Selvas lejanas, camino a

Veo las flores de Denise Giovaneli y pienso en un ave tropical, una fruta carnosa y desconocida, el Carnaval de Río. Como si los pétalos amarillos y el filamento violeta tuvieran lazos invisibles a escenas exuberantes, selvas lejanas.

Veo estas flores y veo más que flores. La planta no reconoce límites y nace un país sin fronteras. Donde la mirada construye un camino a mundos soleados.

Me gusta cuando el agua atraviesa sus fotos. Vuelve los cuerpos blandos, moja el cabello, inunda el ambiente de inquietud. Chorrea, se escurre. Mata la rigidez ósea para que crezca la fantasía. Y las nubes completan un vestido que no sería extraño que de un momento a otro saliera volando, como un barrilete de otoño.

La fotógrafa construye un paisaje con elementos sólidos,suavidad femenina, instantes ganados y elregocijo íntimo del lo experimental. La mirada está ahí: desnuda, atenta, de pie.

Cuando veo el bosque cerrado y penumbroso que Denise encontró en Córdoba agradezco la luz de luna, sus claros radiantes, la nostalgia de Tolkien, la sensación de estar en una película de aventuras, donde la protagonista es una mujer. Y sabe bailar.


25 imprescindibles de Nueva York

¡Extra – Extra! En la revista Lugares de este mes, que apareció hoy en los kioscos, escribí un artículo con 25 imperdibles de Nueva York. El primero es conseguir Time Out, el mejor calendario de eventos de la ciudad. Recomendación N°1: dejar las valijas y salir a comprar la revista. El Village Voice es un buen complemento. Otros imprescindibles: Brooklyn Heights, The Blue Note, Gospel en Harlem, los thrift shops y más. Los que no viven en Argentina pueden leerlo aquí, en unos días, cuando esté online el link.

En la revista también hay notas sobre distintos barrios con onda de América: Condesa y Coyoacán, en México; Santa Teresa, en Río de Janeiro y los highlights de Toronto, con buenísimas fotos.


Ritos americanos, según Diane Arbus

Chica emergiendo del océano en ruleros, Coney Island, NY

El otro día fui a la casa de una amiga fotógrafa. De su extensa y variada biblioteca me llamó especialmente la atención Revelations, el libraco de otra fotógrafa, la estadounidense Diane Arbus (1923-1971).

Dentro del extraño mundo que abre ese libro, editado postmortem por su hija y su editor, reparé en una carta mecanografiada en 1963 que Arbus mandó como proyecto personal para aplicar a la beca Guggenheim, que luego ganó.

Esta es la traducción de esa carta de presentación.

 Ritos americanos, modales y trajes

Quiero fotografiar las ceremonias importantes de nuestro presente porque viviendo aquí y ahora tendemos a percibir sólo lo que es azaroso, estéril, sin forma. Mientras lamentamos que el presente no es como el pasado y abandonamos la esperanza de que se convierta en algún futuro, sus hábitos innumerables, inescrutables yacen en espera de su significado. Los quiero recolectar como la abuela de alguien que guarda conservas porque van a haber sido tan hermosos.

Hay ceremonias de celebración (Los Shows, los Festivales, las Fiestas, las Convenciones) y las ceremonias de competencia (Concursos, Juegos deportivos), las ceremonias de comprar y vender, de apostar, de la ley y el show; las ceremonias de fama en las que los ganadores ganan y los suertudos son elegidos o las ceremonias de familia o encuentros (las Escuelas, los Clubs, los Encuentros).

Después están los Lugares Ceremoniales (el salón de la peluquería, el salón de la funeraria o simpelemente, el salón) y los trajes ceremoniales (lo que usa una camarera, o los luchadores), ceremonias de los ricos, como un show de perros y de la clase media, como el juego de bridge. O por ejemplo: la lección de baile, la graduación, la cena de compromiso, la sesión de espiritismo, el gimnasio, el picnic. Y quizás, la sala de espera, la fábrica, el baile de máscaras, el ensayo, la iniciación, el lobby del hotel y la fiesta de cumpleaños. Etcétera.

Escribiré lo que sea necesario para una mayor descripción y dilucidación de estos ritos, iré hasta donde pueda para encontrarlos. Estos son nuestros síntomas y nuestros monumentos. Quiero simplemente guardarlos, porque lo que es ceremonioso y curioso y lugar común será legendario.”

Diane Arbus

Este año el SFMOMA cumple 75 años y lo celebra con distintas muestras, entre ellas, una de fotografía que focaliza en los artistas contemporáneos, a partir de 1960. Diane Arbus, la mujer que mostró a los invisibles y a los marginados, integra la muestra, que se podrá ver hasta fin de mayo.


Ilustraciones para escuchar el color

Anoche estuve en la inauguración de la muestra “Temporada alta”, de Augusto Costanzo en la nueva sede de la galería Elsi del Río, con música de Javier Malosetti, que tocó inspirado por los colores de su amigo.

“Temporada Alta” es una cruza entre un iPod y una caja de lápices de colores, siempre listos para “escuchar el color”.

iPencil es el nombre de uno de los trabajos del ilustrador (foto), con clima de la West Coast, sueños de guitarras y colores de atardecer. Los que se perdieron la muestra de hace algunos meses en el Recoleta, una excelente oportunidad para conocer al artista. Hasta el 27 de febrero.


Tim Burton en el MoMA

Hasta abril del próximo año, los que viajen a Nueva York podrán ver una muestra del genial Tim Burton, en el MoMA.

Además de algunas películas que tanto nos gustan, como El joven manos de tijera, Ed Wood, Mars Attacks!, El gran pez, Charly y la fábrica de chocolateEl cadáver de la novia y Alicia en el País de las Maravillas, que se estrenará en 2010, la exhibición abre nuevos mundos burtonianos.

Sí, se verán películas, pero también otras facetas menos conocidas del artista, como sus bocetos, esculturas, dibujos, fotografías y hasta un enorme Niño Globo diseñado especialmente para el lobby del museo.

También escribió guiones y dirigió, entre otros, el video Bones, para la banda The Killers, que hace unos días lo pasó pantalla gigante en su recital en Buenos Aires.

Escribió La melancólica muerte del niño ostra, un libro de cuentos para niños, con bebés robots, una niña que no puede dejar de mirar, mirar y mirar, un niño con dos clavos de ojos y la conmovedora historia del chico que nace y muere ostra, con olor y todo.

Mientras tanto, antes de partir a Nueva York, ahora mismo quizás, se puede dar una vuelta por el sitio Web de Burton. Se pasará  un buen rato, es un poco como viajar. Ya desde el ingreso hay que participar, usar el mouse como joystick y manejar al Chico Ostra (Stain Boy), para que entre en una casa medio tenebrosa, que es una galería de arte y desnuda la mirada inocente, diabólica, atroz y hermosa de Burton.


Allá afuera

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“Siempre estoy mirando hacia afuera, tratando de mirar hacia adentro, tratando de decir algo que sea verdad. Pero quizás nada es realmente verdadero. Excepto lo que está allá afuera. Y lo que está allá afuera cambia constantemente”.

 

 

Robert Frank, fotógrafo.


Los promotores senior de Sausalito

Fanáticos de su ciudad, los señores se pasan la tarde informando sobre Sausalito en el box turístico que está frente al puerto. Cada dato lo rematan con una sonrisa real, un detalle no menor en un viaje por el país que inventó la sonrisa Mc Donalds.

Si el viajero les da pie para conversar seguro que meten su bocado preferido: “Para llegar a Sausalito, para eso se construyó el Golden Gate“.


El oeste americano de Richard Avedon
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Boyd Fortin, 13 años, desollador de serpientes

El trabajo menos famoso de Richard Avedon es el que más me gusta. Lo vi hace algunas semanas en el SFMOMA. Integra una retrospectiva del fotógrafo que se puede ver hasta el próximo 29 de noviembre. Son retratos, con la mismas técnica de fondo blanco, luz uniforme, ambiente de quirófano y cámara de gran formato que usó para retratar a Marilyn Monroe, Marlon Brando, Alfred Hitchcock, Truman Capote, D.D. Eisenhower, Ronald Reagan, Chet Baker. La diferencia es que las personas de estos retratos no son famosas.

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Myrna Sandoval y su hermana Claudia

Resulta que en 1979, cuando Avedon tenía 55 años, Mitchell Wilder, el director del Amon Carter Museum, de Forth Worth, Texas, le encargó una misión: fotografiar la gente y la cultura del american west. Richard Avedon se tomó el encargo con mucha seriedad y durante cinco años, entre 1979 y 1984, viajó por 17 estados, visitó 189 pueblos y retrató 752 personas para hacer una suerte de inventario de los pobladores.

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Roberto López, empleado en campos petroleros

El proyecto se convirtió en el libro In the american west, que muestra un inventario personal de pobladores anónimos en un momento en el que el boom del petróleo había terminado y la decadencia de la minería era un hecho. Los retratos son ventanas abiertas al oeste americano de aquellos años.

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Ronald Fisher, apicultor

Un desollador de serpientes de 13 años, un apicultor, trabajadores de las minas, amas de casa, secretarias, vagabundos, camareras que lo miran con los ojos, con el cuerpo, con el alma.


Mitad de año en el DF, clics urbanos

 

 

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Buenos Aires, tras la lente de un noruego

Unos meses atrás, entrevisté al fotógrafo noruego Bjarne Bare, a propósito de su paso por Buenos Aires. Venía en busca de la soledad urbana, del vacío que esconden las ciudades y sus habitantes. Ya de regreso en su país me escribe para contarme que ha seleccionado las fotos que componen la serie Buenos Aires Color,  que se puede ver a continuación.

 

Recuerdo que cuando hablamos la primera vez me dijo que de más chico -ahora tiene 25 años- pensaba que Buenos Aires era una especie de París pero en la selva. Después vino y vivió algunos meses y conoció Flores y Almagro, y le gustó La Boca y se hizo amigos y comió un asado en una isla del Delta. Estas fotos y el resto de la selección que se puede ver en su página son el resultado de un viaje a una selva que no es exactamente como él se la imaginaba.

De Buenos Aires, Bjarne viajó a París para ver si encontraba alguna similitud entre las dos ciudades. Me cuenta en su correo que encontró coincidencias, pero fueron de tipo arquitectónico: “No pienso que se pueda comprar a los franceses con los argentinos. En París no existe el ritmo de Sudamérica, no hay latidos de tango por allá“.

Ahora está en Noruega y asegura que el clima es agradable. Igual, acaso para probar que el verano existe tan al norte, adjunta una foto que tomó con su celular: se ve la ventana de su cuarto, una orquídea en flor y otra planta suculenta en el alféizar, el cielo azul y la luz que inunda el cuarto.

Me cuenta que aprovecha el buen clima de su país para trabajar. Recién termina de curar una gran muestra de siete fotógrafos noruegos que trabajaron en Japón. La exhibición, que se inauguró el sábado pasado con sushi y cerveza, consta de 60 fotografías. Bjarne ha hecho un trabajo sobre los Rockabilly japoneses y a fin de este año regresará a Tokio.

“Quería que mis fotos mostraran un diario del viajero anónimo. Espero que cuando las personas miren esta serie de fotos puedan inventar sus propias historias”.

“Me gustan las fotos con esas cualidades, abiertas a las historias y cerradas en tanto fotos terminadas. Creo que las fotos muestran un cierto ritmo y la mirada curiosa de un extranjero“.




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