Desde mañana, medias rotas para volar

En los últimos viajes en avión usé medias viejas, pero en los próximos probaré con unas rotas. Los aviones se parecen cada vez más a un ómnibus lleno y los baños no llegan a destino en las mejores condiciones.

Hace un par de días aterricé en París y como tenía un vuelo en conexión me topé nuevamente con controles estrictos y malhumorados. Esta vez me tocó sacarme el cinturón, las zapatillas y caminar por un pasillo que será del primer mundo, si, pero se parecía bastante al baño del avión.

Entonces, desde mañana, voy a separar las medias con agujero a la vista en una bolsita que diga: medias espantacontroles o medias para volar, algo así. Después del viaje, claro, chau medias.


El reality show llegó a los aviones

Ultimamente, me ha tocado volar en aviones con cámara que muestra el despegue y el aterrizaje ¡en vivo! Si bien no me da miedo volar, todo lo contrario, me gusta, hace poco me tocó sentarme frente a la pantalla que mostraba el descenso y la llegada y… uff creo que hubiera preferido sentarme más atrás. La pista de aterrizaje cada vez más cerca, más cerca. Hasta casi la tuve en la nariz. Más o menos como se ve en este video casero.


Azafatas… ¿eran las de antes?

Veo en Wired el glamour de las azafatas de antes y recuerdo mi último viaje a Bariloche, hace unos pocos días. El refrigerio fue suspendido por posibles turbulencias. Pero el cielo estaba despejado y el avión iba tan quieto que parecía que inmóvil. Igual, no hubo comida y los pasajeros morían por un sándwich y una Coca. Cuchichearon con ganas de una fila a otra. Estaban a punto del motín, lo juro.

Media hora antes de aterrizar tuve mucha sed y pedí un vaso de agua. Me lo dieron, sí, pero debo confesar que sentí que casi me lo dan por la cabeza. En ciertos vuelos da la impresión de que los cielos ya no son amigables. Incluso hay quienes creen que las azafatas de hoy se verían mejor con trajes de guardiacárceles.


El gobierno inglés saca sus OVNIS al sol

Durante años, en Inglaterra como en Argentina, Perú, México y seguramente en China, la gente ha visto luces extrañas y objetos voladores no identificados. Muchas veces el hecho ocurría en viaje al trabajo y también en medio de unas vacaciones. De día y de noche. Algunos creyeron necesario contar lo que habían visto.

Sólo en Inglaterra, el Ministerio de Defensa ha recopilado más de 11.000 avistamientos desde el comienzo, en los años 50 y en los próximos cuatro años los dará a conocer a través de Internet.

El primer relato registrado del avistamiento de un OVNI fue en Estados Unidos, el 24 de junio de 1947 en el Estado de Washington, cuando un piloto privado, un tal Kenneth Arnold, reportó haber visto “9 extraños objetos cruzar el cielo a una velocidad tremenda”. Ese fue el primero, pero enseguida hubo otros en distintos lugares del mundo, que inauguraron la Era de los platos voladores.

Los archivos ingleses estuvieron escondidos durante años. Se guardaban como un secreto de sumario más, pero desde ahora se pueden leer en una completa página de los Archivos Nacionales, que dependen del gobierno inglés. ¿Será que el tema ya no les interesa? ¿Plantearán esta transparencia para ocultar otras aguas turbias? ¿O han decidido sumarse al ánimo del Vaticano y es su forma de saludar al “hermano extraterrestre”?

La historia de los avistamientos, la descripción, la duración, el lugar y desde dónde se vio -el ángulo, si los observadores usaban anteojos-, una guía para entender el tema, videos explicativos y hasta un podcast del Dr. David Clark, experto en historia de los OVNIS, en inglés UFOS (unidentified flying object). La información lanzada en la página, con ribetes de máximo bizarrismo, cubre los años 1978 - 2002.

Los archivos muestran algunas coincidencias en los reportes: la nave alien tiene todo tipo de forma, tamaño y colores, pero los integrantes son siempre verdes.

Cerca del 90 % de los reportes es desechado porque no tiene una explicación convincente o porque se trata de un fenómeno natural. Pero existe un 10% que es investigado por el gobierno. Según declaran, no por un interés científico, sino por una cuestión de defensa. ¿Ese reporte puede estar relacionado con una nave enemiga en nuestro territorio?, algo así dice que se preguntaba el Ministerio de Defensa cuando analizaba el reporte de un avistamiento.

Otro dato interesante que muestran estas historias es que después de lanzada al película Encuentros cercandos del Tercer Tipo, de Steven Spielberg (1977), los avistamientos se duplicaron en los años siguientes.

Hay uno muy simpático de 1983: un hombre de 78 años cuenta que salió a pescar en la mitad de la noche, y de repente estaba dentro de una nave alienígena. Después de examinarlo, los extraterrestres con trajes verdes dijeron que se fuera porque estaba demasiado viejo para sus propósitos. Ni el stress del encuentro cercano ni el maltrato psicológico recibido por los extraterrestres lo desmotivaron para presentarse en el departamento correspondiente y contar su viaje.


De California a Nueva York en un inodoro

Así están las cosas en el universo del turismo económico. Esperas abajo del avión y esperas arriba del avión; cambios imprevistos, comida mala y ahora lo último: ¡viajar en el inodoro!

Una aerolínea estadounidense de bajo costo no sólo sobrevendió el vuelo, sino que subió a un pasajero demás.

Gokhan Mutlu tenía un pasaje con descuento, de esos que les dan a los empleados de las compañías aéreas y ellos venden o regalan a sus amigos. Son pasajes de lista de espera. A veces toca ir varias veces al aeropuerto hasta poder viajar. En Jet Blue, esos pasajes se llaman Buddy Pass (pasaje de amigo). Aunque en este caso, se parece más a un pasaje de enemigo.

El tema es que a último momento, Mutlu subió al avión. Primero, lo acomodaron en el asiento de una azafata (jump seat). Probablemente él creyó que viajaría ahí hasta Nueva York. Sin embargo, luego de una hora y media de viaje, el piloto le anunció una decisión irreversible. Debía dejar el asiento a al azafata porque sólo la tripulación ocupa esos lugares. En ese momento, Mutlu habrá imaginado que sacaron un asiento de la galera, que contaron mal y quedaba uno libre. Nada que ver. Inmediatamente, el piloto le comunicó a Mutlu que tendría que viajar adentro del baño, sentado en el inodoro, el único asiento disponible del vuelo.

Cuando aterrizaron en Nueva York, el piloto fue a despedirlo en la escalerilla. Le hizo un guiño y le dijo: “Lo traje a casa, eh”.

Mutlu salió horrorizado y demandó a Jet Blue por dos millones de dólares. Declaró que sufrió un trauma psicológico y emocional. “Fui humillado y deshonrado públicamente”, dijo muy enojado.

Gokhan Mutlu la pasó mal, seguramente. Tal vez lloró sentado en la tapa del inodoro y vio sus lágrimas en el espejo que tenía enfrente y se lavó las manos histéricamente varias veces seguidas.

Eso sí, si acaso Mutlu gana el juicio podrá pagar una terapia de alto impacto, volar en cuanta primera clase se le ocurra y terminar riéndose del suceso bizarro. Quizás hasta escriba un libro y sea invitado a shows televisivos, donde siga ganando dinero. Quizás el toilet de Jet Blue haya sido el verdadero y único despegue Gokhan Mutlu.



La reivindicación del cielo nublado

Existe una sociedad que mira a las nubes. Se hacen llamar The Cloud Appreciation Society (La Sociedad de Apreciación de las Nubes) y se dedican a observar, reconocer, catalogar, y también archivar nubes.

Para ellos, la vida sería aburrida si uno mirara para arriba y el cielo siempre fuera azul.

Para ellos, las nubes son la poesía de la naturaleza. Tienen más de 12.000 miembros de 62 países y un manifiesto que reivindica el cielo nublado.

Recorriendo su página uno puede entender cómo es un cumulus y qué características debe tener una nube para convertirse en cumulonimbus, cirrus o stratus. Hay novedades y prensa relacionada con las nubes. ¿Una de las últimas noticias? La sociedad está enojadísima porque parece que China está preparada para disparar contra las nubes en caso de que se les ocurra cubrir el cielo azul en las próximas Olimpíadas.

La Sociedad de Apreciación de las Nubes quiere recordarle al mundo que las nubes son expresiones de los humores de la naturaleza, que hacen bien al alma de los soñadores y excitan la imaginación. Incluso creen que si uno reflexiona sobre las formas que ve en las nubes, ¡terminará de una vez con la cuenta del psicólogo!

Para los que miran nubes cuando viajan y también para los que tienen nubes en sus archivos digitales, llegó la hora de compartirlas: esta sociedad anima a todos a enviar sus nubes por correo para que aparezcan en la página. SI es una nube extraña o que significa algo -como el chancho de seis patas o el plato volador rosado que fueron portadas de libro- puede competir en el concurso de La nube del mes.

La sociedad también tiene su galería de arte, con pintores y poetas de las nubes. Y, en un intento de asir la naturaleza etérea de las nubes también hay un shop con calendarios de nubes, t-shirts de nubes y pins de nubes que ya pasaron.


Pájaros de mal agüero

birdsatairports.jpgEn un aeropuerto de Florida hay un collie que se llama Radar y tiene la misión de evitar que los pájaros mecánicos y los naturales se mezclen. Hace poco salió publicada su historia. Radar no es el primer perro en el métier de espantar pájaros en ese aeropuerto. También existió Jet, pero se retiró enseguida por problemas cardíacos.

El tema de los pájaros en los aeropuertos tiene historia. El primer choque de un ave con un avión ocurrió en 1905 y el primer muerto fue en 1912. En la actualidad, los choques con aves cuestan 600 millones de dólares por año a la industria aeronáutica. Tanto, que los ingenieros de esta época se preocupan por diseñar nuevas tecnologías que  más resistentes al impacto de las aves, y hasta existen manuales de seguridad para que los pilotos eviten las aves y simuladores del impacto que producen las aves en el avión.

El 90% de los choques ocurren durante el despegue y aterrizaje de aviones. Al choque del ave con el avión -generalmente con la turbina- se lo conoce en inglés como bird strike o BASH (Bird Aircraft Strike Hazard). Los ingenieros japoneses le dicen yakitori por la popular brochette. El tema es que este choque causa severos daños a la nave, básicamente porque el impacto del pájaro a gran velocidad es muy fuerte.

10.jpgEn el día del despegue que siguió al día del pájaro en la turbina supe que volaríamos en un avión distinto. Y no es que creí un rumor de pasillo: vi la turbina triste y desguazada en un hangar. Estaba cerca de un Hercules última generación de Estados Unidos que nadie supo explicarme por qué estaba en el aeropuerto.

Leo por ahí que varios aeropuertos están situados en rutas migratorias y muchas aves los usan como un alto en su largo camino. Porque allí encuentran alimento: semillas y frutos y a veces, también basura abandonada.

pajaros.jpgEl tema de los pájaros en los aeropuertos es grave. En algunos lugares, como Nueva Zelanda, electrifican las matas que lo rodean para repeler a los gusanos que sirven de alimento a las gaviotas. En JFK, por ejemplo, compraron halcones para reducir drásticamente la población de palomas. También, se usan luces, pirotecnia, bombas de estruendo y armas de fuego para ahuyentar a las aves.

Cansadas de los pájaros de mal agüero, las autoridades del aeropuerto de Pekín compraron una máquina estadounidense que reproducía cantos de algunos enemigos naturales de esos pájaros. Pero, según afirmó el diario local Evening News, los pájaros no entendían los cantos de los ahuyentadores estadounidenses. Entonces, expertos chinos grabaron cantos made in China.

Las especies involucradas en esta actividad de riesgo son gaviotas, palomas, buitres -como en el caso del aeropuerto de Dakar-, zopilotes, halcones y otras aves de rapiña. En Estados Unidos, por supuesto, existe un comité llamado Bird Strike que se reúne todos los años. En 2008 la cumbre será en agosto.

El día del segundo despegue con destino a Addis Abeba, también había aves de rapiña en el horizonte. Pero alguien les habrá tirado un pedazo de carne porque cuando el avión estaba en la pista se fueron volando y por fin, el avión tocó el cielo de Africa.  


Esperas y encuentros

motoqueros.JPGEl día del pájaro en la turbina fue tan largo como la pausa entre el último post y éste. El tiempo se portó de manera extraña y para comer nos daban vales que había que gastar en un restaurante del hotel donde la comida siempre estaba fría. Había sol y piscina y una sensación, casi un deseo, de estar en otro lugar.

Quise mandar mails para avisar que estaba viva, pero sabía que faltaba otro vuelo, el vuelo definitivo, así que preferí esperar. Entonces decidí dar una vuelta por el barrio. Era una zona residencial en las afueras de Dakar, de mansiones con guardia en la puerta y hoteles estilo todo incluido. En uno de ellos, donde había una conferencia sobre los “métodos de monitoreo del avance del desierto”, conocí a unos ticos -costarricenses- que venían de hacer la ruta del París - Dakar en moto, la que a partir del año que viene se correrá en Argentina y Chile.

thierry.JPGEn Dakar quizás no fue tan grave la pérdida, porque era la llegada. Pero en Mauritania, sí: el rally atravesaba todo el país y representaba el 20 % del PBI de uno de los países más pobres del mundo. “Nos encontramos con gente que tenía el combustible comprado, con hoteles a estrenar, con los televisores todavía en las cajas… y probablemente muy pocos vuelvan a pasar por ahí”, me dijo Rodolfo Carboni, uno de los motoqueros, farmacéutico de profesión.

Los tipos, 14 ticos que ya anduvieron en moto por otras partes del mundo, tenían el viaje pensado desde hacía muchos meses y cuando se suspendió lo dudaron. ¿Vamos o mejor no?

Las mujeres de algunos les pidieron por favor que no fueran, igual que las madres de otros. Pero ellos lo hicieron de todas maneras. Compraron las motos en Italia, donde también rentaron los servicios de un ex mecánico del París Dakar, que conocía la ruta y los problemas que pueden surgir, y emprendieron el viaje que duró un mes y terminó aquí en Ngor, donde paraba la mayoría de los corredores del París Dakar.

Incluso fundador del rally más famoso del mundo, Thierry Sabine, que murió en 1986, cuando el helicóptero en el que viajaba se estrelló en Mali. Hoy tiene un monumento que lo recuerda en una esquina olvidada de Ngor.

Me contaron los ticos que la ruta es muy cambiante. Si bien la mayor parte es desierto, uno no se puede relajar porque de repente hay piedras grandes, en otro tramo, piedras chicas, después arena. “Es increíble pero aún en los desiertos más largos, siempre, cuando uno siente que atraviesa un paisaje solitario, sale una persona caminando de la nada”, me comentó Konrad Starke, otro de los aventureros.

p1120815.JPGEn todo el mes no sintieron el “peligro” que esgrimieron los organizadores del rally para cambiar de lugar. Al contrario, la gente los saludaba, los recibía, casi les agradecía por pasar por allí. A Carboni le pasó de todo: un día, andando en moto por una ciudad se cayó y quedó medio dolorido del brazo por varios días. Otra vez, en pleno desierto, se quedó atrás, muy atrás, incluso más atrás de la camioneta que debía ir atrás de todo. En ese momento, cuando se quedó tan solo, se le rompió una parte de la moto. Y se terminó plantado en la arena. Imaginó que vendrían pronto a buscarlo, que alguien se daría cuenta. Pero eso tardó en suceder. Y se hizo de noche. Y prendió un gran fuego para que lo vieran. Era el único del grupo que fuma y el único que tenía un encendedor en el bolsillo. Pasó varias horas en el silencio del desierto hasta que lo vieron.

Starke me habló de la vez que contrataron a una señora que andaba por ahí para que los guiara en la ruta. El italiano ex mecánico del París Dakar se había perdido. Dice que no sabe cómo porque el terreno se veía todo igual, no había árboles, sólo algunas piedras, pero ella los mandaba a derecha y a izquierda y podía ver la salida dentro de un mar de arena. Toda su vida había vivido ahí.

El día del pájaro en la turbina fue largo y los ticos con sus historias de viaje le pusieron color. Cuando volví al hotel, había un cartel en la recepción que decía: “el avión de Ethiopian Airlines sale mañana. Los pasarán a buscar a las 15.30″.

El cartel me alegró, aunque enfrentarme a un nuevo despegue me amigaba con el tiempo limbo y empezaba a querer que dure para siempre. 


El día del pájaro en la turbina

bkaddis.JPGEl día del pájaro en la turbina empezó temprano. Eran las cuatro de la mañana y ya tenía los ojos abiertos y eran las siete y el avión de Ethiopian Airlines con destino a Addis Ababa carreteaba por la pista del aeropuerto de Dakar. Hasta ahí, un despegue más.

El avión carreteaba más rápido, más y más. Cuando había alcanzado la velocidad de despegue, en lugar de levantar vuelo pegó una frenada que dejó tiesos a los cinturones de seguridad. Y a los 50 pasajeros que por un segundo dejamos de respirar. Quizás hasta fueron dos segundos.

La nave: un 767 300 con asientos para 300 pasajeros. Al ser tan pocos, apenas nos veíamos. Cada uno se había ubicado filas de varios asientos preparándose para el viaje de siete horas que se avecinaba antes de la frenada profunda.

turbina.JPGDespués de detenerse completamente, el avión siguió carreteando suavemente. El aire estaba enrarecido. Las azafatas pasaban rápido, como patinando, de una punta a la otra.  De repente el piloto habló: dijo algo incomprensible en etíope y lo mismo en inglés, igualmente incomprensible.

En un momento paré a una azafata vestida de verde, flaca, con cara de pánico y le pregunté qué había pasado.

-Entró un pájaro en la turbina… y la rompió-me dijo y siguió caminando rápido, como si estuviera a punto de despegar. Pero abrió la puerta y esperó a que bajara la escalerilla mientras el comandante explicaba lo sucedido sin mucho detalle y nos invitaba a bajar.

Me lo crucé en la puerta y le volví a preguntar qué había pasado. Repitió lo que ya había escuchado tres veces: “Entró un pájaro en la turbina”.

En ese momento recordé que todas las tardes -y probablemente todas las mañanas- el cielo de Dakar se cubre de enormes y oscuros pájaros carroñeros. Ni bien los vi, un atardecer rosado, me parecieron bellos. Pero enseguida los vi volar bajo, buscando comida, la misma que buscan y no encuentran muchos habitantes de Dakar.

turbina1.JPGEn el próximo acto, el comandante estaba pegado a la turbina del avión rodeado de la tripulación y poco a poco de todos los pasajeros. Explicaba como explican los profesores, que el pájaro había impactado en un aspa de la turbina y después en otra y también en una tercera. Cuando las cabezas se corrieron logré ver la turbina, que es la de esta foto. El profesor no necesitó puntero: la turbina rota estaba al alcance de su índice.

Los del aeropuerto eran los mismos pájaros hambrientos y desesperados que volaban en la ciudad. Uno de ellos o quizás fueron dos terminaron degutidos por la turbina del 767. Ni siquiera quedaron las plumas.

Pregunté la hora: las 8.15. Según las palabras del capitán cuando me lo crucé en la escalerilla, “hoy ya no salimos”.

El avión tenía planificada una escala en Bamako, la capital de Mali, y la mayoría de los pasajeros se bajaba allí. Entonces, ya en el aeropuerto, una responsable de Ethiopian, una negra ejecutiva y de piernas largas nos dividió en dos grupos: Bamako y Addis.

p1120886.JPGLa cinta trajo otra vez las valijas despachadas hacía un rato. Parecía un rewind de las últimas dos horas: migraciones, la cinta, mucho sueño. Cuando los dos grupos estuvieron listos pasó lo peor: nos separaron y nunca más volvimos a vernos. Me acuerdo todavía de la mirada asustada de un mochilero australiano que me saludó de lejos. Bamako abordaría un avión de Kenya Airways por la tarde. Se lo llevaban a un hotel del aeropuerto. Pero, ¿y Addis? De Addis, todavía no se sabía.

El aeropuerto olía a incertidumbre y productos de limpieza. Era de mañana y un par de negros lo baldeaban entero: con lampazo y baldes.

Después de una hora -¿o fueron dos?- de espera, la negra ejecutiva de piernas largas nos habló a los de Addis: “Ahora se van a ir a un hotel. Todavía no se sabe cuándo será el vuelo. Hay que esperar un repuesto, o que manden otro avión. Nos comunicaremos con ustedes”, dijo y se fue caminando ligero dejándonos el sonido de sus tacos en el piso cerámico.

En el grupo de Addis ya se compartían miradas, cada tanto alguna risa y un sueño común: volar cuanto a antes. El grupo Addis a esa altura era el Addis Team.

Antes del mediodía estábamos en un hotel en las afueras de Dakar. Un hotel frente a la isla de Ngor donde se quedan muchos europeos que viajan en busca del sol de Africa. Antes de mediodía supe que el día del pájaro en la turbina sería largo. Que sería un día de ésos en los que el tiempo se suspende. Un día que no dura 24 horas. Un día que muchos viajeron catalogarían como “perdido”. Un día -limbo. Un día como una mala gripe que hay que pasar. Antes de mediodía supe que el día del pájaro en la turbina duraría mucho más que un día.

(continuará…)


Tres pasajes para soñar

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Hoy es el cumpleaños de mi hermana. Hasta que nos veamos y le de su regalo, van por mail estos tres pasajes para soñar con futuros viajes. 

Cualquiera lo puede armar: es fácil, gratis y se “emiten” en 33 aerolíneas, incluida Pan Am. Hay que hacer clic acá.

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¿Un regalo pendiente? Estos pasajes virtuales son una buena solución. Ahora bien, el que se anime tenga en cuenta que después se lo pueden cobrar… y son ¡en Primera Clase!