El barrio chino de La Habana

Quizás fue a propósito del último Año Nuevo Chino. O será porque ayer me crucé con una chica que llevaba un conejo en brazos. Era menuda, morena, ojos grandes. Parecía perdida, recién llegada de un pueblo lejano donde se crían conejos. Se la notaba apurada, como si trajera un encargo: entregarle el animal al mago antes de la próxima función. Me recordó a esa adolescente dulce y salvaje de la película El Ilusionista.

¿A qué iba? Ah, sí, a que por una cosa, por otra o porque sí, hoy pensé en el barrio chino de La Habana. Es pequeño, austero, con pocos farolitos rojos, poco brillo y pocos chinos. Encontré una mujer que vendía “animales afectivos” con licencia para viajar. Loros, cotorras y otras aves autóctonas por unos 8 dólares. Le compré fósforos al “fosforero del barrio chino” de la calle San Nicolás. Revolví cajones de libros en la librería Confucio, conversé con los únicos chinos que me crucé, unos tipos de unos setenta años que tomaban fresco en la puerta del edificio del Diario Popular Chino. Y comí un chop suey en un boliche que se llamaba Sabor y magia, en El Callejón de los Cuchillos.

En Cuba quedan unos 400 chinos nacidos en China y alrededor de mil descendientes. Los primeros llegaron a fines del siglo XIX, creyendo que venían a una tierra de oportunidades. Pero al poco tiempo se encontraron cortando caña de azúcar al rayo del sol y con las manos llenas de sangre. Los últimos llegaron a mediados de 1900. Venían con ánimo comercial, pero enseguida quedaron atrapados en una Revolución ajena. Algunos se volvieron, otros habían formado su familia, se quedaron y abrieron restaurantes conocidos más por la pizza que por el chop suey o el chao fan. En su honor, los cubanos acuñaron un dicho que todavía se escucha en La Habana: “Te engañaron como a un chino”.


Chinatown: pashminas, dumplings y “Lolex”

“¡Lolex, Lolex!”, les dice el chino a los que pasan a su lado. Está parado en la esquina de Baxter y Canal, la avenida principal del Chinatown de Manhattan. Después de unos segundos entiendo que los lólex son Rólex truchos que vende en una oficinita al final de un pasillo largo.

Pero pocos lo pescan. Lo que más salen son las pashminas con dibujos búlgaros (si, ¡volvieron los búlgaros!) de todos colores. También hay anteojos, joyas y mujeres en estado de desesperación porque ¡llegaron los nuevos modelos de Louis Vuitton, Prada y Gucci a veintipico de dólares!

Como todos los barrios chinos, éste también es ruidoso, suena en chino, tiene un templo, olor a ajo saltado y una excelente pescadería donde Daniel Franco, un filipino con el que conversé un rato, viene cada jueves a comprar cangrejos vivos (3 por 7 dólares), langostinos, calamares, anguilas y los mejores frutos de mar que se consiguen en la ciudad.

Los mangos, frutillas, cocos, uvas  cuestan la mitad que en Midtown y son más reales. Me refiero a que la fruta no se expone lustrada y brillante como si fuera un anillo de oro ni se vende por unidad, como en el Midtown. Aquí, la fruta parece fruta. Para ingredientes frescos, la mejor calle es Mott, una de las primeras tres que formaron el barrio chino a mediados de 1800 (las otras dos, Bayard y la cortísima, Pell).

El Chinatown de Manhattan tiene alma de pulpo: si bien las calles principales están al Sur de Canal y al este de Broadway, también hay negocios y restaurantes y supermercados en el vecino Lower East Side. Y Little Italy, que es tan pequeño que parece que pronto se lo comerán con palitos. Entre los residentes legales y los ilegales, el Chinatown conforma la comunidad más grande fuera de Asia.

Además del templo budista con su enorme Buda sentado en una flor de loto, se puede visitar la Iglesia de la Transfiguración, que es la iglesia de los inmigrantes, y donde celebran misa las colectividades irlandesa, italiana y también china (hay sermón en cantonés). El MOCA (Museo de los Chinos en América), que cuenta la historia de la inmigración china a través de videos, fotos y objetos. Actualmente está en proceso de expansión, a fin de año abrirá en 215 Centre St., casi en el SoHo.

Sobre Canal y Mulberry encontré un supermercado ideal para comprar especias, tes deliciosos, candys con paquetes súperpop. El subsuelo está repleto de cerámica china y, mejor aún, japonesa. Hay fuentes, bowls, tazas y también implementos para sushi.

Hablando de comida, en Chinatown hay más de 200 restaurantes. En muchos, se pueden pedir los famosos dumplings de cerdo o el pato laqueado. A propósito, algunos creen que aquí es donde terminan los patos del Central Park en invierno…


Noticias (y recuerdos sagrados) del Tíbet

En el Tíbet hay lagos sagrados, ríos sagrados, templos sagrados y un palacio sagrado. Quizás por eso, los recuerdos de un viaje al techo del mundo también se vuelven sagrados.

Esta foto la saqué en el cuarto día de mi viaje al Tíbet. Antes, imposible. No hubiera conseguido hacer foco: el dolor de cabeza por la altura era brutal.  Especialmente en Tingri, el primer pueblo al que uno llega cuando viene de Zhang mu, en la frontera con Nepal.

En Tingri tomé el primero -y único- té de manteca de yak, en una carpa oscura y llena de alfombras gastadas. Había una señora de edad infinita, bolsas de arpillera y varios niños con los cachetes colorados por el frío, empaquetados con ropa de lana.

Tingri está a más de cuatro mil metros de altura y mis recuerdos de allí son confusos y están atravesados por esa jaqueca. La carpa nómade, los primeros rostros mongoles, el té aceitoso y el Everest. En Tingri se logra la primera vista de la montaña más alta del mundo.

Volviendo a la foto, la tomé el cuarto día, a orillas de un lago turquesa que se llama Yamdro-tso. Es un lago sagrado, uno de los más grandes de la región, y los campos cercanos están sembrados con centeno, el cereal más utilizado en el Tíbet y el que lleva a cuestas.

En las tierras altas y lejanas del Tíbet, la gente siempre anda con algo a cuestas. Se trajina de una carpa a otra, de un pueblo a otro, de una ciudad a otra: comida, perros, yaks, niños, ropa y fotos del Dalai Lama.

Un día como hoy, hace cincuenta años, el Dalai Lama huía a caballo por las montañas más altas del mundo, después de la invasión China al Tíbet, su país. Desde el 30 de marzo de 1959, el líder espiritual y político del Tíbet, vive en la India y desde el exilio lucha pacíficamente por la autonomía del Tíbet.

Las noticias dicen que el Dalai Lama agradece a la India por 50 años de refugio y dicen que el sábado último fue feriado en China y hubo actos en los que se prometió aplastar cualquier intento de Independencia.

También dicen que desde el próximo fin de semana, el Tíbet será reabierto al turismo extranjero, después de un año de estar cerrado según el gobierno chino, por “razones de seguridad”.

Las negociaciones entre el gobierno chino y los tibetanos en el exilio no prosperan y es posible que la Región Autónoma del Tíbet se parezca cada día más a China. Pero seguro que todavía hay hendijas para asomarse a la cultura de este pueblo ancestral. Seguro que todavía se pueden lograr recuerdos sagrados.


Peor que una piedra en el zapato

Hoy leí un proverbio turco que me gustó: Si tus zapatos son apretados, qué importa que el mundo sea inmenso.

No pude evitar acordarme de las mujeres chinas de pies de loto. Ya no deben quedar muchas. Si es que queda alguna tendrá cerca de cien años.

Pero en algún momento del antiguo imperio chino, las mujeres con pies de muñeca eran parte de la tradición, una costumbre que tenía que ver con una concepción de la belleza femenina y el erotismo originada en el siglo X, cuando un emperador se enamoró de una bailarina que envolvía sus pequeños pies en seda cuando bailaba. 

Algunas mujeres imitaron a la nueva concubina y de repente deformarse los pies hasta volverlos mínimos era una práctica común. Llegó a haber millones de mujeres en China con los pies deformados.

A la temprana edad de cinco o seis años, a muchas niñas comenzaban a vendarles los pies hasta deformarlos. Antes les fracturaban todos los dedos menos el pulgar, y los doblaban hacia adentro. Este proceso era tan cruel y doloroso que según los estudios moría una de cada diez niñas en el intento de tener pies diminutos.

El detalle se transformó en un fetiche sexual para algunos hombres y la costumbre siguió hasta hace no mucho. Hasta había manuales de sexo que explicaban qué movimientos de los pequeños pies causaban más placer.

El sumum del deseo era cuando los pies eran  “loto dorado”, es decir cuando medían apenas siete centímetros, y además eran delgados, puntiagudos, arqueados perfumandos, suaves y simétricos.

Estas mujeres eran casi secretas. Como apenas podían caminar con sus pies de diez o doce centímetros, no se las veía en la calle. Eran muejeres de puertas adentro.

En 1911, el vendaje de pies fue prohibido en China, pero la costumbre continuó a escondidas durante mucho tiempo, sobre todo en áreas rurales.

Mujeres de pies de loto ya casi no quedan, pero Fan Jianchuan se encargó de que no falten zapatos. Desde el año pasado se exponen 5000 pares de zapatos en el flamante Museo de Chengdú, en el sudoeste del país. Se pasó 20 años coleccionándolos y según declaró ha gastado 130.000 dólares en comprarlos.

“Por suerte, la era de los pies vendados ha terminado”, declaró Fan Jianchuan el año pasado cuando inauguró el museo. En la inauguración había tres mujeres con los pies diminutos. Una de ellas, de 103 años, dijo: “Nosotras no queríamos que nos deformaran los pies, pero no teníamos alternativa”.

Volviendo al proverbio turco, en el mundo de los viajes no hay nada mejor que unos zapatos cómodos, ¿no?


Links, temas y noticias

El Toreo de la Vincha, en Casabindo
Los defensores de animales que en España son capaces de levantarse en medio del cine y pedir la interrupción de una película donde se defiende el toreo, como sucedió en varios cines en la época de “Hable con ella”, de Almodóvar, en Argentina estarían contentos. En este país hay un sólo toreo, en donde el toro es una estrella. Y si alguien sale lastimado no es el animal sino el hombre. En el Toreo de la Vincha, el torero debe tratar de quitarle al toro una vincha con monedas de plata que después se ofrenda a la Virgen de la Asunción. Se practica una sola vez por año, en Casabindo, un pueblito de la puna jujeña. Esa única vez es este viernes. El que vaya es posible que se apune o que termine durmiendo en carpa, pero no se arrepentirá.

 

La vida sexual de los animales, en Nueva York
Desde hace unos días se puede visitar en el Museo del Sexo de Nueva York, una muestra sobre los comportamientos sexuales de ciertos animales, entre ellos, pingüinos, elefantes y monos. Estos comportamientos no tendrían que ver con la reproducción sino con el sexo e incluyen desde besos y abrazos hasta sexo oral. Más info y datos útiles aquí.

 

Comer y comprar en Pekín
Si alguien está allá o viaja pronto, puede tener en cuenta esta nota hecha por corresponsales de Reuters, con datos boutique sobre la Ciudad Olímpica. ¿Un ejemplo? El bar del último piso del Emperor Hotel, donde se puede tomar un trago mientras el sol se pone en la Ciudad Perdida. Para los que se animen, hay un jacuzzi al aire libre.

 

Las navajas no alcanzan…
Nuevos bolsos y accesorios para viajes de la tradicional marca suiza Vitorinox, que los suma a sus tradicionales multiherramientas, que después de la fiebre de la inseguridad son más un problema que una solución porque más de una vez suelen quedar en el bolso de mano y terminan en un depósito. 

Animación urbana en Buenos Aires
Ya está listo el primer libro del grafitero italiano Blublu.org, con dibujos de cuatro años. También se puede ver su página MUTO, un increíble video a partir de graffitis de varios artistas en los muros de Buenos Aires y de Baden, en Alemania.


Eclipse total de sol: ¡en vivo! desde China

 Dentro de algunas horas y por apenas unos minutos, medio mundo se oscurecerá en pleno día. El eclipse total de sol de hoy se puede ver en Canadá, Groenlandia, el Artico, Rusia central, Mongolia y China.

Parece que el mejor lugar para observarlo es un pequeño pueblo en la lejana zona autónoma de Xinjiang Uygur, a la que posiblemente unos pocos llegarán. Los que lo hagan recuerden no mirar directamente al sol, deberán hacerlo a través de un telescopio con un papel filtro.

La buena noticia es que la mitad del mundo que no lo ve a simple vista puede seguirlo ¡en vivo! gracias a las cámaras del Observatorio Astronómico de Shangai.  

(la página está en chino, pero el play se entiende)


Pekín, gratis y en español

Cada vez falta menos para los Juegos Olímplicos y el Instituto Cervantes de Pekín dio una buena noticia para la comunidad hispanoparlante que tiene pensado viajar a China.

Hace unos días publicó una completa guía turística para recorrer, conocer y entender Pekín. La tirada es de 20.000 ejemplares y se puede conseguir gratis en la Casa de España en la capital, que queda cerca de la Plaza Tian’anmen. Aunque quizás sea más fácil descargarla en este link y leer durante el largo viaje hacia China.

La Guía de Pekín 2008 recopila desde informaciones básicas, como saber que el prefijo de China es (0086) y el de Pekín (10) o que la corriente es 220, hasta consejos de amigo: evite los baños públicos o lo lamentará; tenga en cuenta que se almuerza alrededor de las 11.30; no tome agua de la canilla (en la guía escriben grifo); la planta de los edificios comienza en el primer piso es decir que no existe la Plata Baja.

Además, hay itinerarios sugeridos para uno, dos y tres días en la ciudad, cuenta cuáles son los distritos artísticos, dónde se puede comprar qué (desde seda hasta electrónica), dónde ver acrobacias, hacerse masajes y tomar el té. También, trae un listado de restaurantes, cafeterías y algunos apuntes para dormirse tarde.




rss twitter facebook

Especiales


Especial Nueva York
Especial Cuba
Especial París
Especial Valparaíso
Especial Dakar
Especial México
Especial El Mate
Especial Bolivia

Links

Otros sitios

Blog en La Tercera

Categorías

Archivo

  • 2013 (22)
  • 2012 (88)
  • 2011 (83)
  • 2010 (166)
  • 2009 (189)
  • 2008 (208)
  • 2007 (110)