A propósito del Camino del Inca

Los países, las provincias y hasta los medios se apropian, respectivamente, de “sus” afectados en Machu Picchu. Los diarios argentinos, los chilenos, los costarricenses, los uruguayos, cada uno rescata un universo privado, un viaje en primera persona.

Mientras leo las historias, los rescates, la tragedia me apropio de mis recuerdos. Hice el Camino del Inca el año del cólera, 1991. A fines de enero, princpios de febrero. Llovió tres de las cuatro noches que pasé en la montaña. Antes llovía, pero como me dijo Jerry, uno de los amigos con los que compartí esos días, “ahora el clima está de thriller”.

No sé si ya existían las telas inteligentes, pero a América Latina no llegaban seguro. Caminaba con jeans y un sueter de lana tejido por una tía, y húmedo el 80 por ciento del día. Entre las medias y las zapatillas se ponían bolsas plásticas. Con eso y todo, los pies terminaban hechos sopa.

Hace 19 años hacer el Camino del Inca costaba 13 dólares. Hoy hay que pagar alrededor de 300 por un tour que incluye guía, comidas, entradas. No se puede hacer de otra manera  y no es fácil conseguir cupo: sólo entran  250 personas por día. Fui con Elizabeth, mi amiga del colegio, que a partir del segundo día de caminata tenía tres de los cuatro síntomas del cólera. Recuerdo que llevábamos mochilas de rezagos militares y una “mantita de viaje”. Alquilamos una carpa en Cuzco, era pésima. Y compranos dos plásticos enormes para ponernos arriba de las camperas, que no eran waterproof.

Hace 19 años no había Internet. Sí había guías de viaje, pero no eran populares, y no las compramos. Rebeldía de la edad, negligencia, ganas de hacer sin receta el trekking más famoso del mundo y el primer gran viaje solas, quién sabe, pero no la compramos. En aquella época, la mayor parte de la información de un viajero -latinoamericano, al menos- era el boca a boca. Hago la aclaración porque de repente me acordé de una pareja de australianos que llevaba una guía con tips increíbles. Con la mayoría de los viajeros uno se encontraba en el campamento, por la noche. A los australianos los vimos cuando nos pasaron. No daban pasos, lo suyo eran zancadas.

De tan largo, el segundo día casi no termina. La subida a Warmiwañusca, a 4200 metros de altura. Un sendero finito como los que hacen las vacas. Pero las vacas no llegan tan alto. Si llegaran serían vacas voladoras porque el cielo está ahí. A un par de nubes de distancia.

En las montañas conocimos a Jerry y a Topo, unos chilenos divertidos, mucho mejor equipados que nosotras. Nos hicieron bromas, nos reímos y enseguida fuimos amigos. Seguimos juntos el camino. Juntos comimos la polenta más rica del mundo, con el hambre de un yaguareté. Ahora es obligatorio ir con guía, pero antes uno se cocinaba, a menos que se contratara un porteador que también preparaba la comida al llegar al campamento.

El quinto día, como todos, amaneció nublado y lloviznando. Pero después de cruzar la Puerta del Sol se despejó un rato. Bajamos a las ruinas corriendo, temblando las rodillas, con la brisa en las mejillas, cumpliendo un sueño. El sueño de alejarse un rato de la civilización y transitar por las montañas de los incas . El sueño de descubrir que se puede llegar lejos con las piernas y el espíritu. Un sueño simple y noble, que la turista y el guía que murieron hace unos días, lamentablemente, no llegaron a cumplir.

Mientras leo las historias de las noticias, me apropio de mis recuerdos. La sensación incómoda de la lana mojada, los paisajes de ceja de selva, el Urubamba encajonado entre los valles, la extraña mezcla de cansancio y emoción de alcanzar cada noche la meta, un momento de agotamiento cuando me pregunté qué estaba haciendo ahí y por qué no me fui a la playa. Me acuerdo de la piedra gris del Intihuatana y del miedo de una noche entera de lluvia. No voy a olvidar la generosidad de los chilenos, que compartieron lo que tenían con nosotras, ni la última trepada al Huayna Picchu, tomados de una soga gruesa para no perder el equilibrio. Arriba, no había ni un turista. Sólo nosotros, en las nubes.

(Post dedicado a Jerry y a Topo, mis amigos hasta hoy, y a Eli, que se salvó del cólera)


El desierto es un país

Con este tema de los Reyes Magos, mi sobrino de cinco años se fue antes de casa porque tenía que ponerle pasto y agua a los camellos, que llegan de “un lugar muy lejos”. Le conté que atraviesan el desierto, por eso tienen tanta sed. Después le pregunté si sabía qué era el desierto. Entonces, me dijo con seguridad de catedrático: “El desierto es un país”.

Cuando se fue me quedé pensando en el Tar, el gran desierto de la India. Podría haber recordado otros desiertos más o menos literales, pero pensé en ése. Probablemente porque por allí viajé algunos días en camello, igual que los Reyes Magos, y cuando volví necesité agua fresca.

El Tar está cerca del límite con Pakistán y, como muchos desiertos, es un infierno durante el día y un cubito de hielo por las noches. Los dos chicos de la foto fueron mis guías. Sabían seguir huellas y podían ubicarse en el manto de arena. Cantaban hits indios por las tardes y fumaban bidis siempre que podían. La rutina del día: montarse sobre el camello bien temprano y avanzar con el andar desgarbado y lento de los animales de pestañas largas y mirada triste. Hasta un paisaje apto para acampar, sin carpa, apenas con el saco de dormir bajo las estrellas. La noche en el desierto es silenciosa y da la impresión de que pasa más despacio que otras. La noche del desierto es quieta como el agua de un lago. La noche en el desierto es sospechosa.

Por momentos, los camellos trepaban dunas blandas, pero más que arena en el Tar había aridez, tierra agrietada, arbustos bajos y blancos de polvo. A vista de pájaro, el desierto parece un paisaje muerto, pero atravesándolo cobra vida. Se llena de viento, aparecen las lagartijas, algún zorro, un halcón al acecho de la debilidad ajena.

Además de resistente, el camello es alto, pero ni siquiera desde la altura el panorama dejaba de ser uniforme. Desde la joroba, el desierto del Tar me pareció infinito, como el horizonte en el mar.  Cuando viajé por el Tar, la desertificación era un tema menos frecuente. Con la sequía actual, quizás dentro de algún tiempo no sólo los Reyes Magos se muevan en camello. El desierto, un país en expansión. Se lo comentaré a mi sobrino.


Revista Lugares, con página nueva

Después de mucho trabajo, la revista Lugares, de Argentina, lanzó su nuevo sitio Web, con kilos de información sobre viajes y turismo.

Sobre cada destino turístico del país se podrán leer imperdibles, excursiones, detalles sobre cuándo ir y cómo llegar, además de una selección de hoteles, restaurantes y los principales prestadores de servicios. Qué se debería tener en cuenta y tips redactados por gente que estuvo ahí. También, reportajes sobre los destinos, fotos y un sector donde los viajeros pueden dejar sus propias experiencias de viaje.

En los próximos meses, la página seguirá sumando datos y lugares. Pero ya mismo, antes de las vacaciones, se puede empezar a explorar, a leer… ¡y a tomar nota!


La Ruta de la Yerba Mate ya es oficial

yerbaMe hubiera gustado probar los alfajores de yerba mate ayer en el Senado. Pero cuando se terminaron las preguntas de la conferencia de prensa, no quedaban alfajores. O pusieron de menos o la gente se los llevaba de souvenir.

En el elegante Salón Azul del Senado, donde ayer por la tarde se lanzó la Ruta de la Yerba Mate, hacía mucho calor. Quizás hasta eso estuvo planificado para dar una muestra de cómo es el clima en las tierras calientes de Corrientes y Misiones. 

Algunos protagonistas de esta noticia hablaron de las características de la ruta, de la diversidad que plantea, de que un viaje por allí no será cuestión de estar todo el día visitando industrias yerbateras. Hay muchas actividades asociadas, desde cabalgatas y ecoturismo hasta rappel y, próximamente, también visitas a comunidades guaraníes.

Se habló también de que la ruta tendrá un Menú de la Yerba Mate, de que existen pizza y helado con sabor a mate, y de los más de 100 prestadores que ya integran la Asociación Ruta de la Yerba Mate (Arym), la entidad creada el año pasado para regular la ruta. La mayoría de los temas que se comentaron ayer en el lanzamiento fueron adelantados por Viajes Libres, en el último Especial El Mate. Lo que en Viajes Libres no se dijo y ayer, en el Senado y a viva voz sí, es que al parecer existe un mago de la virilidad en Misiones y dicen que vive a mate.

Un lanzamiento es de alguna manera una fiesta, la concreción de un proyecto. Al final todos se sacaron fotos juntos, sonriendo y transpirando por la cantidad de luces de la inmensa araña del Salón Azul. No se habló de problemas. No se hizo mención a los cosechadores o tareferos de la yerba, que tienen once, doce y catorce años. No era el lugar, claro. Pero si se nombra a la Ruta de la Yerba como un “proyecto de identidad nacional” y se lanza en el Honorable Senado de la Nación, ese tema debería figurar como una prioridad en la agenda.


Últimas noticias de la Ruta de la Yerba Mate

Unos días atrás escribí algo sobre mi recorrido por los caminos rojos, como el de la foto, que forman la Ruta de la Yerba Mate. Ahora me entero de que casualmente la próxima semana se lanzará en forma oficial la Ruta de la Yerba Mate en Argentina.  Para saber algo más, le escribí al ingeniero agrónomo Ernesto Barrera, uno de sus principales mentores quien, en esta entrevista especial para Viajes Libres, cuenta algunos puntos fundamentales de esta nueva ruta.

¿Qué es una ruta alimentaria?
Una ruta alimentaria es un itinerario que permite reconocer la cultura productiva de una región a partir del alimento que da el nombre a la misma. Se trata de un reconocimiento de carácter turístico, por lo tanto tiene elementos lúdicos, entretenimientos y actividades. También se ofrece para la simple observación y análisis. El alimento debe ser la estrella y estar presente no sólo en la mesa, sino en las historias, en los recorridos y en las actividades. Todo el escenario en la ruta está copado por su estrella, el alimento emblemático de esa región.
Una ruta recorre un territorio definido por una cultura de producción agrupando a productores primarios, industriales, empresarios gastronómicos, prestadores de servicios y otros agentes económicos.

¿Qué cambiará a partir de que exista una Ruta del Mate?
Desde nuestra perspectiva, que por cierto tiene diferencias con la situación prevalente que se observa y que consiste en bautizar con el nombre de un alimento típico a una oferta turística inorgánica y espontánea, una ruta alimentaria debe contribuir a generar un nuevo negocio para quienes no están en el turismo (productores), crear fidelidad de marca (industrias), incrementar el consumo del producto primario e industrial. Pero también a sumarle productos a quienes ya están en el negocio (agencias de viaje). Pero lo más importante de una ruta, en el mediano plazo, es su contribución al desarrollo de mercados y también de nuevos productos, para el alimentos que le da origen, los que a partir de vincular el alimentos con el turismo, pueden nacer, como souvenires de la ruta.
No es de desdeñar, por otra parte, el impacto que una ruta puede tener sobre la autoestima de los pobladores locales.

¿Cómo es el trazado?
La Ruta de la Yerba Mate tiene como puntos extremos sur, a Yapeyú. Desde allí y siempre en cercanías del río Uruguay, donde está la tierra colorada, la ruta recorre Corrientes al norte, abarcando también toda la provincia de Misiones.

¿Cuántos museos hay en la ruta?
Aquí te paso 11 museos, pero seguro que están faltando varios. En Apóstoles,  Museo Juan Szychowski, Museo Diego de Alfaro y Museo Ucraniano; en Colonia Liebig, Museo de la Cooperativa Liebig; en Montecarlo, Museo “Huellas del Pasado”, Museo del Agricultor; en
Eldorado, Museo Municipal en el Parque Schwelm; en Posadas, Palacio del Mate, Museo Regional Anibal Cambas, Museo Juan Yaparí, San Ignacio, Casa de Horacio Quiroga y en San Pedro, el Museo Yerba Mate Silvestre, que está en construcción.

¿Tiene alguna actividad distintiva?
Las actividades son numerosas. Hay actividades contemplativas y otras de aventura. Todas en general están vinculadas a la producción de yerba mate, sea por el paisaje en que se realizan, sea por que están íntimamente vinculadas a la producción de yerba.

¿Ya tiene señalización que la identifique?
Existe una propuesta de señalización para la que debe obtenerse el financiamiento, lo que confiamos que se hará una vez implementado el plan estratégico diseñado.

Hace unos años, recorrí la ruta y más allá de un helado con sabor a yerba mate, era muy difícil encontrar algún restaurante que ofreciera recetas que incluyeran yerba. ¿Ha cambiado algo en el aspecto gastronómico?
Cómo parte de las actividades de diseño y construcción de la ruta desarrollamos, por medio de un concurso nacional, un menú con base en la yerba. Una de las normas que impone el protocolo de calidad de la ruta de la yerba mate es que los establecimientos adheridos que dan de comer, deben ofrecer –obligatoriamente- el Menú de la Ruta de la Yerba Mate. Éste está compuesto por un plato de entrado, uno principal, un postre y bebidas con y sin alcohol que tienen yerba como componente importante en su receta.

¿En qué modelo de ruta alimentaria y turística se inspiraron?
Humildemente, debemos decir que el concepto en el que nos inspiramos es propio. Venimos trabajando en su diseño desde el año 1999, cuando comenzamos a hacerlo en la Secretaría de Agricultura. A tal punto es nuestro el diseño que hemos inventado la palabra Alimentarias, que no existe en el castellano, para diferenciar la ruta del concepto gastronómico, que aunque teóricamente estaría bien, en nuestros consumidores refiere básicamente al restaurante y olvida que el alimento nace del trabajo de un productor agropecuario. Nuestro concepto de ruta parte siempre de la producción y el restaurante es la vitrina donde el producto se muestra.

¿Se han hecho contacto con Uruguay, Brasil y Paraguay para continuar la ruta en esos países?
Aún no los hemos hecho aunque la ruta, apenas se difundió el proyecto, fue Declarada de Interés del Parlamento del Mercosur.

Leí que piensan construir mates “grandes” al costado del camino. ¿Ya se construyó alguno?
Forma parte de uno de los proyectos para darle más identidad al entorno de la ruta. Pero no se trata sólo de construir mates grandes, sino de que los propios residentes de cada localidad, sobre la base de un mismo modelo de mate, desarrollen su propuesta artística, algo así como el “Cow Parade” esas vacas que cada uno pinta según su visión. Así creemos que cada pueblo expresará su identidad. El mate los une, pero cada uno de ellos tiene su propia identidad.

Teniendo en cuenta el clima tropical del litoral argentino, ¿cuál te parece la mejor época para transitar esta ruta?
Existe la idea de que la mejor época para recorrer esta zona es en el invierno, pero es cada vez más notorio que el turismo en las Cataratas de Iguazú es cada vez menos estacional, de manera que podría recorrerse a lo largo del año.

Si se presenta en marzo, ¿cuándo se comercializará desde las agencias?
Ya estaría lista. Creemos que Semana Santa será un buen momento para conocerla para muchos argentinos


La Ruta de la Yerba Mate

En política o economía, seguro que no. Pero en yerba mate, la Argentina es campeón mundial: tiene el pergamino de principal productor, consumidor y exportador de yerba mate del mundo. Es un motivo contundente para que exista un camino del mate. Sin embargo, es algo reciente y en construcción.

Todavía no existe una ruta perfectamente diseñada, con carteles y mates gigantes al costado del camino. Pero esa desprolijidad es lo mejor, y mucho no va a durar. Así que éste es un buen año para recorrer los caminos rojos del Litoral.

Desde la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires se ha impulsado un proyecto para crear una ruta con nombre, mapas explicativos, hoteles y restaurantes. Hasta se declaró al mate Producto Autóctono del Mercosur (se consume en los cuatro países) y hay perspectivas de que el corredor turístico alguna vez sea más amplio, y que llegue hasta el sur de Brasil.

Un viaje por esta zona húmeda está lleno de manos, muchas más que en una ronda de mate. Guaraníes, conquistadoras, jesuitas, polacas, ucranias, criollas. Y en todas las épocas, manos lastimadas de tareferos, los cosechadores de la yerba.
A los lados del camino se ven los arbustos de yerba en cultivos de alta densidad (2000 a 6000 plantas por hectárea), muy diferente a los orígenes, cuando los guaraníes descubrieron el árbol, que crecía salvaje en la selva paranaense y llegaba a medir 20 metros. Para cosecharlo había que meterse en el monte en expediciones que duraban hasta 6 meses y de las cuales no todos volvían.

La ruta del mate es caliente, tan caliente como uno se imagina el infierno. Pero también es verde, como la selva espesa y como la planta del mate. Por estas zonas de Corrientes y Misiones hay extensas plantaciones de yerba mate y antiguas estancias atendidas por sus dueños que conectan los principales destinos. Allí, uno puede alojarse y también comer deliciosos platos caseros.

dscn0954Quizás en algún momento habrá hoteles, restaurantes gourmet y menos espacio para el azar. Pero para eso falta. Hoy, todavía se pueden ver los carros polacos al costado de la ruta, charlar con un inmigrante ucraniano y asomarse por una cooperativa como Liebig para conocer el camino que sigue la hoja, desde la recolección, secado y canchado hasta el paquete que se vende en todos los supermercados de Argentina y Uruguay.

IMPERDIBLES DE LA RUTA:

GOBERNADOR VIRASORO
La yerba es un pilar de la economía de Misiones, la provincia de las Cataratatas, en el litoral del país. El otro es la explotación forestal. Por eso se ven lomas y cuchillas con los tronquitos flacos y alineados de pinos Elliotti y eucaliptos. Muchas empresas que plantan yerba también tienen una división forestal. Como Establecimiento Las Marías, en Virasoro, algo así como la Microsoft de las yerbateras y una de las más tradicionales, con 85 años. Yerbales, teales y pinos, más de cinco mil hectáreas cultivadas y una planta modelo para el procesamiento de la hoja verde. El que llegue hasta aquí puede dejar su auto y recorrer en una van los pasos que sigue la hoja verde, desde el vivero y la plantación hasta el paquete de yerba Taragüí (Corrientes, en guaraní), entre otras marcas, que uno elige en la góndola del supermercado.

COLONIA LIEBIG
Colonia Liebig es un pueblito con nombre alemán y pasado inglés. Desde fines de 1800 y hasta 1970, la Compañía Argentina Liebig exportaba corned beef y extracto de carne a Inglaterra, y en Colonia Liebig se abastecía del ganado que viajaba en tren hasta Pueblo Liebig, en Entre Ríos, donde estaba el frigorífico y se faenaban más de mil cabezas por día. De aquellos años, cuando la zona era parte de la estancia La Merced, de más de 10.000 hectáreas, queda poco y nada. Hoy, el pueblo vive por la Cooperativa Liebig, una yerbatera en crecimiento y secadero artesanal, con más de cien pequeños productores asociados que se puede visitar siempre y cuando uno no llegue entre las 13 y las 16, sagrado horario de la siesta.

dscn1025APOSTOLES
Ni bien llegaron, los españoles desconfiaron del mate y lo prohibieron por vicio, pero luego les gustó tanto que se consumió desde Buenos Aires hasta Quito, pasando por Lima.
El primer contingente de polacos llegó a Apóstoles en 1897. Eran 17 familias y venían tapados hasta el cuello. Pero llegaron a Misiones, donde la ropa es lo de menos. Venían sin nada, además del abrigo. Acá les dieron algunas hectáreas para cultivar y pagar en plazos cómodos. Ellos hicieron el resto: trabajar la tierra y luchar con la hormiga minera, que se comía todo.
Uno de esos polacos don Juan Szychowski, que con el tiempo se convirtió en un genio de la ingeniería local. El Museo Juan Szychowski (entrada gratuita) está, dentro del establecimiento yerbatero Amanda que también se visita para conocer el proceso de la yerba. También en Apóstoles se puede pasar por el Museo Ucraniano (Suipacha 57, T. 54 3758 422501; horario: lunes a sábados, de 8 a 12 y de 16 a 19, entrada gratuita) para entender mejor la historia y ver sus testimonios.

POSADAS
Lo mejor para hacer en la capital de Misiones es esperar a que baje el sol y disfrutar de las brisas de la tarde-noche en la remozada avenida Costanera. El lugar es perfecto para un paseo nocturno, inluída la cena en algún sitio recomendado con vista al Paraná. La especialidad de la capital: el pollo al galeto. Un museo: Aníbal Canbas (Alberdi 600, horario: martes a sábados, de 8 a 12 y de 15 a 20 y domingos y feriados, de 17 a 20).
Si le gustan las artesanías, puede pasar por el mercado municipal, también conocido como paraguayo, donde encontrará artículos de cuero, sombreros y cestería.

SAN IGNACIO
Cuenta Pau Navajas, del Establecimiento Las Marías, en su libro Caá Porã´í, El espíritu de la Yerba Mate, que los hombres de la Compañía de Jesús situaron sus misiones “deliberadamente lejos de los colonizadores criollos; se adentraron en la espesura selvática y así pronto comprendieron el espíritu de la yerba [...] que se transformó en una fuente de ingresos que permitió construir talleres, iglesias, pagar impuestos y organizar la vida de las reducciones”Los jesuitas les enseñaron a los guaraníes a plantar yerba y secarla o más bien ahumarla en el barbacuá, un horno casero. San Ignacio Miní (su par más grande o Guazú está en Paraguay) fue fundada en 1610, destruida en 1817 y restaurada en 1940. Está a 60 km de Posadas, y en el camino hay más ruinas: las de Santa Ana y Loreto (todas con la misma entrada, de US$ 2). Mejor ir bien temprano o por la tarde, todo es más fresco. En San Ignacio también se puede visitar la Casa de Horacio Quiroga, un truculento y genial escritor que nació en Uruguay pero vivió en Misiones, muy influenciado por este paisaje selvático y agobiante.


Los imperdibles del Condorito

Con el furor que despertó la elección de las nuevas maravillas naturales del mundo, la provincia de Córdoba eligió las propias y el Condorito, como le dicen al Parque Nacional Quebrada del Condorito, está entre las siete ganadoras.

Queda a 90 kilómetros de la capital provincial y a 2000 metros de altura, en medio de la Pampa de Achala. Parece que allí se puede ver flora y fauna de varias regiones del país, pero el habitante más famoso y el que le da su nombre es nada más y nada menos que el ave más grande del mundo: el cóndor andino.

Nada mejor que una cordobesa andariega para recomendar sobre ese parque nacional. María Eugenia Aliaga, además de cordobesa, es estudiante de Letras y fue una muy buena alumna de mi último curso de Periodismo Turístico. Le gusta escribir. Y también, caminar por naturaleza y especialmente por este parque del oeste cordobés. Ya fue varias veces y piensa seguir yendo. Unos días atrás volvió de su última excursión. Llegó con la memoria de fotos llena -las de este post son de ella y de sus compañeros de travesía- y con cinco imperdibles Premium que escribió para Viajes Libres y que se pueden leer a continuación.

El camino. Desde La Pampilla hasta el Balcón Norte, donde se ven los cóndores, el camino está perfectamente señalizado. Se divide en diez paradas y dos sendas: una para ciclismo y otra para trekking. Así, este santuario de paja, piedra y aparente uniformidad  muestra sus matices.

En la parada 8 es mejor tomar la senda para bici, y a poco de andar voltear la cabeza para ver cómo el camino trepa, el viento mece las matas ocres y el sol las llena de brillo. Está permitido recordar escenas de El Principito. Con neblina (frecuente en primavera y verano), el lugar se vuelve misterioso. En ese momento, imaginarse un Rohirrim que cabalga por la Región de Rohan del Señor de los Anillos no es descabellado. Son unas tres horas de caminata (ida) hasta el Balcón Norte.

Balcón Norte. Ese tajo en la tierra de 800 metros de profundidad y 1500 metros de ancho arranca algunos “guauuu” en bocas abiertas de sorpresa. Atrás, queda la inabarcable pampa pajosa y amarilla hasta el horizonte. Adelante, un gran balcón. No se puede asegurar el avistaje de cóndores ni un horario exacto para observarlos, ya que sus hábitos no siempre son los mismos y dependen de las condiciones climáticas. Las veces que fui, los vi a las 17 hs. A esa hora parece que luego de un día -en el que pueden haber recorrido 50 km- de búsqueda de alimento, vuelven a sus apostaderos. Ojo: leer los carteles ayuda a no confundir águilas o jotes con cóndores, o cóndores machos, de hembras o de condoritos.
Una vez asomados, hay silencio, binoculares y mate. Nada más hace falta para entender por qué el cóndor era considerado un ave sagrada por los primeros habitantes del lugar.
Hacia la izquierda y hacia abajo hay otro balconcito. Se llega por un sendero que se abre entre un bosque de tabaquillos. Ese balcón es menos concurrido, y tiene una mejor perspectiva tanto de la pared de la quebrada como del río Condorito que corre abajo. Resta disfrutar de este encuentro, que se parece a uno de aficionados al aeromodelismo y soñar con que uno de estos enormes pájaros negros con glamorosa capa blanca anudada a su cuello planee tan cerca que tape el sol con su majestuosidad y vuelva todo oscuro.

El río Condorito. Después de bajar unos 500 metros por un sendero escarpado pero escalonado se llega al río Condorito. Requiere cierto esfuerzo físico, pero ir por esa ladera cubierta de tabaquillos de tronco rojizo, maitenes y helechos muy verdes lo vale. Seguramente, habrá o loicas de pecho rojo. El paisaje al llegar al río recuerda a los caprichos de Gaudí. Las piedras fueron pulidas por la erosión, y tienen formas extrañas. El agua ,purísima y helada, se escabulle en mil cascaditas que junto al ambiente húmedo, sombrío y encajonado suenan como un mantra liberador.

Balcón Sur. Después de cruzar el río Condorito por la pasarela, el sendero sigue y sube unos 800 metros por una ladera igual de escarpada y escalonada que llega hasta el Balcón Sur. La empresa es importante y sólo deberían aventurarse los que consideren que tienen aptitud física para hacerlo y que tengan planeado quedarse por lo menos una noche en el parque. Íbamos a ir pero las condiciones climáticas nos lo impidieron. Dicen que aquí los cóndores sobrevuelan demasiado cerca. Me imagino despeinada por un cóndor. Esta vez no pudo ser, pero voy a volver hasta cumplir ese sueño. Como suele pasar, lo que más cuesta es lo mejor.

La noche. El cielo en el área de acampe Pampa Pajosa parece un paño negro de joyería que a medida que se va abriendo muestra millones y millones de chispitas, como diamantes recién pulidos. La luna parece más grande de lo normal. Las constelaciones comunes se esconden para que descubramos otras. Y salen los búhos, y los zorros colorados se acercan al campamento. La noche en el Condorito es negra. Y muy pero muy larga. Read the rest of this entry »


Octubre, mes mundial de las aves

En el mundo existen 48 millones de observadores de aves que invierten unos 85 billones de dólares en la actividad, según los datos de Birdlife International. No sé cómo se elaboran esas estadísticas, pero supongo que no formaré parte de esos millones de fanáticos. Sin embargo, me gusta observar aves. Disfruto particularmente del instante del descubrimiento. Sobre un alambrado, en un poste de luz, detrás de una rama, en la copa de un árbol.

Me acuerdo que una vez, en un viaje de trabajo a Iguazú visité el lodge Yacutinga. Un día, me levantaron a las cinco de la mañana para ir a observar aves. Como apenas podía abrir los ojos a esa hora y se me hacía difícil observar hasta el árbol que tenía adelante no puse demasiada expectativa en el paseo. Así, después de una caminata medio dormida por la selva llegué a un bote, donde había una pareja de alemanes frescos y silenciosos, y un guía que según comprobé luego, tenía buena vista. 

Poco a poco, mientras el bote avanzaba por un riacho marrón cerca del río Iguazú los sonidos de la selva y la luz que entraba por las copas de los árboles me fueron despertando y de repente vi una garza. Y después un tucán de pico naranja. Ya llevábamos una hora navegando cuando el guía dejó de remar, señaló unos arbustos cerca de la orilla y me pasó unos binoculares. No vi nada. Al parecer, los alemanes tampoco. Entonces, él volvió a apuntar su índice y la segunda vez pude verlo. No recuerdo el nombre del pájaro, pero sí el color turquesa intenso. Como si estuviera hecho con agua del Caribe. Era muy pequeño y apenas pestañeamos se voló.

Nunca supe más de él, pero guardo esa observación como un logro. Igual que la del quetzal en Guatemala, la del martín pescador en los Esteros del Iberá, la del pelícano blanco en la laguna de Chacahua y la del colibrí en el patio de la casa de una amiga. Me gusta pensar así la observación de aves. Como los que coleccionan carreras o cruceros o cornamentas de ciervo o países, cada ave que uno descubre es una figurita nueva. Y parece que ese pajarito turquesa era una figurita difícil. Esa madrugada los alemanes -que seguramente sí pertenecían a los 48 millones de observadores de aves- no podían creerlo cuando lo vieron. Enseguida lo buscaron en su guía especializada y comprobaron que ellos lo estaban viendo en libertad. Cuando ella anotaba el nombre del ave, el lugar y la hora en su libreta de campo, la mano le tembló de emoción.

Los países con más observadores de aves son Inglaterra, con más de un millón, Estados Unidos (600.000), Holanda (125.000) e Italia (20.000). Muchos de ellos aprovechan el cambio y la diversidad de aves y viajan exclusivamente en busca de aves. Este mes, en Argentina hay visitas y cursos y salidas de observación y una nutrida agenda -desde cursos y salidas en Esquel, en la Patagonia, hasta avistajes en la Laguna Blanca y el Parque Nacional Río Pilcomayo- organizada por Aves Argentinas especialmente para el Festival Mundial de las Aves del que participan 88 países y que este año está dedicado a las aves migratorias y sus rutas.


Orientatlón, una carrera de estrategia

Me encontré con un amigo en un bar. No lo veía hace un tiempo y me contó que está corriendo carreras de aventura. “Se llaman orientatlones y son carreras donde los competidores necesitan, además de estado físico, una mínima noción de navegación terrestre y uso de GPS”, me contó entusiasmado.

Parece que después de la sirena de largada, los participantes no salen corriendo hacia la meta como en una típica carrera. En un orientatlón, después de la largada, los equipos se sientan a leer el mapa, que hasta ese momento no conocían. Lo estudian y deciden cuál será el rumbo a seguir. Sólo después parten, a la aventura y a la carrera.

La idea me recordó al Desafío de los Volcanes, que hace unos años cubrí para el diario La Nación. Sólo que esa es una versión más extrema y con competidores que se pasan buena parte de su vida entrenando. Los orientatlones de los que participa mi amigo son de menor exigencia y uno puede inscribirse en distintos niveles. El último se corrió hace unos días en La Cumbrecita, Córdoba, y duró dos días de naturaleza agreste y cielos limpios.

“El primer día tratamos de juntar la mayor cantidad de puntos, que se obtienen al llegar a distintos puestos de control -cada uno tiene distintos valores- y finalmente al campamento. El puntaje está relacionado con el grado de complejidad y distancia, por eso la estategia es fundamental. Y también la brújula: trazar un rumbo lo más aproximado posible a la meta. Me gustó mucho la caminata, pero lo que más disfruté fue la noche silenciosa y fría desde mi vivac, bajo el cielo protector”, me contó mi amigo, que después de ese trekking por las sierras ya se anotó en el próximo orientatlón, el último del año, que se correrá en San Luis.


La rebelión de los vándalos

Vantoux es un pueblito del norte de Francia donde viven 931 habitantes, que hasta hace unos días se llamaban vándalos.

Ya no. Días atrás, se rebelaron contra su gentilicio que en este tiempo está cargado de una connotación negativa y según ellos, puede generar confusión. “Yo soy un vándalo pero no soy un vándalo, ¿me entiende?”, comentó un habitante a un periodista.

El nuevo alcalde de Vantoux, Claude Bellei (foto), propuso seis gentilicios y los ex vándalos, según dicen una gente muy tolerante y amable, votaron en una consulta popular.

El gentilicio ganador fue vantusiano, pero curiosamente el segundo más votado fue vándalo. En otros lugares, darían todo por vivir en un pueblo con un gancho turístico así. Seguramente organizarían el Festival de los Vándalos, elegirían a la Reina Vandálica, harían la Semana del Vandalismo y venderían camisetas con la inscripción YoYa los vándalos”. Pero en Vantoux, los vándalos franceses acaban de renunciar a su nombre y a todo el resto.




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