El barman ferpecto

Desde ayer existe Mr. Asahi, el primer barman-robot del mundo, que debutó en un bar de Selfridges, en Londres.

Fue diseñado por un equipo de 200 personas que trabajan para la marca de cerveza japonesa Asahi, costó cien mil libras y es capaz de atender a un cliente en menos de dos minutos gracias a un mecanismo que controla todo.

Una vez que el robot estuvo listo, se demoraron seis meses en tunearlo para convertirlo en Mr. Asahi, el barman que mide como un humano y sirve pintas y medias pintas sin decir una palabra.

Y ahora ¿a quién le contaremos las penas de amor?


Al rescate de Latinoamérica bizarra

Con el libro Buenos Aires bizarro, que acaba de lanzar Aguilar y que escribió el periodista y escritor Daniel Riera, ya son cuatro las ciudades revisadas bajo una mirada distinta, rara, fuera de lo común, bizarra.

En el prólogo de su libro, Riera escribe: “Lo que más me preocupaba al comienzo de esta investigación -luego, cuando me dejé llevar por los lugares, las historias y los personajes, dejó de preocuparme- era establecer de qué hablaba cuando hablaba de “bizarro”. Las connotaciones actuales de la palabra tienen bastante poco que ver con la definición de la Real Academia Española, según la cual “bizarro” quiere decir “valiente” en la primera acepción y “generoso, lúcido, espléndido” en la segunda. Solemos castellanizar el término bizarro, cuyo uso en inglés remite a “rarísimo/a, extraño/a, estrambótico/a”. En este libro, lo bizarro es lo que está fuera de la norma. Lo que carga las tintas en relación con una medianía estándar.”

La guía tiene 270 páginas y está divida en varias secciones, que básicamente rescatan lugares, desde museos (el de Quique, dedicado a un barrabrava) y estatuas (la de Caperucita Roja, en Los Bosques de Palermo; la del Dedo Gordo, en el Paseo de la Recova, o la de Mostaza Merlo ¡con foto!) hasta apuntes criminales que siguen la ruta del Petiso Orejudo. En el capítulo Nocturno y sexy hay una historia de una gorda stripper que actúa con un enano stripper, otra sobre El Club de los Osos de Buenos Aires, que reúne a gays barbudos y peludos y morrudos y más. En Comer y Beber, hay un restaurante donde se come todo crudo, están los panqueques de Carlitos, cada uno con nombre y apellido, un restaurante para comer a ciegas y Angelín, el inventor de la pizza canchera. Lugares, experiencias y muchísimos datos porque todo, hasta lo más bizarro trae dirección, teléfono y página Web. Riera pone foco en lo bizarro y lo redescubre, para el habitante de la ciudad y para el turista. Las buenas fotos de Diego Sandstede ayudan a la imaginación.

La primera guía de turismo bizarro en América Latina apareció allá por 2003, también por Aguilar, y fue Santiago Bizarro, del periodista chileno Sergio Paz, que escribe con frecuencia en la Revista del Domingo, del diario El Mercurio. Cuentan los que lo conocen que se andaba por los pasillos del diario con una guía de teléfonos, siempre a la pesca de actividades o paseos bizarros. Dice Alberto Fuguet, quien escribió el prólogo: Uno veía a Paz y la pregunta lógica era: ¿Cómo va “Bizarro”?, a lo que él respondía “Puta, muy bizarro”.

Sergio Paz se inspiró en L. A. Bizarro, una guía de Anthony Lovett y Matt Maranian, que reunía sitios bizarros de Los Angeles. En la suya, Paz propone un recorrido diferente por la capital chilena, que incluye comer charqui de cóndor y dar una vuelta por bares, como El Quitapenas o Los Canallas, que nunca saldrían en una guía.

Cuenta, además, sobre mitos urbanos. Bizarros, claro. Como ese que reza que en el cerro Manquehue vive un viejo que es el único que sabría el secreto para llegar a una mina de plata. Pero en realidad, lo que verdaderamente conocería el viejo es un túnel que atraviesa la ciudad de punta a punta en apenas unos segundos.

Lima también tiene su antiguía de datos freaks del centro de la capital recopilados por el escritor y periodista Rafo León. En su recorrido entran huariques, calles viejas, edificios olvidados y decadentes -como la quinta Heeren o el Hotel Crillón- y noches de discotecas strip tease en la barra. El tipo busca otra orden de las cosas en la misma Lima de siempre.

Dijo Rafo León en una entrevista en el diario La República: “La cosa más interesante de este proyecto que lejos de caer en el cliché muerto del pasado virreinal lo que pretende es rescatar la mirada de lo que está incesantemente moviéndose en esta ciudad. Hay que aprender a zambullirse en ella.”

Y claro, además de lugares, en Lima y en todas las ciudades latinoamericanas hay personajes bizarros, freaks que las pueblan y les dan vida. El cronista Juan Manuel Robles retrata en Lima Freak, editado el año pasado por Planeta, ocho historias reales de freaks. Los personajes son por ejemplo, Genaro Delgado Parker, el magnate de la televisión peruana; Frieda Holler, una ex reina de belleza que enseña buenos modales; Rafael Osterling, un chef peruano con pinta de estrella de rock, y Laura Bozzo, animadora de los reality shows en América Latina que pasó su arresto domiciliario en un estudio de televisión. A través de sus perfiles y de otros excéntricos a tiempo completo, como él los llama, Robles cuenta otra Lima.

Bogotá, una ciudad de siete millones de habitantes, un museo del oro y un cerro visitado por miles de turistas, también tiene su lado B, una guía bizarra para perderse entre enanos mariachis -pequeño pero infalible, el enano le regala contenido a toda guía freak- falsas bandas de rock, como Los Rimembers, que sólo saben cantar bajo la ducha, piercings extremos, purgas colectivas y lugares donde rumbear con Elvis y Superman.
Andrés Sanín, Sebastián Chalela y Juan David Sánchez la repasaron de la A a la Z por los caminos no tomados, a ver con qué se encontraban.

Estas guías están hechas por héroes urbanos que caminan y preguntan y se meten mundos subterráneos o en la superficie pero desconocidos, y anotan datos insólitos durante años para escribir nuevos recorridos que seguramente alguna vez sean turísticos y creen un nuevo orden de las cosas.

“Me muero de ganas de leer algún día Montevideo bizarra, Caracas bizarra, Quito bizarra, La Paz bizarra o Asunción bizarra”, afirmó Daniel Riera al periodista de Ansa que lo entrevistó para el lanzamiento. Por mi parte, me muero de ganas de leer DF bizarro.


¡No te olvides el cepillo de dientes!

Los viajeros olvidadizos ya tienen una solución gratis y utilísima. Basta con registrarse en esta página para acceder a extensos y completos listados que tienen la función de recordarnos todo lo que podríamos olvidar. A medida que lo hace, le pone un tilde.

¿Puso el cepillo de dientes? ¿Cerró la llave del gas? ¿Guardó el traje de baño? ¿Sabe si necesita adaptadores especiales para el país adonde viaja? ¿Le pidió a algún vecino que le riegue las plantas?

Ok, algo obvias las recomendaciones. Pero no son las únicas. Los listados comienzan con una primera planificación (¿se necesitan vacunas? ¿tiene el pasaporte en regla? ¿no se le vence durante el viaje?), luego viene lo que uno debería hacer una semana antes del viaje, como hacer el itinerario, chequear que los candados de las valijas tengan llave, conseguir alguna receta médica en caso de necesitarla. Cada tanto, vienen algunas ideas muy locales, algo ridículas para otros países, por ejemplo, no deje de suspender el delivery de leche antes de viajar.

Si a uno no le convence la lista de prioridades establecidas, fácilmente se arma una lista personalizada con los items que considere oportunos. Y hasta hay una opción para recibir alertas en el correo, del tipo: ¡No te olvides el cepillo de dientes!

El sitio se llama justamente dontforgetyourtoothbrush.com y ya tiene 14.000 visitantes por día, todos turistas con un pie en las vacaciones. Una solución cómoda para el típico stress previo al viaje.


El atelier de Paul Cézanne

Las luces provenzales esconden algún misterio, y si bien en este viaje me tocan días de lluvia percibo una luminosidad especial aún en la tormenta. Un matiz. Como si la lavanda, el tomillo, la menta, la salvia y el regaliz del campo se reflejaran en el cielo.

Muchos pintores franceses del siglo XIX buscaron esa luz de La Provence, y Paul Cézanne fue especialmente fanático. Cézanne nació en 1839 en pleno centro de Aix en Provence, no muy lejos de la fábrica de sombreros de su padre. Aunque en algunos tiempos viajó seguido, Cézanne siempre quería volver a La Provence.

“Cuando estaba en Aix, tenia la impresion que me encontraria mejor en otro lugar, ahora que estoy aqui, echo en falta Aix… cuando uno ha nacido alli, esta perdido, ya no le atrae ningun otro lugar”.

El atelier de Cézanne está a un par de kilómetros del centro de Aix. Se llega caminando sin problemas. La oficina de turismo local ha ideado cincocircuitos representados por cinco colores que siguen distintos recorridos que el pintor hizo en su época. Uno de ellos, el gris, lleva al atelier. Basta seguir unos cuadrados de bronce en la calzada que dicen Cézanne.

En todos los recorridos, está presente el Monte Saint Victoire, el monte fetiche del pintor, el que aparece en esta pintura y en otras 86, entre óleos y acuarelas. Las distintas luces sobre el Sainte Victoire fueron una de sus obsesiones.

Al parecer Cézanne fue un tipo solitario. No salía demasiado, ni tenía muchos amigos, salvo Emile Zola durante los años de su infancia y adolescencia. Tampoco vendió cuadros. Tenía un padre rico que le financiaba su vida artística y después un padre muerto que le dejó una herencia.

Cada tanto, algún amigo le compraba obra, casi como una ayuda porque se supo que varios de ellos, como Zola por ejemplo, nunca los colgaron. En vida fue un pintor ignorado. Hoy, se considera a Cezanne el padre del arte moderno y sus cuadros se venden en millones de dólares.

Para llegar al taller hay que caminar una subida larga, la misma que Cézanne caminaba todos los días hace 150 años. La casa se esconde en un monte de plátanos, olivos y pinos que por esta época lucen verdes y llenos de sombra.

El cuarto donde pintaba es enorme. Tiene un gran ventanal y todavía están los mismos muebles, algunos pinceles, una escalera alta y parte de los objetos que utilizaba para sus naturalezas muertas. Hasta se puede ver sus trajes de pintor y los sombreros que usaba (foto). Pero lo más lindo del atelier es el jardín que lo rodea, donde hoy se exponen obras de arte. Y el gato mimoso que anda por ahí. Todos querían que fuera Paul. Pero es Pola.



El último souvenir

Doy un repaso a los diarios de este sábado fresco y me encuentro, en la sección Sociedad de Crítica de la Argentina, con el colmo del souvenir: ya se venden las cenizas del volcán Chaitén, en frasquitos y listas para poner en el estante del living.

Se venden por Mercado Libre y el aviso dice así: “Auténtica ceniza del volcán Chaitén. Pureza extrema. Caída en El Bolsón (Río Negro) el 6 de mayo y recolectada por expertos cosechadores de cenizas. No tenga sólo cenizas de cigarrillos en su cenicero, sea chic y ponga un poco de ceniza volcánica. Sus amigos lo envidiarán. Será la atracción en las reuniones familiares. El lote consta de un frasco de vidrio con tapa herméticamente sellada para guardar su frescura y pureza. Son aproximadamente 400 gramos de este raro material, muy pocas veces visto en nuestro país. No deje pasar esta oportunidad. Consulte por cantidades mayores”. El frasco cuesta 10 dólares.

¿Vendedores de humo?


Sobre el bidet…

El artista belga Guillaume Bijl inauguró hace unos días una retrospectiva que incluye uno de sus trabajos más bizarros: “Bidet Museum”, una instalación que muestra una foto colgada, por ejemplo, la de Edit Piaf, y abajo un bidet. Uno cree tontamente que ése era el bidet que usaba la dama de la canción francesa. Pero no: es la forma que eligió el artista para cuestionar los valores de la sociedad de consumo.

La obra del belga llevó a que me preguntara por ese extraño artefacto muy usado en algunos países, como el mío donde es tan importante como la ducha, y totalmente desconocido en otros, por ejemplo, Estados Unidos. Cuentan algunos historiadores que durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los soldados norteamericanos descubrieron bidets en las casas francesas creyeron que eran ¡bebederos!

La palabra bidet viene de Francia y del francés: significa caballito o pony. Algunos creen que el nombre se debe a la manera de sentarse, con las piernas abiertas. Lo que para muchos no queda muy claro -y todavía es tema de discusión en foros y sitios de Ineternet- es por qué los comandos de ese caballito quedan atrás y el jinete no mira hacia ellos.

Al parecer, el bidet habría sido inventado por los caballeros de las Cruzadas, en su viaje desde Jerusalén. Fue usado por las mujeres para lavar sus genitales después de tener relaciones sexuales y, también, ya durante la Revolución Francesa, para lavar barbas largas o bigotes profusos. Se usaba mucho en épocas en que el baño era una vez por semana. Poco a poco, se convirtió en un objeto que no podía faltar en una casa noble de Francia. Primero estuvo en el dormitorio y luego pasó al cuarto de baño.

Después de leer varias páginas publicadas recientemente con todo tipo de preguntas sobre cómo se usa el bidet (¿se llena el recipiente? ¿se aplica directamente el agua? ¿se usa jabón? ¿cómo te secás? ¿es para ambos sexos?) no es extraño que los soldados norteamericanos lo usaran como bebedero.

En Perú no recuerdo que se use, ni en Colombia, pero en Uruguay son fanáticos. Igual que en Japón, un país que adora los baños y los tunea con tecnología. Hasta piensan incorporarlo el próximo mes en una aerolínea: All Nipon Airlines será la primera línea aérea que contará con bidets abordo (para todas las clases). Japan Airlines también los incorporará pero únicament para los pasajeros premium.

Quizás porque no tienen tanto espacio, los japoneses inventaron el washlet, un bidet incorporado en el inodoro, con control remoto, música, una función de ¡masajes! y alta tecnología orientada a la felicidad íntima. Ahora bien, una cosa es el bidet de casa y otro el de un baño de hotel. ¿Quién usa hoy el bidet cuando viaja? Algunos lo hacen…

Ciertos personajes no sólo tienen bidet en su casa y en su trabajo. Como Vladimir Putin, que además de tener bidet en su casa, hizo construir uno para su jet privado, con grifería dorada.

Charly García hizo su tema Promesas sobre el bidet, y el belga su instalación inquietante. Entonces, ¿el bidet es cosa de artistas?


¿Psicólogo por parrilloterapia?

Amanece nublado y con ánimo de lluvia, pero los implicados deciden que el asado se hace igual. Como es domingo, nadie madrugó y los primeros leños se arriman a la escena pasadas las once de la mañana.

Hay leños finitos como fósforos, otros gruesos y largos como la pata de un caballo y algunos gordos y cortos, como el cuello de un luchador de sumo.

La escena se desarrolla en un parque rodeado de árboles centenarios y un viejo galpón donde crece una madreselva que llena las tardes de olor dulce. Pero ahora es casí mediodía y uno busca el lado salado de la vida. O al menos el de la comida.

Uno de los implicados toma a su cargo la faena y prende un fósforo que quema la corteza que abraza los leños que encienden el fuego. El implicado agrega ramas y lo agranda porque lo que sigue no es asar simplemente un par de chorizos y unas carnes. Sigue es asar un cordero y los implicados saben que se necesita un gran fuego y algunas horas. Además de un asador, como se llaman esos hierros en forma de cruz donde se ata el cordero.

Los implicados tienen claro que faltan horas para llevarse una costillita a la boca, pero igual se acercan al fuego. Uno a uno, como si un gurú los encandilara con su presencia anaranjanda y ardiente. Alguien trae sillas, otro descorcha un vino, la de la punta prende un cigarrillo, y se podría decir que en este momento, cuando todos están frente al fuego dispuestos a la conversación ociosa, justo ahora comienza la parrilloterapia. ¿O debería escribir la sesión de parrilloterapia?

Primera máxima de una parrilloterapia: esto no es lo mismo que ir a un asado. En una parrilloterapia uno no llega cuando todo está servido, uno acompaña el proceso.

Ché parece que va a llover, dice alguien y otro responde que leyó que éste será un año de lluvias. Y una dice que mejor juntemos leños antes del agua y parten con ella un par en busca de ramas secas. Los que se quedan esbozan teorías sobre cómo hacer el mejor fuego, cómo mantenerlo, cuándo conviene sacar brasas. Los implicados no leen libros sobre el tema, pero tienen muchos asados en la piel. Entonces se largan las anécdotas y la propia experiencia domina las horas que vendrán. En una parrilloterapia nunca se habla de nada íntimo, pero los temas universales tienen tratamiento íntimo. Cada tanto, las anécdotas se interrupen para servir más vino o para pensar en equipo, entre todos, como en una terapia de grupo, cómo habría que proceder si esa nube negra que está ahí atrás se hace lluvia.

Pasaron dos horas y el implicado a cargo tiene los ojos rojos por el humo. Es el único que maneja el fuego, el que controla la llama, el que mueve las brasas y dice cuándo es necesario subir o bajar el cordero. El resto opina, pero la decisión última es del implicado a cargo.

Segunda máxima: la parrilloterapia es una actividad físicamente pasiva -si uno no es el asador, suele quedarse sentado durante horas- y mentalmente activa.

Alguien trae una picada y una panera con galleta de campo. Después de un par de horas, los implicados están en plena dimensión parrilloterapia. Pasan revista a la política, a la religión, a la pareja. Siguen las anécdotas y la opinión; las preguntas, el acercamiento, la reflexión. Puede haber discusiones en una parrilloterapia, claro. En esta también la hay: una de las implicadas es vegetariana y defiende su posición. No comerá ni una pizca de cordero a pesar de la insistencia. Sin embargo, ve cómo se asa lentamente y participa de la escena. Cada tanto, eso sí, mira para otro lado.

Tercera máxima: una parrilloterapia trasciende la carne y no es necesario ser carnívoro para participar. Tampoco es necesario que los participantes se conozcan. La parrilloterapia une.

En una parrilloterapia la lista de temas nunca se termina. Alguien nombra al glaciar Perito Moreno a propósito de los nuevos hoteles y uno de los implicados, el más grande, cuenta de cuando fue por primera vez, hace 50 años. Llegó al Calafate en un DC3, un avión de museo. No había pasarela y un amigo que iba armado le tiró un par de tiros al glaciar para que se rompiera. Durmieron una noche en un refugio y por la noche escucharon los ronquidos del hielo. Otro implicado, uno joven, contó que trabaja cuatro meses por año en un barco que va a Ibiza. El resto del tiempo viaja y descansa en Argentina. Otro relata con detalles un choque terrible y del que sobrevivió, hace 15 años.

Cuarta máxima: la parrilloterapia no tiene edad, conviven y se nutren unos de otros, jóvenes y viejos. (Los niños no suelen ser implicados activos en una sesión de parrilloterapia).

El viento bate las copas de los árboles del monte y amenaza con apagar el fuego. La nube negra se acercó demasiado y las primeras gotas caen pesado. Uno de los implicados trae un paraguas y tapa el cordero como puede. Los demás implicados se tapan, se guarecen pero no se van.

Quinta máxima: la dimensión parrilloterapia ejerce fascinación sobre los implicados. Más que la transferencia. Se establecen códigos que se recuerdan en futuras parrilloterapias.

La lluvia dura poco, se la lleva el viento a otro pueblo. Después de bajar el cordero hacia el fuego, después de darlo vuelta y después de varias horas, más de cuatro seguro, el implicado a cargo hace una incisión precisa y dice que está listo. Corta una pata, después las costillas y cada uno -menos la implicada vegetariana que se prepara una tortilla de verduras- toman su trozo de cordero asado. En este momento, cerca de la hora en que la madreselva llena el aire de olor dulce, por primera vez los implicados dejan de hablar. Están masticando: el cordero, las anécdotas, el canto de los pájaros en el monte y la sabiduría que proporciona un domingo de parrilloterapia.


Para los que viajan solos: ¡se alquilan perros!

¿Recorrer el Central Park solo como un perro? Ahora también es posible pasear por el gran parque de Nueva York con un perro. Se acabó la soledad extrema para los viajeros sin compañía. Por lo menos, para los que se van Nueva York, Los Angeles, San Diego o… Tokio. Desde hace unos meses se alquilan perros por el día. Hay muchos para elegir, de distintas razas, colores y edades.

Flexpetz nació en San Diego y ya tiene sucursales en varias ciudades de Estados Unidos. Y está en plena expansión. Después de Nueva York hay planes de seguir por Washington, Londres y más. Además del típico paseo por el día, tienen programas , como el Canine Ambassador Program, orientado a los dueños de los hoteles, para que incluyan el servicio de dog rent como uno más para sus clientes. Todo esto puede sonar bizarro o quizás no tanto en una sociedad fóbica, el tema es que el alquiler de perros se está usando cada vez más por locales y turistas. Tanto, que ya lo catalogan como “tendencia”. Hace unos días, el New York Times publicó una nota del fenómeno.

Los animales alquilados fueron rescatados de refugios para perros y, como los niños huérfanos, se ponen felices cuando alguien los saca a pasear. Eso sí, antes es necesario ser miembro, y saber que estar acompañado no es barato. El alquiler de un perro en Nueva York cuesta 45 dólares por el día (los perros sólo se alimentan con Kumpi, considerada la mejor marca de comida para perros del mercado) y la memebresía por mes 250 dólares, con derecho a cuatro alquileres diarios. Además de pagar, el dueño temporario debe asistir a un curso de una hora que lo instruye sobre cómo pasearlo.

En Japón, la tierra del Tamagotchi, esta modalidad funciona hace tiempo. Los perros se alquilan en Puppy the World, un negocio que cobra 20 dólares la hora y 100 por un día con la noche incluida. Aunque también se trata de acompañar, el concepto es aquí es diferente. Los perros trabajan por hora, son unos quince que van rotando y después de cinco años, ¡se retiran! y pasan el resto de sus días en una residencia en Chiba, al sudeste de Tokio.

Puppy the World comenzó en Odaiba en 2003, pero se fue agrandando y llegó a Tokio el año pasado. Allí es un boom porque en muchos departamentos está prohibido tener perros, entonces funciona muy bien un pichicho con contrato temporal. Por ahora son perros, pero el éxito empuja a la expansión, a generar nuevos negocios, así que tal vez dentro de algún tiempo también se alquilen gatos por mes o canarios para cantar en algún evento o loros para animar la fiesta del niño.

Volviendo al Central Park, el turista solitario puede elegirlo con confianza para llevar a su mascota temporaria. Es un lugar especial para ir con perros: tiene áreas de juego, descanso y senderos para que el pichicho mueva la cola sin parar. El dueño temporal podrá hablar sin ser tildado de loco, también hará mimos, reirá y hastá podrá sentir un cuerpo caliente al alcance de su mano. Mientras tanto, la soledad queda en stand by.


Breema, de paseo por el cuerpo

El viaje de ayer fue distinto. Empezó y terminó en el mismo lugar, pero pasaron muchos paisajes en el medio.

Sin tomar ni un avión crucé un desierto, sentí una cascada entre las costillas, caminé por un prado con flores silvestres y pude ver el cosmos con los ojos tapados.

Todo eso y más pasó en una hora de breema, una práctica de bodywork, que se define de muchas maneras, pero la que más me gusta es: el arte de estar presente.

Resulta que Pritama, una amiga que viene llegando de certificarse en el Breema Center de California, me dio una sesión de esta especie de masaje consciente y meditativo que nació de la mezcla de Oriente y Occidente. Cuando me acosté en la alfombra con ropa cómoda y los ojos cerrados no sabía que estaba arriba de una alfombra mágica.

En inglés, cada una de las letras de la palabra breema tiene un significado: being, right now, everywhere, everymoment, myself, actually. No todos, pero algunos consideran que Breema es el nombre de una aldea lejana, en las montañas que separan Irán y Afganistán, donde viven pastores y campesinos. Por eso, se practica preferentemente en una alfombra persa que ha requerido un trabajo largo y ancestral para confeccionarse.

El viaje de ayer, que atravesó paisajes y estados, fue silencioso y efervescente; aterciopelado y rugoso. Pero sobre todo, se trató de un viaje sin fronteras. Los practicantes de breema se basan en 9 principios fundamentales de armonía. Uno de los que más le gusta a Pritama es: “momento único, actividad única”.

El que hace los masajes se llama practicante -el nombre se basa en la teoría de que a pesar de todos los cursos que haga, uno nunca termina de aprender- y quien los recibe es, justamente, un recipiente. El practicante utiliza estiramientos, inclinaciones sobre la musculatura, deslizamientos nutrientes, toques de tacto firme y suave, movimientos alegres y rítmicos que liberan tensión, estrés y dolor. Mientras tanto, el recipiente recibe y observa su cuerpo como nunca.

No se trata de mirar una arruga nueva o un rollito más, breema se recibe con los ojos cerrados así que las observaciones son construcciones imaginarias, paisajes que no tienen límites. Cada toque inspira el viaje.

Existen más de 400 secuencias, los practicantes componen su sesión -entre 20 minutos y una hora- con las que crean necesarias. Cada sesión es distinta y nueva.

Pritama se inició en el arte de los masjaes hace tiempo. Me contó después de la sesión, que la primera vez que supo sobre el breema fue en Tailandia, hace cinco años, mientras tomaba un curso de masajes. Parece que un instructor le habló de breema y después le dio un flyer. “Cuando vi la foto, me di cuenta de que no era un simple masaje técnico, se veía balanceado, espiritual, se veía que en ese masaje había sabiduría”. La palabra breema quedó dando vueltas por su cabeza y un día, caminando por Barcelona vio un cartel que decía “Aquí, breema”. Ese día, hace un par de años, entró y se dio un masaje. Después de ahí, el breema es parte de su vida: tomó cursos hasta certificarse. Como los pilotos necesitan horas de vuelo, el estudio de breema se cuenta con horas de práctica.

El creador del breema es el alemán Jon Schreiber, que vive en Oakland, California. Es el director del breema center y de la clínica. Ha escrito libros y enseña breema desde 1980.

Una sesión de breema no es barata. En Europa cuesta alrededor de 30 euros. En Barcelona se dan clases individuales y grupales en el centro Harmonious Life.

Por suerte, también existe el autobreema, una serie de ejercicios que uno se hace a uno mismo en busca del balance, la armonía y nuevas ventanas para otros viajes.


La guía del ocio más completa de París

pariscope1.JPGPariscope es una solución y un problema.

Una solución porque es la guía del ocio más completa de París. Ahí uno encuentra de todo para hacer en la ciudad. De día y de noche. Restaurantes, cines, ciclos de jazz, museos y mercados de pulgas. Todos los estrenos, las novedades de cada semana, quién viene a tocar o a dar una conferencia. Qué hacer, día por día, con direcciones, teléfono y precios… Ahí viene el problema.  

Pariscope encubre un problema porque si bien la guía es muy barata, casi regalada, cualquier salida en París cuesta de diez euros para arriba… Eso sin contar la cena, que si es en un restaurante cuesta desde 30 euros. Superado el detalle, Pariscope es una herramienta utilísima.

Se consigue en kioscos de diarios y revistas. Aparece los miércoles y cuesta 0,40 euro.