Para alimentar el viaje a Italia, ¡pasta!


Consumo verde: eco-friendly sex shops

El consumo verde se propaga en Estados Unidos y suma nuevos ámbitos, incluso el de los sex shops.

Cuando hace unos meses estuve en Nueva York pasé por Babeland, en el Lower East Side, un negocio que entre 2007 y 2008 triplicó sus ventas de juguetes sexuales que no dañan el planeta. Sus artículos más vendidos son condones veganos, lubrincantes orgánicos, esposas de neoprene, látigos de goma reciclada y vibradores hechos con tecnología verde. Como el vibrador Angel de la Tierra, que se ve en la foto. No lleva a pilas, se recarga a mano y hasta el packaging está hecho con material reciclado.

Y qué tiene un condón de origen animal, me pregunté pensando que estaban hechos totalmente de látex. Entonces leí que los condones incluyen entre sus componentes, la caseina, una proteína láctea. La versión vegana la reemplaza por polvo de cocoa.

La conciencia por el Planeta en el Primer Mundo llega hasta el reciclado de los juguetes sexuales. Los que lo hagan, tienen gift cards de recompensa por el entusiasmo.

En Europa, también existen tiendas de juguetes sexuales responsables para con el planta, como Selfserve Toys, en Berlín, y French Letter, en Londres. No sé si habrá alguno en Copenhague, pero seguro que en estos días venderían sin parar. Eso sí, los precios de los juguetes verdes son de Primer Mundo. Sólo para muestra: el vibrador Angel de la Tierra que venden en Babeland de Nueva York cuesta 90 dólares. Me da la impresión de que en Latinoamérica, los sex shops todavía son más rojos que verdes.


Londres, por la ruta de Los Beatles

Si tuviera pelo -quiero decir, más pelo- me imagino que Luis Ini usaría flequillo, como ya usó alguna vez, y como usaron Los Beatles en algún momento.

El periodista es fan de los Fab Four y cuando fue a Londres, no se perdió el Magical Mistery Tour, una caminata con guía tras sus huellas. A continuación, su relato y sus fotos sobre ese recorrido imperdible.

Con la edición de la discografía remasterizada de The Beatles, no es mala idea recorrer Londres, donde se fraguaron esas gemas de la música, y caminar por donde caminaron John, Paul, George y Ringo. Un nostálgico paseo por un tiempo de flequillos, psicodelia y, claro, yeah! yeah! yeah!
Un fan de la historia del grupo podrá por reconstruir los mismos pasos, pero también, es posible hacer The Beatles Magical Mistery Tour, una caminata con guía que parte los domingos y jueves a las 11 de la mañana, y los miércoles a las dos de la tarde y dura poco más de dos horas. La entrada cuesta 7 libras y el lugar de encuentro es la entrada a la estación del tube (subte) Tottenham Court Road.
Richard Porter guía el paseo, explica y da mucha información. Tiene puesta una camisa de mangas cortas, con un estampado que reproduce caleidoscópicamente los rostros de Los 4.
La primera parada está cerca del punto de salida, en Soho Square (plaza), frente a MPL Communications Ltd., la productora de uno de los dos sobrevivientes, Paul McCartney, y donde Porter parece haber hecho guardia para obtener la foto que muestra con orgullo y donde se lo ve junto a Maca, eso sí, ambos más jóvenes.
A pocos metros de allí, en Saint Anne’s Court, está la puerta de los Estudios Trident Sound, donde se grabó, en julio de 1968, Hey Jude, y también, célebres canciones, como Rapsodia bohemia o Your song, de Elton John. Por allí pasaron además The Rolling Stones, Marc Bolan o Lou Reed.

Caminando recto se llega a Broadwick Street, lugar de un hito curioso: el acceso al baño público subterráneo para caballeros, donde Lennon, en su primera aparición pública con sus lentes redondos, hizo un cameo en un famoso show televisivo inglés de los 60, protagonizado por el actor Dudley Moore.
Por esa misma calle llegamos al corazón de la movida de esos años: Carnaby Street. Si no fuera por un gran mural que adorna una de las paredes que hace esquina con Carnaby, en donde aparecen muchas personalidades conectadas con el barrio -aunque curiosamente ninguna “beatle face”-, hoy es una breve calle comercial, de unos quinientos metros.
En el número 8 de Argyll Street está The London Palladium, donde muchos consideran que nació la beatlemanía el 13 de octubre de 1963, cuando la banda se presentó por primera vez para la televisión.
Al lado de The London Palladium estaba NEMS Enterprises, las oficinas de Brian Epstein, el malogrado manager del grupo, muerto en 1967. Allí hubo momentos célebres, como la multitudinaria conferencia de prensa que dio en 1966 George Harrison para anunciar su boda con Pattie Boyd, o la entrevista en la que John Lennon desató una histeria fundamentalista al asegurar que “The Beatles son más populares que Cristo”.

Desandando Argyll Street, hacia la derecha y al frente, se extiende Kingly Street. En el 9 de esa calle, hoy sede del bar The Miranda Club, funcionaba The Bag O’Nails (Bolsa de clavos), un night club muy frecuentado por los muchachos, y donde Paul conoció en 1967 a Linda Eastman, su esposa hasta la muerte de ella.
Cerca, Saville Row es la calle donde más sastrerías por metro cuadrado debe haber en el mundo. Allí, en el número 3, funcionaron desde 1968 hasta 1972 las oficinas de Apple Corps, un emprendimiento beatle que buscaba destinar el dinero que se llevaba el fisco (un 95% en impuestos, y que Harrison describió en su canción Taxman, “19 para mí uno para ti”) hacia artistas que necesitaran una pequeña ayudita de sus amigos.
Fue precisamente en el tejado de este edificio, el 19 de enero de 1969, donde The Beatles hicieron su última aparición pública como banda, una célebre secuencia – incluso con la policía interrumpiendo el show – que está en el film Let it be.
Antes de caminar hacia la estación de tube que lleva hacia la zona de los estudios Abbey Road, una pasada por la cercana joyería Asprey –hoy llamada Asprey & Garrard-, en el 135-9 New Bond Street. Allí se filmó una escena de Help!, en la que se intentaba quitar del dedo de Ringo el anillo ritual por el que era perseguido por una secta asiática.

Otra anécdota de la joyería cuenta que durante la filmación de esa película, Lennon caminaba por esa calle cuando vio que cientos de fans se le acercaban. Entró en Asprey con la idea de escabullirse por la puerta trasera; para justificar su estadía allí, que no duró más de treinta segundos, compró joyas por 600 libras esterlinas, a dinero de hoy, unas 10.000.
Si los Beatles hubieran generado una religión, su máximo lugar de veneración, su Vaticano, Jerusalén y Meca sería Abbey Road, una calle ubicada al noroeste de Londres, en un barrio señorial de elegantes jardines y mansiones. Se puede llegar por la línea gris llamada Jubilee, y bajar en la estación Saint John’s Wood.
Después, basta caminar por Grove End Road. Seguro que hay muchas otras personas caminando y todos buscan lo mismo: llegar al mítico paso de cebra inmortalizado en el último álbum en estudio de la banda. Está en Abbey Road Street, al girar a la derecha. Veinte metros más allá, sobre la calzada de enfrente, se ven los estudios, lugar de retortas y elucubraciones mágicas, desde donde se impulsó una frase con eco universal: Todo lo que necesitas es amor.


Homenaje al Poste Restante

cartasLa anécdota de Portimão me recordó los viajes con intercambio epistolar y Poste Restante.

Sevilla, Katmandú, Tánger o Nueva Delhi, no importaba dónde fuera, si había planificado pasar por allí sabía que en el Poste Restante tendría una carta con noticias de mi familia.

Cuando el mundo quedaba más lejos y las llamadas daban ocupado o equivocado y salían carísimas, y no había Internet ni Blackberry, el Poste Restante era una solución lenta, gratis, eficaz.

El Poste Restante es un servicio del correo, de todos los correos del mundo, por el que se conserva una carta hasta que la persona a quien está dirigida va a retirarla. En algunos países sólo se guarda un mes y después se devuelve al remitente. Es un servicio pensado para la gente que está en tránsito, sin una dirección postal. Me imagino que ahora se usará mucho menos, pero en un momento, no hace tanto, era fundamental para los viajeros.

La anécdota de Portimão ocurrió en tiempos de Poste Restante, 1986, año más año menos. Me la contó Fernando Luna en un asado, una de estas noches porteñas y calurosas del invierno.

El viajaba con un amigo por Europa y por medio de cartas al Poste Restante de Madrid combinó un encuentro con dos amigos más en Portimão, una playa del sur de Portugal. Desde ahí, los cuatro tenían planeado ir a la isla de Madeira, su meta. Pero se quedaron en una playa de Portimão. Hicieron un pozo amplio en la arena, lo rodearon de cañas, extendieron unos pareos y lo llamaron Guamerú, como el campamento de Daktari.

Vivieron en Guamerú más de diez días. Una tarde conocieron a una señora amable y generosa, doña Zulmira se llamaba. Fernando dice que nunca se olvidará de ese nombre. “Fue nuestra abuela portuguesa. La señora nos daba sandías que nosotros trozábamos y vendíamos en la playa. La plata que ganábamos nos alcanzaba para unas sardinas asadas con papas. Cada tanto incorporámbamos algunas turistas al campamento Guamerú. Me acuerdo de unas alemanas de Berlín. Nos entendimos lo más bien sin hablar una palabra”, recuerda con la voz, con la mirada.

A la isla de Madeira nunca llegaron. Una noche, en Guamerú, hicieron una canción. El estribillo decía algo así: Ibamos a Madeira y ficamos en Portimão, lara lala.

Cuando Fernando y sus amigos dejaron Portimão no miraron para atrás porque si no quizás no se hubieran ido. Su viaje por Europa duró varios meses más. Cuando llegaban a una ciudad, lo primero que hacían era ir al Poste Restante. Para buscar noticias, para estar conectados. (También, para ver si algún amigo o amiga les había escrito ofreciéndoles su casa.)


Evocación de Ignacia, por su hijo Alex Aldama

A veces me preguntan por qué escribo Viajes Libres. Hay muchas razones, pero este post y esta historia que llegó hace unos días a mi correo es una de ellas.

A Alex Aldama lo conocí en su negocio en Nueva York, el último día de la madre. Hablamos un rato largo ese día y luego tomé algunos apuntes sobre la charla. Pero olvidé el nombre de su madre, y la quería nombrar: Alex me contó que era la mujer más maravillosa que había conocido. Entonces, le escribí preguntándole el nombre de la señora. Y el catalán me respondió la historia que sigue, y al rato me envió esta foto, donde se lo ve con su madre y su hermana Pilar:

“Ignacia, es el nombre de mi madre. Ignacia Anglada Hernández, hija de Ernestina y Alejandro.

Tras la caída de Barcelona, mi abuelo Alejandro fue enviado a un campo de concentración en Francia. Todo fue confiscado. Ignacia con 9 años quedó al cuidado de sus dos hermanos menores, Roque y Carmen.
Amigos de mi abuelo, que habían conseguido evitar la deportación, le daban a Ernestina los sacos de arpillera de la carne congelada argentina, que tantas vidas salvó. Mi abuela hacia alpargatas con ellos.
Empezaron a dedicarse al estraperlo (comercio prohibido): dejaban a Roque y a Carmen al cuidado de unas prostitutas de la calle Robadors, unas mujeres increíbles, auténticas y fuertes. Se escondían en los trenes y en las cercanías de Barcelona, en poblaciones del campo y hacían el trueque: volvían a casa sin alpargatas y con un montón de garbanzos, patatas y, a veces, hasta aceite de oliva.

Pasaron los años y Alejandro volvió con vida, esquelético, enfermo y piojoso hasta la médula. Lo sanaron y los amigos de mi abuelo consiguieron meterle a trabajar de Mozo de Carretilla en el mercado de abastos de Barcelona, El Born. ¿Mozo de carretilla? La gente iba al Born a comprar las frutas y verduras, luego apilaban las cajas en la carretilla y el mozo tiraba de ella hasta el camión que las transportaria a los mercados. De lunes a sabado, sin pausa, veranos e inviernos, desayunándose aún de noche las barretxas (conyac con anis) o carajillos (conayc con café), trabajó y trabajó, y dejó crecer un odio inmenso en su interior por toda la injusticia vivida y murió. Claro está, de cirrosis y profiriendo terribles insultos al sacerdote que intentaba darle la extramaución antes de morir. Un hombre muy guapo y alto que jamás consiguió ver de nuevo la belleza que le rodeaba.

Ignacia, mi madre, conoció a Ángel y tras tontear un poco se acabó. Ella rompió en pedazos una foto de él y se la tiró en la cara. Unos años despues, en el tranvía mi madre notó que le tocaban el culo. Era mi padre que le enseñó la foto rota todita recompuesta y pegadita, y la invito a bailar. A mi madre le encantaba bailar.

Ángel entonces trabajaba de electricista para General Eléctrica Española. Mi abuelo se opuso rotundamente al matrimonio. No obstante se casaron, de gris no de blanco. Con un traje chaqueta y un bouquet de flores. ¡Muy guapos los dos!  (Es un extremo jamás confirmado pero yo siempre he creído que mi madre se quedó embarazada a posta para forzar el matrimonio, de ahí el gris.)

Y nació mi hermana Pilar. No fue fácil, vivían con mis abuelos. Aún embarazada mi abuelo les echó de casa y bueno, un montón de barbaridades que de nada sirve ya recordar.
Entonces mi madre vendía fruta y verduras en un puesto calljero en el mercado de Badalona. Mi hermana nació muy chiquita y débil, sin ganas de comer. Mis padres compraban penicilina en el mercado negro para ella y seguían trabajando.

Confiados en que mi madre no podía tener más hijos, la sorpresa llego cinco años mas tarde cuando nací yo: con una cabeza apepinada impresionante y mas de 4 kilos. La comadrona me puso los zapatos de inmediato y le dijo a Ignacia, ¡pero que feo es!

bornDe las fotografías en blanco y negro de aquel entonces lo que más me impresiona es cómo mi madre apilaba en verano las sandías y los melones. Se las tiraban una a una del camión y ella las apilaba en la calle formando una hermosísima piramide. Me acuerdo también de sus delantales, siempre de un blanco inmaculado y con puntillas.

Ángel dejó el trabajo de electricista y empezó como contable en un almacén de El Born (mi padre escribía tan lindo como unas pinceladas de Dalí); mi madre cambió de mercado y no sé como pero tuvo su primer puesto de mercado fijo creo que en Santa Catarina, al otro lado de la Catedral, y luego más tarde otro en el Clot, éste ya con baldosas y todo.

Pilar y yo íbamos a la escuela y seguíamos comiendo, ellos dieron un depósito para la compra de un piso con todos los ahorros que tenían pero resultó ser un fraude y lo perdieron todo. Siguieron trabajando.
Volvimos a vivir en la Barceloneta, en la casa de mis abuelos. En verano, los sábados cuando no teníamos escuela, mi madre nos llamaba aún no amanecido el día y nos llevaba a El Born donde ella compraba las frutas y las verduras. Nos metía en diferentes taxis, cargados hasta donde no se podía más de cestos de mimbre llenos de rojos fresones y nos enviaba al mercado del Clot. El taxista nos descargaba allí y ella llegaba más tarde en otro taxi con con lo que fuera y ahí empezaba el día.

A mí me encantaba meterme bajo la parada (el puesto de mercado se llama así en catalán) y desgranaba guisantes o jugaba con las orugas verdes que encontraba en las lechugas aún mojadas. Oh Dios! cuántos recuerdos se acumulan en la piel con el paso del tiempo.
Pilar se casó con un hombre, de corazón noble con el que aún sigue, Miguel. Tuvo dos hermosas hijas, ahora ya mujeres.
Mis padres se trasladaron (yo con ellos al principio) a Cerdanyola del Valles, una ciudad dormitorio cerca de Barcelona. Esa fue ya la última residencia de ambos. Un piso comprado y pagado a plazos de 250 pesetas mensuales enfrente de una pineda. Mi madre siguió trabajando en el mercado de Cerdanyola con sus frutas y verduras. Yo cumplí el obligado servicio militar en la marina y despues de ello me emancipé.

Aquella noche yo casi había acabado de preparar la cena, celebrabamos el aniversario de mi amiga Pilar. Alguien contesto el telefono y me llamó: mi hermana estaba al otro lado, descompuesta con voz asustada. No hubo celebracion aquella noche. Mi pobre amiga Pilar se quedó sin cena.

Ignacia tuvo un ataque al corazón despues de ducharse. Cayó al suelo y su cuerpo atrancó la puerta. Angel intentó e intentó abrir la puerta. La ambulancia gritaba con sus sirenas de camino a casa. Es curioso, al mismo tiempo que el cuerpo de mi madre permanecía inmóvil en el suelo todos los demás corríamos: la ambulancia, mi padre de un lugar a otro pidiendo ayuda a los vecinos, yo dejando mi casa en Barcelona, mi hermana haciendo lo mismo…
Se negó a morir de inmediato, la conectaron a un monton de tubos y máquinas. Era la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital de Sabadell. Mi madre estuvo cuidada por unas gentes maravillosas esos cuatro dias. Fue demasiado fuerte e intenso para mi padre y mi hermana. Yo me pasaba horas con ella y le pedía, le suplicaba, le grité que volviera. Le dije una y otra vez lo mucho que la queria (las lagrimas asoman ahora de nuevo en mis ojos). Recuerdo que sus párpados se abrían una y otra vez (me explicaron que era “sencillamente” fruto de espasmos), le pusieron una cinta adhesiva en los ojos para que no se abrieran y fue entonces cuando el médico, lo recuerdo jovencísimo y muy delicado al hablar me dijo la verdad. Sí, le pedi que desconectara a mi madre de aquellos infernales tubos y maquinas innecesarias.

LLovía a mares, de verdad, ¡cómo llovia! cuando dejé el hospital.
La Iglesia se llenó hasta los topes, yo ni tan siquiera sé quiénes eran más de la mitad de esas gentes,
Y en silenciosa ceremonia, la llevamos a su ultima morada.

Esto sucedió hace ya mucho, mucho tiempo. Mi madre murió joven. Yo la “deje ir” recientemente. Al final la deje ir: desde entonces sólo recuerdo lo hermoso, sólo recuerdo la belleza de tantos y tantos momentos: su risa, su generosidad con los demás, su fuerza ante la adversidad cotidiana, sus abrazos y besos a mi hermana y a mí, cuando se adormilaba en el sofá cansada del trabajo de la semana y de repente se despertaba, su alegría inmesurable con el nacimiento de Olaya su primera nieta, su orgullo de madre, las conversaciones que tuvimos los dos cuando ella tuvo la menopausia -cómo de repente se abrió como mujer a mí y se convirtió en una amiga además de madre, compartiendo secretos y privacidades conmigo-, y recuerdo su piel, fresca y brillante, sin arrugas, con una luminosidad muy particular.

Ese es el nombre de mi madre, Ignacia. El de mi padre es Angel. El de mi hermana Pilar y el mio Alex.
Podrían ser otros completamente distintos, que más da. No son más que nombres.
Es el corazón, no el nombre, quien nos da una personalidad propia y única, es el corazón quien nos diferencia, nos distingue los unos de los otros, nos agrupa en sólo dos categorias reconocibles, las buenas y las malas gentes… y el corazón de Ignacia era grande, grandísimo, lleno de sangre y rayos de sol, con latidos fuertes, sonoros, musicales, era un corazón donde anidaba un jardín de dalias y amapolas y rosas con espinas, y un rio grande de aguas claras… a veces aun me parece oirlo.


Links, temas y noticias

Guía cool de las grandes capitales
¿Planes de viajar a Nueva York, Tokio, París? Entonces, Super Future es un buen dato. Un sitio con mapas, barrio por barrio, que destacan museos, galerías, restaurantes, tiendas y más. Todo eso, gratis. Por 20 dólares es posible descargar guías, según aseguran en la página, todavía más completas. Para agendar.

 

San Fermín, en fotos antiguas
En unos días comienza la corrida de toros más famosa del mundo, condenada y adorada por muchos. Este año, se reeditó el libro de fotografía Sanfermines”, de Ramón Masats, que reúne imágenes tomadas por el fotógrafo con una Leica y una Pentax, entre 1957 y 1960. La reedición fue revisada por el autor y el editor gráfico Chema Conesa, quienes luego de volver a ver archivos de ese trabajo decidieron incluir 50 fotos inéditas Acompañan las imágenes, textos de Hemingway, el escritor que declaró: “En Pamplona se celebra todos los años una final mundial de toreo“.

   

Bruselas joven
Nuevo sitio en español, con info útil sobre la capital de Bélgica. Qué hacer, de día y de noche; el Museo Magritte, dónde escuchar jazz en vivo y qué bar es bueno para probar las cervezas belgas. También, eventos, como el Festival de Verano de Bruselas, del 14 al 23 de agosto, o el Off Screen, donde se proyectan películas curiosas e insólitas. Todo esto y más, para que cuando tengan que decidir entre todas las capitales europeas, se tienten por Bruselas.


El turismo que duele

topographiedesterrorsEn Berlín hay un museo que se llama Topografía del Terror, en un predio donde entre 1933 y 1945 tuvieron su sede las centrales de la Gestapo, la SS y los servicios de seguridad del Reich.

Hasta ahora fue un museo al aire libre visitado, cada año, por cerca de medio millón de personas. Pero según el artículo que leí el domingo, en mayo de 2010, en coincidencia con el 65° aniversario de la capitulación alemana, estaría terminado el centro de documentación que se construye desde 2007 en Niederkirchnerstrasse 8. En esta página se pueden seguir los avances de la obra en fotos, mes a mes.

A diferencia de otros museos de la memoria situados en antiguos campos de concentración, éste no está oriendado a las víctimas sino a conocer la maquinaria estatal y la logística que utilizó Hitler para llevar a cabo el Holocausto. “Las autoridades de la Fundación Topografía del Terror nos pidieron que mostráramos quiénes eran los perpetradores y por qué lo hacían”, declaró el arquitecto Heinz Hallman, a cargo del proyecto.

Más allá de la noticia y de la controversia que puede causar el nuevo foco, me interesa el tema de los museos de la memoria, como lugares de reflexión colectiva sobre el nivel de atrocidad que puede alcanzar la conducta humana. Hace un par de años, se reunieron en Buenos Aires siete directivos de museos de conciencia en sitios históricos y debatieron sobre la misión de estas instituciones, a propósito de la creación del Museo de la Memoria en la ESMA. En esa oportunidad, el director del Terezín Memorial de República Checa, Jan Munk, señaló: “El deber de cada museo es entregar el pasado a la actualidad. Entrar de un modo activo en la enseñanza de los jóvenes. Nosotros lo hacemos con exposiciones, publicaciones, films y programas pedagógicos específicos”.

1killing_fields_skullsDesde el punto de vista turístico, se considera este tipo de visitas como una ”atracción” más. En una guía de viajes puede ser que se le dedique la misma cantidad de líneas a un museo de la memoria que a un mercado de artesanías. Es otro producto turístico, con precio y duración. Algunos lo compran y otros no.

Me acuerdo de los Cheung Ek Killing Fields, en Camboya. Cuando llegué a Phnom Penh, la capital del país, las guía señalaba entre sus destacados: el antiguo mercado, un museo, los campos de arroz, el Mekong, la pagoda de Ounalom y los Killing Fields o Campos de la Muerte, donde fueron asesinados 8985 camboyanos. Ni bien llegué se me acercó un motoquero -los recorridos suelen hacerse en moto- a decirme que me podía llevar hasta ahí y cuánto costaba.

El genocida camboyano Pol Pot ejecutó entre 1975 y 1979 a cerca de dos millones de compatriotas, más del 21 % de la población, porque pensaban distinto. El Campo de la Muerte está a 15 kilómetros de Phnom Penh, la capital. Es una extensión verde, con el pasto crecido, algo abandonado. Cerca de un árbol hay una columna de madera y vidrio, alta, llena de cráneos muy blancos. El día que fui la rodeaban girnaldas de flores anaranjadas. Había algunos turistas dispersos, que hacían un homenaje íntimo a las víctimas. Además de la sonrisa del Bayón, las apsaras danzantes y los templos de Angkor Vat, la imagen de esa columna rígida de cráneos es una de las vivas de ese viaje, que fue hace ya muchos años.

Lo que el motoquero no me dijo, ni dicen las guías ni los folletos en Camboya o Alemania, es que de una visita a estos museos de la memoria se regresa con los ojos hinchados y listo para quedarse el resto del día con dolor de alma.


Mañanas elegantes


El mundo sobre ruedas

Albert Casals es un viajero catalán, tiene 18 años y desde los 14 viaja en silla de ruedas. Una enfermedad lo dejó sin poder caminar, pero eso no fue un problema para hacer lo que quiere. Su voluntad de viajar es imperturbable: en solitario, sin dinero y a dedo, ya recorrió medio mundo.

El mes pasado publicó su primer libro (“El Mon Sobre Rodes“, Edicions 62, por ahora en catalán y próximamente en español), donde cuenta anécdotas, partes de sus diarios de viaje y su particular forma de ver la vida.

El último mes salieron artículos de Albert Casals en diarios, revistas y blogs. Cuando leyó sobre él, Pritama me escribió enseguida. Me contó que la conmovió su historia, que tenía ganas de entrevistarlo. Consiguió sus datos y le mandó sus preguntas por correo. Esta es la historia del chico que recorre el mundo sobre ruedas, escrita por Pritama Molinari.  

Sus primeros recorridos fueron por Europa, luego por Asia y hace poco volvió de Latinoamérica. Su próximo destino es África. Saldrá de un mes. Viaja con un presupuesto máximo de 3 euros al día, y la confianza plena de que el universo entero conspira a su favor. Su manera de viajar es simple, y le alcanza con lo más básico. Asegura que siempre hay donde dormir, siempre hay donde comer. Conoce gente y todo fluye. Lo que más busca Albert en sus viajes, es acercarse a las personas, conocerlas, hacerse amigos, ver las distintas formas de vivir.
No le teme a nada, porque nada puede ser peor que no realizar sus sueños, ni siquiera la muerte. Es irresistiblemente espontáneo, auténtico y cultor del “felicismo”.

¿Cómo definirías tu manera de viajar?
Viajo en solitario, sin dinero y haciendo autostop; hago lo que me da la gana a cada minuto y vivo como quiero. Viajo por la gente que conozco, por la libertad… y por las aventuras, ¡¡por supuesto!!

¿Qué es el “felicismo”? ¿Cómo se te ocurrió ese término?
El felicismo es una manera de ver la vida, en resumen, significa que lo único que importa en la vida es ser feliz y hacer felices a los demás.
Para conseguirlo, tenemos que hacer lo que realmente queremos… que a menudo no es lo que creemos que queremos, ni tampoco lo que los demás quieren que queramos. Por ejemplo, yo puedo decirme que tengo que estudiar una carrera como medecina para tener un futuro, un trabajo, respeto social, una casa y dinero… pero si en el fondo quiero ser malabarista, seguiré queriéndolo por mucho que estudie medecina. Y algún día tal vez olvide que quería ser malabarista… pero nunca seré tan feliz como lo habría sido de haber seguido mis sueños. La palabra era casi obvia… salió por si misma, realmente. ¿Una teoria de vida basada en la felicidad? Felicismo.  

¿Cuándo apareció la idea de publicar un libro?
Poco después de que saliera en las noticias de TV3. Empezaron a llamarme algunas editoriales, me propusieron lo del libro, y pensé… ¿por qué no?

¿Cuál es el motor para planificar tus viajes?
No hay motor… ni planes… ni nada realmente. Básicamente salgo de mi casa, pienso hacia qué dirección quiero ir, y me voy… a veces me pongo un destino aproximado, pero el camino y la ruta es totalmente “implanificada”…

¿Es internet una herramientas importante para tus viajes?
No realmente… algunas veces lo he usado para mirar mapas de carreteras antes de hacer autoestop, pero muy raramente. Recuerda que viajo sin dinero, así que mi acceso a internet está limitado al que me regalen…

¿Qué significa para ti la libertad?
Me gusta esta pregunta. Ser libre es poder hacer lo que realmente deseas, pero a menudo lo que limita nuestra libertad no son los demás, sinó nosotros mismos. En realidad, a menudo somos nuestros propios esclavos… nos obligamos a hacer algo que no queremos, por sentido común (decimos) o por miedo… y al hacerlo nos impedimos ser libres. Simplemente haz lo que desees en lo más hondo… y serás el ser humano más libre del mundo.

¿Qué le dirías a alguien que quiere viajar pero no se anima por causa del dinero, por su edad, por el miedo, por las “ataduras” en su vida?
Piensa qué es lo que realmente quieres. Dices que quieres viajar pero, ¿lo deseas realmente? ¿Estás dispuesto a renunciar al dinero, a ver a tu familia y tus amigos diariamente, a tu pareja si no quiere venir, a tu trabajo, a tu hipotética estabilidad futura…? Si estás dispuesto, hazlo ahora. De lo contrario serás infeliz toda tu vida… o no serás tan feliz como podrías haber sido. Si no estabas dispuesto… ¿de qué te quejas entonces?

¿Crees que cualquiera podría hacer lo que tú haces?
Cualquiera puede hacerlo, pero no cualquiera quiere hacerlo. Cada uno encuentra la felicidad a su manera…

¿Qué conociste y qué destacas de tu último viaje a América Latina?
Buff, esta sola pregunta podría llenar un libro. ¿Qué conocí? Conocí pescadores, guerrilleros, magos, indigenas, camioneros (uno de 9 años, en concreto), viajeros, amigos, amigas, actores, titiriteros, cantantes, empresarios, vagabundos, gente feliz, gente triste… Vi como se derrumbaban puentes, me encontré tormentas, volqué en un camión, conduje otro, fui en barco, conocí tribus indigenas, aprendí hipnosis, nadé en lagos embrujados, me salvé de morir ahogado, hice conferencias, hice musica, enseñé y aprendí… viajé en camiones, en carros de burros, en coches, en caballos, en barcos, dormí en parques, dormí en estaciones, dormí en la calle, en la playa, en tejados…

¿Hasta dónde piensas viajar?
Hasta la Antártida, hasta la Luna, hasta Marte… ¡no creo que una vida me alcance!

Leí que en parte consideras una “suerte” a las situaciones que te llevaron a moverte en una silla de ruedas, ¿por qué?
Creés que podrías haber llegado al mismo punto en que hoy te encuentras de no haber sido por estas circunstancias? Hombre, yo no aseguraría que ir en silla de ruedas es una suerte. Más bien diría que nunca sabré lo que es: nunca sabré si soy afortunado o desafortunado por ir en silla de ruedas. Podría ser que, sin la silla, hubiera vivido una vida normal, estudiando en un instituto y una universidad y viviendo una vida gris, tal vez sin saber lo que quería… podría ser, o podría no ser. Tal vez mi vida sería exactamente la misma… de poderse se puede, yo conozco mucha gente que recorre el mundo sin dinero y sin silla de ruedas. ¿Quién sabe?


Mundo graffiti, en París

jayonedroiteweb

 

Desde ayer hasta el 26 de abril, 150 graffiteros de varios países muestran su trabajo por primera vez en el marco de una institución cultural, el Grand Palais, el museo de Champs Elysées, en París. Son más de 300 obras reunidas por el arquitecto y coleccionista de graffitis, Alain Dominique Gallizia. Todos los días, de 11 a 19 y los jueves, hasta las 23. Entrada: 5 euros.

 




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