Siesta zen en Medellín

Después de almuerzo, dos empleados toman una siesta bajo la sombra de unas guaduas, en un banco circular del jardín zen del Área de Convenciones de Medellín.


La bandeja paisa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Creo que esta bandeja paisa fue el mayor inconveniente que tuve por viajar sola.

Como sabía que era un plato grande tomé la precaución de pedir media. Pero, como se puede ver, media también es mucho. Media parece más de una.

La bandeja paisa es el plato típico del interior de Antioquia, que nació para los arrieros y hombres que trabajaban en el campo y volvían con hambre voraz, después de trabajar todo el día. El plato se extendió por la provincia y llegó a la ciudad donde, aunque los que la comen trabajan en una oficina frente a una computadora, se sirven igual de inmensa que para los que estuvieron seis horas sembrando café en los cerros.

Los ingredientes que debería llevar una bandeja paisa son: frijoles (están en el cuenco de la izquierda), carne de res molida, chorizo con limón, chicharrón, morcilla, patacón, plátano frito, palta, huevo frito y arroz. Y se come con arepitas, claro.

Parece un problema sencillo, pero no crean que fue fácil acabar con ella. Y lamenté que Hato Viejo, un buen restaurante en el centro de Medellín, no tuviera un cuarto para dormir la siesta después de la faena.


Los hipopótamos de Pablo Escobar

Adentro de de esa jaula que el helicóptero de la fuerza aérea colombiana depositó en la tierra hay un hipopótamo dormido que se llama Napolitano. Aclaro el nombre porque tiene que ver con la historia. Y la historia tiene que ver con Pablo Escobar, el capo narco muerto en el 93 en Medellín.

Se sabe: don Pablo tenía gustos excéntricos. Como a otros narcos y millonarios coleccionaba animales exóticos en la Hacienda Nápoles, (por si alguien no lo pescó, de ahí el nombre del hipopótamo) su finca a 165 kilómetros de Medellín, del interior de Antioquia, un lugar de clima caliente y vegetación tropical.

A pesar de ser asesino, el tipo tenía una veta generosa y, además de repartir montañas de dinero entre los pobres, dejaba que los colombianos recorrieran gratis su Zoo privado que llegó a tener 1500 animales.

Dicen que una vez la policía obligó a un avión de Escobar a aterrizar pensando que estaba lleno de droga. Cuando se abrieron las puertas, la nave estaba llena… de animales. La ley los mandó a un zoológico, pero don Pablo sobornó al cuidador pagándole el sueldo de ¡cinco años! y así recuperó los animales.

Cuando la policía mató al capo, mucha gente saqueó la finca en busca de dinero y armas escondidas. Destruyeron la mansión que en algún momento fue lujosa y tuvo 20 habitaciones. No encontraron nada y la Hacienda Nápoles entró en un largo período de abandono. Los animales fueron a parar a diferentes zoológicos, pero de los hipopotámos nadie se acordó.

Olvidados en lagos interiores, se reprodujeron. Ya no hay una pareja como en los primeros años, hoy son alrededor de treinta. Muchos se escaparon de la finca y comenzaron a cruzar los campos antioqueños: arrasaron cultivos y amedrentaron a pescadores y campesinos. El enorme mamífero africano, pariente lejano de las ballenas, es uno de los animales más pesados y agresivos del mundo. Puede ser muy peligroso si está suelto.

Hace dos años, Pepe, mascota de Escobar, y su pareja Matilda huyeron del parque. Al parecer se fueron con la cola entre las patas porque Pepe resultó el macho derrotado en una lucha territorial. En la huída nació Hip. Los tres hipopótamos vivieron en la clandestinidad hasta que el ejército los atrapó y mató a Pepe de cuatro balazos. El hecho de violencia contra el animal provocó la furia de los ecologistas, animó la formación de un grupo de defensa de los hipopótamos colombianos con página en Facebook y desató una polémica en el país.

¿Qué se debería hacer con los hipopótamos de Pablo? Hasta se pensó en devolverlos a África. Entonces, vinieron expertos a recorrer el lugar y llegaron a la conclusión de que el hábitat es perfecto, incluso tienen más agua en Antioquia que en muchos países africanos.

La polémica fue larga, pero la decisión se hizo efectiva hoy. La trajo el helicóptero. Después de buscarlo durante 15 días los veterinarios del parque lo encontraron y durmieron con un dardo tranquilizante. Mañana por la mañana, Napolitano estará otra vez chapoteando en el lago, castrado eso sí.

La historia es fantástica, y ya tiene su documental, Pablos Hippos, estrenado este año en el Festival de Cartagena. Y la antigua finca abandonada se ha convertido en un parque temático inspirado en los de Miami. Hay dinosaurios de latón, cebras, flamencos, juegos de agua. Y muchos hipopótamos que más temprano que tarde serán castrados. No quise preguntarlo, pero al final lo hice, y sí, los veterinarios y el equipo que trabajó en la captura del hipopótamo probó las criadillas asadas. (Más sobre esta historia, en la revista Lugares de este mes).


El Metrocable de Medellín

El Metrocable es un moderno medio de transporte de Medellín, pero sobre todo es un símbolo de la nueva época de la segunda ciudad más importante de Colombia.

Un tiempo en el que es conocida por la Semana de la Moda, el Festival de Tango, las flores, las novedades arquitectónicas, el café, Botero o el Metrocable. Un tiempo en el que los violentos ochenta y noventa, cuando  era peligroso tan sólo asomarse a la calle, son un mal recuerdo.

El Metrocable es parte de la red de metro y sobrevuela los cerros. Como los medios de elevación que se usan en los centros de esquí. Sólo que sobre estos cerros no hay nieve, sino casas precarias de ladrillo y gente. Además, el Metrocable funciona todos los días, iba a decir no sólo en invierno, pero Medellín no tiene invierno y verano. Como dicen por aquí, siempre es primavera en esta ciudad.

Por ahora tiene tres líneas –J, K y L– que recorren entre tres y cinco kilómetros cada una e integran sectores alejados y pobres de la ciudad. Cerca de algunas estaciones hay bibliotecas, como la del Parque España.

Si bien el Metrocable no nació con un fin turístico, siempre hay viajeros en las góndolas. Cuando viaje conocí a los argentinos que cantaban tango y también a una lituana que ya había visitado las tres líneas y el parque. La línea L llega al Corregimiento de Santa Elena y termina en el Parque Regional Ecoturístico Arví, un área verde de 16.000 hectáreas con varios senderos para recorrer de distinta duración y dificultad. La visita se hace con guía y se pueden ver desde colibríes y escarabajos hasta orquídeas lechuzas, mariposas, gavilanes y más.

Para regresar a la ciudad, el Metrocable es la mejor opción… a menos que en la góndola viaje una señora como doña Gloria, una mujer se subió a pesar de tenerle pánico a las alturas y se pasó media hora gritando palabrotas cada vez que sentía un mínimo movimiento o miraba hacia abajo.

Si se toma con humor puede ser divertido tenerla como compañera, aunque más de uno habrá sentido deseos de bajarse. Todo un escándalo la señora, pero después de las miles de visitas de su video en Youtube, doña Gloria, la llorona del Metrocable, ya encontró trabajo en la radio.


Tango en Medellín

Esas casualidades. En la góndola del espectacular Metrocable de Medellín caben unas ocho personas. Como son treinta minutos de viaje hasta la última estación, hay tiempo de conversar.

Esta vez no miro por la ventanilla cuando escucho el acento argentino. Me doy vuelta y les sonrío a los chicos que tengo enfrente. Hablamos poco pero me entero de que están en Medellín para cantar tango. Los contrató un fanático, que más tarde supe que se llama Luis Guillermo.

Sí, con nombre doble, como en las telenovelas. Y no sólo por esta costumbre uno siente que se mete en novelas al recorrer Colombia.

Luis Guillermo Roldán es empresario, pero eso lo cuenta como un detalle. Lo suyo es la poesía del tango. Durante 20 años fue presidente de la Asociación Gardeliana de Colombia. Por eso, cuando murió el Gordo Aníbal y supo que el Patio del Tango cerraba, fue y lo alquiló. Y contrató músicos argentinos para animarlo. Suele venir al festival de tango en Buenos Aires y dice que cuando extraña el acento argentino llama a cualquier número equivocado para escucharlo.

Ese día en la góndola del Metrocable, los chicos me contaron dónde cantaban y antes de irme de Medellín pasé por ahí. El Patio queda en el barrio Antioquia (calle 23 N°58-38), un lugar bravo, nada de salir a vitrinear por ahí. Hay que llegar y salir en taxi. Se come muy bien, hay buena carne, vino y ron, y un buen show.

Uno de los argentinos, Hernán Genovese, ha tocado en festivales de tango en Europa y ganó el certamen Hugo del Carril hace un par de años. Antes del tango era abogado y estaba casado. Otra vida en esta misma.

La muerte de Gardel en el viejo aeropuerto del Medellín fundó un mito que había empezado cuando detrás de cada long play grabado en Argentina se ponía la letra de un tango: “Nos criaron a mazamorra, fríjoles y tango” , me dijo un taxista viejo, que hace viajes cantados.

Hoy existen varios lugares donde tomar clases, escuchar y bailar tango. Además del Festival Internacional del Tango y la Casa Gardeliana, que guarda objetos del Zorzal Criollo y muchas fotos del accidente que no se suelen ver en Argentina.


El bosque kárstico del Río Claro

Una vez, hace muchos años, un amigo se perdió en un bosque oscuro, en la Patagonia. Tuvo mucho miedo y sobrevivió por su sentido de la orientación. Me gustaría pedirle alguna vez que escriba esa anécdota para Viajes Libres. Hasta que lo haga, un comentario sobre otro bosque, uno raro, una figurita difícil en el mundo: el bosque kárstico.

En alemán, karst quiere decir meseta de roca. El nombre proviene de una meseta situada en Esolvenia, que se extiende hasta Italia, donde la llaman carso. Las rocas de los paisajes kársticos tienen la particular de poder ser corroidas por el agua, a través de las grietas. El sistema kárstico incluye una fuerte interrelación entre la vegetación, los suelos, las cuevas y el agua subterránea.

En el último viaje a Colombia visité la Reserva Natural Cañón del Río Claro, en el departamento de Antioquia, a tres horas de Medellín, y a unos pocos kilómetros de la Hacienda Nápoles, la antigua finca de Pablo Escobar hoy convertida en Parque Temático.

La Reserva del Río Claro es un sitio pensado para el turismo ecológico. Se puede caminar en un bosque húmedo tropical de origen kárstico, es decir donde las plantas crecen sobre las colinas de mármol y piedras calizas. Es un bosque muy antiguo en el que se han identificado 980 especies vegetales de las cuales 20 son nuevas para el mundo.

No hay muchos bosques kársticos en el mundo. Alguno en Puerto Rico y el más famoso es la Reserva de Maolán, en Libo, Guizhou, China.

El de Colombia está en la reserva ecológica, donde se puede hacer un rafting suave, tirolesa, nadar en las aguas frescas del río o internarse y caminar a oscuras por la Caverna de  los Guácharos, aves poco estudiadas que habitan en el interior de las cavidades y sólo salen por la noche en busca de alimento.

Llegué al Río Claro con un grupo de periodistas, recorrimos la reserva durante varias horas y después del rafting, vuelta a la ruta. Los viajes de prensa no esperan. La próxima vez me gustaría pasar la noche en las cabañas. Para escuchar los sonidos del bosque por la noche y por la mañana. Para explorar las colinas de piedra y caminar entre la vegetación hasta el Templo del Tiempo, más allá de Playa Mármol.


Cuatro carnes y un pensamiento

Abierto por un argentino en 1961, el Café Versalles es un mítico punto de encuentro en la peatonal Junín, en el centro de Medellín. Primero fue pastelería y cafetería, ahora también sirven muy ricos almuerzos y siempre ha sido un lugar para ver fútbol. Una reflexión acompaña en la pizarra la oferta del día.


Sancocho trifásico

El nombre me suena a un antibiótico sanador. Como si en el menú dijera Trifacilina sancochix. Y según muchos paisas, como se les dice a los antioqueños, algo de eso hay.

Este plato poderoso se suele comer después de una noche de rumba, para curar la resaca. O en idioma colombiano, para tumbar el guayabo.

El trifásico es un cocido con tres tipos de carne (vaca, cerdo y pollo), por eso lo de trifásico. Además lleva choclo, yuca, zanahoria, un plátano pequeño y un toque de cilantro.

Me llama la atención el tamaño de los platos en esta región, cómo comen los paisas, por favor. Además del plato de la foto, si uno pide el sancocho le traen otro plato con arroz, aguacate, repollo morado y banana. Imposible terminar el combo. O uno se curaría para volver a enfermarse.

Hay más de diez sancochos diferentes en Colombia, cada uno con los ingredientes y particularidades de la región. El trifásico se prepara así.


Plegaria a San Antonio

– San Antonio, dame un novio.

– San Benito, bien bonito.

– San Andrés, dámelo pues.

– San Hilario, que tenga un buen salario.

– Santa Marta, que mida más de una cuarta (el salario).

– Santa Teresita, que me compre una casita.

– San Rafael, que me sea fiel.

– San Pacho, que no salga un borracho.

– San Angulo, que tenga un buen… corazón.

 

Sabiduría popular paisa, que aporta desde Medellín y con sonrisa pícara, Juri Marcela S.




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