Un mandala de piñones

En algún sentido, los piñones son o, mejor dicho, fueron la base de la cocina mapuche. En una época no tan lejana, los pobladores originarios de estas tierras altas aprovechaban al máximo el fruto de la araucaria o pehuén, el árbol que dominaba la zona y que le dio nombre a Villa Pehuenia y a la IX región chilena, la Araucanía.

Si es un buen año, de cada árbol -sólo las hembras dan piñones- se pueden obtener más de cien kilos de piñones. Como me contó doña Angela Trekaman, una mujer mapuche que conocí en Cinco Lagunas, uno de los mejores paseos de Villa Pehuenia, “el piñón ahora ya no se usa como antes, ahora es más chico y más seco, ha cambiado”. Antes se agregaba en el puchero, como si fueran porotos, y se hacía puré. También usaba la harina  para hornear pan, y se preparaba mudai, una bebida a base de piñón. Si bien se puede tostar, la manera más difundida de comer el piñón es hervirlo. Los primeros pobladores lo usan menos, pero los nuevos cocineros se acostumbraron a mezclarlo en los rellenos de sus pastas y hasta en postres.

Denise Giovaneli, la fotógrafa con la que viajé a Neuquén, me propuso un día que armemos un mandala de piñones. Hay un artista que a Denise le encanta y en él se inspiró. El tipo se llama Andy Goldsworthy y se dedica a construir estructuras a partir de elementos de la naturaleza: flores silvestres, palitos, agua, hojas. Entonces, ese día nos fuimos hasta Bahía de los Coihues, en la punta de la península de Villa Pehuenia y hicimos un mandala de piñones sobre una roca, éste que se ve en la foto.

Cuando lo terminamos, siguiendo la costumbre tibetana, lo desarmamos en un canto a la impermanencia de las cosas y de la vida. Después, nos fuimos a pasear por un bosque de coihues.


Noticias, temas y links

Alemania abrirá su primer hotel nudista

La ropa está prohibida en el Hotel Rosengarten, en Freudenstadt, un pueblo de la Selva Negra. Eso sí, según las normas del establecimiento, que abrirá sus puertas próximamente, todos los huéspedes deberán colocar toallas sobre las sillas antes de sentarse. El hotel, de 32 habitaciones, está en el suroeste del país, cerca de un parque nacional, por eso hay varias opciones de trekking en las cercanías. En esos casos, será posible usar ropa, pero en ningún recinto del hotel está permitida.
La Asociación Alemana de Nudismo, que este año celebra su 60 aniversario, cuenta con más de 40.000 miembros y es una de las más antiguas de Europa. Se fundó en en los años 20 y fue prohibida por los nazis que consideraban que el nudismo era inmoral. 

nudisthotel

 

 Semana Santa en Madrid

El Patronato de Turismo de Madrid propone treinta visitas guiadas que descubren desde la ciudad más aristocrática hasta las tabernas tradicionales o los secretos del parque del Retiro. Durante esta semana se agrega un circuito, el de las tradiciones de Semana Santa.
Hasta el 11 de abril, a las 18. Lugar de encuentro: Centro de Turismo de Madrid (Plaza Mayor 27). La tarifa por persona es 3,90 euros. Más información, aquí.

 

¡No más aleta de tiburón en los casamientos asiáticos!

En China, Taiwan y Singapur es costumbre y símbolo de status agasajar a los invitados a un casamiento con una deliciosa sopa de aleta de tiburón. Para que esta costumbre se mantenga muere un gran número de tiburones porque  la mayoría de las veces le sacan sólo la aleta y lo devuelven al mar. Pero, ya no puede nadar bien y muere. Unos días atrás, un novio con conciencia ecológica -y novia buzo- dijo basta. Se llama Han Songguang, es profesor de geografía y les propuso a los invitados a su boda un menú distinto: sopa de langosta. Para digerir mejor el cambio, en cada silla los invitados encontraron una postal de un tiburón muerto.  

 

 

Desayuno en Londres

Algunas personas se toman en serio eso de que el desayuno es la comida más importante del día. Este blog está escrito por fanáticos del desayuno, gente que adora la panceta crocante y porotos bien calientes, y odia las salchichas grasosas que salen del microondas y el pan que viene tostado de un solo lado. Gente como Malcom Eggs, un exigente de la primera comida del día. En el blog hay buenos datos de lugares para conocer en Londres, y ahora también en otras ciudades del mundo.

 


Domingo animado


Plan Austral: rock financiero en Berlín

Leandro Uría está en Berlín hace diez días. Desde que fue la primera vez, vuelve siempre que puede. Leandro trabaja como periodista en el diario La Nación de Argentina, pero como si tuviera inspiración renacentista, también es escritor y músico.

Plan Austral fue un programa de supuesta estabilización monetaria que instaló el gobierno de Raúl Alfonsín. Y es el nombre con el Leandro Uría toca su rock financiero: canciones propias y algunos covers con guitarra criolla. En Myspace se pueden escuchar algunos temas. De los que está ahí mi favorito es Peronismo de Perón. Aunque espero que pronto agregue Luz de Cañaveral, su último hit.

Un par de días atrás me mandó un correo invitándome a su show.  Yo no estaré en Berlín en los próximos días, pero quizás algún lector de Viajes Libres, ¡sí! 

Uría Tocará en vivo mañana a las 21, en Madame Claude que queda en Skalitzerstr. Ecke Wrangelstr. 10997 Berlin Kreuzberg. El martes, también a las 21, en Intersoup, Schliemmanstr. 31. Prenzlauer Berg.

El correo con la invitación me lo escribió desde su casa temporaria en lugar Friedrichshain, un barrio de muchos ocupas y de la avenida Karl Marx que según él parece Moscú.

La primera foto de esta página, que también venía en el correo, es una vista del barrio: el río Spree y esa construcción con graffittis. Me contó Leandro que sacó la foto desde el llamado puente Oberbaum o Oberbaumbrücke, que separa a Friedrichshain (antiguo Berlín del Este) de Kreuzberg (Berlín Occidental), un little Estambul. Ambos barrios estaban separados antes por el muro.

Cuando le respondí, le mandé una pregunta: ¿Por qué te gusta Berlín? Y me dijo: “Porque estuvo destruido y ahora está de pie. Porque estuvo separado y ahora está unido. Entonces que nadie les venga a decir a los berlineses que algo es imposible”.


Inventario saludable para un viaje a Brasil (II)

abacaxi        açai

 

 ameixa       amora

 

   banana       caju

     figos       goiaba 

   graviola (guanábana, en español)

 

  jaca       laranja

 

    maçã       mamão    

 

  manga  maracujá

       

melancia    melão  


 

    morango        toronja 

 

 uva   


Inventario saludable para un viaje a Brasil (I)

  abacate       abóbora  

 

 abobrinha    aipo       

 

  alcachofra      alface      

 

 alho    aspargo

 

 batata          berinjela

 

     beterraba        cebola  

   

    cenoura          ervilha

   

   espinafre     milho

 

   tomate cereja  vagem          


Octubre, mes mundial de las aves

En el mundo existen 48 millones de observadores de aves que invierten unos 85 billones de dólares en la actividad, según los datos de Birdlife International. No sé cómo se elaboran esas estadísticas, pero supongo que no formaré parte de esos millones de fanáticos. Sin embargo, me gusta observar aves. Disfruto particularmente del instante del descubrimiento. Sobre un alambrado, en un poste de luz, detrás de una rama, en la copa de un árbol.

Me acuerdo que una vez, en un viaje de trabajo a Iguazú visité el lodge Yacutinga. Un día, me levantaron a las cinco de la mañana para ir a observar aves. Como apenas podía abrir los ojos a esa hora y se me hacía difícil observar hasta el árbol que tenía adelante no puse demasiada expectativa en el paseo. Así, después de una caminata medio dormida por la selva llegué a un bote, donde había una pareja de alemanes frescos y silenciosos, y un guía que según comprobé luego, tenía buena vista. 

Poco a poco, mientras el bote avanzaba por un riacho marrón cerca del río Iguazú los sonidos de la selva y la luz que entraba por las copas de los árboles me fueron despertando y de repente vi una garza. Y después un tucán de pico naranja. Ya llevábamos una hora navegando cuando el guía dejó de remar, señaló unos arbustos cerca de la orilla y me pasó unos binoculares. No vi nada. Al parecer, los alemanes tampoco. Entonces, él volvió a apuntar su índice y la segunda vez pude verlo. No recuerdo el nombre del pájaro, pero sí el color turquesa intenso. Como si estuviera hecho con agua del Caribe. Era muy pequeño y apenas pestañeamos se voló.

Nunca supe más de él, pero guardo esa observación como un logro. Igual que la del quetzal en Guatemala, la del martín pescador en los Esteros del Iberá, la del pelícano blanco en la laguna de Chacahua y la del colibrí en el patio de la casa de una amiga. Me gusta pensar así la observación de aves. Como los que coleccionan carreras o cruceros o cornamentas de ciervo o países, cada ave que uno descubre es una figurita nueva. Y parece que ese pajarito turquesa era una figurita difícil. Esa madrugada los alemanes -que seguramente sí pertenecían a los 48 millones de observadores de aves- no podían creerlo cuando lo vieron. Enseguida lo buscaron en su guía especializada y comprobaron que ellos lo estaban viendo en libertad. Cuando ella anotaba el nombre del ave, el lugar y la hora en su libreta de campo, la mano le tembló de emoción.

Los países con más observadores de aves son Inglaterra, con más de un millón, Estados Unidos (600.000), Holanda (125.000) e Italia (20.000). Muchos de ellos aprovechan el cambio y la diversidad de aves y viajan exclusivamente en busca de aves. Este mes, en Argentina hay visitas y cursos y salidas de observación y una nutrida agenda -desde cursos y salidas en Esquel, en la Patagonia, hasta avistajes en la Laguna Blanca y el Parque Nacional Río Pilcomayo- organizada por Aves Argentinas especialmente para el Festival Mundial de las Aves del que participan 88 países y que este año está dedicado a las aves migratorias y sus rutas.


Orientatlón, una carrera de estrategia

Me encontré con un amigo en un bar. No lo veía hace un tiempo y me contó que está corriendo carreras de aventura. “Se llaman orientatlones y son carreras donde los competidores necesitan, además de estado físico, una mínima noción de navegación terrestre y uso de GPS”, me contó entusiasmado.

Parece que después de la sirena de largada, los participantes no salen corriendo hacia la meta como en una típica carrera. En un orientatlón, después de la largada, los equipos se sientan a leer el mapa, que hasta ese momento no conocían. Lo estudian y deciden cuál será el rumbo a seguir. Sólo después parten, a la aventura y a la carrera.

La idea me recordó al Desafío de los Volcanes, que hace unos años cubrí para el diario La Nación. Sólo que esa es una versión más extrema y con competidores que se pasan buena parte de su vida entrenando. Los orientatlones de los que participa mi amigo son de menor exigencia y uno puede inscribirse en distintos niveles. El último se corrió hace unos días en La Cumbrecita, Córdoba, y duró dos días de naturaleza agreste y cielos limpios.

“El primer día tratamos de juntar la mayor cantidad de puntos, que se obtienen al llegar a distintos puestos de control -cada uno tiene distintos valores- y finalmente al campamento. El puntaje está relacionado con el grado de complejidad y distancia, por eso la estategia es fundamental. Y también la brújula: trazar un rumbo lo más aproximado posible a la meta. Me gustó mucho la caminata, pero lo que más disfruté fue la noche silenciosa y fría desde mi vivac, bajo el cielo protector”, me contó mi amigo, que después de ese trekking por las sierras ya se anotó en el próximo orientatlón, el último del año, que se correrá en San Luis.


Los diez años de La Orquesta de los Vegetales

La Orquesta de los Vegetales, con base en Viena, hace música únicamente con vegetales frescos. Hay flautas de zanahorias, bongós de apio, bajos de zapallos y violines de puerro. Eso no quiere decir que sus integrantes sean vegetarianos, todo lo contrario. Aunque después de algunos conciertos, suelen prepara coloridas sopas con los vegetales que ya usaron. Muchas veces, la audiencia está invitada a probarla.
La orquesta da entre veinte y treinta conciertos por año en el mundo y en cada show repiten un trabajo de exploración del sonido vegetal. Por esta época, el grupo festeja sus diez años con varios conciertos en Europa. Próximamente, en Italia.


El Boom Festival de Portugal

Estando en la India lo que menos pensás es en Portugal, se sorprendió Pritama cuando recorría Goa y escuchaba que unos europeos por acá y otros por allá le nombraban el Boom Festival, que se hace cada dos años -durante la luna llena de agosto- en un campo alejado de Portugal. “Tenés que ir a Portugal”, le decían y repetían. 

Desde ahí hasta que finalmente fue al Boom Festival, no dejó de encontrarse con fanáticos del Boom en India, España y Argentina.

Simplificando, es una fiesta trance que dura seis días y reúne más de 20.000 personas. Este año, termina el próximo 18 y la entrada costó 115 euros. Después de llegar a Idanha-a-Nova, en el centro este de Protugal, hay que hacer una cola de 9, 10 o 14 kilómetros durante un rato, hasta que abren las puertas. Cada uno va con su carpa. Adentro hay estacionamiento, puestos para comer, baños, talleres, performances y un gran lago para bañarse. Adentro no hay sombra, así que los que planifiquen un Boom para 2010 consideren llevar sombrillas.

Más allá de las cuestiones prácticas, Pritama Molinari cuenta sus impresiones íntimas sobre el último festival.

Desde que entré en el Boom hasta que me fui -seis días más tarde-, tuve la sensación de encontrarme en un universo paralelo. El bellísimo campo de Idanha-a-Nova, rodeado por una laguna enorme de agua fresca y transparente, estaba copado por instalaciones y estructuras de más de 70 metros de altura, puentes, oasis verdes en medio del desierto, cyber esculturas, objetos reciclados transformados en arte, y la hipnótica música trance ambientándolo todo.

Pero lo sorprendente no fue sólo la puesta en escena, sino la gente. Personas de todo el mundo, viajeros que cada dos años peregrinan desde donde sea para celebrar este encuentro cosmopolita y auténtico. Mujeres, hombres y niños vestidos con looks increíbles… destilando un estilo de vida fuera de la moda, de la sociedad, de cualquier sistema establecido. Durante el primer día prácticamente no hice más que mirar. Parecía una congregación de guerreros de luz, recién salidos de la Matrix.

Este festival nació como idea en Goa, y trae de las costas indias, el misterio y misticismo. Desde 1997, se realiza cada dos años en Portugal, y tiene una organización impecable por personas de diversos países, convencidas de que otro mundo es posible.

Durante mis días en el Boom, las horas no me alcanzaban para ver y estar en tantos espacios a la vez. Había performances simultáneamente y a cualquier hora.

Una madrugada caminaba por la montaña en dirección al Sacred Fire -lugar dedicado a los recitales de música étnica o sagrada- y vi que toda la gente señalaba a la luna, una bola amarilla colgando del horizonte. Cuando miro mejor, me doy cuenta que no era la luna, sino un globo aerostático fosforescente, y que lo que caía de esa luna no eran estrellas, sino personas, también fosforescentes, y sin paracaídas… ¡que volaban en caída libre hasta aterrizar en la laguna!

No terminaba de reponerme de una visión tan impactante, cuando un chico al lado mío hacía malabares con fuegos artificiales, y en otro rincón se proyectaba un video tridimensional sobre las gotitas de una cortina de agua, o cualquier otra cosa por el estilo, jamás vista.

Además de las performances, los recitales y los dj’s y vj’s haciendo bailar a la gente sin parar, había talleres de técnicas de meditación, agricultura biológica, mandalas, horóscopo maya, ecología sostenible, medicina alternativa, yoga, terapias. Todo el mundo alternativo tenía lugar y horario en distintas carpas.

Y todo el tiempo, la música como un motor que guiaba la celebración de más de 20.000 personas dispuestas a cambiar el mundo desde dentro, desde el interior de uno mismo.

Los seis días pasaron a toda prisa entre los baños en la laguna, las deliciosas comidas de los puestos biológicos, los atardeceres, los nuevos amigos que me hablaban de otras culturas, de otras formas de vivir la vida.

En este momento, otra edición del Boom Festival está sucediendo, y aunque este año no pude ir, siento que una parte mía baila y agradece que haya tanta gente celebrando en el lado luminoso. Como dice el lema del Boom 2008: Todos somos todo. Y otra realidad está siendo en un campo de Portugal.”




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