¡No te olvides el cepillo de dientes!

Los viajeros olvidadizos ya tienen una solución gratis y utilísima. Basta con registrarse en esta página para acceder a extensos y completos listados que tienen la función de recordarnos todo lo que podríamos olvidar. A medida que lo hace, le pone un tilde.
¿Puso el cepillo de dientes? ¿Cerró la llave del gas? ¿Guardó el traje de baño? ¿Sabe si necesita adaptadores especiales para el país adonde viaja? ¿Le pidió a algún vecino que le riegue las plantas?
Ok, algo obvias las recomendaciones. Pero no son las únicas. Los listados comienzan con una primera planificación (¿se necesitan vacunas? ¿tiene el pasaporte en regla? ¿no se le vence durante el viaje?), luego viene lo que uno debería hacer una semana antes del viaje, como hacer el itinerario, chequear que los candados de las valijas tengan llave, conseguir alguna receta médica en caso de necesitarla. Cada tanto, vienen algunas ideas muy locales, algo ridículas para otros países, por ejemplo, no deje de suspender el delivery de leche antes de viajar.
Si a uno no le convence la lista de prioridades establecidas, fácilmente se arma una lista personalizada con los items que considere oportunos. Y hasta hay una opción para recibir alertas en el correo, del tipo: ¡No te olvides el cepillo de dientes!
El sitio se llama justamente dontforgetyourtoothbrush.com y ya tiene 14.000 visitantes por día, todos turistas con un pie en las vacaciones. Una solución cómoda para el típico stress previo al viaje.

El año que viene se cumplirán 60 años de
destruida, corrupta y llena de sombras, de casas, de faroles y de un misterioso tercer hombre.
En sus travesías por el mundo, los viajeros dejan mucho dinero, millones de euros según la Organización Mundial del Turismo. Pero también dejan corazones rotos. Eso nadie lo contabiliza, salvo alguna poesía, un cuento, una película.
El taxista que me lleva al aeropuerto podría ser español o colombiano. Pero es argelino y se llama Zine.
“Una vez entró un soldado a la casa de mi padre y le mostraron una foto de un hombre joven. Le preguntaron si lo conocía. El dijo que no. El soldado le dijo: Sé que es su hijo y yo estuve presente cuando lo mataron. Algeria no ganó por las armas, pero ganó por la diplomacia”, me cuenta con tristeza y orgullo.
En Francia, siempre que pueden le mandan un saludito a Africa. Eso cuando no le devuelven un grupo de inmigrantes.
Así es el mistral: se forma de un momento a otro y sopla su música impetuosa. Por eso los que navegan embarcaciones pequeñas no lo quieren: en sólo ocho minutos los puede poner en peligro. Y lo peor: es un viento difícil de predecir. Cuando lo anuncian en el servicio meteorológico, en general ya sopló.





La Provence está de moda. No sólo en Francia, también en Europa y entre los hombres y mujeres con fortuna de cualquier parte del mundo. Hasta me enteré de un argentino que se compró una casa en La Provence.
Visité una mansión así cerca de Saint Rémy, un pueblo donde encontrarse a Carolina de Mónaco en el supermercado es más fácil que encontrar un locutorio. La princesa de Mónaco suele pasar varios meses ahí. El mismo pueblo donde Angelina Jolie y Brad Pitt están a punto de comprarse una casa. Parece que ya la vieron dos veces y según dicen los rumores, faltarían unos detalles. El mismo pueblo donde Jean Reno -el actor de El perfecto asesino- tiene una casa y viñedos. Y curiosamente, el mismo pueblo donde en 1503 nació el consultor astrológico que predijo el fin del mundo, Nostradamus.
Los Lafourcade se instalaron aquí en los años 70. Poco a poco se especializaron en restauraciones que siguen el estilo del siglo XVIII. Han logrado que un Chateau venido a menos vuelva a brillar. Hoy, su estudio restaura las mansiones más increíbles de la Provence. Esas que después de su mano pasan a costar diez millones de euros. Por lo menos. Ellos se llaman a sí mismo “maestros de la metamorfosis” y tienen clientes de todo el mundo. Tantos, que una vez rechazaron a un ruso porque resultó ser de la mafia. Más allá de ese caso, los nuevos ricos rusos están entre sus clientes principales.
Hoy se ha convertido en una parada turística fundamental y en una ventaja para el vecino pueblo de St. Rémy que asegura en los folletos que ¡aquí estuvo Van Gogh!, pero lo cierto es que cuando Vincent estuvo en asilo de Saint Paul de Mausole la pasó bastante mal.
Si bien su cuarto fue demolido en 1964, lo reconstruyeron tal cual era, del mismo color y con la misma vista. Los detalles se armaron gracias a lo que el pintor le contaba a su hermano Theo en las cartas. El de la foto fue el cuarto de Vincent. Allí pintó más de cien obras durante el año que pasó en el hospicio.
St Paul todavía es un hospital psiquiátrico que acepta hombres y mujeres (tiene alrededor de cien pacientes). Algunos de ellos pintan o hacen esculturas y en la tienda del museo están a la venta.





