El largo viaje de Tats

El viaje de Tatsuya Kato (23) es espontáneo, multifacético y sobre todo, largo. Hace tres años que salió de Tokio y no tiene fecha de regreso. Viaja para conocer otras realidades. Viaja para ver con sus propios ojos. Viaja para aprender.

Nos conocimos de casualidad, en la Quebrada de Humahuaca, cerca de Tilcara, rodeados de cerros, iluminados por un sol tan fuerte que no me extrañaría si por un momento pensó que también yo era japonesa.

Hablamos un rato, pero cada uno seguía una ruta distinta y sólo pudimos conversar un rato en la caja de una camioneta. Hace unos días me pregunté dónde estaría. ¿En Chile? ¿En Perú? Le mandé un correo con algunas preguntas, que contestó desde Iquique. Dice que encontró un trabajo como fotógrafo en un negocio de fotos, así que se quedará algunos meses por allá. En la foto del traje está lookeado para su nueva ocupación, y en la de tigre, también: así pretende lograr que los niños sonrían. Por cierto, creo que sus estudios de teatro fueron esenciales para este viaje.

Con ustedes, Tatsuya Kato, Tats para los amigos.

¿Cómo tomaste la decisión de salir de viaje?
En mi opinión, la vida es aprendizaje, el viaje es aprendizaje, entonces, la vida es viaje.  Siempre me preguntaba por qué había tantas diferencias entre los países. Había toneladas de preguntas en mi cabeza.
Cada vez que veía un documental de los países en desarrollo, le preguntaba a mi madre: ¿Por qué él se muere de hambre y yo puedo comer tan bien? ¿Por qué a él le falta una pierna y yo puedo correr? ¿Por qué él sujeta un arma y yo una lapicera? ¿Por qué el hombre blanco le pega al negro?
Un día me di cuenta que había estado viendo sólo 1 grado en un mundo de 360. Mientras crecí supe algunos de los por qués, pero quería ver las realidades con mis propios ojos, porque los libros, los documentales y el resto podían responder a mis preguntas pero no era mi propia experiencia. Viajar es descubrir nuevos ángulos a estos temas.

¿Cuándo partiste?
Empecé mis viajes el 5 de mayo de 2007, cuando tenía 19 años. En Japón, el 5 de mayo es feriado nacional. Se llama Kodomono-hi, que quiere decir el Día de los Chicos (varones). Era el último año antes de convertirme en adulto (se supone que a los 20 se es adulto en Japón), y decidí viajar por mi país para conocerlo y convertirme en un verdadero hombre japonés antes de salir al exterior. Viajé por las 47 prefecturas en moto, con un pobre gato blanco que me encontré en cuando iba hacia la isla de Okinawa.

¿Sabías que sería un viaje de varios años?
Nadie sabe qué sucederá. No tenía idea durante cuánto tiempo viajaría. No me gusta tener planes fijos para la vida. Dejo que el río corra. No sé adónde iré después, pero sí sé que encontraré un camino y lo seguiré.

¿Cómo te lo costeas?
Como soy japonés, sé trabajar duro. Cuando estaba en Tokio tenía cinco trabajos al mismo tiempo; trabajaba entre 10 y 12 horas por día, los siete días de la semana. Fui ayudante de cocina, camarero, bartender, maestro, traductor y fotógrafo; trabajé en un hostel, fui instructor de danza y street performer. Me resulta fácil conseguir trabajo. Puedo hacerlo en unos días, a veces incluso en un par de horas.

¿Tenés un plan?
Hay una regla: nunca compro un ticket de ida y vuelta. Por dos dos razones. 1) no soy un turista, sino un viajero. Los turistas siempre tienen lugares donde ir y límites de tiempo  para volver; los viajeros no. 2) Cualquier cosa que quieras conocer bien requiere cierto tiempo. Quedarse en algún sitio por un par de días es como ver sólo la superficie de  una botella. No sabrás nada más. Quedarse algún tiempo es como entrar en una botella y experimentar el sabor único de su contenido.

¿Cómo será volver a estudiar después tantos años en la ruta?
Primero que nada, me encanta estudiar. No importa si en un escritorio o viajando por el mundo. Además, creo que estos viajes son esenciales para lo que quiero estudiar, Desarrollo Internacional. Necesitamos una motivacón para todo lo que queremos hacer. No sabía qué quería hacer cuando tenía 17 años, pero ahora sí lo sé. Este viaje me hizo saber qué es lo que realmente me gusta y qué es lo que quiero.

¿Te gustaría navegar en el Peace Boat, ¿cuándo irías? ¿Qué harías?
Cuando llegue a México, me contactaré con la oficina principal en Yokohama, Japón. Este barco hace tres viajes al año llevando mensajes de paz a ciudades pobres de América Latina. Si el barco llega a donde yo esté, me subiré. De lo contrario, lo esperaré trabajando en algún lugar de Caribe. En el barco puedo trabajar como traductor de japonés-inglés-español.Por eso necesito mejorar mi español, tiene demasiadas conjugaciones! [N. de R. La entrevista fue en inglés] Read the rest of this entry »


El mundo de Gómez


Viajeras ilegales de largo aliento

globoDesde 2006 hasta la fecha se incautaron en México 78,4 toneladas de cocaína.

Según una creativa comparación de la Procuraduría General de la República (PGR), si se colocara en una línea de un milímetro de grosor toda la cocaína daría nueve vueltas al mundo.

La marihuana no se queda atrás y las comparaciones tampoco. Las cifras de la PGR informan que se decomisaron en el mismo período 4390 toneladas. Si se pusiera toda la marihuana en un tren se podrían llenar 198 furgones y se convertiría así en un convoy de casi cuatro kilómetros de largo.

Me pregunto quién hará estas comparaciones andariegas para la PGR. Y me respondo. Es un fanático de Travel Channel o es alguien que se quiere pegar un viaje o fue mochilero o ¡lee Viajes Libres!


Strand, casi 30 kilómetros de libros

En la primavera de Nueva York florecen los tulipanes y los cerezos, la gente se saca por fin las bufandas y los pesados sacones que lleva en invierno. Todo parece maravilloso hasta que comienza la lluvia. Varios días de cielos grises, agua y más niebla que de costumbre.

Para los turistas, nada de Central Park ni planes outdoors. Es el momento justo para meterse en una librería grande, como Strand. El problema de Strand, la antigua libería del Greenwich Village es cómo salir.

Su logo es “18 miles of books” que traducido son 28,9 kilómetros de libros. También tiene el título de ser la librería de rarezas más grande del mundo. Eso se nota antes de entrar: hay varias repisas con ofertas de un dólar, donde se pueden encontrar catálogos de remates de Christie’s y novelas hasta un curioso libro de fotos y textos breves con el título: Bodas de los 90. Un fotógrafo de sociales se dedicó a sacar casamientos, todos los fines de semana  durante un año. El libro comenta las bodas, todas con los nombres de los involucrados, y muestra fotos en blanco y negro. Ya es difícil salir de los estantes de un dólar y pasar a la librería. Pero una vez adentro, salir es casi imposible. Aunque duelan los pies.

 En 2007 , Strand cumplió 80 años. Antiguamente estaba a la vuelta de la ubicación actual, en una calle conocida como la cuadra de los libros porque tenía varias librerías. Con el tiempo fueron reemplazadas por bancos y seguramente por alguna sucursal de la popular cadena de farmacias Duane Reade. Hoy, la única que queda es Strand, un negocio familiar atendido desde el comienzo por sus dueños, la familia Bass.

Hace poco le hicieron una entrevista a Nancy, la hija de Fred Bass, que ahora maneja la libreria. Ahí contó que una de las piezas más valiosas -40.000 dólares- es una copia del “Ulises”, firmada por Joyce y Matisse, que la ilustró.

Tres pisos y un subsuelo, para browsear, como dicen los latinos, libros y más libros: de arte, de fotografía, de historia, de cocina, ciencia ficción, de matemáticas, de todo. Hay mesas de bestsellers, de ofertas, de buenas ideas para hacer regalos, de menos de 10 dólares, de ficción y de no ficción. Todas tienen cartelitos con los libros recomendados por el personal, más de 200 empleados con cara de lectores voraces. En el subsuelo hay discos y películas, también con buenas ofertas.

Cuando salí despues de varias horas de internación, sentí que me faltaban los pies. Por unos segundos, la sensación fue placentera. Pensé que quizás los kilómetros de libros me habían hecho volar. Pero en el primer semáforo, el de Union Square, me di cuenta que no los sentía por el dolor. (En Strand se lee de pie).

Igual quiero volver. Y hoy puede ser un buen día: a las 18.30 entrevistan a Chuck Palahniuk.


Los colores de Africa, según Témoris Grecko

Témoris Grecko es un periodista mexicano de 38 años que entre muchas cosas que hizo en su vida, escribió dos libros y ganó un premio. 

Uno de los libros lo escribió con Salvador Frausto y se presentó recientemente en DF. Se llama “El vocero de Dios. Jorge Serrano Limón y la cruzada para dominar tu sexo, tu vida y tu país” (Grijalbo) y trata sobre un líder de la ultraderecha católica mexicana.

El otro se llama “Los Colores de Africa” y es su primer libro de viajes y el libro por el que unos días atrás se ganó 18.000 euros en la cuarta edición del Premio Eurostars Hotels de Narrativa de Viajes.

El concurso consistía en presentar un libro de narrativa de viaje con un límite de 150 páginas. Témoris Grecko, quien hace tres años había dado la vuelta al mundo, ya tenía el libro escrito, sólo que de ¡450 páginas! Hizo los ajustes necesarios basándose en la parte africana del viaje, lo presentó ¡y ganó!

Me cuenta por correo que esperó el resultado cinco meses. Cuando le avisaron que lo había ganado casi no lo creyó: “Quise asegurarme de que no era una broma, porque no tenía muchas esperanzas. Casualmente, el día anterior me había acordado de que no tenía noticias del resultado y pensaba que debía preparar un nuevo libro para concursar en la siguiente convocatoria del premio”, me escribió.

Además de los euros, el premio contempla la comercialización del libro en España y Latinóamérica y la distribución gratuita en más de 4000 habitaciones de los hoteles de la cadena Eurostars. Cuando se enteró que había ganado, lo primero que Témoris hizo fue llamar a su chica, Vivienne Stanton -que está escribiendo un libro con él- y después a sus padres. Pero me cuenta que todavía no pudo salir a festejar. “Estoy en un periodo de demasiado trabajo y no he podido reunir amigos ni hacer nada especial. Tampoco celebré mi cumpleaños”.

Témoris Grecko vive en DF y trabaja como periodista independiente. Es columnista de las revistas Esquire y National Geographic Traveler (ediciones para América Latina) y colabora regularmente para medios de México, España, Chile, Perú y otros países. También es uno de los editores de la revista-blog Mundo Abierto.

A pesar de estar tan ocupado, pudo responder esta entrevista especial para Viajes Libres, donde cuenta detalles sobre el libro -que muy pronto se podrá leer en Latinoamérica- y algunas impresiones personales de los viajes y de África. (Las fotos que acompañan la entrevista son de T. G.)

¿”Los Colores de África”, sobre qué países trata?
Sudáfrica, Suazilandia, Tanzania y Kenia, en ese orden.

¿Por qué decidiste viajar a África?
África es muy entrañable para mí, en una tercera parte es el origen de nuestra cultura latinoamericana. Me sentía muy curioso y emocionado, aunque también tenía miedo. Ahora lo que tengo son ganas de volver.

¿Cuándo hiciste el viaje y cuánto duró? ¿Fuiste solo?
De mayo a octubre de 2005, fueron cinco meses. La vuelta al mundo fue de 2005 a 2007. De ahí viajé a India. La vuelta al mundo la hice solo, pero con frecuencia me hice de acompañantes, principalmente otros extranjeros, pero a veces gente de ahí también. Viajar solo te permite aprovechar oportunidades, te obliga a ser más sociable y relacionarte, te hace ser más humilde porque dependes más de la buena onda de la gente que te acoge. El novelista Alfredo Conde, uno de los jurados del premio, destacó que, a diferencia de los viajeros decimonónicos, el autor se ponía al mismo nivel que la gente a la que observaba. Yo había percibido que mi actitud era distinta a la de la mayoría -no todos- de los viajeros primermundistas con los que me encontré, más deseosa de comunicarse con la gente local, y la atribuí a mi condición de tercermundista, a que tenía otra perspectiva de las cosas. Desde los países ricos, la pobreza se ve toda igual, como se ve un sistema de barrancas desde el avión, aplastada. Yo podía verla desde un nivel más cercano y percibir muchos de sus matices, notar lo que subía, lo que bajaba, lo que cambiaba. Después me di cuenta de que también mi relación con la gente fue distinta por necesidad, y que al haber recibido su ayuda generosa y su amabilidad, simplemente no podría haberlos visto desde arriba, no se mira con superioridad al que te admite en su casa. Yo los admiré, y eso se nota en el texto.

¿Ya sabías que querías escribir un libro sobre ese viaje o te motivó el concurso?
Desde que inicié la vuelta al mundo sabía que lo escribiría. Ahora me gustaría ver la forma de publicar la parte de Asia y Oceanía, y luego América Latina. El problema es que los proyectos se amontonan: con Vivienne, estamos escribiendo un libro sobre el Camino Real de Tierra Adentro, una ruta colonial española de 3,000 kilómetros que une Ciudad de México con Santa Fe de Nuevo México, y que está repleta de historia y maravillas culturales.

¿Cómo está dividido “Los colores de África” y cuánto tardaste en escribirlo?
Son dos partes. La primera abarca Sudáfrica y Suazilandia y se estructura en secciones dedicadas a cada lugar: Johannesburgo, Soweto, Ezulwini, Zululandia, Durban y otras. La segunda es Tanzania y Kenia y está contada a manera de diario. El material con el que trabajé fueron los reportajes que hice durante el viaje (como no tengo la chequera de Carlos Slim, financié el viaje con colaboraciones desde todos los sitios donde estuve, para medios mexicanos; varias veces me quedé sin dinero porque no había escrito suficiente o, lo más común, porque accidentes administrativos demoraban la llegada de los pagos; pero a final de cuentas, todo funcionó muy bien, ¡bendita sea la internet!) y un blog de viaje, además de notas. Para escribir el libro, lo que tuve que hacer no fue tanto escribir, sino organizar, estructurar e integrar mis escritos previos. Creo que tardé como tres meses.

¿Podrías contar algunos temas que aparezcan en tu libro?
Una de las cosas más dramáticas de África es la epidemia de Sida. En Sudáfrica, 1 de cada 5 adultos tiene VIH. En Suazilandia, 2 de cada 5. Y las respuestas de los gobiernos ante el problema, cuando yo fui (el gobierno sudafricano acaba de cambiar), eran dramáticamente patéticas. Pero la sociedad civil sudafricana está muy activa y presiona mucho para reconducir la batalla. Conocí personajes súper interesantes, como un exprostituto y luchador por los derechos humanos, Zackie Ahmat, y una poeta, Conny Setjeo, ambos con VIH. Y fue muy motivante: visité sitios a donde envían bebés con sida a morir y con amor y buenos cuidados los devuelven a la vida, ¡fue genial!

Otro tema es el del racismo, que muchos blancos aseguran que en Sudáfrica se ha invertido contra ellos, y algunos reaccionan con actos terroristas. Hablé con gente muy diversa, desde negros críticos con el gobierno democrático hasta extremistas de la derecha blanca, incluido un clandestino muy divertido. No puedo resumir aquí el problema, pero vale la pena leerlo.
Y con mis amigos Mac y Laura fuimos al cráter de Ngorongoro y al Serengeti, donde vivimos de cerca la experiencia de la gran migración, millones de animales salvajes en movimiento en busca de agua. Espectacular.

Leí que escribiste sobre Kenia. ¿Tu relato incluye algo sobre los episodios de violencia que ha vivido el país a comienzos de este año?
No, porque estuve en 2005. Pero me tocó presenciar una campaña muy divertida sobre un referéndum constitucional, donde los símbolos asignados a cada campo por la autoridad electoral, naranjas y bananas, le dieron un toque muy cómico al proceso.

¿Cuál es la mirada que planteas en tu libro sobre África? Read the rest of this entry »


Lazos familiares: el viaje a las raíces

A veces no sé bien para qué sirve Facebook y tengo ganas de borrarme. Otras, cuando busco algún nombre y aparece una persona que no veo hace tiempo, decido quedarme.

Varios años atrás, en un viaje largo, recorrí el Tíbet y conocí a dos montañistas chilenas. Estuvimos juntas unos diez días en Lhasa, la capital del Tíbet. Visitamos el Potala, el Jokhang y monasterios alejados a los que para llegar había que levantarse a las 5 de la mañana, en medio de la helada de una capital a 3600 metros de altura. Un día alquilamos unas bicicletas con Rómul y Gerd, un catalán y un alemán. Nos fuimos a pasear por los alrededores de la ciudad, donde ya en esa época había cada vez más chinos. También comimos hamburguesas de carne de yak, nos dolió la cabeza por la altura y dijimos más de cien veces tashi delek, el saludo tibetano.

Una de esas montañistas chilenas se llama Natalie Tabensky. Después del viaje nos escribimos algunas veces. Así me enteré que había trabajado como guía en el Explora Lodge de Torres del Paine, pero me imaginé que tal vez después había retomado su profesión de ingeniera civil industrial. Varias veces me la imaginé trabajando en alguna empresa.

Hace un mes puse su nombre en Facebook y la volví a ver. Decidí escribirle un mensaje para ver en qué andaba, si se había convertido en una mujer muy formal que va con traje a la oficina, si seguía viajando, si escalaba. Recuerdo que cuando nos conocimos me contó que había participado en una expedición al Aconcagua. 

Me contestó hace unos días. Trabajó en muchas oficinas, pero nunca dejó de viajar. Conoce más de treinta países en seis continentes. Justo hace poco llegó de un viaje de más de nueve meses, una especie de vuelta al mundo en busca de sus raíces. Aproveché el encuentro para hacerle una pequeña entrevista sobre su última experiencia.

¿Cuándo decidiste el viaje y por qué?
Fueron varios factores que se unieron para tomar la decisión de hacer un viaje alrededor del mundo. El primero era que sentía que era hora de hacer un cambio en el trabajo. Generalmente cuando me pasa esto, en vez de buscar trabajo de inmediato, aprovecho para hacer un viaje largo. Como además contaba con ahorros para estar un tiempo sin trabajar y tenía ganas de reencontrarme con mis raíces que están repartidas por el mundo, decidí que era un buen momento para partir.

El recorrido lo fui diseñando de acuerdo al momento en que quería estar en cada lugar. Por eso decidí empezar el viaje en Europa para luego ir a Sudáfrica, India y Australia. Tuve la suerte que durante todo el recorrido seguí el verano y/o primavera en los respectivos lugares así que resultó mucho mejor aún, no sólo por el buen tiempo si no que también porque es época de festivales.

El viaje empezó en Hungría con mi madre que es húngara y que emigró a Chile cuando tenía 13 años. Conocí los lugares donde mi madre había vivido, estudiado y frecuentado cuando era chica. En Europa aproveché para ir a España, Hungria, Slovenia, Austria, Alemania, Inglaterra y Gales (foto). En Sudáfrica conocí a mi único sobrino que nació 3 semanas antes de que llegara, así que compartí con él sus primeras semanas de vida. De Sudáfrica me fui a la aventura a India y luego de allí a Australia, donde entre otras cosas participé en la celebración de los 90 años de mi abuela paterna junto al resto de la familia.

Además de ver a familiares, aproveché de visitar amigos que vivían en lugares cercanos y de realizar otras actividades: una caminata por los Julian Alps en Slovenia, un trekking en Los Alpes, otro en la costa Sudafricana llamada Otter Trail y otros dos trekking en Tasmania (The Overland Track y The Walls of Jerusalem).

¿Qué tipo de pasaje sacaste?
Hay muchas ofertas de viajes alrededor del mundo (RTW). Considerando los paises donde quería ir, me convenía tomar el viaje con la alianza One World, que es una alianza de varias líneas áereas que pasan por los lugares que quería visitar. Además resultó conveniente pues pude acumular las kilómetros “lanpass” que me sirven para viajar grátis a algún lugar del mundo.

¿Cuánto te quedabas en cada país?
Fue variado. El país donde más me quedé fue Australia: más de 4 meses pues allí está la mayor parte de mi familia. El país donde menos me quedé fue Slovenia: tres dias solamente. En éste último, me hubiera gustado pasar más tiempo pues superó todas mis expectativas. Tiene unos paisajes muy bellos y para aquellos que les gusta la vida al aire libre, está lleno de actividades: trekking, montañismo, escalada, rafting o simplemente contemplar la naturaleza.

¿Cómo te movías? ¿Parabas en hoteles o en casa de amigos?
En Europa me movilizaba en tren y en línea aérea barata si había. Estas son muy convenientes pues puedes volar de un país a otro en forma muy económica. Por ejemplo, una vez volé en Ryanairque por 100 dólares me llevó desde Londrés a Frankfurt ida y vuelta. Lo único malo que el aeropuerto de Frankfurt Hahn no estaba en Frankfurt si no a más de 110 kms de la ciudad. Lamentablemente cuando tomé el avión no tenía idea de esto. Uno pensaría que si un aeropuerto lleva el nombre de Frankfurt es por que está en esa ciudad, pero en este caso particular no es así.

¿Cuál era tu presupuesto diario?
No tengo idea cuanto gasté pero no fue mucho pues como me quedaba en casa de conocidos no tenía que pagar por alojamiento. Para ser sincera gasto más viviendo en mi ciudad (Santiago) que lo que gasté viajando. También depende mucho de qué países visitas, pues por ejemplo, la India es muy barata, pero Inglaterra es de los paises más caros que he visitado.

¿Usabas guía?
Generalmente cuando viajo uso los libros guías del Lonely Planet. Esta vez andaba con el de Europe in a shoestring, la de Sudáfrica, la de NSW de Australia y la Walking in Australia, que es al final la que más usé.

¿Dónde contabas las historias del viaje?
Empecé escribiendo un diario, pero dejé de hacerlo cuando llegué a Sudáfrica pues preferí ocupar el tiempo disfrutando del momento presente. Lo que sí tengo son muuuchas fotos. Saqué más de 6000. Es una excelente forma de recordar los lugares, los acontecimientos y las personas con las que compartiste. En este viaje cambié mi cámara clásica por una digital y la verdad es que es una maravilla pues no cuesta nada bajar las fotos a un CD y pasarlas a un album digital para que tus conocidos lo puedan ver en cualquier parte del mundo. Recomiendo mi cámara porque saca muy buenas fotos, es chica, liviana y fácil de usar. Es una Canon PowerShot A710IS. También recomiendo usar un Memory Card Reader para bajar las fotos a un computador y pilas recargables para no contaminar tanto el medio ambiente.

¿Qué trekkings hiciste?
Hice una caminata por los Julian Alps (foto) en Slovenia donde subí tres cerros, el más famoso llamado Vogel (1922 m) en el Parque Nacional de Triglav en la región de Bohinj. Este lugar está lleno de caminatas de todos los gustos, niveles y duración, y existe muy buena información al respecto. Aunque yo andaba sola, nunca me sentí sola pues es un lugar muy frecuentado por europeos.

También hice un trekking de cinco días con dos amigas austríacas en los Alpes, en la frontera entre Austria e Italia. Se llama Karnischer Hohenweg (El camino alto de los Alpes Cárnicos). Aunque nos tocaron varios dias de lluvia y frio, de vez en cuando se abrían las nubes y podíamos disfrutar de paisajes espectaculares. Además, los albergues en la ruta son muy cómodos y agradables. Todos cuentan con servicio de desayuno, almuerzo y comida (típica austríaca), son calentitos, limpios y cuentan con un cuarto especial para dejar la ropa mojada, de modo que al dia siguiente cuando te toca partir está toda seca. La gracia de los albergues es que uno puede caminar en forma muy liviana pues no es necesario llevar ni carpa, ni comida, ni cocinilla, ni saco de dormir. Basta con un saco de seda o una sabana, pues los refugios proporcionan camas y frazadas. En esta caminata habían muchos austríacos y alemanes, más que ciudadanos de cualquier otra nacionalidad.

También, hice una de las caminatas más famosas de Sudáfrica llamada The Otter Trail que dura 5 días. Va bordeando la costa entre acantilados, bosques y playas. Lo más complicado de es atravesar los ríos: hay que cruzarlos con la marea baja pues de lo contrario, no queda más que cruzar nadando con mochila y todo. Aunque partí sola, en el camino hice varios amigos. ¡Menos mal! Porque de ninguna forma me hubiera atrevido a cruzar los ríos sola. Al que le interese esta caminata es importante que reserve con anticipación aquí.

Me tocó además hacer dos trekkings con amigos y una prima en Tasmania: el Overland Track, que nos tomó 10 días incluyendo rutas alternativas, y el otro en Walls of Jerusalem National Park. El Overland Track es el trekking más famoso de Tasmania y es el más organizado que he visto. Me llamó mucho la atención todas las gestiones que realiza el Parque para que las personas dejen el mínimo impacto posible. Una buena parte de la ruta cuenta con tablones para que el suelo no se degrade y hasta los desechos humanos se sacan en helicóptero. Read the rest of this entry »


Vuelta al mundo

fernando.jpgCuando conocí a Fernando Moura Machado había salido de Portugal, su país, hacía tres meses. Tení­a el plan de dar la vuelta al mundo. De ese encuentro en una estancia cordobesa pasó casi un año.
Cuando conocí­ a Fernando Moura Machado me parecía un hombre serio, curioso, de mirada larga y triste. Después me enteré que su mujer, Ana, había muerto. Y de repente, él se encontró totalmente solo. No tenía hijos ni demasiados compromisos. Es fotógrafo y después de muchos años había dejado la importante empresa para la que trabajaba. Entonces se vio parado en el momento justo para viajar con tiempo. Así decidió dar la vuelta al mundo.
Hoy, Fernando volvió a Estoril, su ciudad, donde vivirá hasta el próximo viaje. Su vuelta al mundo duró 366 días; visitó 13 países, sacó 10.000 fotos y escribió en un blog la experiencia.. Desde Estoril, contestó estas preguntas a Viajes Libres.

¿Cómo se diseña una vuelta al mundo?

La planificación de una vuelta al mundo depende de los intereses de cada viajero, y de las capacidades que tenga para organizar un proyecto. En mi caso, como aprecio la organización de proyectos, decidí planificar con bastante cuidado mi primera vuelta al mundo, para poder saber con anticipación las etapas. El plan previsto inicialmente tuvo apenas dos alteraciones en lo que respecta al recorrido.
Para la construcción de un plan de viaje utilicé diversas fuentes disponibles en Internet, referencias impresas especializadas en viajes, particularmente dos revistas norteamericanas que leo hace muchos años: Travel + Leisure y Traveller, de Conde Nast. Esto, además de haber recolectado informaciones de otros viajeros que habían estado en países incluidos en mi plan. Durante el viaje fui comprando en cada país la mejor guía de viajes disponible (mis preferidas son Rough Guides y Lonely Planet) para la consulta permanente, más allá de las oficinas de turismo locales. En el caso de mi viaje, la planificación me ocupó varios meses.

¿Sabías cuánto duraría tu viaje antes de partir?
Mi viaje fue hecho con gran libertad. Antes de partir, habí­a anunciado que podrí­a demorar un año como mí­nimo. O el resto de mi vida. Sin embargo, la planificación de base fue hecha por el período de un año, según el límite máximo permitido por las compañías aéreas, para poder utilizar un Round the World ticket.

¿Cuál era tu presupuesto por día?
Para este viaje, definí un costo medio diario de 100 dólares, sin contar el pasaje inicial.

¿Cuál creés que es la mejor edad para dar la vuelta al mundo?
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