Teo Romera, un motoquero español en la ruta 40

A Teo Romera lo conocí en Bajo Caracoles, un pueblo mínimo en medio de la ruta 40, Patagonia, Argentina. Bajo Caracoles es una parada donde la gente toma un café, compra una golosina, descansa del ripio furioso.

Teo venía de la Cueva de las Manos, enfundado en su traje de motoquero, luchando con el viento que soplaba desesperado. Hablamos un momento. Me contó que es español, de Madrid, que alquiló la moto en Chile, que hace unos días que viajaba con una pareja de marplatenses y que en la 40 los planes no sirven. “Un día hay barro; otro, viento y el siguiente tienes un problema en una rueda. He comprobado que aquí no se puede planificar nada”, me dijo medio resignado, medio sorprendido, medio ofuscado, medio feliz.

Tuve ganas de seguir hablando, pero Bajo Caracoles es ante todo un cruce de caminos, así que tocó seguir viaje. Me esperaban 300 kilómetros de ripio. Hubo tiempo para pensar en muchas cosas. Me imaginé el viaje de Teo, qué lo habría traído tan lejos, cómo sería su vida en España y decidí que quería saber más. Como me había pasado su blog, unos días atrás le mandé algunas preguntas que él respondió con dedicación, sentido del humor y hasta un toque de poesía. A continuación, la mirada de un motoquero en busca de su destino.

¿A qué te dedicás en Madrid?
Soy ingeniero informático, trabajo como gestor de proyectos en la Universidad Rey Juan Carlos. En el día a día se traduce en consultoría para empresas, coordinación de proyectos, edición de publicaciones técnicas, coordinador del un máster… menos barrer el suelo, cualquier cosa. Viajaba mucho, ganaba bien y me hice muchos amigos. Pero dejé el trabajo en diciembre pasado para re-enfocarme. A veces estás tan ocupado nadando en la corriente que pierdes un poco la perspectiva de a dónde quieres llegar. Entonces hay que salir a la orilla y volver a mirar el paisaje.

¿Desde cuándo te gustan las motos?
A diferencia de muchos moteros, no tuve interés en tener moto hasta los 24 años. La motivación original concreta no sabría precisarla. Aunque creo que tuvo algo que ver con la ruptura de una relación sentimental de 6 años. Uno de repente tiene tiempo libre y cambia unas curvas por otras para que sentir el viento y renovar el aire de los pulmones.
Pero una vez en ello, pronto me di cuenta de que la moto no era un fin, sino un medio. Un medio para viajar. Creo que ya nunca podré desengancharme de viajar en moto. Viajar en moto todavía guarda cierto romanticismo y aires de aventura. No te teletransporta como los aviones ni te aísla del camino como los trenes y a diferencia de los coches, te obliga a guardar tú mismo el equilibrio. Puede sonar pedante pero creo que en versión moderna, es lo que más se acerca a la imagen romántica de un jinete cruzando la llanura a caballo como se hacía antaño.

¿Cómo se te ocurrió hacer este viaje? ¿Por qué la 40?
Se me ocurrió hacer este viaje porque es de esos que hay que hacer en algún momento. Cuando me vi con tiempo libre, supe que haría uno de los grandes viajes que tienes siempre en mente. Elegí Patagonia porque siempre me habían fascinado lo grande, solitario, los aires de  aventura que evoca el mismo nombre… me parecía un buen lugar para alejarse de lo cotidiano, disfrutar y pensar.
Para los moteros Europeos, la ruta 40 en Argentina, la ruta 66 en USA, Cabo Norte en Noruega, Namibia, la Carretera Austral en Chile, el Grossglockner en Austria, Andermatt en Suiza… bien por las curvas, bien por la aventura, bien por lo remoto… son todo mecas del viaje en moto. Carreteras míticas.

¿Cómo fue eso de alquilar la moto en Chile? ¿Recomendarías la empresa?
La moto era de Motoaventura, una empresa Chilena. Sí, costaba más o menos 120 dólares al día. Lo cual es mucho dinero para mi sueldo. Pero es buen precio si comparas. La empresa es seria, las motos están impecables y el trato es perfecto. Muy buena gente. Una BMW F800GS, una auténtica maravilla. La tuve durante 19 días: recogida en Punta Arenas y devolución en Osorno.

¿Cómo describirías la ruta? Cuando nos cruzamos me dijiste que era impredecible, ¿será como la vida (je)?
Sí. Tienes razón. Es un lugar donde el ritmo no lo marcas tú. Para alguien como yo que viene de la ciudad, esclavo del reloj y las fechas de entrega, las planificaciones y los presupuestos, toparse con la ruta 40 es un choque con la realidad. Sobre todo viajando en moto. Sientes que ya no eres dueño de tu tiempo. Que es la misma ruta, con sus vientos, sus guijarros, sus contratiempos y sus distancias la que va a decidir por ti. Es como entrar en un espacio controlado por alguien mucho más grande que tú, que se ha empeñado en demostrarte que se puede vivir sin reloj, sin prisa y sin presión y si te nota impaciente te hará ir más despacio hasta que entiendas que el tiempo es solo una invención y la vida, como decía el grandísimo Bill Hicks ”its just a ride”.

¿Qué te llamó la atención de tu paso por la patagonia?
Todo! Para mi, viniendo de Europa, hasta el más mínimo detalle me parecía exótico. Pero destacaría lo vasto de los lugares y la belleza de los paisajes. Si tuviera que elegir lugares concretos me quedaría con El Chaltén, Torres del Paine y el tramo de la Carretera Austral en Chile entre Chilechico y Futaleufú, bordeando el Lago General Carrera.

¿ A cuántos km por hora vas?
Bueno, eso depende de la carretera. Cada ruta tiene su velocidad. Yo no soy un experto en conducción off-road, así que en el ripio rara vez pasaba de 80 o 100 kms/h haciendo medias diarias por lo general de 60 kms/h. En el ripio Chileno se puede ir un pelo más rápido. En asfalto pues, procuro mantener 120 o 130 kms/hora. Medias diarias  de 85 kms/h aproximadamente. No me gusta correr demasiado.

También me comentaste que estabas en eso de buscarte a vos mismo, ¿podrías explayarte?
Jajaja… sí, te lo dije. Y también te dije que allí no había manera de encontrarse, que solo había piedras, viento, cielo y tierra. Pero es una broma, la verdad es que ha sido una experiencia muy positiva. En mi caso el viaje tiene dos objetivos. Primero, sacarme un momento del camino que estaba recorriendo, porque no estaba seguro de si es el que quiero. Pararlo todo por un momento y retirarse a pensar suele ser buen método para pensar nuevas ideas. Sin distracciones. No estaba seguro de que mi ritmo de trabajo fuera el adecuado ni de cómo lo estaba afrontando y pasarme 16 horas al día delante de un ordenador en una vida rutinaria, ahora mismo no me parece aceptable.
En segundo lugar, estoy estudiando (entre otras muchas opciones) la posibilidad de trabajar en alguna empresa de viajes en moto. Aunque todavía es una idea por madurar, la experiencia de este viaje me viene muy bien para esto.

¿Sabés qué vas a hacer cuando llegues a España?
Tengo varias opciones. Me han ofrecido un par de cosas parecidas a lo que hacía. Pero no estoy seguro de qué podrá ser. Tampoco sé si ahora podría recuperar mi trabajo (ni si querría). Además está el tema de las motos, que me gustaría explorarlo a ver si es factible.

¿Alguna reflexión final?
Sí. Que he aprendido mucho con este viaje, en el aspecto práctico y en el humano. Pienso que viajar con gente es la mejor manera de conocerla bien y si eso es cierto, puede que viajar solo, que es como viajar con uno mismo, es una buena manera de conocer a… uno mismo.
Una cosa está clara: a la Patagonia hay que traer menos equipaje y venir más despacio. Así lo haré la próxima vez.


A propósito de las mujeres

Silvia Guiducci vive con su familia en Madrid. Hace poco más de un año pasó sus vacaciones en Argentina y un día nos encontramos en la pileta de unos amigos. Hablamos de vivir en otro país, del café helado, de viajes y más.

En un momento, me contó que tenía una idea: hacer un documental sobre las mujeres y la maternidad. A partir de sus propias inquietudes y las de una amiga, María Cabo, pensaron en reunir un grupo de mujeres y entrevistarlas para recolectar diferentes visiones, conceptos y experiencias sobre la aventura de la maternidad.

Hace unos días me escribió para contarme que esa idea ya es un hecho y tiene nombre: Re (Tales). Esto no me lo dijo, pero leí por ahí que el corto documental fue nominado al Mejor Cortometraje en los Premios de la Agencia del Cortometraje Español.

Le pregunté a Silvia por qué eligieron ese nombre, ya que el significado que conozco de retales es retazos. Esto fue lo que me respondió:

“El título es así por varios motivos: 1) además de las entrevistarlas, a las chicas que participaron les pedimos que trajeran una prenda de vestir para regalarnos, esas prendas fueron cortadas en unas especies de hilos para convertirse en una obra plástica. 2) porque a las dos nos encanta esa palabra. 3) (Re) Tales, escrito así, en inglés es: “referido a historias, relatos”, y también nos gustó este significado.
Y en lo personal, desde hace varios años mis trabajos están hechos con materiales de “desecho”, cosas viejas, (sobre todo telas, trapos, prendas en desuso) por algún motivo cada vez me interesan más, y va mas allá de la onda “ecofriendly”, tiene que ver con una necesidad de revisar y buscar, volver a usar, encontrarle un nuevo sentido a las cosas, una nueva identidad.

También pensamos que todos somos retales/retazos de…, pedacitos vueltos a juntar de genética, de aprendizajes, de costumbres, de modelos familiares y sociales, etc. Por lo tanto no le damos a ésta palabra el sentido despectivo que suele acarrear. Por último, el material con el que hicimos el documental son retazos de historias.”

¿Y las protagonistas?

El próximo domingo 14/3 se proyectará en el CDI Arganzuela, calle Canarias 17, metro Palos de la Frontera (L3), a las 19. Muy pronto, ¡en Argentina!


Evocación de Ignacia, por su hijo Alex Aldama

A veces me preguntan por qué escribo Viajes Libres. Hay muchas razones, pero este post y esta historia que llegó hace unos días a mi correo es una de ellas.

A Alex Aldama lo conocí en su negocio en Nueva York, el último día de la madre. Hablamos un rato largo ese día y luego tomé algunos apuntes sobre la charla. Pero olvidé el nombre de su madre, y la quería nombrar: Alex me contó que era la mujer más maravillosa que había conocido. Entonces, le escribí preguntándole el nombre de la señora. Y el catalán me respondió la historia que sigue, y al rato me envió esta foto, donde se lo ve con su madre y su hermana Pilar:

“Ignacia, es el nombre de mi madre. Ignacia Anglada Hernández, hija de Ernestina y Alejandro.

Tras la caída de Barcelona, mi abuelo Alejandro fue enviado a un campo de concentración en Francia. Todo fue confiscado. Ignacia con 9 años quedó al cuidado de sus dos hermanos menores, Roque y Carmen.
Amigos de mi abuelo, que habían conseguido evitar la deportación, le daban a Ernestina los sacos de arpillera de la carne congelada argentina, que tantas vidas salvó. Mi abuela hacia alpargatas con ellos.
Empezaron a dedicarse al estraperlo (comercio prohibido): dejaban a Roque y a Carmen al cuidado de unas prostitutas de la calle Robadors, unas mujeres increíbles, auténticas y fuertes. Se escondían en los trenes y en las cercanías de Barcelona, en poblaciones del campo y hacían el trueque: volvían a casa sin alpargatas y con un montón de garbanzos, patatas y, a veces, hasta aceite de oliva.

Pasaron los años y Alejandro volvió con vida, esquelético, enfermo y piojoso hasta la médula. Lo sanaron y los amigos de mi abuelo consiguieron meterle a trabajar de Mozo de Carretilla en el mercado de abastos de Barcelona, El Born. ¿Mozo de carretilla? La gente iba al Born a comprar las frutas y verduras, luego apilaban las cajas en la carretilla y el mozo tiraba de ella hasta el camión que las transportaria a los mercados. De lunes a sabado, sin pausa, veranos e inviernos, desayunándose aún de noche las barretxas (conyac con anis) o carajillos (conayc con café), trabajó y trabajó, y dejó crecer un odio inmenso en su interior por toda la injusticia vivida y murió. Claro está, de cirrosis y profiriendo terribles insultos al sacerdote que intentaba darle la extramaución antes de morir. Un hombre muy guapo y alto que jamás consiguió ver de nuevo la belleza que le rodeaba.

Ignacia, mi madre, conoció a Ángel y tras tontear un poco se acabó. Ella rompió en pedazos una foto de él y se la tiró en la cara. Unos años despues, en el tranvía mi madre notó que le tocaban el culo. Era mi padre que le enseñó la foto rota todita recompuesta y pegadita, y la invito a bailar. A mi madre le encantaba bailar.

Ángel entonces trabajaba de electricista para General Eléctrica Española. Mi abuelo se opuso rotundamente al matrimonio. No obstante se casaron, de gris no de blanco. Con un traje chaqueta y un bouquet de flores. ¡Muy guapos los dos!  (Es un extremo jamás confirmado pero yo siempre he creído que mi madre se quedó embarazada a posta para forzar el matrimonio, de ahí el gris.)

Y nació mi hermana Pilar. No fue fácil, vivían con mis abuelos. Aún embarazada mi abuelo les echó de casa y bueno, un montón de barbaridades que de nada sirve ya recordar.
Entonces mi madre vendía fruta y verduras en un puesto calljero en el mercado de Badalona. Mi hermana nació muy chiquita y débil, sin ganas de comer. Mis padres compraban penicilina en el mercado negro para ella y seguían trabajando.

Confiados en que mi madre no podía tener más hijos, la sorpresa llego cinco años mas tarde cuando nací yo: con una cabeza apepinada impresionante y mas de 4 kilos. La comadrona me puso los zapatos de inmediato y le dijo a Ignacia, ¡pero que feo es!

bornDe las fotografías en blanco y negro de aquel entonces lo que más me impresiona es cómo mi madre apilaba en verano las sandías y los melones. Se las tiraban una a una del camión y ella las apilaba en la calle formando una hermosísima piramide. Me acuerdo también de sus delantales, siempre de un blanco inmaculado y con puntillas.

Ángel dejó el trabajo de electricista y empezó como contable en un almacén de El Born (mi padre escribía tan lindo como unas pinceladas de Dalí); mi madre cambió de mercado y no sé como pero tuvo su primer puesto de mercado fijo creo que en Santa Catarina, al otro lado de la Catedral, y luego más tarde otro en el Clot, éste ya con baldosas y todo.

Pilar y yo íbamos a la escuela y seguíamos comiendo, ellos dieron un depósito para la compra de un piso con todos los ahorros que tenían pero resultó ser un fraude y lo perdieron todo. Siguieron trabajando.
Volvimos a vivir en la Barceloneta, en la casa de mis abuelos. En verano, los sábados cuando no teníamos escuela, mi madre nos llamaba aún no amanecido el día y nos llevaba a El Born donde ella compraba las frutas y las verduras. Nos metía en diferentes taxis, cargados hasta donde no se podía más de cestos de mimbre llenos de rojos fresones y nos enviaba al mercado del Clot. El taxista nos descargaba allí y ella llegaba más tarde en otro taxi con con lo que fuera y ahí empezaba el día.

A mí me encantaba meterme bajo la parada (el puesto de mercado se llama así en catalán) y desgranaba guisantes o jugaba con las orugas verdes que encontraba en las lechugas aún mojadas. Oh Dios! cuántos recuerdos se acumulan en la piel con el paso del tiempo.
Pilar se casó con un hombre, de corazón noble con el que aún sigue, Miguel. Tuvo dos hermosas hijas, ahora ya mujeres.
Mis padres se trasladaron (yo con ellos al principio) a Cerdanyola del Valles, una ciudad dormitorio cerca de Barcelona. Esa fue ya la última residencia de ambos. Un piso comprado y pagado a plazos de 250 pesetas mensuales enfrente de una pineda. Mi madre siguió trabajando en el mercado de Cerdanyola con sus frutas y verduras. Yo cumplí el obligado servicio militar en la marina y despues de ello me emancipé.

Aquella noche yo casi había acabado de preparar la cena, celebrabamos el aniversario de mi amiga Pilar. Alguien contesto el telefono y me llamó: mi hermana estaba al otro lado, descompuesta con voz asustada. No hubo celebracion aquella noche. Mi pobre amiga Pilar se quedó sin cena.

Ignacia tuvo un ataque al corazón despues de ducharse. Cayó al suelo y su cuerpo atrancó la puerta. Angel intentó e intentó abrir la puerta. La ambulancia gritaba con sus sirenas de camino a casa. Es curioso, al mismo tiempo que el cuerpo de mi madre permanecía inmóvil en el suelo todos los demás corríamos: la ambulancia, mi padre de un lugar a otro pidiendo ayuda a los vecinos, yo dejando mi casa en Barcelona, mi hermana haciendo lo mismo…
Se negó a morir de inmediato, la conectaron a un monton de tubos y máquinas. Era la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital de Sabadell. Mi madre estuvo cuidada por unas gentes maravillosas esos cuatro dias. Fue demasiado fuerte e intenso para mi padre y mi hermana. Yo me pasaba horas con ella y le pedía, le suplicaba, le grité que volviera. Le dije una y otra vez lo mucho que la queria (las lagrimas asoman ahora de nuevo en mis ojos). Recuerdo que sus párpados se abrían una y otra vez (me explicaron que era “sencillamente” fruto de espasmos), le pusieron una cinta adhesiva en los ojos para que no se abrieran y fue entonces cuando el médico, lo recuerdo jovencísimo y muy delicado al hablar me dijo la verdad. Sí, le pedi que desconectara a mi madre de aquellos infernales tubos y maquinas innecesarias.

LLovía a mares, de verdad, ¡cómo llovia! cuando dejé el hospital.
La Iglesia se llenó hasta los topes, yo ni tan siquiera sé quiénes eran más de la mitad de esas gentes,
Y en silenciosa ceremonia, la llevamos a su ultima morada.

Esto sucedió hace ya mucho, mucho tiempo. Mi madre murió joven. Yo la “deje ir” recientemente. Al final la deje ir: desde entonces sólo recuerdo lo hermoso, sólo recuerdo la belleza de tantos y tantos momentos: su risa, su generosidad con los demás, su fuerza ante la adversidad cotidiana, sus abrazos y besos a mi hermana y a mí, cuando se adormilaba en el sofá cansada del trabajo de la semana y de repente se despertaba, su alegría inmesurable con el nacimiento de Olaya su primera nieta, su orgullo de madre, las conversaciones que tuvimos los dos cuando ella tuvo la menopausia -cómo de repente se abrió como mujer a mí y se convirtió en una amiga además de madre, compartiendo secretos y privacidades conmigo-, y recuerdo su piel, fresca y brillante, sin arrugas, con una luminosidad muy particular.

Ese es el nombre de mi madre, Ignacia. El de mi padre es Angel. El de mi hermana Pilar y el mio Alex.
Podrían ser otros completamente distintos, que más da. No son más que nombres.
Es el corazón, no el nombre, quien nos da una personalidad propia y única, es el corazón quien nos diferencia, nos distingue los unos de los otros, nos agrupa en sólo dos categorias reconocibles, las buenas y las malas gentes… y el corazón de Ignacia era grande, grandísimo, lleno de sangre y rayos de sol, con latidos fuertes, sonoros, musicales, era un corazón donde anidaba un jardín de dalias y amapolas y rosas con espinas, y un rio grande de aguas claras… a veces aun me parece oirlo.


Llevar y traer

 

 

¿Qué quieres que te traiga si voy a Madrid?

¿Qué quieres que te traiga si voy a Madrid?

No quiero que me traigas. (bis)

Que me lleves, sí. (bis)

 

 

  A pasar el trébole. Canción popular española.

 

 


Links, temas y noticias

Guía cool de las grandes capitales
¿Planes de viajar a Nueva York, Tokio, París? Entonces, Super Future es un buen dato. Un sitio con mapas, barrio por barrio, que destacan museos, galerías, restaurantes, tiendas y más. Todo eso, gratis. Por 20 dólares es posible descargar guías, según aseguran en la página, todavía más completas. Para agendar.

 

San Fermín, en fotos antiguas
En unos días comienza la corrida de toros más famosa del mundo, condenada y adorada por muchos. Este año, se reeditó el libro de fotografía Sanfermines”, de Ramón Masats, que reúne imágenes tomadas por el fotógrafo con una Leica y una Pentax, entre 1957 y 1960. La reedición fue revisada por el autor y el editor gráfico Chema Conesa, quienes luego de volver a ver archivos de ese trabajo decidieron incluir 50 fotos inéditas Acompañan las imágenes, textos de Hemingway, el escritor que declaró: “En Pamplona se celebra todos los años una final mundial de toreo“.

   

Bruselas joven
Nuevo sitio en español, con info útil sobre la capital de Bélgica. Qué hacer, de día y de noche; el Museo Magritte, dónde escuchar jazz en vivo y qué bar es bueno para probar las cervezas belgas. También, eventos, como el Festival de Verano de Bruselas, del 14 al 23 de agosto, o el Off Screen, donde se proyectan películas curiosas e insólitas. Todo esto y más, para que cuando tengan que decidir entre todas las capitales europeas, se tienten por Bruselas.


Alex Aldama, el dios de Fuego 718

Fuego 718 es uno de los primeros negocios de la nueva época de Williamsburg, un barrio de Nueva York que hoy aparece en las revistas de tendencias y tiene locales cool y se deshace en onda.

Cuando el catalán Alex Aldama llegó aquí con su novio gringo, ocho años atrás, había casas bajas y vecinos de clase media, era un lugar olvidado de Brooklyn. Pero él tuvo un presentimiento, olfateó que había que quedarse y montar el negocio allí. Eso hicieron y hoy están en el centro de la escena, entre locales de ropa vintage, cafés recomendados y chicos que van por la vida en skate.

Ni bien entré en Fuego 718 sentí que estaba adentro de un caleidoscopio. En la tienda hay espejos, telas brillantes, corazones rojos de aluminio, colores de Oaxaca, colores de Cuzco y de Antigua Guatemala, colores en las paredes, en el piso, colgando del techo, en la camisa de Alex y en todas partes. Fuego 718 guarda, en 249 Grand Street, una muestra de los colores de América Latina.

Descubrí el local cuando se celebraba en Estados Unidos el Día de la Madre y, como cada día de la madre desde que abrió, estaba todo rebajado un 40 por ciento. Alex impuso este detalle en honor a su madre Ignacia Anglada Hernández, para él, la mujer más maravillosa del mundo.

Después de conversar un rato, puedo decir tres cosas de Alex Aldama: 1) que es una de esas personas que viven muchas vidas en una. Trabajó en La Fura dels Baus y en el Sónar de Barcelona, ahora tiene este negocio en Nueva York y pronto piensa retirarse y vivir en el campo, en Murcia. Apenas pasó los 50, pero se convenció de que está cansado; 2) que el tipo es una especie de concentrado de amor. El poco rato que pasamos juntos me hizo sentir tan a gusto como un amigo de siempre. Y todo, absolutamente todo lo que dijo tenía un fondo dulce y amoroso; 3) que si lo ve Pedro Almodóvar seguro que lo recluta para su próxima película.

Mientras tanto, Alex espera a sus clientes decidido a hacerles pasar un buen rato, a dejarlos disfrutar del color y del calor en Fuego 718, una tienda de regalos brillante como un caleidoscopio.


El mundo sobre ruedas

Albert Casals es un viajero catalán, tiene 18 años y desde los 14 viaja en silla de ruedas. Una enfermedad lo dejó sin poder caminar, pero eso no fue un problema para hacer lo que quiere. Su voluntad de viajar es imperturbable: en solitario, sin dinero y a dedo, ya recorrió medio mundo.

El mes pasado publicó su primer libro (“El Mon Sobre Rodes“, Edicions 62, por ahora en catalán y próximamente en español), donde cuenta anécdotas, partes de sus diarios de viaje y su particular forma de ver la vida.

El último mes salieron artículos de Albert Casals en diarios, revistas y blogs. Cuando leyó sobre él, Pritama me escribió enseguida. Me contó que la conmovió su historia, que tenía ganas de entrevistarlo. Consiguió sus datos y le mandó sus preguntas por correo. Esta es la historia del chico que recorre el mundo sobre ruedas, escrita por Pritama Molinari.  

Sus primeros recorridos fueron por Europa, luego por Asia y hace poco volvió de Latinoamérica. Su próximo destino es África. Saldrá de un mes. Viaja con un presupuesto máximo de 3 euros al día, y la confianza plena de que el universo entero conspira a su favor. Su manera de viajar es simple, y le alcanza con lo más básico. Asegura que siempre hay donde dormir, siempre hay donde comer. Conoce gente y todo fluye. Lo que más busca Albert en sus viajes, es acercarse a las personas, conocerlas, hacerse amigos, ver las distintas formas de vivir.
No le teme a nada, porque nada puede ser peor que no realizar sus sueños, ni siquiera la muerte. Es irresistiblemente espontáneo, auténtico y cultor del “felicismo”.

¿Cómo definirías tu manera de viajar?
Viajo en solitario, sin dinero y haciendo autostop; hago lo que me da la gana a cada minuto y vivo como quiero. Viajo por la gente que conozco, por la libertad… y por las aventuras, ¡¡por supuesto!!

¿Qué es el “felicismo”? ¿Cómo se te ocurrió ese término?
El felicismo es una manera de ver la vida, en resumen, significa que lo único que importa en la vida es ser feliz y hacer felices a los demás.
Para conseguirlo, tenemos que hacer lo que realmente queremos… que a menudo no es lo que creemos que queremos, ni tampoco lo que los demás quieren que queramos. Por ejemplo, yo puedo decirme que tengo que estudiar una carrera como medecina para tener un futuro, un trabajo, respeto social, una casa y dinero… pero si en el fondo quiero ser malabarista, seguiré queriéndolo por mucho que estudie medecina. Y algún día tal vez olvide que quería ser malabarista… pero nunca seré tan feliz como lo habría sido de haber seguido mis sueños. La palabra era casi obvia… salió por si misma, realmente. ¿Una teoria de vida basada en la felicidad? Felicismo.  

¿Cuándo apareció la idea de publicar un libro?
Poco después de que saliera en las noticias de TV3. Empezaron a llamarme algunas editoriales, me propusieron lo del libro, y pensé… ¿por qué no?

¿Cuál es el motor para planificar tus viajes?
No hay motor… ni planes… ni nada realmente. Básicamente salgo de mi casa, pienso hacia qué dirección quiero ir, y me voy… a veces me pongo un destino aproximado, pero el camino y la ruta es totalmente “implanificada”…

¿Es internet una herramientas importante para tus viajes?
No realmente… algunas veces lo he usado para mirar mapas de carreteras antes de hacer autoestop, pero muy raramente. Recuerda que viajo sin dinero, así que mi acceso a internet está limitado al que me regalen…

¿Qué significa para ti la libertad?
Me gusta esta pregunta. Ser libre es poder hacer lo que realmente deseas, pero a menudo lo que limita nuestra libertad no son los demás, sinó nosotros mismos. En realidad, a menudo somos nuestros propios esclavos… nos obligamos a hacer algo que no queremos, por sentido común (decimos) o por miedo… y al hacerlo nos impedimos ser libres. Simplemente haz lo que desees en lo más hondo… y serás el ser humano más libre del mundo.

¿Qué le dirías a alguien que quiere viajar pero no se anima por causa del dinero, por su edad, por el miedo, por las “ataduras” en su vida?
Piensa qué es lo que realmente quieres. Dices que quieres viajar pero, ¿lo deseas realmente? ¿Estás dispuesto a renunciar al dinero, a ver a tu familia y tus amigos diariamente, a tu pareja si no quiere venir, a tu trabajo, a tu hipotética estabilidad futura…? Si estás dispuesto, hazlo ahora. De lo contrario serás infeliz toda tu vida… o no serás tan feliz como podrías haber sido. Si no estabas dispuesto… ¿de qué te quejas entonces?

¿Crees que cualquiera podría hacer lo que tú haces?
Cualquiera puede hacerlo, pero no cualquiera quiere hacerlo. Cada uno encuentra la felicidad a su manera…

¿Qué conociste y qué destacas de tu último viaje a América Latina?
Buff, esta sola pregunta podría llenar un libro. ¿Qué conocí? Conocí pescadores, guerrilleros, magos, indigenas, camioneros (uno de 9 años, en concreto), viajeros, amigos, amigas, actores, titiriteros, cantantes, empresarios, vagabundos, gente feliz, gente triste… Vi como se derrumbaban puentes, me encontré tormentas, volqué en un camión, conduje otro, fui en barco, conocí tribus indigenas, aprendí hipnosis, nadé en lagos embrujados, me salvé de morir ahogado, hice conferencias, hice musica, enseñé y aprendí… viajé en camiones, en carros de burros, en coches, en caballos, en barcos, dormí en parques, dormí en estaciones, dormí en la calle, en la playa, en tejados…

¿Hasta dónde piensas viajar?
Hasta la Antártida, hasta la Luna, hasta Marte… ¡no creo que una vida me alcance!

Leí que en parte consideras una “suerte” a las situaciones que te llevaron a moverte en una silla de ruedas, ¿por qué?
Creés que podrías haber llegado al mismo punto en que hoy te encuentras de no haber sido por estas circunstancias? Hombre, yo no aseguraría que ir en silla de ruedas es una suerte. Más bien diría que nunca sabré lo que es: nunca sabré si soy afortunado o desafortunado por ir en silla de ruedas. Podría ser que, sin la silla, hubiera vivido una vida normal, estudiando en un instituto y una universidad y viviendo una vida gris, tal vez sin saber lo que quería… podría ser, o podría no ser. Tal vez mi vida sería exactamente la misma… de poderse se puede, yo conozco mucha gente que recorre el mundo sin dinero y sin silla de ruedas. ¿Quién sabe?


Barcelona, con guía andaluza

Desde hace algún tiempo, María José Ruiz Reyes, de pura sangre andaluza, vive en Barcelona. Pero esta mujer no entiende la vida sin viajes ni mudanzas. Ya ha pasado unos años en Londres y es posible que pronto viva en otro lugar.

Seguramente su alma gitana la empujó a seguir el curso de azafata que por estos días la tiene saltando en una pata. Quiere conocer el mundo, de eso está segura. Mientras tanto, pasea por Barcelona. Estos sus recomendados de la ciudad condal, con textos y fotos especiales para Viajes Libres.

Luz y magia
Más de 3500 chorros de agua bailan desde 1929 en la fuente mayor de Montjuïc, al ritmo de músicas variadas, desde Tchaikovsky hasta Abba. Suben, bajan y se cruzan entre ellos en originales combinaciones y acrobacias. Completan el show, las 4760 luces de colores que nacen además del corazón de cada uno de ellos. La Font Màgica, así bautizada por su creador el ingeniero y poeta Carlos Buigas, ofrece varias sesiones los fines de semana.
Passeig de María Cristina, frente al Palau Nacional (Montjuïc). Metro: Espanya. Horario de invierno: viernes y sábados a las 19, 19.30, 20 y 20.30h.

Pasión azulgrana
Una visita a Barcelona no es completa si falta un partido de fútbol en el Camp Nou. Gente de todos el mundo se acercan al mítico campo para vibrar con los goles del argentino Lionel Messi. Pero, la ciudad deportiva es más que el estadio del Barcelona FC. En el mismo recinto está el Palau Blaugrana de baloncesto y una pista de patinaje sobre hielo. Y para los más fieles, el museo del club. En sus pasillos hay reliquias, fotos, botas y camisetas firmadas por los grandes de su historia desde 1899.
Camp Nou. Metro: Collblanc o Badal.

La Barceloneta, marinera y popular
Es el barrio marinero de la ciudad. La Barceloneta  huele a mariscos a la parrilla y al suavizante de la ropa de los vecinos, que ondea al viento en los balcones, al lado de bombonas naranjas de gas butano, cables, bicicletas y chismes. Las clases populares y los estudiantes Erasmus del Viejo Continente conviven en armonía en edificios de techos altos con vigas de madera. Lo mejor, las paellas de sus restaurantes al sol.
Barrio de La Barceloneta. Metro: Barceloneta.

Borne y Raval, la pareja de moda
Los dos barrios de moda del casco antiguo ganan fans cada día. El Borne y el Raval encierran en sus calles estrechas y serpenteantes, los rincones más bellos de la ciudad. El Borne está salpicado de locales chic. Los artistas de vanguardia han instalado sus talleres en los bajos restaurados de antiguos edificios y trabajan a la vista del público. La catedral gótica del Mar es su talismán. El Raval, el otrora Barrio Chino que a tantos escritores, fotógrafos y cineastas ha seducido, ha dejado de ser noticia por sus prostitutas y ladrones para dar qué hablar por los bares de su rambla y las tiendas de comida africana y asiática. Un buen lugar para perderse.
Borne: Metro Jaume I. Raval: Metro Liceu o San Antoni.

De mariscos y camareros
A simple vista parece una pescadería, pero no lo es. La Paradeta es una cadena de restaurantes con sede en el Borne, Sants, Sagrada Familia y Meridiana. Los clientes eligen a dedo lo que van a comer, que está a la vista: bogavantes, navajas, langostas, mejillones, chanquetes y todo lo que de el mar barcelonés ese día. Pero resulta que no hay camareros. Tú montas tu mesa, sirves el vino a tus amigos, recoges los platos de la cocina cuando te llamen y limpias todo después del festín. Gracias a esta original fórmula es posible degustar mariscos grandes a precios pequeños. Atención: siempre hay cola.

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Músicos por el mundo


El cantaor, según Rubén Darío

 

“¿Habéis oído a un cantaor? Si lo habéis oído, os recordaré esa voz gimiente, esa cara rapada y seria, esa mano que mueve el bastón para llevar el compás. Parece que el hombre se está muriendo, parece que se va a acabar, parece que se acabó. A mí me ha conturbado tal gemido de otro mundo, tal hilo del alma, cosa de armonía enferma, copla llena de rota música que no se sabe con qué afanes va a hundirse en los abismos del espacio.”

Tierras Solares, Rubén Darío (1917)




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