Mi ofrenda de muertos

Finalmente elegí la biblioteca, un lugar de respeto dentro de la casa. Ahí está mi ofrenda para mis abuelos, con sus flores frescas, la sal, sus caballitos de tequila auspiciados por Paquita La del Barrio, un Partagás y un Romeo y Julieta, incienso, velas, papel picado, collares y anillos, plantas, jabón y paño para asearse, un espejo y unas catrinas para que los acompañen en su viaje.  

Lala era fanática de los viajes, de los brownies y de los scons. Los que están en ese cuenco de barro  fueron hechos por mi madre con su receta. A propósito, son una delicia y bastante fáciles. La dejo aquí abajo por si alguien se anima:

Scons Lala: 300 g de harina y 100 g de manteca, deshacerlo bien. Hacer un hueco en la mesada y poner 1 huevo,4 cucharadas de azúcar y algo de leche o agua fría. ¡No amasar! Sólo unir, aplastar y marcar. Diez minutos de horno moderado.

¡Y qué vivan los muertos, pues!


Cómo armar un altar para el Día de Muertos (II)

Los usos y costumbres, el ingenio de los deudos y el amor por los muertos hacen que cada altar sea único. Pero la  tradición del Día de Muertos en México señala ciertos elementos que un altar debería incluir, y sus significados:

Agua. Después de tan largo viaje, desde la ultratumba, las ánimas necesitan reponerse y el agua es vital. Y es un elemento de purificación. Además, en otro recicpiente, se coloca agua al lado de un jabón, una toalla y un espejo para que se refresquen.

Sal. Un cuenco de cerámica o vidrio con sal, para que el cuerpo no se corrompa.

El cirio. La llama que celebra el paso a lo desconocido. Muchos colocan cuatro cirios en cruz, como los puntos cardinales, para que los muertos puedan orientarse en su viaje de vuelta al más allá. Las velas funcionan como luz guía.

Copal o incienso. Perfume que aleja a los malos espíritus. Se usa desde tiempos prehispánicos para purificar los ambientes y a las personas. Se coloca en el último nivel del altar.

Flores. Las flores blancas significan pureza y ternura. Pero las más usadas son las amarillas, llamadas cempaxóchitl, que significan riqueza, flor de oro. Antiguamente se usaban como medicamento para conservar la vida y alejar la muerte.

Calaveras. Simbolizan a la muerte, que siempre está presente. Se distribuyen en todo el altar.

Pan. Aunque las panaderías llegaron con los colonizadores, el pan es un elemento fundamental en el Día de Muertos. Ese día cuando los parientes y amigos llegan a la casa donde se armó el altar, se les convida pan. Para esta fiesta se prepara el pan de muertos, un pan dulce que se hornea con forma de cráneo espolvoreado con azúcar. También se prepara un pan redondo relleno de anís. Y roscas y panes con la forma del cuerpo humano conocidos como muertitos.

Calabaza. Con el maíz, el frijol y el chile, la calabaza es parte de la base de la comida mexicana. Se aprovecha el tallo, las flores, los frutos y las semillas. Para el Día de muertos, se suele preparar dulce de calabaza.

Comida. Se prepara una jarra de chocolate puro y luego los platillos típicos mexicanos: mole, tamales, elote, calaveritas de muerto. El día 2 de noviembre, los deudos se reúnen en la casa donde está el altar para compartir la comida.

Retrato. Se incluye una foto del difunto para recordarlo.

Papel picado. papel picado es una representación de la alegría festiva del día de muertos y del viento.

Arco. Un arco o un marco rodeado de flores en lo más alto del altar simboliza la entrada al mundo de los muertos.

Muchos altares están adornados con guirnaldas de papel crepe, de color morado y amarillo, un eslabón de cada color, alternandos. El morado representa la muerte y el amarillo la vida. A través de este adorno se ve la delgada línea existente entre la vida y la muerte.

(Gracias Juan Carlos Melgar, Israel Alatorre y Cecilia Irasema por los valiosos datos aportados para este post)


Cómo armar un altar para el Día de Muertos (I)

Este año no podré estar en México para la celebración del Día de Muertos, así que he decido armar un pequeño altar en mi casa, para que las ánimas que hagan el viaje a este mundo encuentren sus esencias y platos preferidos, y una casa fresca y limpia donde descansar.

Se cuenta que, cada año, en noviembre, el alma de los difuntos tiene permiso para regresar a al mundo de los vivos y disfrutar de los manjares que le ofrendaron.

Si bien no soy creyente, me atraen las tradiciones populares y, particularmente, la manera alegre en que recuerdan a los muertos en México, tan diferente al drama implantado en el Cono Sur.

He visto varios altares cuando estuve en Mixquic un 1° de noviembre, hace un par de años. Pero no recuerdo todos los elementos que había y me gustaría hacerlo lo más fiel posible.

Entonces, les pregunté a varios amigos y amigos de amigos, por teléfono y por email: ¿Qué debería incluir un altar de muertos?

 Mientras me llegan las respuestas y encuentro en mi departamento la esquina para representar esta tradición, va una poesía de Nezahualcoyotl, rey de Texcoco, que vivió entre 1402 y 1472.   

 ¿A dónde iremos?

¿A dónde iremos
donde la muerte no existe?
Mas, ¿por esto viviré llorando?
Que tu corazón se enderece:

Aquí nadie vivirá por siempre.
Aún los príncipes a morir vinieron,
Los bultos funerarios se queman.
Que tu corazón se enderece:
Aquí nadie vivirá para siempre.

 


¡Viva México!

Esta noche habrá Grito en México, a pesar del atentado que en esta misma fecha del año pasado causó ocho muertos y 106 heridos en Morelia por la explosión de granadas. En todos los estados y en casi todos los pueblos habrá Grito. Menos en Praxedis Guerrero, un municipio cercano a la convulsionada Ciudad Juárez que unas horas atrás desistió de la máxima celebración del país. No está de ánimo. El ataque de sicarios del sábado último, al parecer un ajuste de cuentas entre los cárteles de Juárez y Sinaloa, terminó con la muerte de cinco personas. Cinco más para cuenta que en lo que va del año ya pasó los seis mil. Según un estudio reciente, el Estado de Chihuahua, en el norte del país, es el cuarto lugar más peligroso del mundo.

Habrá Grito, tequila, parranda. También, un tremendo despliegue policial y militar. Y habrá muchos mexicanos que esta noche se quedarán en la casa, muertos de miedo.


Muy pronto, más capítulos mexicanos

 


Hasta el último trago… corazón!

velacha

Ya se puede ver en los cines del Distrito Federal un documental sobre Chavela Vargas, la dueña de la voz desgarrada que es leyenda en México y en Latinoamérica, y que hace unos meses cumplió 90 años.

El documental Hasta el último trago… corazón! lleva el nombre de una canción del compositor José Alfredo Jiménez y está dirigido por Beto Gómez. Se terminó en 2006 y si bien se ha proyectado en varios festivales de cine del mundo se estrenó comercialmente en México este mes.

Chavela Vargas, Eugenia León y Lila Downs actúan y son entrevistadas en el film donde también aparecen la cabaretera Astrid Hadad, la Negra Graciana, Chayito Valdez e Iraida Noriega, todas referentes de la canción tradicional mexicana.

Escribió Chavela: «Cuando me preguntaron por mi vida, amores e historias, siempre respondí con otra pregunta: Díganme la dirección porque tuve vida, amores e historias por país, por lugar, por calle«.


Viajeras ilegales de largo aliento

globoDesde 2006 hasta la fecha se incautaron en México 78,4 toneladas de cocaína.

Según una creativa comparación de la Procuraduría General de la República (PGR), si se colocara en una línea de un milímetro de grosor toda la cocaína daría nueve vueltas al mundo.

La marihuana no se queda atrás y las comparaciones tampoco. Las cifras de la PGR informan que se decomisaron en el mismo período 4390 toneladas. Si se pusiera toda la marihuana en un tren se podrían llenar 198 furgones y se convertiría así en un convoy de casi cuatro kilómetros de largo.

Me pregunto quién hará estas comparaciones andariegas para la PGR. Y me respondo. Es un fanático de Travel Channel o es alguien que se quiere pegar un viaje o fue mochilero o ¡lee Viajes Libres!


Guanajuato: de paseo por la muerte

Después de ver la portada de uno de los últimos números de la revista Proceso, donde aparece una pila de cadáveres decapitados por la guerra narca en Michoacán, paso por delante de las famosas momias de Guanajuato sin escalofríos.

La romántica ciudad de Guanajuato, sede del Festival Internacional Cervantino y de muchas historias de amor que tarde o temprano atraviesan el estrecho Callejón del Beso, tiene una extraña relación con la muerte.

México entero tiene una relación particular con la muerte. La celebra, se la come en pan y le rinde pleitesía a la Santa Muerte. Pero en Guanajuato, además, la exhiben como un trofeo.

En el Museo de las Momias hasta se siente olor a muerte. Los turistas acatan la propuesta con diferentes comportamientos. Los extranjeros, en general, recorren el museo con cara de espanto, paso rápidos y actitud nauseosa. Los mexicanos, que son los visitantes más numerosos, intentan tocar las momias a través de los cristales, ponen a sus hijos pequeños delante y les sacan una foto, hacen bromas y avanzan tan despacio que suele acercarse un guardia para invitarlos a seguir el recorrido.

La historia de las momias viene de lejos. En 1865 se exhumaron del nicho 214 del Panteón de Santa Paula los restos del médico francés Remigio Leroy. Para asombro de los presentes, su cuerpo estaba momificado.

Nadie lo había vendado ni embalsamado, la momificación en Guanajuato es natural y misteriosa. Hay varias teorías al respecto, al parecer sería por la falta de humedad y el exceso de calor en las criptas, que evita que larvas e insectos ataquen el cuerpo. Así los tejidos se deshidratan. Esto sin entrar en el terreno de las leyendas.  

¿Por qué lo exhumaron? Porque en el cementerio de Guanajuato hay problemas de espacio y quien no pague el impuesto al «derecho de perpetuidad» será exhumado para dejar lugar a los nuevos muertos.

Las momias estuvieron en el cine. Las Momias de Guanajuato (1972) fue una de sus películas más famosas de El Santo, que debe luchar contra los muertos vivos. Hasta Wener Herzog las utilizó para comenzar su film Nosferatu, el vampiro de la noche (1979).

Hay varios hits en este museo, pero podría decir que La Chinala enterrada viva, El feto de 19 cm, el ahogado y el apuñalado son las más vistas. Pero ni todas las momias juntas, con sus bocas abiertas, dientes sueltos y expresiones de angustia se acercan al horror que produce ver en un kiosco del DF una portada de Proceso o de La Prensa, con cabezas sueltas, susangrientas y abandonadas en un descampado.

A partir de Leroy, todos los cadáveres en buen estado de conservación se exhibieron. Primero, secretamente, después en un museo precario donde las momias estaban al alcance de la mano, y desde 2007 en el museo actual, que es todo un éxito y por la cantidad de turistas presumo que será la atracción que más dinero recauda de toda la ciudad.

Quizás por eso, casi 40 momias andan de gira nada menos que en ¡Estados Unidos! En vida, esos hombres y mujeres nunca salieron de Guanajuato, muchos apenas conseguían mantener a sus familias. Como momias no sólo salen de paseo, sino que regresarán millonarios. Será una gira de tres años, mucho más larga que una de los Rolling Stones.


Llamadas de Amsterdam

«Una noche cedió al azar y la facilidad de las correspondencias. Nuria vivía en la calle de Amsterdam, el óvalo que recorría la colonia Condesa siguiendo el trazo del antiguo hipódromo. Encontró un teléfono público, justo frente al edificio de ella. Vio los matorrales bajos del camellón, donde los caballos decidieron la fortuna, y sacó el papel con el número de teléfono. La hoja había adquirido una consistencia extraña, rugosa, de tanto estar guardada. Marcó y casi fue un alivio saber que Nuria había salido. Escuchó su voz en la contestadora, el tono fresco y optimista con que la conoció. No dejó mensaje. Fumó un cigarrillo viendo el edificio de los años treinta donde ella vivía, el vestíbulo renovado con alto presupuesto (pequeños reflectores de halógeno bañaban una escultura tubular, más un pájaro que un proyectil).

Trató de recordar otra calle circular. Tal vez en el Pedragal o en Ciudad Satélite hubiera circuitos que volvían sobre sí mismos, pero sólo ése evocaba a los apostadores que triunfaron o se arruinaron en las carreras de caballos. Volvió a marcar, un poco para concederse un derby personal, la posibilidad de que ella sí estuviera en casa y decidiera tomar el auricular, otro poco para oír la voz entusiasta de quien regala sus palabras.

No había terminado de oír el mensaje cuando la vio llegar al edificio. Llevaba un ramo de flores moradas, los iris que le gustaban tanto».

Llamadas de Amsterdam, Juan Villoro, Almadía.


Me late la Roma (y el 24)

Si viviera una temporada en el DF me quedaría en la Colonia Roma.

En una casa antigua, cerca del Parque Río de Janeiro o del otro, del Cabrera, que también tiene vegetación tropical y una fuente que a veces estás encendida y otras no, y nadie sabe bien cuándo si o no, ni por qué.

Si viviera una temporada en la Roma, tomaría por las mañanas un café cargado especial (con leche clavel, canela y miel de maple) en el clásico Gabi.s, que no está en la Roma sino en la Juárez, pero es cerca.

Si viviera una temporada en la Roma llevaría a mis sobrinos mexicanos Mateo y Nahuel a correr a la plaza, sacaría fotos de los pasajes y vecindades guardadas, jugaría pool con Martín H., volvería a tomar café en Bistró 61, pasearía con Thomas cuando viniera de visita, comería pulpo con D. Jayo y Laura Santos en el Covadonga un jueves por la noche y, cualquier día, tostadas de jaiba y camarón con Alberto Nájar en Peces, «el único restaurante de que no es de Carlos Slim«. Los viernes a la noche seguro que saldría a bailar salsa con Marcela Turati al Salón San Luis: orquesta en vivo y buenos bailarines.

Si viviera una temporada en el DF me quedaría en la Roma y rogaría que la ciudad no volviera a temblar. En el terremoto 1985, la Colonia Roma se devastó. Pero la gente que vive allí es tan fanática que ni aún con una sacudida memorable se cambia de barrio.

«Pues no, me quedé aquí, ya no me voy de la Roma», me dijo María Esther, una señora que pasó el terremoto y quedó cubierta de polvo pero viva y no podría vivir en otro lugar. Marcela T. es periodista y desde que se mudó a la Roma entendió a los fans de los barrios. «Es la primera vez que me enamoro de un barrio. Podría mudarme de casa, pero no de la Roma«, me comentó el otro día en Bistro 61, uno de sus cafés preferidos.

«Sí, definitivamente viviría en la Roma y no en la Condesa. Me late este barrio viejo», eso le comenté a mi amiga E. mientras tomábamos una michelada en el Travazares, un restaurante con librería que reabrió hace unos días después de cuatro meses cerrado. E. es argentina pero reside en DF hace varios años, y me respondió: «Viví donde quieras, pero ya que hablamos de latir, decíme qué números te laten«. Le pregunté de qué hablaba.

Entonces, mi amiga me dio cátedra sobre el Melate, un sorteo que según ella juegan todos. «Juega el gerente, el chofer de pesero, los periodistas, los vendedores, los camareros, todos. Es una esperanza, 20 pesos más o menos en la billetera no te joden y después de todo es una cuestión de suerte«. Me explicó sobre lo conveniente que es jugar con revancha y dijo que los pozos son tremendos, cuando quedan vacantes un par de semanas suben a veinte o treinta ¡millones de dólares! 

Hasta ahora mi amiga E. nunca ganó el pozo, sólo unos pesitos cada tanto. Pero tiene fe en los números que le voy a decir. «Sólo te pido que no los pienses, decíme los primeros que se te vengan a la mente», aclaró. Entonces, mientras pienso que me late la Roma, le canto mis números, que son menores a 56 e incluyen un 24.




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