El mayordomo argentino de Anthony Hopkins

Cuando Pablo Coquibus vio la película “Lo que queda del día“, de James Ivory, supo que quería ser como Mr. Stevens, el mayordomo que interpretaba Anthony Hopkins. Lo que aún no sabía cuando vio la película es que unos años más tarde sería el mayordomo de Anthony Hopkins.

Coquibus es argentino, vive en Recoleta, estudió hotelería en Australia y trabaja como profesor de la escuela François Vatel en Argentina. Trabajó en hoteles reconocidos, es consultor y se sabe al pie de la letra la historia de Vatel, el chef y mayordomo del rey Luis XIV, para él el padre de la hotelería después de César Ritz.

La vida de Coquibus transcurría sin sobresaltos, quizás demasiado tranquila. Hasta el día de ese llamado telefónico, unos días antes de Navidad. Era un conocido, le preguntó si podía ir a ver una estancia cerca de Verónica. “Decíme si te parece bien para que vivan tres meses diez ingleses sofisticados”, le dijeron. La estancia era para un grupo de filmación que se instalaría en Argentina. El director de la película “The city of your final destination” era nada menos que James Ivory; el productor, Paul Bradley, el actor principal, Anthony Hopkins.

Después de ver y aprobar la casa, el teléfono de Coquibus volvió a sonar: ¿Y podrías ser el mayordomo de Anthony Hopkins por tres meses? No lo vi, pero supongo que después de esa pregunta, la sonrisa de Coquibus habrá sido como la de la foto que se ve en esta página: inmensa, emocionada. Podría jugar a ser Mr. Stevens con el genial creador del personaje. Dijo que sí. Unos días más tarde estaba preparando el 70° cumpleaños del actor inglés.

Se vestía de traje negro, imprimía el menú para los comensales -Jane Birkin, Charlotte Gainsbourg, James Ivory, Laura Linney- era confidente y se las ingeniaba para satisfacer caprichos de divos. Para James Ivory su Martiny dry y para Hopkins, nada de alcohol. Lo tiene prohibido y su mujer colombiana, Stella, lo vigila de cerca.

El mejor momento del día, para Pablo Coquibus, no era cuando se sacaba los zapatos, exhausto. No. Su instante de gloria era a las 8 en punto, cuando aclaraba la garganta y decía con voz firme: “Dinner is served”.

Me contó Coquibus que él siempre quiso ser mayordomo y hasta esta experiencia nunca había podido. Para él, no es una actividad denigrante. Él cree que un butler debe ser tanto o más sofisticado que su señor. Que debe tener gustos refinados y vocación de servicio. “El verdadero sirviente tiene el don de la anticipación”, me dijo un mediodía hace poco, mientras ponía la mesa. “Eso quiere decir: ofrecer una bebida antes de exista la sed, tener la cena servida antes del hambre y preparar la cama antes de que tenga sueño”.

Del 70° cumpleaños de Hopkins le avisaron dos días antes. Él se puso loco. ¿Cómo me lo vas a avisar hoy? Y mientras lo decía armó un plan de acción que tuvo nombre: “48 horas para los 70 años de Anthony Hopkins”. Se fue en una van a Buenos Aires y consiguió lo necesario para 120 personas exigentes. “Este fue el mejor cumpleaños de mi vida” le dijo Hopkins antes de subirse al Mercedes blindado que había pedido. Coquibus no le creyó, pero igual respiró aliviado y orgulloso de sí mismo.

La película “The city of your final destination” se terminó de filmar el año pasado y hasta hubo un juicio entre Ivory y Hopkins por cuestiones de caché. Esto Pablo Coquibus probablemente no lo sepa. A él no le importa demasiado qué pasó después de esos tres meses en los que fue el mayordomo de Anthony Hopkins.


Vértigo y naturaleza en el cine

Desde hace dos años se desarrolla en el marketinero Fin del Mundo, el Festival Internacional de Cine de Montaña: Ushuaia SHH.

La segunda edición terminó hace unos días en Ushuaia, y los próximos 4 y 5 se podrán ver las películas y cortos ganadores -y algunos más también- en la Sala Espacio Incaa Km 1 (Moreno 1199, T. 4383. 6432), en Buenos Aires.

El largometraje ganador no tiene nada que ver con el frío. Es una película del francés Ervard Wendenbaum que se llama Amazonian Vertigo y cuenta el ascenso al muro del Salto Angel, en la sabana venezolana. Con 970 metros, es el salto más alto del mundo. Una expedición internacional encabezada por Arnaud Petit, campeón del mundo de escalada, remonta el río Carrao hasta llegar al pie del salto, donde comienza la subida por la pared resbaladiza y peligrosa.

También se podrá ver El Camino del Cóndor, la película dirigida por Christian Holler, que recibió el Premio a la Mejor Fotografía. Este film, rodado en la Patagonia argentina, cuenta la historia de Lorenzo Sympson, un ornitólogo que se dedicó a estudiar los hábitos del cóndor y ahora está abocado a analizar la forma en que el cóndor se desplaza en el aire. Martín Vallmitjana, un piloto de parapente lo ayuda para aprender los secretos del cóndor y mejorar así su forma de volar.

El corto ganador es argentino. Se llama La Caja y lo dirigió Manuel Lo Bianco. Es una animación en plastilina, y cuenta la historia de dos hombres que discuten sobre la posibilidad de un mundo mejor. Un tema tan escabroso como el ascenso a la montaña más alta.



Afganistán, los cometas y el chasco del best seller

“Me convertí en lo que soy a los doce años. Era un frío y encapotado día de invierno de 1975. Recuerdo el momento exacto: estaba agazapado detrás de una pared de adobe desmoronada, observando a hurtadillas el callejón próximo al riachuelo helado. De eso hace muchos años, pero con el tiempo descubrí que lo que dicen de pasado, que es posible enterrarlo, no es cierto. Porque el pasado se abre a zarpazos. Ahora que lo recuerdo, me doy cuenta que llevo los últimos veintiséis años observando a hurtadillas ese callejón desierto” (”Cometas en el cielo”, Khaled Hosseini, 2003)

Lo que más se conoce de Afganistán es el número de muertos, que aparece con frecuencia en televisión. Poco se sabe de los reñidos campeonatos de voladores de cometas -se celebran cada año nuevo-, de los mercados de Kabul y del torneo anual de Buzkashi, el deporte nacional afgano, un juego violento entre dos equipos de jinetes que se disputan el cuerpo de una vaca muerta (sin cabeza ni extremidades).

Hasta un poco antes de la mitad, el best seller de Khaled Hosseini, “Cometas en el cielo”, es un viaje increíble a las costumbres y tradiciones de Afganistán, un país con carácter y sin mar.

Hasta un poco antes de la mitad, el libro de Hosseini muestra imágenes de los años 70 en Kabul, construye personajes y relaciones de amistad profundas, creíbles y emocionantes.

Se pueden ver chispas de la esencia de ese país, que en los 80 fue invadido por los rusos, a mediados de los 90 por los talibanes -que gobernaron el país según la sharia o código de comportamiento basado en el rígido derecho islámico- y finalmente, en 2001, los norteamericanos iniciaron allí sus operaciones militares con el objetivo declarado de encontrar a Osama Bin Laden. Sólo hace algunos años, Afganistán marcha a tientas hacia la reconstrucción de un territorio devastado, sembrado de minas antipersonales y con la amenaza permanente de la guerra civil.

Volviendo a “Cometas en el Cielo”, la primera parte del libro tiene la virtud de enfocar hasta el detalle esos planos generales que muestra la televisión. Las montañas áridas, una casa llena de alfombras, una historia mínima. Después de la mitad, la escritura decae y el espíritu hollywoodense ataca el libro hasta la última página. Igual que una enfermedad mortal, lo contamina, lo llena de lugares comunes y  de golpes bajos. En varios momentos me recordó a esas películas norteamericanas, como Million Dollar Baby, en las que siempre lo peor está por venir. Lo mismo pasa en este libro: ni siquiera cuando el lector está por los suelos, Hosseini tiene piedad.

Lo confieso: en algunos momentos tuve ganas de destruir el libro, de romperlo o quemarlo. También -no diré en qué parte- quise insultar a Hosseini por sus salidas efectistas. Pero nunca, en ningún momento, pude soltar el libro.

Ese carácter de best seller motivó la película, que se estrenó el año pasado y fue prohibida en Afganistán. Como también fueron prohibidos los cometas, durante el gobierno talibán. Se los consideraba frívolos y no islámicos. En aquella época, hace menos de diez años, si un niño era visto con un cometa, su padre iba directo a la cárcel.

Con los vientos de cambio, los cometas están regresando a los cielos afganos y los pocos niños que quedan después de tantos años de guerras, volvieron a remontarlos en primavera.


Santas equivocaciones

La banda de músicos de la policía de Alejandría, en Egipto, tenía que dar un concierto en Peth, un pueblo en el desierto del Negev, en Israel. Pero las benditas equivocaciones de los viajes los llevaron a Beth, una aldea mínima y perdida en el desierto. Allí comienza la historia, cuando un ómnibus los deja en la ruta y la banda de ocho músicos vestidos de turquesa camina con sus instrumentos hacia el pueblo que pensaban que era y al final no es.

Me recordó a una vez en Luang Prabang, Laos, cuando caminé varias horas para llegar a un templo que había leído que tenía una bella arquitectura. Cuando llegué, el templo estaba cerrado hacía un año por refacciones de la Unesco y mi guía sumaba otro error: actualización deficiente. Estaba a punto de volver, con bronca y desánimo, cuando en la puerta, debajo de una buganvilia fucsia conocí al monje Souk, que tenía 15 años y llevaba una túnica naranja.

Apenas nos entendíamos pero conversamos un rato largo, mucho más de lo que hubiera durado una visita arquitectónica al templo. Una vez, algunos años después de mi viaje, le mandé por alguien que viajó a Laos las fotos que le había tomado frente al templo budista. Y otra vez, también después de mucho tiempo, recibí un correo electrónico de Souk. Decía que había aprendido inglés, que ahora tenía email y que gracias por las fotos. También decía que volviera a visitarlo porque el templo ya estaba abierto.

La banda nos visita es una película que tiene que ver con la música, pero sobre todo con la música sagrada del viaje, que más de una vez empieza con una santa equivocación.


¡El Tercer Hombre sigue en Viena!

El año que viene se cumplirán 60 años de El Tercer Hombre, una de las películas más populares de la historia del cine, uno de esos clásicos de todos los tiempos.

La rodó Carol Reed en Londres, en 1949, y sobre la base a una novela de Grahaam Greene. En su momento, el film ganó el Gran Premio del Festival de Cannes y el Oscar a la mejor fotografía en blanco y negro.

Fue tan exitosa que tuvo una continuación en radio con el propio Orson Wells, uno de los protagonistas que apenas aparece, y luego en episodios de televisión. Nunca se dejó de hablar de El Tercer Hombre. Hasta el día de hoy se puede ver tres veces por semana -en versión original- en el Burg Kino, un cine de Viena (entrada: 6 euros).

La película cuenta una historia de suspenso en la Viena de postguerra, una ciudad destruida, corrupta y llena de sombras, de casas, de faroles y de un misterioso tercer hombre.

Quizás los fanáticos sepan que los exteriores -las persecusiones, las aparaciones de Orson Wells entre las sombras- se filmaron en Viena, donde hace tres años un ceramista -y fanático, claro- un tal Gerhard Strassgschwandtner abrió un museo dedicado al film. El tipo empezó a coleccionar objetos relacionados con la película hace diez años, desde posters de la película hasta los uniformes que usados por los militares durante la ocupación.

El museo está en Pressgasse 25, 1040, cerca del mercado Naschmarkt, se filmó parte de la película. Parece que por ahí cerca está el acceso a una de las cloacas por donde uno cree que corría Wells. Pero el austríaco explica que no, que Wells no quiso meterse ahí y que la parte de las cloacas la filmó un doble. Pero él en sus tours guiados (7 euros) sí lleva a los turistas por el universo subterráneo de canales y cloacas.

Como se sabe, Harry Lime no aparece mucho pero enuncia el diálogo más elocuente de la película: “En Italia, durante treinta años bajo el imperio de los Borgia, se sucedieron guerras, terror, asesinato y sangre, y todo ello hizo posible un Miguel Angel y un Leonardo Da Vinci, un Renacimiento. En Suiza, lo que siempre ha existido es el amor fraterno, cuatroscientos años de paz y democracia, ¿y qué cosa ha producido todo esto? El reloj cucú.”

Quizás los fanáticos de El Tercer Hombre vayan alguna vez a Viena y sigan el circuito de El Tercer Hombre por las calles de la antigua ciudad. En una de esas escuchen de lejos la increíble cítara de Anton Karas. Quizás hasta vean a Harry Lime. O a su sombra. O …


De viajeros, corazones rotos y cine indio

En sus travesías por el mundo, los viajeros dejan mucho dinero, millones de euros según la Organización Mundial del Turismo. Pero también dejan corazones rotos. Eso nadie lo contabiliza, salvo alguna poesía, un cuento, una película.

Como Raja Hindustani, ese film indio que vi en Varanasi hace varios años. En hindi al forastero se le dice pardesi y la película, que fue un éxito total en su momento, cuenta la historia de un romance entre una india rica y hermosa que se vuelve de estudiar en el exterior (ella sería la forastera) y un taxista buenmozo y con jopo rebelde.

Como buen producto de Bollywood dura unas tres horas y tiene flashes de telenovela y de musical, con coreografías que los espectadores saben de memoria. En muchos cines de la India, no es necesario hacer silencio para ver la película. Todo lo contrario. Ese día en Varanasi, habría unas mil personas en el cine, comiendo y tomando gaseosas. Algunos se subían al escenario y repetían los bailes que los actores hacían en la pantalla. Y todos cantaban el hit de la película: Pardesi Pardesi, no te vayas.


Raja Hindustani - Pardesi Pardesi (subs en español)


Paraíso Travel, el viaje ilegal

Dentro de poco llegará a los cines la esperada película Paraíso Travel, del director colombiano Simón Brand, basada en el libro del escritor también colombiano, Jorge Franco, que justamente este sábado estará firmando ejemplares en la 21° Feria del Libro de Bogotá.

La película se acaba de presentar con éxito en el Festival de Cine de Tribeca que se realiza por estos días en el East Village de Manhattan y ha sido seleccionada para ir a Cannes 2008, que comienza el 14 de este mes.

Hace unos años devoré el libro Paraíso Travel. Cuenta la historia del viaje de Reina y Marlon, una joven pareja de novios de Manizales, Colombia, visto por ellos como el inframundo, hacia Estados Unidos, pensado como el paraíso. Es un viaje ilegal que tiene distintos formatos -desde atravesar el desierto caminando hasta ir metido adentro de un falso tronco de leña en un camión y al punto de la asfixia. Un viaje que mueve y mata a muchos latinos que no suelen aparecer en los diarios. Un viaje de aventura y peligro que sucede todos los días en América Latina.

Acá se puede ver el trailer, la película. Welcome.