Tips infalibles para pasear con niños

María Eugenia Ludueña es periodista, madre, viajera, y en este libro -que se suma a las Guías del Club de la Upa- comparte sus experiencias en el camino y da información práctica y útil.

Cuando estaba embarazada se preguntó si con el bebé viajaría tanto como cuando eran solo ella y el marido. La respuesta la encontró en Machu Picchu con una panza de cinco meses.

Desde que Ian se sumó a los viajes hubo cambios -más planificación, confort, tiempos- pero no dejaron de moverse. Fueron a la Puna y al Sur; a Brasil en auto, las cataratas, las playas uruguayas y más.

La planificación -hacer el viaje a medida de la familia y de las demandas de cada edad-,  los preparativos, consejos de seguridad -electricidad, balcones y ventanas, cuidados a orillas del mar-, traslados en el destino, qué hacer ante una demora o imprevisto, cómo vestirse para viajar, los mejores juguetes para llevar en el viaje, cómo preparar una valija inteligente y 5 tips para hacer el bolso de mano, el libro es una herramienta útil y también incluye columnas con experiencias, consejos y anécdotas de viaje. Imperdible.

Ya está en las librerías y cuesta $65.


Insólita y lejana Socotra

A veces la agenda de los próximos viajes se arma en el camino, con anécdotas de otros viajeros. Unos meses atrás, cuando recorrí el desierto florido de Chile con un grupo de botánicos estadounidenses, supe que existe Socotra.

Ese día había arrancado temprano, los naturalistas son de madrugar. Durante un rato largo avanzamos por llanuras, valles transversales y arenales que cruzan la Panamericana. En la camioneta circulaban libros con inventarios de las plantas que después veríamos en el campo.

Dylan H. iba sentado a mi lado. Trabaja en Huntington Botanical Gardens. Se ocupa de las colecciones de plantas tropicales. Charlábamos, me contaba sobre su trabajo, yo le preguntaba. Ni bien pudo coló un nombre: Socotra. Vos que viajás, no te olvides de ese nombre, me dijo. Tendrías que ir a ese lugar, insistió.

Después me contó que es un archipiélago yemení en el Océano Índico, frente al cuerno de África donde hay 700 especies únicas en la tierra. Sólo Hawaii y Galápagos la superan. No dijo mucho más porque la camioneta se detuvo y bajamos a ver flores. No estábamos en Socotra sino en el desierto más árido del mundo que una vez al año florece.

Recordé el nombre y de vuelta en casa googlee Socotra y encontré estas imágenes surrealistas que me recordaron al Mundo perdido de Connan Doyle, con árboles obesos y paisajes de ciencia ficción.

Este árbol se llama drago o sangre del dragón. Si se hace un tajo en la corteza brota savia roja. Durante el Renacimiento se utilizó como pintura; llegaba a Europa a través del comercio de la Ruta del Incienso. También hay baobabs altos y macizos con copas mínimas, árboles de incienso y mirra. La foto de los dragos se publicó en esta nota del NYT. Más fotos de Socotra, acá.

La ubicación de Socotra es estratégica. Cuando Yemen estuvo dividida, Socotra perteneció al estado marxista de Yemen del Sur y hubo una base naval rusa. Ahora leo que Estados Unidos intensifica su presencia en la región con base en la isla.  De Patrimonio de la Humanidad y sitio de unicidad botánica a futuro de miedo.

No sé si algún día iré, pero sé que me gustaría conocer Socotra. Y que si voy me acordaré de Dylan, de que comía galletitas de animalitos y de su extensa familia. De plantas.


Tayrona: una frontera salvaje

La caminata de una hora que lleva desde la carretera hasta la entrada del Parque Nacional Tayrona, en el norte de Colombia, se puede leer como una frontera hacia lo salvaje.

A partir de ahí, por más que en algunas zonas haya señal de celular y turistas, se suma a los códigos del hombre el lenguaje de la naturaleza.

En cada paso, uno se aleja de lo conocido y se interna en la selva. Le dicen selva pero es bosque.

Tayrona tiene varios ecosistemas bien diversos: desde el matorral espinoso, que incluye cactus y vegetación que pincha, hasta el bosque nublado, en la parte más alta –a unos 900 metros sobre el nivel del mar– donde hay orquídeas, bromelias y ambiente de casa embrujada.

Esa primera caminata es por un bosque tropical, con árboles de más de veinte metros de altura, que esconden el cielo y abren la penumbra. Hay tucanes y paujiles, un ave en peligro de extinción; jaguares y tigrillos; osos hormigueros y zorros-perros, un extraño mamífero que habita en el parque.

Hay movimientos en las copas de los árboles y en las ramas bajas. Hay vida en lo que está quieto. Pero poco y nada es reconocible al principio. Apenas algunos sonidos. Es necesario hacer silencio y escuchar, sacudirse la prisa y darse de alta en la dimensión natural. Parece una obviedad, pero no lo es para los que vivimos en grandes ciudades.

Esa primera caminata, una frontera. Los que usan Havaianas por acá seguramente no saben que en el parque hay 31 especies de reptiles, entre ellas la mapaná, una serpiente venenosa que puede llegar a medir ¡2 metros!

Caminando por los senderos húmedos, con aroma silvestre y alimonado, rodeada de sonidos desconocidos y animales agazapados, más de una vez mojada por la lluvia tropical, me acordé de Lost. Así de espeso es este bosque. Otros viajeros que me crucé imaginaron Avatar. Y también es fácil pensar en las FARC, en la vida que todavía llevan captores y rehenes en una selva no muy diferente de esta.


Formas de volver a casa

“Caminé anoche durante horas. Era como si quisiera perderme por alguna calle nueva. Perderme absoluta y alegremente. Por momentos, no sabemos perdernos. Aunque tomemos siempre las direcciones equivocadas. Aunque perdamos todos los puntos de referencia. Aunque se haga tarde y sintamos el peso del amanecer mientras avanzamos. Hay temporadas en que por más que lo intentemos descubrimos que no sabemos, que no podemos perdernos. Y tal vez añoramos el tiempo en que podíamos perdernos. El tiempo en que todas las calles eran nuevas”.

Formas de volver a casa, Alejandro Zambra.


Por Warschauer Strasse

Berlín tiene alrededor de 1650 puentes. Sí, más que Venecia. El Oberbaumbrücke cruza al distrito de Friedrichschain. De estilo gótico, con ladrillos y dos torres, se construyó a fines de 1800, y durante los años de muro funcionó como paso fronterizo entre dos distritos que estaban separados: Kreuzberg, en el Oeste, y Friedrichshain, en el Este. El puente presenta el nivel de los autos y, un poco más elevada, la línea de U-Bahn corta el ladrillo con el amarillo intenso de sus trenes.
Del otro lado, East Side Gallery es una galería a cielo abierto de casi un kilómetro y medio de Muro de Berlín pintado después de 1989 por 118 artistas de 21 países. En 2009, cuando se cumplieron los 20° años de la caída del muro se restauraron las obras dañadas por el tiempo.

En sus comienzos fue un barrio obrero, pero hoy Friedrischshain es otro sitio trendy de Berlín. Con cafés, restaurantes, tiendas de diseño, bares, clubes, peluquerías cool y galerías de arte. Siempre hay vernissages que llegan a la calle porque los locales son pequeños. Se puede entrar sin pedir permiso ni tener invitación. En la Boxhagener Platz, los domingos funciona un mercado de pulgas y de comida. En los alrededores, negocios de ropa vintage. El día que caminé por el barrio entré en Kankangou: en las ventanas había carteles que promocionaban todo, desde un jeans hasta una campera de plumas, a dos euros (¡6 pesos!). Me mostré sorprendida y un artista berlinés que revolvía un cajón de telas africanas, me contó que era común: “Lo hacen cada tanto, para que podamos sobrevivir al capitalismo alemán”.

En este barrio bohemio está el departamento donde vivía la señora de la película Good Bye Lenin!, esa madre a la que nadie se animaba a contarle que mientras ella estuvo en coma las cosas habían cambiado bastante en Berlín. En la zona, Kaufbar es un bar pequeño, acogedor, con música suave, tortas y tés para la tarde, y cervezas y tartas para la noche, y un detalle: todo lo que está en el lugar, desde los cuadros hasta los sillones y la vajilla, se vende. Y se compra. Por eso, el bar cambia todo el tiempo. Como Berlín.

Por Warschauer Strasse se llega a Frankfurter Tor, dos torres gemelas a manera de puerta presentan la Karl Marx Allee, el monumental boulevard stalinista por donde durante años desfilaron las marchas del Día del Trabajador. El conjunto de arquitectura socialista se construyó en los años 50, en tiempos de la RDA. Hasta 1961, la avenida se llamó Stalinallee, y luego, Karl Marx. En el número 33, el Kino International, inaugurado en 1963, vale una parada para ver la arquitectura exterior y el foyer. En frente, en el Café Moskau, fiestas para bailar. En la entrada, un gran mural de mosaicos muestra la vida cotidiana en un pueblo de la ex URSS. Al final de la avenida, otra símbolo: la torre de Alexander Platz.


El pareo, útil como la Victorinox

A simple vista, un pareo es un pedazo de tela suave y rectangular, de aproximadamente 1,80 m x 1 metro. Muchos le dan únicamente el uso para el que fue creado: envolver la cintura y usarlo como falda o vestido.

Pero a veces, en viaje, es necesario resolver situaciones inesperadas y el pareo -en su rubro- es versátil y tan útil como la Victorinox. ¡Y se puede llevar en el bolso de mano si viajás en avión!

El otro día con unos amigos nos imaginamos algunos usos posibles. Como la mayoría son usos de emergencia, el pareo produce además una sensación de bienestar por haber aguzado el ingenio. La lista, creo, es interminable. Apenas un comienzo:

* turbante
* chal
* lona
* biombo portátil
* mantel
* servilleta
* sábana
* capa
* soga
* trapo (seco y húmedo)
* para jugar al gallito ciego
* para jugar al fantasma
* para jugar al torero
* mosquitero
* kepina para el bebé
* pañuelo para el dolor de garganta
* pañuelo de nariz
* pañuelo para lágrimas
* corpiño de bikini
* bufanda
* para atar el cabello
* cobertor para almohadas/asientos sucios
* telón


Tres diarios

Hace algunos años que tengo el libro en la biblioteca. Pero lo descubrí este fin de semana, gracias a un colega de Chile que me animó a leerlo.

Conozco a Pancho Mouat por el Empampado Riquelme, la historia increíble historia de un hombre que se perdió en el desierto de Atacama, se empampó y durante más de 40 años no se supo de él.

También supe que hace poco, Mouat lanzó su nuevo sello independiente, Lolita Editores, que este mes presenta varias novedades entre ellas la reedición de Equipaje de mano, de Juan Pablo Meneses.

En Tres viajes el autor rescata tres diarios de viaje escritos por tres personas amigas que en diferentes momentos de su vida llevaron una agenda de vida.

El primero es el diario de José Luis López Zubero, un oftalmólogo español que en 1967 fue voluntario en Vietnam y durante los dos meses que estuvo allí hizo curaciones, operó, nadó, escuchó bombas, vio lo mejor y lo peor del ser humano, caminó entre amaneceres brumosos, fue a fiestas Hibye (de bienvenida y despedida, constantes en la guerra) lloró y escribió.

Sábado 17 de junio
Me voy caminando un kilómetro a desayunar, en la bruma del amanecer. Paso a través del mercado con sus bicicletas y escucho la propaganda de los altavoces. El teniente chulín, que se cree alguien siempre con su rifle, me lleva después al hospital. Hago dos cataratas y una reconstrucción de párpado. Veo a una niña de 13 años que parece de 5. Después vamos a comer y a nadar dos horas. Los pilotos de los helicópteros comentan sus muertes y la suciedad del país, todos con bronceadores, gualetas y colchonetas de agua. Hay unos “esclavos” arreglando una lavandería para las monjas. Volvemos. Leo Qué verde era mi valle. Lloro. Pienso en mi madre y en el pasado. Aquí  en Vietnam veo todo más objetivamente. Sin teléfono, sin televisión. Sólo las bombas de lejos me recuerdan que la muerte está cerca. Veo Lord Jim de nuevo: “Lo que importa no es lo que haces, sino por qué lo haces”.

El segundo diario lo firma Fernando Plazuelos y fue escrito en 1987, con veintipocos años, cuando se aventuró a los mares del sur soñando con hacerse millonario durante la fiebre del loco. En vez de eso, aprendió a hacer pan, comió erizos hasta cansarse, naufragó frente a la costa y escribió un diario de viaje que después guardó en una caja de zapatos durante casi veinte años.

Lunes 11 de mayo
Llovió durante casi todo el día. Las discusiones van in crescendo y es natural, dada la gran espera y lo cerca que estamos del levantamiento de la veda. En esta ocasión la descarga de energía acumulada apunto al Chico Rigo, por su apozamiento individual en los roqueríos adyacentes a nuestro campamento. Creo que ha sido el día en que he comido más erizos en toda mi vida. Comencé en la mañana y aún acostándome tuve que regalar un plato lleno, porque no podía más.

Con Teodoro Perico fuimos a buscar luma a un bosque distante y muy hermoso.

El último diario es una breve agenda de Dolores Ezcurra, una mujer enferma de cáncer que debe criar sola a sus dos hijos y sabe que va a morir.

Sábado 25 de febrero
Dolores en la espalda y en el pecho. Flemas. Respiración. Dilatación de tragada. Puntadas.

Además de la selección y edición de los diarios, Mouat hace pequeñas entrevistas con los autores de los diarios. Y en el caso de Dolores, transcribe viejas cartas que ella le escribió durante años de amistad. Un libro donde el autor más que escribir, selecciona, edita, transcribe, muestra, comparte. Un libro y un acto de generosidad.


Coquimbo y La Serena

Si Valparaíso y Viña del Mar tuvieran hermanos mellizos, ésos podrían ser Coquimbo y La Serena. Estas dos ciudades chilenas quedan unos 300 kilómetros más al Norte, después de cruzar desiertos largos, donde el mar y la cordillera siempre están cerca.

A pesar de la distancia que las separa, se parecen bastante. Coquimbo, como Valpo, es un gran puerto, con las casas trepadas a los cerros y tan pegadas que hace tiempo que la gente dejó de contar secretos o los sabrían todos. Se habla idioma de puerto, se venden mariscos recién sacados del Pacífico y se practica el turismo cultural en el renovado Barrio Inglés.

La Serena está a doce kilómetros de Coquimbo, pero el tiempo las ha unido, como a Valpo y a Viña, y hoy existe una costanera amplia entre las dos, ideal para correr o andar en bici.

La Serena, como Viña, es más elegante y no le gusta el olor a pescado. Nada de choritos con limón en la caleta de pescadores, enLa Serena si se come pescado es un buen restaurante y preparado por un chef. En la ciudad hay amplias residencias de veraneo, jardines bien cuidados y una recova colonial.

La Serenase posicionó como ciudad–balneario, con muy buena infraestructura turística, restaurantes y una extensa y amplia costanera con palmeras que termina en un faro de 1953 desde donde se ven las playas con sus prolijos paradores y también cómo crece la ciudad. En primera línea, frente al mar, las grúas trabajan en nuevos edificios altos y aterrazados a pesar de la temporada alta. Cada vez más santiaguinos invierten en un departamento de veraneo enLa Serena, donde según muchos el agua es más cálida que en Viña del Mar. Aunque después de haberme bañado, no puedo dar fe. Como buen destino de verano tiene agenda de actividades que incluyen desde un Abierto Internacional de Golf hasta un Festival del Bolero y una Feria del Libro.

Coquimbo y La Serena son distintas, como Valparaíso y Viña. Sin embargo, se parecen. Además del mar y la cordillera, el pisco sour, bien helado y con mucho limón, las acerca.


Santiago trendy: Lastarria

Durante los días que estuve en Santiago de Chile para escribir la nota que sale este mes en la revista Lugares me llamaron la atención la agenda cultural, las tiendas de diseño, un cierto impulso creativo y los nuevos museos y centros culturales. El Centro Cultural Gabriela Mistral, conocido como GAM, en Lastarria, es el más impactante.

Inaugurado el año pasado, el GAM –mole reciclada, de acero y vidrio– se construyó durante el gobierno de Salvador Allende con el nombre de la poetisa. Durante la dictadura se cambiaron el nombre y el destino: se llamó Edificio Diego Portales y fue un espacio donde la Junta de Gobierno tomaba decisiones. En el año 2006 se incendió y durante el gobierno de Bachelet comenzó la recuperación que terminó hace menos de un año. Además de muestras, talleres, cursos, wifi gratis, un patio amplio, un bar y la librería Lea +, con material sobre Chile, en el GAM hay diez salas de conciertos danza, música, artes visuales y teatro, donde suelen darse obras destacadas, con elenco de primera línea.

Atrás del GAM se despliega Lastarria a pleno, un barrio que enseguida se junta con Bellas Artes, toda la zona que rodea al museo. Cafecitos (es el sector con más cafeterías de Santiago), restaurantes recomendados,  tiendas de diseñadores, feria de antigüedades y libros usados en la calle Lastarria, El Emporio de la Rosa, una heladería donde para muchos se encuentran las mejores cremas de Santiago, el excelente MAVI (Museo de Artes Visuales), tiendas de ropa vintage, teatros, galerías de arte y dos espacios verdes: el Parque Forestal, algo así como el Central Park chileno, y el Cerro Santa Lucía, con un mirador en la cima. Es una zona que recuerda en espíritu a las primeras épocas de Palermo. Y algo que no es fácil de encontrar en Santiago: es una zona peatonal.

Lastarria, que debe su nombre al escritor y pensador José Victorino Lastarria, fue un barrio acomodado a principios de siglo pasado, donde vivió Pedro A. Cerda, presidente entre 1938 y 1941, el arquitecto Nemesio Antúnez y el pintor Camilo Mori. Todavía quedan casonas de estilo, proyectadas por reconocidos arquitectos. Algunas se convirtieron en tiendas, otras en hoteles y otras tienen destino reservado. A propósito de hoteles, hace un mes se inauguró el Lastarria Boutique Hotel y el año próximo llega The Singular, uno que ya da que hablar. Y un hostel premiado: Andes Hostel.
Lastarria es un barrio de novedades y nostalgia. Una muestra: el Biógrafo, un cine arte inaugurado en los 80 donde la programación tiene una condición: que sea cine independiente. Por la noche, buena música, comida y tragos en el Ópera Catedral.


Habitaciones temporarias

The Travel Almanac es una revista. La encontré en una librería de Berlín. Se le ocurrió al productor John Roberts y a su amigo Pawel después de browsear publicaciones de viajes durante una larga espera en Heathrow. No encontraron nada nuevo y decidieron hacerlo.

Una revista que explorara el viaje y la habitación -en el sentido de habitar- temporaria según la mirada de músicos y artistas. Así surgió, como un intento de cubrir (algo de) ese vacío. Este número (Spring-Summer 2011) salió hace un par de meses, es el primero y desde que nació la idea hasta que estuvo en las librerías pasaron más de dos años.

Está dividida en tres secciones. Guests, en la que los autores conversan con sus artistas favoritos sobre cómo el viaje afecta sus vidas; Amenities & Incidentals, donde muestran hoteles únicos que suponen un experiencia, lugares no sólo para dormir, sino para estar, y Souvenirs, una selección de pequeños mementos y algunos consejos de viaje.

De este número me gustaron varios temas. En este post rescato algunos fragmentos de la entrevista a David Lynch, el director que viaja dentro del territorio de sus películas, y afuera también.

- ¿Qué lugares has visitado y han tenido un impacto duradero en ti, y cómo fueron esas experiencias?
- Lodz, Polonia, en invierno es un lugar que me hizo empezar a soñar instantáneamente. Las ideas surgieron de la luz y las nubes bajas y de las nubes bajas, gris oscuro, y de las fábricas en ruinas y de la arquitectura única de la ciudad.

- ¿Cuáles son tus hoteles favoritos o lugares para quedarte cuando viajas?
- Realmente me encantaba el Lancaster Hotel, en París. Ya no me quedo ahí porque no dan más la tarifa de “artista”. Era un hotel pequeño, pero acogedor y yo me sentía como en casa.

- ¿Cómo el viaje afecta tu trabajo y el proceso creativo? ¿Qué lugares te parecen más apropiados para trabajar y por qué?
Para mí, el lugar más apropiado para trabajar es casa. Pero muchas veces, nuevos lugares conjuran ideas, por eso, es bueno salir de tanto en tanto.

- ¿Tienes algún hábito o ritual cuando viajas que te hace sentir más cómodo cuando estás afuera de casa?
- Fumar. Pero dejé de fumar, entonces nó sé qué pasará la próxima vez que vaya a París.

-¿Cómo tu experiencia con la meditación afecta los demás aspectos de tu vida?
La meditación trascendental es como si te dieran una llave a un tesoro, y trascender es experimentar ese tesoro. Dicen que lo trascendente, es una experiencia holística, entonces todas las avenidas de la vida comienzan a mejorar cuando empiezas esta práctica. Lo trascendente es todo positivo -un gran océano sin límites de felicidad infinita, creatividad, inteligencia, energía, amor, paz.

The Travel Almanac es una revista, pero tiene espíritu de permanencia. Como los libros.




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