El mundo sobre ruedas

Albert Casals es un viajero catalán, tiene 18 años y desde los 14 viaja en silla de ruedas. Una enfermedad lo dejó sin poder caminar, pero eso no fue un problema para hacer lo que quiere. Su voluntad de viajar es imperturbable: en solitario, sin dinero y a dedo, ya recorrió medio mundo.

El mes pasado publicó su primer libro (“El Mon Sobre Rodes“, Edicions 62, por ahora en catalán y próximamente en español), donde cuenta anécdotas, partes de sus diarios de viaje y su particular forma de ver la vida.

El último mes salieron artículos de Albert Casals en diarios, revistas y blogs. Cuando leyó sobre él, Pritama me escribió enseguida. Me contó que la conmovió su historia, que tenía ganas de entrevistarlo. Consiguió sus datos y le mandó sus preguntas por correo. Esta es la historia del chico que recorre el mundo sobre ruedas, escrita por Pritama Molinari.  

Sus primeros recorridos fueron por Europa, luego por Asia y hace poco volvió de Latinoamérica. Su próximo destino es África. Saldrá de un mes. Viaja con un presupuesto máximo de 3 euros al día, y la confianza plena de que el universo entero conspira a su favor. Su manera de viajar es simple, y le alcanza con lo más básico. Asegura que siempre hay donde dormir, siempre hay donde comer. Conoce gente y todo fluye. Lo que más busca Albert en sus viajes, es acercarse a las personas, conocerlas, hacerse amigos, ver las distintas formas de vivir.
No le teme a nada, porque nada puede ser peor que no realizar sus sueños, ni siquiera la muerte. Es irresistiblemente espontáneo, auténtico y cultor del “felicismo”.

¿Cómo definirías tu manera de viajar?
Viajo en solitario, sin dinero y haciendo autostop; hago lo que me da la gana a cada minuto y vivo como quiero. Viajo por la gente que conozco, por la libertad… y por las aventuras, ¡¡por supuesto!!

¿Qué es el “felicismo”? ¿Cómo se te ocurrió ese término?
El felicismo es una manera de ver la vida, en resumen, significa que lo único que importa en la vida es ser feliz y hacer felices a los demás.
Para conseguirlo, tenemos que hacer lo que realmente queremos… que a menudo no es lo que creemos que queremos, ni tampoco lo que los demás quieren que queramos. Por ejemplo, yo puedo decirme que tengo que estudiar una carrera como medecina para tener un futuro, un trabajo, respeto social, una casa y dinero… pero si en el fondo quiero ser malabarista, seguiré queriéndolo por mucho que estudie medecina. Y algún día tal vez olvide que quería ser malabarista… pero nunca seré tan feliz como lo habría sido de haber seguido mis sueños. La palabra era casi obvia… salió por si misma, realmente. ¿Una teoria de vida basada en la felicidad? Felicismo.  

¿Cuándo apareció la idea de publicar un libro?
Poco después de que saliera en las noticias de TV3. Empezaron a llamarme algunas editoriales, me propusieron lo del libro, y pensé… ¿por qué no?

¿Cuál es el motor para planificar tus viajes?
No hay motor… ni planes… ni nada realmente. Básicamente salgo de mi casa, pienso hacia qué dirección quiero ir, y me voy… a veces me pongo un destino aproximado, pero el camino y la ruta es totalmente “implanificada”…

¿Es internet una herramientas importante para tus viajes?
No realmente… algunas veces lo he usado para mirar mapas de carreteras antes de hacer autoestop, pero muy raramente. Recuerda que viajo sin dinero, así que mi acceso a internet está limitado al que me regalen…

¿Qué significa para ti la libertad?
Me gusta esta pregunta. Ser libre es poder hacer lo que realmente deseas, pero a menudo lo que limita nuestra libertad no son los demás, sinó nosotros mismos. En realidad, a menudo somos nuestros propios esclavos… nos obligamos a hacer algo que no queremos, por sentido común (decimos) o por miedo… y al hacerlo nos impedimos ser libres. Simplemente haz lo que desees en lo más hondo… y serás el ser humano más libre del mundo.

¿Qué le dirías a alguien que quiere viajar pero no se anima por causa del dinero, por su edad, por el miedo, por las “ataduras” en su vida?
Piensa qué es lo que realmente quieres. Dices que quieres viajar pero, ¿lo deseas realmente? ¿Estás dispuesto a renunciar al dinero, a ver a tu familia y tus amigos diariamente, a tu pareja si no quiere venir, a tu trabajo, a tu hipotética estabilidad futura…? Si estás dispuesto, hazlo ahora. De lo contrario serás infeliz toda tu vida… o no serás tan feliz como podrías haber sido. Si no estabas dispuesto… ¿de qué te quejas entonces?

¿Crees que cualquiera podría hacer lo que tú haces?
Cualquiera puede hacerlo, pero no cualquiera quiere hacerlo. Cada uno encuentra la felicidad a su manera…

¿Qué conociste y qué destacas de tu último viaje a América Latina?
Buff, esta sola pregunta podría llenar un libro. ¿Qué conocí? Conocí pescadores, guerrilleros, magos, indigenas, camioneros (uno de 9 años, en concreto), viajeros, amigos, amigas, actores, titiriteros, cantantes, empresarios, vagabundos, gente feliz, gente triste… Vi como se derrumbaban puentes, me encontré tormentas, volqué en un camión, conduje otro, fui en barco, conocí tribus indigenas, aprendí hipnosis, nadé en lagos embrujados, me salvé de morir ahogado, hice conferencias, hice musica, enseñé y aprendí… viajé en camiones, en carros de burros, en coches, en caballos, en barcos, dormí en parques, dormí en estaciones, dormí en la calle, en la playa, en tejados…

¿Hasta dónde piensas viajar?
Hasta la Antártida, hasta la Luna, hasta Marte… ¡no creo que una vida me alcance!

Leí que en parte consideras una “suerte” a las situaciones que te llevaron a moverte en una silla de ruedas, ¿por qué?
Creés que podrías haber llegado al mismo punto en que hoy te encuentras de no haber sido por estas circunstancias? Hombre, yo no aseguraría que ir en silla de ruedas es una suerte. Más bien diría que nunca sabré lo que es: nunca sabré si soy afortunado o desafortunado por ir en silla de ruedas. Podría ser que, sin la silla, hubiera vivido una vida normal, estudiando en un instituto y una universidad y viviendo una vida gris, tal vez sin saber lo que quería… podría ser, o podría no ser. Tal vez mi vida sería exactamente la misma… de poderse se puede, yo conozco mucha gente que recorre el mundo sin dinero y sin silla de ruedas. ¿Quién sabe?


Clics de soledad urbana, según Bjarne Bare

 

Bjarne Bare es noruego, de Oslo. Tiene 24 años y viaja por el mundo para retratar el vacío de las ciudades. Hace algunas semanas que vive en Buenos Aires, a la caza de las soledades que se esconden tras las esquinas.
Bjarne no habla español, pero sabe dónde queda Almagro y puede nombrar algunas calles de Flores. Es su primera vez en la ciudad, y ya dice que siente que San Telmo ha cambiado drásticamente los últimos años. Bjarne tiene la sensación de que ese barrio será el próximo Palermo Soho. “Intuyo que cuando vuelva, me tendré que quedar en La Boca”, bromea.

 

De niño, a Bjarne le atraía la cámara como objeto y también sacó algunas fotos, pero desde los 15 se dedicó a pintar. Hasta que a los 19 se encontró viajando en un barco por el Mekong, con un fotógrafo ruso y una cámara a su disposición. A partir de ese viaje no dejó de sacar fotos ni de viajar. Sí dejó la pintura.

En los últimos años estuvo en Praga, Cracovia, Copenague, Londres, Barcelona, Berlín, Amsterdam, El Cairo, Seúl , Tokio, Osaka, Shangai, Pekín, Nueva York y ahora Buenos Aires. Siempre con su cámara.

A Bjarne lo conocí hace unos días, en un bar. Estaba vestido con look minimalista: camisa gris oscuro, corbata flaca como un tallarín y, si no recuerdo mal, pantalones chupines. Ahora que lo pienso, tiene cierto parecido con Sean Penn.
Ese día hablamos algo, pero cuando vi sus fotos, decidí hacerle una entrevista especial para Viajes Libres.

¿Podrías tratar de describir qué buscás cuando viajás?
Desde que viajo solo experimento una cierta soledad en mis viajes. De esta forma uno termina viendo lo que lo rodea de otra manera. Esta es una de las razones por las que viajo solo. Simplemente hace que te enfoques diferente y que veas lo que te rodea con un ojo más abierto y franco. Nunca hago fotos de monumentos y ese tipo de cosas a menos que tengan un significado más profundo. Estoy interesado en los solitarios que andan por las calles, los que tienen una historia. Los negocios quebrados y los lugares comunes por los que cuando vives en la ciudad pasas sin darte cuenta. La soledad que yo describo se puede ver en las caras de la gente, en el bus, mientras caminan por la calle. Es soledad a la que todos le tienen tanto miedo en la cultura contemporánea que vivimos. Es un sentimiento se repite en las distintas culturas.

 

¿Por qué elegiste Buenos Aires para hacer tu trabajo?
Buenos Aires ha sido siempre una ciudad exótica para mí, llena de misticismo. Imagináte crecer en el norte de Europa y desde ahí mirar el globo terráqueo. Buenos Aires, una ciudad en la selva (eso se piensas cuando vives en Noruega) con semejante historia, y una arquitectura interesante. No había dudas de que tenía que ir. Llegué a fines de febrero y me iré a comienzos de abril. De aquí voy a París, a ver qué similitudes puedo encontrar entre las dos, si es que hay alguna.

¿Cuál es tu impresión de la ciudad?
Como toda metrópolis, Buenos Aires es bastante diferente de día y de noche. Y aquí especialmente, durante la semana y los fines de semana. Me gusta el clima tropical que se siente aquí, especialmente cuando la lluvia loca cae de repente en un caluroso día de verano. Los buses cargados, cientas de personas en las calles y durante el fin de semana algunas partes de la ciudad, el microcentro por ejemplo, están casi vacías. Es un gran lugar para caminar un domingo. Lo que encuentro más inspirador aquí es la gran escena artística y la cantidad de eventos culturales y especialmente, cuántos jóvenes participan de ellos. Te da un sentimiento de Nueva York.

¿Cómo es la soledad que encontraste aquí, comparada con la de otras ciudades?
Lo que encuentro de peculiar aquí es que mucha gente silba o canta mientras camina. Para mí, parecen felices.

¿Qué lugares de Buenos Aires te gustaron para hacer fotos?
Esta ciudad es tan compleja y todavía no he visto ni la mitad. Flores está buenísimo y también parece complejo en sí mismo. Tantos negocios antiguos que venden cosas extrañas, y el barrio coreano, los viejos hoteles. Me gusta San Telmo y también el centro, donde hay hombres de negocios y cafés tristes. Los parques de Libertador, Almagro. Hay tanto aquí.

¿Alguna anécdota de Buenos Aires?
Ayer fui al Tigre, a una pequeña isla bastante lejos del continente donde un amigo tiene una bonita casa antigua. La isla estaba inundada así que hicimos un asado con el agua llegando a nuestras rodillas. Fue un buen día.

 ¿Cuál es tu próximo viaje?
Pasaré unos días por París y luego a Oslo. La próxima vez me gustaría volver a Tokio o a Nueva York. Especialmente a Tokio, donde me gustó trabajar y sentí que tenía más para capturar.

¿Podés vivir de la fotografía ?
Monto shows en galerías de Oslo y gano dinero por mis fotos, pero como soy obstinado y no quiero trabajar como fotógrafo para periódicos y medios en general, también trabajo en un pequeño bar un par de noches a la semana cuando estoy en Oslo, para pagar mi renta.

 

 


Al Amazonas, con mochila

Cuando conocí a Javier Olaciregui me contó que estaba buscando trabajo, que quizás conseguía uno en una bodega y que le gustaba la idea porque tendría que viajar.

Javier tiene 22 años y vive en Buenos Aires. Le pregunté si ya había viajado y me dijo que si. Inmediatamente se abrieron otras ventanas en la conversación. Y el trabajo y la reunión donde nos conocimos habían quedado atrás. Al frente sólo se veía el paisaje verde y salvaje del Amazonas, su último viaje.

Viajó solo y acompañado, viajó entre plátanos, chanchos y gallinas; viajó en barcos cómodos y con buena comida y en barcos tenebrosos. Durmió en hamacas durante más de un mes y comió arroz y más arroz. Seguramente, en algún momento del viaje se preguntó qué hago aquí y quiso salir corriendo. Pero no se bajó del barco. Siguió hasta Belem, en el estado de Pará, donde desemboca el río más caudaloso del mundo.

 ¿Cómo fue tu viaje?
Comenzó en el norte argentino, provincia de Jujuy, recorriendo Purmamarca, Tilcara, Humauaca, Iruya y La Quiaca. Siguió por Bolivia. De la frontera, un colectivo a La Paz, de ahí a Copacabana y después, a Perú.
Cuzco, Machupichu, Lima, y unas playas al norte del país, en el pueblo de Zorritos, muy cerca de la frontera con Ecuador. De ahí un ómnibus a Guayaquil y otro a Montañitas. A 20 minutos de ahí, en un parador sobre la playa, el Kamala, armamos un grupo de cinco personas, que seguimos al Amazonas.

 ¿Era tu primer viaje de mochilero?
No, ya había viajado antes, al sur de Argentina, a Tucumán, Salta, Jujuy y Bolivia.

¿Cómo decidiste viajar al Amazonas?
Creo que lo que me inspiró a ir al Amazonas fue que no estaba en mis planes. Surgió así de repente. Un día, en Ecuador, empezamos a hablar de que sería una excelente aventura. Una persona contó que lo había hecho y empezó a hablar del camino y las experiencias que había vivido y a todos nos entusiasmó y decidimos hacerlo también.

¿Viajaste solo?
Empecé el viaje solo por decisión, quería tener la experiencia en algún momento, antes de viajar, iba a tener compañía de dos amigos pero despúes se bajaron, y arranqué solo.
Los primeros días fueron bastante duros ya que no había muchos con quien hablar o yo no estaba bien predispuesto a hacerlo, después cambiaron un poco las cosas, yo me solté un poco más y conocí gente con la que seguí todo el viaje, incluso en el Amazonas. Gomes, Chela, Gema y Jorge, por siempre gracias. (Fueron sus compañeros de viaje, los encontró en el camino y se los ve en esta foto).

 ¿Cuál fue el recorrido en el Amazonas?
A la selva partí desde Ecuador, desde Coca, en una embarcación pequeña. Fueron doce horas hasta la frontera con Perú, ahí estuvimos en el pueblo de Pantoja, donde después de seis días llegó otro barco para seguir avanzando por el río. Cuatro días en un barco que no era turístico sino de carga de animales: chanchos, gallos, gallinas, tortugas, una vaca, un toro, un búfalo, y nosotros durmiendo en las hamacas, comiendo yuca, platano, arroz, y más platano, con alguna fruta que recogíamos de los árboles. Una experiencia Increíble.

¿Cuánto duró el viaje por el río?
En recorrer todo el río tardamos alrededor de un mes y medio.

¿Pararon en algún momento? ¿Entraron en la selva?
Paramos en Pantoja, en Iquitos, en Piura, desde donde fuimos a conocer a la comunidad Bora y el Señor Manuel y su familia nos hospedaron en su casa, luego fuimos a Tabatinga, Manaos, y desde ahí a Belem. La experiencia más profunda de ingresar a la selva fue camino a la comunidad Bora, a seis horas en canoa por un pequeño brazo del río Amazonas. Manuel nos recibió con un plato de comida caliente en la Maloca (casa del lugar), comenzamos a dialogar, en español -la lengua Bora era bastante complicada para nosotros- y pasamos el día allí conviviendo con Manuel y su familia, participando de sus actividades y viviendo lo que para nosotros eran rituales increíbles. Cazaban, recolectaban, compartían todo con nosotros. Les dimos a probar mate, que les gustó mucho y comimos carne con yuca. Luego, compartimos un pequeño fogón donde probamos coca molida preparada ahí. Y charlamos y nos reímos hasta bastante entrada la noche.


“Valparaíso limita con Chile”

Marco Herrera Campos tiene 39 años. Es periodista, profesor de literatura universitario y jefe de la carrera de Periodismo en la Universidad de Viña del Mar.

Nació en Santiago pero es porteño “por decisión”. Descubrió Valparaíso gracias a los libros que leyó de pequeño, como “Valparaíso, puerto de nostalgia”, de Salvador Reyes e “Hijo de Ladrón”, de Manuel Rojas.

Dice que recorre esta ciudad a pie, y en cada oportunidad descubre algo nuevo. “No me canso de subir y bajar sus cerros”, me escribió por correo después de responder esta entrevista para Viajes Libres.

¿Desde cuándo vivís en Valpo y por qué decidiste mudarte ahí?
Vivo hace 12 años en Valparaíso, con una pequeña interrupción de año y medio en Madrid por temas de estudio; me vine de Santiago porque quería vivir en una ciudad con mar y porque se presentó una oportunidad laboral en el puerto, una vez que terminé de estudiar periodismo y literatura en la Universidad de Chile. No lo pensé dos veces y me vine, y no me equivoqué. Descubrí una ciudad que no tiene comparación con otra del país.

¿Por qué creés que hay tantos artistas en la ciudad? ¿Cuál es su embrujo ?
Yo siempre he dicho que Valparaíso limita con Chile. Es una ciudad muy democrática, no hay barrios segregados ni tantas diferencias sociales como en otra ciudad del país, por ejemplo, Santiago. Por eso creo que este puerto ejerce un influjo fuerte sobre quienes se dedican al arte, no hay tantos prejuicios, es una ciudad tolerante, librepensadora. Esto se debe también a que por su condición de puerto, ha sido una ciudad receptora de muchos inmigrantes, con lo cual los porteños se han acostumbrado a convivir con todo tipo de ideas. Y está el mar y su gente, amable, conversadora y amiga de la noche, ideal para los espíritus inquietos y creativos.

¿Cuál es la diferencia entre Valparaíso y Viña del Mar?
Es una rivalidad histórica que tiene que ver con lo clasista que es nuestro país. Viña del Mar se formó como una ciudad donde las familias pudientes de Valparaíso tenían parcelas o casa de veraneo, de ahí su apodo de Ciudad Jardín. En un tiempo esas familias emigraron de Valparaíso, y Viña del Mar pasó a ser la ciudad donde se instaló la oligarquía de la región, y el puerto quedó como una ciudad comercial, portuaria. Con las diversas crisis económicas que ha sufrido la zona, la mayor en los años 80 cuando cerraron grandes industrias, Valparaíso se deprimió y Viña del Mar logró sortear el temporal gracias al turismo. Por eso hay una rivalidad económica y social. Viña como una comuna próspera que vive del turismo, y Valparaíso, sobreviviendo (es la comuna con la tercera tasa de desempleo más alta del país). En términos simples, para los porteños, Viña del Mar está lleno de cuicos (pijos); y para los viñamarinos, Valparaíso repleto de proletas.

Como gran diferencia, Valparaíso es una ciudad donde conviven muchas identidades sociales y culturales, una ciudad heterogénea por donde se la mire, incluyendo su particular conformación geográfica; y Viña del Mar es una ciudad más homogénea, una ciudad cuya identidad no difiere mucho de otras ciudades turísticas (apreciación de muchos extranjeros). En eso Valparaíso le lleva una gran ventaja, tiene una impronta definida, una personalidad única, derivada de una historia conflictiva, compleja y profundamente identificada con los sectores populares.

La rivalidad también es deportiva. El club del puerto es el Wanderers, el más antiguo del país, fundado por ingleses; producto de una diferencia entre sus fundadores, nació el Everton que se fue a Viña del Mar.

¿Cuáles son tus cinco imperdibles de la ciudad y por qué?
Entre mis bares imperdibles están el café Vinilo, en el cerro Alegre, un lugar donde aún se mantiene esa cultura de barrio de reunirse en un lugar a conversar con los amigos y donde se pueden hacer nuevos gracias a la barra de mármol que invita al diálogo. Antes de ser bar fue una carnicería. Otro es el restaurant Don Carlos, en avenida Francia con Colón, donde se puede comer comida chilena muy buena y barata. Imperdible es el arrollado de pernil con borgoña a la chirimoya. Atendido por sus propios dueños. Igual de bueno como éste es el Renato, calle Rodríguez con avenida Pedro Montt, una clásica “picada” porteña: buena, bonita y barata. Especialidad: las chorrillanas (plato colectivo a base de papas fritas, huevo revuelto, carne, pollo, cebolla, longaniza).

Otro clásico es el Dominó, calle Cummings, plaza Aníbal Pinto, es uno de los pocos restoranes que van quedando típicamente porteños, atendido por sus dueños, la especialidad son las chorrillanas, las calugas de pescado y las empanadas de marisco y pino (carne). Bernardo y Freddy son los garzones que llevan trabajando más de 20 años en el lugar. También imperdible es ir a comer un plato de merluza con ensalada en la picada Pato Peñaloza, ubicada en la avenida Altamirano, sector Playa Ancha, paseo costero que comienza en la caleta El Membrillo y culmina en la playa Las Torpederas. El paseo es muy atractivo, ya que fue remodelado hace un par de años. Y si de miradores se trata, el Atkinson, Gervasoni y Baburiza son los más atractivos, todos ubicados en el cerro Concepción.

Para quien visite la ciudad, le recomiendo hacer el viaje en la micro O, parte en Viña del Mar y recorre todos los cerros de Valparaíso ubicados en la avenida Alemania y camino Cintura, desde el Cerro Mariposa hasta Playa Ancha. También viajar en los trolebuses de los años 50 por el plan de la ciudad, y los ascensores Polanco, El Peral, Reina Victoria, Villaseca y Turri.

Algunos dicen que es una ciudad peligrosa, que está llena de perros vagabundos y que no se recoge la basura, ¿qué opinás de ese comentario?
Es el típico discurso de los viñamarinos. Valparaíso es una ciudad tranquila y con gente amable. Hay sectores, como en cualquier otra ciudad del mundo, donde no es aconsejable andar solo a altas horas de la noche y menos con alcohol en el cuerpo. Yo nunca he sido asaltado en Valparaíso y eso que he andado por muchos lugares de noche y a veces con unas copas de más. Lo importante es andar acompañado si no se conoce la ciudad y no tentar a los malondras, que siempre los hay. Sobre los perros vagos, es cierto que hay unos cuantos sueltos por las calles, pero creo que se debe principalmente a la irresponsabilidad en la tenencia de mascotas. Hubo un plan municipal para exterminarlos, pero se provocó un gran revuelo ciudadano, muchos se opusieron incluso con manifestaciones en la alcaldía. Es un problema, pero no tan grave como se cree.

El tema de la basura, bueno, le costó la salida al último alcalde en las pasadas elecciones. En la municipalidad hace tiempo que ha habido una mala gestión que se ha demostrado con la incapacidad del municipio de organizar un sistema moderno y eficiente de retiro de la basura. Esto no quiere decir que no se recoja, sino que el sistema que se utiliza es ineficiente.

¿Cómo describirías un Año Nuevo en Valpo?
Como una fiesta popular. Son tres días de carnaval previos al 31, donde por toda la ciudad hay actividades culturales: teatro, música, literatura, danza, cine, recitales. Cada año hay una ciudad de un país invitado, que muestra su cultura en un pasacalles. El 31 toda la gente está en las calles esperando los fuegos artificiales, en los miradores, en las escaleras, en el plan, con sus botellas de champán y comiendo choripanes, asado, empanadas. Los fuegos artificiales son espectaculares, hay que verlos simplemente, difícil describirlos. La bahía se ilumina completamente. Y luego, en las plazas principales del plan, hay orquestas y la gente puede bailar hasta que las velas no arden.




Especiales


Especial Nueva York
Especial Cuba
Especial París
Especial Valparaíso
Especial Dakar
Especial México
Especial El Mate

Links

Otros sitios

¡Nuevo!

Categorías

Archivo