La Caricia Perdida

Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos… En el viento, al pasar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida ¿quién la recogerá?

Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida, rodará… rodará…

Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va.

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de besar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás?

Alfonsina Storni


¡El Tercer Hombre sigue en Viena!

El año que viene se cumplirán 60 años de El Tercer Hombre, una de las películas más populares de la historia del cine, uno de esos clásicos de todos los tiempos.

La rodó Carol Reed en Londres, en 1949, y sobre la base a una novela de Grahaam Greene. En su momento, el film ganó el Gran Premio del Festival de Cannes y el Oscar a la mejor fotografía en blanco y negro.

Fue tan exitosa que tuvo una continuación en radio con el propio Orson Wells, uno de los protagonistas que apenas aparece, y luego en episodios de televisión. Nunca se dejó de hablar de El Tercer Hombre. Hasta el día de hoy se puede ver tres veces por semana -en versión original- en el Burg Kino, un cine de Viena (entrada: 6 euros).

La película cuenta una historia de suspenso en la Viena de postguerra, una ciudad destruida, corrupta y llena de sombras, de casas, de faroles y de un misterioso tercer hombre.

Quizás los fanáticos sepan que los exteriores -las persecusiones, las aparaciones de Orson Wells entre las sombras- se filmaron en Viena, donde hace tres años un ceramista -y fanático, claro- un tal Gerhard Strassgschwandtner abrió un museo dedicado al film. El tipo empezó a coleccionar objetos relacionados con la película hace diez años, desde posters de la película hasta los uniformes que usados por los militares durante la ocupación.

El museo está en Pressgasse 25, 1040, cerca del mercado Naschmarkt, se filmó parte de la película. Parece que por ahí cerca está el acceso a una de las cloacas por donde uno cree que corría Wells. Pero el austríaco explica que no, que Wells no quiso meterse ahí y que la parte de las cloacas la filmó un doble. Pero él en sus tours guiados (7 euros) sí lleva a los turistas por el universo subterráneo de canales y cloacas.

Como se sabe, Harry Lime no aparece mucho pero enuncia el diálogo más elocuente de la película: “En Italia, durante treinta años bajo el imperio de los Borgia, se sucedieron guerras, terror, asesinato y sangre, y todo ello hizo posible un Miguel Angel y un Leonardo Da Vinci, un Renacimiento. En Suiza, lo que siempre ha existido es el amor fraterno, cuatroscientos años de paz y democracia, ¿y qué cosa ha producido todo esto? El reloj cucú.”

Quizás los fanáticos de El Tercer Hombre vayan alguna vez a Viena y sigan el circuito de El Tercer Hombre por las calles de la antigua ciudad. En una de esas escuchen de lejos la increíble cítara de Anton Karas. Quizás hasta vean a Harry Lime. O a su sombra. O …


De viajeros, corazones rotos y cine indio

En sus travesías por el mundo, los viajeros dejan mucho dinero, millones de euros según la Organización Mundial del Turismo. Pero también dejan corazones rotos. Eso nadie lo contabiliza, salvo alguna poesía, un cuento, una película.

Como Raja Hindustani, ese film indio que vi en Varanasi hace varios años. En hindi al forastero se le dice pardesi y la película, que fue un éxito total en su momento, cuenta la historia de un romance entre una india rica y hermosa que se vuelve de estudiar en el exterior (ella sería la forastera) y un taxista buenmozo y con jopo rebelde.

Como buen producto de Bollywood dura unas tres horas y tiene flashes de telenovela y de musical, con coreografías que los espectadores saben de memoria. En muchos cines de la India, no es necesario hacer silencio para ver la película. Todo lo contrario. Ese día en Varanasi, habría unas mil personas en el cine, comiendo y tomando gaseosas. Algunos se subían al escenario y repetían los bailes que los actores hacían en la pantalla. Y todos cantaban el hit de la película: Pardesi Pardesi, no te vayas.


Raja Hindustani - Pardesi Pardesi (subs en español)


Van Gogh en el hospicio de St. Paul

Hoy se ha convertido en una parada turística fundamental y en una ventaja para el vecino pueblo de St. Rémy que asegura en los folletos que ¡aquí estuvo Van Gogh!, pero lo cierto es que cuando Vincent estuvo en asilo de Saint Paul de Mausole la pasó bastante mal.

Aunque él mismo quiso ir, aunque él mismo se tomó el tren desde Arles para internarse, se puede intuir recorriéndolo que fue un año duro para el pintor holandés, tan genial como atormentado.

Si bien su cuarto fue demolido en 1964, lo reconstruyeron tal cual era, del mismo color y con la misma vista. Los detalles se armaron gracias a lo que el pintor le contaba a su hermano Theo en las cartas. El de la foto fue el cuarto de Vincent. Allí pintó más de cien obras durante el año que pasó en el hospicio.

Además de los famosos autorretratos, ahí pintó esa famosa y bella noche estrellada que hoy está en el MoMa. “Esta mañana vi el campo desde mi ventana mucho antes del amanecer. No había nada más que la primera estrella, que se veía muy grande”, le escribió a Theo.

Van Gogh llegó a St. Paul en 1889. Vino sin oreja y con una salud mental débil. Una de las formas de calmar a los locos en aquellos años era inmovilizarlos en una bañadera y tirarles desde lo alto un chorro de agua helada a mucha presión. Una hidroterapia nada placentera, pero según cuenta la historia esto los calmaba.

St Paul todavía es un hospital psiquiátrico que acepta hombres y mujeres (tiene alrededor de cien pacientes). Algunos de ellos pintan o hacen esculturas y en la tienda del museo están a la venta.

Afuera hay un campo de lavanda, pero dice la guía que en la época de Van Gogh había un campo de trigo y muchos menos árboles de los que se ven hoy.

A veces hay grupos que llegan gritando y no es raro escuchar que alguien dice que ese cuadro lo tiene en la casa. Pero en general se van rápido y el lugar queda en calma.

Está en medio del campo así que se escuchan los pájaros y se huelen los aromas silvestre de Provence. El ambiente es bastante similiar al de los tiempos de Van Gogh.


La gran expo Picasso-Cézanne

Pablo Picasso era un fan de Paul Cézanne. Y aunque vivieron en distintas épocas, pronto estarán juntos en una megamuestra en Francia.

A tal punto que llegó a compartir la fascinación de Cézanne por las luces de La Provence.

Y un día de 1958, ya viejo, con fama y dinero, fue y se compró el Chateau de Vauvenargue, a la sombra del Monte St. Victoire, ese que tanto pintó Paul Cézanne.

En el jardín de ese Chateau está enterrado el autor del Guernica, junto a su última mujer Jacqueline Roque, con la que estuvo los 20 años finales de su vida.
Picasso murió en 1973 y Jacqueline no pudo reponerse; en 1986 se suicidó. Según muchos, la historia del pintor español y su musa fue una de las más tristes historias de amor del siglo XX.

Volviendo a Cezánne y a Picasso, dos grandes que seguramente hubieran sido amigos, entre junio y septiembre de 2009 habrá una gran exposición-homenaje en el castillo de Vauvenargue, que contará la influencia de Paul en Pablo.

Todavía falta para la muestra, pero en la zona ya se habla de la muestra, según muchos una buena excusa para visitar el misterioso castillo.

Se podrán ver 80 Picassos y 20 Cézanne. Si bien el nombre de la expo todavía no está confirmado, es probable que sea Facing de Sun. De cara al sol -y a la luz- de La Provence.


Monet, otro fanático de los coquelicots

Parece que desde que vio estas amapolas silvestres, Claude quedó impresionado. Tiempo después pintó esta tela de una madre y su hijo paseando al aire libre, en Argenteuil, un día de verano. La pintura, Coquelicots, se puede ver en el Musée D’ Orsay, en París. La entrada cuesta 8 euros. Horario: de 9 a 18 y los jueves, hasta las 21.30.


Coquelicot, la amapola silvestre

En esta época primaveral, los campos de La Provence, los costados de las rutas, los campings y los jardines de las casas están llenos de coquelicots rojas como las cerezas de una torta.

Así se llaman en francés a las amapolas silvestres, de flores frágiles y bellas como un papel japonés. O como la música de Juana Molina.

Lucen poéticas y sensuales con el viento despeinándoles esos cuatro pétalos locos.

Algo de eso habrá visto Kenzo, cuando las eligió para lanzar su perfume Flower, que seguramente tiene notas florales.


El atelier de Paul Cézanne

Las luces provenzales esconden algún misterio, y si bien en este viaje me tocan días de lluvia percibo una luminosidad especial aún en la tormenta. Un matiz. Como si la lavanda, el tomillo, la menta, la salvia y el regaliz del campo se reflejaran en el cielo.

Muchos pintores franceses del siglo XIX buscaron esa luz de La Provence, y Paul Cézanne fue especialmente fanático. Cézanne nació en 1839 en pleno centro de Aix en Provence, no muy lejos de la fábrica de sombreros de su padre. Aunque en algunos tiempos viajó seguido, Cézanne siempre quería volver a La Provence.

“Cuando estaba en Aix, tenia la impresion que me encontraria mejor en otro lugar, ahora que estoy aqui, echo en falta Aix… cuando uno ha nacido alli, esta perdido, ya no le atrae ningun otro lugar”.

El atelier de Cézanne está a un par de kilómetros del centro de Aix. Se llega caminando sin problemas. La oficina de turismo local ha ideado cincocircuitos representados por cinco colores que siguen distintos recorridos que el pintor hizo en su época. Uno de ellos, el gris, lleva al atelier. Basta seguir unos cuadrados de bronce en la calzada que dicen Cézanne.

En todos los recorridos, está presente el Monte Saint Victoire, el monte fetiche del pintor, el que aparece en esta pintura y en otras 86, entre óleos y acuarelas. Las distintas luces sobre el Sainte Victoire fueron una de sus obsesiones.

Al parecer Cézanne fue un tipo solitario. No salía demasiado, ni tenía muchos amigos, salvo Emile Zola durante los años de su infancia y adolescencia. Tampoco vendió cuadros. Tenía un padre rico que le financiaba su vida artística y después un padre muerto que le dejó una herencia.

Cada tanto, algún amigo le compraba obra, casi como una ayuda porque se supo que varios de ellos, como Zola por ejemplo, nunca los colgaron. En vida fue un pintor ignorado. Hoy, se considera a Cezanne el padre del arte moderno y sus cuadros se venden en millones de dólares.

Para llegar al taller hay que caminar una subida larga, la misma que Cézanne caminaba todos los días hace 150 años. La casa se esconde en un monte de plátanos, olivos y pinos que por esta época lucen verdes y llenos de sombra.

El cuarto donde pintaba es enorme. Tiene un gran ventanal y todavía están los mismos muebles, algunos pinceles, una escalera alta y parte de los objetos que utilizaba para sus naturalezas muertas. Hasta se puede ver sus trajes de pintor y los sombreros que usaba (foto). Pero lo más lindo del atelier es el jardín que lo rodea, donde hoy se exponen obras de arte. Y el gato mimoso que anda por ahí. Todos querían que fuera Paul. Pero es Pola.



Crónicas parisinas, 70 años de vida cotidiana

Me gustan las exposiciones de fotos antiguas. Reconocer lugares y costumbres, ver qué se usaba en otra época, imaginar los colores que no se ven.

Esta moto biplaza está en Champs de Mars y es de 1922. La foto fue tomada por Jacques Boyer, un fotógrafo de la agencia fotos Roger Viollet, que por estos días festeja sus 70 años con una muestra sobre la vida cotidiana en París entre 1880 y 1950.

Se exhiben más de 70 fotos y la muestra es en el primer piso de la Torre Eiffel, que abre todos los días, de 9.30 a 23.45 (entre el 13 de junio y el 31 de agosto, una hora más). El acceso al primer piso cuesta € 4,80 y € 4 por escalera.

Se puede ver hasta el 1° de junio.


Los 125 años del Brooklyn Bridge

Cuando se inauguró, en 1883, fue el puente colgante más largo del mundo.

Tiene casi dos kilómetros. El cruce es gratuito y cada día lo utilizan 150.000 autos, 1200 bicicletas y 2500 peatones.

El que viaje a Nueva York, esté atento: el jueves comienza la fiesta con un concierto de la Orquesta Filarmónica de Brooklyn en el Empire-Fulton Ferry State Park, en la rivera oriental del East River. Esa noche, habrá fuegos artificiales. Habrá tours en bicicleta y a pie; conciertos, charlas y performances. El programa de los festejos está aquí.

Si no llega a la celebración, igual crúcelo. El Brooklyn Bridge resulta la forma más fácil y económica de ver el paisaje de Manhattan.