Chile, Tierra del Encanto

Este corto, realizado por James FitzPatrick para la Metro Goldwyn Mayer, pertenece a la serie Traveltalks, The voice of the globe que promocionaba ciudades y países a fines de los años 30.

Cuenta un viaje desde Nueva York hasta el puerto de Valparaíso en un transatlántico de lujo, con “doctores, abogados, diplomáticos, escritores, ingenieros, actrices y numerosos otros en todos los campos de la actividad humana” [...] “Todos reunidos como una gran familia, compartiendo una vida, las ventajas y los placeres de un todo y representando lo más cercano a una utopía, siempre creciendo en los anales de la experiencia humana”. [...] “Los pasajeros que conocimos a bordo representan tantas visiones de la vida y vienen de tantos y tan diferentes países que le dan a esta tripulación ambiente internacional”.

De la misma serie y de la misma época, documentales de Río de Janeiro, Lima y Ciudad de México. Un lujo, en technicolor.

Vía Conexiones


Día de esplendor


Splendor in the grass, de Pink Martini. (Y si gozan del espíritu navideño, Joy to de world)


Bailarinas urbanas

The Ballerina Project


El Downtown desde atrás



Downtown from behind


Muerte y nacimiento en México

Juan Carlos Melgar es economista pero esa actividad sería un detalle en esta presentación. Es un amigo mexicano que siente su país y lo recorre cada semana por trabajo. Viaja a pueblos alejados de la ciudad, en estados pobres, donde hay niños migrantes que trabajan desde temprana edad como jornaleros. En sus viajes observa su tierra, se mezcla con la gente, toma fotos, prueba los platillos que le convidan, escribe. A continuación su texto para el Día de Muertos, Especial desde el DF.

Muerte es lo opuesto al nacimiento. Pero en México está definición es inexacta. Desde hace un par de años, mejor dicho, desde que nos gobierna un presidente en guerra, todos los días, todos los mexicanos, somos testigos del nacimiento de algo nuevo. Un país que se preciaba de ser pacífico y receptor de todos los perseguidos, de la noche a la mañana, cambió.
Hoy es lugar común decir que aparecieron varias cabezas en un terreno. Nacen formas nuevas de asesinar. Descubren cuerpos en una fosa, nadie los reclama, nadie sabe de quién son. Una nueva manera de investigar e informar nace. Hombres colgados de postes con mensajes que sólo otros narcos pueden descifrar. Una nueva manera de comunicarse nace. Niños muertos por balas perdidas. Una nueva manera de mentirnos aplican las autoridades. Los niños eran adultos, ya no usaban juguetes, nos dicen. Los números de las víctimas aumentan, pero a los que tienen el poder de tomar las decisiones, pareciera que poco les importa.
Somos el país vecino del gran consumidor. Ese imperio en donde se consume la mayoría de las drogas. Ahí se venden las armas con las que los mexicanos nos matamos unos contra otros. Es ahí, cruzando el río, donde nos dicen que apliquemos cero tolerancia al narcotráfico. Mano dura. Pero, eso sí, ellos están a punto de legalizar la droga en su estado más importante. Y así, pasan los días y crecen las víctimas. Muerte. Muerte por todos lados.
En el barrio más bravo de la Ciudad de México, Tepito, miles de personas van a rezar a la Santa Muerte. La mujer que hace favores y milagros a los sicarios, a los asaltantes, a los hombres que requieren de una manita extra. Un empujón para cumplir con su objetivo. Estos días, dicen, ningún santo tiene más trabajo que ella. Y, a pesar de tanta muerte, seguimos teniendo espacio para la fiesta. Para juntarnos y reírnos. Para celebrar y ofrecer una cara amable al extranjero. Para sacar chistes nuevos y lucir ese humor negro. Ese rasgo tan característico que nos une. Los muertos esperan. Los vivos también. Existe un epitafio que resume muy bien lo que pensamos de la muerte. Es un chiste. Así dice la tumba: “Disculpe que no me ponga de pie, para saludarlo”.


Ofrenda para los 72 migrantes

Mi ofrenda de este Día de Muertos está dedicada a los 72 migrantes asesinados por los narcos en Tamaulipas. Es una muestra terrorífica de los alcances del narco en México. Hoy leía en la Revista Proceso que ya van más de 20.000 muertos desde que comenzó la guerra contra el narco, 32.000 huérfanos y 18.000 viudas.

A los 72 los mataron por la espalda, el último 23 de agosto. Venían de Ecuador, Honduras, El Salvador, Brasil. Desde México cruzarían a Estados Unidos. El viaje hacia una vida mejor terminó por matarlos, quedaron enterrados en una fosa común. Muchos todavía no fueron identificados.

Como comentaba en el post anterior, en la página 72migrantes se les rinde un homenaje virtual, con fotos y textos. Escriben Alma Gillermoprieto, Juan Villoro, Alberto Chimal, Alejandro Almazán, Marcela Turati, Elia Baltazar, Cecilia González. Alfonso López Collada eligió 72 palabras para recordar al Migrante N°7.

72 palabras: Miseria. Desempleo. Decisión. Migración. Familia. Miedo. Ahorritos. Llantos. Escribes. Caminata. Enganchador. Dinero. Rebaja. Más. Acuerdo. Veredas. Escondites. Sumisión. Esperanza. Selva. Frontera. Quietos. Peligro. Uniformados. Pásenle. ¿Cómo? Suerte. Gracias. Risas. Atención. Inmovilidad. Tren. Córrele. Bríncale. Tropezón. ¡Pendejo! Caída. Mutilación. Sangre. ¡Ayúdenme! Nadie. Vías. Soledad. Viento. Lento. Pájaros. Sol. Luna. Desmayo. Muerte. Bájense. Síganme. Bodega. Esperen. Extraños. Armas. Acostar. Acomodar. Maniatar. Preparar. Apuntar. Pavor. Gritar. Disparar. Matar. Abandonar. Encontrados. Ordenados. Inertes. Espanto. Destino: México”.


Desayuno retro en la Puna

En el comedor del Residencial Cesarito, en Abra Pampa, Jujuy, el perfil de Nueva York no cambió en 2001 y posiblemente no cambie nunca. La ciudad quedó congelada una tarde rosa. Más allá del terrorismo, más acá del Photoshop. En medio de la Puna, a 3600 metros de altura.


Desde NYC, un email para guardar

Me escribe una amiga desde Nueva York.

Hace siete años que no viajaba a la ciudad donde vivió un tiempo, a la ciudad que la emociona y, quizás lo más importante, al lugar donde ella siente que todo es posible.

Me escribe y me cuenta su día. Impresiones en short y sandalias porque hace calor. Camina, mira y reflexiona a pesar de estar en movimiento de la mañana a la noche.

A continuación, algunos tramos de su email, que me llegó un día que no fue el más largo del año, pero parece.

“Entré en un ritmo vertiginoso, algo así como que llegué, decía Borges que el alma tarda en llegar al lugar. Estoy como si me hicieran shiatsu, viste que te aprietan en distintos puntos bien profundo, bueno así, con muchos flashbacks de toda mi vida, de mi vida acá y allá, por momentos, sobre todo de mañana hasta me da por llorar, no mal, pero me vienen brisas de melancolía, de emoción, de alegría, en fin, movidita.

El tiempo sigue súper caluroso, una fiesta y hoy como es sábado, había fiesta en las calles cada dos pasos, me di una panzada de música en vivo, de esos que te topás sin querer. También había una cuadra entera de un thrift shop que sacó todo a la calle, pero a la altura del día que me lo encontré estaba agotada ya de ver y me senté a escuchar a unas mellizas que tocaban una especie de folk/jazz buenísimas.

Lo que pasa en las calles de esta ciudad es un regalo permanente. También estuve hablando mucho con el uruguayo Javier de la librería Mc Nally Jackson. Después vi a un amigo en el Meatpacking district, hicimos Brunch ahí, hace mucho que no iba por esa zona y esos hanging gardens me parecieron maravillosos, hace 10 años hice una nota por ahí y todavía había mataderos, me impresiona cómo crece esta ciudad y lo que mas me gusta es cómo al pensarla, en el desarrollo, incluyen los espacios públicos, eso me da vuelta.

También fui por primera vez a Queens, comimos en un restaurante griego buenísimo y mucho mas barato que acá, me gustó Queens, en realidad donde estuve era Astoria, y me gustaría volver, quiero volver a todos lados.

Las tardecitas-noches son muy neoyorkinas porque en general me encuentro con Tulio y algún amigo y vamos a lugares que no conozco, anoche estuve en el Lower East en uno que se llama 1492, español y nos mandamos unas tapas. Estuve en Chinatown, bien adentro, tan adentro que en vez de darte el vaso de agua cuando te sentás te dan té de jazmín, me acordé de vos ayer porque fui a uno recomendado en la Lonely Planet y ya no existía. Estoy descubriendo muchas librerías independientes, varias en Chelsea, librerías thrift!!!  Dan ganas de llevarse un container.

Ayer estuve en la NYPL, antes descansé en el Bryant Park que me encanta, es tan loco ese parque porque esta a metros de Times Sq. y es totalmente silencioso, nunca entendí cómo puede ser posible.

Bueno en la NYPL conseguí entradas despues de mucha cola o waiting list para escuchar a Christopher Hitchens, que presntaba un libro nuevo. La espera fue bastante en vano porque la verdad es que le entendí la mitad de lo que dijo, es un hijo de puta que habla una mezcla de inglés de Inglaterra y de acá, y me dio la sensación que es algo así como políticamente incorrecto, una onda Amis, y ese estilo últimamente me pudre un poco. Lo otro fue que había un aire acondicionado mal, pero mal, mal. Lo mejor: el entrevistador, de lujo total, puso en un momento un audio de un profesor del tipo cuando era joven y estudiaba en Inglaterra para introducir una pregunta. También había una chica que dibujaba todo lo que ocurría, y en la platea se veía toda esa mezcla humana que hay en esta ciudad que me vuelve loca de alegría, me gustan definitivamente las mezclas. Hay un tipo de vieja muy NY, en general son altas, de manos alargadas, concentradas, que hacen crucigramas mientras esperan, que llevan el pelo blanco, vestidas cómodas, se las ve curiosas, me encantan.

Mañana parto a Harlem, me ofrecieron por prensa hacer un tour muy temprano y lo voy a intentar, dudé, nunca hice un tour, en realidad una vez también una chica me acompaño hace años a hacer una bicileteada por el Central Park y fue buenísimo. Si me aburro, me voy, tengo pase a otro servicio con gospel en alguna iglesia, asi que tal vez vuelva a bailar God is great, esta vuelta parece que quiero Harlem. Te imaginarás la lista de to do que tengo, me falta shopping porque mucho no hice, pero la verdad es que probarme me aburre un montón, mas aún sola…

Siempre que vengo lo compruebo: esta ciudad me conecta automáticamente con el trabajo, con lo productivo, me estimula.

Te extraño mucho y ojalá que alguna vez demos vueltas juntas por acá, ahora me voy a bañar y a dormir que tengo madrugón.”

Muchos besos


Estuve allí, pero me enteré al día siguiente

Verónica Montero es periodista, vive en Buenos Aires y su trabajo actual consiste en enaltecer a los duros de Hollywood: escribe reseñas de cine de acción para un canal de cable.

Pero esta vez vuelve a su traje de reportera y nos cuenta una anécdota de su último viaje a la Gran Manzana.

“Cuando uno viaja a Nueva York espera que algo suceda. No es de esos destinos en los que sólo se visitan museos y se toman fotografías de jardines imperiales. Nueva York es en parte Hollywood. Es decir, o te chocás con George Clooney corriendo en el Central Park o presenciás algo que termina siendo tapa de los diarios; como me pasó el día del atentado fallido del 1 de mayo en Times Square.

No tenía reloj, así que calculo que serían las ocho. Unas cincuenta personas sacaban fotos de las cuadras más iluminadas de Manhattan. Las publicidades digitales se codeaban tratando de imponerse unas a otras. De repente, una explosión se escuchó a lo lejos. Un ruido seco paralizó todo por apenas un segundo. Insisto: sólo fue un segundo. La escena que ahora recuerdo es la del chico que tenía al lado: tiró su lata, gritó “shit!” y salió corriendo. El resto seguimos posando y disparando sin flash a los letreros.

Con el diario del día siguiente me enteré de lo que realmente había sucedido. Los ojos del mundo, otra vez en La Gran Manzana: “El intento de un atentado terrorista sacude Times Square”. El sonido fuerte que escuchamos, fue la implosión provocada por la Policía a tres cuadras de donde estaba. El vendedor de uno de los puestos callejeros, que había alertado sobre el coche bomba abandonado, se convirtió en un ídolo y había fila para sacarse fotos con el héroe.

Desde el atentado del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos dejó de ser un lugar seguro. Y la ciudad lo recuerda constantemente: “Cualquier persona puede ser sospechosa de cometer un acto terrorista”. Si uno mira sin mirar observa carteles del estilo “Si ve algo, avise” o “¿Cuál de estas dos armas cree que es verdadera?”. Pero los mensajes se entremezclan con los de otros avisos y todo termina siendo lo mismo. “Comer un combo en un local de comidas rápidas tiene X cantidad de calorías”, “No te pierdas la temporada final de Lost”, “Sonría, lo estamos filmando”, “Si retira un ejemplar, tiene 20% de descuento para presenciar el musical de Mary Poppins en Broadway”.

Ruido, mucho ruido, por todas partes. The show must go on hace que el sonido de una implosión sea confundido como parte de una performance, como creí esa noche en Times Square. Al igual que cuando después de estar varias horas recorriendo el Madame Tussauds, que queda por esa misma zona, salí a la calle y al ver a un señor quieto, me acerqué creyendo que era de cera”.


La hoja de coca no es droga

Eso dice la inscripción de las poleras que se venden como el último souvenir en La Paz: “La hoja de coca no es droga”.

Y es la idea que transmitió el presidente Evo Morales cuando mascó hojas de coca ante los miembros de la Comisión de Estupefacientes, en una sesión de la ONU, para pedir formalmente que se la retire de la lista de sustancias prohibidas.

“Si esto es una droga, entonces deberían encarcelarme”, dijo, y agregó un dato: cerca de 10 millones de personas consumen hojas de coca en los países andinos.

En Bolivia se consume mayormente en la región del Altiplano. La coca se chaccha o acullica, es decir que se hace un bolo de 10 a 30 gramos de hojas, se remoja con saliva y después de diez o quince minutos se añade una pizca de alcalinizante.

Me contaba un chofer de ómnibus que cuando le tocan las rutas difíciles y con precipicios, muy común en la geografía de Bolivia, no se hace una sino dos “bolas” o acullicos de coca para no tener hambre en el camino y estar atento y lúcido.

En el pequeño y bien documentado Museo de la Coca de La Paz leí la historia de esta planta, considerada sagrada por los pueblos altiplánicos. La coca tiene 4500 años. Se usó como alimento, ungüento y en sentido mágico, para protegerse de brujerías y cambiar la mala suerte.

La luchadora de catch boliviano, Yolanda La Amorosa, me dijo cuando la entrevisté hace algunos días, que machacada con alcohol es buena como analgésico para los tremendos golpes que recibe cada domingo en el Multifuncional de La Ceja.

La hoja de coca tiene una historia milenaria y un estigma: ser la materia prima para la producción de cocaína.

Bolivia es el tercer productor mundial de coca, después de Colombia y Perú. Se supone que la producción está controlada, pero muchos creen que no se cultiva sólo para el consumo. “¿O viste en tu viaje que todos los bolivianos coquean?”, me preguntó un paceño el otro día. Y no, no creo que coqueen todos. Mucho menos en La Paz.

Incluso, hay campos de cocales que se rocían con herbicidas, eso indica que no están destinadas al consumo directo. Como productor y representante de los cocaleros, el presidente defiende la hoja y en 2008 tomó la decisión de expulsar a la DEA del país. Los controles antinarcóticos en la ruta están, pero al parecer no son efectivos.

En mi caso, usé la coca para aliviar el mal de altura, y me traje una bolsita para preparar té. Me llenó la valija de un olor. Todavía se siente. Es un olor amargo, herbáceo, aymara.




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