Más de JFK en La Pampa

Lo único que se me ocurre para explicar la inmediatez es que Miguel Machesich recibe alertas de Google cada vez que aparece algo nuevo sobre Quemú Quemú en la Web.

Entonces, ni bien escribí el post anterior se comunicó para contarme que tenía más información, que Quemú Quemú es su pueblo de nacimiento, que había escrito algunos artículos sobre el monumento para el diario La Reforma de General Pico.

Rápidamente, lo invité a contar algo para Viajes Libres, y esto es lo que escribe el periodista pampeano, que hoy vive en Chubut.

Siempre me intrigó esa elevación provocadora que apareció hace más de 40 años en medio de la llanura, muy cerca de mi pueblo natal. La búsqueda de las razones y anhelos de sus realizadores, sin embargo, se oscureció también siempre. Las voces críticas, con diferentes fundamentos, que fueron desde lo práctico a lo ideológico, desde el humor a la extravagancia, se impusieron al silencio de los reales protagonistas y no respondieron a lo esencial.

¿ Qué llevó a la construcción de esa mole de cuarenta metros con una simbología extraña, con una inscripción en su cúspide sólo descifrable  desde al aire, muy cerca del ingreso a Quemú Quemú, en La Pampa? ¿Qué dicen hoy aquellos jóvenes, autodefinidos como “entusiastas e irresponsables”, sobre lo que hicieron? ¿Qué significa hoy ese monumento a un joven presidente norteamericano, de origen católico y  víctima mortal de un atentado de raíces oscuras que despertó un generalizado pesar?

Esa búsqueda me llevó a Fernando Demaría, poeta y filósofo, descendiente de las familias ligadas con el origen de ese pueblo pampeano y principal actor de aquellos momentos, vividos en la esplendorosa década del ‘60.

“Uno está inmerso en circunstancias históricas y esa circunstancia histórica nos reveló la pérdida de John F. Kennedy en ese momento. Creo que surgió como una gran nostalgia por una personalidad eminente que había desaparecido, una atmósfera colectiva de pesar por lo que había sucedido. Notar como reaparecían las fuerzas retrógradas y del mal, cortando una vida ilustre y progresista. La inspiración para mí fue de origen colectivo”, me contó una tarde en su departamento en Buenos Aires.

“Para nosotros John Kennedy era una expresión de una nueva conciencia. Hablábamos de una nueva conciencia que, además, es una idea que se remonta hasta San Pablo. En sus Epístolas se habla de que hay que desvestirse del hombre viejo y asumir el hombre nuevo. A veces uno percibe en la evolución humana la necesidad de que surja una nueva conciencia, algo depurador. Y Kennedy representaba eso: la posibilidad de una depuración del espíritu colectivo, de la historia en ese momento”, agregó.

Los pormenores del acto inaugural con un célebre discurso del reconocido crítico y periodista Rafael Squiru, por entonces Director de Asuntos Culturales dela Organizaciónde Estados Americanos (OEA), confirmaron esta visión.

Aquel 29 de mayo de 1967, Squirru había iniciado su provocativo discurso reivindicando a los indios.Hay todavía mentalidades en la Argentina que se enorgullecen de decir que aquí no hay indios. Es para recordarles a esas mentalidades que todavía quedamos algunos”, disparó apenas comenzó a hablar, mientras explicaba las razones de su puesta de un poncho araucano sobre los hombros. Entonces se escucharon los primeros aplausos. Los segundos serían al mencionar a John Kennedy, “un hijo del sol”.

Fernando Demaría dice hoy que “ahí, en la pampa, quedó implantado un ideal, porque el monumento es una obra que hace reflexionar. Creo que los que pasan por ahí se preguntan qué significa. Esas preguntan requieren una respuesta espiritual, movilizan el espíritu”.

“Creo que es un interrogante espiritual plantado en medio de la pampa y todos los interrogantes espirituales para mí son fructíferos y positivos, activan a las mentes, llegan a las conciencias. Y más ahora que está iluminado de noche”.

Enhiesto e enigmático, el monumento a John F. Kennedy sigue allí, despertando interrogantes a los extraños. Con el paso de los años ya forma parte del paisaje pampeano y se ha convertido en símbolo de Quemú Quemú. Pero para quienes somos de allí y de vez en cuando regresamos a la tierra natal es una referencia ineludible y querida. Al tomar la ruta provincial N° 1 en Catriló, lo empezamos a buscar en el horizonte interminable. Distinguirlo entre los árboles de la gran llanura nos tranquiliza. Verlo, acercarse y llegar significa que hemos llegado, que, al fin, ya estamos en casa.


Los pantalones de JFK, en Quemú Quemú

De lejos parecen pantalones de vaquero. Pero es un monumento a JFK, construido en el acceso a Quemú Quemú, un pueblo muy pueblo de La Pampa.

¿Qué hace ahí, entre campos de girasol, cardos rusos y pinos ? ¿A quién se le ocurrió?

Al principio hubo críticas y polémica, pero después de cuarenta años, la gente del pueblo lo incorporó como extensión del pueblo, por las tardes algunos se acercan a tomar mate a la sombra, otros se sacan fotos o miran pasar los autos por la ruta.

El monumento se construyó en 1967, algunos años después de su muerte. Al parecer un escribano quemuquemuense convenció al pueblo de hacerlo en honor al ex presidente. Es de hormigón armado, tiene 40 metros y, según explican por acá, representa el espíritu elevado de JFK y el corte en el medio, su vida interrumpida por la muerte.

Mientras escribo esto, me entero que en otro pueblo argentino, San Francisco, en Córdoba, hay otro monumento a JFK. Al parecer serían los dos que existen en América Latina. Dice en el artículo que está descuidado, así estaba el de Quemú Quemú hace unos años, cuando lo vi por primera vez. Para llegar abajo de la estructura había que atravesar un alambre vencido y caminar entre pastos altos. Ahora, el pasto está cortado y no me extrañaría que en algún tiempo a alguien se le ocurriera cobrar entrada. Quizás podrían pensar, también, en contar cómo llegó ese monumento a ese lugar.


El Club de la barba de Berlín

    

En Berlín hay muchos edificios con patios internos. No un patio, sino varios: uno atrás de otro. Caminando por Hackescher Markt entré en uno porque leí que había un museo de Otto Weidt, un alemán que tuvo una fábrica de cepillos donde antes de la guerra daba trabajo a judíos sordos y ciegos o con visión reducida. Durante la guerra los ayudó a esconderse y a escapar. Los protegió. Fue un mini Schindler menos conocido y sin película de Hollywood.

Entro en el museo para verle la cara a Otto, pero le veo la cara a este otro… que se llama Haim Hoffman. Haim es israelí y después de pasar los tres años de ejército, como muchos, salió a dar una vuelta por el mundo y se quedó en Berlín. Hoy es uno de los cerca de 25.000 judíos que viven en la capital alemana.

Por aquella época tenía bigote y un día hace como treinta años se dejó la barba. Y otro día, hace como once, se la empezó a peinar estilo Káiser.

Me cuenta sobre los clubes de barba y bigotes del mundo y las competencias y las distintas categorías. Me muestra fotos de sus amigos en su celular. Estilo Dalí, chino, inglés, mosqueteros, húngaro, free style -estilo libre, barbas artísticas- son casi 20 categorías. En la categoría Káiser, él ocupa el cuarto puesto en el mundo.

Le pregunto si le lleva mucho tiempo el peinado de la barba. Dice que no, “30 minutos, a la mañana”, usa spray para pelo, como las señoras de antes. Enseguida busca otra foto en el celular y me muestra cómo se cuando se levanta, con la barba llovida.

El Club de la Barba de Berlín tiene doce miembros y Haim es uno de los más antiguos. Ahora se perdió un encuentro de barbistas en Dinamarca y estaba contrariado por eso. Pero irá al próximo. Mientras tanto, trabaja en el Museo Otto Weidt.


Los hipopótamos de Pablo Escobar

Adentro de de esa jaula que el helicóptero de la fuerza aérea colombiana depositó en la tierra hay un hipopótamo dormido que se llama Napolitano. Aclaro el nombre porque tiene que ver con la historia. Y la historia tiene que ver con Pablo Escobar, el capo narco muerto en el 93 en Medellín.

Se sabe: don Pablo tenía gustos excéntricos. Como a otros narcos y millonarios coleccionaba animales exóticos en la Hacienda Nápoles, (por si alguien no lo pescó, de ahí el nombre del hipopótamo) su finca a 165 kilómetros de Medellín, del interior de Antioquia, un lugar de clima caliente y vegetación tropical.

A pesar de ser asesino, el tipo tenía una veta generosa y, además de repartir montañas de dinero entre los pobres, dejaba que los colombianos recorrieran gratis su Zoo privado que llegó a tener 1500 animales.

Dicen que una vez la policía obligó a un avión de Escobar a aterrizar pensando que estaba lleno de droga. Cuando se abrieron las puertas, la nave estaba llena… de animales. La ley los mandó a un zoológico, pero don Pablo sobornó al cuidador pagándole el sueldo de ¡cinco años! y así recuperó los animales.

Cuando la policía mató al capo, mucha gente saqueó la finca en busca de dinero y armas escondidas. Destruyeron la mansión que en algún momento fue lujosa y tuvo 20 habitaciones. No encontraron nada y la Hacienda Nápoles entró en un largo período de abandono. Los animales fueron a parar a diferentes zoológicos, pero de los hipopotámos nadie se acordó.

Olvidados en lagos interiores, se reprodujeron. Ya no hay una pareja como en los primeros años, hoy son alrededor de treinta. Muchos se escaparon de la finca y comenzaron a cruzar los campos antioqueños: arrasaron cultivos y amedrentaron a pescadores y campesinos. El enorme mamífero africano, pariente lejano de las ballenas, es uno de los animales más pesados y agresivos del mundo. Puede ser muy peligroso si está suelto.

Hace dos años, Pepe, mascota de Escobar, y su pareja Matilda huyeron del parque. Al parecer se fueron con la cola entre las patas porque Pepe resultó el macho derrotado en una lucha territorial. En la huída nació Hip. Los tres hipopótamos vivieron en la clandestinidad hasta que el ejército los atrapó y mató a Pepe de cuatro balazos. El hecho de violencia contra el animal provocó la furia de los ecologistas, animó la formación de un grupo de defensa de los hipopótamos colombianos con página en Facebook y desató una polémica en el país.

¿Qué se debería hacer con los hipopótamos de Pablo? Hasta se pensó en devolverlos a África. Entonces, vinieron expertos a recorrer el lugar y llegaron a la conclusión de que el hábitat es perfecto, incluso tienen más agua en Antioquia que en muchos países africanos.

La polémica fue larga, pero la decisión se hizo efectiva hoy. La trajo el helicóptero. Después de buscarlo durante 15 días los veterinarios del parque lo encontraron y durmieron con un dardo tranquilizante. Mañana por la mañana, Napolitano estará otra vez chapoteando en el lago, castrado eso sí.

La historia es fantástica, y ya tiene su documental, Pablos Hippos, estrenado este año en el Festival de Cartagena. Y la antigua finca abandonada se ha convertido en un parque temático inspirado en los de Miami. Hay dinosaurios de latón, cebras, flamencos, juegos de agua. Y muchos hipopótamos que más temprano que tarde serán castrados. No quise preguntarlo, pero al final lo hice, y sí, los veterinarios y el equipo que trabajó en la captura del hipopótamo probó las criadillas asadas. (Más sobre esta historia, en la revista Lugares de este mes).


Disculpen las molestias

Malecón Cisneros, Lima, Perú.


Al turismo bizarro, salud

Admito que el título del tema de Coldplay (The hardest part= La parte más difícil) me recuerda el desierto que se siente después de haber quedado afuera del Mundial. Pero, más allá del nombre y la empatía con el sentimiento argentino, lo cierto es que este video de la banda británica también me remite a los maravillosos espectáculos bizarros que nos esperan en el mundo, muchas veces gracias al turismo.

Como esa vez en Pisco Elqui, un pueblito del norte de Chile donde vi el certamen de Las Reinas de Todos los Tiempos, un concurso en el que participaban mujeres que hace veinte o treinta años habían sido reinas de belleza.

Las tomas del video -la banda fue insertada digitalmente- pertenecen al programa Attitude, un talk show que se emitó en Estados Unidos en los 80. En este segmento, Bárabara, la gimnasta de 84 años baila, da vueltas en el aire y se abre de piernas, guiada con dulzura y elegancia por su compañero Spencer, de 25. De fondo un yatch club de Miami y la brisa, que llega hasta acá.


Muñeca brava

Foto tomada hace un rato en el pueblo de San Carlos, en Santa Fe, minutos antes de que la dueña del polirrubro sueñe con lanzarme una piedra en el ojo porque inmortalicé su instalación mundialista.


Supercholitas ¡al ataque!

“Llegó la hora de Yolanda La Amorosa. La luchadora, de menos de treinta años, camina hacia el ring con la elegancia de una actriz que llega al Festival de Cannes.

Levanta la mano para saludar a su público, que la aplaude, le grita, la alienta, le chifla, le exige. Ella camina lento, con estirpe real. Bambolea su faldón rosa, inflado como un merengue.

No parece una luchadora ruda sino más bien una princesa inca. Tiene los ojos achinados, la nariz fina –a pesar del puñetazo que más tarde supe que le pegó su padre–, los labios grandes y el pelo azabache. Lleva una mantilla tejida a crochet y aretes que parecen de oro, y que se quitará antes de luchar. Yolanda La Amorosa sube al ring y le muestra a sus seguidores lo que ellos quieren ver: puños cerrados y cara de mala. [...]

Escribí esta nota para el suplemento Tendencias del diario La Tercera, de Chile. Se puede leer completa acá.


Tu Refugio Petit Hotel

swan

Cuando los chicos se fueron, yo le dije a mi marido: ¿Y si nos ponemos una posada? No me vas creer, pero lo más difícil fue el nombre. Entonces pensé: hostería es más para la cordillera y acá estamos en la ciudad, así que esto debe ser una posada urbana, del concepto te hablo, ¿me entendés? ¿cómo me dijiste que era tu nombre?

Tengo tres cuartos con su baño, todos bien decoraditos, los decoré yo, eh? Los podés ver, si querés. Uno tiene un deck, como le llaman ahora, y le puse unas plantas para que no sea la terraza y nada más, porque es eso el deck, la terraza ¿no?

 Abajo, mirá, hice hacer un desayunador, ahí les doy un desayuno bien completito y a veces me siento con ellos a charlar. Me preguntan, quieren saber qué hay para hacer y yo me conseguí toda la folletería de la ciudad. Tengo de lo quieras, lleváte si necesitás.

petalEl cuarto que era de mi nena lo uso para cuando viene alguna novia. ¿Te conté que ya tuve noches de boda? Yo les lleno el cuarto con pétalos de rosas, por todas partes les pongo, y les dejo una botella de champán de regalo, no sabés cómo les gusta, se vuelven locos.

Y sí, nos está yendo bien, ya tenemos clientes que vuelven, ¿viste?

Mi marido me ayuda, a él siempre le gustó la cocina, así que prepara panes caseros o va a comprar medialunas bien tempranito. La pasamos bien, digo yo, los dos solos y jubilados, sin esto nos aburriríamos ¿no?

petalLa nena se fue a vivir con una amiga pero todavía no estudia nada, yo no sé qué voy a hacer. El otro día se lo dije: Patricia, ¿Por qué no te hacés la tecnicatura en turismo? Hacéte la carrerita esa, nena. ¿No te das cuenta que ya tenemos la posada? Pero los chicos son así, hay que esperarlos.

Yo mientras tanto algo estoy aprendiendo, la otra vez compré esos libros que ves ahí, “La Gobernanta” y “Todo huésped es VIP”, y algunas cosas saco, no te voy a decir que no. Por ejemplo, lo de las toallas. Les hago cisnes y se los dejo en la cama, como una escultura de toalla. Me contaron que es algo común en los cruceros, ¿sabías? Vieras vos cómo les encanta el detalle. Cuando se acuerdan me dicen, ¡qué hermoso! ¿dónde aprendió a hacer eso, Mirta? Me salen lindos, será que tengo mano, qué se yo.

Y sí, la verdad es que no me puedo quejar, con lo de la crisis y todo, nos va bien, ¿viste?

petalEl tema del nombre, bueno, lo que te contaba, fue lo más difícil. Al final le quedó Tu Refugio Petit Hotel. Yo lo quería inscribir como Bed & Breakfast, por lo del inglés, y claro, como damos desayuno era justo el caso. Pero no me dejaron y eso me quedó acá, no me lo puedo sacar, ¿sabés? ¿cómo me dijiste que era tu nombre?


Guanajuato: de paseo por la muerte

Después de ver la portada de uno de los últimos números de la revista Proceso, donde aparece una pila de cadáveres decapitados por la guerra narca en Michoacán, paso por delante de las famosas momias de Guanajuato sin escalofríos.

La romántica ciudad de Guanajuato, sede del Festival Internacional Cervantino y de muchas historias de amor que tarde o temprano atraviesan el estrecho Callejón del Beso, tiene una extraña relación con la muerte.

México entero tiene una relación particular con la muerte. La celebra, se la come en pan y le rinde pleitesía a la Santa Muerte. Pero en Guanajuato, además, la exhiben como un trofeo.

En el Museo de las Momias hasta se siente olor a muerte. Los turistas acatan la propuesta con diferentes comportamientos. Los extranjeros, en general, recorren el museo con cara de espanto, paso rápidos y actitud nauseosa. Los mexicanos, que son los visitantes más numerosos, intentan tocar las momias a través de los cristales, ponen a sus hijos pequeños delante y les sacan una foto, hacen bromas y avanzan tan despacio que suele acercarse un guardia para invitarlos a seguir el recorrido.

La historia de las momias viene de lejos. En 1865 se exhumaron del nicho 214 del Panteón de Santa Paula los restos del médico francés Remigio Leroy. Para asombro de los presentes, su cuerpo estaba momificado.

Nadie lo había vendado ni embalsamado, la momificación en Guanajuato es natural y misteriosa. Hay varias teorías al respecto, al parecer sería por la falta de humedad y el exceso de calor en las criptas, que evita que larvas e insectos ataquen el cuerpo. Así los tejidos se deshidratan. Esto sin entrar en el terreno de las leyendas.  

¿Por qué lo exhumaron? Porque en el cementerio de Guanajuato hay problemas de espacio y quien no pague el impuesto al ”derecho de perpetuidad” será exhumado para dejar lugar a los nuevos muertos.

Las momias estuvieron en el cine. Las Momias de Guanajuato (1972) fue una de sus películas más famosas de El Santo, que debe luchar contra los muertos vivos. Hasta Wener Herzog las utilizó para comenzar su film Nosferatu, el vampiro de la noche (1979).

Hay varios hits en este museo, pero podría decir que La Chinala enterrada viva, El feto de 19 cm, el ahogado y el apuñalado son las más vistas. Pero ni todas las momias juntas, con sus bocas abiertas, dientes sueltos y expresiones de angustia se acercan al horror que produce ver en un kiosco del DF una portada de Proceso o de La Prensa, con cabezas sueltas, susangrientas y abandonadas en un descampado.

A partir de Leroy, todos los cadáveres en buen estado de conservación se exhibieron. Primero, secretamente, después en un museo precario donde las momias estaban al alcance de la mano, y desde 2007 en el museo actual, que es todo un éxito y por la cantidad de turistas presumo que será la atracción que más dinero recauda de toda la ciudad.

Quizás por eso, casi 40 momias andan de gira nada menos que en ¡Estados Unidos! En vida, esos hombres y mujeres nunca salieron de Guanajuato, muchos apenas conseguían mantener a sus familias. Como momias no sólo salen de paseo, sino que regresarán millonarios. Será una gira de tres años, mucho más larga que una de los Rolling Stones.




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