Habitaciones temporarias

The Travel Almanac es una revista. La encontré en una librería de Berlín. Se le ocurrió al productor John Roberts y a su amigo Pawel después de browsear publicaciones de viajes durante una larga espera en Heathrow. No encontraron nada nuevo y decidieron hacerlo.

Una revista que explorara el viaje y la habitación -en el sentido de habitar- temporaria según la mirada de músicos y artistas. Así surgió, como un intento de cubrir (algo de) ese vacío. Este número (Spring-Summer 2011) salió hace un par de meses, es el primero y desde que nació la idea hasta que estuvo en las librerías pasaron más de dos años.

Está dividida en tres secciones. Guests, en la que los autores conversan con sus artistas favoritos sobre cómo el viaje afecta sus vidas; Amenities & Incidentals, donde muestran hoteles únicos que suponen un experiencia, lugares no sólo para dormir, sino para estar, y Souvenirs, una selección de pequeños mementos y algunos consejos de viaje.

De este número me gustaron varios temas. En este post rescato algunos fragmentos de la entrevista a David Lynch, el director que viaja dentro del territorio de sus películas, y afuera también.

¿Qué lugares has visitado y han tenido un impacto duradero en ti, y cómo fueron esas experiencias?
Lodz, Polonia, en invierno es un lugar que me hizo empezar a soñar instantáneamente. Las ideas surgieron de la luz y las nubes bajas y de las nubes bajas, gris oscuro, y de las fábricas en ruinas y de la arquitectura única de la ciudad.

¿Cuáles son tus hoteles favoritos o lugares para quedarte cuando viajas?
Realmente me encantaba el Lancaster Hotel, en París. Ya no me quedo ahí porque no dan más la tarifa de “artista”. Era un hotel pequeño, pero acogedor y yo me sentía como en casa.

¿Cómo el viaje afecta tu trabajo y el proceso creativo? ¿Qué lugares te parecen más apropiados para trabajar y por qué?
Para mí, el lugar más apropiado para trabajar es casa. Pero muchas veces, nuevos lugares conjuran ideas, por eso, es bueno salir de tanto en tanto.

– ¿Tienes algún hábito o ritual cuando viajas que te hace sentir más cómodo cuando estás afuera de casa?
Fumar. Pero dejé de fumar, entonces nó sé qué pasará la próxima vez que vaya a París.

¿Cómo tu experiencia con la meditación afecta los demás aspectos de tu vida?
La meditación trascendental es como si te dieran una llave a un tesoro, y trascender es experimentar ese tesoro. Dicen que lo trascendente, es una experiencia holística, entonces todas las avenidas de la vida comienzan a mejorar cuando empiezas esta práctica. Lo trascendente es todo positivo -un gran océano sin límites de felicidad infinita, creatividad, inteligencia, energía, amor, paz.

The Travel Almanac es una revista, pero tiene espíritu de permanencia. Como los libros.


08001 Raval

Me gustó caminar por el Raval con esta música.


Jor-El, el taxista gallego y Superman

Sagrada Familia, Barcelona. Subo a un taxi con amiga del alma e hija. El taxista -de unos treinta años, morrudo, barba de dos días, aro brillante en la oreja derecha- acomoda a la bebe en el bebesit y pone el auto en marcha.

Luego de cruzar algunas calles siente la necesidad de contar que en tres meses nacerá su primer hijo. Mi amiga le pregunta el sexo, y cuando él responde que será varón, ella indaga por el nombre. Jorel, dice él, pronunciado yorel. Agrega que es un nombre hebreo y que la mujer preferido Joel, pero finalmente accedió.

No fue fácil. Discutimos. Ella decía Joel y yo Jorel. “Que Joel, hombre; que Jorel,mujer”. Como estábamos atascados, le dije que preguntáramos entre los conocidos más cercanos. El más votado sería el vencedor.

Le pregunto si buscaban nombres judíos. Entonces me mira por el espejo -sólo le veo un ojo, se ve serio- y dice: “No, Jorel es el papá de Superman”. Se escribe con guión Jor-El, pero nosotros se lo pondremos todo junto.

-Ahh.

Cuando nota nuestra ignorancia, explica de Smallville, la serie que cuenta la adolescencia de Superman, dice que además de Jor-El está Kal-El, que es Supermán (según pronunciación).

– ¿Y por qué no le pusiste directamente Kal-El?

-Claro que yo quería, por supuesto -vuelve a mirar por el espejo-, pero no pude convencer a la mujer. ¿Entiendes?  Hasta Jor-El accedió. Más no pude lograr.

Después sigue contando de Smallville. Es fanático, vio todos los capítulos. Entonces suelta la frase para el bronce. “He visto hasta la novena temporada. Es lo máximo. La décima ya está, pero todavía no he podido porque está subtitulada y no consigo leer y mirar la imagen al mismo tiempo. He tratado, pero joder, que no puedo. Mi mujer sí que lo consigue, no se cómo lo hace”. (Léase con acento gallego, de Vigo).

Aunque habla muy en serio, no se ofende por nuestras carcajadas, tan fuertes que las podría haber escuchado Messi desde el Camp Nou. Barcelona pasa por la ventanilla. Los edificios modernistas, los turistas acalorados, las estaciones de Bicing, parques, iglesias, museos, La Pedrera. La ciudad pasa, iluminada por el sol de la tarde. Pero el paisaje del interior del taxi es capaz de matar a Gaudí. Hoy, el paisaje está adentro y no afuera. Del Jor-El de Kryptonia no sé nada, del que llega en tres meses me animo a afirmar que se va a divertir.


Lolitas gyaru de Barcelona

Fue el sábado a la tarde, cerca del Arco de Triunfo. Más precisamente, después de cruzarlo. Estaba buscando una librería cuando me encontré con estas chicas tan lookeadas. No había sólo cuatro, eran más de treinta medio lolitas medio conejitas medio rococó medio cupcake medio góticas medio manga, medio infantiles, medio sexys. Del todo pop. Después me enteré que se reinauguraba Madame Chocolat, un negocio que vende ropa de este estilo.

Gal, así se llama esta tribu urbana nacida en Japón, fanática del cuidado de la ropa, el pelo, el maquillaje. “Gal viene de gyaru, me dijo una de las chicas, son chicas japonesas que imitan el estilo occidental, googlealo y vas a entender. Y sacó una revista, Egg, para que viera de qué se trataba. Más de cincuenta páginas llenas de chicas como ellas pero asiáticas. Esa noche leí que Egg es la biblia de las de las gal, abreviación de girl, en inglés, y gyaru, en japonés.

De cerca, las chicas tenían una gruesa capa de maquillaje, brushing, extensiones y mirada de muñecas. Durante la semana se visten sin brillos para estudiar y trabajar, pero cuando llega el sábado pasan horas frente al espejo y bajo el aire caliente del secador. Me imagino que si fueran a Tokio, lo primero que harían sería ir a Shibuya 109, un centro comercial dedicado a chicas de veintipico. También me imagino que de las palabras que saben en japonés, la que más les gusta es kawaii.


Volver…

Mientras escribo estas líneas, Ignacio M. está en el aire. Vuela a Buenos Aires después de vivir diez años en Barcelona.

Vino con la crisis y se va con la crisis. Tiene 30 años. Se lleva dos valijas pesadas y muchas ganas de volver a vivir en Argentina.

En sus dos viajes formó parte de una tendencia: argentinos que venían a buscar un futuro mejor después de la crisis y argentinos que se vuelven por muchos motivos, pero la crisis española es uno de ellos.

En estos diez años en Barcelona trabajó de muchas cosas y estudió Psicología en la UB. Se hizo amigos, pero extraña a los amigos. Antes de que se subiera al avión nos cruzamos cerca de la Sagrada Familia, su barrio hasta hoy, y conversamos un rato.

¿Por qué volvés?
Vuelvo para estudiar, quiero hacer un postgrado en Terapia Familiar. Vuelvo para reencontrarme con mi familia y mis amigos. Y vuelvo como parte de una evolución vital, para ver con perspectiva lo que ha cambiado en mí en estos diez años. Tengo un impulso de irme de aquí.

¿Qué expectativas tenés?
Mis expectativas no tienen que ver con Argentina en sí, sino con lo que significa para mí este cambio. Es aventurero volver, como también lo fue venir hace diez años. Pero lo que construí acá es interno. El primer tiempo voy a vivir en la casa de mis padres, es un regreso tanguero, vuelvo a la casita de mis viejos.

Ahí Ignacio, que toca la guitarra y canta, evocó el tango de Cadícamo, y recitó la parte que dice: “… Mis veinte abriles me llevaron lejos, locuras juveniles, la falta de consejo.”

¿Miedos?
Hay muchos, los que no se van, que me dicen “Estás loco, cómo vas a volver”, gente que con sus preguntas te hace dudar y pensar si estás haciendo lo correcto o no. Pero estoy decidido, confío en que me podré adaptar. Hoy sé que mi camino está allá. Quizás a lo que le tengo más miedo es a la cultura violenta que a veces hay en Argentina. Acá se practica el civismo, a veces un tanto excesivo, pero la amabilidad y el respeto están muy bien.

Todavía no tiene trabajo, pero tiene claro que quiere vivir de su profesión. Mientras tanto hará un postgrado en Terapia Familiar. “No quiero ser psicólogo de ricos, me gustaría que mi trabajo tuviera un contenido social”.

Una de las últimas cosas que hizo Ignacio antes de irse fue visitar la Sagrada Familia. Si bien vivía en el barrio y todos los días pasaba por la iglesia interminable nunca había entrado. Le impresionó, le encantó. Imagino que habrá sacado fotos, que la habrá mirado con otros ojos. No tanto como un vecino, más como un turista.


El cine de Nanni Moretti

El cine de Nanni Moretti queda en Trastevere, en la parte menos turística del barrio romano, atrás de los bares y del ruido.

Se llama Cinema Nuovo Sacher. La primera parte del nombre es un homenaje al antiguo Cinema Teatro Nuovo, inaugurado en ese lugar en 1922. La arquitectura fascista está intacta. La segunda parte del nombre es un homenaje a la torta Sacher, que tanto le gusta al director, y que da nombre también a su productora.

El cine de Nanni Moretti es un cine arte. Tiene una sola sala amplia, un café y un pequeño negocio donde se venden sus películas y algunos libros. Desde el 15 de abril, día del estreno, está en cartel Habemus Papam, su última película que cuenta la historia de un papa inseguro. Un papa que no se siente preparado para la misión que le toca. Entonces, después de descartar enfermedades físicas, los cardenales y obispos deciden que debe ir al psicólogo. Ahí es cuando Moretti se mete en el Vaticano y la película adquiere una dimensión fantástica.

Me cuenta Lucca, el que proyecta las películas en el Sacher, que los primeros veinte días vinieron alrededor de 1200 personas por día, incluidos curas y monjas, que salieron con una sonrisa. La película es divertida y respetuosa.

No es raro cruzárselo a Nanni en el cine. Le pasó a una amiga hace un mes. Suele ir alguna vez en el día, en su Vespa de los años 70, tal como uno lo recuerda en Caro Diario.

Después del cine comí en la Trattoria da Paolo, en la Plaza San Francisco, una buena recomendación de Lucca. Y me quedé pensando que es perfecto ver esta película en Roma, una ciudad atravesada por el contenido religioso y papal.




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