Gente de mi ciudad

Domigo de sol. El último, para ser exacta. Hace frío en Buenos Aires, pero igual decido ir en bicicleta. La ciudad se ve medio vacía. La imagino almorzando pastas o quizás durmiendo la siesta porque son pasadas las dos.

Animada por el extraño desierto urbano circulo rápido. Suena Elza Soares. Paro en un semáforo, no porque venga un auto, sino para cambiar el track. Entonces escucho que alguien me habla desde la esquina. Levanto la cabeza y ahí está ella.

Voy a esmerarme en la descripción de esta señora para que puedan verla. O mejor, para que crucen de vereda si la ven. Ella no es alta ni joven ni flaca. Tiene el cabello de color caoba, anda despeinada, y usa anteojos de marco dorado. Un jogging azul, una campera de los años 80, verde y negra, y zapatillas como de jugador de la NBA. Tendrá cincuenta y tantos, mal llevados. No podría calcular el peso, pero es una mujer obesa. En la mano lleva una bolsita de nylon rosa, parece que hubiera comprado un remedio en la farmacia.

Educada, me saco los auriculares, salgo un momento de mi mundo,  y la escucho.

– ¿Sabés dónde hay un Mc Donalds por acá?

Estoy agitada porque, como decía, vengo rápido por la ciudad vacía, dormida, soleada.

– Sí, dos o tres cuadras para allá -respondo entre jadeos, sonriendo.

Ella me mira fijo y dice. No, no dice. Exclama, con tal convicción que hasta puedo ver los signos, rodeándola como un aura:

– ¿Para qué hacés eso, boluda? ¿No ves lo agitada que estás? ¡Te hace mal al corazón!

El sol, Elza Soares, la bicleta, ella hecha trizas sobre el asfalto, un Big Mac que cae en algún lado como un bulón, la puteada, el corazón. No respondo. No tengo palabras, sólo imágenes.

Ella aprovecha para cruzar en diagonal. Pisa fuerte con sus zapatillas de la NBA, el viento le bate el cabello caoba. Lentamente, me calzo un auricular, después el otro. Estoy a punto de partir, pero no. Falta hacer algo. Me doy vuelta y exclamo, sin insultos pero con envión, así ella también puede ver los signos:

– ¡A vos te hace falta bicicleta!

No sé si responde o no porque no miro para atrás. Vuelvo a mi domingo de sol. Y no pararé en los próximos semáforos a menos que sea estrictamente necesario. Suena otra vez Elza Soares, el tema Pra que discutir com madame, para ser exacta.

Publicado por Carolina Reymúndez | 4 de agosto de 2010

Archivado en A propósito de, Anécdotas, Argentina, Buenos Aires, Check in, Costumbres, Destinos, Gastronomí­a, Mal viaje, Paisajes | 5 comentarios



5 comentarios

  1. Naty dijo:

    jajajaja ¿de verdad? No lo puedo creer!

  2. Carolina Reymúndez dijo:

    Creélo porque pasó así, tal cual.

  3. maria cristina lebrón dijo:

    hola Carolina, creo que es el primer artículo tuyo que leo, me encantó. Gracias, publicás siempre en este lugar?

  4. Carolina Reymúndez dijo:

    Hola Cristine
    Qué bueno que llegaste y que te gustó, gracias a vos!
    Sí, siempre publico en este lugar, ahora ya lo sabés, te espero 🙂

    Saludos a todos por allá.

  5. Ana* dijo:

    Eu não acredito!
    qué loca suelta che

Comentarios



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