MVLL en la Casa de la Literatura Peruana

Mientras en Estocolmo, Mario Vargas Llosa tomará pastillas de miel para aliviar su afonía, en Lima lo recuerdan con muestras especiales, afiches en la calle y hasta collages hechos por niños de colegio.

Unos días atrás visité la antigua Estación Central Desamparados, en el centro histórico de Lima, donde desde el año pasado funciona la Casa de la Literatura Peruana.

En 16 salas se rinde homenaje a los grandes escritores y poetas peruanos, desde el Inca Garcilazo de la Vega hasta César Vallejo y, por supuesto, MVLL.

La biblioteca de la Casa lleva su nombre, está en el centro de la vieja estación, debajo de una claraboya de vitraux. Allí se pueden consultar todas las obras del autor en varios idiomas, y en la página, hacer un recorrido virtual.

Suele haber charlas, seminarios y conferencias, siempre gratis.


Pierce Brosnan, las vicuñas y el chaku

Pierce Brosnan, el 007 anterior a Daniel Craig, usaba un traje de fibra de vicuña. Seguramente, le costaría pronunciar la ñ cuando le preguntaban por el fino material de su prenda. Pero mucho más le costaría imaginarse de dónde viene ese material.

El año pasado, más o menos para esta fecha, algunas semanas antes si soy precisa, viajé a Catamarca, a Laguna Blanca, un pueblo alejado, en la Puna argentina.

Uno de los pocos sitios en el mundo que produce fibra de vicuña, más fina que el cashmere y con precios que llegan a 900 dólares el kilo. Laguna Blanca no sólo lejos de donde vive Pierce Brosnan, sino lejos hasta del pueblo más cercano. A más de 3.200 metros de altura, donde el sol desafía al protector Factor 50 y el viento sopla crispado, tanto que en la zona no lo llaman por su nombre, le dicen Anselmo.

Desde hace un tiempo, a la actividad pastoril se sumó un recurso económico de origen incaico: el chaku o rodeo, una ceremonia anual de encierro, captura y esquila vicuñas, que luego se liberan. El chaku dura dos días y comienza, como la mayoría de las ceremonias en el Norte, con una ofrenda a la Pachamama. El primer día se construye un cerco de postes y sogas para encerrar a los animales cuando se acercan naturalmente a beber a un ojo de agua dulce. También se levantan corrales caseros. El segundo día, se arrean las vicuñas hasta los corrales de esquila. A pie y al rayo del sol, que quema desde las 8 de la mañana. Participan todos los habitantes de Laguna Blanca, y los turistas que se animen a agitarse en altura.

Cuando me acordé del soroche y que aconsejan moverse lentamente, ya era tarde: estaba corriendo con Alexander, Yamil, Raúl y otros pobladores. Tratábamos de que las vicuñas más rápidas no se escaparan. Corrían desesperadas, asustadas, estresadas. Si los animales tuvieran memoria diría que escapaban porque recordaban los años de persecución y matanza, antes de que estuviera protegida.

Después de alzar los brazos, gritarles y, por último, de formar un cordón humano logramos dirigirlas hacia los corrales. Puede sonar descarado el uso del plural, pero la participación da ese poder. Y el que va a Laguna Blanca en época de chaku está incluido en la acción.

El último día del chaku arranca antes de las 7 de la mañana, cuando los hombres del pueblo se reúnen para planificar la estrategia de encierro. Ya en el corral, para que el estrés del animal no sea tan agudo le cubren la cabeza con una capucha negra. Después, lo caravanean y llevan al playón de esquila, donde trabajan cuatro personas: dos sostienen manos y patas, una la cabeza y otra corta el vellón desde la barriga hacia el lomo con una tijera tipo bigornia.

Me tocó sostener la cabeza de varias vicuñas. También, colocar el vellón en un balde que luego es pesado y certificado por autoridades provinciales. Me pareció la textura más leve que conozca. Más que la seda. Leve como imagino que debe ser una nube. Leve pero abrigadísima. Leve y totalmente impermeable. Tan leve que un chal entero pasa por el diámetro de un anillo.

Cuando la ceremonia se termina comienza el trabajo fino: descerdar, hilar, torcer, lavar, urdir y tejer la fibra. Una parte de la cosecha se vende en bruto a compradores extranjeros, que a su vez la distribuyen a diseñadores exclusivos con clientes famosos, como Pierce Brosnan.


Médium de las Vacacionum

Por hache o por be, me tocó llevarle una revista Lugares al sobrino de uno de mis entrevistados de la nota de Montevideo. Él se la haría llegar a su tío, que tiene más de 80 años y vive en Carrasco. Por hache o por be no pude ver al sobrino, que trabaja en una financiera.

Lo imagino ocupado, rodeado de números, papeles de bancos, sonido de la Bolsa y llamados, algo estresado quizás. Imagino el momento en que la revista aterrizó en ese contexto de oficina del microcentro, como si le pusieran una maceta con una plantita en el medio del escritorio. Le llamó la atención, la abrió y de repente se puso a viajar. Sin reservar, sin sacar pasaje, sin ajustarse el cinturón, incluso sin pagar. Sólo con pasar algunas páginas.

Por hache por be, después de un rato el sobrino me llamó para agradecerme el gesto de llevarle la revista. Eso dijo, pero en realidad creo que su llamado fue porque quería hablar de viajes. Así cómo viajó a través de las páginas de la revista, salir de la oficina a través mío. Contarme que le encanta viajar, que le gustaría ir a Etiopía y que tiene un lugar preferido en Corrientes, unas barrancas al Paraná sobre las que prometió escribir. No es la primera vez que me pasa. A veces creo que tengo algo de médium. Médium de las Vacacionum.


Oh, Jesus, hallelujah!

baptistchurch

Abyssinian Baptist Church, TOMA I. Es domingo a la mañana y llueve. Voy a escuchar un coro de gospel a este templo de Haarlem, que festeja sus 200 años. Tomo el M3 que va por la Third Ave. y después de un rato, cuando los rascacielos se terminan y hay más letreros en español y más negros y latinos en las calles llega Haarlem. Bajo en la 136 y Malcom X y camino dos cuadras hasta el templo.

En la puerta un gordo elegante, con traje gris y sombrero, les explica algo a unos turistas. Les habla fuerte, casi gritando. Dice que llegaron tarde, que las puertas se cerraron y no entra nadie más, que la próxima vez se levanten más temprano. Que para entrar a la ceremonia de las once de la mañana deben estar ahí a las siete. ¿No se dan cuenta que cada domingo llegan 500 personas y sólo entran 150? ¿Cuándo lo van a entender? ¿No lo dicen sus guías? Parece enojado y yo que pensaba preguntarle lo mismo. Mejor no pregunto nada. Sigo caminando hasta la esquina y veo unas 100 personas en fila, paraguas en mano, caras dormidas. ¿Ellos no sabrán lo que dice el hombre elegante y gritón de acá a la vuelta? ¿Por qué siguen esperando? ¿Pasará como en algunos recitales que en un momento abren las puertas y entran los que no tienen entrada? No creo, eso ya no pasa ni en los recitales. “Esperan, pero no van a entrar”, me dice un hombre que aprovecha la circulación de turistas para vender bijouterie barata.

– ¿Usted quiere entrar a la iglesia? -me pregunta el vendedor de aros.
– ¡Claro! -le respondo.
– Entonces, cómpreme un par de aros o algún perfume y yo la hago entrar- dice y abre una bolsa negra repleta de cajas de perfumes.

La situación me descoloca. ¿Una coima para entrar a la iglesia? Qué lejos hemos llegado. Al lado de este hombre, una mujer, le dice lo mismo a otros turistas. Que le compren algo, que quizás logra hacerlos entrar. Les dice: “Ustedes, los turistas siempre piden, ahora les toca dar. Vamos, ¿qué me van a comprar?”

Llueve y hace frío. Ya no sé si me importa escuchar el gospel, quisiera meterme en la iglesia aunque sea para no mojarme. Pero no de esta forma. Me doy la vuelta y empiezo a caminar hacia la avenida Malcom X, donde pasan los transportes. Antes, veo otra vez al reverendo de traje gris y sombrero.

jimbos– ¿Usted quiere entrar al templo? -me pregunta.

Esto ya es demasiado, ¿qué me pedirá este hombre?, por Dios. Le respondo que sí, que quiero entrar al templo.

– Entonces no venga un domingo, lady. Los domingos siempre sobra gente. Tiene que venir un miércoles. Llegue a las seis de la tarde, la ceremonia comienza a las siete y no tendrá problemas para entrar.

Antes de ir en busca del subway paro en Jimbo’s, una lunchería mexicana, que por lo que veo vive del rebote de la Abyssinian Baptist Church. Por lo menos los domingos por la mañana, el 80 por ciento de los consumidores de hot cakes y sandwiches de panceta quemada y huevo frito son turistas que no lograron entrar a la iglesia.

 

saintgeorgeAbyssinian Baptist Church, TOMA II. Miercoles, 18.30. Es la tercera vez que me equivoco de subway. Hasta que se entiende que algunos trenes son expresos y no paran en todas las estaciones y que otros se desvían, pasa un tiempo. Llego tarde. Me estresa pensar que una vez más no podré entrar al gospel. Estoy a punto de desist-ir y pensar otro plan. Al final decido insist-ir y voy. 

Me bajo corriendo y sigo corriendo las dos cuadras del metro a la iglesia. Lo primero que veo es que el vendedor de aros no está. Me alivia no verlo porque estaba dispuesta a preguntarle cuánto costaban sus chafalonerías. Tampoco hay turistas. No hay nadie, salvo unos skaters debatiendo algo que parece fundamental para la raza humana en las escaleras de una casa.
Quizás me confundí de día, pienso mientras abro la puerta de la iglesia. Adentro, una mujer con una sonrisa tan abierta como la puerta me invita a pasar. Que suba al primer piso, vamos que ya empieza la ceremonia. Después, todo pasa rápido: otra mujer negra de canas y falda con pliegos me hace pasar a la sala principal, otra de guantes blancos me ubica en un banco entre un viejo parecido a Morgan Freeman y una mujer joven, con jeans pegados a la piel y camisa blanca impecable. Recién salió de la peluquería, seguro: tiene dreadlocks finos que terminan en extensiones enruladas, ni un pelo fuera de lugar. Se podría ir de aquí a la pasarela.

Empieza la ceremonia, no el show, como le aclararon a una turista que preguntó si ahí era “el show de gospel”.  A partir de este momento, entro en la experiencia religiosa más alegre de mi vida. El sermón es divertido, los fieles comentan mientras el pastor habla, yes sir, y nos reímos a carcajadas por las bromas que cuenta el ministro, que predica en esta iglesia hace más de veinte años y ha casado a varios de los que hoy están aquí sentados.

En el coro son quince personas, pero suenan con la potencia de un órgano medieval. Primero cantan todos juntos y después aparece esta mujer flaca con botas de charol a la rodilla, minifalda, saco negro ceñido y un micrófono en la mano. Podría ser la tapa de un video hot, pero está en el altar del templo y le canta emocionada a Jesus, su lord.  El Morgan Freeman que tengo a mi lado se para, aplaude y acompaña el ritmo con el cuerpo. Extensiones lo sigue y también las mellizas de cuádruple cadera del banco de adelante. La iglesia entera canta a los gritos y esto parece una fiesta. Animada por tanta alegría, también me paro, canto estribillos y aplaudo. Me río con Morgan, extensiones y las chicas de cuádruple cadera. Este gozo es más contagioso que la gripe porcina. Nos miramos emocionados, como viejos amigos. El ambiente está inundado de una energía valiente, que atraviesa las butacas y las biblias que están apoyadas en los bancos y pasa como una ráfaga por los increíbles peinados de los negros y recorre cada zócalo de esta iglesia y toca a los fieles en el corazón. Hallelujah!

Cuando termina la ceremonia, casi dos horas más tarde, todos estamos eufóricos, como si hubieran repartido latitas de Red Bull en la canasta de la limosna. Tengo ganas de pedir una entrevista con el pastor. Le voy a decir que me sumo a su iglesia, quiero creer en lo que ustedes creen, señor. Oh, yes.


Día Mundial del Camionero


¿Qué vas a hacer para el Día de Muertos?

En México la muerte se celebra y tiene su día, que es hoy. Sí, una vez más llegó el 1° de noviembre y como dice mi amigo JCM, ¡vivan los muertos!

Me imagino que el DF estará más brillante que nunca, lleno de ofrendas florales, altares, calacas (calaveras) y pan de muerto, con sabor a manteca y anís.

Marcela Silva es argentina y vive hace cinco años en Ciudad de México. Al principio le costó entender esta idea festiva de la muerte, más viniendo de un país donde la muerte es algo triste, como las visitas al cementerio. Poco a poco se acostumbró, y hoy come pan de muerto y participa de los altares que se hacen en la oficina donde trabaja.

Marcela es una muy buena alumna de mi curso de Periodismo Turístico y escribió un texto sobre el Día de Muertos para Viajes Libres. Sus palabras vienen directo desde su barrio -colonia, en mexicano- Merced Gómez, a unas cuadras del metro Barranca del Muerto, una zona pegada a San Ángel. Los nombres que la rodean suenan inspiradores para la tarea.

“Hace unos años, cuando llegué a México, sólo conocía el Día de los Santos Difuntos. Por eso cuando mis vecinos me preguntaron qué iba a hacer para el Día de Muertos me pareció extraño. Como no pensaba hacer nada fuera de lo común, me invitaron a pasar el Día de Muertos con ellos.

Cuando llegué a la casa de mis vecinos, me encontré con un gran altar, muy colorido. Predominaba el  el naranja de las flores que adornaban el santuario, decorado además con guirnaldas. En el centro tenía platos con comida, pan, granos y vasos con tequila. En ese momento mis vecinos notaron mi asombro. Entonces me contaron en qué consiste el Día de Muertos.

Me dijeron que es un día especial en el que uno les ofrece a los seres queridos que ya no están, todo tipo de cosas para comer y beber. Es un día para compartir con ellos. También me contaron que se hace esta ceremonia en los cementerios. La gente lleva alimentos y alcohol para pasar con ellos la noche del primero de noviembre.

La tradición me gustó. Cuanto más investigaba, más me sorprendía. El día de Muertos es una celebración que hacían los pueblos aborígenes de Centro América mucho antes de que llegaran los españoles, estaba tan arraigada en la cultura que los conquistadores no pudieron eliminar este ritual. Hay un dicho que dice “Si no puedes contra ellos, únete”, como los evangelizadores de esa época no pudieron quitar esta fiesta tan importante para los pueblos colonizados, la convirtieron en una celebración católica llamándola “Día de los Santos Difuntos o Día de todos los Muertos”.

Después de unos años que vivo esta tradición, no dejo de asombrarme con los altares que arman en las plazas, llenos de pétalos de flores, calaveras hechas de papel maché, guirnaldas que adornan los locales de las calles y vendedores ambulantes vendiendo la calacas en todos los tamaños. Por supuesto que no pueden faltar las pilas de panes de muerto que se venden en todas las panaderías y supermercados del país. Igual que las calaveritas de chocolate con ojos de confites de colores.

Cada Día de Muertos descubro nuevos detalles y lugares. Por eso, hace unos días cuando me encontré con mi vecina, le pregunté: ¿Qué vas a hacer para Día de Muertos?


Los mejores baños públicos de Nueva York

Las rutinas matan el uso del baño público, pero cuando uno está de viaje se rompen las rutinas y la necesidad llega, tarde o temprano.

En Nueva York el problema parecería resuelto con Diaroogleun nuevo motor de búsqueda de baños públicos en la Gran Manzana.

Se busca por dirección, aproximación, código zip o barrio. Basta escribirlo y aparece una selección de baños públicos con algunas impresiones de autor. Por ejemplo, en Times Square hay alrededor de diez baños. Uno de los que nombra es el de Penn Station, pero recomienda usarlo sólo en caso de urgencia. Quizás para un pis rápido, pero nada más. En cambio, le tiran flores al baño del Marriott Marquis. Parece que si uno entra al hotel desde atrás y va directo a la escalera, nadie preguntará nada y los baños están a la vuelta, a la derecha. Según la página, son los mejores baños de Times Square.
Otro que vale la pena esperar si hay fila, el de Bryant Park, en la 42. Parece que hay flores frescas, música y suele estar impecable. Los autores inspeccionan baños con mucho gusto. Incluso, piensan expandir la idea a otras ciudades. Sólo piden  que si alguien encuentra un baño para recomendar, no deje de hacerlo aquí. Porque el éxito del sitio, dicen ellos, depende además de los efectos de la comida mexicana y otros laxantes, del trabajo de todos.


Temas, noticias y links

Las vacaciones comienzan en el aeropuerto

Durante este verano, los aeropuertos de París (Orly y Charles de Gaulle) ofrecen clases gratuitas de baile a los pasajeros. No podrán disfrutarlo los 17 millones de turistas que usan esos aeropuertos en verano, pero seguramente algunos pasarán un rato agradable. La idea es que los pasajeros entren en el espíritu de las vacaciones antes de viajar. Los que van a Cuba pueden practicar salsa y los que viajan a Nueva York, animarse al hip hop. También hay clases de danzas orientales y tango, entre otros quince ritmos.  No es necesario inscribirse y las clases se dan de 10 a 18. En Orly el piso de baile está en la Terminal Sur, en la Puerta 17. En Charles de Gaulle, en la Terminal 2E, Puerta E51. 

                                                                            

Menos turistas en Kenia, después de la violencia

La primera mitad de este año, después de las elecciones, Kenia vivió terribles episodios de violencia y luchas tribales que dieron como resultado más de 1300 muertos y miles de personas tuvieron que abandonar sus casas y sus pueblos.

En Kenia, uno de los países más turísticos de Africa, el turismo cayó después de los acontecimientos. Se cancelaron reservas y los que habían pensado en unas vacaciones salvajes cambiaron de país. Según el Consejo Turístico, la llegada de turistas al país africano cayó un 36%, hasta los 561.313 en los seis primeros meses de 2008 en comparación con los 873.433 que llegaron en el mismo periodo del año anterior. 

 

 

Caminatas audioguiadas por los docks de Londres, gratis

Algo gratis en Londres es para celebrar. Para explorar la zona de los Royal Docks, existen tres caminatas diseñadas por la universidad de East London y las comunidades que viven en los docks. Hay mapas y senderos audioguiados que se pueden descargar aquí. En el camino se podrá escuchar la historia de las primeros molinos harineros a orillas del río, entrevistas a los pobladores y música industrial mientras se ven nuevas panorámicas de Londres.  

Casi todas las caminatas duran alrededor de dos horas y parten y terminan cerca de la Docklands Light Railway Station, el tren atraviesa los docklands y llega hasta Greenwich. Como se recorren zonas aisladas y con el objetivo de una exploración urbana, se aconseja dejar las cosas de valor en el hotel. 

 

 


Eclipse total de sol: ¡en vivo! desde China

 Dentro de algunas horas y por apenas unos minutos, medio mundo se oscurecerá en pleno día. El eclipse total de sol de hoy se puede ver en Canadá, Groenlandia, el Artico, Rusia central, Mongolia y China.

Parece que el mejor lugar para observarlo es un pequeño pueblo en la lejana zona autónoma de Xinjiang Uygur, a la que posiblemente unos pocos llegarán. Los que lo hagan recuerden no mirar directamente al sol, deberán hacerlo a través de un telescopio con un papel filtro.

La buena noticia es que la mitad del mundo que no lo ve a simple vista puede seguirlo ¡en vivo! gracias a las cámaras del Observatorio Astronómico de Shangai.  

(la página está en chino, pero el play se entiende)


San Francisco, la mejor ciudad para caminar

Estados Unidos es especialista en “estudios reveladores”. Dan de comer a diarios, revistas y ¡blogs! Se publican todo el tiempo y alcanzan los temas más diversos.

Uno realizado hace poco en el estado de Washington reveló que el residente promedio de un barrio amigable para peatones (pedestrian-friendly) pesa 3 kilos menos que alguien que vive en un barrio en expansión.

Los que residen en barrios donde se puede caminar usan menos el auto, sufren menos accidentes de auto, se comunican más entre ellos, fomentan el comercio porque se detienen a comprar y llevan una vida más saludable en general.

Los resultados de estos estudios suelen alentar nuevas formas de consumo, desde comer sushi una vez por semana hasta caminar más seguido, todo en nombre de la salud. Leo por ahí que en Estados Unidos es cada vez más común que un cliente llame a una inmobiliaria y haga una demanda de este tipo: “busco tres dormitorios, dos baños y un puntaje de caminata de 85, ¿tenés algo?”.

En ese momento entra en juego la novedosa página Walkscore.com, que mide los mejores vecindarios para caminar, lugares donde uno podría vivir cómodamente sin auto. Según las últimas estadísticas, San Francisco, Nueva York y Boston son las ciudades de Estados Unidos más agradables para caminar, entre más de 40 donde se realizaron las mediciones.

Los puntajes de Walkscore definen a una ciudad de 90 a 100 puntos como un “paraíso para los caminantes”; si tiene entre 70 y 89 es “muy caminable” y uno podría vivir sin auto. Entre 0 y 24 son ciudades “auto dependientes” y la caminata más frecuente es “del auto a la casa”.

San Francisco resultó ganadora, con 86 puntos sobre 100, sigue Nueva York, con 83 y Boston, con 79.

(A propósito, si alguien se tienta y quiere caminar por San Francisco, no dude en consultar a la asociación de guías de la ciudad, que propone varios circuitos de caminatas gratis.)




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