De José Watanabe

 

El guardián del hielo

Y coincidimos en el terral
el heladero con su carretilla averiada
y yo
que corría tras los pájaros huidos del fuego
de la zafra.
También coincidió el sol.
En esa situación cómo negarse a un favor llano:
el heladero me pidió cuidar su efímero hielo.

Oh cuidar lo fugaz bajo el sol…

El hielo empezó a derretirse
bajo mi sombra, tan desesperada
como inútil.

Diluyéndose
dibujaba seres esbeltos y primordiales
que sólo un instante tenían firmeza de cristal de cuarzo
y enseguida eran formas puras
como de montaña o planeta
que se devasta.

No se puede amar lo que tan rápido fuga.
Ama rápido, me dijo el sol.
Y así aprendí, en su ardiente y perverso reino,
a cumplir con la vida:
yo soy el guardián del hielo.

 

Del libro Cosas del cuerpo, del gran poeta peruano José Watanabe.

(La foto la saqué en Lago Posadas, Santa Cruz. Esa luz, el reflejo, ese momento duraron más o menos lo mismo que el hielo cuando se derrite)


Sentencias del Tata Viejo

Hace poco estuve en Huaco, cuna del poeta Buenaventura Luna, el amigo de Atahualpa, el que le escribió al alagarrobo y cantó estas Sentencias del Tata Viejo.

Todavía se puede visitar el antiguo molino de su familia, su tumba en el cementerio y un monumento. Pero lo mejor no es eso, sino ver y sentir el latido de la tierra reseca y colorada que lo inspiró toda la vida, aún después de mucho tiempo de no vivir más allí.

Pongan el oído paisanos
a lo que voy a decir,
por que les quiero “alvertir”
que del mundo, en el concierto,
les conviene hacerse el muerto
pa’ que les dejen vivir.

(cantado)

Cuatro edades cumple el hombre
al cabo de haber vivido:
la inocencia, en que ha nacido,
poco después, la esperanza,
la dicha, que nunca alcanza,
y por último, el olvido.

Por desdenes en amor
se achican siempre los flojos,
y hay mujer muerta de antojos
que no da consentimiento.
Güena china y perro hambriento,
dicen que sí con los ojos.

Las curanderas de empacho
conocen midiendo ombligos,
otros aprecian el trigo
por el peso de sus granos,
yo digo que es mal cristiano
quien siempre muda de amigos.

El dolor educa al hombre
y es el que lo hace más juerte,
no te quejís de la suerte
ni andés llorando querellas,
que al fin y al cabo, las huellas
llevan todas a la muerte.

(recitado)

La mulata hace jugar
pa’ su amor, en la cocina,
más, cuando vuelve una china
del honor, por sus cabales,
al ñudo son los candeales
y los caldos de gallina.

Cantan poco y comen mucho
gorriones, loros y tordos.
No le hagai los oídos sordos
al hambre de tu aparcero,
como poco, al matadero
llevan antes a los gordos.

El del chancho es mal ejemplo,
imitarlo no debés,
pa’ mi ver vive al revés
por la malicia del hombre.
Que lo engorde, no te asombre,
pa’ comérselo después.

De noche en la pulpería
pasan muchos divertidos,
pero sabe el buen marido
que eso mata la alegría.
Ave que canta de día
busca temprano su nido.


Tibia y Tombuctú

[...] Una vez juntos podíamos partir. Viajábamos de hueso en hueso, de continente en continente. A veces hablábamos. No decíamos frases, ni palabras cariñosas. Decíamos partes del cuerpo y lugares del mundo. Tibia y Tombuctú, Labios y Laponia, Oreja y Oasis. Los nombres de las partes del cuerpo se transformaban en apodos cariñosos; los de lugar, en contraseñas. No estábamos soñando. Sencillamente nos convertíamos en el Vasco da Gama de nuestros cuerpos. Prestábamos mucha atención al sueño del otro; nunca lo olvidábamos. Profundamente dormida su respiración era un oleaje. Me llevaste al fondo del mar, me dijo una mañana al despertar.

No nos hicimos amantes. Apenas éramos amigos y no teníamos mucho en común. A mí no me interesaban los caballos, y a ella no le interesaba la Prensa Libre. Cuando nos cruzábamos en la escuela no teníamos nada que decirnos. Pero no nos preocupaba. Nos dábamos un beso, en el hombro, en el cuello, nunca en la boca, y seguíamos nuestros caminos separados, como una pareja de personas mayores que trabajaran en el mismo centro. Pero en cuanto oscurecía , siempre que podíamos, quedábamos para volver a hacer lo mismo: pasar la noche en los brazos del otro y, así, partir, irnos a otro sitio. Una y otra Vez.

Berger, John “5.Islington” en Aquí nos vemos, Buenos Aires, Alfaguara, 2006, pp.114


Abrazos de fin de año

Estoy leyendo Visto y oído, las nuevas crónicas de viaje de Hebe Uhart. En una de ellas se encuentra, en Santiago, con los escritores chilenos Alejandra Costamagna, Alejandro Zambra y Diego Zúñiga y los hace hablar de sus mañas, miedos, viajes que salieron mal, libros que leen en viaje, anécdotas. Hay una  mínima, muy apropiada para esta fecha:

Yo quería tener la experiencia de pasar el año nuevo solo, sin abrazos, sin brindis de medianoche. Tenía diecinueve años y quería tener esa sensación. Entonces me fui a Valdivia para estar solo, y a las doce de la noche la dueña de la pensión me vino a abrazar. Justo lo que no quería, los abrazos de fin de año“.


Svalbard, antes del Polo Norte

El texto que sigue está escrito por Gonzalo Figueroa, un argentino muy viajero -bajó en moto de Los Ángeles a Buenos Aires- que vive hace 17 años en Noruega.  Ha tenido varios trabajos y desarrolló una pasión: dog mushing o correr con perros de trineo. Perros groenlandeses, preparados para dormir en la nieve, a ¡40° bajo cero! Según dicen por allá son más confiables que las motos de nieve.

Gonzalo se pasó seis meses trabajando en las islas de Svalbard, un lugar donde siempre hace frío y la tierra es salvaje. A continuación, historia, presente y turismo del archipiélago de las auroras boreales.

Si el mundo fuera una rayuela, el archipielago de Spitsbergen –tambien conocido como Svalbard- sería el ultimo cuadro antes de llegar al Cielo. Es el ultimo punto del planeta antes de llegar al polo norte, con solo 1000 km de hielo separandolos.

Es un poco más grande que la provincia de Jujuy y uno de los lugares más salvajes de la tierra:  60% de su superficie son glaciares, 30% piedra y solo 10% vegetación. Arboles no hay.  Gente, poca: unos 2000 habitantes que conviven con 3000 osos polares.  Estas islas son administradas por Noruega, aunque las rige un tratado especial que otorga derechos especiales a todos los firmantes –entre ellos la Argentina.

Si bien se sigue discutiendo si los vikingos lograron navegar hasta estas islas hace mas o menos mil años, en el siglo XVI los holandeses llegaron a sus costas.  Tras los descubrimientos del marino holandés William Barents, el archipiélago de Spitsbergen pasoó a ser el centro de la industria ballenera holandesa e inglesa durante el siglo XVII.

La grasa de ballena que era utilizada para elaborar aceite para lámparas, jabón, impermeabilizante de ropa, etc.  En poco menos de cien años la población de ballenas en Spitsbergen llegó prácticamente a la extinción.  Más tarde llegaron los los rusos desde el Mar Blanco y se establecieron como cazadores de osos y zorros para comercializar sus pieles.

Hoy en día son tres los pilares económicos que justifican la población estable de las islas.  El primero y más importante es la explotación de minas de carbón.  Esta actividad data desde principios del siglo XX y explica el nombre de su principal asentamiento: Longyearbyen o ciudad de Longyear.  La “ciudad”, de 1500 habitantes lleva el nombre de John Munro Lonyear, empresario de Boston que estableció la primera empresa minera en 1906.  Actualmente, el estado noruego controla la industria minera y emplea la mayor cantidad de gente en las islas.

Spitsbergen es además un lugar fundamental para la investigación científica ártica.  Su proximidad al polo norte y su acceso relativamente fácil (vuelos diarios desde Oslo), han hecho que Noruega, Rusia, Polonia, China, Korea, Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, Japón y los EE. UU. tengan bases permanentes de investigación.

A pesar de estar en la periferia del mundo, la actividad científica en Spitsbergen se desarrolla con la más alta tecnología disponible en laboratorios computarizados sumamente sofisticados.

Allí funciona un banco de semillas, el más grande que existe, que preserva congeladas semillas de todo el mundo, para garantizar la biodiversidad de las especies, proporcionar material de estudio y legarlas a futuras generaciones.

Svalbard es sede de cuatro universidades noruegas confomando la universidad más boreal del mundo, conocida como UNIS.  Cabe mencionar la central de radares SVALSAT quien monitorea satelites en órbitas polares y que transmite información a la NASA y la ESA (Agencia Espacial Europea).  Fueron estos dos clientes los que financiaron el cable de transmisión de informática desde Spitsbergen hasta Noruega continental con una velocidad de transmisión de hasta 20 gigas por segundo.

A pesar de lo inhóspito, el archipiélago de Spitsbergen es un destino exótico y fascinante. Durante el verano, el puerto de Longyear recibe varios cruceros que hacen escala en la ciudad antes de circumnavegar las islas. Como el “National Geographic Explorer” de la revista National Geographic. 

Con apenas 45 km de caminos, los barcos son la forma mas práctica de conocer estas islas durante el verano.   En invierno el turismo se desarrolla en motos de nieve o trineos de perros.  Esta es una tierra salvaje y virgen, cosa que significa que el turismo requiere los servicios de especialistas.  Varias empresas noruegas tienen base en Lonyearbyen y ninguno de ellos puede operar sin un curso y una certificacion especial. Como ejemplo, la presencia de osos polares hace que uno debe estar armado en todo momento como precaución.  Pero son los factores climáicos, -subestimados por varios aventureros que visitan las islas y muy respetados por los lugareños- los que hacen que cualquier visitante independiente con planes de explorar las islas tenga que presentar un seguro de búsqueda y rescate antes de poder comenzar su viaje.

Para los que tienen ánimo de llegar a tierras tan lejanas, las recompensas son enormes. Una geografía única y en estado puro, donde casi no se nota la presencia del hombre. Sí la de osos, zorros, renos, focas y morsas gigantes.  Además, glaciares, auroras boreales y los colores de un cielo jamás visto.

Fotos: Fickr


Las 9 piscinas de Ed Ruscha

Edward Ruscha es un artista pop de la Costa Oeste de Estados Unidos. La obra 9 swmming pools es de 1968.


Acordeón, guitarras y amor del Litoral

Además de tereré -mate helado- tierra roja y calor, el litoral es chamamé. Así se llama este género musical del folclore argentino. Y se baila, sí, claro. Y miren cómo.
Este video fue grabado en Coronel Du Graty, un pueblo del Chaco. Y el pedazo de tierra donde bailan era la Pista Colón, un antiguo salón de los años 60, hoy abandonado.

El tema Tus Recuerdos es un clásico de Ernesto Montiel y Julio Montes, y aquí lo interpreta la cantante correntina de hermosa voz, Gicela Méndez Ribeiro.

Marcel Czombos, pareja de la cantante, dirigió el video, y juntos filmaron la serie documental de 11 capítulos “El chamamé y sus mujeres”, que se estrenó recientemente.


Voluntaria en Mozambique

Lucila Runacles es una periodista brasileña que vive en Buenos Aires hace un año y medio. Fanática de los viajes y autora del blog Mochila Cult en el que relata sus andanzas.

Unos meses atrás me contó que se iba a Mozambique para trabajar como voluntaria en una ONG.

Ahora mismo está allá, en Lichinga, al norte del país, en la provincia de Niassa, una de las menos desarrolladas del país. Tuve ganas de saber cómo estaba, qué hacía, cómo eran sus días por allá y le mandé algunas preguntas que respondió desde un lugar de tierra colorada, con viento y no tanto calor. En la foto de apertura aprende a jugar ntxuva, algo así como un ajedrez africano.

¿Qué ves por la ventana? ¿Hace calor?
Como Lichinga está a 1.300m, las temparaturas son agradables y por las noches refresca un poco.
Qué veo por la ventana. Es gracioso porque he pensado bastante en eso desde que llegué. Acá hay muuucha tierra colorada, a veces se levanta un viento con redemolinos y la tierra vuela para todos los lados. Veo mujeres que pasan cargando palanganas, baldes con agua o comida; otras pasan con leña, paquetes, todo en la cabeza.
Ah, y los hijos siempre van colgados atrás envueltos en las capulanas, aquel trapo colorido que usan para cargar a los hijos en la espalda. Sólo las mujeres cargan cosas en la cabeza. Es tarea de ellas cuidar de la casa, por eso son ellas las que van a los pozos a buscar agua.

Hoy, mientras volvía caminando pensé en que esto es muy diferente al camino que hacía cuando vivía en Madrid, donde también volvía a pie del trabajo. Allá estaba lleno de negocios, gente y vidrieras para mirar. Acá tmb hay gente, pero no hay vidrieras, no hay negocios. En el camino veo chivos, gallinas, mucha gente en bici o que vende cosas en el piso, y tierra roja.

¿Cómo es el voluntariado?
Dura tres meses en una ONG local que se llama Estamos. Los estoy ayudando con la parte de comunicación. Más o menos empezando a crear un departamento de comunicación. También he trabajado mucho con lo que es Social Media. Les abrí una cuenta en FB, una en Twitter, les hice un blog y les enseñé lo importante que es estar conectado con esas nuevas herramientas y promocionar el trabajo que hacen acá.

¿Ya habías hecho una experiencia similar?
El año pasado en Buenos Aires ayudé con el refuerzo escolar de algunos chicos en la Villa 31. También  fui boy scout en Brasil durante 11 años, estoy segura que eso ayudó a inculcarme ese lado de ayudar a los más necesitados y compartir conocimientos.

¿Cómo es uno de tus días típicos en Lichinga?
A mí me encanta dormir, pero aquí el ritmo es otro y me tuve que acostumbrar. En general, me despierto a las 7am y en el escritorio entramos a las 8. Estoy todo el día allí y una vez que otra voy al campo, que significa visitar los proyectos que ellos tienen, pero eso es muy poco. Hago más un trabajo de escritorio, que era lo que yo no quería, pero bueh, no me quejo. Suelo ir a dormir entre 22h30 y 23h como muy tarde. Ja!
Los fines de semana son re tranquis, como no conozco mucha gente y tampoco hay mucho para hacer, la ciudad es chica. Leo bastante, en 3 meses he leído 5 libros (dos del famoso escritor de Mozambique, Mia Couto), uso Internet, voy al mercado a comprar frutas o verduras, ando un poco en bici o juego con Green, una chiquita de 5 años, hija de la pareja de donde vivo. El padre es el director de la ONG. Vivo en la casa de ellos, en el fondo. Acá también viven sus 5 hijos y 3 sobrinos, ah, y 6 perros. Eran 7, pero el otro día uno se escapó.

Como tengo mucho tiempo libre, a veces hasta me pongo a esperar que el agua hierva. No te miento. Es toda una emoción cuando veo las primeras burbujas. Hasta he aprendido a cocinar en la cocina con carbón, todo un experimento para mí.

¿Qué conociste en estos meses de la realidad de Mozambique?
Me di cuenta de que la mayoría de la población tiene muy poco y es feliz con eso. Otra cosa, vi que muchas veces los políticos vulneran hasta el derecho más básico de la población, el de tener agua y una vida digna, pero la gente no se da cuenta de eso porque no conocen otra realidad.

Por ejemplo, el transporte público en todo el país es una porquería. Hasta en Maputo, la capital, casi no hay colectivos. La gente viaja en vans (chapas) que van llenos hasta no poder más. Algunos viajan colgados, como animales. Y suele haber muchos accidentes y muchas muertes. También están los chapas abiertos, que son camiones donde la gente viaja por muchas horas sentados entre bolsas de granos, material de construcción o leña, un desastre. Bueh, digamos que los trenes en B. Aires no están muy lejos de esto. Lo que más me molesta es que los mozambicanos no reclaman, quizás porque no sepan que existe otra forma o por no tener idea de sus derechos.
Las familias viven amontonadas en la misma casa hecha de barro con techo de paja, en las zonas más pobres. La tasa de natalidad acá es muy alta, creo que 6,2, creo. La gente se levanta cuando amanece y se va a dormir cuando el sol se pone. En muchos lugares no hay energía electrica aún, y muchos cocinan con carbón o leña

Lo primero que me preguntan es si tengo hijos o soy casada. Y cuando les digo que no a todo y que tengo 35 años ahí ya se quieren morir jajaja. Pero el otro día me dieron una explicación lógica de porque la gente acá se casa y tiene hijos tán temprano. Es que la expectativa de vida es una de las más bajas del mundo, está entre los 38 y 42 años de vida, x el SIDA, entonces la gente no vive mucho, por eso hacen todo más temprano que nosotros.

¿Qué proyectos surgieron a partir de este viaje?

Mi proyecto más cercano es un viaje de 42 días por los países africanos que te conté. Además de viajar, sabés que escribo notas de viaje para vender y mi blog. En Kenya tengo la idea de hacer otro voluntariado, pero de una semana, en un orfanato en una isla que se llama Lamu. Ojalá se concrete, aún estamos hablando.


A sangre fría

El pueblo de Holcomb está en las elevadas llanuras trigueras del oeste de Kansas, una zona solitaria que otros habitantes de Kansas llaman “allá”. A más de cien kilómetros al este de la frontera de Colorado, el campo, con sus nítidos cielos azules y su aire puro como el del desierto, tiene un atmósfera que se parece más al Lejano Oeste que al Medio Oeste. El acento local tiene un aroma de praderas, un dejo nasal de peón, y los hombres, muchos de ellos, llevan pantalones ajustados, sombreros de ala ancha y botas de tacones altos y punta afilada. La tierra es llana y las vistas enormemente grandes; caballos, rebaños de ganado, racimos de blancos silos que se alzan con tanta gracia como templos griegos son visibles mucho antes de que el viajero llegue hasta ellos.

Holcomb también es visible desde lejos. No es que haya mucho que ver allí…es simplemente un conjunto de edificios sin objeto, divididos en el centro por las vías del ferrocarril de Santa Fe, una aldea azarosa limitada al sur por un trozo del río Arkansas, al norte por la carretera número 50 y al este y al oeste por praderas y campos de trigo. Después de las lluvias, o cuando se derrite la nieve, las calles sin nombre, sin árboles, sin pavimento, pasan del exceso de polvo al exceso de lodo. En un extremo del pueblo se levanta una antigua estructura de estuco en cuyo techo hay un cartel luminoso –BAILE-, pero ya nadie baila y hace varios años que el cartel no se enciende…

A Sangre fría, de Truman Capote.

Capote describe con maestría el paisaje de Holcomb, el pueblo cercano a la granja donde se produjo el asesinato de la familia Clutter, el 15 de noviembre de 1959. El recuerdo me pareció oportuno en estos días de muertos.

La foto es de Robert Frank, de su libro The Americans, publicado en 1958 después de un recorrido por el Estados Unidos.


¿Los últimos graffitis de Toronto?

Verónica Montero, periodista, cinéfila y asidua colaboradora de Viajes Libres, estuvo en Toronto y nos acerca sus impresiones y fotos de graffitis, que a juzgar por las declaraciones del alcalde están en vías de extinción.

La Nueva York de Canadá, la hermana americana de Montreal y una de las ciudades más cosmopolitas del mundo tiene una relación de amor/odio con los grafittis. Por un lado, los que aman este tipo de expresión y los catalogan como manifestaciones artísticas, arte callejero. Por el otro, su alcalde Rob Ford que planea dejar a Toronto “tan limpia como un nuevo billete de cinco dólares” (*) y representa a quienes ven a los graffitis como contaminación visual, vandalismo.

Por eso, cuando este agosto visité a unos amigos en Toronto y pregunté por los graffitis, me comentaron que muchos habían sido borrados, pero que había sectores que aún los conservaban. Así que fui con mi cámara tras ellos.

Encontré estas imágenes en una ciudad que según la calle que tomes te sentís en Wall Street por sus rascacielos, en Boston por sus construcciones prolijas y victorianas, y en Williamsburg  (Brooklyn) por sus grafittis.




rss twitter facebook

Especiales


Especial Nueva York
Especial Cuba
Especial París
Especial Valparaíso
Especial Dakar
Especial México
Especial El Mate
Especial Bolivia

Links

Otros sitios

Blog en La Tercera

Categorías

Archivo

  • 2013 (23)
  • 2012 (88)
  • 2011 (83)
  • 2010 (166)
  • 2009 (189)
  • 2008 (208)
  • 2007 (110)