Camas en viaje (I)

Mi última cama en viaje fue anoche, en un micro de larga distancia. La luz se apagó enseguida, por eso no hay foto. Era un asiento que se hacía cama. A pesar de ese lujo, no soy de las que se duermen rápido, tuve tiempo de mirar el techo con tapizado de flores y la luna que entraba como luz de interrogatorios por la ventana de mi vecina.

Antes de dormirme recordé algunas camas en viaje: tropicales, austeras, ricas y pobres, con vista a un lago y con ventanas cerradas para que no entrara el viento loco. A continuación, la primera parte de una muestra mullida.

Mama Ruisa, un hotel con encanto en Santa Teresa, el barrio bohimio y chic de Río de Janeiro. Intimo, caro, sofisticado, con Elza Soares de fondo y un desayuno inolvidable.

Lo bueno de llegar a Guanajuato fuera de temporada fue conseguir un hotel aceptable (Posada Molino del Rey) a precio de uno malo. Antes o después, un paseo con las tunas y ojalá un beso en el famoso Callejón.

Despertarse con tanta luz borra cualquier malhumor. Hermosas vistas del lago Aluminé desde la Hostería La Balconada. Me acuerdo de la charla con el dueño, uno de esos tipos que cambió de vida, que convirtió su sueño en realidad yun día dejó su trabajo y se fue a vivir al Sur.

De esta cama patagónica lo mejor era el quillango, esa manta de piel de vicuña que seguramente ahora estará prohibida. O será prohibitiva por lo cara. Esta era vieja, estaba en La Oriental, la única estancia dentro del Parque Nacional Perito Moreno.

Sigo con las estancias, justo encontré esa memoria de fotos, este cuarto con esa bella luz que se colaba por las cortinas de pique es uno de los pocos de la Estancia El Cóndor, frente al lago San Martín, en Santa Cruz.

     

El Cóndor es un excelente lugar para hacer cabalgatas. Siete horas a caballo y llegué al Puesto La Nana, donde me reencontré con la bolsa de dormir después de mucho tiempo.

La otra cama, la última de esta primera tanda, fue en el Hotel Libertador, en Trujillo, norte de Perú. Las sábanas eran una delicia, 100% Pima Cotton.


Muerte y nacimiento en México

Juan Carlos Melgar es economista pero esa actividad sería un detalle en esta presentación. Es un amigo mexicano que siente su país y lo recorre cada semana por trabajo. Viaja a pueblos alejados de la ciudad, en estados pobres, donde hay niños migrantes que trabajan desde temprana edad como jornaleros. En sus viajes observa su tierra, se mezcla con la gente, toma fotos, prueba los platillos que le convidan, escribe. A continuación su texto para el Día de Muertos, Especial desde el DF.

Muerte es lo opuesto al nacimiento. Pero en México está definición es inexacta. Desde hace un par de años, mejor dicho, desde que nos gobierna un presidente en guerra, todos los días, todos los mexicanos, somos testigos del nacimiento de algo nuevo. Un país que se preciaba de ser pacífico y receptor de todos los perseguidos, de la noche a la mañana, cambió.
Hoy es lugar común decir que aparecieron varias cabezas en un terreno. Nacen formas nuevas de asesinar. Descubren cuerpos en una fosa, nadie los reclama, nadie sabe de quién son. Una nueva manera de investigar e informar nace. Hombres colgados de postes con mensajes que sólo otros narcos pueden descifrar. Una nueva manera de comunicarse nace. Niños muertos por balas perdidas. Una nueva manera de mentirnos aplican las autoridades. Los niños eran adultos, ya no usaban juguetes, nos dicen. Los números de las víctimas aumentan, pero a los que tienen el poder de tomar las decisiones, pareciera que poco les importa.
Somos el país vecino del gran consumidor. Ese imperio en donde se consume la mayoría de las drogas. Ahí se venden las armas con las que los mexicanos nos matamos unos contra otros. Es ahí, cruzando el río, donde nos dicen que apliquemos cero tolerancia al narcotráfico. Mano dura. Pero, eso sí, ellos están a punto de legalizar la droga en su estado más importante. Y así, pasan los días y crecen las víctimas. Muerte. Muerte por todos lados.
En el barrio más bravo de la Ciudad de México, Tepito, miles de personas van a rezar a la Santa Muerte. La mujer que hace favores y milagros a los sicarios, a los asaltantes, a los hombres que requieren de una manita extra. Un empujón para cumplir con su objetivo. Estos días, dicen, ningún santo tiene más trabajo que ella. Y, a pesar de tanta muerte, seguimos teniendo espacio para la fiesta. Para juntarnos y reírnos. Para celebrar y ofrecer una cara amable al extranjero. Para sacar chistes nuevos y lucir ese humor negro. Ese rasgo tan característico que nos une. Los muertos esperan. Los vivos también. Existe un epitafio que resume muy bien lo que pensamos de la muerte. Es un chiste. Así dice la tumba: “Disculpe que no me ponga de pie, para saludarlo”.


Ofrenda para los 72 migrantes

Mi ofrenda de este Día de Muertos está dedicada a los 72 migrantes asesinados por los narcos en Tamaulipas. Es una muestra terrorífica de los alcances del narco en México. Hoy leía en la Revista Proceso que ya van más de 20.000 muertos desde que comenzó la guerra contra el narco, 32.000 huérfanos y 18.000 viudas.

A los 72 los mataron por la espalda, el último 23 de agosto. Venían de Ecuador, Honduras, El Salvador, Brasil. Desde México cruzarían a Estados Unidos. El viaje hacia una vida mejor terminó por matarlos, quedaron enterrados en una fosa común. Muchos todavía no fueron identificados.

Como comentaba en el post anterior, en la página 72migrantes se les rinde un homenaje virtual, con fotos y textos. Escriben Alma Gillermoprieto, Juan Villoro, Alberto Chimal, Alejandro Almazán, Marcela Turati, Elia Baltazar, Cecilia González. Alfonso López Collada eligió 72 palabras para recordar al Migrante N°7.

72 palabras: Miseria. Desempleo. Decisión. Migración. Familia. Miedo. Ahorritos. Llantos. Escribes. Caminata. Enganchador. Dinero. Rebaja. Más. Acuerdo. Veredas. Escondites. Sumisión. Esperanza. Selva. Frontera. Quietos. Peligro. Uniformados. Pásenle. ¿Cómo? Suerte. Gracias. Risas. Atención. Inmovilidad. Tren. Córrele. Bríncale. Tropezón. ¡Pendejo! Caída. Mutilación. Sangre. ¡Ayúdenme! Nadie. Vías. Soledad. Viento. Lento. Pájaros. Sol. Luna. Desmayo. Muerte. Bájense. Síganme. Bodega. Esperen. Extraños. Armas. Acostar. Acomodar. Maniatar. Preparar. Apuntar. Pavor. Gritar. Disparar. Matar. Abandonar. Encontrados. Ordenados. Inertes. Espanto. Destino: México”.


Antes de Muertos

El año pasado en un vuelo de San Francisco a DF, conocí a Gustavo G., un migrante que se salvó.

Me contó su historia y desde ese día el árbol de toronjas tiene un nuevo sentido para mí.

Este año, algunos meses atrás, leí en las noticias sobre los 72 migrantes llegados de Centroamérica que fueron asesinados por los narcos en un rancho de Tamaulipas. Esa vez fueron 72 pero cada año son muchos más los migrantes que no se salvan.

No me extrañó ni siquiera me sorprendió la noticia porque la violencia narco en México está llegando a niveles de susto. Cuando estuve por ahí asistí a un seminario para periodistas sobre cómo cubrir el narco. Conocí la historia de los Zetas, supe que existen los Zetitas, aprendices de narco de menos de quince años, y entendí cómo es la vida cotidiana en un país que se acostumbró al poder, la ley y la violencia del narcotráfico, que incluye extorsiones, secuestros, decapitaciones.

En el DF esa realidad es lejana, pero en Chihuahua, ya son más los muertos por el narco que por vejez. Hace un tiempo era el cuarto lugar más peligroso del mundo. Hoy quizás ya es el tercero.

Conozco muchos periodistas mexicanos que cubren el narco y las pérdidas que van asociadas a la creciente actividad: familias desmembradas,  mujeres solas, miedo y generación de jóvenes que se está perdiendo.

Después de la muerte de los 72, la cronista Alma Guillermoprieto pensó en hacer un altar virtual para honrar a estas personas. Convocó a periodistas, escritores y fotógrafos a componer un texto homenaje a cada uno de los muertos, muchos de ellos aún no identificados. Todavía faltan historias, pero la página 72 migrantes ya está online.

Este año, mi altar para el Día de Muertos estará dedicado a ellos.  Según las coordenadas de varios mexicanos consultados, me faltarán algunos elementos en mi altar casero. Pero no importa, los reemplazaré por otros y los 72 migrantes tendrán un modesto homenaje desde Argentina.


Nostalgias con sazón, por Cecilia González

Dice Seinfeld que los amigos que uno conoce después de una edad nunca serán tan amigos como los que se hacen de chico. En algún momento pensé que podía tener razón, pero después de encontrar algunos buenos amigos nuevos, ya lejos de la adolescencia, estoy convencida de que Seinfeld tuvo mala suerte o estaba equivocado.

Cecilia González es una de ellos. Corresponsal en Buenos Aires de la agencia mexicana de noticias Notimex, además de pasión por el periodismo y el cine, Cecilia siente pasión por la cocina. Y la comparte en sus cenas temáticas. Anoche, por ejemplo, comimos tajine de pollo con cous cous. Hace algunas semanas, chilaquiles de concurso.

Cuenta doña Flora Ríos Rojas, la mamá de Cecilia, que la niña por poco nace entre buñuelos bañados con miel de piloncillo y el humeante atole blanco. La parió un 17 de septiembre a las 10 de la mañana, unas horas después de haber levantado su puesto ambulante que cada año ponía en el Zócalo para vender durante el Grito de Independencia, el 15, y durante el desfile militar, el 16. Cecilia cree que se decidió a salir del vientre de Florita atraída por el irresistible olor a fritangas de los días patrios.

Su libro Nostalgias con sazón es un recetario de comida casera mexicana, el recetario de su propia madre para ser exacta. Pero es más que eso, incluye canciones, historias y algunas metáforas de sabiduría ancestral hechas con palabras. Como Del plato a la boca, a veces se cae la sopa, en referencia a que los planes nunca son del todo seguros, o Sólo las ollas saben los hervores de su caldo para aclarar que cada quien sabe sus propios secretos.

El libro tiene nopales, chile, jitomate, mole y corazón. Madre e hija, una en el Distrito Federal y la otra en Buenos Aires, elaboraron a distancia este libro de cocina que rescata la herencia de Florita, una mujer que cocina desde niña. Recuerda ella: “Eran como las seis de la tarde y estábamos todos los muchachos sin comer, porque mis madrinas se habían ido a un entierro. Andábamos jugando en el patio porque todavía éramos muy chamacos. Yo dije: ‘bueno voy a hacer la sopa’. Del guisado no me acuerdo qué hice, pero tuvo que ser algo fácil, como chicharrón. De la sopa sí me acuerdo mucho, porque yo ya había visto que primero la freían y como a mí me ponían a moler el jitomate en el metate con ajo, pues ya sabía eso, todo molido, se le echaba luego a la sopa. Lo que me dio duda fue la sal, pero dije: ‘yo la pruebo, total, si me sabe bien es que ya está’. He de haber tenido siete u ocho años”.

Antojitos, tamales, tacos, tortas, sopas y chocolate, el trae tiene recetas posibles, comprobadas durante toda una vida por Flora, que vendía sus platos en la calle y en el mercado. Le pregunté a Cecilia con qué aconseja iniciarse en la gastronomía mexicana. Su respuesta fue simple: “Lo mejor son los tacos. Haces cualquier guiso y se lo echas a la tortilla y ya tienes tu taco. De las recetas del libro, me parece que lo más fácil es el arroz a la mexicana, el picadillo y las papas con rajas, sobre todo porque los ingredientes se encuentran en cualquier parte. Con eso ya haces una taquiza.”

Dijo taquiza y recordé la divertida canción de Chava Flores que, por supuesto, figura en el libro. Y se puede escuchar aquí. De postre, carcajadas.


¡Viva el surrealismo mexicano!

De ninguna manera volveré a México. No soporto estar en un país más surrealista que mis pinturas.” Eso escribió Dalí, a la vuelta de algún viaje por tierra azteca.

La imagen de este post fue tomada por Gustavo Gatto, fotógrafo argentino radicado en México . Unos días atrás terminó su libro De imágenes y palabras, que hace foco en el surrealismo que encontró en las calles del DF, una de las ciudades más grandes del mundo. Se puede hojear y comprar en blurb. Más fotos y más surrealismo, aquí.


La ley de la vergüenza (SB1070)

“La hija de Hitler. Ella clasifica a la gente según donde nació. La historia se repite. Si no sos rubio de ojos celestes, cuidate.”

Esto se lee en el montaje que circula en Internet en contra de la gobernadora de Arizona, Jan Brewer que promulgó la Ley SB 1070, en contra de los inmigrantes, que entrará en vigor dentro de tres meses.

Para leer más sobre esta ley, que autoriza a la policía a detener a cualquier sospechoso de estar en el país en forma ilegal, ha inspirado a otros siete estados, la nota de Pablo Ordaz en El País de hoy.

Obama la condenó y el secretario de justicia de Estados Unidos Eric Holder expresó su preoucpación. Mientras tanto, en Facebook ya hay un grupo en su contra con más de un millón de miembros, y se planea un boicot a Arizona para el próximo 23 de mayo.


10 imperdibles de La Condesa

El barrio de moda en el DF se llama La Condesa, pero los chilangos le dicen Condechi.

Es una zona arbolada, custodiada y de trazado irregular, por momentos elíptico, porque hace cien años fue un hipódromo. La calle Ámsterdam, una de las principales, era parte de la pista. En la actualidad, se ha convertido en un barrio caro al que se mudaron extranjeros, pero hasta hace poco La Condesa era un lugar bohemio, donde vivían músicos, periodistas, pintores y escritores que en esta época fashion se las ingenian para sobrevivir entre bares, restaurantes y alquileres cada vez más caros.

Los fines de semana, los restaurantes tienen fila de gente en la puerta y es tan complicado encontrar estacionamiento que se ha instalado el servicio de valet parking en cualquier esquina. La familia de la Condesa de Miravalle, Doña María Magdalena Dávalos de Bracamonte y Orozco, fue la primera propietaria de las tierras, que duraron poco como hipódromo, hasta la Revolución de 1910. El nombre quedó, y también muchas de las elegantes y costosas residencias que hubo antaño. Más tarde llegaron el art déco y las construcciones modernistas, que también se quedaron. Un buen ejemplo es la Casa Nike 1902, una bella mansión de los años 20 convertida en un negocio de ediciones limitadas de zapatillas y ropa deportiva. En el predio hay un jardín vertical y un bar con jugos de frutas.
Restaurantes, hoteles boutique como el famoso Condesa DF, bares, negocios de ropa vintage, peluquerías trendy y librerías donde sentarse a leer y escuchar música, un barrio para volver más de una vez.

Librería Rosario Castellanos. Av. Tamaulipas 202. El antiguo cine Lido se ha transformado en una de las mejores librerías del Distrito Federal, del Fondo de Cultura Económica. El exterior del edificio conserva las líneas originales del art déco y la torre, que hoy es el faro del barrio. En el interior, el espacio es amplio y abierto, y además de encontrar novedades, rarezas y clásicos, se puede tomar café, hay ciclos de cine y presentaciones de libros.

Ámsterdam. Esta calle es un óvalo perfecto. No responde al capricho de un arquitecto, la razón de su forma es que en algún momento fue la pista del hipódromo. Por allí corrían los caballos a toda velocidad. Hoy, tiene un boulevard con vegetación tropical y fuentes. La rodean bares y edificios de los años 30. Es una de las pocas calles de La Condesa que no lleva el nombre de una ciudad o estado mexicano. Antes o después de caminar por Ámsterdam, una lectura recomendada. La reciente novela de Juan Villoro que trasncurre ahí, a la intemperie: Llamadas desde Amsterdam (Ed. Almadía). Read the rest of this entry »


“Alta Traición”, de José Emilio Pacheco

 

   No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos.

 

El poeta mexicano José Emilio Pacheco ganó ayer el Premio Cervantes 2009. En junio último, la revista Letras Libres le dedicó un dossier que se puede leer aquí.  


Mi ofrenda de muertos

Finalmente elegí la biblioteca, un lugar de respeto dentro de la casa. Ahí está mi ofrenda para mis abuelos, con sus flores frescas, la sal, sus caballitos de tequila auspiciados por Paquita La del Barrio, un Partagás y un Romeo y Julieta, incienso, velas, papel picado, collares y anillos, plantas, jabón y paño para asearse, un espejo y unas catrinas para que los acompañen en su viaje.  

Lala era fanática de los viajes, de los brownies y de los scons. Los que están en ese cuenco de barro  fueron hechos por mi madre con su receta. A propósito, son una delicia y bastante fáciles. La dejo aquí abajo por si alguien se anima:

Scons Lala: 300 g de harina y 100 g de manteca, deshacerlo bien. Hacer un hueco en la mesada y poner 1 huevo,4 cucharadas de azúcar y algo de leche o agua fría. ¡No amasar! Sólo unir, aplastar y marcar. Diez minutos de horno moderado.

¡Y qué vivan los muertos, pues!




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