Desde ayer existe Mr. Asahi, el primer barman-robot del mundo, que debutó en un bar de Selfridges, en Londres.
Fue diseñado por un equipo de 200 personas que trabajan para la marca de cerveza japonesa Asahi, costó cien mil libras y es capaz de atender a un cliente en menos de dos minutos gracias a un mecanismo que controla todo.
Una vez que el robot estuvo listo, se demoraron seis meses en tunearlo para convertirlo en Mr. Asahi, el barman que mide como un humano y sirve pintas y medias pintas sin decir una palabra.
En Francia, siempre que pueden le mandan un saludito a Africa. Eso cuando no le devuelven un grupo de inmigrantes.
Por eso, no me resultó extraño que cuando me contaron sobre el mistral, lo primero que me dijeron es que viene de Africa y que trae arena, violencia y malhumor.
El mistral es un viento que sopla en La Provence en la primavera y el invierno, en total unos cien días por año. En general es un viento fresco o frío, y seco. Pero ojo, puede venir con nubes negras y llenas de tormenta.
El tramontana, como lo llaman en algunas zonas de La Provence, puede llegar a soplar a 90 kilómetros por hora y arrasa con lo que tenga adelante. Como ese día en St. Tropez, que casi se lleva el muelle de la foto. Era el Mediterráneo pero parecía el Atlántico enloquecido.
Así es el mistral: se forma de un momento a otro y sopla su música impetuosa. Por eso los que navegan embarcaciones pequeñas no lo quieren: en sólo ocho minutos los puede poner en peligro. Y lo peor: es un viento difícil de predecir. Cuando lo anuncian en el servicio meteorológico, en general ya sopló.
Se llama mistral, como la poeta chilena que ganó el Nobel. Pero el nombre del viento no es por ella, sino por el poeta francés-y provenzal-Frédéric Mistral, que curiosamente también ganó el Nóbel.
En Francia muchos me hablaron casi con horror de este viento loco que viene de Africa. Pero leo en Wikipedia y dicen que el mistral trae puras cosas buenas, que cuando pasa los cielos están despejados y claros, que es bueno para la salud y que desarma las nubes de polución que sobrevuelan las ciudades. En Wikipedia el mistral es un señor viento. ¿Lo habrá escrito un senegalés?
Hoy se ha convertido en una parada turística fundamental y en una ventaja para el vecino pueblo de St. Rémy que asegura en los folletos que ¡aquí estuvo Van Gogh!, pero lo cierto es que cuando Vincent estuvo en asilo de Saint Paul de Mausole la pasó bastante mal.
Aunque él mismo quiso ir, aunque él mismo se tomó el tren desde Arles para internarse, se puede intuir recorriéndolo que fue un año duro para el pintor holandés, tan genial como atormentado.
Si bien su cuarto fue demolido en 1964, lo reconstruyeron tal cual era, del mismo color y con la misma vista. Los detalles se armaron gracias a lo que el pintor le contaba a su hermano Theo en las cartas. El de la foto fue el cuarto de Vincent. Allí pintó más de cien obras durante el año que pasó en el hospicio.
Además de los famosos autorretratos, ahí pintó esa famosa y bella noche estrellada que hoy está en el MoMa. “Esta mañana vi el campo desde mi ventana mucho antes del amanecer. No había nada más que la primera estrella, que se veía muy grande”, le escribió a Theo.
Van Gogh llegó a St. Paul en 1889. Vino sin oreja y con una salud mental débil. Una de las formas de calmar a los locos en aquellos años era inmovilizarlos en una bañadera y tirarles desde lo alto un chorro de agua helada a mucha presión. Una hidroterapia nada placentera, pero según cuenta la historia esto los calmaba.
St Paul todavía es un hospital psiquiátrico que acepta hombres y mujeres (tiene alrededor de cien pacientes). Algunos de ellos pintan o hacen esculturas y en la tienda del museo están a la venta.
Afuera hay un campo de lavanda, pero dice la guía que en la época de Van Gogh había un campo de trigo y muchos menos árboles de los que se ven hoy.
A veces hay grupos que llegan gritando y no es raro escuchar que alguien dice que ese cuadro lo tiene en la casa. Pero en general se van rápido y el lugar queda en calma.
Está en medio del campo así que se escuchan los pájaros y se huelen los aromas silvestre de Provence. El ambiente es bastante similiar al de los tiempos de Van Gogh.
En los últimos viajes en avión usé medias viejas, pero en los próximos probaré con unas rotas. Los aviones se parecen cada vez más a un ómnibus lleno y los baños no llegan a destino en las mejores condiciones.
Hace un par de días aterricé en París y como tenía un vuelo en conexión me topé nuevamente con controles estrictos y malhumorados. Esta vez me tocó sacarme el cinturón, las zapatillas y caminar por un pasillo que será del primer mundo, si, pero se parecía bastante al baño del avión.
Entonces, desde mañana, voy a separar las medias con agujero a la vista en una bolsita que diga: medias espantacontroles o medias para volar, algo así. Después del viaje, claro, chau medias.
Ultimamente, me ha tocado volar en aviones con cámara que muestra el despegue y el aterrizaje ¡en vivo! Si bien no me da miedo volar, todo lo contrario, me gusta, hace poco me tocó sentarme frente a la pantalla que mostraba el descenso y la llegada y… uff creo que hubiera preferido sentarme más atrás. La pista de aterrizaje cada vez más cerca, más cerca. Hasta casi la tuve en la nariz. Más o menos como se ve en este video casero.
Veo en Wired el glamour de las azafatas de antes y recuerdo mi último viaje a Bariloche, hace unos pocos días. El refrigerio fue suspendido por posibles turbulencias. Pero el cielo estaba despejado y el avión iba tan quieto que parecía que inmóvil. Igual, no hubo comida y los pasajeros morían por un sándwich y una Coca. Cuchichearon con ganas de una fila a otra. Estaban a punto del motín, lo juro.
Media hora antes de aterrizar tuve mucha sed y pedí un vaso de agua. Me lo dieron, sí, pero debo confesar que sentí que casi me lo dan por la cabeza. En ciertos vuelos da la impresión de que los cielos ya no son amigables. Incluso hay quienes creen que las azafatas de hoy se verían mejor con trajes de guardiacárceles.
Así están las cosas en el universo del turismo económico. Esperas abajo del avión y esperas arriba del avión; cambios imprevistos, comida mala y ahora lo último: ¡viajar en el inodoro!
Una aerolínea estadounidense de bajo costo no sólo sobrevendió el vuelo, sino que subió a un pasajero demás.
Gokhan Mutlu tenía un pasaje con descuento, de esos que les dan a los empleados de las compañías aéreas y ellos venden o regalan a sus amigos. Son pasajes de lista de espera. A veces toca ir varias veces al aeropuerto hasta poder viajar. En Jet Blue, esos pasajes se llaman Buddy Pass (pasaje de amigo). Aunque en este caso, se parece más a un pasaje de enemigo.
El tema es que a último momento, Mutlu subió al avión. Primero, lo acomodaron en el asiento de una azafata (jump seat). Probablemente él creyó que viajaría ahí hasta Nueva York. Sin embargo, luego de una hora y media de viaje, el piloto le anunció una decisión irreversible. Debía dejar el asiento a al azafata porque sólo la tripulación ocupa esos lugares. En ese momento, Mutlu habrá imaginado que sacaron un asiento de la galera, que contaron mal y quedaba uno libre. Nada que ver. Inmediatamente, el piloto le comunicó a Mutlu que tendría que viajar adentro del baño, sentado en el inodoro, el único asiento disponible del vuelo.
Cuando aterrizaron en Nueva York, el piloto fue a despedirlo en la escalerilla. Le hizo un guiño y le dijo: “Lo traje a casa, eh”.
Mutlu salió horrorizado y demandó a Jet Blue por dos millones de dólares. Declaró que sufrió un trauma psicológico y emocional. “Fui humillado y deshonrado públicamente”, dijo muy enojado.
Gokhan Mutlu la pasó mal, seguramente. Tal vez lloró sentado en la tapa del inodoro y vio sus lágrimas en el espejo que tenía enfrente y se lavó las manos histéricamente varias veces seguidas.
Eso sí, si acaso Mutlu gana el juicio podrá pagar una terapia de alto impacto, volar en cuanta primera clase se le ocurra y terminar riéndose del suceso bizarro. Quizás hasta escriba un libro y sea invitado a shows televisivos, donde siga ganando dinero. Quizás el toilet de Jet Blue haya sido el verdadero y único despegue Gokhan Mutlu.
La historia de la Batalla en el Kruger le ocurrió a dos turistas estadounidenses de viaje por Sudáfrica. Pero podría haberle pasado a cualquiera.
Esa suerte accidental del turista inexperto provoca una identificación tal que el National Geographic Channelterminó exhibiendo ayer un documental sobre el tema en el horario de máxima audiencia de la televisión estadounidense.
¿Lo recuerdan? La batalla en el Kruger (Battle at Kruger) fue el video más visto del año pasado en Youtube. En apenas ocho minutos cuenta la atroz lucha de un pequeño búfalo por sobrevivir al ataque de un grupo de leones hambrientos.
El video fue filmado por el turista texano David “Buzz” Budzinski (foto) en el parque Kruger de Sudáfrica en 2004, mientras el fotógrafo Jason Schlosberg, tomaba imágenes de la batalla (la que se ve es una de ellas).
Cuando volvieron de Africa con ese tesoro en sus máquinas trataron de venderlo a canales de televisión y también se dieron una vuelta por National Geographic y Animal Planet, pero les aclararon que no compraban material de amateurs.
Durante varios años, el video durmió en un estante. Hasta que un día, Schlosberg quiso mandárselo a un amigo. En lugar de grabar un DVD y enviarlo por correo, lo colgó en Youtube, donde su popularidad fue ascendiendo hasta convertirse en uno de los videos más vistos del mundo: más de 30 millones de personas fueron testigo de esa batalla por la vida.
Los autores se hicieron tan populares como los búfalos del video. Les hicieron notas y reportajes en importantes medios del mundo (Time, BBC, New York Times). Hasta crearon un sitio Web, battleatkruger.comdonde se pueden comprar fotos, el video en alta calidad y todo el merchandising imaginable. También existe una entrada en Wikipedia con todos los detalles sobre el caso.
Esta fama tardía ocurría a fines del año pasado y ayer tuvo su coronación: se emitió en el horario de máxima audiencia de la televisión estadounidense un documental sobre cómo grabaron el video en el parque nacional sudafricano. Para eso, un equipo del canal viajó al lugar de los hechos con el objetivo de deconstruir el drama. También fueron los dos protagonistas, que ya se están acostumbrando al éxito.
Doy un repaso a los diarios de este sábado fresco y me encuentro, en la sección Sociedad de Crítica de la Argentina, con el colmo del souvenir: ya se venden las cenizas del volcán Chaitén, en frasquitos y listas para poner en el estante del living.
Se venden por Mercado Libre y el aviso dice así: “Auténtica ceniza del volcán Chaitén. Pureza extrema. Caída en El Bolsón (Río Negro) el 6 de mayo y recolectada por expertos cosechadores de cenizas. No tenga sólo cenizas de cigarrillos en su cenicero, sea chic y ponga un poco de ceniza volcánica. Sus amigos lo envidiarán. Será la atracción en las reuniones familiares. El lote consta de un frasco de vidrio con tapa herméticamente sellada para guardar su frescura y pureza. Son aproximadamente 400 gramos de este raro material, muy pocas veces visto en nuestro país. No deje pasar esta oportunidad. Consulte por cantidades mayores”. El frasco cuesta 10 dólares.
Hace unos días se publicó uno de los últimos informes de Tripadvisor, la comunidad de viajes online más grande del mundo, con más de 25 millones de visitantes por mes.
El informe es el resultado de la votación de los usuarios, los hits más populares y el análisis de los foros de la página. Todo ese trabajo para rankear los sitios favoritos del mundo. La mayoría es europea. Según un vocero de Tripadvisor, son lugares ” que tienen algo especial que los hace verdaderamente excepcionales a los ojos de los viajeros del mundo”. ¿Es decir?
El primer destino de este ranking es la isla griega de Rodas, que además resultó el quinto destino más votado del mundo.
Según el informe, Italia es el país más popular entre los viajeros y sumó 7 ciudades dentro del top 25 de los mejores destinos europeos. Amalfi logró el puesto 15 del ranking mundial.
Salzburgo fue el segundo destino europeo más votado y el pueblo inglés Bath, con antiguos baños romanos y varios spa, resultó el preferido entre los lugares ingleses. Otras ciudades con buen puntaje son: Siena, Dingle, en sur de Irlanda y Brujas, en Bélgica.
Estas imágenes del fotógrafo Martin Parr muestran algunos viejos favoritos, hoy gastados y pisoteados por el turismo. Ahora que existen listas sobre los sitios más deseados de esta época, qué habría que hacer, ¿visitarlos o evitarlos?