La ley de la vergüenza (SB1070)

“La hija de Hitler. Ella clasifica a la gente según donde nació. La historia se repite. Si no sos rubio de ojos celestes, cuidate.”

Esto se lee en el montaje que circula en Internet en contra de la gobernadora de Arizona, Jan Brewer que promulgó la Ley SB 1070, en contra de los inmigrantes, que entrará en vigor dentro de tres meses.

Para leer más sobre esta ley, que autoriza a la policía a detener a cualquier sospechoso de estar en el país en forma ilegal, ha inspirado a otros siete estados, la nota de Pablo Ordaz en El País de hoy.

Obama la condenó y el secretario de justicia de Estados Unidos Eric Holder expresó su preoucpación. Mientras tanto, en Facebook ya hay un grupo en su contra con más de un millón de miembros, y se planea un boicot a Arizona para el próximo 23 de mayo.


10 imperdibles de La Condesa

El barrio de moda en el DF se llama La Condesa, pero los chilangos le dicen Condechi.

Es una zona arbolada, custodiada y de trazado irregular, por momentos elíptico, porque hace cien años fue un hipódromo. La calle Ámsterdam, una de las principales, era parte de la pista. En la actualidad, se ha convertido en un barrio caro al que se mudaron extranjeros, pero hasta hace poco La Condesa era un lugar bohemio, donde vivían músicos, periodistas, pintores y escritores que en esta época fashion se las ingenian para sobrevivir entre bares, restaurantes y alquileres cada vez más caros.

Los fines de semana, los restaurantes tienen fila de gente en la puerta y es tan complicado encontrar estacionamiento que se ha instalado el servicio de valet parking en cualquier esquina. La familia de la Condesa de Miravalle, Doña María Magdalena Dávalos de Bracamonte y Orozco, fue la primera propietaria de las tierras, que duraron poco como hipódromo, hasta la Revolución de 1910. El nombre quedó, y también muchas de las elegantes y costosas residencias que hubo antaño. Más tarde llegaron el art déco y las construcciones modernistas, que también se quedaron. Un buen ejemplo es la Casa Nike 1902, una bella mansión de los años 20 convertida en un negocio de ediciones limitadas de zapatillas y ropa deportiva. En el predio hay un jardín vertical y un bar con jugos de frutas.
Restaurantes, hoteles boutique como el famoso Condesa DF, bares, negocios de ropa vintage, peluquerías trendy y librerías donde sentarse a leer y escuchar música, un barrio para volver más de una vez.

Librería Rosario Castellanos. Av. Tamaulipas 202. El antiguo cine Lido se ha transformado en una de las mejores librerías del Distrito Federal, del Fondo de Cultura Económica. El exterior del edificio conserva las líneas originales del art déco y la torre, que hoy es el faro del barrio. En el interior, el espacio es amplio y abierto, y además de encontrar novedades, rarezas y clásicos, se puede tomar café, hay ciclos de cine y presentaciones de libros.

Ámsterdam. Esta calle es un óvalo perfecto. No responde al capricho de un arquitecto, la razón de su forma es que en algún momento fue la pista del hipódromo. Por allí corrían los caballos a toda velocidad. Hoy, tiene un boulevard con vegetación tropical y fuentes. La rodean bares y edificios de los años 30. Es una de las pocas calles de La Condesa que no lleva el nombre de una ciudad o estado mexicano. Antes o después de caminar por Ámsterdam, una lectura recomendada. La reciente novela de Juan Villoro que trasncurre ahí, a la intemperie: Llamadas desde Amsterdam (Ed. Almadía). Read the rest of this entry »


“Alta Traición”, de José Emilio Pacheco

 

   No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos.

 

El poeta mexicano José Emilio Pacheco ganó ayer el Premio Cervantes 2009. En junio último, la revista Letras Libres le dedicó un dossier que se puede leer aquí.  


Mi ofrenda de muertos

Finalmente elegí la biblioteca, un lugar de respeto dentro de la casa. Ahí está mi ofrenda para mis abuelos, con sus flores frescas, la sal, sus caballitos de tequila auspiciados por Paquita La del Barrio, un Partagás y un Romeo y Julieta, incienso, velas, papel picado, collares y anillos, plantas, jabón y paño para asearse, un espejo y unas catrinas para que los acompañen en su viaje.  

Lala era fanática de los viajes, de los brownies y de los scons. Los que están en ese cuenco de barro  fueron hechos por mi madre con su receta. A propósito, son una delicia y bastante fáciles. La dejo aquí abajo por si alguien se anima:

Scons Lala: 300 g de harina y 100 g de manteca, deshacerlo bien. Hacer un hueco en la mesada y poner 1 huevo,4 cucharadas de azúcar y algo de leche o agua fría. ¡No amasar! Sólo unir, aplastar y marcar. Diez minutos de horno moderado.

¡Y qué vivan los muertos, pues!


Cómo armar un altar para el Día de Muertos (II)

Los usos y costumbres, el ingenio de los deudos y el amor por los muertos hacen que cada altar sea único. Pero la  tradición del Día de Muertos en México señala ciertos elementos que un altar debería incluir, y sus significados:

Agua. Después de tan largo viaje, desde la ultratumba, las ánimas necesitan reponerse y el agua es vital. Y es un elemento de purificación. Además, en otro recicpiente, se coloca agua al lado de un jabón, una toalla y un espejo para que se refresquen.

Sal. Un cuenco de cerámica o vidrio con sal, para que el cuerpo no se corrompa.

El cirio. La llama que celebra el paso a lo desconocido. Muchos colocan cuatro cirios en cruz, como los puntos cardinales, para que los muertos puedan orientarse en su viaje de vuelta al más allá. Las velas funcionan como luz guía.

Copal o incienso. Perfume que aleja a los malos espíritus. Se usa desde tiempos prehispánicos para purificar los ambientes y a las personas. Se coloca en el último nivel del altar.

Flores. Las flores blancas significan pureza y ternura. Pero las más usadas son las amarillas, llamadas cempaxóchitl, que significan riqueza, flor de oro. Antiguamente se usaban como medicamento para conservar la vida y alejar la muerte.

Calaveras. Simbolizan a la muerte, que siempre está presente. Se distribuyen en todo el altar.

Pan. Aunque las panaderías llegaron con los colonizadores, el pan es un elemento fundamental en el Día de Muertos. Ese día cuando los parientes y amigos llegan a la casa donde se armó el altar, se les convida pan. Para esta fiesta se prepara el pan de muertos, un pan dulce que se hornea con forma de cráneo espolvoreado con azúcar. También se prepara un pan redondo relleno de anís. Y roscas y panes con la forma del cuerpo humano conocidos como muertitos.

Calabaza. Con el maíz, el frijol y el chile, la calabaza es parte de la base de la comida mexicana. Se aprovecha el tallo, las flores, los frutos y las semillas. Para el Día de muertos, se suele preparar dulce de calabaza.

Comida. Se prepara una jarra de chocolate puro y luego los platillos típicos mexicanos: mole, tamales, elote, calaveritas de muerto. El día 2 de noviembre, los deudos se reúnen en la casa donde está el altar para compartir la comida.

Retrato. Se incluye una foto del difunto para recordarlo.

Papel picado. papel picado es una representación de la alegría festiva del día de muertos y del viento.

Arco. Un arco o un marco rodeado de flores en lo más alto del altar simboliza la entrada al mundo de los muertos.

Muchos altares están adornados con guirnaldas de papel crepe, de color morado y amarillo, un eslabón de cada color, alternandos. El morado representa la muerte y el amarillo la vida. A través de este adorno se ve la delgada línea existente entre la vida y la muerte.

(Gracias Juan Carlos Melgar, Israel Alatorre y Cecilia Irasema por los valiosos datos aportados para este post)


Cómo armar un altar para el Día de Muertos (I)

Este año no podré estar en México para la celebración del Día de Muertos, así que he decido armar un pequeño altar en mi casa, para que las ánimas que hagan el viaje a este mundo encuentren sus esencias y platos preferidos, y una casa fresca y limpia donde descansar.

Se cuenta que, cada año, en noviembre, el alma de los difuntos tiene permiso para regresar a al mundo de los vivos y disfrutar de los manjares que le ofrendaron.

Si bien no soy creyente, me atraen las tradiciones populares y, particularmente, la manera alegre en que recuerdan a los muertos en México, tan diferente al drama implantado en el Cono Sur.

He visto varios altares cuando estuve en Mixquic un 1° de noviembre, hace un par de años. Pero no recuerdo todos los elementos que había y me gustaría hacerlo lo más fiel posible.

Entonces, les pregunté a varios amigos y amigos de amigos, por teléfono y por email: ¿Qué debería incluir un altar de muertos?

 Mientras me llegan las respuestas y encuentro en mi departamento la esquina para representar esta tradición, va una poesía de Nezahualcoyotl, rey de Texcoco, que vivió entre 1402 y 1472.   

 ¿A dónde iremos?

¿A dónde iremos
donde la muerte no existe?
Mas, ¿por esto viviré llorando?
Que tu corazón se enderece:

Aquí nadie vivirá por siempre.
Aún los príncipes a morir vinieron,
Los bultos funerarios se queman.
Que tu corazón se enderece:
Aquí nadie vivirá para siempre.

 


Nueva York desde… el suelo

Patricia Ulibarri es mexicana y tiene 36 años. Estudió Relaciones Internacionales y trabajó en las oficinas de las Naciones Unidas, en Nueva York. Cuando se dio cuenta que le gustaba más la cocina, estudió Artes Culinarias y buscó trabajo en una cocina. Hoy, de vuelta en México, escribe sobre gastronomía. Dice que le gusta describir lo que prueba porque es como volverlo a probar. Patricia es alumna de mi curso de Periodismo Turístico, y hace unos días escribió esta anécdota de cuando vivió en Nueva York.

Una ciudad cambia radicalmente cuando se vive ahí y cuando sólo se visita. De las dos maneras Manhattan tiene su encanto, pero vivirla, realmente vivirla, tiene un grado de dificultad. Por eso, el monólogo final de la película El Gran Kahuna sugiere: “Vive una vez en Nueva York pero vete antes de que te haga demasiado duro”. En Manhattan cada quien vive para adentro.

Llevaba ya varios meses viviendo en Nueva York. Me había costado trabajo la adaptación por el obligado silencio al que me sometía. No tenía amigos, ni familia. Sólo mis compañeros de trabajo de La Misión de México para Naciones Unidas. Mi trabajo como secretaria del Embajador, me tenía apartada del resto de la gente así que sólo a la hora de la comida intercambiábamos diálogos. Mi escritorio se encontraba afuera de su oficina y mi trabajo consistía en contestar el teléfono, llevar su agenda y no moverme de mi lugar. Cuando el Embajador salía a juntas de trabajo, me gustaba entrar a su oficina rodeada de vidrio, reconocer edificios que veía cuando caminaba allá abajo y que ahora los veía desde la altura. Se veía el río del Este (East River) por donde navegaban grandes barcos de carga que pasaban por debajo del puente de Queensboro. El edificio gigante de las Naciones Unidas y del otro lado, la Isla de Roosvelt con su característico anuncio retro de Pepsi que se iluminaba por las noches.

Era invierno y comenzaban las primeras nevadas, tímidas todavía. Nunca creí que fueran necesarios zapatos para caminar en la nieve por eso no estaba equipada para lo que venía. Tenía unas botitas de gamuza que mis amigos decían que parecían las de Pedro, el amigo de Heidi. La suelas estaban tan usadas que no tenían ni una grieta que sirviera de agarre, pero eran calentitas y cómodas y eso me bastaba. El día que sucedió la anécdota que ahora cuento salía de la gran Estación Central. En el interior, había mucha gente que iba o venía, y el aire caliente con olor a llanta que salía de los subterráneos se mezclaba con una ráfaga helada que entraba cada vez que se abrían las puertas laterales que eran parte de mi ruta de todos los días.
Las puertas se abrieron. La acera estaba cubierta de agua con nieve o de nieve con agua. Al dar el primer paso resbalé con tal rapidez que en segundos la cabeza me rebotó contra el asfalto y me encontraba recostada boca arriba observando que nada a mi alrededor había cambiado. La gente que caminaba hablando por sus celulares a toda prisa, simplemente me esquivaba y seguía su camino. Hasta que una señora se apiadó de mi y me ayudó a levantarme. Después de agradecerle, ella me contestó: “Dicen que si te caes en NY significa que no te vas a ir nunca.”
No se cumplió.


¡Viva México!

Esta noche habrá Grito en México, a pesar del atentado que en esta misma fecha del año pasado causó ocho muertos y 106 heridos en Morelia por la explosión de granadas. En todos los estados y en casi todos los pueblos habrá Grito. Menos en Praxedis Guerrero, un municipio cercano a la convulsionada Ciudad Juárez que unas horas atrás desistió de la máxima celebración del país. No está de ánimo. El ataque de sicarios del sábado último, al parecer un ajuste de cuentas entre los cárteles de Juárez y Sinaloa, terminó con la muerte de cinco personas. Cinco más para cuenta que en lo que va del año ya pasó los seis mil. Según un estudio reciente, el Estado de Chihuahua, en el norte del país, es el cuarto lugar más peligroso del mundo.

Habrá Grito, tequila, parranda. También, un tremendo despliegue policial y militar. Y habrá muchos mexicanos que esta noche se quedarán en la casa, muertos de miedo.


Muy pronto, más capítulos mexicanos

 


Viajeras ilegales de largo aliento

globoDesde 2006 hasta la fecha se incautaron en México 78,4 toneladas de cocaína.

Según una creativa comparación de la Procuraduría General de la República (PGR), si se colocara en una línea de un milímetro de grosor toda la cocaína daría nueve vueltas al mundo.

La marihuana no se queda atrás y las comparaciones tampoco. Las cifras de la PGR informan que se decomisaron en el mismo período 4390 toneladas. Si se pusiera toda la marihuana en un tren se podrían llenar 198 furgones y se convertiría así en un convoy de casi cuatro kilómetros de largo.

Me pregunto quién hará estas comparaciones andariegas para la PGR. Y me respondo. Es un fanático de Travel Channel o es alguien que se quiere pegar un viaje o fue mochilero o ¡lee Viajes Libres!




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