¿El DF en tu corazón?

La Ciudad de México -DF, Defectuoso, Defecito- es el principal destino turístico de México, y uno de los más conocidos a nivel internacional. Anualmente, la visitan cerca de 20 millones de personas.

Esta introducción es para presentar el concurso que ha lanzado el gobierno del DF para 1) diseñar la marca turística de la Ciudad de México, 2) filmar un video alusivo a la Ciudad de México como destino turístico, 3) escribir un ensayo sobre la Ciudad de México como destino turístico.

La convocatoria, que se puede leer aquí, es para mexicanos y extranjeros. Tal como aclaran en la página, el concurso es “nacional e internacional”. Un par de puntos para tener en cuenta:

  • Se sugiere a los participantes considerar dentro de sus propuestas el Ángel de la Independencia o algún otro símbolo representativo de la ciudad. En esta página encontrarán info sobre el Ángel.
  • Por ser la canción “Bésame Mucho” de la intérprete Consuelo Velásquez, la más conocida y escuchada a nivel internacional, y cuya compositora la escribió y compuso en la Ciudad de México, se sugiere incluir en los diseños los términos “Bésame Mucho”.

La fecha límite para registrarse en la página y poder participar es el 29 de este mes, pero los trabajos se pueden entregar hasta el 26 de octubre. Los premios valen la pena: son en efectivo y gana hasta el ¡quinto lugar!


Mariachis, ay ay ay

Hace casi dos años, un amigo se fue a vivir a México. A poco de asentarse en la capital mexicana, Daniel Jayo me mandó un correo, con un Asunto que se leía, por lo menos, peligroso: ”Mariachis asesinos”. Estaba acompañado de esta foto y decía así:

“Resulta que el sábado estaba muy sentadote en mi casa mirando una película: Piratas del Caribe. Sin ser tan buena como la primera, me entretenía, cuando de repente y sin decir agua va, un trompetazo me hizo saltar de mi sillón. Me asomé al balcón y me encontré con este espectaculo: unos “auténticos” mariachis le estaban llevando serenata a una dama, se ve que vecina del edificio, que cumplía años. La primera impresión fue de grata y simpática sorpresa. Incluso vislumbré que desde otros balcones se asomaban, divertidos, otros vecinos. Puedo asegurar que despues de hora y media de serenata, que incluyó Las Mañanitas, La Cucaracha, Cielito Lindo, en fin, todos los hits, nadie quería más. Odio a los mariachis. viva Pappo, aguante lo redon, el tango no morirá y larga vida al rock and roll.”

Dentro de poco hará dos años de Jayo vive en México. Pienso que en una de esas les tomó cariño a los mariachis. Posiblemente, se haya acostumbrado a ellos y quizás hasta los va a ver a la Plaza Garibaldi o los contrató para que le canten a alguna dama. Por las dudas, le escribiré hoy mismo contándole que mañana comienza el XV Festival Internacional del Mariachi, en Guadalajara.


A Taxco no vuelvo más

Ayer me llegó un correo contándome que desde este mes la revista peruana Etiqueta Negra se consigue también en Miami. En Etiqueta se pueden leer crónicas de viaje, crónicas en general, ficciones. Es una revista con lectura asegurada para todo el mes.

En el número de julio escribí un texto breve, una suerte de confesión sobre Taxco, una ciudad a la que como leerán, no volvería. La nueva Web de la revista está en construcción, por eso copio el texto abajo. Antes, una recomendación: cuidado con Taxco.

“Hacer shopping en un pueblo-escalera es inhumano. Por eso no volveré a Taxco, la ciudad donde viven los artesanos plateros más famosos del mundo, la Meca de la Plata donde todos los sábados hay un tianguis –como llaman en México a los mercados– de plata, pero sobre todo una ciudad de plata entre laderas y cerros donde siempre hay que subir o bajar.
Es una mañana de sábado y, desde el DF, he demorado tres horas de viaje en un bus. Me da tiempo para pensar qué quiero comprar: seis pares de aros de plata, un collar –¿o dos?– de plata, algunos dijes y cinco regalos de plata para mis cinco amigas.

–En un rato lo resuelvo y después recorremos el pueblito –le digo a mi novio que me acompaña.
Prefiero la plata al oro. Supongo que me atrae más el color, el brillo, la temperatura. La plata me parece más fresca, menos pesada aunque pese lo mismo. Una vez, hace muchos años, me dijo mi abuela que algún día me interesará el oro, más adelante.
Porque ahora he llegado a Taxco, la ciudad de la plata, y me bajo del bus apurada. Es cierto que preguntando se llega a Roma, pero me gusta más la idea de llegar por mi cuenta. Decido que esa calle angosta y empedrada me conducirá a la plata. Entre los nervios y la subida, alcanzo el final jadeando.

Arriba hay negocios de plata con letreros que dicen: «Artesanos Plateros», «Platería antigua», «Diseños prehispánicos». Pero son carísimos. Esto no es el tianguis que me había imaginado. Miro la hora: son las 13.40 y aún no compro nada. Peor aun, la ciudad se ha llenado de turistas europeos que cambian euros y compran y compran y compran. Y compran plata. Mejor pregunto dónde está el tianguis, no hay tiempo que perder. Quiero comprar plata. Me dicen que baje por ahí, que doble en la primera y ya. Así lo hago y, después de doblar, encuentro mi tesoro: una vía larga, fina y oscura como los pasadizos árabes, con miles de puestos uno pegado al otro, todos radiantes de plata: aros, collares, pulseras, dijes, medallas, colgantes que me miran. Todo Taxco está mirándome como nunca nadie me ha mirado. Aunque, ahora que lo recuerdo, aquél vestido verde en São Paulo también me miró lindo.

Los sábados de feria, Taxco provoca. El pueblo entero se convierte en joyería descomunal, con millones de accesorios al alcance de la mano, sin la distancia de las vidrieras. Los sábados de feria, Taxco es redundante como una torta que tiene dulce en el relleno y en la cobertura también. Llama a la gula, al pecado. Y porque tengo temor de Dios, no volveré a Taxco.
Me brillan los ojos, por fin he llegado. Siento que he descubierto algo. No sé ni me importa que en Taxco haya talleres de platería desde 1930. Tampoco me interesa la historia, ni el barroco ni las visitas turísticamente obligadas. En este momento estoy en el cuerpo de un conquistador que ha llegado a su destino y ahora tiene que arrasarlo. Pienso en Alvar Núñez Cabeza de Vaca cuando descubrió las Cataratas del Iguazú. Éste es mi momento, tengo que concretar la primera compra.
–Señora, ¿cuánto valen esos aretes?
La mujer me dice que sólo vende al por mayor, que debo que llevar diez pares como mínimo. Taxco se está complicando. Sigo al otro puesto, pero ya no sé si me gustan los aretes largos de plata o los topitos con una turquesa. La gente me empuja y, sin quererlo, estoy en el puesto de al lado, que vende collares. El hechizo de Taxco, un sábado, se termina a las cinco o seis de la tarde. Miro el reloj otra vez: son las tres y todavía no compro nada. Comprar sin tiempo puede ser fatal y en Taxco el tiempo siempre falta. Por eso no volveré a Taxco.

En un momento veo un collar de perlas de plata y él me ve a mí: amor a primera vista, pienso. Lo compro y a partir de ahí empiezo a gastar. Me desato, corro por las calles como un caballo desbocado con sed de plata. Me olvido de mis amigas, me colma un egoísmo planetario que me da miedo pero es incontrolable. Compro con la rapidez de un incendio. Compro plata hasta que se me acaba la plata. Quiero gritar como grita Prince. Pero pido más, como piden los jugadores compulsivos.
Mi novio, que hace rato que me mira preocupado, me dice que me presta, que vamos a un cajero. El cajero se traba y la plata no sale. Mientras, la otra plata está ahí reluciente, esperándome. Pienso en separarme, en vender mi cartera, en cambiarla por plata. Pienso en lavar copas en un bar de Taxco, en asaltar a unos gringos. Hasta quiero pedir limosna en la catedral de Santa Prisca. Pero no hago nada. Simplemente bajo la calle como con la mirada infeliz de un penitente. Me subo al autobús de regreso al DF y, acariciando mi collar de perlas de plata, juro por el Cristo de los Plateros que a Taxco no vuelvo.”


La ruta del híkuri en el desierto potosino

El relato que sigue fue escrito por la viajera y amiga de la casa, Pritama Molinari, en base a su experiencia de iniciación al híkuri en el desierto mexicano.

Cuando llegué a Estación Catorce sabía lo que buscaba. Viajaba sola, siguiendo las huellas de los libros de Carlos Castaneda y los consejos de otros viajeros.

Me habían dicho que tendría que saltar de un tren en movimiento a medianoche, que debería dar con Doña Margarita, la última jefa huichol y que con suerte podría dormir en su caserón en ruinas.
Allí mismo, instalada detrás de la barra de una antigua recepción de hotel, Doña Margarita pasaba los días y las noches. Una bruja vieja y sabia. Estaba ciega y rodeada por docenas de pájaros enjaulados con quienes hablaba en voz alta. Apenas entré a pedir alojamiento, me dijo con voz rasposa:
- Vienes a conocerlo, ¿no?
- Bueno, no sé a quién se refiere –respondí dudosa- vengo a iniciarme en el peyote.

No me dejó terminar la frase y arremetió con un largo “shhhhhhh”, abriendo sus blancos ojos al cielo.

-No le digas así, su verdadero nombre es híkuri, y es un espíritu muy poderoso. Mis pájaros me dicen que eres buena, güerita, así que puedes quedarte y yo te ayudaré a encontrarlo.

Tres días más tarde estaba subida a un jeep con Mempo, un guerrero espiritual de su confianza, y con un chileno y un sudafricano que se habían sumado a la excursión. Luego de unas cuantas horas de viaje, continuamos a pie. Caminamos muchísimo, abrazados por el calor del profundo desierto mexicano. Hasta que Mempo anunció que por fin el híkuri nos había encontrado:

- Estamos de suerte, miren, ¡hay una familia completa!

En el suelo, los sagrados botones verdes sobresalían de la tierra. Nuetro padrino nos indicó cómo recolectar y limpiar los frutos con cuidado y respeto. Cuando todo estuvo listo, nos sentamos a la sombra de un cactus.

- Antes de comerlo, deben pedirle permiso a los cuatro puntos cardinales y a todo lo que en ellos vean. Nunca nada volverá a ser como antes después de hoy, dijo Mempo con solemnidad.

Cuando le di el primer mordisco, una explosión de saliva inundó mi boca. Fue un amargo jamás experimentado. Tuve que respirar profundo para aguantar las naúseas.
Me había alejado unos metros del grupo, y una media hora después, al hacer un gesto con la mano, descubrí que todos mis movimientos quedaban suspendidos como si escribiera sobre un pizarrón invisible. Impactada por esta experiencia, me senté en el piso y apoyé mis manos.

Entonces sentí que la tierra vibraba, que respiraba, ¡que tenía vida! Lloré con emoción, amando cada partícula de polvo que acariciaba mi piel… Girando sobre mí misma, me fundí en un abrazo con la Pachamama, y sentí que estaba envuelta por su dulce calidez. Cada cosa que veía contenía un espíritu particular, un lugar irreemplazable en el universo. “Todos somos uno”, se me reveló con claridad.
No sé cuánto tiempo habré estado en éste éxtasis, pero cuando me vieron llegar, los chicos me recibieron con abrazos y risas explosivas: no sólo había tardado muchísimo en volver, sino que además estaba toda sucia: la cara, el pelo y la ropa llenos de barro y espinas.

Mempo anunció que deberíamos ponernos en marcha, la noche estaba cayendo y teníamos por delante más de doce horas de caminata. También me dijo que yo tenía que guíar la vuelta. Protesté, pero él me dijo que confiase, que el híkuri estaba conmigo. Todavía no me lo explico, pero un par de kilómetros más tarde, encontré un sendero estrecho, en perfecta línea recta. Y supe con toda seguridad que era el correcto.
Durante el regreso a Estación Catorce no bebí ni comí nada, y mi cuerpo se sentía ágil y enérgico. Mis sentidos se habían agudizados a tal extremo, que podía escuchar la respiración de los coyotes que nos seguían de lejos. En el misterioso silencio de la noche del desierto comprendí por qué los huicholes consideran sagrada a esta planta, y sagrada cada cosa que esté viva, sagrada la tierra, unida al cielo, unida al Todo.

Había ido a buscar a Mexico la experiencia mística, la puerta hacia el otro lado de la realidad ordinaria. Y ahí estaban escritas, brillantes como las estrellas de esa madrugada, todas las respuestas, incluso, a preguntas que nunca me había hecho.
Llegamos al pueblo justo antes de que amaneciera, y a paso decido entramos al caserón por la parte de atrás, atravesando un huerto.
Fui directo a ver a Doña Margarita. Cuando llegué, la encontré despierta.

- Sabía que estabas volviendo -me dijo cuando abrí la puerta- Me lo avisaron los pájaros.


El gobierno inglés saca sus OVNIS al sol

Durante años, en Inglaterra como en Argentina, Perú, México y seguramente en China, la gente ha visto luces extrañas y objetos voladores no identificados. Muchas veces el hecho ocurría en viaje al trabajo y también en medio de unas vacaciones. De día y de noche. Algunos creyeron necesario contar lo que habían visto.

Sólo en Inglaterra, el Ministerio de Defensa ha recopilado más de 11.000 avistamientos desde el comienzo, en los años 50 y en los próximos cuatro años los dará a conocer a través de Internet.

El primer relato registrado del avistamiento de un OVNI fue en Estados Unidos, el 24 de junio de 1947 en el Estado de Washington, cuando un piloto privado, un tal Kenneth Arnold, reportó haber visto “9 extraños objetos cruzar el cielo a una velocidad tremenda”. Ese fue el primero, pero enseguida hubo otros en distintos lugares del mundo, que inauguraron la Era de los platos voladores.

Los archivos ingleses estuvieron escondidos durante años. Se guardaban como un secreto de sumario más, pero desde ahora se pueden leer en una completa página de los Archivos Nacionales, que dependen del gobierno inglés. ¿Será que el tema ya no les interesa? ¿Plantearán esta transparencia para ocultar otras aguas turbias? ¿O han decidido sumarse al ánimo del Vaticano y es su forma de saludar al “hermano extraterrestre”?

La historia de los avistamientos, la descripción, la duración, el lugar y desde dónde se vio -el ángulo, si los observadores usaban anteojos-, una guía para entender el tema, videos explicativos y hasta un podcast del Dr. David Clark, experto en historia de los OVNIS, en inglés UFOS (unidentified flying object). La información lanzada en la página, con ribetes de máximo bizarrismo, cubre los años 1978 - 2002.

Los archivos muestran algunas coincidencias en los reportes: la nave alien tiene todo tipo de forma, tamaño y colores, pero los integrantes son siempre verdes.

Cerca del 90 % de los reportes es desechado porque no tiene una explicación convincente o porque se trata de un fenómeno natural. Pero existe un 10% que es investigado por el gobierno. Según declaran, no por un interés científico, sino por una cuestión de defensa. ¿Ese reporte puede estar relacionado con una nave enemiga en nuestro territorio?, algo así dice que se preguntaba el Ministerio de Defensa cuando analizaba el reporte de un avistamiento.

Otro dato interesante que muestran estas historias es que después de lanzada al película Encuentros cercandos del Tercer Tipo, de Steven Spielberg (1977), los avistamientos se duplicaron en los años siguientes.

Hay uno muy simpático de 1983: un hombre de 78 años cuenta que salió a pescar en la mitad de la noche, y de repente estaba dentro de una nave alienígena. Después de examinarlo, los extraterrestres con trajes verdes dijeron que se fuera porque estaba demasiado viejo para sus propósitos. Ni el stress del encuentro cercano ni el maltrato psicológico recibido por los extraterrestres lo desmotivaron para presentarse en el departamento correspondiente y contar su viaje.


El chile, una patada de sabor

El ají picante tiene distintos nombres en el mundo, pero nunca cambia su meta última de llevarnos al infierno por algunos dolorosos y fantásticos instantes.


La vuelta de un viajero

Hablamos de él hace algunos meses. Ezequiel Luis Fernández, -argentino, 29 años- viajó desde Coronel Suárez hasta México en Renoleta. Pero el tiempo pasa y ya está de vuelta. Con su “nave”, como le gusta llamar a su R6.

Poco más de un año de viaje, cerca de 30.000 kilómetros recorridos y muchos amigos nuevos.

A veces se fantasea con una ida fantástica y llena de cambios, de novedades, de apertura. La vuelta se piensa, en algunos casos, como la contracara. ¿Volver a lo mismo pero habiendo cambiado? ¿Volver a hacer qué ? ¿Volver con menos plata? ¿Volver cómo nuevo? Volver. A veces, la vuelta da la sensación de que uno tiene demasiadas preguntas por responder.

El blog de Ezequiel, que durante el viaje usó para contar la travesía, para registrar búsquedas, sensaciones y momentos de viaje, hoy ha cambiado un poco. “Entré en una etapa reflexiva, de análisis”, me escribió hace unos días Ezequiel, que también respondió la entrevista que sigue.

¿Cómo viviste tu vuelta?
Duró dos meses. Recién ahora estoy entendiendo dónde estoy y qué hice.
Antes de llegar muchos viajeros me decían que era difícil conectarte con la gente a la vuelta. Para mi no fue así. Me encontré con cosas muy positivas en la familia, en los amigos. Redescubrí a mi gente.

Ezequiel llegó en avión desde México y sus padres lo recibieron con un abrazo. Comunicó su llegada con 20 días de anticipación. Se fue directo al campo con su familia. Después fueron 15 amigos y le hicieron la despedida de soltero a un amigo.

¿Con qué comida te esperaron?
Con un costillar espectacular al asador

¿Qué hacías antes y qué hacés ahora?

Soy ingeniero agrónomo y trabajaba como asesor de un grupo CREA (de productores agropecuarios). Todavía no tengo claro a qué me voy a dedicar ahora. Quiero un trabajo tranquilo que me permita ganar plata para vivir y el resto dedicarme a armar un nuevo camino como escritor (o periodista). Si se dan las dos cosas aunque me ocupe todo mi tiempo, mejor. Definitivamente, me gusta escribir.

Muchos viajeros que, como Ezequiel, parten en viaje largo mutan a viajeros eternos o se quedan en alguna parada que les ofrece el camino. El estuvo tentado, una vez, en Colombia. Pero al final siguió el viaje.

¿Qué te hizo repensar el tema?
Quería seguir con mi proyecto de viaje, de aprendizaje. No quiero estar lejos de mi familia. Es feo ver a tus papás más viejos por la computadora. También viendo a Argentina desde lejos la empecé a valorar. Me gusta mi país.

Se dice por ahí que un viaje así te cambia la vida, ¿cómo te la cambió? Read the rest of this entry »


Frida Kahlo en Filadelfia

En todo el mundo, pero especialmente en México, Frida y Diego tienen fans y detractores. Como si fueran dos equipos de fútbol rivales o dos tipos de tacos diferentes, Diego y Frida siguen provocando desde la tumba.

En la preciosa Casa Azul del barrio de Coyoacán, donde Frida nació y murió, donde pasó también algún tiempo con Diego, se puede ver una película sobre sus días atormentados y heridos -como lo expresa en El Venadito, de 1946- entre otras desgracias, por vivir con un mujeriego como su marido.

Los hinchas de Diego Rivera sostienen, abiertamente, que el único pintor de esa pareja era Diego. Que ella se enganchó de su fama. Que para conocer a las verdaderas mujeres del surrealismo mexicano hay que ver la pintura de Remedios Varo Uranga y de Leonora Carrington. Que Frida Kahlo es un invento.

Hace un tiempo, conté sobre una gran exposición de Diego Rivera en el Palacio de Bellas Artes. Ahora, es el turno de Frida en Filadelfia, la única ciudad de la costa este donde se exhibe la retrospectiva que conmemora el centenario del nacimiento de la pintora con más mala suerte de todo México. Se podrán ver más de 40 de sus famosos autorretratos, además de fotos de la artista, de Rivera, Trotsky y André Breton, entre otros amigos de la casa.

Para los que viajen por ahí, la muestra está en el Philadelfia Museum of Art, hasta el 18 de mayo.


Temporada de piñatas

pinata1.JPGLas calles de Taxco suben y bajan y tienen ángulos perfectos para espiar. Así fue que vi a un niño con los ojos vendados dándole con un palo a un elefante Trompita que colgaba de un hilo que un hombre mayor movía y se reía. El nene seguía dándole pero no había caso.

Entonces paso una nena que también pegó con fuerza y nada. Parecía que Trompita se les reía en la cara. Hasta que vino un chico chico, pero dos talles más grande, le pegó un palazo en el estómago y Trompita se deshizo en caramelos y regalos para todos.

La piñata de cumpleaños es un tipo de piñata que en México está muy desarrollado y se hace artesanalmente. Hay elefantes, osos, sapos, peces y más. La de cumpleaños es una piñata circunstancial. Como la piñata navideña que por estos días le da a México todavía más color.

Según se cree la piñata representa el diablo y cada uno de sus picos, los 7 pecados capitales. Entonces hay que pegarle con los ojos vendados y con fe, toda la fe del mundo para ganarle al diablo y obtener así la recompensa por tremenda hazaña.

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Hay piñatas en los mercados -por el de Coyoacán apenas se puede caminar- y en los cafés como el antiguo Café Tacuba que muestra la foto. Hay piñatas en las casas y en los bancos. Se venden piñatas enormes y baby piñatas de souvenir.

Algunas piñatas tienen fruta y maníes. Otras vienen con trampa y cuando se rompen cae una lluvia de harina y papel picado.

También las venden en los semáforos y decoran organismos oficiales. Algunos, aunque pocos, pueden no tener árbol de Navidad, pero piñatas en esta época no faltan en México.

Como si de repente el villancico sonara con más fuerza que nunca: “No quiero oro ni quiero plata, yo lo que quiero es romper la piñata”.


Xoloescuintle, el perro azteca

xolotl.JPGLa primera vez que vi un xoloescuintle fue en el Museo Dolores Olmedo, hace unos años, en el sur del DF. Había una estatua en homenaje a estos perros y después un par de ejemplares sueltos. Exactamente, los que se ven en la foto. Desde ese momento me dan curiosidad. Probablemente porque durante un rato pensé que todos eran estatuas de cemento. Hasta que todos menos uno se desperezaron al sol.

El xoloescuintle o xolotl, como se llaman en náhuatl, es un perro lampiño. Más bien petiso y de orejas grandes. No tiene pelos, salvo algunos en la frente que le dan un toque punk. Ni siquiera tienen pestañas. Otra características del xolo es que tiene el cuerpo caliente. Uno lo toca y parece que tuviera fiebre, pero no. Son así: dan calor.

fridayxolo.jpgLa segunda vez que vi un xoloesquintle fue en los brazos de Diego Rivera. Lo vi en una foto en blanco y negro. Parece que al grandulón le encantaban y fue él quien le mandó el primer xolo a su amiga Dolores Olmedo, en 1954. Se llamaba Citali y los que hoy andan sueltos por el jardín del museo descienden de ella. Ella es la de la estatua y los que retozan alrededor están vivos aunque parezcan de cemento.
Rivera y Frida eran fanáticos de los xolos, y tuvieron los suyos cuando vivieron en la Casa Azul de Coyoacán.

xolo1.gifLos xoloescuintles se cuentan entre los perros más antiguos del mundo. Sus orígenes se remontan a la cultura mesoamericana. De hecho lo llaman el perro azteca. Ellos los usaban para darse calor en las noches. También, creían que el xolo acompañaba el alma del difunto al descanso eterno. Por eso, los sacrificaban y enterraban junto a los muertos. Y los pintaban así.

diegoandxolo.jpgLa tercera vez que vi un xolo fue en Zipolite, una playa del Pacífico, hace menos de un mes. Era el atardecer y el sol se ponía rojo en el horizonte. Se veía poco pero distinguí a una mujer rubia que paseaba un extraño perro con cadena. Ella era austríaca y él, un xoloescuintle. La rubia vive en esa playa lejana hace ocho años. Tiene su vida, su familia y su xolo. Después de hablar un rato me contó que el que llevaba era la cría, en realidad, porque a la madre, a “su xolo” la habían envenenado. Ella me hablo de lo inteligentes que son, me dijo que son buenos con los niños y que adora su elegancia. En un momento tuvimos que dejar de hablar: el xolo quería volverse y comenzó a tirar de la cadena hasta que su dueña se despidió y se fue corriendo.

xolo.gifEl xoloescuintle es le perro nacional de México. Si bien durante años fueron considerados un feo engendro, últimamente han surgido criadores y cuestan cada vez más y aún así es difícil conseguirlos. Hasta hay clubes de admiradores de los xolos en varios países. Al parecer, la moda del xolo tendría que ver con que sería un animal ideal para departamentos: no deja pelos ni obliga a lavar la alfombra. Según dicen por ahí, ideal para los que tienen alergia a los pelos de perro. O asma. ¿Un perro de laboratorio?