Se puede llegar de casualidad y estar ante un auténtico ejemplo de turismo espontáneo. Pero con las fechas y horarios a mano, uno puede asegurarse la visita. Los martes, jueves y sábados, desde las 7 de la mañana hasta las 13 -ni un minuto más- hay un mercado de frutas y verduras en la Plaza Richelme, a metros del Hôtel de Ville de Aix en Provence. Todo fresco, mucho olor a hierbas, a queso, a embutidos y a rúcula cortada hace media hora, no más.
El mercado está en la misma plaza desde la Edad Media.
Los puesteros gritan y son malhumorados. Pero siempre dan a probar, no una mísera miguita, sino un buen bocado de chorizo casero, de salchicha bañada en hierbas de Provence.
Ajos fuera de serie. Sólo verlos daban ganas de cortarlos y freirlos. O de llamar a Cézanne para que improvise una naturaleza muerta de ajos con cáscara roja.
Variedades desconocidas y resplandecientes de cebolla de verdeo.
En el mercado los precios son mucho más bajos que en el supermercado, y la mercadería mucho más real. En el super, las frutillas de frigorífico parecen plásticas y anémicas.
En los mercados de La Provence, la lavanda nunca falta. Ni las mezclas de hierbas aromáticas para acompañar “todas las cocinas”. La bolsita de lavanta cuesta entre 2 y 6 euros según el tamaño. Me dijo el que las hace y vende que la guarde en el cajón, y cada dos o tres meses la frote para que salga con más intensidad el aroma maravilloso.
Hace unos días caminé sobre el Puente de Avignon. Hasta donde se puede, eso sí, porque el puente está cortado.
Nada que ver con los cortes que ya se han vuelto un clásico argentino actual. El Puente de Saint Bénezet conocido como Puente de Avignon, fue construido y reconstruido varias veces desde el siglo XII.
Las guerras y las inundaciones del Ródano lo destruyeron y los sucesivos reyes mandaban a reconstruirlo. Hasta que allá por el siglo XVII fue abandonado y quedó cortado para siempre. Hoy se ve como en esta foto. El fin llega un poco después de la mitad, más allá el Ródano corre apurado.
Hoy Avignones una ciudad de 100.000 habitantes con murallas y un pequeño casco medieval. Los turistas visitan el puente, cantan la canción, recorren el grandiosoPalacio de los Papas y si probablemente prueben el reconocido vino Chateauneuf du Pape. En julio de cada año se celebra el Festival de Avignon, uno de los festivales de teatro más importante del mundo. Quien vaya en esa época deberá reservar con meses de anticipación: la ciudad desborda.
Pero en otros tiempos, cuando en Avignon vivían 20.000 personas y se la llamaba Altera Roma porque era la ciudad donde residían los papas (de Clemente V a Gregorio XI), existía un dicho sobre el puente de Saint Bénezet: “Si el puente de Avignon atravesaras al menos dos monjes, dos asnos y dos putas encontraras”. En esta época, nada de eso. Los encuentros son más uniformes: puros turistas. Sólo en 2007 lo visitaron 367.000 personas (La entrada cuesta 4 euros, pero hay descuentos de entre el 20 y el 50% después del segundo monumento visitado en la ciudad).
La famosa canción Sur le Pont D’Avignon nació en el siglo XV como una canción popular para dormir a los bebés. Luego Pierre Certon la convirtió en una misa y más tarde, a mediados de 1800, se estrenó como opereta en París. Un detalle: si bien siempre se cantó “sobre” el puente de… la verdad es que no se bailaba arriba, sino debajo de él.
Ha sido interpretada cientas de veces en varios idiomas y ritmos musicales. Tanto, que debajo del puente hay un espacio para escuchar diferentes versiones de ayer y de hoy, desde la salsa hasta el rap. Incluso, es posible un karaoke con el tema. Aquí, la elegante versión de Jean Sablon grabada en 1962:
Me gustan las exposiciones de fotos antiguas. Reconocer lugares y costumbres, ver qué se usaba en otra época, imaginar los colores que no se ven.
Esta moto biplaza está en Champs de Mars y es de 1922. La foto fue tomada por Jacques Boyer, un fotógrafo de la agencia fotos Roger Viollet, que por estos días festeja sus 70 años con una muestra sobre la vida cotidiana en París entre 1880 y 1950.
Se exhiben más de 70 fotos y la muestra es en el primer piso de la Torre Eiffel, que abre todos los días, de 9.30 a 23.45 (entre el 13 de junio y el 31 de agosto, una hora más). El acceso al primer piso cuesta € 4,80 y € 4 por escalera.
Veo en Wired el glamour de las azafatas de antes y recuerdo mi último viaje a Bariloche, hace unos pocos días. El refrigerio fue suspendido por posibles turbulencias. Pero el cielo estaba despejado y el avión iba tan quieto que parecía que inmóvil. Igual, no hubo comida y los pasajeros morían por un sándwich y una Coca. Cuchichearon con ganas de una fila a otra. Estaban a punto del motín, lo juro.
Media hora antes de aterrizar tuve mucha sed y pedí un vaso de agua. Me lo dieron, sí, pero debo confesar que sentí que casi me lo dan por la cabeza. En ciertos vuelos da la impresión de que los cielos ya no son amigables. Incluso hay quienes creen que las azafatas de hoy se verían mejor con trajes de guardiacárceles.
Doy un repaso a los diarios de este sábado fresco y me encuentro, en la sección Sociedad de Crítica de la Argentina, con el colmo del souvenir: ya se venden las cenizas del volcán Chaitén, en frasquitos y listas para poner en el estante del living.
Se venden por Mercado Libre y el aviso dice así: “Auténtica ceniza del volcán Chaitén. Pureza extrema. Caída en El Bolsón (Río Negro) el 6 de mayo y recolectada por expertos cosechadores de cenizas. No tenga sólo cenizas de cigarrillos en su cenicero, sea chic y ponga un poco de ceniza volcánica. Sus amigos lo envidiarán. Será la atracción en las reuniones familiares. El lote consta de un frasco de vidrio con tapa herméticamente sellada para guardar su frescura y pureza. Son aproximadamente 400 gramos de este raro material, muy pocas veces visto en nuestro país. No deje pasar esta oportunidad. Consulte por cantidades mayores”. El frasco cuesta 10 dólares.
En este momento, más de cuatro mil chilenos viajan en busca de un refugio. Los evacuados por la erupción del volcán Chaitén son expulsados de los pueblos cercanos urgente, con la rapidez que el cráter despide las cenizas.
“No me quiero ir, no quiero dejar mi tierra”, gritaron los pobladores. Pero el éxodo es obligatorioy debieron partir en un viaje sin destino.
Algunos se fueron en buques por mar y otros cruzaron la frontera en auto, hacia Argentina. De ésta última manera habían pasado los jóvenes que encontré el domingo en una estación de gasolina, a unos cincuenta kilómetros de Bariloche.
Ya era de noche y estaba oscuro, pero alcancé a distinguir a ocho personas: cuatro abajo y cuatro arriba de un camión destartalado. Al principio me dieron miedo. No sé por qué. Quizás porque ellos irradiaban su propio miedo. Iban con gorros y bufandas que les tapaban la boca y media nariz. Uno, el de ojos grandes y negros, se acercó a la camioneta que me transportaba y le habló al conductor, que bajó la ventanilla sólo hasta la mitad posiblemente también por miedo, aunque otra clase de miedo.
Dijo que su camión estaba averiado y le preguntó si conocía una grúa en la zona. La situación era extraña. La zona estaba vacía, silenciosa y fría. Para encontrar un taller mecánico había que llegar hasta Bariloche. La conversación tenía poco sentido hasta que, tímidamente, el hombre de unos veintipico lo soltó: “Venimos de Chaitén”. Señaló hacia la cordillera y se dieron vuelta los que estaban con él. Todos miramos a su pueblo, que hoy es un pueblo fantasma.
En el camión averiado había una mujer, dos niños y más gente. Cuando entendió la situación, el conductor se ofreció a llevar a uno -sólo había un lugar disponible- hasta Bariloche para buscar un remolque.
Pero ellos no querían separarse y prefirieron no subir. Habían abandonado su casa, sus bienes, sus mascotas. Entonces, el hombre joven de ojos grandes y negros dio las gracias, y la camioneta que me transportaba arrancó de una vez. Afuera se quedaron ellos atravesados por su incertimbre. Adentro, cuatro turistas en silencio, confundidos por no haber hecho nada.
El Tsunami en Tailandia, el huracán en Nueva Orleans, el ciclón en Myamnar, los viaje de emergencia parecen cada vez más frecuentes en esta época. Han pasado unos días desde el domingo y la actividad del volcán Chaitén es más intensa. Dicen que las cenizas podrían llegar hasta Buenos Aires. Leo en las noticias historias mínimas de evacuados y me pregunto si habrán encontrado refugio, dónde estarán, cómo habrá sido el viaje de los chicos que vi ese domingo en la ruta.
Existe una sociedad que mira a las nubes. Se hacen llamar The Cloud Appreciation Society (La Sociedad de Apreciación de las Nubes) y se dedican a observar, reconocer, catalogar, y también archivar nubes.
Para ellos, la vida sería aburrida si uno mirara para arriba y el cielo siempre fuera azul.
Para ellos, las nubes son la poesía de la naturaleza. Tienen más de 12.000 miembros de 62 países yun manifiesto que reivindica el cielo nublado.
Recorriendo su página uno puede entender cómo es un cumulus y qué características debe tener una nube para convertirse en cumulonimbus, cirrus o stratus. Hay novedades y prensa relacionada con las nubes. ¿Una de las últimas noticias? La sociedad está enojadísima porque parece que China está preparada para disparar contra las nubes en caso de que se les ocurra cubrir el cielo azul en las próximas Olimpíadas.
La Sociedad de Apreciación de las Nubes quiere recordarle al mundo que las nubes son expresiones de los humores de la naturaleza, que hacen bien al alma de los soñadores y excitan la imaginación. Incluso creen que si uno reflexiona sobre las formas que ve en las nubes, ¡terminará de una vez con la cuenta del psicólogo!
Para los que miran nubes cuando viajan y también para los que tienen nubes en sus archivos digitales, llegó la hora de compartirlas: esta sociedad anima a todos a enviar sus nubes por correo para que aparezcan en la página. SI es una nube extraña o que significa algo -como el chancho de seis patas o el plato volador rosado que fueron portadas de libro- puede competir en el concurso de La nube del mes.
La sociedad también tiene su galería de arte, con pintores y poetas de las nubes. Y, en un intento de asir la naturaleza etérea de las nubes también hay un shop con calendarios de nubes, t-shirts de nubes y pins de nubes que ya pasaron.