El caballero que cayó al mar

«Era imposible ponerlo en palabras, pero tenía cierto respeto por el mar; ante él se sacaba la gorra. El mar era una persona extraña con toda clase de ideas extrañas, peor incluso que él mismo cuando se emborrachaba. Los navegantes navegan por el mar y el mar dice está bien, pero no se propasen. Con calma; ustedes por su lado y yo por el mío. Una vez, Bjorgstrom había trabajado en un barco de pasajeros estadounidense que hacía el trayecto entre Nueva York y La Habana. Pero renunció después del primer viaje, aunque realmente necesitaba el empleo. Aquella gente frívola con sus cócteles y sus bailes a la luz de la luna no tenía ningún respeto por el mar. Creían que Dios había hecho el mar para entretenerlos, mientras que todo marienero sensato sabía que Dios lo había hecho para transportar discretamente mercancía de un continente a otro. Como resultado, el mar se irritaba y de vez en cuando les recordaba su arrogancia, quemándolos en un incendio a bordo, congelándolos en el paso del Noroeste o reventándoles los sesos contra olas de un kilómetro de alto. Y era gracioso lo fácil que le resultaba al mar ponerlos en su lugar, más fácil que para un elefante pisar una hormiga. Por eso, pensó difusamente Bjorgstrom, los marineros no se bañaban más de lo necesario. Todos esos ignorantes que no entendían el mar creían que los marineros eran sucios por naturaleza; era solo que no querían ponerse demasiado mar encima. Ya lo tenían suficientemente encima sin bañarse; la bruma siempre les soplaba en la cara y en climas tormentosos las olas se encaramaban sobre la cubierta. El mar estaba todo a su alrededor excepto arriba, y Dios era igualmente errático; como en el caso del mar, nunca se sabía qué iría a hacer. »

 

El caballero que cayó al mar, H.C. Lewis, La Bestia Equilátera.


Gotan

Skyscrapers, el nuevo video de la banda estadounidense Ok Go. A propósito de mis clases de tango con esta profesora genial y de que ya me sale la base. Chan chan.


Flores en el desierto de Atacama

En este número de la Revista Lugares (abril) escribí sobre cómo el desierto de Atacama, el más árido del mundo, se convierte cada septiembre en un jardín florido. Pero sobre todo escribí sobre cómo fue recorrer el desierto de calandrinas, malvillas, lirios, heliotropos y garras de león con un grupo de botánicos californianos, groupies de las flores.

También saqué las fotos para el artículo. La de arriba es un campo de nolanas apenas lilas, casi lavanda. Acá abajo, una oruga pasea por el tallo de una malvilla. Al lado, Warren Roberts, superintendente emérito del Arboretum de la Universidad de California juega con el fruto de una Eulychnia, cactácea de la zona.

En el mismo número se puede leer sobre La Rioja, Salta, Jujuy y Tucumán. Mucha información y datos para incluir en el bolso de viaje al Norte.


La niña de muchos ojos, de Tim Burton

Por poco me da un ataque
paseando un día en el parque
porque me encontré una niña
que muchos ojos tenía

Era en verdad muy hermosa
(¡y me tenía impresionado!)
pero vi que tenía boca
y acabamos conversando

Hablamos del mar, los peces
y sus cursos de poesía,
y del lío que tendría
si necesitara lentes.

Es estupenda esa chica
que con tantos ojos mira,
mas te deja hecho sopa
cuando se quiebra y llora.

La melancólica muerte del Chico Ostra, Tim Burton, Anagrama.

Para los que pueden disfrutar la versión en inglés: The girl with many eyes: I met a girl/who had many eyes. She was really quite pretty/(and also quite shocking!)/and I noticed she had a mouth,/so we ended up talking./We talked about flowers,/and her poetry classes,/and the problems she’d have/ if she ever wore glasses./It’s great to know a girl/who has so many eyes,/but you really get wet/when she breaks down and cries./


Las piscinas masculinas de David Hockney

Desde mañana, gran expocisión del artista británico en la Royal Academy of Arts, de Londres. En mayo, en el Guggenheim Bilbao.


Los pantalones de JFK, en Quemú Quemú

De lejos parecen pantalones de vaquero. Pero es un monumento a JFK, construido en el acceso a Quemú Quemú, un pueblo muy pueblo de La Pampa.

¿Qué hace ahí, entre campos de girasol, cardos rusos y pinos ? ¿A quién se le ocurrió?

Al principio hubo críticas y polémica, pero después de cuarenta años, la gente del pueblo lo incorporó como extensión del pueblo, por las tardes algunos se acercan a tomar mate a la sombra, otros se sacan fotos o miran pasar los autos por la ruta.

El monumento se construyó en 1967, algunos años después de su muerte. Al parecer un escribano quemuquemuense convenció al pueblo de hacerlo en honor al ex presidente. Es de hormigón armado, tiene 40 metros y, según explican por acá, representa el espíritu elevado de JFK y el corte en el medio, su vida interrumpida por la muerte.

Mientras escribo esto, me entero que en otro pueblo argentino, San Francisco, en Córdoba, hay otro monumento a JFK. Al parecer serían los dos que existen en América Latina. Dice en el artículo que está descuidado, así estaba el de Quemú Quemú hace unos años, cuando lo vi por primera vez. Para llegar abajo de la estructura había que atravesar un alambre vencido y caminar entre pastos altos. Ahora, el pasto está cortado y no me extrañaría que en algún tiempo a alguien se le ocurriera cobrar entrada. Quizás podrían pensar, también, en contar cómo llegó ese monumento a ese lugar.


Un lugar para la novela gráfica

Fue rapidísimo y sé que va durar mucho tiempo. No hablo de amor -ahí es más difícil predecir- sino de mi gusto por la novela gráfica.

La había visto de pasada en varias oportunidades pero la conocí gracias a la periodista, editora y amiga de la casa Mariana Liceaga, mientras preparaba la excelente nota que escribió esta semana para ADN Cultura.

El artículo cuenta la historia, analiza la pólemica y diferencias con el cómic, habla del fenomenal crecimiento del último tiempo, y pasa revista a algunos hitos de la novela gráfica. Como Maus, de Art Spiegelman, que ganó el Pullitzer, y cuenta la historia de un sobreviviente del Holocausto. No de uno cualquiera, de su padre. Ya escribiré un post de ese libro que todos deberían leer.

En Argentina, el boom de la novela gráfica llegó a las librerías, que poco a poco, le dedican sectores especiales. En Europa, se ve con más furia. Hay librerías especializadas y otras con áreas enteras para la novela gráfica.

Hace un par de semanas visité, en Barcelona, Norma Cómics, librería de la Editorial Norma totalmente dedicada al género, con vendedores que pueden contestar todas las preguntas. No como me pasó en Buenos Aires, en una librería muy cool cuando fui a comprar Maus, que el librero no me explicó que venía en tomos y que sólo estaba comprando el primero, y que el segundoe estaba agotado. No, en Norma Cómic, los chicos son fanáticos y saben orientar.

La tarde que entré a Norma Cómics era primaveral, cálida, linda para estar al aire libre. Pero no me podía ir de la librería del Passeig San Joan, a metros del Arco del Triunfo.

Las ediciones son cuidadas y dan ganas de tenerlas en la biblioteca. Los precios rondan entre 13 y 26 euros. Por eso y por el exceso de equipaje no se pude traer demasiado. Muchas historias cuentan con nombre propio algún pasaje, en general difícil, de la vida del autor. Como Nunca me has gustado de Chester Brown; Arrugas, de Paco Roca y El Paréntesis, de Elodie Durand. Otran narran verdaderas novelas con dibujos inolvidables. Como Rosalie Blum, de Camille Jourdy, que ganó en el Festival de Angouleme -un referente para el género- del año pasado. Tres tomos que ojalá lleguen pronto.

Otra que me gustaría leer: Notas al pie de Gaza, la novela gráfica del reportero Joe Sacco, que cuenta en primera persona la vida de los ciudadanos y las matanzas ocurridas en la Franja de Gaza.

Sé que de ahora en más voy a seguir lo que me cuente Apolo sobre los indignados, una viñeta de Emma Reverte y Mariam Ben-Arab que comenzó a aparecer en El País y muestra a través de una mirada inocente y personajes amargados la gravedad de la crisis en España.

La novela gráfica, la edad adulta del cómic, la historieta seria o como se quiera llamar. Bastó conocerla para hacerme fanática. Hasta se me ocurrió contar en este formato una historia que estoy pensando. En cualquier momento pongo un anuncio buscando dibujante.


La leyenda del pianista en el océano

«Tocábamos tres, cuatro veces al día. Primero para los ricos de la clase de lujo, y luego para los de segunda, y de vez en cuando íbamos donde estaban aquellos porbres emigrantes y tocábamos para ellos, pero sin uniforme, tal como íbamos, y de vez en cuando tocaban ellos también con nosotros.

Tocábamos porque el océano es grande y da miedo, tocábamos para que la gente no notara el paso del tiempo, y se olvidara de dónde estaba, y de quién era. Tocábamos para hacer que bailaran, quer si bailas no puedes morir, y te sientes Dios. Y tocábamos ragtime, porque es la música con la que Dios baila cuando nadie lo ve.

Con la que Dios bailaría si fuera negro».

Novecento. La leyenda del pianista en el océano. Alessandro Baricco.


Hawaii vintage

Bob Marley – Waiting In Vain from @ndresito on Vimeo.


Excusas infantiles para viajar, Volumen I

Rusky es director del sello Ultrapop de música independiente. Conoce músicos de muchos países y viaja seguido. Insiste -aunque pocos le creen- en que es buen amigo de Nick Cave y también de Anthony Bourdain. A este último lo habría conocido en una noche de copas en una taberna escocesa.

Imagino que reparte el tiempo entre la música, el bar Ultra (San Martín 678), la comida, la lectura y la escritura. Porque también le gusta escribir y teorizar sobre la escritura, el periodismo, las crónicas y el poder de la no ficción. El otro día cenamos en una parrillita de barrio y, entre mollejas, vacío y papas fritas -el colesterol, chocho- me contó esta anécdota, que después escribió, especialmente para Viajes Libres. No se la pierdan: otro motivo para viajar a Chicago.

«Una de las ventajas de trabajar en la producción y edición de música y arte es que uno puede viajar y conocer lugares y personas interesantes, artistas y productores de todo el planeta. La experiencia resultante bien vale la pena pero atención: los artistas no siempre son lo que uno se imagina al descubrir su obra. Por suerte este no es el caso Stephen Malkmus, espíritu bondadoso, cantante y guitarrista de Pavement, banda que se presentó en noviembre por tercera vez en Buenos Aires; y que junto con Pixies y Sonic Youth son los padres del Indie rock norteamericano.

En su corta estadía en la ciudad hablamos de música, de política, de lo caro que está Buenos Aires, de cine, de recetas, en fin, de la vida. El día de la despedida, junto con Mark Ibold (que también toca en Sonic Youth), un par de amigos y el dibujante Liniers fuimos a morfarnos una Fugazzeta a El Cuartito. Esta fugazzeta, única en el mundo por su esponjosa masa rellena desbordante de exquisita Muzzarella y cebolla fue desmerecida y puesta en duda por Mark aduciendo que era una vil copia de la pizza de Chicago (admitió, de todas formas, que era de las mejores que comió en su vida). Juramos hacer la investigación y dar veredicto por email. Todo el mundo en paz, el debate seguiría en el futuro: pensar que este estilo mundialmente famoso de pizza pueda haber nacido en Chicago es, como mínimo, polémico.

Sin ser rigurosos, investigamos en Internet: la pizza de Chicago existe, pero es… ¡cualquier cosa! Es cierto que comparte el grosor con la fabulosa pizza argentina, pero no es más que una burda tarta rellena con lo que se les crucé por el camino: queso y salsa de tomate y/o salchichas y/o cebollas y/o pimientos y/o cualquier verdura. Hasta hay una versión cerrada, que bien podría ser una empanada gigante o un calzone. Si es cierto lo que lee por ahí, esta tarta con pretensiones de pizza fue inventada en 1943, unos diez años después que El Cuartito abriera sus puertas, en 1934.

Puesto el email al susodicho Mark con la información para que escarmiente recibo inmediatamente, a los cinco minutos de enviado, una ferviente invitación a probar la pizza Chicago style que hacen en un sucucho a la vuelta de su casa en Queens, en NYC. Le respondí que no íbamos a probar una pizza de Chicago en NYC, que para eso la probáramos en Chicago, asunto sobre el cual finalmente nos pusimos de acuerdo. Todavía no se concretó el viaje, pero ya encontré una excelente excusa para conocer Chicago: probar esta pastaflora salada».




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