Viajar a Estados Unidos en tiempos de Trump

Estábamos a unos cientos de metros de la Casa Blanca, pero al tipo no le preocupó. Se acomodó el micrófono y aclaró su garganta probablemente porque sabía que hablaba para periodistas que propagarían el mensaje en medio mundo. Roger Dow, presidente de la Asociación de Viajes de Estados Unidos dijo con voz sólida: “La administración debe ser clara en que América está cerrada al terror, pero abierta a los negocios. Trump tiene una tendencia a hablar rápido. Pero también sabemos que es hotelero, un hombre de negocios, por eso creemos que podremos ayudarlo a entender esta situación”.

Desde que asumió Donald Trump, la industria turística de Estados Unidos está intranquila por sus dichos, amenazas (construir el muro en la frontera con México) y hechos concretos como el Travel Ban o veto migratorio a seis países islámicos: Irán, Somalia, Sudán, Siria, Yemen y Libia. Cuando lo decretó, en enero de este año, fue frenado por la Corte y aunque actualmente atraviesa instancias judiciales y todavía no es efectivo, cada día parece más cercano. El presidente lo defiende a capa y espada. “Vamos a pelearlo hasta el Tribunal Supremo. Vamos a ganar para mantener a nuestros ciudadanos seguros”, escribió en Twitter unos días atrás. Retoma el tema con frecuencia, incluso escribe TRAVEL BAN así, todo en mayúsculas, como si lo gritara.

También rige la restricción a los computadores personales (Laptop Ban), tablets y aparatos electrónicos grandes en la cabina en vuelos hacia Estados Unidos desde diez aeropuertos: El Cairo, Estambul y los principales de los Emiratos Árabes Unidos, entre otros. El propósito, según los oficiales de la seguridad estatal, es evitar el contrabando de explosivos y ya se discute la idea de expandir la medida a otros aeropuertos.

A esto se suman las trabas al turismo estadounidense en Cuba, anunciadas días atrás en un discurso de Trump en Miami y condenadas inmediatamente por la Organización Mundial del Turismo. Básicamente, los procesos de acercamiento que comenzó Obama fueron cancelados. Según los funcionarios de la Casa Blanca se hará un “mejor acuerdo” con la isla, pero antes tendrán que legalizar partidos políticos, celebrar elecciones y liberar presos políticos.

Es lógico que con este clima de limitaciones los directivos de Brand USA, la entidad que promociona el turismo hacia Estados Unidos estén inquietos.
La conferencia de Roger Dow fue en el marco del 49º IPW, el mayor encuentro turístico de Estados Unidos, con 6.400 participantes –expositores, compradores, agentes de viajes, prensa especializada– de 70 países que mantuvieron 112 mil reuniones de trabajo. El gran momento del año en la industria de los viajes. Acaso para distanciarse del presidente, los directivos del evento prefirieron un slogan inclusivo: One Big Welcome (Una gran bienvenida).
Estados Unidos recibe más de 70 millones de turistas extranjeros al año y eso representa un negocio de unos 250 billones de dólares. Si bien el número de arribos todavía no bajó, sí existe una sensación de antibienvenida. Cierta percepción negativa sobre complicaciones en el ingreso al país. Y, claro, algunas bajas claras, como el turismo mexicano, el inglés y, por supuesto, el árabe.
“Los números generales se mantienen, pero no debemos confiarnos en que esta tendencia continuará y no vale la pena poner en riesgo los 15,3 millones de puestos de trabajos que dependen del turismo. Un mensaje simple y claro de bienvenida hará mucho en ese sentido”, señaló Dow.

En 2016, la ciudad de Nueva York recibió más de 60 millones de turistas, un record sin precedentes. Sin embargo, las proyecciones indican que “la retórica de Washington” afectará al turismo. A través de su agencia de marketing, NYC & Company, la ciudad también quiso distanciarse del presidente y unos meses atrás lanzó su campaña “Welcoming the World” (Le damos la bienvenida al mundo). Desde la costa oeste, Los Ángeles se sumó con el slogan Everyone is Welcome (Todos son bienvenidos) y desde su agencia de turismo destacaron –como una virtud, celebrando la diversidad– que en la ciudad vive gente de 140 países que habla 224 idiomas.

Cuando Roger Dow se bajó del escenario, el aplauso se escuchó largo y sonoro. Los directivos del IPW fueron contundentes. Después de una semana de conferencias se sabe que ellos también van a dar pelea por un país a puertas abiertas.
Esa misma tarde salí a caminar por The Mall, el paseo tradicional de Washington donde están los maravillosos museos, el Lincoln Memorial y el Obelisco. Justó ahí crucé a un adolescente rubio que caminaba con sus padres. Iba muy orgulloso con su buzo con inscripción: Make America Great Again (Que América vuelva a ser grande), el lema de campaña de Donald Trump.
Está claro que no será fácil.


Con alma


El otro día charlé un rato con un astrofísico y, aunque hablamos de galaxias y soles, cuando me fui a dormir el mundo me pareció más chico. No había homeopatía ni astrología ni medicina ancestral ni mística. Pero lo peor fue que para él no existía el alma. Lo volví a recordar hoy cuando me enteré de que se encontraron unos poemas póstumos de la gran Wislawa Szymborska. Bastó que leyera un verso para encontrar el alma. Menos mal.

Alma era una palabra-acertijo. Soy, su mayor problema. ¿Y los mapas?, los mapas le encantaban por su don de mentir al desplegar un mundo “no de este mundo”.


Noticias de Eudocia Furtado

Amanece con niebla otra vez. Una niebla que le da todavía más nostalgia a Uruguay, un país que ya es nostálgico a pleno sol. Me pregunto si a Eudocia Furtado le preocupará la niebla y me imagino que no, que la correrá de un bastonazo y seguirá caminando.

La veo así, de lejos, entre sus vacas, en San Gregorio de Polanco, el corazón del paisito. Camina encorvada, pero ligero. Deben ser las 9 de la mañana. Está destemplado y todavía hay rocío. Pastorea tres vacas cerca del cementerio. Me dan ganas de correr a saludarla, de mirarla, de cruzar algunas palabras. Me bajo del auto y voy hacia ella. Pienso encontrame a una pastorcita tierna y en cambio ahí está ella, Eudocia Furtado, ¡pá! qué mujer… jodida.

Tiene la falda hasta el tobillo, suéter rosado, dos vueltas de collar dorado, aros dorados, sombrero, uñas pintadas de rojo, 74 años. Camina mal por algunas operaciones, pero se la ve entera y fuerte.

Aunque es la primera vez que la veo me saluda como si nos conociéramos. Me cuenta de sus vacas, dice que ella las cuida y nadie más, y que ahora no es como antes, ahora hay que estar muy atento, vio? Dice que su hija la quería llevar para Montevideo pero que ella de ahí no se mueve. En un momento le pregunto si tiene marido.

– Tengo sí, está en la casa porque no anda muy bien, cocina pero lo que prepara no se puede comer de lo malo que es. Tengo marido sí, pero la verdad le digo es que el marido no sirve ni para perro.

Sigue hablando unos minutos más, qué importa si ya dijo todo.


A propósito de los 33

Hace unos días se festejó el segundo aniversario del rescate de los 33. Con monumento en la boca de la Mina San José -una cruz de 5 metros de altura en honor a la Virgen de la Candelaria-, distinción a los geólogos que participaron de la hazaña, presidente y todo el cuento.

Mientras tanto, y cuando las cámaras se apagan, dicen las noticias que esos hombres que estuvieron dos meses bajo tierra, andan más o menos. Varios siguen tratamientos psicológicos, medicación incluida, y se acercan al islamismo; uno buscó contención emocional en un grupo de tendencia sufi; el imitador de Elvis estuvo internado en una clínica de rehabilitación; otros volvieron a trabajar en minas.

Mario Sepúlveda vino hace poco a la Argentina, lo escuché una mañana en la radio. Viaja por el mundo dando charlas sobre su experiencia. Como Páez Vilaró, con quien me encontré hace un par de años en el aeropuerto del DF. Tenía menos de 20 años cuando el avión en el que viajaba se cayó en la cordillera de los Andes; hoy, con más de 50 pasa buena parte de su vida en los aviones. Viaja para dar conferencias motivacionales a empleados de grandes empresas.

Con los homenajes a los mineros me acordé que el año pasado estuve en Copiapó, una de las ciudades cabecera del desierto de Atacama. Desde donde se accede a muchas minas, entre ellas la San José.

Pregunté si había un tour de los mineros o algo así, pero no. Por lo menos nada formal. Ahora me entero que varios de los 33 firmarán contrato con una empresa que fabricará merchandising -tazas, camisetas, medallas- para el turismo. Y que noviembre comenzará el rodaje de una película sobre el episodio. Seguramente después de eso habrá tour.

Mientras tanto, hay cápsula. Está en el Museo Regional de Atacama, a pocas cuadras de la plaza llena de molles retorcidos y añosos. Fui a verla, claro, igual que todos los turistas que llegan a Copiapó. En la oficina de turismo ahora se pregunta menos por el Dakar y más por la cápsula.

Después del rescate se exhibió durante un tiempo en la Plaza de la Constitución de Santiago, en otras ciudades del país, y también en Tecnópolis, Argentina. Cuando volvió, casi se queda en Santiago pero el gobierno de Copiapó la peleó y hoy está allá.

La Fénix 2 está en el patio de la antigua casona donde funciona el museo, que según me contó la secretaria del director ahora recibe muchísimos más visitantes. No se quedan demasiado, eso sí. El tiempo que les lleva sacarse una con la cápsula y ver la esquela de los 33, que como señaló la secretaria “por supuesto que no es la original. Ésa esta bajo llave”.

La cápsula me pareció mínima. Tiene 54 cm de diámetro, fue diseñada por la Armada de Chile y ya se había usado en rescates anteriores. La celda por donde cada minero subió los 720 metros hasta la superficie no es mucho más grande que la de un pájaro que la pasa más o menos bien. Adentro están los arneses que usaban para atarse, oxígeno y los parlantes por donde se comunicaban con los rescatistas.

Salí del museo y de camino al centro paré a comprar nueces, orejones que en el desierto se dan tan bien. Antes de llegar a la plaza pasé por la oficina de turismo y estaba llena. Me imaginé que todas las consultas estarían relacionadas con la Fénix 2. Si a Copiapó le faltaba un hit turístico, con la cápsula ese punto esta solucionado.


Recuerdos del muro de la vergüenza

Hace 22 años, el 3 de octubre de 1990, la República Democrática Alemana se incorporó a la República Federal y Alemania volvió a ser una sola.

Un año antes, el día de la caída del muro, un 9 de noviembre de 1989 por la noche, Claus R. estaba filmando y le avisaron que el secretario de la RD había dicho que los alemanes del Este podían cruzar al Oeste. Se caía el muro. Ya. Claus dejó todo y salió corriendo a Checkpoint Charlie. Había mucha gente, casi no podía avanzar. Brindaban, reían, lloraban, tomaban cerveza gratis. En esa época él salía con una chica de Berlín del Este. La había conocido en un viaje al Este –previo pago de un permiso, los occidentales podían cruzar– y cada tanto la visitaba. Ese día, ella cruzó y se reencontró con él. No se casaron ni comieron perdices pero ese encuentro en la calle, rodeados de Trabis y miles de personas, fue inolvidable.

El Muro de Berlín dividió Alemania durante 28 años. Medía 155 kilómetros (43 km pasaban por la ciudad), tenía 3,60 metros de altura, 302 torres de vigilancia, más de 800 perros y 127 kilómetros de vallas eléctricas y alambres de púa con alarma. A pesar de todas esas defensas, entre 1961 y 1988, más de 100.000 personas intentaron huir. Algunas tuvieron éxito, otras murieron en el intento.

Frente a la estación Kochstrasse está el Mauermuseum Haus am Checkpoint Charlie, justo atrás de una de las fronteras más famosas entre el Este y el Oeste. Charlie es por la letra C del alfabeto de la OTAN. El director y alma de la exhibición desde que abrió, en 1962, fue Rainer Hildebrandt, que murió en 2004. Definió al museo como una “isla de libertad”, como una forma de comprender la injusticia y luchar por los derechos del hombre.

La muestra es larga y hay mucho material para leer (en inglés). Lo que más me gustó fueron los ingeniosos métodos de escape: desde un vuelo en globo aerostático hasta increíbles túneles (se conocen 25), niños escondidos en valijas y hombres en los motores de los autos. Sin olvidar a ese par que hizo tirolesa por los cables de luz ni al hombre que construyó un minisubmarino, mucho menos al artista que escapó adentro de un parlante.


Lugares de agosto: cerca de Los Andes

La semana que viene sale el nuevo número de la revista Lugares, con 4 viajes cerca de Los Andes. Se podrá leer una experiencia gourmet en Mendoza, una nota sobre la Payunia, una cabalgata de lujo y un artículo que escribí sobre lo mejor de Santiago, barrio por barrio. ¡No te la pierdas!


Los 25 imperdibles de Montevideo

En este número de la revista Lugares, mis 25 imperdibles de Montevideo, con las buenísimas fotos que se ven -¡y todas las que no se ven!- de Ivana Salfity. El Palacio Salvo, el candombe, bares y restaurantes, la “nueva” Ciudad Vieja, museos, librerías, la Ruta del Chivito y más.

En la misma revista, dedicada a lugares cercanos a Buenos Aires, escribí sobre Santa Fe, una ciudad que me sorprendió. Encontré historias, buenos paseos y destacada infraestructura para los turistas, desde hostels hasta un cinco estrellas en una especie de Puerto Madero santafesino. Acompaña el recorrido, el pescado de río y el liso, esa medida de cerveza que inventó el maestro Otto Schneider. El liso se sirve en un vaso liso, no muy grande, con dos dedos de espuma y bien helada. La Chopería Santa Fe es un buen lugar para tomarlo en su punto justo.

También, notas sobre Paraná, Victoria, Balcarce, Olavarría y Ramallo, una ciudad que si hubiera un concurso de Turismo Tragedia, podría ganarlo sin problemas.


Clarinetes del mundo

Desde hoy hasta el 7 de agosto, Montevideo es sede del Encuentro Internacional de Clarinetes. Una idea original de Gervasio Tarragonal Valli, el joven y talentoso clarinetista uruguayo que toca en este video.


María Celeste, Mía Celeste y Mario Abreu

Falta un rato para el partido de Uruguay Alemania por el tercer puesto y la miles autos y balcones tienen la Celeste. La gente está nerviosa, contenta, confiada. Pero más allá del resultado, ya se preparan los detalles para recibir a la selección, que llega el lunes y va directo al Palacio Legislativo donde los recibirá Mujica para condecorarlos.

Todavía no se sabe el resultado de hoy. Pero Uruguay ya le agradece a su selección por esta performance que no se había visto en 60 años. En el registro de nombres hubo una tendencia en el último mes: María Celeste, Mía Celeste y Mario Abreu fueron los más elegidos. También hubo una consulta: ¿se puede poner el nombre María Vuvuzela? El director del registro civil dijo que no es ofensivo, que si alguien lo quiere usar, ¡adelante!


A propósito de los cuadros robados en París

Después de saltear varias páginas de política y maldecir porque me perdí una convención de gemelos, mellizos y parecidos en el Planetario, encontré en el Clarín de ayer una encantadora carta que John Berger le escribió al ladrón de los cinco cuadros del Museo de Arte Moderno de París.

No lo hostiga por haber cometido el robo, al contrario, le agradece por haberlas liberado del mercado especulativo del arte y devolverlas a su función primordial: ser objetos de placer.

A continuación, la imperdible carta:

Me enteré de tu hazaña al leer Le Monde el 22 de mayo. El título del diario era: “Obama anota un punto contra el lobby financiero”. Después de una larga vida de dedicación a las artes plásticas, me parece que también tú te anotaste un punto. Es por eso que te escribo con respeto y cierta admiración.
Robaste cinco telas, más bien chicas, pero muy elegidas, del Museo de Arte Moderno de París. (El pequeño Picasso de 1912 es una de mis pinturas cubistas preferidas, y la vi por primera vez seguramente antes de que tú nacieras).

Ubicaste los lugares con mucha anticipación; sabías que el sistema de alarma estaba descompuesto; te tomaste tu tiempo; no dañaste las telas al retirarlas del marco; las sacaste del marco con gran cuidado; y partiste con las pinturas bajo el brazo. Estoy seguro de que te preocupaste de que no se rasparan.
Ahora las tienes escondidas. Las puedes conservar y observarlas. Puedes vendérselas a un coleccionista privado con el que ya te has contactado.
Pero ni él ni tú pueden venderlas en el mercado, ni ahora ni en un futuro previsible. Esas telas se convirtieron -como en otro tiempo esperaban sus autores- en objetos de placer y dejaron de ser, gracias a tu acto, objetos de especulación financiera.

Se te acusa de robo, y las pinturas recuperaron su inocencia. Los abogados sostendrán que privaste al público de su derecho a ver cinco obras adquiridas con dinero público o recibidas mediante una donación. Es verdad. Pero si comparamos esa modesta pérdida con los efectos devastadores colosales del mercado especulativo y de sus fuerzas sobre la forma en que pensamos el arte en la actualidad, así como su lugar en treinta mil años de historia de la humanidad, la “privación” de la que eres responsable parece apenas un detalle.

El riesgo que corriste y lo que conseguiste tienen como corolario que sólo se puede amar una obra de arte por sí misma, sin relación alguna con su cotización en el mercado. Para gran alegría nuestra, esas cinco telas que te llevaste con tanto cuidado ahora dejaron de tener precio.

Tal vez pienses exigir un rescate. No sé por qué, pero lo dudo. Si ese es el caso, olvida lo que he dicho.

De lo contrario, una sugerencia. Devuelve una de las telas. Elígela tú mismo. Con la condición de que una vez que se la vuelva a colocar en el museo, la historia de lo que le sucedió se cuente y explique por escrito a su lado. Yo mismo me voy a encargar de ello.”

(Copyright Le Monde y John Berger, 2010. Traducción de Joaquín Ibarburu.)




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