“Valparaíso limita con Chile”
Marco Herrera Campos tiene 39 años. Es periodista, profesor de literatura universitario y jefe de la carrera de Periodismo en la Universidad de Viña del Mar.
Nació en Santiago pero es porteño “por decisión”. Descubrió Valparaíso gracias a los libros que leyó de pequeño, como “Valparaíso, puerto de nostalgia”, de Salvador Reyes e “Hijo de Ladrón”, de Manuel Rojas.
Dice que recorre esta ciudad a pie, y en cada oportunidad descubre algo nuevo. “No me canso de subir y bajar sus cerros”, me escribió por correo después de responder esta entrevista para Viajes Libres.
¿Desde cuándo vivís en Valpo y por qué decidiste mudarte ahí?
Vivo hace 12 años en Valparaíso, con una pequeña interrupción de año y medio en Madrid por temas de estudio; me vine de Santiago porque quería vivir en una ciudad con mar y porque se presentó una oportunidad laboral en el puerto, una vez que terminé de estudiar periodismo y literatura en la Universidad de Chile. No lo pensé dos veces y me vine, y no me equivoqué. Descubrí una ciudad que no tiene comparación con otra del país.
¿Por qué creés que hay tantos artistas en la ciudad? ¿Cuál es su embrujo ?
Yo siempre he dicho que Valparaíso limita con Chile. Es una ciudad muy democrática, no hay barrios segregados ni tantas diferencias sociales como en otra ciudad del país, por ejemplo, Santiago. Por eso creo que este puerto ejerce un influjo fuerte sobre quienes se dedican al arte, no hay tantos prejuicios, es una ciudad tolerante, librepensadora. Esto se debe también a que por su condición de puerto, ha sido una ciudad receptora de muchos inmigrantes, con lo cual los porteños se han acostumbrado a convivir con todo tipo de ideas. Y está el mar y su gente, amable, conversadora y amiga de la noche, ideal para los espíritus inquietos y creativos.
¿Cuál es la diferencia entre Valparaíso y Viña del Mar?
Es una rivalidad histórica que tiene que ver con lo clasista que es nuestro país. Viña del Mar se formó como una ciudad donde las familias pudientes de Valparaíso tenían parcelas o casa de veraneo, de ahí su apodo de Ciudad Jardín. En un tiempo esas familias emigraron de Valparaíso, y Viña del Mar pasó a ser la ciudad donde se instaló la oligarquía de la región, y el puerto quedó como una ciudad comercial, portuaria. Con las diversas crisis económicas que ha sufrido la zona, la mayor en los años 80 cuando cerraron grandes industrias, Valparaíso se deprimió y Viña del Mar logró sortear el temporal gracias al turismo. Por eso hay una rivalidad económica y social. Viña como una comuna próspera que vive del turismo, y Valparaíso, sobreviviendo (es la comuna con la tercera tasa de desempleo más alta del país). En términos simples, para los porteños, Viña del Mar está lleno de cuicos (pijos); y para los viñamarinos, Valparaíso repleto de proletas.
Como gran diferencia, Valparaíso es una ciudad donde conviven muchas identidades sociales y culturales, una ciudad heterogénea por donde se la mire, incluyendo su particular conformación geográfica; y Viña del Mar es una ciudad más homogénea, una ciudad cuya identidad no difiere mucho de otras ciudades turísticas (apreciación de muchos extranjeros). En eso Valparaíso le lleva una gran ventaja, tiene una impronta definida, una personalidad única, derivada de una historia conflictiva, compleja y profundamente identificada con los sectores populares.
La rivalidad también es deportiva. El club del puerto es el Wanderers, el más antiguo del país, fundado por ingleses; producto de una diferencia entre sus fundadores, nació el Everton que se fue a Viña del Mar.
¿Cuáles son tus cinco imperdibles de la ciudad y por qué?
Entre mis bares imperdibles están el café Vinilo, en el cerro Alegre, un lugar donde aún se mantiene esa cultura de barrio de reunirse en un lugar a conversar con los amigos y donde se pueden hacer nuevos gracias a la barra de mármol que invita al diálogo. Antes de ser bar fue una carnicería. Otro es el restaurant Don Carlos, en avenida Francia con Colón, donde se puede comer comida chilena muy buena y barata. Imperdible es el arrollado de pernil con borgoña a la chirimoya. Atendido por sus propios dueños. Igual de bueno como éste es el Renato, calle Rodríguez con avenida Pedro Montt, una clásica “picada” porteña: buena, bonita y barata. Especialidad: las chorrillanas (plato colectivo a base de papas fritas, huevo revuelto, carne, pollo, cebolla, longaniza).
Otro clásico es el Dominó, calle Cummings, plaza Aníbal Pinto, es uno de los pocos restoranes que van quedando típicamente porteños, atendido por sus dueños, la especialidad son las chorrillanas, las calugas de pescado y las empanadas de marisco y pino (carne). Bernardo y Freddy son los garzones que llevan trabajando más de 20 años en el lugar. También imperdible es ir a comer un plato de merluza con ensalada en la picada Pato Peñaloza, ubicada en la avenida Altamirano, sector Playa Ancha, paseo costero que comienza en la caleta El Membrillo y culmina en la playa Las Torpederas. El paseo es muy atractivo, ya que fue remodelado hace un par de años. Y si de miradores se trata, el Atkinson, Gervasoni y Baburiza son los más atractivos, todos ubicados en el cerro Concepción.
Para quien visite la ciudad, le recomiendo hacer el viaje en la micro O, parte en Viña del Mar y recorre todos los cerros de Valparaíso ubicados en la avenida Alemania y camino Cintura, desde el Cerro Mariposa hasta Playa Ancha. También viajar en los trolebuses de los años 50 por el plan de la ciudad, y los ascensores Polanco, El Peral, Reina Victoria, Villaseca y Turri.
Algunos dicen que es una ciudad peligrosa, que está llena de perros vagabundos y que no se recoge la basura, ¿qué opinás de ese comentario?
Es el típico discurso de los viñamarinos. Valparaíso es una ciudad tranquila y con gente amable. Hay sectores, como en cualquier otra ciudad del mundo, donde no es aconsejable andar solo a altas horas de la noche y menos con alcohol en el cuerpo. Yo nunca he sido asaltado en Valparaíso y eso que he andado por muchos lugares de noche y a veces con unas copas de más. Lo importante es andar acompañado si no se conoce la ciudad y no tentar a los malondras, que siempre los hay. Sobre los perros vagos, es cierto que hay unos cuantos sueltos por las calles, pero creo que se debe principalmente a la irresponsabilidad en la tenencia de mascotas. Hubo un plan municipal para exterminarlos, pero se provocó un gran revuelo ciudadano, muchos se opusieron incluso con manifestaciones en la alcaldía. Es un problema, pero no tan grave como se cree.
El tema de la basura, bueno, le costó la salida al último alcalde en las pasadas elecciones. En la municipalidad hace tiempo que ha habido una mala gestión que se ha demostrado con la incapacidad del municipio de organizar un sistema moderno y eficiente de retiro de la basura. Esto no quiere decir que no se recoja, sino que el sistema que se utiliza es ineficiente.
¿Cómo describirías un Año Nuevo en Valpo?
Como una fiesta popular. Son tres días de carnaval previos al 31, donde por toda la ciudad hay actividades culturales: teatro, música, literatura, danza, cine, recitales. Cada año hay una ciudad de un país invitado, que muestra su cultura en un pasacalles. El 31 toda la gente está en las calles esperando los fuegos artificiales, en los miradores, en las escaleras, en el plan, con sus botellas de champán y comiendo choripanes, asado, empanadas. Los fuegos artificiales son espectaculares, hay que verlos simplemente, difícil describirlos. La bahía se ilumina completamente. Y luego, en las plazas principales del plan, hay orquestas y la gente puede bailar hasta que las velas no arden.




