De la huerta a la feria de Aix

Se puede llegar de casualidad y estar ante un auténtico ejemplo de turismo espontáneo. Pero con las fechas y horarios a mano, uno puede asegurarse la visita. Los martes, jueves y sábados, desde las 7 de la mañana hasta las 13 -ni un minuto más- hay un mercado de frutas y verduras en la Plaza Richelme, a metros del Hôtel de Ville de Aix en Provence. Todo fresco, mucho olor a hierbas, a queso, a embutidos y a rúcula cortada hace media hora, no más.

El mercado está en la misma plaza desde la Edad Media.

Los puesteros gritan y son malhumorados. Pero siempre dan a probar, no una mísera miguita, sino un buen bocado de chorizo casero, de salchicha bañada en hierbas de Provence.

Ajos fuera de serie. Sólo verlos daban ganas de cortarlos y freirlos. O de llamar a Cézanne para que improvise una naturaleza muerta de ajos con cáscara roja.

Variedades desconocidas y resplandecientes de cebolla de verdeo.

En el mercado los precios son mucho más bajos que en el supermercado, y la mercadería mucho más real. En el super, las frutillas de frigorífico parecen plásticas y anémicas.

En los mercados de La Provence, la lavanda nunca falta. Ni las mezclas de hierbas aromáticas para acompañar “todas las cocinas”. La bolsita de lavanta cuesta entre 2 y 6 euros según el tamaño. Me dijo el que las hace y vende que la guarde en el cajón, y cada dos o tres meses la frote para que salga con más intensidad el aroma maravilloso.


Van Gogh en el hospicio de St. Paul

Hoy se ha convertido en una parada turística fundamental y en una ventaja para el vecino pueblo de St. Rémy que asegura en los folletos que ¡aquí estuvo Van Gogh!, pero lo cierto es que cuando Vincent estuvo en asilo de Saint Paul de Mausole la pasó bastante mal.

Aunque él mismo quiso ir, aunque él mismo se tomó el tren desde Arles para internarse, se puede intuir recorriéndolo que fue un año duro para el pintor holandés, tan genial como atormentado.

Si bien su cuarto fue demolido en 1964, lo reconstruyeron tal cual era, del mismo color y con la misma vista. Los detalles se armaron gracias a lo que el pintor le contaba a su hermano Theo en las cartas. El de la foto fue el cuarto de Vincent. Allí pintó más de cien obras durante el año que pasó en el hospicio.

Además de los famosos autorretratos, ahí pintó esa famosa y bella noche estrellada que hoy está en el MoMa. “Esta mañana vi el campo desde mi ventana mucho antes del amanecer. No había nada más que la primera estrella, que se veía muy grande”, le escribió a Theo.

Van Gogh llegó a St. Paul en 1889. Vino sin oreja y con una salud mental débil. Una de las formas de calmar a los locos en aquellos años era inmovilizarlos en una bañadera y tirarles desde lo alto un chorro de agua helada a mucha presión. Una hidroterapia nada placentera, pero según cuenta la historia esto los calmaba.

St Paul todavía es un hospital psiquiátrico que acepta hombres y mujeres (tiene alrededor de cien pacientes). Algunos de ellos pintan o hacen esculturas y en la tienda del museo están a la venta.

Afuera hay un campo de lavanda, pero dice la guía que en la época de Van Gogh había un campo de trigo y muchos menos árboles de los que se ven hoy.

A veces hay grupos que llegan gritando y no es raro escuchar que alguien dice que ese cuadro lo tiene en la casa. Pero en general se van rápido y el lugar queda en calma.

Está en medio del campo así que se escuchan los pájaros y se huelen los aromas silvestre de Provence. El ambiente es bastante similiar al de los tiempos de Van Gogh.


La gran expo Picasso-Cézanne

Pablo Picasso era un fan de Paul Cézanne. Y aunque vivieron en distintas épocas, pronto estarán juntos en una megamuestra en Francia.

A tal punto que llegó a compartir la fascinación de Cézanne por las luces de La Provence.

Y un día de 1958, ya viejo, con fama y dinero, fue y se compró el Chateau de Vauvenargue, a la sombra del Monte St. Victoire, ese que tanto pintó Paul Cézanne.

En el jardín de ese Chateau está enterrado el autor del Guernica, junto a su última mujer Jacqueline Roque, con la que estuvo los 20 años finales de su vida.
Picasso murió en 1973 y Jacqueline no pudo reponerse; en 1986 se suicidó. Según muchos, la historia del pintor español y su musa fue una de las más tristes historias de amor del siglo XX.

Volviendo a Cezánne y a Picasso, dos grandes que seguramente hubieran sido amigos, entre junio y septiembre de 2009 habrá una gran exposición-homenaje en el castillo de Vauvenargue, que contará la influencia de Paul en Pablo.

Todavía falta para la muestra, pero en la zona ya se habla de la muestra, según muchos una buena excusa para visitar el misterioso castillo.

Se podrán ver 80 Picassos y 20 Cézanne. Si bien el nombre de la expo todavía no está confirmado, es probable que sea Facing de Sun. De cara al sol -y a la luz- de La Provence.


Monet, otro fanático de los coquelicots

Parece que desde que vio estas amapolas silvestres, Claude quedó impresionado. Tiempo después pintó esta tela de una madre y su hijo paseando al aire libre, en Argenteuil, un día de verano. La pintura, Coquelicots, se puede ver en el Musée D’ Orsay, en París. La entrada cuesta 8 euros. Horario: de 9 a 18 y los jueves, hasta las 21.30.


Ventanas de La Provence


Crónicas parisinas, 70 años de vida cotidiana

Me gustan las exposiciones de fotos antiguas. Reconocer lugares y costumbres, ver qué se usaba en otra época, imaginar los colores que no se ven.

Esta moto biplaza está en Champs de Mars y es de 1922. La foto fue tomada por Jacques Boyer, un fotógrafo de la agencia fotos Roger Viollet, que por estos días festeja sus 70 años con una muestra sobre la vida cotidiana en París entre 1880 y 1950.

Se exhiben más de 70 fotos y la muestra es en el primer piso de la Torre Eiffel, que abre todos los días, de 9.30 a 23.45 (entre el 13 de junio y el 31 de agosto, una hora más). El acceso al primer piso cuesta € 4,80 y € 4 por escalera.

Se puede ver hasta el 1° de junio.


Azafatas… ¿eran las de antes?

Veo en Wired el glamour de las azafatas de antes y recuerdo mi último viaje a Bariloche, hace unos pocos días. El refrigerio fue suspendido por posibles turbulencias. Pero el cielo estaba despejado y el avión iba tan quieto que parecía que inmóvil. Igual, no hubo comida y los pasajeros morían por un sándwich y una Coca. Cuchichearon con ganas de una fila a otra. Estaban a punto del motín, lo juro.

Media hora antes de aterrizar tuve mucha sed y pedí un vaso de agua. Me lo dieron, sí, pero debo confesar que sentí que casi me lo dan por la cabeza. En ciertos vuelos da la impresión de que los cielos ya no son amigables. Incluso hay quienes creen que las azafatas de hoy se verían mejor con trajes de guardiacárceles.


Otoño en Bariloche

El muelle de Puerto Gross, en la Isla Victoria

Una cabaña de Puerto Pireo, en el kilómetro 17 de la Av. Bustillo

La Península San Pedro, desde el brazo Campanario

En MTB por el Valle del Manso, a 80 km de Bariloche


La reivindicación del cielo nublado

Existe una sociedad que mira a las nubes. Se hacen llamar The Cloud Appreciation Society (La Sociedad de Apreciación de las Nubes) y se dedican a observar, reconocer, catalogar, y también archivar nubes.

Para ellos, la vida sería aburrida si uno mirara para arriba y el cielo siempre fuera azul.

Para ellos, las nubes son la poesía de la naturaleza. Tienen más de 12.000 miembros de 62 países y un manifiesto que reivindica el cielo nublado.

Recorriendo su página uno puede entender cómo es un cumulus y qué características debe tener una nube para convertirse en cumulonimbus, cirrus o stratus. Hay novedades y prensa relacionada con las nubes. ¿Una de las últimas noticias? La sociedad está enojadísima porque parece que China está preparada para disparar contra las nubes en caso de que se les ocurra cubrir el cielo azul en las próximas Olimpíadas.

La Sociedad de Apreciación de las Nubes quiere recordarle al mundo que las nubes son expresiones de los humores de la naturaleza, que hacen bien al alma de los soñadores y excitan la imaginación. Incluso creen que si uno reflexiona sobre las formas que ve en las nubes, ¡terminará de una vez con la cuenta del psicólogo!

Para los que miran nubes cuando viajan y también para los que tienen nubes en sus archivos digitales, llegó la hora de compartirlas: esta sociedad anima a todos a enviar sus nubes por correo para que aparezcan en la página. SI es una nube extraña o que significa algo -como el chancho de seis patas o el plato volador rosado que fueron portadas de libro- puede competir en el concurso de La nube del mes.

La sociedad también tiene su galería de arte, con pintores y poetas de las nubes. Y, en un intento de asir la naturaleza etérea de las nubes también hay un shop con calendarios de nubes, t-shirts de nubes y pins de nubes que ya pasaron.


El sueño de tomar el sol