y que manejar es como navegar a menor a escala. Y aunque se pone triste cuando cuenta su historia, se siente un hombre afortunado. Un hombre afortunado que está aprendiendo a leer“.


El bosque kárstico del Río Claro

Una vez, hace muchos años, un amigo se perdió en un bosque oscuro, en la Patagonia. Tuvo mucho miedo y sobrevivió por su sentido de la orientación. Me gustaría pedirle alguna vez que escriba esa anécdota para Viajes Libres. Hasta que lo haga, un comentario sobre otro bosque, uno raro, una figurita difícil en el mundo: el bosque kárstico.

En alemán, karst quiere decir meseta de roca. El nombre proviene de una meseta situada en Esolvenia, que se extiende hasta Italia, donde la llaman carso. Las rocas de los paisajes kársticos tienen la particular de poder ser corroidas por el agua, a través de las grietas. El sistema kárstico incluye una fuerte interrelación entre la vegetación, los suelos, las cuevas y el agua subterránea.

En el último viaje a Colombia visité la Reserva Natural Cañón del Río Claro, en el departamento de Antioquia, a tres horas de Medellín, y a unos pocos kilómetros de la Hacienda Nápoles, la antigua finca de Pablo Escobar hoy convertida en Parque Temático.

La Reserva del Río Claro es un sitio pensado para el turismo ecológico. Se puede caminar en un bosque húmedo tropical de origen kárstico, es decir donde las plantas crecen sobre las colinas de mármol y piedras calizas. Es un bosque muy antiguo en el que se han identificado 980 especies vegetales de las cuales 20 son nuevas para el mundo.

No hay muchos bosques kársticos en el mundo. Alguno en Puerto Rico y el más famoso es la Reserva de Maolán, en Libo, Guizhou, China.

El de Colombia está en la reserva ecológica, donde se puede hacer un rafting suave, tirolesa, nadar en las aguas frescas del río o internarse y caminar a oscuras por la Caverna de  los Guácharos, aves poco estudiadas que habitan en el interior de las cavidades y sólo salen por la noche en busca de alimento.

Llegué al Río Claro con un grupo de periodistas, recorrimos la reserva durante varias horas y después del rafting, vuelta a la ruta. Los viajes de prensa no esperan. La próxima vez me gustaría pasar la noche en las cabañas. Para escuchar los sonidos del bosque por la noche y por la mañana. Para explorar las colinas de piedra y caminar entre la vegetación hasta el Templo del Tiempo, más allá de Playa Mármol.


Elegancia tropical

Reggae, rock, hip hop, rap y electrónica en Bomba Estéreo, esta buena banda cachaca que se presenta mañana en la edición N°20 del Festival Lollapalooza, en Santiago.




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