El cantaor, según Rubén Darío

 

“¿Habéis oído a un cantaor? Si lo habéis oído, os recordaré esa voz gimiente, esa cara rapada y seria, esa mano que mueve el bastón para llevar el compás. Parece que el hombre se está muriendo, parece que se va a acabar, parece que se acabó. A mí me ha conturbado tal gemido de otro mundo, tal hilo del alma, cosa de armonía enferma, copla llena de rota música que no se sabe con qué afanes va a hundirse en los abismos del espacio.”

Tierras Solares, Rubén Darío (1917)


El Bulli: el mejor restaurante del mundo

El tipo llegó para quedarse. Pasan los años y en el mundo se siguen inaugurando nuevos restaurantes, pero el reinado de Ferran Adrià perdura.

Por tercer año consecutivo, el prestigioso Premio S. Pellegrino que otorga la revista inglesa Restaurant es para El Bulli, el famoso restaurante del cocinero catalán Ferran Adrià.

Muchos comparan este premio con el Oscar de la gastronomía, y cuando lo recibió, Adrià declaró hoy a la BBC Mundo: “¡Imagínese, es como si un director de Hollywood ganase el Oscar tres años seguidos!” Expresó también: “Este nuevo premio no sólo reafirma el lugar de mi tierra, Cataluña, en la gastronomía mundial, sino el de España en general, de lo cual estoy muy orgulloso. Comparto mi premio con todos los chefs españoles y con los 70 empleados de El Bulli”.

El restaurante del catalán, que queda en Roses, Girona, tiene tres estrellas de la Guía Michelin, y ya había sido designado el mejor por un cónclave de 560 cocineros y críticos de todo el planeta reunido en Londres, en 2006.

El restaurante El Bulli ha llegado a recibir ¡300.000 reservas! y sólo tienen lugar para 4500 comensales por año. Comer en El Bulli cuesta alrededor de 200 euros por persona. Y posiblemente sea más caro en algún tiempo, el mito que rodea al cocinero se alimenta todos los días.

El mérito más grande de Adrià es extender las fronteras de la cocina, agregarle ciencia, técnica y concepto a la gastronomía. El resultado es la cocina molecular, que emplea no sólo a cocineros, también trabajan ingenieros y arquitectos. Para Adrià, “La cocina es un lenguaje mediante el que se puede expresar armonía, creatividad, felicidad, belleza, poesía, complejidad, magia, humor, provocación”.

Los diez mejores según la Revista Restaurant

1. “ElBulli”, Cala Montjoi, Cataluña, España
2. “The Fat Duck”, Bray, Berkshire, Reino Unido
3. “Pierre Gagnaire”, París, Francia
4. “Mugaritz”, Errenteria Gipuzkoa, País Vasco, España
5. “The French Laundry”, Yountville, California, EE.UU.
6. “PerSe”, Nueva York, EE.UU.
7. “Bras”, Laguiole, Francia
8. “Arzak”, Donostia-San Sebastián, País Vasco, España
9. “Tetsuya’s”, Sidney, Australia
10. “Noma”, Copenhague, Dinamarca

Tres españoles y dos franceses entre los primeros diez. Y sólo uno latinoamericano entre los 50 premiados, el número 40, el D.O.M., de Sao Paulo, Brasil, que comanda el chef y ex-DJ Alex Atala. Sin embargo, Ferrán Adrià declaró por ahí que “el futuro de la gastronomía está en Latinoamérica”. Y mientras tenga esta estirpe de ganador, la suya es palabra santa.


El Pink Corner de Barcelona

Desde hace algún tiempo, las direcciones de turismo de muchos países se dieron cuenta del negocio que representa el turismo homosexual, que gasta un 40% más que un turista común. Esto no es nuevo.

Una a una, las ciudades del mundo se van declarando gay friendly. A Buenos Aires le tocó el año pasado, al tiempo que se inauguró el Hotel Axel de San Telmo, que se sumó al que ya existía en Barcelona. La guía Gay Ba tiene cada vez más visitantes, y hasta existe una friendly card. Hoy se calcula que el turismo gay en la ciudad moviliza más de 300.000 visitantes que se traducen en unos 600 millones de dólares al año. Esto tampoco es nuevo.

El Pink Corner sí es nuevo. Aunque el nombre sea algo obvio, así se bautizó al sector gay del Salón Internacional de Turismo de Cataluña, que se está realizando por estos días en Barcelona. Es la primera vez el colectivo LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) está presente en una feria de turismo en la región, y además, representado por nada menos que 50 empresas.

El gran crecimiento del turismo LGBT en Barcelona ha logrado que la capital catalana ocupe el segundo lugar más visitado después de Amsterdam, aunque se espera que en unos meses durante los juegos Eurogames, que este año se celebran en Barcelona entre el 24 y 27 de julio, llegue a superarla.

El Pink Corner o Rincón Rosa tiene 1200 metros cuadrados, es más grande que el espacio que tuvo el turismo gay en la última feria de Berlín, y calculan que pasarán más de seis mil personas que pueden encontrar información práctica , como revistas y portalespara el mundo gay, y ideas para las próximas vacaciones.

La visivilidad facilita la integración, eso creen los coordinadores del Pink Corner. Mientras tanto, Barcelona pasa sus días de feria en feria, siempre con algún evento, siempre en la agenda del turismo mundial (del colectivo LGBT o del que sea).


Argentina en Fitur

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 Say no more

 


La primera vez… en Europa

Toda, toda, toda. Quiero conocerla toda. Siempre soñé con ir a Europa y finalmente se nos da. Desde que se te ocurrió hacer la lista de casamiento en una agencia de viajes, te amo más todavía, Bichi. Le dice ella a él.

La joven pareja está angustiada antes de irse. Se van de luna de miel a Europa y aprovechan para conocerla. Claro, después de hacer cuentas y cuentas –no tanto de euros sino de días– los chicos descubrieron que no cabe. Europa no cabe en 20 días, por más pequeños que sean sus países y a pesar del sistema de transporte público, en general, veloz y puntual.

España porque mis abuelos vinieron de ahí. Pero ojo que llegaron de La Coruña, o sea que Madrid porque bueno, es la capital, tío. Y Barcelona porque están dos de mis mejores amigos que se fueron con la crisis. ¡Y no los veo hace tres años! La Coruña, entonces, para ver de dónde vino el abuelo, y de paso conocer a los parientes. Uno nunca sabe. Ahí van… seis días. Qué le vamos a hacer, nos levantamos temprano.

De ahí tren o avión low cost a París. Cómo vamos a ir a Europa y no conocer París, la Torre Eiffel, el Arco de Triunfo, Montmartre. ¿Cuánto le ponemos? ¿Tres días? A ver fijáte en Internet, qué dice. ¿La vemos en tres días? Ahí, quizás ella pone cara de miau y él le da uno más: cuatro para París.

¿Qué nos queda?, pregunta él, agotado por la simplificación. A Londres yo quiero ir, ahí no transo, es la ciudad más cool del planeta, después de Tokio. Se que va a ser mi capital preferida tengo que ir, ya sé que es caro, pero nos quedaremos en un hostel, ponéle dos días… para tomarle el gusto. De ahí podemos volar a Amsterdam, ¡antes que cierren los coffee shops! Eso no me lo pierdo. Pero nada, podemos llegar un día temprano y nos vamos al otro día en la noche, así usamos el tren y nos ahorramos una noche de hotel. Y sí, vamos a Praga que vos siempre quisiste ir ahí. Además, escuché que es una de las ciudades más románticas del mundo y, después de todo, nos estamos casando, ¿no, Pau? Le dice él a ella.

Nos queda Italia. ¿Roma, Florencia o Venecia? Dale elegí. No, no pueden ser dos, mi amor, vamos a necesitar vacaciones después de este viaje. ¿Vos decís dos y dos? No sé, ¿te parece? ¿Qué Venecia y Roma? Cómo te conozco, no hay nadie en todo el mundo que te conozca mejor, ¿lo sabías?

Y listo, Bichi y Pau tienen los pasajes para su Europa en 20 días: 5 países, 5 capitales y probablemente, más de cinco ampollas en los pies. En tiempos de slow travel, el fast tourism no cede y lanza al ruedo miles de termitas turísticas que se devoran las ciudades en horas.

¿Cuántas ciudades conociste o conocerías en tu primer viaje a Europa?


Los caminos de Santiago

santiagoperegrino.jpgCerca de cien mil peregrinos de más de cien paí­ses hicieron el año pasado el Camino de Santiago. Uno de ellos fue Andrés Gader, que me contó su experiencia desde una cabina telefónica de un pueblito mínimo de Irlanda. Llamó una tarde, no muy lejos de esa tarde en la que pensé en escribir un post sobre el Camino de Santiago.

Gader nació en Río Gallegos. Tiene 34 años y es guía de turismo. Durante los meses de calor vive y trabaja duro en El Calafate. El resto del año elige viajar. “No tengo ni auto ni casa ni novia”, me comentó. Termina de trabajar y se va de viaje.

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El año pasado decidió hacer el Camino de Santiago. A pie, como el 77% de los peregrinos. El resto lo hace en bicicleta y a caballo. El Camino es un conjunto de pistas, rutas, caminos, sendas que suben y bajan, que atraviesan pueblos, campos, bosques y ciudades, y llegan a Santiago de Compostela, en Galicia. Según el dicho, empieza cuando uno sale de su casa. Y no es tanto un dicho, al parecer. Cuenta Gader que en su viaje encontró un holandés que un día abrió la puerta de su casa y comenzó a caminar, atravesó Francia y España. Después de más de 3000 kilómetros llegó. 

Desde el descubrimiento del sepulcro del Apóstol Santiago, a principios del siglo IX, el lugar se transformó en un destino de peregrinación que seguían hombres de toda Europa. Durante mucho tiempo esas rutas y caminos estuvieron olvidados, pero el auge del turismo religioso los ha puesto de moda y hoy existen varias rutas y mucha infraestructura turí­stica.

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El Camino Francés, que parte de Saint Jean Pied de Port y llega después de 780 kilómetros a Santiago, es el más frecuentado. Hay refugios y albergues para el peregrino, que cuestan entre 5 y 10 euros y están atendidos por hospitaleros. También hay bares que tienen el menú del peregrino -unos 7 euros- y está bien señalizado, siempre con flechas amarillas y vieiras.

El año pasado fue la segunda vez de Gader. La primera habí­a sido en 2004, Año Jacobeo. Se usa ese nombre cuando el 25 de julio, dí­a de Santiago Apóstol cae domingo y se abre la puerta del perdón en Roma y en Santiago. A los peregrinos que recorrieron por lo menos los últimos 100 km caminando o en bici les dan la Compostela, un pergamino escrito en latí­n que acredita que hiciste el camino y tenías perdonados los pecados. 

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Cuando uno comienza el camino le entregan una especie de pasaporte que se llama Credencial del Peregrino y se sella en cada albergue. Hasta ahora habí­a varios tipos de credenciales, pero ojo que a partir de 2009 sólo se aceptará una para recibir la Compostela.  

El año pasado, Gader hizo el Camino Aragonés, unos 860 kilómetros desde Somport hasta Santiago y 120 más a Finisterre. Tardó 37 días y tuvo ampollas “de agua y de sangre”. A pesar del dolor siguió caminando. Hubo dí­as en que caminó 30 kilómetros y otros 6 o 7. Depende del estado fí­sico, pero más de la voluntad. “Si no estás preparado mentalmente para estar con vos, no lo terminás”, afirma el joven y agrega que en el camino pasan cosas extrañas, que él se enamoró, que se le murió un hombre en sus brazos (”Al Camino muchos vienen a morir”), que se cruzó con brujas y chamanes y que los amigos que uno se hace ahí­ son para toda la vida.

El próximo Año Jacobeo es en 2010, pero Gader quiere hacer por tercera vez el Camino antes, quizás el año que viene. “Igual, no sé dónde estaré dentro de un mes, así­ que no te podría asegurar una fecha”, dijo y me explicó que le cerraban la cabina, que tení­a que cortar.


El gusto de los Finisterre

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Hace unos díaas, mientras hací­a una torsión imposible en mi clase de yoga pensé en la atracción que provocan los extremos geográficos: el punto más meridional, el extremo oriente, el más occidental, el último norte.

Saber que uno está en el último lugar de algún lado genera una sensación de bienestar. De haber alcanzado una meta. Como una metáfora del fin. O del comienzo. Por eso, son tan pedidas las fotos tocando el cartel indicador. Para mostar que estuvimos ahí­. Para reafirmar que llegamos. Este bienestar es distinto al de escalar un ochomil. No tiene que ver con un esfuerzo fí­sico. No importa si uno llega en auto, como al final de la Ruta Nacional 3, en medio del Parque Nacional Tierra del Fuego. Lo importante es saber que después de ese pedazo de tierra, no hay nada. Con otras certezas, claro, pero algo en sintonía con esas antiguas creencias, cuando faltaba para los descubrimientos y nadie sabí­a qué habí­a más allá de Finisterre.

Muchos de estos extremos tienen un faro, que serví­a en tiempos sin GPS para orientar a los navegantes. Hoy todaví­a funcionan pero antes que nada son una atracción turística.

Brasil tiene el punto más oriental de América. Se llama Ponta do Seixas y queda en Joao Pessoa, estado de Paraiba. En Sudáfrica, el Cabo de Buena Esperanza, es el punto más sudoeste del contintente africano; En Estados Unidos, Key West; Point Udall; Point Barrow y más.

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En Galicia, el Cabo Fisterra (el fin de la tierra, en gallego), es uno de los fines del mundo más famosos, aunque Cabo da Roca, en Portugal, sea el extremo más occidental de Europa. Tal vez tuvieron algo que ver las historias de piratas, los naufragios en esa costa terrible, llamada la Costa de la Muerte. O que muchos consideran a Finisterre el fin del Camino de Santiago.

En Argentina, el Fin del Mundo, en Ushuaia, es el mejor ejemplo, que además se vende muy bien. Hasta es posible sellar el pasaporte -gratis- en la Oficina de Turismo de Ushuaia. Gran parte de los extranjeros que visita Argentina incluye en su itinerario un viaje a Ushuaia.

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El último punto del subcontinente indio es el cabo Kanyakumari, en el Estado de Tamil Nadu. Hace varios años, en un viaje por la India desvié especialmente el recorrido para llegar hasta allá­. No me importó el ferry moribundo ni las olas bravas. Quería ver ese final. Cuando llegué, claro, encontré más “obligaciones turísticas”. Habí­a un templo dedicado a la diosa Parvati, otro para Vivekananda, un religioso y reformador social indio, el Memorial de Gandhi, donde se guardan parte de sus cenizas, un mirador y, como casi siempre en la India, mucha gente. Igual, antes o después de las fotos y las visitas, la mayoríaencontraba un lugar y se olvidaba por un buen rato su mirada en el horizonte, más allá del fin de la tierra.

¿Por qué nos atraen los extremos geográficos?


¿Geriátrico España?

germans1.jpgCuando hace algunos años viajé por el sur de España, más precisamente Marbella, Benidorm, Puerto Banús lo vi con mis propios ojos: la costa del sol y el buen vivir español estaban atravesados por ancianos altos y rubios; alemanes, ingleses y otros europeos del Norte, con dinero pero sin sol.

Muchos se habían comprado una casa en España, para jubilarse mirando al mar y tomar todo el sol que no tomaron en sus vidas de clima lluvioso y gris. Tanto se da este tipo de turismo de la tercera edad que hasta se consiguen enfermeras inglesas y alemanas sin problemas.

Eso fue hace algunos años, hoy se ha incrementado y hasta radicalizado la tendencia. La costa mediterránea de España concentra el 44% de la población y el 42% del PIB. Sólo en las provincias costeras del Mediterráneo viven 17 millones de personas y según previsiones estadísticas vivirán 21 millones en 2020. La costa meditetrránea española crece -en infraestructura y población- a la velocidad de Shangai, Rí­o de Janeiro o Tokio.

Ellos, los cientos de viejos que siguen la ruta del sol están cambiando la fisonomía y población del sur de Europa. Hace un par de días terminó el último Simposio sobre Turismo XXL, organizado por la asociación Intelligent Coast, un centro de investigación sobre la costa y el turismo que tiene como meta proyectar “costas cualitativas”, en oposición a las costas masivas de hoy. En el simposio, celebrado en Barcelona, se reunieron economistas, empresarios, sociólogos, ecólogos y arquitectos para debatir el modelo de turismo que existe y el deseado.

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En el marco del simposio conversaron el novelista Michel Houellebecq (La posibilidad de una Isla, Lanzarote, Plataforma) y el reconocido arquitecto holandés Rem Koolhaas. El diario El Paí­s reprodujo ayer el interesante encuentro de ideas entre ambos, que versó sobre las formas y tendencias del ocio en España y en el mundo.

Como buen pesimista ácido, Houellebecq se despachó con algunos párrafos amargos sobre el futuro turístico de España, el segundo país más visitado del mundo. Y dijo:

“Ibiza quedará, porque Ibiza es la fiesta y el sexo, y eso siempre atraerá a las masas; pero el turismo de alta gama encuentra y encontrará más estímulos en escenarios diferentes, como, por ejemplo, Italia y Croacia. Creo que la única oportunidad que tiene España para mantener ese gran negocio del turismo son los jubilados, que son sensibles a las condiciones de seguridad. En España hay un excelente servicio de salud. Eso es fundamental para este objetivo. Hospitales estupendos, buenos doctores. Hablo de un turismo de extranjeros de avanzada edad que compran apartamentos para venirse a morir aquí­. En los cincuenta, España fue pionera en la industria del turismo. En aquellos años los vuelos de avión no eran accesibles a todos, de manera que las primeras masas turí­sticas vení­an a España en coche. Pero como ahora los vuelos en avión son baratos, las nuevas masas se desplazarán a territorios nuevos, más lejanos, con la misma facilidad. Pienso, por ejemplo, en Liberia, donde el clima es mas cálido, es mejor…”

Al cálido y soleado turismo español, ¿se le viene la vejez?


Turismo salvaje

tetas1.jpgDentro de algunas horas sonará el chupinazo, un cohete que anuncia el comienzo de una de las fiestas salvajes -y turísticas- que tiene España, los Sanfermines que sigue hasta el próximo 14 en un desmadre continuado.

Todaví­a faltan algunas horas para el chupinazo y recién terminó una marcha de 1500 personas de 30 paí­ses en contra de los encierros y a favor del trato ético de los animales organizada por una ONG de Estados Unidos. Igual, más allá de las tetas y los culos que se vieron, mañana empieza el show.

Fui a un San Fermín hace once años. Los imprevistos de los viajes hicieron que llegara tres minutos después del fin de la última corrida de toros.
Cuando pisé Pamplona ya había pasado todo. Daba la impresión que había pasado mucho más que un puñado de toros. Por lo menos una manada de elefantes irritados. Parecía el final de una rave larga. Estaba claro que entré al final de fiesta. Quedaban borrachos tirados en las calles, gringos que no dejaban de brindar con calimocho y pañuelos colorados atados al cuello. En esa época todaví­a no existía el premio al Guiri del Año ni el Encierrómetro donde uno puede medir su propio riesgo para la próxima corrida ni una tv online que siga el San Fermín. 

Pero supongo que algunas cosas no han cambiado. Recuerdo que cuando asomaba la cabeza en los bares podía distinguir rápido al que habí­a corrido. Tení­a una mirada distinta, una euforia desaforada. Entonces me metí en varios bares y jugué a ver quién había corrido y quién no. Quién medía su valentía por esta hazaña, y quién se sentía cobarde por no haber corrido delante del toro. Mi paso por Pamplona fue así­. Después de algunos días de lluvia habí­a salido el sol, que iluminaba la resaca con luz feroz. Eso fue lo que hice en Pamplona: turismo resaca.

Si bien Viajes Libres se ocupa del turismo en primera persona, no quiero dejar a los visitantes del sitio con el olor a vómito y a pis que queda después del último día de San Fermí­n. En el fondo, no quiero dejarlos sin una historia de toros en primera persona. Por eso, me contacté con periodista chileno Juan Pablo Meneses, que no sólo estuvo allá­ sino que corrió en San Fermí­n y lo cuenta este mes en su columna de la revista colombiana Soho. Una vez más, Viajes Libres se adelanta y acá entrega algunos párrafos. Pronto se podría leer la nota completa aquí­:

sanfermin3.jpg“Un bombazo anuncia que han soltado a los toros, que ya vienen hacia nosotros, entonces todos comenzamos a correr desesperadamente hacia adelante. A correr sin importar si pisamos a alguien en el camino. A salvarse quien pueda. Por momentos, esto parece una metáfora de la vida que nos quieren hacer vivir: sálvate sin importar cuántas cabezas aplastes en el camino.”

“El grito es ensordecedor. De los balcones lanzan papel picado y sobre tu cabeza cae una lluvia infinita de flashes. Las cámaras de Televisión Española despachan en directo, como todos los julio de cada año, las imágenes al mundo. Y sigues corriendo. Corres mirando hacia atrás. Corres como un ladrón de carteras del DF, como un roba collares de Bogotá, como un roba estereos de Buenos Aires. Corres de los toros. Que ya se sienten. Cada vez más cerca. Se escuchan, porque traen en el cuello unas campanitas que anuncian su presencia policial. Corres como nunca corriste en tu vida. Tus piernas corren más veloces que lo que les estás ordenando. Estás en San Fermí­n, los toros te pasan a pocos centímetros, el latido de tu corazón te parte la cabeza, y sientes miedo de verdad.”

“Cuando entras corriendo a la plaza de toros, te recibe un estadio lleno de gente vestida de blanco y pañuelos rojos que te aplaude a rabiar por lo que acabas de hacer. Miles de personas sentadas en las tribunas, que esperaron pacientemente la muerte de alguno de nosotros, y que ahora te lanzan vítores y disparan fotos.”

resacasanfer1.jpgLos Sanfermines son salvajes en muchos sentidos. Entre 1980 y 2005 se hicieron 207 encierros, y hubo 190 corneados con heridas, y más de 6000 atendidos. Igual, si llegás a tiempo a Pamplona y todaví­a tenés ganas de correr, no dejes de leer esto y esto también.

Volviendo a mi experiencia, Pamplona fue el primer acercamiento que tuve al turismo resaca de alcance internacional. Si conocés alguno, del alcance que fuera, ¡no dejes de comentarlo!